jueves, 30 de enero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 1





Han pasado dos meses, exactamente sesenta y dos días, desde que regresé a él. Mil cuatrocientas ochenta y ocho horas de desearlo, anhelarlo y necesitarlo. Ha sido mucho más que eso ya que miles de mujeres, hombres, y fans de todo el mundo lo vieron caer.



Él está de vuelta. Finalmente. La primera pelea de la nueva temporada del Underground.



Ha estado entrenando como loco. Está más musculoso. Está más marcado que nunca, y sé que esta temporada está listo para tomar lo que es suyo.



La audiencia en el área de pelea en Washington D.C. se compone de alrededor mil personas, y cuando el ganador del encuentro actual es anunciado, la multitud se inquieta.



Todos sabemos que es su momento de ser llamado. Su asistente,Diego, está tenso y alerta a mi lado. Me había dicho que él es la “atracción” —que casi todo el mundo en la arena está aquí por él.



Sé sin duda que yo lo estoy.



El aire está cargado de emoción y perfumado con perfume, cerveza y sudor. Los dos peleadores anteriores están saliendo del ring ahora, uno de ellos asistido por su equipo, y mi corazón late mientras me quedo inmóvil en mi asiento, en la primera fila, en el centro, justo donde mi hombre me quiere. Así que aquí estoy, esperando, mi cuerpo hiperconsciente y mi corazón latiendo su nombre con fuerza. Pedro,Pedro, Pedro…



Los altavoces crujen mientras el anunciador enciende el micrófono, y casi salto fuera de mi propia piel.



—Damas y caballeros, todos recordamos nuestras almas aplastadas —¡nuestros espíritus aplastados!— cuando el favorito del público perdió la final del campeonato el año pasado.



La multitud abuchea al recordar, y mi garganta se bloquea pensando sobre cómo el cuerpo roto de Pedro había sido cargado fuera del ring.



—No tengan miedo, gente. ¡No tengan miedo!



—¡¡¡¡¡¡PEDRO!!!!!! —grita alguien.



—¡Tráiganlo ya! —grita otro.



—Oh, lo haremos. No tengan ninguna duda de ello; lo haremos —dice el anunciador sombríamente, prolongándolo dolorosamente para la multitud—. Después de mucha especulación y muchos rumores, es completamente oficial. ¡El hombre está peleando esta temporada, y no toma prisioneros, gente! Aquí está, damas y caballeros. Aquí. Está. ¡Él! ¿Todos saben de quién estoy hablando?



La multitud ruge: —¡RIP-TIIIIIIIDE!



—¿Quién?



—¡RIP-TIIIIIIIDE!



—¡Una vez más, porque no puedo escucharlos!



—¡RIP-TIIIIIIIDE!



—¡Así es, damas y caballeros! Aquí está nuestro chico malo favorito con esa sonrisa infame y esos puños mortales, listo para tallar R.I.P en cualquiera que se interponga en su camino este año. ¡¡Él, el único, Pedrooooooo Alfonsooo , su RIPTIIIIIDE!!



La emoción salvaje corre a través de mí mientras la multitud se pone de pie y ruge como nunca antes.



—Dios, los fans están sedientos de él —respira Diego.




Y también yo. Dios. También yo.



Al otro lado del ring, las mujeres están agitando sus bragas en el aire. ¡Bragas! Otra levanta un cartel que dice ¡TÓMAME, RIPTIDE!



Mi boca está seca, y mil y una cosas revolotean en mi estómago cuando veo un destello rojo. Y luego, está cerca. Trotando por el pasillo y hacia el ring. Hacia su ring.



Mi cuerpo se anima con sensaciones mientras él pasa a través de la multitud.

Algunos fans han escapado de sus asientos y tratan de agarrarlo, pero él fácilmente hace su camino a través de la muchedumbre, su cara ensombrecida por la capucha de su túnica roja de satín. Pedro. Mi Pedro. El hombre que amo con cada onza de mí.



—¡Riptide, tú pones el sexo en SEXY!



—¡Pedro, quiero que me embaraces!



Él sube al ring con un salto fluido, y luego se quita la túnica de RIPTIDE, lentamente, sin prisa. Cientos de gritos femeninos hacen eco en mis oídos mientras él va a su esquina para darle la túnica a Ruben, su segundo entrenador.



Ruben palmea su espalada musculosa con una sonrisa y le dice algo. Pedro lanza su cabeza hacia atrás como si estuviera riendo y luego vuelve al centro del ring, extiende sus largos y marcados brazos, y comienza a dar su lenta y arrogante vuelta de sé-que-todas-me-quieren-follar.



Estoy muriendo.



Nunca, jamás, me acostumbraría verlo en ese ring. Mi corazón golpea ruidosamente entusiasmado dentro de mi caja torácica mientras todas mis entrañas pulsan con necesidad, y mi pecho se siente como un globo a punto de explotar de la emoción. Duro, delgado y perfecto, es peligroso, hermoso, y todo mío.



Mis ojos absorben cada centímetro de lo que cada mujer aquí están babeando, y desesperanzada dejo que mi mirada recorra de arriba a abajo su perfecta forma atlética. Mis ojos acarician amorosamente su bronceado y besan la tinta sobre sus bíceps. Admiro su torso y sus largas y fuertes piernas, sus brazos esculpidos, su estrecha cintura y hombros anchos. Cada músculo en su cuerpo perfecto está tan definido que sabrías exactamente dónde una estructura termina y dónde comienza la siguiente si trazas con tus dedos su magnífica forma.



Y mientras se vuelve aún más, veo los abdominales con ocho cuadros —¡ocho! Sí, es imposible, pero él los tiene… y su rostro. Oh Dios, no puedo soportarlo.



La mandíbula desaliñada. Los ojos mieles brillantes. La sonrisa sexy. Los hoyuelos. Tiene una sonrisa en su rostro; su expresión, una que te dice que tiene demasiados problemas planeados para la noche y no te los quieres perder, es juguetón y juvenil.



Un jadeo colectivo se extiende en las filas detrás de mí mientras se vuelve hacia nosotros.



Las mariposas en mi estómago estallan cuando esos ojos mieles danzantes exploran la multitud, silenciosamente riéndose de nosotros. ¡Claramente está divirtiéndose de nuestra obsesión sobre todo lo que es Pedro Alfonso!



A mi lado, una rubia de mediana edad con demasiado Botox salta de arriba hacia abajo y grita como una lunática—: ¡Pedro! ¡Dame una probada de ese Riptide!




El impulso de arrastrar del pelo a la mujer se apodera de mí, pero al mismo tiempo, sé que no puedes mirarlo sin disolverte en una piscina de lujuria. Él es un semental. Fue hecho para aparearse. Para procrear. Y lo deseo como a mi próximo aliento. Lo deseo más de lo que cualquiera de estas mujeres gritonas lo desean. Quiero cada parte fragmentada de él. Quiero su cuerpo. Su mente. Su corazón. Su hermosa alma.



Él dice que es mío, pero sé que hay una parte de Pedro Alfonso que nadie podrá tener.



Yo soy suya, pero él es indomable e invencible. Él único que puede derrotar a Pedro Alfonso es él mismo. Está allí, siempre esquivo y misterioso, una caja negra de misterio sin final. Y quiero perderme en él, incluso si no regreso como yo misma.



Diego me da un codazo en las costillas y susurra en mi oído—: Dios, es injusto que él consiga toda la atención y esto —señala hacia su cuerpo flaco— no consigue nada.



Sonrío. Con su cabello rizado y ojos marrones, Diego siempre está vestido con su traje negro y corbata. No sólo es el asistente personal de Pedro, también es como su hermano mayor y uno de mis amigos más cercanos.



—Le gustas a Delfina tal como eres —bromeo sobre mi hermana.



Él sonríe con eso y mueve las cejas mientras asiente fijamente hacia el ring, donde Pedro termina su vuelta y está casi completamente frente a mí.



Mis terminaciones nerviosas se revuelven y hormiguean de emoción mientras sus brillantes ojos mieles se deslizan a lo largo de mi fila, donde sabe que estaré. Juro que cada parte de mí se estremece en anticipación, esperando a que esos ojos me encuentren.



Y lo hacen.



Me electriza. Corrientes invisibles saltan entre nosotros. Su sonrisa arde a través de mí, y de pronto, el interior de mi pecho, donde mi corazón late, se siente como una antorcha ardiente que él acaba de encender.



Sus ojos me sostienen con el calor de su amor, y puedo ver su silenciosa alegría esta noche, su posesividad, la mirada territorial que le dice a todos en este lugar que Yo. Soy. Suya.



Y luego me señala.



Mi corazón se detiene.



Parece que los ojos de todos siguen al dedo apuntando en mi dirección, dirigido directamente hacia mi pecho, donde mi corazón se acelera por él, su ardiente mirada miel claramente diciendo—: Esto es para ella.



Un rugido encantado de la multitud explota a mi alrededor. Me golpea como adrenalina, como un trago de tequila que vuela directamente a tu cabeza, la manera en que sus fans lo aman. La manera en que él los ama. La manera en que me ama a mí.



Estoy asombrada por la forma en que el público reacciona ante él y por la forma en que está allí de pie, con sus hoyuelos, absorbiendo toda la energía en la habitación y canalizándola hacia “Riptide”.



¡Dios, lo amo, y no quiero que se olvide de ello!



Abrumada por el impulso, le envío un beso.



Él lo toma y lo coloca sobre su boca.



La gente se pone cada vez más escandalosa. Pedro me señala, riendo, y yo estoy riendo también. Mis ojos arden un poco porque soy tan feliz que simplemente no puedo caber dentro de mi piel. Soy feliz de que él es feliz, y de que está donde debe estar.



Esta es su temporada. Este año, nada va a detener a Pedro Alfonso de ser el campeón de la Liga Underground. Nada. Él hará lo que sea, porque es un hombre motivado, poderoso y apasionado, y no importa si estoy asustada, preocupada, emocionada, o todas las anteriores, lo apoyaré.



—Y ahora, damas y caballeros, podemos tener una ronda de aplausos para recibir a un novato en el Underground, desde el Club de la Pelea, el famoso, temido, y mortal Grant Gonzalez, “¡Goooodzillaaaaa!”.



Mientras su oponente es anunciado, Pedro rodea el ring inquieto como una pantera hasta que una enorme masa de plata sale por el segundo pasillo. Pedro flexiona los dedos a los lados mientras observa al hombre llegar al ring. Esta noche, todos usan las manos con cinta adhesiva con los nudillos expuestos, al igual que los hombres solían pelear en los viejos tiempos.



El nuevo peleador está casi fuera de su túnica cuando el público comienza a rechazarlo. —¡Booooooo! ¡Booooo!



—Ese tipo ha matado a un par de personas peleando —me dice Diego en voz baja—. Es un sucio y malvado hijo de puta.



—¿No me digas que personas han muerto en estos eventos? —pregunto en horror, sintiendo un temblor inquietante en mi estómago. Diego rueda sus ojos.



—Paula, estas son peleas sin censura. Por supuesto que esa mierda sucede.



La idea de Pedro peleando con asesinos catapulta mis miedos usuales previos a la pelea hacia un nivel completamente nuevo. Miedos que había reprimido mientras mi hombre se bebía la adoración de la audiencia. Miedos que ahora me agarran por la barriga y me aprietan como un puño.



—Diego, la muerte es más que ‘mierda’ que sucede.



Pedro golpea sus puños con los de su oponente y la multitud se queda quieta. Mis entrañas se quedan completamente inmóviles. Estoy locamente, casi ansiosamente, midiendo al chico nuevo, como si pudiera conseguir algún conocimiento sólo por su aspecto. La piel blanca del joven está brillante con algo que parece grasa. ¿Se les permite estar resbaladizos cuando pelean? Tiene cabello largo atado en una cola de caballo y músculos carnosos como casi todos los peleadores que he visto. Nadie es tan esbelto y hermoso como Pedro. Apuesto a que nadie cuida de su cuerpo y entrena con la misma dedicación como él lo hace.



Cuando la campana suena, creo que no estoy respirando.



Se acercan el uno al otro. Pedro espera a que el otro hombre se mueva, guardando perfectamente su guardia, cada uno de sus músculos poderosos relajados así pueden rápidamente embestir. Finalmente, Godzilla lanza un golpe. Pedro se agacha y embiste un costado de su cuerpo y —increíblemente— derriba al enorme monstruo con un estrépito.



Jadeo con completa incredulidad cuando el árbitro comienza el conteo.



Una sonrisa privada se curva en los labios de Pedro mientras mira a la figura inmóvil y prácticamente lo reta a moverse.



No lo hace.

Un rugido se rompe a través de la multitud.




Diego salta y sube su puño en el aire. —¡Sí! ¡Eso es! ¡Quién es el hombre! Quién. Es. ¡El Hombre!



—¡UN GOLPE, damas y caballeros! —la voz grita a través de los altavoces—. ¡Un maldito golpe! ¡Está de vuelta! ¡¡¡ÉL ESTÁ DE VUELTA!!! Hombre y mujeres, chicas y malditos chicos, les doy esta noche, a su único Riiiptide!!! ¡¡RIPtiiiiide!!



El maestro de ceremonias levanta el brazo de Pedro por su victoria.



Y a pesar de que toda la arena grita su nombre, sus ojos mieles danzantes inmediatamente vienen a mí, y todo mi cuerpo comienza a arder en cada lugar.



Dios. Es un maldito dios del sexo. Y me excita malditamente.



—¡Riptide, por favor, oh, por favor déjame tocarte! —Una mujer gritando corre hasta el borde del ring, estirando la mano hacia él a través de las cuerdas del ring.



Pedro parece sentir pena de ella y se apodera de su mano. Roza sus labios sobre sus nudillos, y ella comienza a gritar histéricamente. Me río, pero luego la serpiente de la envidia se enrolla alrededor de mi estómago. Él me mira cuando la suelta, y luego, en esa manera ágil en que se mueve que me recuerda a los grandes felinos mortales, se baja del ring.



Quietud completa se asienta sobre la arena hasta que todo lo que puedo escuchar es mis latidos.



Pedro… Pedro…Pedro…



Camina hacia mí, la sonrisa en su cara diciéndome que piensa que él es todo.



—Estás celosa —dice con esa voz profunda que hace que se te curven los dedos del pie.



—Un poco —digo, riéndome de mí misma.



Él no se ríe, pero sonríe una sonrisa que brilla en sus ojos mieles mientras desliza sus dedos por un lado de mi garganta, luego siento la yema de su dedo deslizarse suavemente a través de la carne de mi labio inferior. Las mariposas en mi estómago se despiertan. Sus ojos están entrecerrados mientras observa mi boca.

Lo hace suavemente, de esquina a esquina, y luego, porque parece pensar que posee esta boca, se abalanza sobre ella y la toma.

Sus labios me encienden. Mi estómago gira cuando obliga a que mis labios se abran, y cuando su lengua entra, caliente, húmeda y poderosa, para tomar una rápida y embriagadora probada de mí, retengo un gemido.



—No lo estés —me dice rudamente mientras mira a mi boca besada y aprecia su trabajo por un momento. Presiona sus labios en mi frente por una fracción de segundo, y luego se dirige de vuelta al ring de esa manera elegante en que camina, relajado y casi despreocupado.



Detrás de mí, escucho voces jadeantes.



—Mierda, quiero hacer eso diez veces hasta el domingo.



—¡Oh mi maldito dios, él estuvo justo aquí!



Me lamo los labios, y aún puedo probarlo, lo que hace que mis pezones se endurezcan y que mi sexo se apriete con completa posesión de él.



Mientras su siguiente oponente es llamado a pelear, Pedro flexiona los músculos de sus brazos, hasta las puntas de sus dedos. Su sonrisa llega hasta mí desde el ring, y muy claramente, sus dos hoyuelos me dicen lo mucho que disfruta dejarme en un charco de amor y deseo. El diablo.



Un peleador que recuerdo del año pasado, Parker Drake, “El Terror” se pone de pie en el ring para encararlo. Y la campana suena.



Ting.



La multitud se calla cuando comienza la pelea, y ambos hombres comienzan a balancearse y golpear. Los golpes de Pedro son poderosos, y puedes escuchar el sonido de sus puños aterrizando, profundo, fuerte y rápido como un rayo. ¡Poom poom poom!





Retorciéndome en mi asiento, miro y escucho, alternando entre la emoción y la preocupación, cuando Parker se estrella contra el suelo. Me levanto rápidamente y grito “¡Riptide!” a coro con la demás gente, sabiendo que esta es la primera vez de muchas que estaré aquí viendo a Pedro reclamando todo, cada cosa, que entregó por mí.


------------------------------------------------


HOLA HOLA TANTO TIEMPO JAJA!! 
LES DEJO EL PROLOGO Y EL PRIMER CAPITULO DE LA SEGUNDA TEMPORADA DE ERES MÍA!! ESPERO QUE SE COPEN!!



GRACIAS POR LEER Y POR TODOS LOS COMENTARIOS HERMOSOS QUE RECIBÍ AYER Y HOY!
GRACIAS!! ♥


"ERES MÍA" SEGUNDA TEMPORADA"



"Él es mío, y yo soy suya. Nuestro amor es abrumador,

poderoso, imperfecto y real…

En la primera temporada, el imparable chico malo del Undergroud finalmente conoció a su pareja. Contratada para mantenerlo en forma, Paula Chaves desató un deseo primordial en Pedro “Riptide” Alfonso tan vital como el aire que respira… y ahora no puede vivir sin ella.

Paula nunca imaginó que terminaría con el hombre que es el sueño de cada mujer, pero no todos los sueños terminan con un felices para siempre, y justo cuando más se necesitan, ella

es apartada de su lado. Ahora, con la distancia y la oscuridad entre ellos, lo único que queda es pelear por el hombre que ella llama MÍO."





                          PROLOGO: 


El corazón es un músculo hueco que latera millones de veces durante nuestras vidas. Casi del tamaño de un puño, tiene cuatro cavidades: dos aurículas y dos ventrículos. Cómo puede este músculo albergar algo tan grande como el amor que está más allá de mi entendimiento. ¿Se ama con el corazón? ¿O es que todos amamos con el alma, la cual es infinita? No losé.

Todo lo que yo sé, es que siento el amor en cada molécula de mi cuerpo, en cada aliento que respiro, con todo el infinito de mi alma. Aprendí que no puedes correr si se te desgarra un ligamento, pero tu corazón se puede romper en un millón de piezas, y aun puedes seguir amando con todo tu ser.

He estado rota y luego he pegado los trozos nuevamente.

He estado enamorada, y he sido amada.

Estoy enamorada, y no cambiaría nunca este amor, este hombre. 

Solía soñar con medallas y campeonatos, pero ahora sueño exclusivamente con

un peleador de ojos mieles que un día cambió mi vida, cuando puso sus labios sobre los míos…

-------------------------------------------

LEAN EL PRIMER CAPITULO! =)

miércoles, 29 de enero de 2014

EPILOGO



PEDRO

Algunas veces, no puedo creer que Paula me ame.


Me pongo como loco cuando habla con Diego y Ruben, y algunas veces, no puedo dormir por miedo de despertarme y ver que no está a mi lado. Comienzo a sentir celos de mí mismo y temo perder el control, pero cuando me toca, encuentro mi ancla.


Peleo por ella está noche, y quiero sus ojos sólo en mí. Quiero sus manos sobre mí más tarde. Y quiero que me diga que me ama. También me lo ha demostrado, pero yo nunca en mi vida había escuchado esas palabras. Pone canciones de amor para mí, y me aferro a las letras como si ella las hubiera escrito. Algunas veces, tengo problemas para ponerle palabras a como me siento. Algunas veces, siento miles de cosas a la vez que no puedo encontrar una sola palabra para decirle lo que yo quiero decir. Es por eso que busco canciones, y tan pronto como encuentro la indicada, no puedo esperar para reproducirla para ella. Le dediqué “Iris” porque quería que supiera que haría todo tipo de cosas locas por ella, y más que eso, yo quería que me conociera.


Ya me conoce.


Conoce partes de mí que ni siquiera yo mismo conozco. Cada vez que me despierto, compruebo que esté bien. —¿Te hice daño? —pregunto. Algunas veces recuerdo cuando soy oscuro, pero otras veces nada. Toda mi vida se derrumba cuando estoy negro.


Tengo miedo de lastimarla. Tengo miedo de que se marche otra vez.


Pero entonces, me promete que me hará saber toda la mierda que yo haga o diga, y eso me tranquiliza. Sinceramente, no creo poder lastimarla. Hay algo en mí que me alienta a protegerla incluso de mí mismo. Creo que incluso el Pedro oscuro se mataría a sí mismo antes de lastimarla.


Pero todavía sueño despierto y escucho que hice algo estúpido y que ella se irá.



Ella me dice todas las noches que soy su suyo. Ella es mía.


Pero lo quiero sobre un papel. Quiero ganar este año y cuando lo haga, voy a pedírselo.


Porque es mía.


Está noche, escucho a la multitud mientras subo al escenario, y eso me alienta, me alimenta, pero yo ya me estoy girando hacia donde sé que ella se encuentra sentada. Cada detalle de lo que usa está noche esta en mi cabeza. Veo un rostro con unos ojos que me hace sentir más rico que un país. Sus mejillas sonrojadas. Su amplia sonrisa.


Y el solo mirarla hace subir mi adrenalina. Un aumento en la dopamina. La testosterona. Las endorfinas.


Disfruto que me eleve. Ella me mira, y le sonrío y la señalo, ya que tengo pensado hacerle saber lo que ya sabe.



—Esto es para ti.


Todo esto.


Para ti.


Paula Chaves.


Me lanza un beso y lo capturo en mi mano. La multitud ama la acción como yo la amo a ella.


Y luego lo pongo en mi boca, y todos rugen.


La vuelvo a señalar, riendo, viendo el brillo en sus ojos, y no puedo esperar a estar dentro de ella, escucharla suspirar por mí, venirse por mí.


Estoy en la cima ya. La oleada de adrenalina me atraviesa. Voy a acabar con cualquier cosa que se ponga en mi camino sólo para ser el vencedor. Para demostrarle a esta mujer que yo, Pedro Jodido Alfonso, es el hombre que ella quiere.


—¡Y el mejor de los mejores, Pedro “Riptide” Alfonso!


Escucho mi nombre una vez más, y estoy tan drogado como la multitud, drogado con una sonrisa de ella.


Estoy elevado sólo por ella.



                                FIN♥

-------------------------------------------
GRACIAS POR LEER ESTA NOVELA Y GRACIAS POR COMENTAR!! 


SOLO LES PUEDO AGRADECER!! ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO!!
GRACIAS GRACIAS GRACIASSSSSSSSSSSSS!♥


CAPITULO 39

¿Quién alguna vez le ha dicho que lo ama?


Yo lo he hecho.


En una carta.

En miles de canciones.


Pero no en voz alta.


Incluso sus padres solo querían dinero, ellos nunca aceptaron o le dieron el amor que merecía ¿y yo? ¡Oh Dios! Lo abandoné. Igual que todos los demás, se me formó un nudo en la garganta, asentí con la cabeza hacia arriba y abajo rápidamente y su mandíbula estaba apretándola como una roca.




—Dilo —susurró toscamente.




—¿Por qué?




—Necesito escucharlo.




—¿Esa es la razón por la que te fuiste después de la pelea?




Ardientes lágrimas llenaron mis ojos.




Había desesperación en su pregunta y creo que lo quería saber porque era la única respuesta que sería capaz de conseguir acerca de mi partida.




Un nuevo dolor crudo se abrió en mi pecho mientras me lo imaginaba despertando en la cama del hospital, después de lo que hizo por mí, para darse cuenta que me había ido. Cuando dije que no tendría nunca lo suficiente de él.




—¿Es eso por lo que te fuiste Paula? O ¿Por qué ya estabas lista para dejarme? Pensé que tenías más temple, realmente lo pensaba.




Él está buscando frenéticamente en mi rostro y me siento descabellada mirando sus impresionantes características que lo hacen tan guapo, observando la pequeña cicatriz que tiene por encima de su ceja.




Toco la cicatriz en un impulso y en el instante en que mi dedo tocó su piel, las palabras estallaron fuera de mí.




—Te amo, te amo —su respiración se detiene en su pecho y yo continúo en una carrera— .Más de lo que nunca pensé posible amar a otro ser humano. Me fui porque me rompiste el corazón, una y otra vez esa noche, con cada uno de tus huesos. Me fui porque no podía soportarlo más.




Cerró sus ojos y su tormento me llego tan profundo, mi confesión abriéndome me hacía vulnerable, escuché su respiración entrecortada y me duele recordar lo que hizo por mí, para rescatar a Delfina. Dejó caer mi mano, y mi voz tiembla ferozmente.



—No quiero que dejes nunca que nadie te haga daño deliberadamente otra vez, nunca, ni siquiera por mí Pedro, jamás lo hagas, vales demasiado ¿me escuchaste?




Levantó su mano y tomo mi cara con sus manos temblorosas y me jalo hacia él, tiemblo mientras asimilo la sensación de sus brazos nuevamente. Mi corazón palpita porque sé que está es la primera noche del resto de mi vida, y yo quiero que lo sea.




—Lo haría mil veces por ti —nos olfateamos mutuamente— .Mil veces, un millón, no me importa si soy humillado, no me importa nada. Todo lo que sabía era que estabas dispuesta a besar a ese hijo de puta por tu hermana y yo tenía que traerla de vuelta a ti.




—Oh Pedro no tenías que hacer nada.




—Lo hice y lo haría de nuevo, y solo lo lamento por Diego. Él se quedó en el cuarto del hotel con ella y uno de los amigos de Benny y me ayudaron a su traslado cuando entregué el campeonato. No podía dejar que me pararas Paula.




—Pero ni siquiera me mirabas… —dije apretando los ojos— . eso fue tan doloroso como el resto de lo que sucedió.




—Si te miraba, no habría podido con eso —su voz es áspera con convicción y me cubrí la cara tratando de no pensar. Escorpión estaba encantado en humillar a mi orgulloso luchador. Eso me hizo querer luchar y llorar al mismo tiempo y sacudí mi cabeza.




Él estaba tranquilo.




Entonces me soltó con un ruido de dolor viniendo de lo profundo de él.




Se pone de pie y camina, pasando sus dedos furiosamente por su cabello.




—Sabía que eso iba a pasar —sus ojos mieles se oscurecieron— .Es por eso que no quería tocarte, sabía que me volvería loco si te tocaba y pedirte que estés conmigo cuando sé que voy hacer algo jodido que te haga daño de nuevo.




—¡Sí! Si probablemente lo hagas, algo idiota y va a ser un gran salto para mí y lo haré bien pero contigo porque esto es lo que me provocas hacer, estoy loca por ti. Mi vida sin ti apesta, no estoy aquí por el trabajo. Aunque me encanta pero es a ti a quien quiero. Por ti vine la primera noche, siempre ha sido por ti, quiero estar contigo, pero no voy hacerlo sola. Quiero que también me ames Pedro nunca me has dicho cómo te sientes por mí.




Sus ojos estaban de un brillante miel y se encendieron con un fuego que calentó todo mi ser.




—Paula ¿honestamente no lo sabes?




Lo miro y se arrodilla en la cama, tomando mi cara.


—Jesus, cuando te vi la primera vez en Seattle me sentí como si hubiera sido enchufado a una toma de energía, me elevo sólo con la forma en que me sonríes Paula. La forma en que me mirabas con una expresión de dolor y asombro que me volvía loco. Te diste la vuelta para irte y llevabas ese bonito pantalón, tu trasero estaba ahí mientras te alejabas y yo solo quería terminar la maldita pelea para poder ir por ti. La primer pelea juro que luche solo para que me vieras, así verías que soy fuerte y podía luchar por ti y protegerte. Soñaba despierto que te besaba, de hacer el amor contigo, estaba planeando en mi cabeza incluso cuando salte del ring y fui detrás de ti. Cuando tu amiga me dio tu número, llegué al hotel para encontrar una habitación llena de mujeres, del tipo que Diego siempre tenía para mí y no podía mirar a ninguna, quería verte a los ojos y hacer que me sonrieras. Te busqué en google, guarde tu número en mi celular y pasé toda la noche pensando en todas las maneras que lo haríamos cuando tuviera mis manos sobre ti. Te envié esas entradas, sabiendo a ciencia cierta que te tendría esa noche, pero entonces vi un video tuyo cuando te busqué en google nuevamente, fue en tu primera prueba en las olimpiadas y llorabas tan fuerte con tu lesión en los ligamentos que solo quería… a ti. Quería quemar los teclados de los idiotas que comentaban acerca de tu vida acerca de la depresión que te dio. Fuiste mía Paula, yo solo quería sacarte de ahí y enseñarle a esos que eran unos idiotas. Nos íbamos de la ciudad pronto y sabía que tenía que verte más por eso te contraté.



Cuando me confirmo que vio mi video, casi me rompo, una debilidad atraviesa mis rodillas. Al instante recuerdo como en nuestro primer vuelo Pedro estaba tan absorto inspeccionando mi rodilla, la tocaba casi amorosamente acariciando la cicatriz con su pulgar y cómo podría olvidar cuando me sacó y era diligente con mi rodilla, el día que sus fans me lanzaron huevos.



—Trate de tomarlo con calma contigo, quería conocerte y que me conocieras y cada día quería más Paula, tanto que no podía tocarte y echarlo a perder sin que me conocieras. Quería que te preocuparás por mí, que me entendieras… me torturaba todas las noches pensando en ti en tu habitación mientras yo estaba en la mía. La noche que fuimos al club y bailaste conmigo, no podía detenerme, estaba demasiado tenso y cuando te derribaron dos chicos por mí, me volví locamente protector, quería meterte a la cama para regresar y hacerles mucho daño a los cuatro pero te quedaste conmigo y me olvidé de la lucha, todo lo que quería era tener mi boca sobre ti, traté de controlarme pero en el avión me mataste con esas canciones sobre hacer el amor conmigo. Tenía que poseerte, la idea de tenerte me enloquecía estaba como drogado con eso y para el final de la pelea estaba maniático antes de que pudiera meterte en mi cama.




Y después te despertaste conmigo y vi que te habías abrazado a mí Paula suave y dulcemente, la siguiente vez que estuve acostado solo en la cama me quería cortar las malditas venas esperando que estuvieras a mi lado, así que tenía que ir por ti, eso fue lo que me ayudo a pasar todo el día, esos días. Pensando en conseguir meterte a la cama besándote hasta dejarte sin aliento. Me quede examinando entre mis canciones tratando de encontrar una que expresara cómo me hacías sentir por dentro, no soy bueno diciendo esto pero quiero que sepas que eres muy especial para mí, eres diferente a cualquier otra mujer en mi vida.

Querías que te hiciera el amor y no sabes cuántas veces casi me derrumbo, cuando te bañaba juro por Dios que me estaba rompiendo por dentro pero no podía hacerlo no sin antes decirte que hay algo profundamente malo en mí y que soy un cobarde Paula. No pude encontrar el valor para decirte la palabra “bipolar” así que prolongué mi tiempo contigo porque soy un egoísta y quería te interesaras antes de que supieras. Pensando que haría una diferencia y te quedarías, ni siquiera mis amigos podían hablar conmigo a largo plazo, algo me hizo pensar que me conocías y entendías a un nivel que nadie más lo hace.




—Pedro —exhalé.




—Tenía razón Paula —añadió en un profundo y ronco susurro, manteniéndome encantada con sus palabras, su mirada liquida— .Cuando te dije acerca de mí todavía me querías y yo he estado enamorado de ti por no sé cuánto tiempo. Desde que trataste de noquearme en el ring y que terminé poniendo tu pequeño pie contra mi estómago para calentarlo. Jesus cuando vi esa fotografía de Escorpión y tuya quería matarlo, quería darte lo que fuera que había hecho que fueras con el maldito imbécil y besar su jodida cara, quería darte eso para que me besaras a mí en su lugar. Fui con él y me estaba esperando, por supuesto que lo estaba haciendo, me vio en el club, nunca antes había sido protector con una mujer. Me vio salir del round por ti cuando estaba descalificado, sabía que eras mi debilidad. Tuvimos que ir y estaba llorando como un maldito cobarde, quería que me detuviera, tenía planeado no parar hasta que le sacará los dientes, pero me ofreció a tu hermana si me calmaba y le dejaba el campeonato. Él se hizo con ella, ella estaba inquieta desde que te había visto y no quería problemas. Nos miraba luchar llorando, le pregunté si era tu Delfina y dijo que sí entonces acepte, lo tengo en papel, llamé a Diego para que cuidara de ella y fue hecho. Ella quedaría en libertad una vez que estuviera terminada la pelea. —arrastro su aliento, luego paso una mano por su rostro mientras suspiraba— .Era la primera vez que hacia lo correcto cuando yo era… nada óptimo.




Inclinándose hacia mí, arrastro su nariz a lo largo de mi cien y un temblor de calor se deslizo en mi espalda cuando susurró cerca de mi oído.




—Siento que no haya podido decírtelo pero tenía que pasar así. Cuando te dije que no dejaría que me abandonaras la noche que hice el amor contigo, lo decía en serio. Te deseo Paula para mí, puedo hacerte daño, puedo hacer cosas estúpidas pero yo… —su mirada me envuelve— .Estoy tan jodidamente enamorado de ti que ni siquiera sé que hacer conmigo.




El nudo en mi garganta es enorme y estoy asintiendo mientras seco mis lágrimas sin poder decirle cuánto y cómo estoy de locamente enamorada de él.




Me hace sentir tan bien, me pone en mi música, corre conmigo, me besa y toca, me lame deliciosamente. Obtiene todos los sexys celos, está enojado un día y al siguiente es todo engreído y me encantan los dos lados de él, me mira con sus ojos mieles o negros y cada vez que lo hace solo sé que estoy donde quiero estar.




—Vas a querer dejarme otra vez —susurra con ternura mientras acaricia mi mandíbula— .Pero no puedes Paula, no puedes dejarme, eres mía.




Con su otra mano acarició mi cabello y yo como un pequeño gatito buscaba su toque.




—Me has reclamado como tuyo, golpeaste un par de traseros de hombres de doscientas libras, nunca podré superarlo, sacaste de mi vida a las zorras, Diego me lo dijo, me reclamaste antes incluso de que te dieras cuenta que ya estaba colado —empuñó mi cabello y me acercó a sus labios— .Soy tuyo y no puedes abandonarme como lo hiciste, incluso si meto la pata, aún seré tuyo.




Lo necesito más cerca así que presionó mi cuerpo contra el suyo y cuelgo mis manos de su cuello, su sudor se desliza deliciosamente en mí.



—No, eres mi metedura de pata, eres mío.

Gime con un sonido masculino cuando lame mi mejilla, mi corazón se derrite cuando comprendo que mi león está de vuelta, me hundo entre sus brazos cuando comienza a bajar sus labios. Lenta y húmedamente besa mi mejilla, mi mentón y luego… mis labios, creo que él siente mi estremecimiento porque desliza sus manos a mi espalda baja y me atrae protectoramente contra su cuerpo. Hace su camino hacia mi boca caliente suavemente probándome hasta que estoy abierta y jadeando dejándolo tenerme deliciosamente.




—No me dejes nunca más —murmura su lengua traza mi labio superior, luego se empuja fuertemente contra mí y recorre sus manos por mi trasero apretándolo posesivamente.



Estoy embriagada, la sensación de sus besos y caricias me atraen profundamente y tiemblan en mi centro como terremotos consecutivos, cada uno más fuerte que el anterior.




Frotó mis pezones en su enorme pecho y mi centro palpita por sentirlo dentro de mí, se ve tan sexy en su ropa deportiva, hace que me vuelva loca la forma que huele cuando hace ejercicio, quiero quitarle la ropa y tomarlo.




—Tengo alrededor de mil canciones en mi nueva lista de reproducción que se llama “Paula” todas ellas hablan de cuánto te extraño, te amo, te odio y te adoro —dice con tono áspero cuando siento que alcanza mi ropa interior por debajo de mi vestido.




Esto es exactamente el por qué me puse un vestido y en tiempo record me lo quito para quedar solo en bragas y Pedro me ha quitado con éxito las bragas de ambas piernas.




—Tengo algo también… quiero pasar todo el día dándotelo —le susurró.




Me arrastra para atrás, desnuda en su regazo, tomando mi boca nuevamente, me tiene tan excitada con sus besos que temo que llegaré al clímax en el instante que entre en mí.




¡Oh Dios! Lo necesito tan gravemente que ni me doy cuenta que he enredado mis piernas sentándome a horcajadas de él frotándome contra su erección, lo quiero dentro de mí, lo deseo con tanta intensidad que no puedo dejar de temblar.


—Te amo —respiro.




Es increíble, viví toda mi vida sin él, pero hicimos está loca conexión y me siento vacía sin él.




Me enloqueció con otro beso mientras chocaba mi cuerpo con el suyo tentando con su dureza, su boca, sus gemidos. Me hacía quererlo en formas salvajes, en las más intensas formas. Intenta liberarse de sus pantalones cortos.




—Quiero poner contigo ‘’I Love you’’ otra vez—dije mientras él intentaba quitárselos sin sacrificarse de quitar mi centro de su regazo.




—Me pondré mis audífonos cuando terminemos —murmura sacando una pierna y sus brazos se hincharon cuando batallaba para sacárselos de la otra pierna.




Gemí con gratitud ante la idea de poder escuchar música disfrutándola, especialmente cuando lo único que podía pensar en escuchar era ‘’Iris’’ de nuevo y temiendo que tan profundo me llegaría. Cada una de sus canciones, sin que estuviera Pedro me abrían las heridas.




Me llene de emoción cuando le acaricié el cabello, deslizando mis dedos en el.




—Y también ‘’That’s When I Knew’’ de Alicia Keys —comencé a cantar esta canción desgarradoramente romántica en su oído e hizo un extraño sonido entre risa y gemido.




—No cantas una mierda cariño —murmuró.




Paramos de reír cuando entro en mí, respire con dificultad y él gimió.

Su boca se estrelló con la mía y nuestra sed es insaciable, el balancea sus caderas poderosamente, sus músculos se aprietan debajo de mí, sus abdominales contra los míos, sus bíceps me rodean, adoro sentir su fuerza cuando me hace el amor, en el balanceo de sus caderas, en sus brazos, en su poderosa erección, me encanta…


Aquí voy de nuevo.


Amo todo acerca de él.


—Paula Chaves —murmura, lamiendo mi oído con ojos brillantes— . Soy Pedro.




Reí, luego gemí y me desvanecí con él.




En serio, es tan jodidamente sexy, que no puedo aguantarlo.



------------------------------------------------

LEAN EL EPILOGO ♥


martes, 28 de enero de 2014

CAPITULO 38





Entonces, entro en mi casa y mi corazón se llena con el sonido de la voz excitada de Delfina, que me recuerda que está aquí. De repente mi apartamento parece una residencia universitaria con amigos riendo, y todo debido a Pedro.


—¡Realmente creo que le gusto!


—¡Delfina! —Entro en la sala de estar ecléctica, cortesía de las habilidades decorativas de Melanie y aprieto a mi hermana en un abrazo de oso de nuevo, donde soy el oso—. Deja que te mire. ¿Estás bien?


La inspecciono de la cabeza a los pies, y admito que se ve bien. Mejillas sonrosadas, brillante sonrisa. Se cortó esa melena de oro por encima de los hombros para sus orejas pequeñas, y hay color en sus dulces labios. Se ve delgada y saludable, y la animación en sus ojos me encanta. Esta es la Delfina que recuerdo. Mi hermanita. Me aprieta la mano y asiente enfáticamente, entrelazando sus dedos fríos felizmente con los míos.


—Delfina me contó cómo Pedro luchó contra Scorpion por ella. —Melanie ensancha sus ojos en mí y asiente significativamente—. Ella piensa que Pedro es muy caliente debido a la forma en que luchó con Escorpión por ella.


Una pizca de celos se riza alrededor de mi estómago. —Oh. Por supuesto.


delfina lo ha visto en las últimas cuatro semanas, tal vez, y el pensamiento de una mujer disfrutando de su sonrisa y su voz, mientras yo he estado negándome a mí misma de ello, me hace sentir un poco enferma.


—Paula, deberías haberlo visto —estalla Delfina, ajena a mi cámara de tortura interior llamado "corazón"—. Él sólo irrumpió en nuestras habitaciones de alquiler y noqueó a dos de los hombres, y luego se fue directo a golpear la cara de Benny, sin parar. Estrelló un lápiz en su tatuaje tan profundo que lo deformó completamente.


—¡Espera! ¿Quién demonios es Benny? —pregunta Melanie.


—¡Escorpión! —explica delfina, su sonrisa entusiasta de placer. En serio, aún sigo mirándola con asombro, porque se parece a otra persona en comparación a la chica drogada, de pelo ardiente con un tatuaje de escorpión en el restaurante japonés. Las maravillas que un mes de rehabilitación puede hacer. Y mi peleador de cabello castaño...


—¡Oh! ¡Benny es Escorpión, lo tengo! —dice Mel, poniendo los ojos en blanco.


─ Pedro era como un demonio desatado del infierno, golpeando sin parar. Benny no podía detenerlo mientras él seguía gritando acerca de mantenerse alejado de su chica, que no se iba sin la chica que quería, y un montón de malas palabras, y luego Benny se revolvió para detenerlo y me ofreció. Dijo que si él paraba que me liberaría a cambio del campeonato también. Luego, Pedro me preguntó si yo era tu hermana. Y yo asentí. Así que él accedió. Ni siquiera lo dudo. Me quería fuera de ahí la misma noche, pero Benny dijo que yo estaría encerrada hasta que Pedro entregara el campeonato, así que Pedro llamó a Diego para que me buscara. Diego me llevó a un lugar de rehabilitación en Connecticut y Pedro pagó por mi estadía completa ahí y luego, envió a Diego de vuelta por mí.

Caigo en una silla y no puedo mantenerme erguida, mis ojos son un lío. Después de todas las lágrimas que he llorado, siento como si aún pudiera llorar otro gran lago. Por pedro Alfonso. Y por mí. Y por subestimar a alguien que yo creía que haría algo malo, y en su lugar, el hizo la mejor y más increíble cosa por mí. Pedro, cuando se transforma, hace cosas malas, o eso es lo que dicen. Pero chico, oh chico, el hizo lo correcto con Delfina. Por mí. Sé, a pesar del lado romántico de Delfina,  fue por mí que él peleó. Por mí él tiró la pelea, y por quien yo amo, y que prometió proteger como suya la noche en la que él destruyó todo el restaurante del hotel.

Recuerdo el orgullo que tenia durante la pelea, recibiendo cada golpe. ¿Cómo debe haberle dolido no defenderse? Eso es todo lo que Pedro sabe hacer. Es un luchador de corazón. Incluso en sus ojos podía ver su fiereza. Apenas puede controlarse a sí mismo cuando lo provocan, y pensar que se retuvo cuando estaba siendo herido de esa manera, solo por mí. Por mi hermana.

Algo hace clic en mi mente, y mi corazón se hincha hasta que yo creo que voy a estallar de dolor y emoción. Soy bombardeada con pensamientos de la primera noche que vi a este hombre. Todo ojos mieles brillando, bronceado dorado, pelo castaño oscuro de punta, cara juguetona, duro cuerpo masculino.

─ Tu nombre ─ gruñe, jadeando, sus ojos salvajes sobre mí.
─ Uh, Paula.
─ ¿Paula qué?

Con esfuerzos temblorosos, libero mi mano y miro espantosamente a Mel, quien viene detrás de él, con los ojos muy abiertos.─ Es Paula Chaves ─ dice ella, y luego felizmente lanza el número de mi teléfono celular. Muy a mi pesar. Sus labios se curvan y encuentra mi mirada una vez más.
─ Paula Chaves ─ Él acaba de coger mi nombre en frente de mí, y justo en frente de Mel. Él da un paso hacia delante, y su mano húmeda se desliza por la parte posterior de mi cuello. ─ Paula ─ gruñe suavemente, de forma significativa, contra mis labios, mientras se retira con una sonrisa. ─ . Soy Pedro.

Oh Dios, sabía que mi vida iba a cambiar. Solo que nunca supe cuánto.


Amo. A. Este. Hombre.

Sí, es un hombre que va a ser difícil, y bipolar para arrancar.

Él es fuerte, y orgulloso, y no espero que me ruegue.

Pero a pesar de que no me va a rogar que vuelva, por lo menos no me está pidiendo que ruegue por perdón por ser una mierda cobarde y dejarlo mientras estaba entubado en un hospital, tampoco.

Sintiendo el primer sentido de alegría que he tenido en las últimas semanas desplegándose en mi barriga, miro hacia abajo a la dirección de hotel escrita en la tarjeta, y mi interior se mueve en anticipación.

Él quiere ser mi mío, no mi aventura. Aun cuando será mío , sé que todavía va a ser una aventura. Porque ese es él. Un emocionante salto en bungee … una caída libre… toda una ronda de Juegos Olímpicos… eso es lo que estar enamorada de él va a ser para mí. Preguntándome cuando se transformará… y todo el empuje y tracción y razonando con él… será.

Y de repente, eso es todo lo que puedo pensar.

De repente, mi rodilla mala es todo lo que me detiene de correr detrás de él.

Quiero el trabajo que él puede ofrecer.

Quiero estar con mi grande, loco, sexy bestia de hombre, y no me disculparé con nadie por eso. Él es bipolar, y yo estoy loca por él.

Él nunca dijo que me amaba. Pero el vino de vuelta por mí. Me dio a mi hermana. Perdió su riqueza, su lucha, y yacía inconsciente en una cama de hospital. Por mi culpa.


─ Delfina, llamaré a mama y papá para que tú puedas pasar algún tiempo con ellos. ¿Te gustaría eso?
─ Si, Pau, pensé en lo que me dijiste, y si quiero terminar la universidad.

Mel chilla. ─ Oh ¡Yay! Delfi, ¡La universidad es el lugar para chicos calientes, chica! Es algo que definitivamente no quieres perderte ─ ella añade en total excitación, aun sudorosa y con la cara roja por nuestra carrera.

Sentándome al lado de Delfina, le digo ─ La cosa es, que tal vez no esté alrededor por un tiempo. Mi nuevo trabajo requerirá que viaje.


─ ¿Nuevo trabajo? ─ Melanie beneficia, luego sus elegantes cejas leonadas caen más bajo sobre sus ojos. ─. ¡Habla, Paula! ─ Ella amenaza.
─ Mel. Voy a conseguir el trabajo que quiero con el hombre que necesito ─ confieso.
─ Quieres decir que estás volviendo al hombre que necesitas con el trabajo que quieres ─ ella corrige.
─ ¡Es lo mismo! ─ Me río, lanzándole la tarjeta. ─ . Estoy consiguiendo mi trabajo de vuelta.
─ ¿Con Pedro? ─ Pregunta Delfina.
─ Delfina, tu hermana está, a pesar de no ser el tipo de que se enamora con tanta fuerza, locamente, locamente enamorada con este chico. Y él ha estado detrás de ella por meses ─ Mel le dice, dándome de vuelta la tarjeta.

Las dos calibramos su reacción, y su boca se parte en sorpresa mientras se señala a sí misma.


─ Oh. ¿Ustedes pensaron que yo…? No estaba hablando de Pedro queriéndome a mí. Dije que Pedro estaba súper caliente, pero estaba hablando de Diego.

─ ¡Diego! ─ Me río de alegría y alivio y la aplasto entre mis brazos de nuevo. ─ . Oh, Diego es un gran tipo. Si vuelvo a trabajar, tengo el presentimiento de que lo estarás viendo.

─ Paula, me doy cuenta de que yo siempre he sido un poco… romántica, pero lo que él hizo ─ me dice, sus ojos serios. ─ . Pedro, me refiero… Paula, nunca, nunca, he visto a un hombre pelear como él lo hizo por alguien.

Cerrando mis ojos, asiento y mantengo un brazo alrededor de ella hasta que Melanie chilla, ─ ¡Sandwich! ─ y viene a abrazarme desde el otro lado hasta que las dos casi me matan con amor.

─ ¿Me llevarás a menudo? ─ Mel murmura en mi oído cuando se mueve hacia atrás.

─ A las dos ─ prometo. Incluso si tengo que ahorrar como una loca para hacerlo.


----------------

Treinta y seis horas más tarde, he acomodado a Delfina con mamá y papá, y ellos siguen preguntando acerca de los cocodrilos. Pobre Delfi tendrá que pagar por todas las mentiras ahora que está siendo interrogada acerca de la cultura India y la Torre Eiffel y los trabajos.




Melanie me ayudó a empacar y estaba un poco llorosa cuando me despidió con la mano en el taxi, pero seguí diciéndole: ─ ¡No es por siempre! Es por temporada, pequeña cobarde. Y te estaré llevando como loca.




Mi voz era segura, pero honestamente, ni siquiera sé cómo mi reunión o entrevista o como sea que será llamado irá esta noche. Solo sé que estoy yendo por Pedro, y mi cuerpo ya se siente como un campo de batalla de deseo, miedo, nostalgia, amor, necesidad y arrepentimiento.




No estoy segura de que Pedro conseguiré esta noche. Todo lo que sé es que Pedro Alfonso no es un hombre de relaciones a largo plazo. Es un imán de mujeres y problemas, y tiene un lado oscuro que no es fácil de controlar.




Es mi bestia. Mi oscuridad y mi luz. Mío.




No hay otra opción para mí excepto terminar con él.


***


─ ¡Estamos tan malditamente felices de verte! Te abrazaría si no tuviera miedo de perder mi cabeza más tarde en el día ─ Ruben dice cuando me ve atravesar la puerta, y está sonriendo tan duro, sus ojos surfeados en tristeza parecen iluminarse con real alegría.




─ Oye, pensé que ustedes eran pobres. La gente pobre no alquila suites presidenciales ─ digo mientras suelto mis maletas en la puerta.


─ Pobres bajo los antiguos estándares de Pedro ─ Diego viene para llevar mis maletas a una de las habitaciones. ─. Él gasta varios millones al año, para lo que, naturalmente, tiene que seguir produciendo como mucho, pero vendió la casa en Austin, y estamos trabajando en conseguir algún apoyo en estos momentos.




Asiento con la cabeza, robo una mirada de añoranza por el pasillo que da a los dormitorios, preguntándome si él está aquí. Cuando los chicos me acompañan a la sala de estar, por fin me rompo y digo, ─ Muy bien, así que necesito saber si Mr. Alfonso aún está interesado en mis servicios. ¿Cómo especialista en rehabilitación?




─ Por supuesto ─ asegura Diego, dejándose caer en un sofá y jugando con su corbata como siempre lo hace. ─ . Él quiere enfocarse en lo que es importante. Te quiere a ti, y él ha sido muy específico acerca de no querer a alguien más.




Me río, luego me pongo sobria cuando los dos me miran como si yo fuera una estrella fugaz y ellos me acaban de atrapar.


─ Chicos ─ digo, rodando mis ojos. ─ . No sean obtusos. ¿Él está aquí? ¿Les dijo que me torturaran sin fin?




─ ¡Nunca! ─ Los dos se ríen, y Diego se recupera primero, su expresión recomponiéndose. ─ .Él se ha paseado el lugar una y mil veces estos últimos días. Salió a correr ahora ─ Él mantiene mi mirada de una manera encantada, su voz disminuyendo considerablemente mientras se sienta y se inclina sobre sus rodillas. ─ . Tu carta, Paula. La ha leído mil veces. No quiere hablar con nosotros. No sabemos lo que él está sintiendo.


El sonido de una puerta cerrándose me llega, y cuando saltó en mis pies, mi respiración se va.




Al otro lado de la habitación, cubierto en sudor, está la razón por la que estoy lista para irme y apostar todo en mi amor por él. Mi corazón se queda quieto por un momento, y luego salta a toda velocidad, porque este hombre me hace esto. Corro hacia él incluso cuando estoy parada.




Su pelo está perfectamente desordenado, y él está allí, el dios del sexo de mis sueños, mi ojos-mieles-cambiando-a-negro demonio de mis sueños. Él me mira, luego a Diego, luego a Ruben, entonces empieza a ir hacia mí, sus tremendos zapatos de correr amortiguados en la alfombra. Puedo ver las emociones evolucionando en sus ojos, comenzando con sorpresa, con un dejo de enojo, y luego de pura necesidad candente.




No sé cuánto tiempo me quedo mirándolo, pero es bastante, hasta que siento el crujir de la química en el aire como algo irreal y eléctrico saltando entre nosotros. Su pecho se alza y baja, y una salvaje desesperada necesidad para cerrar la distancia emocional entre nosotros hace que mi pecho duela.




─ Me gustaría hablar contigo, Pedro, si tienes un momento.




─ Si, Paula, también quiero hablar contigo.




Su tono plano no hace nada para ayudar a mi confianza rápidamente huyendo, pero lo sigo cerca de sus talones. El ligero olor a otoño mezclado con un olor a mar que se aferran a su piel me pone muy caliente, y estoy casi bizca del deseo cuando él me lleva al dormitorio principal.



Él cierra la puerta detrás de él y se vuelve hacia mí y un tiro de brotes de calor corren a través de mi cuando el envuelve una caliente, gran mano alrededor de mi cuello y se dobla para olerme. Deshecha bajo el posesivo gesto de su nariz enterrada en mi pelo mientras él arrastra una larga y profunda inhalación, agarro su camiseta con todos mis dedos y entierro mi cabeza en ella, doliendo por él.



─ No me dejes ir, por favor ─ ruego. Él se libera de mi agarre y me suelta, casi como si estuviera molesto de que me hubiese agarrado en primer lugar.




─ Si me quieres tanto, ¿Entonces por qué te fuiste? ─ Me enerva mientras me mira sentarme en el banquillo a los pies de la cama y cruza sus poderosos brazos, sus cejas juntas mientras se ensancha en su postura casi amenazadoramente. ─ . ¿Dije algo cuando estaba maníaco?




Con un súbito recuerdo, recuerdo cada increíble memoria, y aprovecho una.


─ Querías llevarme a París.




─ ¿Eso es algo malo?




─ Y hacerme el amor en un elevador.




─ ¿Lo hice?




─ Y tenerme en mis bragas rosadas ─ admití densamente, y una calidez inesperada subió por mis mejillas.




Sigue mirándome fijamente, con el rostro tenso en una máscara ininteligible. Sus brazos cruzados apretadamente como si estuviera sosteniendo sus furiosas emociones. Estoy temblando porque no puedo determinar si la expresión en sus ojos es de amor, u odio. Es simplemente consumidora. Consumiéndome.




─ Olvidaste la parte en la pusimos una canción para el otro ─ me dice en un murmuro tranquilo, y la constatación de que probablemente recuerde la forma tierna en que me hizo el amor después de eso causa una emoción ardiente en mi pecho que se difunde rápidamente a mi garganta.




Aguanto mi respiración en un estado de shock silencioso cuando llega a mi mano, y la toma en su seco y firme agarre y la lleva sus labios.




Mi corazón se acelera mientras me quedo en mi asiento, mirando en deliciosa agonía mientra el vuelve mi mano en su agarre. El mira hacia el centro de mi palma antes de inclinarse para aplanar su lengua sobre mi piel y lamerla suavemente. La necesidad estalla en mi barriga.




─ Esa foto me puso muy furioso, Paula ─ el habla en mi piel, mientras arrastra su húmeda lengua a través de los nervios sensitivos en el centro de la palma de mi mano ─. Cuando perteneces a alguien… no besas a alguien más. No besas al enemigo. No le mientes. O lo traicionas.




Mis sistemas rugen a la vida mientras sus dientes rozan la palma de mi mano.




Mi voz se estremece fuera de mí.


─ Lo siento. Quería protegerte, como tú me proteges. Nunca iré detrás de tu espalda de nuevo, Pedro. No te deje porque fueses maníaco. Solo no quería que te pusieras maníaco o depresivo por mí.




Me da un oscuro asentimiento mientras rastrilla una sedienta mirada en mí, y el baja mi mano de vuelta a mi regazo.



─ Hay algo que me debo haber perdido entonces. Porque aún no puedo entender, ¡Porque demonios me dejarías cuando yo más jodidamente te necesitaba!


El dolor en su voz llama la atención dentro de mí, y al instante mis ojos pican.


─ ¡Pedro, lo siento! ─ Lloro miserablemente.




Gime, agitado, entonces el saca la carta que le escribí del bolsillo de los vaqueros, cubiertos al azar en una silla junto a la esquina. El papel está arrugado y roto en el centro por tantas lecturas.



─ ¿Que Quisiste decir con lo que me escribiste? ─ Al escuchar su densa, angustiada voz hace que los vellos de mi piel salten.




─ ¿Qué parte?




Coge el papel, y lo abre, embistiendo un grueso dedo en las palabras:




Te amo, Pedro.




A continuación la arruga en su puño de nuevo, mirándome con rabia y desesperación. Mi corazón se contraer cuando me doy cuenta de que ni siquiera puede decir la palabra en voz alta para mí.




¿Quién alguna vez le ha dicho que lo ama?




Yo lo he hecho.




En una carta.




En miles de canciones.




Pero no en voz alta.


-------------------------------------------

GRACIAS POR LEER!! 

MAÑANA EL ULTIMO CAPITULO Y EL EPILOGO!!




lunes, 27 de enero de 2014

CAPITULO 37



Ni siquiera Mel puede animarme.


Hablé con mis padres y les dije que las cosas están muy bien, más que nada porque no quiero preocuparlos acerca de Delfina hasta que descubra cómo voy a llevarla a casa de nuevo. Ya he investigado y la próxima temporada de Underground comenzará en febrero del próximo año, y comenzará en Washington D.C.


Probablemente voy a aceptar la oferta de trabajo de la Academia Militar de Seattle con mis alumnos de secundaria para comenzar en agosto, pero si lo hago, podría no ser capaz de viajar en febrero en busca de mi hermana. Lo cual no me gusta. Y, sin embargo, si decido ir tras Delfina, sinceramente, no sé si soy lo suficientemente fuerte como para ver a Pedro en el Underground de nuevo.


Melanie, que ha estado acechando Twitter, dice que todos sus fans están especulando sobre si va a volver o no a las peleas el próximo año.


—Por favor —le digo ahora, mientras estamos corriendo, cuando ella trae el tema de nuevo—. Por favor, no me hables de él nunca más.


—¿Por qué no? Vamos, pollito cobarde. Nunca has tenido una historia de amor antes y es divertido hablar de una historia de amor que no es la mía.


—¡Sólo no me hables de él, por favor! Lo amo, Melanie. Lo amo. Él no es sólo una estrella, es todo el maldito cielo para mí. Es el sol y todos los planetas de la galaxia. Me duele pensar en él, ¿no lo entiendes?


Estar al borde de las lágrimas finalmente sirvió para callar a Melanie, agarro mi iPod y pongo los auriculares en mis oídos, pero cuando lo enciendo, incluso escuchar música me afecta, porque cada canción que escucho me hace preguntarme si quiero reproducirla para él.


Completamente angustiada por cuan volátil me he convertido, empujo mi música de nuevo en mi brazalete y me centro en correr, tap tap tap, en el suelo. Ahora el sol está cada vez más alto, y cuando doblamos la esquina de mi edificio, vemos un Escalade negro aparcado justo delante de mi edificio.


Seguimos trotando hacia él, y cuando nos acercamos, las puertas se abren y un hombre de negro que se parece mucho a Diego sale. Seguido por otro que podría ser Ruben.


Y de pronto de pie al otro lado de mí, cada centímetro de su cuerpo hermoso, saludable y vital, está Pedro Alfonso. Veo su pelo brillante, su rostro juvenil sexy, su mandíbula ligeramente desaliñada, y toda su varonil piel bronceada y los músculos perfectos, y mi corazón se detiene.


Dejo de correr.


Dejo de respirar. Dejo de existir.


Mi mente se pone en blanco, mis pulmones se estrechan, mis oídos se apagan.


Lo miro. Y él me mira.


Y mientras nos miramos fijamente, mis ojos en los suyos, sus ojos en los míos, mi corazón se reanuda con un estallido de emoción. Salta y corre hacia él, golpeándolo, explotando en él, y aunque duela como una herida abierta mirar a este hombre, todos mis sentidos regresan a la vida y no puedo apartar mis ojos de él, incluso si mi vida depende de ello. Un privado cuatro de julio está sucediendo en mi estómago cuando siento un codazo de Melanie en mi espalda, y comenzamos a caminar hacia ellos a un ritmo más lento.


Un ritmo estresante.


Se siente como si el mundo entero estuviera en cámara lenta. Cada paso que doy toma mucho tiempo.


Pedro se ve tan… grande mientras nos acercamos. Más grande que la vida misma, que incluso no puedo creer que esta sorprendente criatura una vez fue un poquito mío.


Lo malo es que mi cuerpo no puede distinguir que ya no es mío, y cada poro de mí parece magnetizarse por él, como si siguieran pensando que me pertenece.


—Mierda, ese hombre es caliente —jadea Melanie a mi lado.


Asiento sin poder hacer nada y lo absorbo en varias ocasiones, de la cabeza a los pies. Algo se precipita a través de mí, como si se tratara del primer sorbo de agua que he tenido en semanas, y cada poro de mí estuviera deshidratado. Un temblor se envuelve alrededor de mi corazón. Sé que no hay duda de que estoy tan enamorada de él como antes. Y esto no es nada, nada, en comparación con el instante, el segundo, en el que brevemente y casi aburrido, me sonríe.


—¿Señorita Chaves? —dice Diego con una sonrisa, mientras nos acercamos—. Creemos que esto le pertenece.


Señala en la dirección de Pedro, que me mira con esa sonrisa aburrida, poco a poco desapareciendo mientras me estudia. Mi pulso está tan salvaje que puedo escucharlo en mis oídos, y después, me doy cuenta de otra figura saliendo del coche. Una figura femenina. Parece... Delfina.


Parpadeo, y mi corazón se detiene. —¿Delfina?


—¿Delfina? —repite Melanie, sonando aún más estúpida de lo que estoy segura lo hago yo.


—Sólo queríamos asegurarnos de que llegara a casa a salvo —dice Diego.


—¿Delfina? —repito. Y ahora realmente sueno más estúpida que Melanie.


—¡Soy yo! —Se ve animada y como su viejo yo mientras viene a abrazarme, y está temblando de emoción—. ¡Soy yo, hermana mayor! ¡Ya estoy de vuelta! He terminado el trabajo en rehabilitación. Diego me ayudó —se apresura a explicar—. Y no tengo el tatuaje. —Señala el pómulo color de rosa—. Me sentí tan pequeña cuando me miraste ese día, Paula. Me sentía tan pequeña y tan... sucia.


—¡No! ¡No, nunca! —Consternada por la sorpresa, la arrastro para otro abrazo, todavía aturdida y sin poder creer que mi pequeña hermana está en mis brazos, y luego Melanie la agarra y le da un poco de Melamor.


—¡Delfiiiiiiiiiiiiii —La abraza y la balancea alrededor y la aprieta, y me doy vuelta para mirar fijamente a los tres hombres delante de mí, y ya que no puedo hablarle al que realmente quiero hablar, le hablo a Diego en su lugar.


—Diego, ¿qué está pasando?


—Sorpresa —dice, moviendo las cejas y señalando a Delfina—. Lo ha hecho muy bien. Es una chica muy dulce.


Sigo mirando con impaciencia, y él asiente hacia Pedro, quien sólo mete las manos en los bolsillos del jean. Sus ojos están valorándome de arriba a abajo, repetitivamente, haciéndome consciente de mi equipo atlético y la forma en que ciñen mi trasero, mis pechos y mi extensa cintura de comer chocolate negro para mejorar mi humor sólo para ayudar con mi angustia totalmente frustrante.


—La noche que Pedro fue a luchar con Scorpion, Scorpion le ofreció a tu hermana en lugar del campeonato. Y Pedro estuvo de acuerdo —me dice Diego entonces.


Me quedo inmóvil por un momento, en blanco, vacilante, y muy desconcertada. Cuando mis ojos confusamente buscan a Pedro, siento un temblor atravesarme por la intensidad de su mirada.


Entonces, estoy completamente impresionada.


—¿Quieres decir que estuviste de acuerdo con... perder? —¿Por Delfina?


No, no por Delfina, idiota.


Por ti.


Una emoción poderosa atraviesa mi cuerpo, estableciéndose como un rayo ardiente de luz en mi cerebro, iluminándome con la magnitud de algo que parece imposible, pero acaban de decirme que es verdad.


Brevemente sacudo mi cabeza de lado a lado, sin poder hacer nada me aferro a aquellos ojos mieles dolorosamente familiares. Mi pulso gira con confusa incredulidad. Una guerra de emociones se propaga dentro de mí mientras extraños e inquietantes pensamientos corren en mi cabeza, apretando alrededor de mi corazón.


—¿Hiciste eso por... Delfina? —pregunto sin aliento a Pedro.


Su rostro es tan hermoso, sólo quiero agarrar su pelo en punta y besarlo sin sentido, pero a estas alturas, no creo ni siquiera merecer tener a este hombre de pie aquí.


Mirándome sin decirme lo imbécil que soy por abandonarlo de la manera en que lo hice.


Una sensación dolorosa golpea en mi interior, la cual no es la sensación óptima de experimentar cuando te dicen que tu hermana pequeña está, por suerte, feliz, de vuelta en casa, me siento en las escaleras que conducen a mi pequeño edificio, noqueada por mi estupor mientras furiosamente trato de parpadear las lágrimas que amenazan con caer.


Diego agarra una bolsa de lona verde de la parte posterior del Escalade y lleva a Delfina dentro.



—Déjame llevar esto por ti, Delfina.


Me quedo con Ruben, cuya mirada se desplaza de Melanie a mí como una pelota de ping pong, y también me quedo con Pedro. Mi Pedro. El Pedro que abandoné en el hospital. El que adoro. Por el que estoy loca. El que tiene las tripas destrozadas y se humilló por el bien de mi hermana. Por mí.


Una bola de dolor se reúne en mi garganta y apenas puedo soportarlo. Él es tan hermoso, tan familiar, me siento como una prisionera en mi propio cuerpo, gritando para tocar, lo que por semanas, había visto como mío.


Sus grandes manos están profundamente enterradas en sus pantalones, y me pregunto si puede que esté luchando con los mismos problemas también. Pero tiene una expresión sombría que rara vez está allí cuando sus ojos están mieles. Y están tan mieles, que me ahogo en ellos.


Envuelvo mis brazos alrededor de mí y dejo caer mi cabeza mientras la vergüenza sigue construyendo dentro de mí.



—¿Por qué no me lo dijiste? ¿Que te lanzaste a una pelea por... ella?


Ni siquiera puedo decir "por mí"—me siento horrible.


Pero Pedro dice en voz baja—: Te refieres a ti.


Ruben interrumpe—: Yo tampoco lo sabía, Paula. Ni el entrenador. Sólo Diego sabía. Él fue quien lo encontró esa noche, y ayudó a cuidar a tu hermana mientras Pedro entregaba la victoria.


Mis ojos se mueven hacia el rostro de mis sueños, y mi voz baja a medida que el dolor de lo que hizo por mí se filtra a través de mis poros.


—¿Cómo estás? ¿Estás bien? —Lo miro, y sus ojos están mieles y en llamas con emoción mientras asiente. Está enojado conmigo. Creo. No lo sé. Siento un puñetazo en el estómago cuando lo miro, pero al mismo tiempo, es todo lo que quiero hacer.


—¿Qué significa esta pérdida para ti ahora? —le pregunto. Oh, dios, eché tanto de menos a mi Pedro que cuando lo miro, hacia esos ojos mieles perfectos y hermosa cara, siento el agua en mis ojos.
Creo que él está teniendo problemas para hablar también, porque hay un silencio.
Una desesperación violenta e inesperada surge salvajemente a través de mí mientras miro a este hombre sorprendentemente impredecible, el siempre cambiante misterio de Pedro Alfonso, y de repente, nada en el mundo me ha dolido más que haberlo tenido y haberlo perdido.


—¿La pérdida? ¿Aparte de que somos pobres? —responde Ruben finalmente cuando parece que ni Pedro ni yo vamos a hablar. Se ríe un poco demasiado fuerte y se peina el pelo hacia atrás—. Tiene un par de millones para conseguir a través del año. Haremos una reaparición cuando se inicie la nueva temporada. Los fans de pedro exigen la venganza.


—Tienes fieles seguidores, ¿verdad? —pregunto en silencio, dirigiendo la pregunta directamente a Pedro mientras recuerdo todas las flores que hizo que me trajeran, y me siento mareada y emocionada de nuevo.


Este segundo se siente como si toda mi vida hubiera estado esperando para hablar con él de nuevo. Mi compañero de entrenamiento y amigo, mi amante. Mi amor.


—Bueno, es hora de irnos. —Ruben golpea la espalda de Pedro, y mis entrañas sienten dolor


—. En realidad, Paula, también estamos aquí porque estamos buscando una especialista en rehabilitación deportiva para la próxima nueva temporada. Bueno, para obtener una ventaja inicial en la formación —dice Ruben, sacando algo de su bolsillo trasero—. En caso de que estés interesada, el número del Sr. Alfonso, si lo consideras, estás de regreso. Ahí está el hotel donde nos alojamos también. Salimos en tres días.


Miro a Ruben subir al coche, y luego a Diego saliendo de mi apartamento y despidiéndose de mí.


Miro a Pedro, y mira directamente hacia mí, y a través de todas las emociones que veo en sus ojos, no puedo decidir cuál me atrae más. Se me pone la piel de gallina en una súplica silenciosa de su toque , la forma que arrastra su lengua sobre mí. Mi león. Lamiendo y reclamándome. Mi corazón duele mientras ambos nos miramos, pero ninguno está hablando, incluso cuando hay mil cosas que pesan sobre ambos.


—Te ves muy bien, Pedro —dice Melanie con una sonrisa radiante.


Él la honra con una vista de aquellos hoyuelos que me matan, y luego sus ojos se mueven rápidamente de nuevo hacia mí y los hoyuelos se han ido.



—Ya sabes dónde encontrarme. —Se sube al coche y se va, dejando un rastro de piel de gallina a su paso, a lo largo de mi piel.


Melanie entra primero, pero yo me quedo fuera, bajo el sol, sólo... procesando.


------------------------------------------

GRACIAS POR LEER! ♥

domingo, 26 de enero de 2014

CAPITULO 36



A través de ardor en los ojos, veo a los médicos transportar su cuerpo a una camilla, y la realidad de la situación me golpea como un disparo de cañón. Salto a mis pies y corro como una loca a través de una multitud de personas, cuando los médicos empiezan llevárselo. Me arrojo a través de ellos y llegando su mano ensangrentada, aprieto dos dedos ensangrentados.


—Pedro.


Brazos fuertes me alejan, y una voz familiar habla cerca de mí oído.


—Déjalos examinarlo, Paula. —declara Ruben en voz raposa, arrastrándome de vuelta mientras lucho para ser puesta en libertad.


Giro alrededor a golpearlo para que me libere, cuando me doy cuenta que sus ojos están rojos, mientras trata de mantenerme sujeta en mi lucha, y de repente, me rompo. Profundos sollozos compulsivos brotan a través de mi cuerpo mientras retuerzo su camisa, y en lugar de pegarle, sólo me aferro. Necesito algo para aferrarme, y mi grande y fuerte árbol está roto en una camilla, molido a golpes.


—Lo siento. —lloro, cada centímetro de mí sacudiéndose y temblando mientras las lágrimas son arrancadas de mí al igual que cuando tenía seis años— . Oh, Dios, lo siento, lo siento tanto.


Él llora también, entonces se separa y se seca sus mejillas.


—Lo sé, Paula, no sé qué coño... Es que... No sé qué diablos pasó aquí. ¡Jesús!


El entrenador viene hacia nosotros, con el rostro sombrío y los ojos también llenos de lágrimas y decepción.


—Ellos sospechan de una conmoción cerebral. Sus pupilas no responden correctamente.


Una nueva humedad ardiente estalló en mis ojos, y el nudo en la garganta se aprieta cuando Ruben sigue al entrenador. Delfina. Oh, a la mierda, ¡todavía tengo que esperar a Delfina! Agarro Ruben de nuevo, más lágrimas que amenazaban con desatar cuando me doy cuenta que no voy a poder ir con él.


—Ruben, ¡mi hermana! Le dije que me encuentre aquí.


Él asiente con la cabeza en comprensión.


—Te mandaré un mensaje con el nombre del hospital.


Asiento con la cabeza miserablemente, lo veo salir, enjugándome las lágrimas y ni siquiera sé qué hacer con el torbellino de emociones que hay dentro de mí.



Quiero desesperadamente ir con Pedro, pero no le puedo pedir a Ruben cambiar de lugar conmigo. Delfina no lo conoce, podría cambiar de opinión si lo ve en mi lugar. Juro que es la cosa más difícil que he hecho en mi vida, verlo ser llevado, todo ensangrentado, sin correr detrás de él.



Me apoyo en la puerta del baño de las mujeres, y espero, y espero, inquieta por la preocupación y obsesionada por lo que acabo de ver.


Mi mente sigue girando y siento que pronto voy a despertar y darme cuenta de que esto era sólo un mal sueño, y Pedro no acaba de cometer el acto más doloroso y casi suicida arriba del ring.


Pero lo hizo.


Él lo hizo.


Mi Pedro.


El hombre que ríe conmigo, que corre conmigo, y me dice que soy una pequeña petardo.


El hombre más fuerte que he conocido, y el que ha sido más suave para mí.


El que está un poco mal, un poco loco, un poco demasiado difícil de manejar para mí.


Cuando tres horas pasan, me he quedado sin lágrimas, y mi esperanza se ha ido también. Delfina no ha llegando. Pedro fue eliminado por una conmoción cerebral, y me han dicho que lo han entubado.


Y cuando voy a buscar un taxi, soy la única que siente que lo que acaba de ser roto dentro de mí nunca, nunca, va a sanar.

***

En el hospital, él está en una habitación privada.


Me siento en una silla durante la primera semana, mirando su hermoso rostro con el tubo que lo ayuda a respirar, mientras lloro de rabia y frustración e impotencia. A veces le pongo los auriculares en su hermosa cabeza y le pongo todas las canciones que nos ponemos el uno al otro, esperando a ver si sus ojos se abren o hay algún indicio de pensamiento en ese mundo. Otras veces, camino por el pasillo sólo para despertar las piernas y los brazos que se han quedado dormidos. No he visto a Diego, y nadie me dirá dónde está. Hoy los compañeros de Ruben entran en la sala de espera, donde estoy con la mirada sin vida puesta en mi bolsa de cacahuetes. No sabía qué conseguir eso sería moderadamente sano, y yo ya terminé todas las granolas. Creo que he perdido algo de peso, mis jeans están colgando sueltos en mis caderas, pero mi estómago esta tan cerrado como un puño y las pocas veces que se aflojaba lo suficiente para que me permitiese comer algo, mi garganta era la culpable de no dejarme ingerir nada.


—Está despierto —dice Ruben.


Inmediatamente, estoy de pie. Lanzo la bolsa de cacahuetes sin comer en la silla vacía al lado de la mía, y luego echo a correr por el pasillo sólo para detenerme y mirar por la puerta de su habitación. Con miedo de verlo. Miedo de lo que voy a decir.


He pensado mucho estos días. Eso es todo lo que he hecho, en realidad. Pero de todos mis pensamientos, mi mente se queda en blanco como me paso anteriormente. Profunda angustia me abruma cuando me dirijo a la cama. Pensé que estaba entumecida, pero me doy cuenta que no estoy. Camino lentamente hacia delante y fijo mis ojos en el mismo lugar en el que mi mundo parece girar. Y lo veo. Sus ojos están abiertos. No me importa de qué color son. Todavía sigue siendo Pedro Alfonso, el hombre que amo.


Él va a estar bien y yo no. Y creo que nunca lo estaré.


Las lágrimas estallaron, y, de repente, todos mis pensamientos vienen corriendo hacia atrás. Tengo tantas cosas que decir y yo estoy en el medio de la habitación con mi corazón abierto. Mis palabras salen enojadas, pero son apenas comprensibles a través de mis sollozos.


—¿Cómo te atreves a hacerme esto... ¿cómo puedes estar allí y hacerme ver como él te destruía! ¡Tus huesos! ¡Tu cara! ¡Tú... eres... mío! Mío... a... a... sostenerme... ¿Cómo te atreves a… a… dejarte vencer! ¿Cómo te atreves a dejarte vencer!


Sus ojos se enrojecen también, y sé que debo parar porque ni siquiera puede responderme, pero la presa se ha abierto y no puedo parar, solo no puedo. Él me hizo verlo y ahora tiene que escucharme, ¡lo que su maldita mierda me ha hecho!


—Lo único que quería era ayudar a mi hermana y no meterte en problemas. También quería protegerte, para cuidar de ti, para estar contigo. Quería permanecer contigo hasta que estuvieras enfermo de mí y no me necesitaras. Quería que me quisieras porque yo... yo... Oh, Dios, pero... yo... no puedo. No puedo más. Es difícil verte combatir, pero verte suicidarte... ¡No voy a hacerlo, Pedro!


Él hace un sonido de dolor en la cama y trata de desplazarse incluso con un brazo enyesado, y sus ojos queman y me desgarro por dentro.


No puedo soportar la forma en que me mira. La forma en que sus ojos se enganchan en mí. Destruyéndome.


Lágrimas calientes siguen goteando por mis mejillas mientras me rindo al impulso imprudente e ir a él. Toco su mano libre y doblo la cabeza hacia su pecho mientras le levanto los dedos y beso sus nudillos febrilmente, consciente de que se los estoy mojando con mis lágrimas, pero no puedo dejar de hacerlo porque es la última vez que voy besar su mano y me duele.


Gime mientras torpemente coloca la mano en la parte posterior de mi cabeza y me acaricia fuertemente el pelo. Su garganta esta entubada, pero cuando limpio mis lágrimas y lo miro, sus ojos están gritándome cosas que no puedo soportar escuchar. Estoy actuando como cobarde, como dice Mel, agarrando su mano pues no voy a dejarlo ir. Yo no quiero , pero lo necesito. Alzo mi mano libre y agarro con fuerza su frente, poniendo un beso en el centro, un beso que espero que él sienta hasta el fondo de su alma, porque es de donde viene, de dentro de mí. Él hace un sonido áspero y empieza a tirar en el tubo en la garganta, y la máquina emite un pitido cuando empieza a tener éxito en tirar fuera las ataduras en él.


—Pedro, no, ¡no! —Abogo, y cuando sus esfuerzos sólo se intensifican junto a los gruñidos de rabia, corro a la puerta y grito a una enfermera— . ¡Enfermera! ¡Por favor!


Una enfermera se precipita en la habitación, y siento tanto dolor ver como inyecta una especie de tranquilizante a su intravenosa, que no hay nada que sienta salvo este nudo de dolor por lo que he hecho. No puedo creer que vaya a hacerle esto a él, que soy tan cobarde, tan inútil, como todos los demás. Pero cuando la enfermera lo establece y ajusta su respiración, lo miro desde la puerta, y con su aspecto tan tranquilo mientras me mira, le sonrió, una sonrisa que es falsa y que tiembla horriblemente en mi cara, y me voy.


No me gustaría que se despierte de nuevo, con sus hermosos ojos mieles y tal vez no recuerde lo que dije, o donde yo estoy, o lo que pasó conmigo. Pero no puedo quedarme.


Encuentro a Ruben en la cafetería y le muestro un sobre que había adquirido de una de las enfermeras hace varios días.


—Me voy, Ruben. Mi contrato terminó hace unos días. Sólo... despídeme de Diego y por favor... —le entrego el sobre con el nombre de Pedro, viéndolo temblar violentamente en el aire— . dale esto a él cuando abra sus ojos mieles otra vez.



***


Esa noche, voy a volar a Seattle, me desplomó en la silla, sintiéndome tan pesada y vacía como un edificio abandonado, y me pregunto mirando sin ver por la ventana si él ya está de nuevo despierto, y si ya está leyendo mi carta. La he leído una y mil veces en mi cabeza, y la leí una y mil veces cuando la escribí la tercera noche en el hospital, cuando yo sabía que no me iba a quedar.


QUERIDO PEDRO:


En el primer momento en que puse los ojos en ti, creo que me tenías. Y creo que lo sabías. ¿Cómo puedes no saberlo? Que mi suelo temblaba bajo mis pies. Lo fue. Tú has hecho que se mueva. Tú has coloreado mi vida otra vez. Y cuando viniste por mí y me besaste, yo sólo sabía desde algún lugar profundo dentro de mí, que mi vida para siempre sería tocada y cambiada por ti. He tenido los más asombrosos, hermosos e increíbles momentos de mi vida contigo. Tu y tu equipo se convirtió en mi nueva familia, y nunca, ni por un segundo planee dejarlos. Ni a ellos, pero sobre todo, no a ti. Todos los días que pasé contigo sólo me antojaron más de ti. Todo lo que quería para el día era estar más cerca de ti. Me duele estar cerca y no tocarte, y yo quería pasar todo mi tiempo contigo y durmiendo entre tus brazos. Muchas veces, yo quería decirte todas las formas en que me haces sentir, pero quería oírte decirlo primero. Mi orgullo se ha ido. No tengo espacio para él, y yo no quiero lamentarlo si no te lo digo. Te amo, Pedro. Con todo mi corazón. Eres el más hermoso complicado, luchador suave que he conocido. Me has hecho delirantemente feliz. Tú me retas y me deleitas, y me haces sentir como una niña por dentro, con todas las cosas asombrosas que esperamos con interés, sólo porque yo estaba buscando en el futuro y el pensamiento de compartir todo contigo. Nunca me he sentido tan segura como cuando estoy contigo, y quiero que sepas que estoy completamente enamorada de cada parte de ti, incluso esa que acaba de romper mi corazón. Pero no puedo quedarme más, Pedro. No puedo ver que te hagas daño, porque cuando lo haces, me haces daño de una manera que nunca pensé que nadie podía hacerme daño, y tengo miedo de romperme y nunca estar bien otra vez. Por favor, nunca, nunca dejes que nadie te haga daño así. Eres el peleador que todos quieren ser, y es por eso que todos en el mundo te quieren. Incluso cuando metes la pata, se obtiene una copia de seguridad a luchar de nuevo. Gracias, Pedro, por abrir tu mundo a mí. Para compartir conmigo misma. Por mi trabajo, y por cada vez que me sonreíste. Quiero decirte que espero que estes bien pronto, pero sé que lo harás. Sé que vas a ser el de ojos mieles y engreídos y lucharas de nuevo, mientras yo voy a estar en el pasado, al igual que todas las cosas que has superado antes que yo. Y solo por favor, quiero que sepas que nunca voy a escuchar "Iris" de nuevo, sin pensar en ti.


Tuya siempre.


PAULA



-------------------------------------------


GRACIAS POR LEER!!

NO ME MATEN POR FAVOR =(

sábado, 25 de enero de 2014

CAPITULO 35



Una horrible sensación de hundimiento y desesperación me golpea cuando Pedro no atrae sus ojos miel negros a los míos, mientras observa a Scorpion venir lentamente por el túnel con sus dos dedos medios extendidos en alto, en un audaz y obvio; ¡Sí, vete a la mierda, Pedro Alfonso, y el público también!


Se extienden terribles escalofríos a través de mi estómago mientras estudio el orgulloso y duro perfil de Pedro mientras espera en su esquina, y la falta de respuesta a la arrogancia y bravuconería de Scorpion se vuelve dolorosamente obvia para mí. De repente, me pregunto si es demasiado orgulloso para perdonarme. ¿Será que no volverá a besarme? ¿A hacerme el amor? ¿Amarme como yo lo amo? ¿Solo porque besé a su enemigo? Me estoy muriendo por dentro con la necesidad de hablar con él, de explicarle, de desearle buena suerte y sonreírle.

Pero él no miró en mi dirección y me lleno con la sospecha de que está evitando malditamente mirarme, mientras Scorpion salta en el cuadrilátero.


Veo que Scorpion se retira la capucha negra y noto que se ve mal también. Su rostro golpeado está morada en el lugar exacto donde el tatuaje solía estar, y ahora tiene un área marcada con al menos una docena de puntos laicos. Los ojos amarillos de Scorpion aterrizan inmediatamente en Pedro, y una familiar sonrisa satánica se extiende a través de sus finos labios, una sonrisa que ya parece victoriosa frente a la sombría y tranquila intensidad que veo en la cara de Pedro.

Con el corazón apretado de miedo, busco a Delfina entre la multitud y trato de localizarla entre los matones de Scorpion, pero ella no está a la vista. Mi temor se duplica cuando me pregunto si todo lo que he causado... ¿era para nada?


Ting ting.

Suena la campana y todos los átomos de mi cuerpo acuden atraídos por Pedro ya que ambos luchadores van al centro, cara a cara. Scorpion conecta un puñetazo en las costillas de Pedro, a continuación, lo golpea rápidamente en la mandíbula con un puñetazo que, con sorpresa, puedo escuchar el choque de carne y hueso. Pedro se mantiene firme, pero se estremece mientras se recupera y continúa yendo cara a cara con Scorpion, con los brazos cruzados bajo a los costados.


Mis cejas se unen por la confusión. En todas las peleas que he visto en las que él participa, en los momentos en que entreno en el ring con él, aprendí algunos de sus movimientos de boxeo, y Pedro nunca ha mantenido la guardia tan baja. Una horrible premonición hunde sus terribles garras en mi estómago, y levanto la vista para tratar de leer expresiones oscuras de los rostros de Ruben y el entrenador. Las líneas sombrías grabadas en sus rostros confirman mis sospechas.




Pedro tiene su guardia completamente baja. Sus gruesos y musculosos brazos cuelgan relajados e inactivos a los costados, y ahora está rebotando en sus pantorrillas como si esperara la llegada del próximo éxito. Sus cejas se extraen, sus ojos entrecerrados con fuerza, pero él parece casi... hambriento de él, de una manera furiosa, imprudente.




El puñetazo de Scorpion llega a su estómago, luego sigue con un gancho en la mandíbula que Pedro toma con demasiada facilidad, enderezándose casi de inmediato y mirando hacia atrás de Scorpion como pidiendo otro.


Casi parece... suicida.

Los próximos tres golpes, Pedro los toma en el cuerpo de nuevo, dos en el pecho, uno en la caja torácica, y todavía no ha conseguido atinarle un solo golpe a Scorpion. No subirá su guardia, pero se puede ver el espíritu de Pedro en sus ojos. El fuego que emanan retan a Scorpion mientras se recupera rápidamente de cada golpe y da pasos hacia atrás incitándolo a golpearlo de nuevo.


Estoy sin palabras.

No hay manera de que mi irregular pulso o mi mente gire. No puedo dejar de preocuparme sobre si las costillas pueden tomar más golpes, y yo estoy loca tratando de determinar qué otras lesiones sufrió durante la noche cuando se enfrentaron en privado. ¿Y si él no está punzando porque es incapaz de estirar los brazos para golpear?


Él. No. Está. Golpeando. En absoluto.

Mi ritmo cardíaco no se calma y el presentimiento alarmante de que algo terrible va a suceder se apodera de mí. ¡Quiero ir allí, abrazar a mi chico y sacarlo de allí!

Scorpion abre su brazo izquierdo hacia afuera y deja caer un golpe en la mandíbula, y luego aterriza un golpe directo en la cara que derriba a Pedro de rodillas. Mi garganta se prima con gritos y protestas no expresados ya que el público comienza a abuchear.


—¡Boooo! ¡Booo!


—¡Mata al hijo de puta, Riptide! ¡MATALO!


La lucha continúa, sin fin, gris como la noche.

En todas las peleas de Pedro, todo tipo de nervios retorcidos se apoderaban de mí, así como el entusiasmo, pero ahora sólo sentía la angustia y el dolor turbulento mientras Pedro  toma un golpe tras otro.



cada golpe me destroza por dentro. Puedo sentir su dolor en los huesos, como si fueran los míos. Estoy tan herida por el sexto asalto, necesito llevarlo en mi cabeza, donde me tocará una canción. Tengo que llevarlo a una carrera, en la que me mira y sonríe con brillantes ojos mieles. Necesito tomarlo en nuestra cama, donde estamos cálidos, felices y en paz. Tengo que llevarlo a algún sitio, a cualquier lugar, donde me puede decir lo que... mierda... ¡es un error!

Me siento aquí y veo al hombre que amo ser vencido por la muerte, y cuando cae de rodillas después de aguantar un conjunto potente de golpes en su abdomen, se que todavía no va a renunciar. Jadeando, con la frente y la boca chorreando de sangre, deleita al público al ponerse en pie de nuevo, furioso, escupiendo sangre en el rostro de Scorpion, rebelde mientras toma postura una vez más.


—¡Pedro, lucha! —de repente me oigo gritar, y estoy gritando con toda la fuerza de mis pulmones, de una manera que nunca en mi vida he gritado antes—. ¡PEDRO, PELEA! ¡PELEA POR MÍ! ¡POR MÍ!

Él todavía no se ha fijado en mí. Los próximos golpes vienen en una serie rápida, y Pedro enfrenta una vez más. Oh Dios, oigo como su aliento sale de él.


La lucha se precipita por todo mi cuerpo, y sin piedad come a mis vasos sanguíneos, mis terminaciones nerviosas, mis pulmones. Pero es la primera vez en mi vida que el miedo es tan insoportable que quiero huir como nunca antes. Correr a él, atraparlo en mí, y llevármelo, lejos de Scorpion, de sí mismo, lejos del botón de autodestrucción que el hombre que amo ha presionado.

Scorpion libra varios golpes consecutivos en la cabeza, y luego ¡acaba!

Pedro cae cara abajo en el suelo.

Un rastro de su sangre se encuentra dispersa por todo el cuerpo tumbado. Cruda pena primitiva me abruma, y la serpiente negra del miedo comienza roer dolorosamente en las arterias más gruesas de mi corazón. La cara de Pedro se hincha, está jadeando y temblando con cada respiración mientras planta una mano en el suelo, y luego la otra. Un silencio frío rodea la sala cuando comienza el conteo, y Pedro intenta empujarse hacia arriba.

Su imagen se convierte en una gran mancha a través de mis lágrimas, y tengo que tragar el monumento de súplicas que tengo en la garganta donde quiero rogarle que, por el amor de Dios, pare esta mierda y quédate tumbado ¡ahora!

En una ocasión me rompí la rodilla en un accidente, pero la idea de dañarse voluntariamente a sí mismo una y otra vez y levantarse para más hace que mis ojos se llenen de desesperado horror.

Pero Pedro, escupiendo más sangre en el suelo, se empuja con los brazos para volver a sus pies sólo para coger un potente gancho izquierdo en la sien que balancea su cabeza.

Ruben y el entrenador gritan fuerte con la mirada fija en él.


—¡Alza tu puta guardia! ¿Qué carajo te pasa? —dicen, una y otra vez, sus gritos dolorosamente angustiados.


La gente grita a través de la habitación, cada uno de ellos poco dispuesto a renunciar a él, siempre y cuando Pedro se mantenga en pie.


—Acábalo, ¡RIPTIDE! ¡ACABA CON ÉL! —gritan.


Y a medida que lo veo recibir otro impacto que salpica sangre por el cuadrilátero, quiero gritarle al público que por favor ¡se callen de una puta vez! Para complacer, por amor de Dios, sólo lo jodió permaneciendo abajo y queriendo detener ¡esta maldita pesadilla! No puedo controlar el temblor espasmódico dentro de mí. La gente grita su canto.



“¡PEDRO! ¡PEDRO!”.



Pero puedo ver que Pedro está herido. Uno de sus brazos está colgando a su costado, colgando lánguidamente. Él está lastimado y todavía está dando todo de sí, como da en cada pelea, como da hasta el final de cada sesión de entrenamiento. Él va a seguir hasta que no se pueda levantar. Cuando esa conciencia finalmente se hunde en mi cabeza aturdida, estoy destrozada de un millón de piezas. Lágrimas calientes bajan por mi mejilla como sonidos rasgan a través de la habitación, cuando otra serie de puñetazos acezan a la carne de Pedro, los impactos terribles haciéndolo retroceder hacia las cuerdas.


—¡Pedro, Pedro, Pedro! —la gente sigue gritando.




Cuando el cántico se apodera con igual fuerza a través del cuarto, la cara de Scorpion se contrae de rabia.




Pedro escupe a la derecha del lugar donde su tatuaje debe estar, susurrando algo, burlándose, provocando que aparezca tanta rabia en la cara del otro hombre, que balancea el brazo hacia atrás con un rugido ensordecedor y aterriza un gancho que golpea a Pedro como plomo en el suelo. Y mi corazón se detuvo.


Y el silencio cae.


Parpadeo, muda de horror, al cuerpo inmóvil de Pedro, caído de lado, y me fijo en esos hombros perfectos que conozco, los preciosos huesos probablemente rotos, su cuerpo muy bien formado, hecho moretones y hemorragia en ese cuadrilátero. Sus ojos están terriblemente cerrados.


Y quiero morir.


Hay exclamaciones de indignación cuando los médicos aparecen en el cuadrilátero, y la gente empieza los abucheos en voz alta mientras el locutor habla.


—Nuestro ganador de la noche, ¡Benny the Black Scooooorpion! ¡El nuevo campeón del metro, señoras y señores! ¡Scooorpioooon! "




Las palabras de alguna manera entran en mi cerebro, pero ni siquiera las entiendo mientras estoy sentada inmóvil en mi asiento, haciendo un gran esfuerzo para no perder la cabeza cuando veo a los médicos —¡los médicos! — rodear a Pedro.




Nunca pensé que algo jamás me doliera tanto en mi vida como romperme el tobillo y el bamboleo del campo en las pruebas olímpicas, con mi espíritu roto.


Pero no. Ahora, el peor día de toda mi vida ha sido este. Cuando vi al hombre que amo romper su propio cuerpo hasta la inconsciencia, y cada milímetro de cada cuadrante de mi corazón está roto.


---------------------------------------------

GRACIAS POR LEER Y POR TODOS SUS COMENTARIOS!!! ♥