domingo, 2 de marzo de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 27
Mis ojos se cierran mientras me envuelve en sus brazos e inmediatamente empieza a lamer mi cuello. —Pedro... —suspiro.
Sus dientes rozan la parte de atrás de mi cuello y luego me ruge, al oído—: Nada en este mundo sabe tan bien como tú, tu piel, tu lengua, nada es tan dulce y jugoso como tu coño. —Me levanta de repente del agua y me da la vuelta, pero permanece sentado en la bañera y su cara está al nivel de mi sexo. Extiende sus manos sobre mis muslos para separar mis piernas y entierra su cabeza entre mis piernas, besando mi coño durante un minuto entero, acariciando mi clítoris con su lengua, luego empujando su lengua en mi canal. Puedo sentir su gruñido vibrar todo el camino a través de mí, y cuando ha terminado de probarme para su placer, me da vuelta y me baja de nuevo con él.
—Lo tienes incluso más húmedo después de correrte —me dice al oído, su voz espesa como jarabe, luego tranquilamente empieza enjabonar mi cabello—. Y éstos... son más grandes y más pesados.
Dirige sus manos jabonosas sobre mis pechos, y toda mi sangre parece estar bombeando hacia el sur hasta mi clítoris, y a las puntas de mis pezones.
—Sí —apenas consigo decir—. Son tan sensibles, que siempre están fruncidos.
—Ellos quieren ser chupados —susurra contra la parte posterior de la oreja y la forma en que mueve su lengua, como si ya está probando mis pezones fruncidos, hace palpitar mi clítoris.
Puedo sentir su erección en mi espalda, y está tan malditamente duro, pulsa contra mi piel, y mi lengua está inquieta en mi boca porque necesito envolverla alrededor de la cabeza de su polla tan mal. Tomo un poco de jabón y froto mi cara, tratando de deshacer todo este maquillaje.
—Allí —le digo, girando y rápidamente enjabonando su cabello.
Me mira con una sonrisa, como si supiera la razón de mi prisa. Cuando me arrodillo y coloco champú sobre su cabello y trato de lavarlo, montándome a horcadas en el enorme bulto de su erección —el enorme bulto delicioso— que está ahí, entre mis muslos, mientras lavo su cabello. Él se inclina y comienza a chupar las gotas de agua de mis pezones. Aúllo, y agarra mi culo y me roza más fuerte contra el bulto mientras que sus movimientos de succión hacen que mis dedos se doblen.
—¿Esto duele? —gruñe tirando de la punta de un pezón con los dientes.
—No, oh, Pedro, se siente tan bien.
Él gime y balancea sus caderas hacia mí cuando repite su succión a mi otro seno.
—Mierda, Paula, podría correrme sólo chupándote, escuchándote...
—Podría correrme siendo chupada... escuchándote gemir…
Agarra uno de mis pechos y chupa el otro tan fuerte, que gimo y empiezo a moverme sobre sus caderas, y antes de saberlo, estoy imaginando que alzo mis caderas, tomando su polla en mí, montándolo y rogándole que me llene, una y otra vez. Él me detiene.
—No voy a correrme en una bañera. El único lugar donde me estoy corriendo es en ti —murmura descontento.
—Llévame a la cama para echar un polvo —susurro ansiosamente, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello.
Para cuando me saca de la bañera y envuelve en una toalla, llevándome a la cama, soy una masa temblorosa de necesidad al rojo vivo. Lo que dice a continuación que me hace temblar aún más fuerte.
—Quiero hacerte pedazos, te deseo tanto. Quiero pellizcar, morder y chupar tus pezones, todo a la vez. —Me acuesta en la cama y abre la toalla que me cubre, entonces inmediatamente comienza a lamerme hasta secarme. Oh, Dios, no puedo respirar, pensar, creo que ni siquiera puedo vivir cuando comienza a pellizcar mis pezones mientras me lame en otros lugares.
—Pedro...
Él es fascinante. La atmosfera que me rodea ha cambiado hasta que todo lo que tenemos es una cama, y yo, y él. Juro que puedo sentir los rayos entre nuestros cuerpos. Gira su lengua en mi garganta y casi me rompo con la sensación de su familiar deliciosamente ásperos callos en mi piel cuando las arrastra por mis curvas.
—Te he visto... en mi cabeza... todas las jodidas horas de cada día... —murmura.
Huele mi cuello y acuna uno de mis pechos otra vez, y me estremezco cuando aprieta la carne y lame mi clavícula. Mis dedos bajan por su espalda resbaladiza, cada uno de sus músculos delineados bajo mis dedos, y, ¡oh, Dios mío! Me está sosteniendo. En sus brazos. Esta mojado, el aire es frío, pero todo lo que quiere es secar y lamerme.
Agarro su mandíbula sin afeitar con ambas manos. —Pedro Alfonso —gimo, aplastando mi boca contra la suya.
Toma mis labios incluso con más fuerza, chupando mi lengua. —Paula Chaves. —Mirándome con ojos ardientes, tortura mis pezones con los pulgares, y deslizo mi mano por su cuerpo y comienzo a acariciar su dura longitud.
—Hazme besarte —Doblando mis dedos alrededor de la cabeza de su erección, chupo codiciosamente su húmeda lengua—. Dime que te bese justo aquí. Si no puedo tenerte entre mis piernas, te quiero en mi boca.
Gime y desliza sus manos hasta mis mejillas. —Ahí es donde quiero estar. La forma en que utilizas tus pequeños dientes. Recorriendo esa lengua por encima de mí como si quieres vivir en mí. Quiero ver esos labios bordeando la base de mi polla tan mal, no voy siquiera a durar cuando...
—Dios, cállate. —Bajo y tomo su polla en mi boca.
Completamente. Cada caliente centímetro palpitante que puedo tomar, lo tomo.
Un bajo, doloroso sonido desgarra su pecho y esta tan duro y listo, puedo probar inmediatamente unas gotas perdidas de semen. Mis pestañas se deslizan hacia arriba cuando me encuentro con su mirada, y me mira con éxtasis cruda, viendo mis labios bordeando alrededor de su polla. No la base... es demasiado grande, largo, grueso. Pero mis labios están envueltos firmemente alrededor de él mientras mi lengua masajea la cabeza.
Extiendo mis manos en su abdomen para apoyarme y su abdomen se aprieta cuando uso mis dedos para acariciar el tatuaje de la estrella en su ombligo. Mi sexo arde con necesidad y completo celos de que mi boca tiene el placer de ser llenada en estos momentos.
Pedro sostiene la parte posterior de mi cabeza como extasiado, cuando mi lengua se desliza sobre su gruesa longitud. Me estremezco bajo la primitiva mirada carnal en sus ojos. Agarro la base con los puños y empiezo a chupar con mi boca, gimiendo de aprobación cuando se cambia de posición. Se levanta a los pies de la cama, y me quedo a gatas sobre el colchón mientras me da de comer más de su longitud. Él gime y empuja, con los ojos cerrados. Puedo saborearlo, salado y listo para correrse. Está latiendo y tan ferozmente duro que mi sexo duele de celos.
Mis pechos cuelgan por debajo de mí, mientras lo lamo a gatas, cuando de repente desliza una mano a lo largo de mi espalda, acariciando cada abolladura y elevación, hasta que desliza su dedo por la fisura de mis nalgas, entonces recorre hacia abajo y más abajo a la entrada de mi coño, y hunde ese largo dedo dentro de mí.
Placer florece a través de mí. Gimo y muevo mis caderas para tomar su dedo más profundo, levantando los ojos para ver su cara, su hermosa naturaleza, rostro endurecido por la lujuria, mientras me observa dándole la mamada de su vida.
Su pecho esta sacudiéndose. Puedo sentir la tensión saliendo de él, mientras lucha por el control. Pero yo lo quiero que perdido y primitivo. Está siendo cuidadoso. Se está reteniendo. Moviendo sus caderas suavemente.
—¿Tienes hambre de mí? —dice, y sé que lo que está preguntando es si va a correrse en mi? Dios, juro que no quiero dejar de decir que sí.
Comienzo acariciando la base con ambas manos y con facilidad le digo de vuelta—: Hambrienta de ti. Voraz para ti. Por favor, dámelo.
El sonido gutural sólo hace que me vuelva más salvaje. Comienza muy suavemente a follar con dos dedos en mi vagina al mismo tiempo que extiende una mano sobre la parte posterior de mi cabeza y me mantiene en su lugar mientras él bombea su polla dentro de mí, cada vez que me alimenta un poco más hasta que golpea la parte trasera de mi garganta y alivia de nuevo. Pero lo quiero perdido, tan perdido como estoy yo, y empiezo a mover la cabeza de arriba abajo, rápido.
—Paula —grita, bombeando a mi ritmo, con la cabeza hacia atrás en un gruñido animal. Entonces gime y derrama dentro de mí, tres corrientes cálidas y saladas brotando en mi boca, y estoy tan deshecha e intoxicada con él, me vengo en el segundo que lo pruebo y, al mismo tiempo, lo siento frotar los dedos en mi coño hasta rodear mi clítoris. Colores estallan detrás de mis párpados, y mientras mi cuerpo se estremece, gimo y me aferro a su polla con mis manos, febrilmente lamiendo la punta, queriendo cada gota, hasta la última gota. Incluso cuando termino, jadeo para respirar y lamer con avidez la comisura de mis labios y levantar la mirada.
—Paula —dice, mirándome con una feroz posesión, buscando alguna manera maravillado, entonces me levanta y cubre mi boca con la suya mientras me tira cerca de él, me envuelve en sus brazos, su boca caliente quemando en la mía mientras nos coloca de nuevo en la cama. Tal vez mi boca sabe a él, pero no le importa, me besa hasta que no queda nada de nosotros, más que nuestras bocas. Y siento que esa es la única parte de mí que incluso puedo mover.
Nos acuesta y hace cucharita y acuna mi coño posesivamente, follando con sus dedos ligeramente. —Me gusta cuando estás tan hambrienta por mí —susurra en mi oído mientras me acaricia el abdomen.
—Estoy embarazada con tu bebé. Hemos estado separados y ha sido una tortura. He estado teniendo sueños y me despierto sudando y necesitándote y no puedo volver a dormir, todo mi cuerpo me duele —le susurro y gimo cuando acuna mi coño.
Mordisquea suavemente la parte posterior de la oreja y utiliza su mano para penetrarme suavemente. —No he sido capaz de tener una buena noche de descanso desde que te fuiste. La cama está tan vacía, o estoy teniendo una ducha fría, o en el gimnasio —murmura mientras que tira del lóbulo de mi oreja—. Pero me pone duro el pensar en ti, Paula. Pensando que puse un bebé dentro de ti. —Mordisquea la parte posterior de la oreja suavemente y pone un dedo en mí. Temblando de deseo, siento la longitud de su pene detrás de las nalgas, y las balancea un poco para mí, moviendo las caderas. Más deliciosos brotes de placer se disparan cuando me doy cuenta de que no ha terminado. Me da la vuelta para mirarlo, envuelve una pierna alrededor de sus caderas—. Muévete conmigo —demanda bruscamente, y luego se mueve en contra de mí, follandome sin follarme, nuestros cuerpos moliendo y frotando.
Mi pecho se llena de amor como nos besamos, y luego miramos mutuamente. Sus ojos mieles, el cabello de punta, los abultados músculos. Mi sexo se aprieta desenfrenadamente con cada movimiento oscilante de sus caderas que trae toda la longitud de su pene frotando a lo largo de mis labios vaginales, acariciando mi clítoris demasiado sensible. Te amo, quiero decir, pero los únicos sonidos que puedo hacer son gemidos llenos de vida.
—¿A quién amas? —gruñe tiernamente.
—A ti.
—¿Quién es tu hombre? —se burla con su lengua en mi boca, luego arrastra la mandíbula deliciosamente áspera a lo largo de la mía con un gemido—. ¿Quién es tu hombre?
Me encanta la sensación de su barba contra mis mejillas tanto, enmarco la cara y acaricio mi mandíbula contra la suya rasposa una vez más—. Pedro alfonso, mi Riptide.
—¿Me quieres por todo tu cuerpo?
—Hmm, te quiero por todo mi cuerpo.
Cuando digo hmm, se supone que quiere decir que no voy a bañarme para que yo pueda oler a él y su gemido me dice que se está volviendo loco que haya dicho eso. Pero me vuelve loca con la forma en la que llama su semen "él". Malditamente amo como le gusta que lo sienta en mi piel, dentro de mí, fuera de mí, en mi boca. Hmm...
—Pediste por mí, Paula Chaves. —Coloca mis brazos por encima de mi cabeza y agarra con sus dedos alrededor de mis muñecas mientras arrastra su polla a lo largo de los labios vaginales, acariciando mi clítoris tan bien. Me mira hipnotizado, perdidamente enamorado, con lujuria ciega de la misma manera que lo veo, memorizándolo como parece memorizarme. Mi cuello se arquea cuando frena el movimiento oscilante, manteniéndome al borde del éxtasis por un par de deliciosos minutos mientras nuestros cuerpos se muelen. Y aquí vamos. Los sonidos susurrantes de la carne contra carne, los ruidos de nuestros cuerpos chocando, mis gemidos, sus gruñidos, estoy consciente de todo.
Susurro su nombre cuando me corro, y mis ojos se abren de golpe en ese minuto donde todo se tensa antes de explotar y lo veo sobre mí, cerrando los ojos con fuerza, apretando su mandíbula mientras se viene por todo mi abdomen y convulsiona conmigo, sus dedos apretando mis muñecas. Lo quiero lastimar, la manera que me sostiene hacia abajo como si estuviera viniéndose y tiemblo, ambos gimiendo, largos, empatados sonidos de alivio.
Cuando nos hundimos, me acerca a su lado y murmura con voz ronca—: He esperado esto durante treinta y nueve días.
—Y cinco horas.
—Y un poco más de treinta minutos. —Sonrio con satisfacción, porque, obviamente, he quedado impresionada hasta el silencio, absorbe mi cara. Dirige su pulgar brevemente lo largo de la línea de mi mandíbula.
—Pienso en ti. Constantemente. Día. Noche.
Utiliza su pulgar para inclinar mi cara de nuevo y me mira como si quisiera comerme, luego se inclina y hace justamente eso. Me besa como si soy las dos cosas, preciosa y comestible, atesorando y devorando mi todo a la vez. Desliza su mano hacia arriba y abajo de mi espalda. La sensación de sus callos en mi piel me hacen estremecer.
Me mira, su cabello es un encantador desastre, levantado y humedo. —Eres tan jodidamente hermosa.
—Me veo ridícula.
Se ríe suavemente, luego pellizca mi nariz. —Ridículamente hermosa.
Devolviendo su mirada rápidamente a mi cara como si invirtiera la vista de mi entonces se inclina, besa mi estómago y pone la cabeza allí.
—¿Estás enojado porque vine a verte? —le pregunto, poniendo mi mano en su cabello.
—No. —Lame mi ombligo—. Sé lo que tengo, y tú eres un pequeño puñado de problemas, eso es lo que eres.
—¿Yo? Tu inventaste los problemas. Naciste y en lugar de “es un niño” los médicos dijeron, “Ahhh, es un problema!”
Su risa es baja y ronca, después se vuelve silencioso, y me mira, sus ojos serios, casi atormentados.
—Dios, como te necesito. —Deja caer su frente en la mía y toma una respiración áspera—. Como me pongo loco pensando en ti. El vuelo completo en mi camino para acá escuché la canción que me pusiste para decirme que me amas. —Su boca caliente me toma otra vez y nos besamos fervientemente, se aleja para hincarse y besar mis estomago otra vez. Su respiración es irregular. No puede para de olerme. Tocando todo mi cuerpo. Recordándome que soy suya.
Por horas no podemos parar de besarnos, murmurar y hacernos sentir el uno al otro bien, hasta que nos recostamos, acomodamos y me abraza de cucharita. Toca con la nariz mi cuello por un breve momento y coloca un beso en el hueco detrás de mi oreja. Después me acaricia por un tiempo, y cuando descubre que aun hay algo semen permaneciendo en mi piel, lo recoge con dos dedos y lo restriega en contra de mi coño.
Jadeo.
—Shh —dice suavemente.
—Necesito estar ahí. Justo ahí. —Restriega sus dedos dentro de mi canal, lamiendo la parte trasera de mi cuello suavemente, me estremezco y comienzo a venirme. Se ríe suavemente y me restriega aun más, su calidez dentro de mí y es como si lo tuviera empujando dentro de mí. Mis ojos queman mientras continúo temblando, y empuja su palma contra mi sexo para llevarme más alto.
—Cuando me hagas el amor otra vez, quiero que te quedes dentro de mí. Toda la noche, júramelo, una parte de ti va a estar dentro de mí, justo como lo prometiste. —Gira mi cara a un ángulo en el que parece quererme y acuna la parte trasera de mi cabeza mientras succiona mi lengua como si estuviera hambriento de ella.
—Voy a follarte por cada noche que no lo he hecho y después voy a quedarme dentro de tí —exhala lentamente como si el pensamiento solo lo dejo todo caliente, y su aliento es cálido en mi cara mientras espera por mi consentimiento.
Cuando asiento, me sonríe su sonrisa floja, ladeada; le sonrió de vuelta. Me siento feliz. Completa.
Como si el mundo está girando en la dirección correcta esta noche. Toma tiempo extra en asearme y acariciarme, haciendo todas sus cosas divertidas conmigo que hacen que las mariposas en mi estómago tengan problemas en dejarme asentarme. Estoy tan débil que solo gimo y suspiro cuán bien se siente, y él murmura lo bien que me siento.
Cuando ha terminado de bañar centímetros y centímetros de mi hombro, garganta, y oído con su lengua, y termina de pasar sus manos por debajo de mi lado, me abraza de cucharita con su gran, duro cuerpo y nuestras piernas enredadas como pretzels, y suspiro cuando nos quedamos dormidos. A la mitad de la noche a veces desliza su nariz hasta que está enterrada en mi piel. Lo alcanzo detrás de mí y acaricio su cabello atontadamente, giro en sus brazos así lo puedo oler, absorbiendo cada sensación de estar de vuelta en la cama con el único hombre con el cual alguna vez he estado enamorada.
Y se siente como si el hogar finalmente llegara a mí.
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