jueves, 6 de marzo de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 31
Me detengo cuando no queda nada, solo su dura mandíbula, un poco irritada, mi cuerpo en llamas con necesidad, mi corazón ardiendo con amor y cada centímetro de mí ardiendo con celos. Y agarro su pelo, me inclino y planto un beso justo allí, donde solía estar otro beso, intentando desesperadamente borrar cualquier cosa anterior. Y planto otro beso allí, y otro donde solía estar otra marca. Él agarra mis caderas con fuerza mientras arrastro los labios a lo largo de su mandíbula, su cabeza y su boca, y le beso, rápido y casi como si no quisiera hacerlo, y vuelvo a liberarlo, conteniendo el aliento mientras lo dejo ir.
Alza una ceja. —¿Hecho? —pregunta con una voz demacrada, y no creo que esté respirando cuando asiento.
Su pecho se expande a medida que agarra la camiseta manchada y la levanta en un solo y fluido movimiento, lanzándola a un lado.
—Tú y yo vamos a hacer el amor ahora. No tenemos que esperar un segundo… más… para estar juntos.
Escalofríos corren a través de mí, y mi voz está en carne viva con la emoción. —No puedo soportar ver sus pintalabios sobre ti, Pedro; no las permitiré besarte. ¡Y esta no es alguna locura de embarazada hablando, o mis inseguridades! Te dije hace mucho tiempo que no compartiría. No te compartiré.
—Shh, nena, tampoco espero que lo hagas ni quiero que lo hagas.
Quita el andrajoso vestido de mis hombros, luego lo deja extenderse debajo de mí sobre la mesa. Me urge a descender y luego me mira expuesta para él, con las rodillas dobladas hacia atrás. Me toca en todas partes: mis piernas, mis brazos, entre mis pechos, y se inclina sobre mí.
—El entrenador estaba vendando mis manos, llevaba mis auriculares. No las vi venir hasta que estaban todas sobre mí. No sucederá otra vez. No beso a nadie. No beso a nadie. Excepto a mi pequeño petardo.
Se inclina sobre mis pechos y lame un pezón a través del sujetador, deslizando su pulgar por debajo del liso algodón blanco, bajando la tela y enganchándola debajo de la creciente hinchazón.
—Voy a lamer estos y a chuparlos, y voy a hacer lo que quiera con ellos.
Mi corazón bombea sangre caliente a través de mis venas mientras él baja la tela en el otro lado y lame la sensible punta enviando rayos de placer a todas partes por mi interior. Mis pechos son más grandes, sobresalientes, los pezones más oscuros y fruncidos, y él los ahueca como si explorara nuevos territorios que le deleitan. El sonido que retumba por su pecho hace que haga mi propio pequeño ruidito mientras me retuerzo con necesidad. Sus ojos se elevan hasta los míos cuando oye ese sonido, y coge mis caderas y me arrastra hasta el borde de la mesa, mi trasero separándose del mismo borde, y se desata de un tirón los pantalones de deporte.
De repente siento lo duro que está, su pesada erección se frota contra mi empapada entrada cuando se inclina para lamer y chupar mis pechos otra vez, su dureza enclavada en el índice de mis piernas.
—¿Sensible? —Presiona un pezón con su pulgar, luego el otro, sus manos son ásperas pero suaves. Arqueo la espalda y maúllo suavemente. Quiero un moratón, quiero dolor, quiero dolor en mi piel y en mis músculos, como el dolor en mi interior con el amor por él.
—Sí —suspiro y hay un nudo en mi garganta y lágrimas de necesidad en mis ojos.
Toma mis labios en un beso voraz, luego entierra la cabeza y gime contra mi cuello. —Paula. —Me acaricia entre las piernas y empuja su pulgar dentro de mi cuerpo mientras gira la cabeza y acaricia mi lengua con la suya. Mis entrañas se estremecen cuando se aparta para contemplar lo libertina que parezco mientras introduce su pulgar en mí.
Veo la cruda necesidad en su cara mientras me mira; luego levanta la mano y lame su brillante pulgar mojado. Oh, Dios, le veo, primitivo y masculino, aun con ese encanto juvenil y ese loco pelo rubio, y me retuerzo y gimo porque le deseo, lo deseo, LO DESEO.
—Estás inquieta, ¿qué quieres?
La necesidad irregular en su voz me hace temblar cuando digo—: Quiero lamerte como tú me lames. —Asiente y se inclina, y me da su lengua primero; luego ahueca la parte posterior de mi cabeza y me presiona contra su cuello.
Húmedo y ardiente calor, su piel es seda bajo mi lengua que gira. Me estremezco mientras me levanto y agarro su pelo y succiono su labio superior en mi boca. Sabe del modo en que él lo hace y sabe del modo en que él me quiere. Nos besamos intensamente y mi respiración se atasca incluso más. Rompe mi sujetador cuando muerdo su labio inferior, y está respirando profundamente cuando tira de mis bragas hacia abajo y retrocede para verme completamente desnuda ahora. Sus ojos me recorren, devorándome. Ve mis pechos sobresalientes, desnudos, están más llenos, y sé que los desea. Ahueca uno, como si estuviera conociéndome por primera vez. Esto es lo que le hizo a mi cuerpo. Esto es lo que le sucede a mi cuerpo después de él.
Toca mi otro pecho, luego inmediatamente ahueca ambos, los acaricia y empieza a jugar con ellos, observando lo que hace con brillantes ojos oscuros.
Su labio está sangrando por mi mordisco en el lugar en el que siempre se abre, y su pecho está cubierto de sudor. Yo protesto—: Te mordí —digo.
—Pon tus labios sobre él.
—Pedro…
—Pon tu lengua sobre él. —Se inclina otra vez y arremete contra mis labios con los suyos, y le lamo suavemente, en la forma en que un animal limpia instintivamente una herida. Succiono el labio sangrante con delicadeza. Arrastra su nariz sobre la mía y luego lame mis labios abiertos. Le abrazo, separo las piernas y las envuelvo alrededor de sus caderas.
La necesidad se precipita a través de mí cuando agarra mi trasero y me levanta en el aire. Levanto la parte inferior para ayudarle, y estoy tan ebria de deseo que mi visión se torna borrosa mientras me carga un par de pasos hasta el sofá.
Besa mi cuello mientras me baja, luego traza círculos con su pulgar entre mis muslos, exactamente donde estoy húmeda, y maúllo suavemente.
—¿Estás lista para mí? —Su voz es áspera sobre mi oído mientras acaricia mis húmedos pliegues con sus dedos—. Prepárate para mí.
Empuja su largo dedo dentro de mí para humedecerme más, pero estoy tan empapada que se desliza fácilmente. Me contraigo y casi no puedo evitar correrme mientras él frota dentro de mis profundidades.
Desliza los labios por mi cuerpo e inclina su cabeza, corriendo su lengua por encima de mi clítoris, lamiendo suavemente mientras me sostiene abierta por los muslos. Agarro la parte de atrás de su cabeza, observándole hacerme esto. Luego se arrodilla al final del sofá, agarra mis caderas y me arrastra hacia abajo un par de centímetros más —y empieza introducirse. Lleno. Caliente. Más duro que nada que haya tocado jamás. Arqueo el cuerpo y jadeo mientras guía cada centímetro de sí mismo en mi interior, mientras mis ojos quedan atrapados en los suyos y los suyos en los míos. Acuna mi rostro y arrastra su pulgar por mi labio inferior, tirando de él tosca y amorosamente, mientras sigue introduciéndose en mí, hasta que está completamente asentado en la parte más profunda de mí.
Gimo cuando mece las caderas.
Se inclina y me besa en la oreja. —Me extrañas.
Me giro y beso su boca, jadeando cuando inclino las caderas.
—Siento como si nunca hubiera estado tan húmeda e hinchada.
—Yo nunca he estado tan duro. —Sale y luego vuelve a introducirse, lenta y placenteramente. Le siento abrirme, separarme, tomarme, llenarme, luego dejarme… gimo y estoy a punto de suplicarle que vuelva a entrar, cuando lo hace… entra… meciéndose… los músculos de sus brazos, sus tatuajes ondulan mientras se mueve. La tercera vez inmoviliza mis brazos por encima de mi cabeza y empuja con más fuerza, el movimiento haciendo que mis pechos se sacudan.
Grito y él lo amortigua con su boca. Respiro profundamente, inhalando su aroma.
—Te amo… —digo con voz estrangulada.
Se detiene dentro de mí, respirando con dificultad. Un sonido bajo y gutural desgarra el fondo de su garganta mientras se gira y comienza a lamer mi oreja. Luego desliza los brazos alrededor de mí como para protegerme mientras recupera un ritmo que es rápido, determinado, crudo y primitivo.
Estoy casi llorando mientras inclino las caderas y giro la cabeza hacia su oreja, jadeando mientras saborea mi cuello, aprieta mis pechos, me folla rápido y duro.
—Oh, Dios… Pedro...Pedro…
Apoya su frente contra la mía mientras sus caderas siguen meciéndose expertamente contra mí; luego sube su pulgar y empieza a acariciar mi clítoris mientras su polla se arrastra, dura y palpitante, dentro de mí. Me desato y me rompo, temblando incontrolablemente mientras él toma mi boca con su beso deliciosamente caliente. Amor, lujuria y necesidad me recorren mientras me vengo y me muevo violentamente debajo de él.
—¿Estás bien? —pregunta, ralentizando sus movimientos a medida que continúo corriéndome.
—¡Sí! —Cada centímetro de mí grita por él. Me arqueo contra él y ondulo un poco, con ganas de más, deseándolo. Gruñe como si no pudiera aguantar más y se retira, luego empuja de nuevo, impulsándose con más fuerza, sosteniéndome con un brazo alrededor de mi cintura mientras me arqueo y me sostiene en el sitio con una mano mientras entra en mí. Gimo y digo—: Pedro.
Sus ojos me queman mientras arrastra una mano por el arco de mi garganta, entre mis pecho, luego se inclina para lamerme otra vez.
—Mía —susurra suavemente, recordándomelo.
—Tuya, tuya —digo mientras mi orgasmo se construye dentro de mí.
Presiona su nariz contra mi oreja, gruñendo mientras se viene, calor en mi interior, su gran cuerpo tensándose sobre mí, un gutural sonido animal saliendo de sus labios antes de que diga con voz áspera otra vez—: Mía.
Después de que se corre y me abraza durante un minuto, me levanta en sus brazos, todavía dentro de mí, y entierro la nariz en su cuello. Me lleva por la cocina y agarra dos manzanas verdes en una mano, luego me da una mientras nos lleva a la habitación principal.
La muerdo con un crujido cuando nos acomodamos debajo de las mantas, y muerde la suya propia con un crujido más grande. Nos besamos un poco, y él sabe a manzana jugosa y ácida. Termina primero, luego lame el jugo de las comisuras de mis labios, y le ofrezco mi manzana porque sospecho que todavía está hambriento. Da un gran mordisco, sonriéndome cuando le doy la vuelta y muerdo por donde lo hizo él.
Sus piernas se mueven sin cesar bajo las sábanas, y sé que mi veloz Pedro no dormirá esta noche, pero si quiere hacerme el amor toda la noche, puede. Espero que lo haga. Me muevo para mantenerlo todavía dentro de mí mientras ambos nos comemos mi manzana y mordemos el lado opuesto al mismo tiempo. Nos reímos al unísono, y le digo—: Ahora mismo nuestro bebé es del tamaño de una ciruela.
—¿Una ciruela? —Abre la boca, así que le doy más manzana, y muevo los dedos para formar el tamaño de una ciruela con mi mano libre.
—Una ciruela —repito.
—Tan pequeño —dice con ternura, deslizando una de sus grandes manos por la pequeña curva de mi estómago.
—Tan pequeño. —Aspiro, acurrucándome contra su gran y cálido cuerpo con un suspiro, escuchándolo terminarse mi manzana y dejándole lamer todas las gotas de jugo que caen en mi piel.
GRACIAS POR LEER!♥
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uauuuuuuuu !! solo eso ;)
ResponderEliminarWowwwwwwww!!!!!! Buenísimo cap!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarBuenisimo el capitulo,me encanto!!!
ResponderEliminarmuy bueno espero el siguiente besos
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