lunes, 30 de diciembre de 2013

CAPITULO 16



Este es mi requisito contigo.


Una necesidad salvaje rasga a través de mi cuando me doy cuenta de lo que me está diciendo.


Él no me va a tomar todavía. Aun cuando es en todo lo que pienso. Y todo lo que quiero.


Hoy, es de día, y todavía estoy viviendo en la última vez que estuve en la cama, con él, con su boca devorando la mía.


Él quiere que yo lo conozca, y yo quiero conocerlo, pero si lo conozco y me gusta un poco más de lo que ya lo hace, nuestra conexión emocional será demasiado fuerte para mí y no volvería a ser de la misma forma que antes delante de él.


Él es poderoso, físicamente, pero emocionalmente, me derriba. No puedo tomar mucho más de esto. Y él tampoco debería hacerlo.


Siento una extraña pesadez en mi pecho, me apoyo en su oído y susurro: —Todavía no podemos seguir con esto, Pedro. No cuando el campeonato está en la línea. Así que o bien vienes a buscarme esta noche para hacer el amor conmigo, o me dejas en paz para que podamos descansar.


Espero que mi amenaza tenga más de una reacción. Es un hombre. Esta es una invitación abierta a las relaciones sexuales sin complicaciones, justo lo que quieren los hombres. Lo estoy haciendo más fácil para él, básicamente aceptarlo "tal cual", sin más preguntas. Él bien lo resuelve en la cama conmigo y puede entrenar mañana o va a tener una noche de sueño reparador sin mí. Y odio que no parezca moverlo la opción de creación de amor, que era de verdad el que yo estaba esperando que eligiera. En su lugar, él estudia mi cara con ojos que noto que son sin duda,  no tan mieles hoy.



—Está bien— dice, con una sonrisa que no estoy muy segura de que alcance sus ojos. Él me deja a mi lado, toma su iPod, hace clic en su propia música, y no me da otra canción.


Así que ahora creo que no voy a estar durmiendo con él tampoco.


Wow.


Creo que acabo de romper mi propio corazón.



****


Estamos en Los Ángeles ahora, y el clima aquí está bendecido por los dioses, sólo quiero estar fuera todo el día. Diane y yo somos compañeras de habitación de nuevo, y nos encanta tener el desayuno en nuestro pequeño balcón.


De hecho, desde que llegamos al frío Denver hace casi una semana, volvimos a compartir trimestres después de mi idiotez de hacer-el-amor-o-morir ultimátum a Pedro. A pesar de que estaba totalmente abandonada al darse cuenta de que ya no era su compañero de habitación y que no iba a ser deliciosamente tomada en la noche, Diane estaba tan emocionada cuando llegamos a nuestra habitación, que en realidad saltó hacia mí y me abrazó.



— ¡Deberías compartir habitación conmigo más a menudo!


Resulta que Pedro nos reservó una suite presidencial como la suya, y cada uno tenía su propia habitación, con una sala de estar compartida y zona de comedor. Yo todavía no sabía si quería suspirar, o reír, o llorar, así es como me tiene.


Esa tarde que llegamos, me acuerdo de su cuerpo en mis manos, su piel desnuda sudorosa bajo mis dedos, y era lo único que podía hacer para mantener mi pulso bajo control, me di la vuelta y se frotó la nuca de su cuello delgado. Me acerqué a susurrar en la parte posterior de su oreja: — ¿Te importaría decirme por qué Diane y yo estamos en una suite, Pedro?


Dejó que me dirigiera a un lado de su cuello, luego al otro, mis dedos ligeramente apoyados en su áspera mandíbula con barba de un día, y nunca respondió.



—No puedes hacer esto, Pedro— añadí.


Pero él volvió la cabeza lentamente y tocó mis labios para que cada parte de mi cuerpo recordara tener sus labios en ellos.



—Detenme. Te reto — dijo, agarró su toalla y se fue.


Simplemente no lo entiendo. Echo de menos hablar con Melanie.


Me gustaría poder hablar con delfina también. Siempre fue mi pequeña hermana la que aplastaba, en la lujuria, o en el amor con un chico, y estoy seguro de que ella sabría por qué en el mundo un hombre increíblemente sexy que es único y saludable y claramente responde físicamente parece no aprovechar la oportunidad de tener relaciones sexuales contigo.


Si yo fuera un poco menos segura, estaría experimentando todo tipo de complejos en estos momentos.


Incluso me pregunto si mi cuerpo ya no es atractivo, con la poca grasa que he adquirido en los últimos años. Tal vez mi cabello necesita un nuevo corte que no sea la longitud normal en lo que llevo siempre. Podría llevar flequillo. También ¿podría agregar algunos toques de luz?


—Deja de mirarte, te ves increíble en cualquier cosa que uses — Diane me dijo esta mañana cuando me pilla chequeando mi trasero en el espejo de cuerpo completo en la entrada de nuestra habitación.


Yo me río, pero no es divertido.


Pedro reservo para mí y Diane en una suite presidencial de nuevo en LA. No quiero una suite. Pero lo que quiero, no me lo dará.



Yo nunca dejaría que nadie me deje de esta manera. Me sentía bastante linda y si un hombre no está de acuerdo conmigo no venía al caso. Me quiero y eso es suficiente.


Ahora me siento un poco triste durante el día, cuando Diane parece encontrarme mirando a una pared estúpida, sin poder hacer nada preguntándome qué piensa Pedro de mí.


Esta es nuestra tercera noche en Los Ángeles, y él sigue en el segundo lugar, pero ha estado luchando como un campeón. Ha trabajado lo mejor que he visto en él, y todo esto desde que sus ojos se convirtieron en color miel de nuevo en Denver.


Se entrena como un animal. Horas y horas con el entrenador, y entonces él todavía parece tan fresco como el sol cuando llega a pedirme correr con él por las noches. La energía en los músculos como la dinamita explota con cada movimiento que hace, y casi se puede ver su trifosfato de adenosina haciéndose cargo del transporte de energía química a través de sus células de reciclaje tan rápido en su cuerpo, es como si ni siquiera llevarlo ocho habituales segundos en volumen de negocio. Nunca lo he visto tan concentrado. Tan fuerte. O tan magnífico.



Cada parte de mi lo nota.



Para mí desesperación.


Diego y Ruben se avivaron. —Paula— Diego llama cuando entro en el metro en la tarde.



En Los Ángeles, el anillo de lucha está situado en la planta del sótano de una de las discotecas más frecuentadas de la ciudad, y están esperando un lleno total de más de mil personas.



—Ven aquí, te necesitamos. —Diego me agita en el vestidor.


El conjunto sexy de Pedro Alfonso está asentado en una banca en el otro extremo, mientras que el entrenador envuelve su mano derecha con una cinta.


Nunca me acostumbraré a la sensación que tengo cuando lo miro.


Tampoco la que tengo cuando está a punto de pelear.


Me siento como un resorte, apretado con un nudo triple. Él tiene sus golpes Dr. Dre, y yo creo que lo hace para entrar en el modo de combate y en la zona de todos modos.


—Vamos otra vez, Paula, afloja al hombre.


Ruben y el entrenador me saludan con gestos individuales, y me doy cuenta del momento en que me ve Pedro, engancha sus pulgares en sus cuerdas de auricular y tira hacia abajo para cubrir alrededor de su cuello. La mirada que el intercambia es, de hecho, tan decidida, que no nos sonreímos el uno al otro. La sonrisa de respuesta que le había dado a Ruben y el entrenador se desvanece en mi cara como el metal pesado de la canción que Pedro había estado escuchando en la habitación.




En silencio, me inclino para hacer una pausa a mi iPod, luego voy detrás de él y aprovecho sus hombros, metódicamente mis pulgares en sus músculos.


Hay un par de nudos que trabajo fuera de sus deltoides posteriores y los músculos de la espalda. Ha sido terco y seguimos volviendo, así que una vez más, yo trabajo en ambos. Gime al instante en que mi piel desnuda toca la suya. Dios. El sonido de baja, ronroneo es como los juegos previos para mí. Roba cada parte femenina de mi cuerpo, especialmente los que se han ejecutado entrecortados por la necesidad. Mis mejillas empiezan a quemar como entrenadora, Diego, y Ruben nos miran.




Tapo mi cara para que no puedan ver mi rubor y resistir la tentación de sacar mis manos hacia atrás.



—Más profundo. — la voz de comando de Pedro me alcanza, y mi vientre se aprieta sin poder hacer nada voy profundo. Tengo grandes picaduras en el pulgar, así que uso el otro pulgar para presionar con ambas. Pedro deja que su cabeza cuelgue hacia delante y saca un profundo respiro, y cuando el nudo se desintegra bajo la presión, su gemido vibra muy dentro de mi núcleo.


—Buena suerte— le susurró al oído, echándose hacia atrás, mis dedos hormiguean con el contacto que acababa de hacer.


Él me mira cuando se da vuelta, sin sonreír mientras su mirada tiene a la mía en un abrazo tan intenso, mi mente se queda en blanco, el miel de sus ojos, el negro en sus pupilas y la longitud de sus pestañas.


Él extiende los brazos como Ruben y se desliza en sus guantes de boxeo negros, un requisito para el día de hoy, y luego los junta. Un aviso desde la puerta que dice "Resaca" aparece, y él asiente con la cabeza.


Trota hacia el amplio vestíbulo que lleva al ring, y una granja entera llena de animales despierta en mi estómago, y no sólo a las mariposas. Arrastrando una respiración profunda, espero un momento para recuperarme antes de que lentamente fuera a tomar mi asiento con los espectadores.


El ruido es ensordecedor. Diego me dijo esta mañana que sus fans están volviéndolo loco porque Pedro no es el líder del campeonato, y no parece haber una parte de la demanda seria para los boletos esta noche. Los últimos dieciséis contendientes se unen, se trata de la primera noche, Pedro luchará contra Scorpion, hasta el final. Scorpion es el primer lugar hasta ahora, y mis nervios me están matando.


—Hey — dice Diego, empujándome suavemente hacia adelante mientras camina detrás de mí. — . ¡Sal ahí arriba! El hombre te busca.


De alguna manera me las arreglo de hacer lo imposible y trato de reír y fruncir el ceño.



— ¡No lo hará!


Sus cejas se disparan hacia arriba en aparente incredulidad.



—Él lucha mejor cuando lo ves, e incluso el entrenador está de acuerdo. Sus tomas de testosterona van para arriba como loco cuando está en contacto contigo en el laboratorio. Vamos.


Odio la emoción que se dispara como un rayo a través de mis venas, rápidamente me siento hacia el ring y en mi asiento oigo la introducción de Scorpion.


— ¡Benny el Scoooooorpion Negro!


Ese es el hombre odioso que incitó a Pedro en el club, y lo detesta con tal fuerza, que al instante mira a todos lo que lo aplauden. Estoy a un par de pasos de llegar a mi asiento, donde estoy completamente dispuesta a aferrarme a mis pantalones, esta noche va a ser brutal, cuando lo veo, a través del ring y mientras miro las fornidas piernas de Pedro, veo una cara entre la multitud.


La cara es de forma ovalada y color crema, y lleva un par de ojos  similares, en color, a los míos. Ojos que, lo último que supe, pertenecían a Delfina.


Mis hermana de veintiún años.


Delfina.


Delfina quien envió recientemente una postal desde Australia. Delfina cuyo cabello se ha pintado color rojo sangre, en lugar de su color marrón suave normal. Delfina, que tiene un gran tatuaje, negro y feo de un escorpión en su pómulo izquierdo. delfina que se ve pérdida y enferma y todo lo contrario de la chica alegre que yo conocía. Por un momento, estoy de pie en medio de esta gran sala, mirándola mientras, una y otra vez, creo que esta no puede ser delfina.


Ella se ve mal. Ella se ve muy, muy mal.


Al igual que la vida que ha sido succionada fuera de ella, y lo único que queda son falso pelo rojo, la piel y los huesos.


Ella me descubre, y mi estómago se hunde a mis pies cuando yo sé, sin la sombra de una duda, que es ella. Bengalas de reconocimiento en sus ojos, y su mano vuela hasta su boca para cubrirla.



—delfina— le grito ahogada, y sin pensarlo dos veces, corro hacia ella, empujando a la gente a un lado cuando las campanadas para la lucha empiezan.


La multitud en la sala estalla en aplausos y gritos, y mi corazón trota frenéticamente dentro de mi pecho cuando Delfina se retuerce alrededor y empuja a través de una multitud de personas en un esfuerzo sorprendente y repentino de alejarse de mí. Ella se mezcla entre la multitud, en la oscuridad, y estoy tan desesperada que grito— ¿delfina? Espera. ¡Delfina!


No puedo creer que ella esté huyendo. De mí. No puedo creer que todos los rastros de la juventud desaparecieron de su rostro una vez vibrante.


Mi hermana.


Con quién compartí dormitorio, hasta que conseguí mi propio lugar. Quién ve conmigo cada versión de Orgullo y prejuicio.


De repente, un hombre grande, fornido que había estado de pie a su derecha me agarra y me da un tirón a un lado mientras trato de pasar.



—Mantente jodidamente lejos de ella—gruñe.


Paralizada en una mezcla de sorpresa y miedo, olvido todas mis autodefensas, excepto la ingle. Cambio mi peso le entierro mi rodilla.



—Suéltame.


Se dobla, pero no me suelta. En vez sus manos se apretan convulsivamente en mis brazos.



—Tu, pequeña puta, sale de la propiedad de Scorpion— susurra, y creo que la salpicadura húmeda que acaba de golpear mi mejilla es su saliva.


— ¡Ella no es su propiedad! — grito ferozmente, lucho para hacer palanca al mismo tiempo que froto mi mejilla con la manga de mi blusa.


Una nueva ola de abucheos y gritos estalla con toda su fuerza a través de la habitación cuando el anunciador grita a través de los altavoces.



—El vencedor, ¡Scorpion! ¡Scooooooorpiooooooon! ¡Pedro Alfonso ha sido descalificado de esta ronda! Des-calificado.


Todo el infierno se desata, y de repente algo agarra las manos en mis brazos y con un empuje fácil, me hace libre. Entonces me tiro hacia atrás y un par de musculosos brazos me aplastan contra un familiar y gran pecho desnudo. Cada centímetro de mi cuerpo lo reconoce, y me hundo en su relieve.




Hasta que recuerdo a Delfina.

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sábado, 28 de diciembre de 2013

CAPITULO 15



Estamos volando a Denver ahora.


Diego y Ruben se sentaron adelante con Diane y Lupe, y yo estoy en la parte trasera del avión con Pedro. El sigue el ritmo, pero yo no, trato de escuchar a Diego y Ruben en su acalorada conversación. Pedro no ha entrenado en cuatro días, incluso cuando Ruben nos despertó esa mañana. Me fui a cambiar y esperé abajo, pero Pedro nunca apareció. Él no salió de su habitación, tampoco alguno de los siguientes días.


Excepto yo.


Hay algo entre nosotros, y tengo miedo de darle un nombre. Durante las últimas cuatro noches, ha venido a buscarme a mi habitación y me lleva de nuevo a él, y en el cuarto día, incluso se quedó todo el día.


Nos besamos como si lo hubiéramos estado esperando durante el día, que en mi caso es la verdad completa. Melanie ha enviado mensajes de texto en estado de ebriedad acerca de tener relaciones sexuales con Pedro. Ella quiere saber si voy a estar haciendo pequeños Pedritos pronto. Y yo la verdad no sé lo que estamos haciendo, pero en el camino me besa y se siente como si fuera su droga. Tan pronto como llegamos a la cama, su boca se funde con la mía y no la suelto. Sus brazos me sostienen clavados en el cuerpo del otro. Me siento como el ancla, y se siente tan poderoso y emocionante como una caída libre.


—Sus puntos no lo pueden tener en primer lugar para siempre— murmura Ruben ahora, y no hay duda de la muerte inminente de su voz —Ya está a segunda, al borde de la tercera. Él no puede perder una sola noche y no se puede perder una pelea más.


Desenganche el cinturón de seguridad, me dirijo a ellos con el ceño fruncido.



—¿Qué pasa?— Sigo de pie en el pasillo y sostengo un hombro en la parte posterior del asiento de Diane.


—Pedro no puede faltar a más peleas. Todo es cuestión de puntos en el campeonato, así que si vamos a quedar en primer lugar, entonces no puede faltar a más peleas y ciertamente no puede permitirse el lujo de perder.


—Él no come— dice Diane con tristeza.


—Él no entrena— el entrenador añade amargamente.


—Y sus ojos siguen siendo negros.


Pienso en lo último que dijo Diego, y me doy cuenta, eso sí... en los últimos días, los ojos de Pedro se ven muy oscuros. Pero tampoco he dormido. Sólo hemos estado besándonos como locos toda la noche y nuestros cuerpos están fuera de control, y hemos estado pidiendo servicio a la habitación porque me parece que no puedo conseguir ponerme de acuerdo con cualquier persona de su equipo al entrar en la suite. Me quedo mirando sus rostros sombríos y Ruben niega con la cabeza.


—Si él sale con esos ojos negros para luchar, una pequeña parte de él estará en desacuerdo con lo que el árbitro dice, y le destrozara el puto culo.


Frunzo el ceño —No seas ridículo. Él sabe las reglas. Y no es una máquina que entrena las 24 hs. Deja que se recupere. Él entrena incluso los domingos, está peligrosamente cerca de ser sobre entrenamiento. Cada atleta necesita tiempo de inactividad.


—Pedro no es un simple atleta, si no se entrena pierde rapidez —Diego me dice.


Pongo los ojos en blanco —¿Cualquier cosa no avanza rápido?


—En realidad, sí. Paz y tranquilidad. Pero no se está convirtiendo en un monje en el corto plazo, ¿verdad?


En serio no veo qué hay de malo con matar el tiempo. Algunos de mis amigos atletas consiguieron estar deprimidos y accidentados después de la competencia. Lo que viene tan alto tiene que bajar, y los neurotransmisores a veces suelen ser un poco raros.



—Mira, tu cuerpo sólo puede ser empujado hasta el momento, sobre todo la forma en que lo empujas. ¿Así que se perdió una pelea? Gran cosa. Su fuerza es probable que mejore con un par de días de descanso y luego podrá patear traseros.


No son capaces de responder entonces me estudian en silencio, y sé que se preguntan qué diablos está pasando entre nosotros desde que Pedro está actuando muy posesivo conmigo, mirando a Diego cuando habla de mí, incluso cuando Ruben se ofreció a ayudarme con mi maleta hace sólo unas horas. Pedro sólo tomó su lugar y le preguntó si no tenía nada más que hacer aparte de mirarme.


Sí, parecen desesperados por saber lo que está pasando entre pedro y yo, pero ya que aún no lo sé, supongo que todos vamos a tener que permanecer preguntando. Suspirando por el silencio, me vuelvo y cuando lo hago, sensibilización brota a través de mí cuando descubro que me observaba.


Hay algo muy masculino en sus ojos cuando lo miro. Es una mirada posesiva, oscura, y se desencadena una pequeña oleada a lo largo de mis terminaciones nerviosas. Pienso de nuevo en las cuatro noches que pasamos en la suite presidencial, donde miramos el mundo. Me siento como la Bella y la Bestia, excepto que voluntariamente me encerré con mi bestia para poder besarme sin sentido, y él es la hermosa criatura que me tortura con deseo.


Casi me quejo con el recuerdo. La mano de Pedro deslizándose hacia arriba a mi garganta. Sus ojos mirándome. Nuestra respiración entrecortada. Su boca caliente y húmeda. Él sólo me besa en la boca, la garganta y en los oídos. Él lame, y provoca todo tipo de sensaciones en mi cuerpo.


Recuerdo gimiendo. Recuerdo la forma en que sonríe contra mis labios con el sonido interminable, y la forma en que se vuelve muy serio e intenso y succiona mi labio inferior y luego muerde y succiona la piel en mi garganta. Recuerdo su cuerpo presionando contra el mío y mi coño palpitante con la cercanía de su erección. Nuestras lenguas calientes y desesperadas, agitándose y explorándose. Lo quiero deseo tanto que es lo único en lo que puedo pensar. Creo que le pedí anoche, "Por favor...", pero yo estaba tan drogada con lujuria que ni siquiera estoy segura. Lo que sí sé es que se detiene a veces, cuando la respiración es una locura rápida, y toma una ducha fría.


Pero vuelve, vistiendo pantalones de cordón apretados que usan los boxeadores sexy, y una vez más envuelve mi cuerpo con el tamaño y el escudo protector del suyo, para doblar su cabeza  y seguir torturarme. saborea mi oído con lentas y profundas cesiones con la lengua. Él hace lo mismo con mi boca. Y lo mismo con mi clavícula. Él me pone tan caliente. Gotea excitación por mis muslos. Mis pezones se ponen duros como diamantes. Me hace sentir una gelatina, hasta el punto que un simple sorbo de su boca me hace gemir muy adentro, como si acabara de penetrarme.


Se lo está tomando muy lentamente conmigo me siento como un adolescente y una virgen, aunque sin duda no lo soy. Pero me siento reivindicada, y me uno a él como lo hacen los animales. Me siento como si me hubieran atrapado y ya atrapada y el simplemente me tortura, dejándome fuego lento en mis jugos, esperando ansiosamente el momento en que se tome su primer bocado de mí.


En serio, no puedo soportarlo y estoy mojada, incluso ahora.


No hablamos mucho cuando "vinculamos" en su dormitorio. Tengo la sensación de que ha estado en su hombre—cueva en estos días, y yo lo entiendo. Ayer, ni siquiera me dejó salir, y me mantuvo prendida en su cama, una esclava indefensa de sus besos.


Cuando necesitamos parar, a veces escuchamos música, encendemos la TV, comemos, pero sobre todo, nos besamos. A veces escucho nada más los sonidos lisos de él besándome y nuestras respiraciones rápidas, arrancando una tras otra. La noche anterior a la última, estaba tan imprimada en el momento en que vino a buscarme a mi habitación, casi me lancé a sus brazos. En el momento en que me hundí en su cama, mis manos ya estaban en su pelo, la lengua empujando desesperadamente en su cálida y deliciosa boca, y cuando respondió con un gruñido animal y un potente beso me chupó la lengua febrilmente, me sentí una tira de placer cuando hizo su movimiento de lengua dándole placer a mi clítoris sensible.

Hinchándose y palpitando cuando nos besamos, y me da delirio al recordar. Ahora sólo el aspecto más mínimo de él me hincha. Cuando él mira a mis labios. Cuando mete un mechón de pelo detrás de mí oreja. Sé que sólo estamos enviando nuestras glándulas suprarrenales al infierno, haciendo esto. Mantener la salida de este deseo no es sólo saludable, pero no lo puedo parar. De hecho, yo quiero más. Quiero que se detenga porque estamos sufriendo y por qué yo quiero que se vaya hasta que me acueste muerta en sus brazos.


Yo lo quiero. Cada hora, minuto y segundo.


Lo quería la primera noche, cuando traté de lavarme cerebro y pretender que no lo hacía. Y ahora lo quiero como quiero respirar, comer, vivir una vida feliz, ver a mi hermana de nuevo, estar satisfecha de mi trabajo. Lo quiero como quiero vivir mi presente sin ningún temor de lo que pueda, o no, pasar mañana.


Ni siquiera tengo miedo de que me duela. Sé que esto va a doler.




Cuando regrese a casa, esto tiene que parar, va a doler. Nada dura para siempre y yo lo sé mejor que nadie. Pero el miedo nunca ha sido un amigo mío.


Cuando tomé la decisión de competir en la pista, no estaba con el temor de que iba a perder, o que me rompiera la rodilla y pasar una década de mi vida entrenando para nada. Vas detrás de algo porque lo quieres bastante mal quieres gastar cada uno de tus esfuerzos para conseguirlo e incluso quieres arriesgar algunas pérdidas para llegar a ello. Ahora, todos los esfuerzos de mi cuerpo parecen destruirse por la cercanía de este hombre. Es tan abrumador a veces, la necesidad de sentirlo se incrusta dentro de mí, el daño es tan grande que no sé ni qué hacer con él y tengo que parar.


Incluso ahora, me doy cuenta de que he estado tan cerca como puedo sin sentarme encima de él, toda la longitud de mi muslo desnudo presiona contra su muslo, y él sonríe con esos hoyuelos que erizan mis dedos de los pies, porque creo que me gusta estar cerca de él también. Se quita los auriculares, y luego agacha la cabeza hacia mí, como si en silencio me pidiera que le diga lo que está pasando.


—Están preocupados por ti.


Sostiene mi mirada —¿Por mi o por mi dinero?


Su pregunta tranquila se siente tan íntima para mí como los susurros que me dijo cuándo me dio un beso en su habitación la noche anterior, cuando él susurró besarme de nuevo y me llamó bastante y me decía que olía muy bien.


—Tu. Y tu dinero— le digo.


Esos hoyuelos vienen de nuevo, pero sólo brevemente, apareciendo como si dos ángeles apretaran sus mejillas delgadas



—Voy a ganar. Siempre lo hago.


Sonrío, y cuando su mirada cae a mi sonrisa, la conciencia de mi boca se apodera de mí.


Mis labios se sienten hinchados y rojos. Sus ojos se oscurecen aún más a medida que los estudia, y un escalofrío corre a través de mí. Trato de ahogar a la misma vez que peleo por mirar hacia atrás hacia su hermosa boca, que tiene un aspecto delicioso, dolorosamente más rosada y más gruesa por mis besos de hoy.

—¿Quieres correr hoy? Para prepararte para mañana?— Le pregunto, y estoy tomando todo mi esfuerzo para concentrarme en otra cosa que el fuego que rabia dentro de mí.


Niega con la cabeza.


—Estás cansado?— digo.


Asiente con la cabeza con los ojos tristes, su voz baja, pero no de disculpa.



—Tan jodidamente cansado que apenas puedo reponerme de la cama.


Asiento con la cabeza en comprensión, porque siento un poco de eso también. Yo no quiero levantarme. Especialmente con este enorme musculoso hombre en la misma cama, donde yo sólo quiero torturarme de nuevo con mi cuerpo deseándolo.


Me recuesto, siento su hombro contra el mío apoyado en el respaldo, y quiero acurrucarme como lo hice ayer por la noche cuando no pudimos mantener el ritmo de los besos y cogí un par de horas de sueño. Creo que él siente que estoy cansada también, y se desplaza ligeramente para que pueda descansar la cabeza en él.


Pone una canción.


Soy demasiado vaga como para poner cualquiera mía, así que sólo escucho. Norah Jones, hermoso "Come Away With Me" comienza, sensualmente proponiendo algo exactamente como sugiere el título.


El tono es tan sexy y me recuerda nuestras noches juntos, nuestros momentos robando besos. De repente, él se inclina a tratar de escuchar a través de mis auriculares, y cuando llego el olor más cerca de su fragancia masculina cerca de mí, mis músculos palpitan dolorosamente apretados. Al instante agarro mi música, y selecciono una canción moderna que ha estado sonando en la radio últimamente sobre un boxeador que es fuerte y combate muy duro. Yo quería poner "Iris" para él. Yo quería poner algo para rogarle que hiciera el amor conmigo.



Sin embargo, su equipo está preocupado, y yo sé que todo lo que estamos haciendo en la noche no es propicio para un buen rendimiento deportivo. No importa lo mucho que me encanten esos momentos y lo anhele tanto, no puedo sabotearlo así. Es demasiado importante.


Miro su perfil mientras escucha. Su expresión no se puede leer en un primer momento.



Cuando por fin levanta la cabeza, su mirada es oscura y problemática —¿Escuchas conmigo una canción acerca de un luchador?


Asiento con la cabeza. Arroja mi iPod a un lado con el ceño fruncido. A continuación, agarra mis caderas. Él me arrastra en su regazo, y mi respiración se va cuando siento cuánto, sin lugar a dudas, él me quiere.



—Dame otra – el exige.

El aspecto primordial en sus ojos me hace estremecer.


Niego con la cabeza —No podemos seguir haciendo lo que estamos haciendo, Pedro. Necesitas descansar —le susurro.


—Dame otra canción, Paula.


Suena tan terco que frunzo ceño, pero en realidad... me excita. Él quiere que mis canciones tanto como él quiere mis besos, y me excita. Muy bien, entonces. Si lo quiere, entonces tenemos que ir hasta el final esta noche y hacer el amor. Así que pongo "Iris". Me enderezo y veo su perfil cuando lo escucha. No lo puedo leer una vez más, pero cuando levanta la cabeza esta vez, sus ojos son torpedos de calor. La erección es feroz debajo de mi falda, y siento su palpitante corazón rítmicamente allí. En su dureza.


—Lo mismo— dice.


—¿Para qué?


Tenía los ojos hacia arriba antes de agarrar mi pelo y tirar la cabeza hacia abajo para que pueda lamer mis labios con la lengua —Para cada letra.


Me estremezco y me tire hacia atrás —Pedro ... nunca he tenido una aventura amorosa antes. Yo no voy a compartir contigo. No se puede estar con nadie más mientras estás conmigo.


Acaricia con pulgar el labio inferior mojado, su mirada intensa.



—No vamos a estar teniendo una aventura.


Miro fijamente sin decir nada, seguro que acabo de escuchar un órgano de mi cuerpo agrietarse en mi pecho.


Sus manos se sujetan a mi alrededor, y me aplasta con su cuerpo mientras desliza su nariz a lo largo de mi oreja. —Cuando te tome, serás mía— dice, una promesa suave al oído. Desliza el dedo a lo largo de mi mandíbula, y luego besa suavemente mi lóbulo de la oreja —. Hay que estar seguro— Sus ojos son tan caliente que estoy en el fuego con el deseo en ellos, y la palabra "mía" hace que el espacio vacío entre mis piernas se hinchen con anhelo —. Quiero me conozcas primero, y luego, quiero que me hagas saber si todavía quieres que te tome.


La palabra "tomar" también estaba teniendo un efecto. Sólo soy una gran masa de temblor.



—Pero ya sabes que te quiero— protesto.


Mira mis labios con fiera intensidad, a continuación miro sus ojos, su mirada tan afligida y atormentada. Estoy sorprendida de la oscuridad que veo. Acaricia una mano por mi brazo desnudo, despertando todos los pequeños pelos allí.



—Paula, necesito que sepas quién soy. Lo que soy.


—Has tenido un montón de mujeres que no tuvieron este requisito —proteste.


Sus grandes manos se hundieron en mi trasero mientras me arrastró más cerca de nuevo, sus ojos llenos de necesidad, engullendo mis características, y ahogándome en sus profundidades.



—Este es mi requisito contigo.


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Gracias por leer!♥♥♥

jueves, 26 de diciembre de 2013

CAPITULO 14



Su energía es tan poderosa esta noche, que realmente atrae a cada célula y átomo de mi cuerpo, bañándome en pura conciencia femenina de su masculinidad.


Ahora veo cómo el vierte algunos tragos de tequila detrás de la barra, y una llamativa rubia a su lado exprime el jugo de limón en su escote y añade un poco de sal, luego exprime un vaso justo entre sus tetas bien apretadas. Ella tira de las muñecas de Pedro para que fuera a tomarlo. Los celos aprietan todos los músculos de mi interior, sólo aflojando cuando Pedro agarra al hombre más cercano alrededor y empuja su cara en sus tetas, riéndose, fuerte y varonilmente, mientras agarra los dos tragos que había servido y comienza a volver a mí.


Sus ojos se traban con los míos, y se vuelven oscuros y salvajes. Tan oscuros y salvajes como el aleteo en mi interior. Parece que quiere festejar con nadie más que conmigo, y el conocimiento me golpea justo en las rodillas. Entre mis muslos, me he vuelto sensible, mojada e hinchada.


Él lleva un salero y limones en una de sus palmas.



— Ven aquí — dice, brusco pero suave mientras pone los vasos de chupitos sobre una consola de la entrada. Succiona la rodaja de limón entre sus labios, e inclina la cabeza para pasármela a mí. Abro la boca y el jugo de limón se derrama dentro de mí, de su boca, y entonces la aleja y pega su lengua con la mía. Él gime, los dos lo hacemos, mientras nos detenemos y nos besamos, lamiéndonos mutuamente, hasta que él gime una vez más y da un paso hacia atrás para alcanzarme el vaso.


Nunca me he emborrachado con alguien, y de repente me alegro de que sea con él. Temeraria alegría corre por mis venas. Me siento malvada e impulsiva, haciendo todo lo que nunca he hecho. Tomando el vaso entre mis dedos, bebo el líquido y siento arder un camino por mi garganta, y cuando me alcanza el limón de nuevo, estoy completamente loca de emoción.


Repitiendo lo mismo que él hizo, succiono la rodaja de limón en mi boca, y agacha la cabeza y chupa el jugo de limón de mí. Un gemido se me escapa cuándo el aparta el limón y lo reemplaza con su lengua. Necesidad rasga a través de mí, y mis brazos van alrededor de su cuello.


Los vasos vacíos de chupito se estrellan en el suelo mientras el me agarra el culo, me impulsa a la consola, se desliza entre mis piernas y mete su lengua en mi boca. Empuja sus caderas y dureza contra mí, la desesperación en el movimiento disparando rayos a través de mi cuerpo.



— Hueles tan bien…— dice con un tono áspero en mi oído. Sus manos aprietan mis muslos mientras frota su dureza contra mí. Su boca roza un camino por mi sien, mi barbilla, y sus labios mi zumbido, rápido y febril, sobre los míos. — . Te quiero ahora. No puedo esperar para deshacerme de estas personas. ¿Cómo te gusta, paula? ¿Duro? ¿Rápido?


— De cualquier forma que tú lo quieras.— murmuro, embriagada por la sensación de sus brazos, su boca, del roce a través de la ropa de su sexo contra mi sexo. Creo que mis palabras le hacen recordar la canción que reproduje para él, porque gime y agacha la cabeza para mordisquear suavemente mi labio inferior.


— Espera aquí, pequeño petardo.— dice, y hace su camino de regreso al bar.


Tomamos una segunda ronda de chupitos, y luego él se va por las rondas tres y cuatro, y estoy definitivamente mareada por la cuarta. Nunca he realmente bebido antes, y no creo que mi sistema este equipado para manejar la situación. Mi cabeza gira mientras lo veo ir por la quinta ronda con una sonrisa boba.



Algunos de los hombres lo agarran una vez más y lo disparan en el aire, gritando: — ¿Quién es el hombre? ¿Quién es el hombre?


— ¡Pueden apostar sus traseros que soy yo, hijos de puta!


Lo vuelven a poner de pie en el bar y empiezan a gritar mientras impulsan un enorme vaso de cerveza para él, y le gritan, con la triple cadencia mientras sus puños golpean el granito — ¡Pe-dro! ¡Pe-dro! ¡Pe-dro !


— Cálmense, chicos— dice Diego mientras se acerca, tratando de calmar las cosas.


— ¿Quién diablos es este nerd?— dice un hombre barbudo, y Pedro lo agarra y lo empuja contra la pared con tanta facilidad como si no pesara más que un bebé prematuro.


— Él es mi hermano, sapo. Muestra un poco de maldito respeto.


— Cálmate, amigo, yo sólo estaba preguntando.


Pedro lo deja caer al suelo y se vuelve a servir nuestros tequilas.


Sé que él va a volver con más tragos, pero la gente sigue deteniéndolo, y mi estómago está haciendo ruidos. No puedo sentir mi lengua, y estoy bastante segura de que necesito vomitar.


Cubriendo mi boca, corro al baño de la habitación más pequeña, pero más cercana, e ignoro a la pareja haciéndolo en la cama mientras voy hacia el baño, cierro de golpe la puerta y la trabo, luego caigo al lado del inodoro, tomo mi pelo y apenas logro levantar la tapa para vomitar mis tripas.


Cinco minutos más tarde todavía estoy en él, jadeando mientras empiezo a tener una fiesta privada de lástima conmigo misma. Aquí mismo, en el cuarto de baño.


Dios. Mi estómago. Mi pobre hígado. Pobre de mí. Estoy tan jodidamente contenta de haber corrido en mis años de adolescencia en vez de dedicarme al te—kill—ya! ¡No puedo creer que a Melanie le guste hacer esto! Gimo en la miseria mientras las náuseas regresan a mi garganta. Dejo caer mi cabeza en el inodoro una vez más y convulsiono mientras todo se extrae fuera de mí.


Cuando pienso que he terminado, todo es un borrón y todavía estoy mareada. Me lavo la boca y busco mis vitaminas en las cosas que deje en este cuarto de baño en caso de que prefiriera no compartir un baño con Pedro, lo que parece una buena idea ahora que podría pasar toda la noche vomitando. Agarro un complejo B de color rojo y una mezcla de vitamina C y las tomo, y me doy cuenta de que debería comenzar a hidratarme, pero me siento perezosa para ir a buscar un poco de agua, así que en vez de eso tiro la cadena del baño por tercera vez, casi hasta el tope, e inclino la frente en el en caso de que me den náuseas de nuevo. Tomo mi teléfono y le envío un mensaje a Mel.


Sietno como mierd@ ¡Borracha como un madlito bur%o pero voya joder a Pedro si sobrvivo 8l teqila!


Entonces creo que incluso me adormezco.


Cuando vuelvo en mí, mis sienes palpitan, y el ruido en el exterior en la suite presidencial es ensordecedor. Tengo el buen sentido de lavarme la boca y calmar los enredos en mi pelo y lavarme las manos, luego me asomo a la habitación y los amantes se han ido, así que me escabullo en la sala de estar hacia el ruido.



No. No el ruido. El caos.


Parpadeando, absorbo la escena en frente de mí, con ojos incrédulos. No sé lo que ha pasado, pero algo. Definitivamente. Sucedió. Las plumas de almohadas rotas se desparraman por todas partes. El vidrio cruje debajo de mis pies mientras camino. Las personas se están empujando unas a otras, de alguna, manera borrachas y en pánico mientras intentaban salvarse de algo. Entonces lo veo.


Pedro “Riptide” Alfonso, el hombre más sexy del mundo, esta lanzando cualquier cosa en su camino y gritando al tope de sus pulmones.



— ¿Qué demonios le has dicho de mí? ¿Dónde carajo esta?— mientras que Diego está sin chaqueta, ni corbata, y tratando de calmarlo. pedro arroja una licorera de cristal contra la pared con un golpe fantástico, y la gente grita tanto de miedo como de risa, mientras que Ruben está ocupado guiándolos por las puertas de la suite.


Mi ebriedad instantáneamente se desvanece, o al menos disminuye un cincuenta por ciento, y estoy casi completamente sobria por la conmoción. Salto a la acción y comienzo a empujar a todos los cuerpos que entran en contacto con la puerta.



— ¡Fuera, fuera, fuera!— grito como un alma en pena.


Pedro oye mi voz, y se gira rápidamente y me ve. Sus ojos brillan con algo salvaje mientras arroja la lámpara que tiene en sus manos y la envía a estrellarse con una gran explosión de cristal detrás de él, entonces comienza a avanzar hacia mí. Pero Diego lo agarra de nuevo, tirando desesperadamente su brazo.



— ¿Ves, amigo? Ella firmo un contrato, ¿recuerdas? No es necesario destruir el hotel, hombre.— Mientras Pedro me mira a los ojos con una expresión de dolor puro, Diego aprieta algo en su cuello y sus párpados aletean.


Su cabeza cae hacia adelante, y me congelo en completo y total horror. Nubes de confusión impiden cualquier pensamiento racional mientras trato de procesar el hecho de que Diego, el amable Diego, acaba de arrojar algo a la yugular de Pedro.

Ruben continúa empujando gente fuera de la habitación mientras Pedro se desploma hacia abajo y Diego lucha por apoyarlo contra la pared más cercana. Cuando logramos sacar a la última persona, Ruben cubre su cuello con uno de los brazos de Pedro, mientras que el otro va alrededor del cuello de Diego. Sus pies se arrastran debajo de su cuerpo mientras comienzan a transportarlo hacia la habitación principal, y cuando escucho su voz bellamente masculina hablar, no suena sólo ebrio, sino súper drogado, su timbre bajo y apenas inteligible.


— No dejen que vea.


— No lo haremos, Pedro.


Su cabeza cuelga hacia adelante como si no tuviera fuerzas para soportarla.



— Sólo no la dejen que vea.


— Sí, hombre, lo tengo.


Temor helado se extiende en mi interior mientras me muevo aturdida, como sonámbula, y los sigo a la puerta. Me alojo en el umbral, dividida entre ir tras él y mi absoluta confusión sobre lo que está pasando y mi DOC , que sólo me pide que comience a limpiar todo este maldito lío, y también los tragos de tequila que todavía me hacen sentir como un burro.



— ¿Qué esta mal con él?— Le pregunto a Diego mientras ambos salen. Ruben al teléfono en la sala de estar.


— Él esta bien, sólo un poco deprimido.— Diego agarra el pomo para cerrar la puerta.


Y de repente estoy preocupada, fuera de mi siempre amorosa mente, y me aferro al brazo de Diego como una línea de vida.



— No tires esa mierda sobre mí. ¿Qué es lo que no quiere que vea?


Mi voz tiembla, pero estoy tan asustada y borracha y frustrada sexualmente, que si no me da una respuesta voy a ir a romper el resto de lo que Pedro dejó intacto.


Diego vacila, luego libera mi brazo del agarre de muerte que parezco tener sobre él.



— No quiere que lo veas a él.


Estoy aturdida sin palabras, pero mi necesidad de asegurarme de que pedro esta bien es tan abrumadora que todavía trato de entrar. Diego rápidamente tira de mí a un lado firmemente.


— Mira, ha estado acelerado desde que llegaste aquí, y este es el tipo de cosas que sucede después de acelerar. Todo lo que necesita es un poco de contacto físico para hacerlo sentir bien, para sacarlo de todo ese miedo, y va a estar bien pronto. Sabíamos que esto iba a pasar, sólo era cuestión de días. Siempre comienza cuando no puede apagarlo en el ring. Y el hecho de que ha estado jadeando detrás de ti como un perro no ayuda, Paula.


— ¿Y quién diablos te da el derecho para disparar químicos en sus venas, Diego?— exijo, tambaleándome con furia en nombre de Pedro.


— Él lo hace. Un millar de habitaciones destrozadas, Paula. He estado con él una década, y también Ruben. ¡Es el hombre con más alto mantenimiento que alguna vez vas a conocer.


Ruben regresa a nosotros con una expresión sombría.



—Están en camino.


— ¿Conseguiste dos?— pregunta Diego.


— Tres. Nuevas. A ver si con eso despierta su maldito apetito obstinado.


Cuando me doy cuenta de lo que están hablando, inmediatamente quiero golpearlos.



—¿Tres nuevas que? ¿Prostitutas?


Con un nuevo atisbo de preocupación, Diego me da una palmada de apaciguamiento en el hombro.



— Este es un protocolo estándar, ¿de acuerdo? Estas son mujeres limpias y muy caras. A él no le importará quiénes son. No debimos dejar que pasara tanto tiempo sin soltarse, especialmente contigo alrededor. Lamento ser gráfico, pero este es nuestro problema a solucionar ahora, y él no puede luchar así mañana. Demonios, va a ser un milagro si logramos sacarlo de la cama.


Algo sombrío y verde gira dentro de mí, anudándose violentamente en mi pecho.



—No quiero a esas mujeres aquí.— les digo con una calma engañosa.


Tal vez no tengo voz en el asunto, pero me acuerdo del beso de Pedro esta noche, el suave agarre de sus manos. Sus palabras. Eres mía esta noche…


La repentina imagen vívida de su cuerpo entrelazado con el de otra persona, me da ganas de correr al baño y vomitar. Estoy un poco ebria, o a lo mejor ya resacada. No lo sé. Pero mi corazón duele y mi estómago se enturbia ente la simple idea de que alguien más lo toque. Y de repente necesito taparme la boca y correr al baño otra vez, de verdad.


Me paso los siguientes diez minutos allí, entonces lavo mi boca nuevamente, limpio todo, y serpenteo mi camino de regreso a la sala de estar justo a tiempo para cuando las apestosas prostitutas están llegando. Ruben parece haber bajado al vestíbulo para hacerlas subir, ningún hotel respetable permitiría el acceso de estas mujeres por su propia cuenta, y Diego abre la puerta para dejarlas entrar, con sus hediondos perfumes y conjuntos brillantes, yo me quedo boquiabierta y me siento verde y retorcida de nuevo.


Son tan hermosas, me doy cuenta con espanto de que tal vez soy el tipo de borracha que empieza a gritarle a la gente y luego llora, porque tengo ganas de hacer ambas. Estoy tan furiosa que cargo hacia adelante y detengo a las mujeres a sólo dos pasos de la sala de estar, las tres se detienen cuando ven mi cabello desordenado y mi mirada furiosa.


— No necesitamos sus servicios, señoras. Lo siento por su tiempo, aquí tienen sus gastos por venir.


Agarrando cien dólares de la billetera de Ruben, que era la más cercana, y también el idiota que tuvo el descaro de llamarlas, empuje a las mujeres al pasillo y cierro la puerta en sus narices. Entonces me doy la vuelta, con el ceño fruncido mordiendo en mi cara.


— Esa es la última vez que llamas a unas vagabundas cuando él esta así.— digo, plantando un dedo amenazador, mi corazón latiendo en pura furia y protectividad.— . Me doy cuenta de que no estoy en condiciones de tomar ninguna decisión aquí, pero tampoco él lo esta. ¡No las quiere a ellas!.


Los hombres, ambos completamente sobrios y siempre muy afilados en sus trajes y corbatas de “aspecto guardaespaldas”, excepto Diego que perdió la forma esta noche, sólo me miran en la más absoluta confusión, haciéndome sentir como si me hubiera vuelto completamente loca.


¿Bien?


¿Lo he hecho?


No estoy segura. Pero mi pecho duele por el hombre en la habitación principal y mis pechos tiran por mis respiraciones rápidas mientras lucho por mantenerme firme. Sé lo que estos chicos están pensando. Sé que quieren saber porqué diablos no deje entrar a esas mujeres. Ellos creen que quiero follar a pedro, y que yo creo que él realmente me desea. Y tal vez lo hago. Desesperadamente lo hago. No solamente quiero follarlo, posiblemente he salido y tenga profundos sentimientos complicados por él.


Pero la idea de alguien tocándolo me da ganas de escupir fuego. No me importa que él no sea mío. Me importa que justo ahora, Diego acaba de disparar algo en sus venas, su hermoso cuerpo está en reposo, y su cerebro esta agotado. Si puedo evitar que esta pesadilla suceda, lo haré, y yo sólo lo hago.


— No estoy ebria ahora.— afirmo cuando los hombres sólo continúan mirándome.


Ambos suspiran.— Me voy a la cama en caso de que se despierte cuando el efecto se desvanezca.— dice Ruben, y se dirige hacia la puerta.


— No entres allí.— me advierte Diego, señalando a la principal.— . Duerme en la otra habitación. Posiblemente no recuerde nada de lo que digas ahora, y si lo que le dimos desaparece demasiado pronto, él se puede poner más difícil de lo que puedas imaginar.


— Bien.— miento, y me voy a la otra habitación para ponerme mi remera de dormir, pero no puedo dejar las cosas así. Sólo Pedro y yo estamos durmiendo en esta habitación, y cuando la puerta se cierra detrás de Diego, sé que estamos solos.


Serpenteando mi camino a través del campo minado de vidrio por todos lados y empujando a un lado la obligación de limpiar, entro en la habitación principal. Mi pulso es un tambor frenético golpeando mis sienes mientras absorbo la escena. Las cortinas están parcialmente abiertas, y siento una oleada de posesión y protección surgir de mí mientras diviso su forma sombreada sobre la cama, brevemente iluminada por las luces de la ciudad. Me digo a mí misma que sólo quiero asegurarme que se encuentra bien. Pero estoy tan conectada y preocupada, que me temo que verlo no va a ser suficiente y voy a tener que tomar su pulso o algo.


Tranquilizándome silenciosamente en mi interior, contengo mi aliento en mi garganta y sin hacer ruido cierro la puerta detrás de mí.



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Mañana no puedo subir, por eso subo hoy!
Gracias por leer!♥



miércoles, 25 de diciembre de 2013

CAPITULO 13



Hoy volamos a Miami.

La sección de asientos delantera del avión está hablando de Escorpión y la “lucha fuera del ring” que casi sobrevino anoche. Tomo asiento en el último banco al final con él, lo que parece estar convirtiéndose en lo habitual, y acabamos de sacar nuestros audífonos. Él tiene su iPod en la mano y ya se encuentra buscando entre sus canciones, y yo en las mías, sin saber si la canción que elegiré la escucharé yo o él.

En el auto de vuelta en camino, extendió su brazo y susurró : —Arregla mi muñeca por mí.

Tan pronto como comencé a moverla supe que era sólo una excusa para que lo tocara, se sentía perfectamente movible, lo cual hizo que encogiera mis partes íntimas ante el recuerdo. ¿Querrá tocarme tanto como yo lo deseo?

—Pon una canción para mí —susurró ahora. Increíble como una sola mirada suya puede hacer que mi corazón de un vuelco.

Asiento, pero vacilo entre qué canción elegir. Él también está mirando, y veo que también duda.

Ninguno de los dos está sonriendo. Ninguno de los dos ha sonreído desde ayer. Cuando casi hicimos una locura… maravillosa.

Todavía estoy buscando una canción cuando me alcanza su iPod y coloco mis audífonos para escuchar, y la canción que comienza es High on You por Survivor. Enseguida me lleva de vuelta a su primera pelea cuando presto atención a la letra.

Tocan en mi oído, sonando divertido, con ritmo, y alegría, recordándome como lo observaba pelear, y luego, la multitud cerrándose a nuestro alrededor, y su mano tocando la mía, y lo electrizante que eso se sintió…

Me estoy sintiendo tan traviesa como frustrada, y solo quiero saber que haría él si yo hiciera una locura, así que busco por otra canción vieja realmente divertida que escuché revivida en un episodio de Glee, llamada Anyway You Want It por Journey, y se lo paso.

Comienza a escucharla con una sonrisa, y cuando llega al estribillo se da cuenta que básicamente le está diciendo que puede “tomarlo” de la forma que quiera, entonces levanta sus ojos a los míos. Hay una pregunta dentro de esos ojos, y su mirada salta sin esfuerzo alguno entre mis ojos y mis labios, mis ojos y labios, hasta que caen y descansa en mi boca. Los lamo, y noto como sus ojos se amplían, luciendo pesados por algún sentimiento.

—Pedro —llama Diego desde el frente.

—Tiene audífonos puestos, no puede escucharte —respondo por él, pudiendo yo escucharlo ya que mi canción había terminado.

—Santo Dios, deja de excitarlo, Paula. Especialmente si no vas a…

Se me escapa una risa, y Pedro, completamente inconsciente de lo que Diego acaba de decir, parece profundamente absorbido en mí y la música. No sé lo que su mirada significa, pero agacha un poco más su cabeza.



—Pon otra —me ordena ásperamente, sus sombríos ojos mieles observándome intensamente.

Dudo por un momento, pero por dentro, estoy burbujeando con pasión y malicia, así que me lanzo con otra vieja canción que parece ir con la situación, y reproduzco All I Wanna Do Is Make Love To You por Heart.

En el momento que el estribillo comienza, noto que sus pupilas están salvajemente dilatadas. Mi respiración se corta, y me doy cuenta que al poner esa canción, básicamente le estoy rogando al hombre que me haga el amor, que diga que…

La ansiedad en su mirada hambrienta en su rostro hace que me deslice en asiento mientras se inclina hacia adelante. Su mirada sostiene la mía mientras inclina su cabeza, sus ojos ardientes, impulsándome.

Desliza su mano por mi cintura y me acerca aún más hacia él, luego inclina su cabeza y presiona sus labios en mi oído. Creo que acaba de besar mi oído. Mis terminaciones nerviosas cantan cuando toma su iPod y coloca música para mí. Reproduce Iris de nuevo, observándome mientras cada ritmo me roba el aliento, y la letra me hace querer llorar.

Inundada de anhelo, sostengo su mirada mientras suena la canción, y sus ojos se encuentran tan ardientes y consumidos como las palabras que estoy escuchando. Cuando termina, quita mis audífonos, luego los suyos, su respiración desigual y al límite mientras se inclina nuevamente hacia mí y vuelve a besar mi oído.


—¿Me deseas? —me pregunta en un tono gutural que envía a todos los bellos de mi cuerpo en alerta.

Asiento con ferocidad contra su cabeza, y sus manos se encogen alrededor de mi cadera. Se hunde en mi cuello e inhala profundo. Un estremecimiento corre a través de mi cuerpo, y estoy inundada con la certeza de que esta noche, esta noche luego de la primer pelea en Miami, Pedro va a hacerme el amor.

El resto del vuelo él mantiene su brazo alrededor de mis hombros, contra su fuerte lado, y continúa haciendo juegos sexuales previos en mi oído, el único lugar dónde los demás no pueden ver lo que me está haciendo. Atrapa el lóbulo de mi oído entre sus dientes, lame el borde de este, y se ha olvidado de colocar música para mí. Mientras , me estremezco desenfrenadamente, húmeda y retorciéndome, continúo echando vistazos hacia sus pantalones vaqueros, los cuales están a punto de reventar gracias a la plenitud de su erección. El volumen tirando de la tela vaquera es tan asombroso que mi mano pica, y mi lengua quiere probarlo, lamerlo, mis partes íntimas encogidas desesperadas gracias al deseo.

Llegamos al hotel cinco estrellas, y el combo de anticipación y excitación con el que he estado luchando se lanza hasta el techo cuando noto que Pedro me ha reservado la suit presidencial de dos habitaciones con él. Mientras las llaves son entregadas, todo el mundo también parece notarlo.

—Sinceramente espero que sepas en lo que te estás metiendo —dijo Diego en un susurro preocupado, sus cejas arrugadas en las esquinas.

Los ojos de Diane están casi llenos de lágrimas mientras se pega a mi lado en el lobby.


—Oh, Paula, ¿considerarías ser mi compañera de cuarto?

Ruben se acercó y me miró con toda honestidad, palmando mi hombro como si estuviera yendo a la guerra.


—Está intentándolo tanto como nunca lo había visto hacerlo por ti, Paula.

Sus actitudes realmente no me confunden.

Sé que están preocupados de que esto termine mal. Soy la empleada de Pedro, y una temporal, y tiene una mala reputación con un montón de evidencia apoyándola. Obviamente tiene un temperamento, y ha probado poder ser demasiado caliente para manejarlo. Pero aunque es tan fuerte, sé instintivamente que nunca me lastimaría, y nunca ha hecho nada para demostrar lo contrario. El resto no importa ahora. Simplemente no me importa para nada. Lo quiero. Con una fuerza que no había sentido en seis años. Y voy a ir por él.

Tal vez yo también tengo un botón rojo de autodestrucción.

Los nervios de lo que sucederá me recorren mientras subimos a nuestras habitaciones para prepararnos para la pelea, y de repente necesito tanto a Melanie que saco mi teléfono de mi cartera y le escribo un mensaje inmediatamente, desde que han pasado unos días desde la última vez.

Paula: ¡¿Cómo está mi mejor amigaaaaaaaaaa?!

Melanie: ¡Te extraño! Pero te perdono si me dices que ya has atrapado a ese pedazo de hombre sexy.

Paula: Oh...

Melanie: ¿Qué? ¿Lo hiciste?

Paula: Mel

Melanie: ¿¿Qué?? ¿Qué?

Paula: Creo que me estoy enamorando de él.



****

Tomó a Miami como una avalancha.

Acabamos de volver de su pelea y todavía estoy sin aliento por el regocijo. Pedro apenas fue rozado por su oponente. Estaba súper cargado, su cuerpo preciso y muy poderoso que ni siquiera tuvo que dar muchos golpes para noquear a sus oponentes. Arrasó con cada uno de ellos como si estuviera de vacaciones, y al final de la noche, las personas gritaban encantadas, e incluso el anunciador estaba sin aire.

—Que descansen en paz estos pobres hombres, Dios Mío, ¡este hombre puede golpear! ¡¡¡Vamos, RIP!!! ¡Arranca sus cabezas, maldito bastardo! ¡Riiiptide, damas y caballeros! ¡Riptiiiiiide!

Incluso Ruben estaba tan emocionado observando desde la esquina, donde se había trepado en la espalda del entrenador y golpeaba su puño en el aire, gritando fuertemente.


Mientras, Diego parecía haber dejado ser su responsable en Atlanta, antes de irnos de Underground, declaró —¡Deberíamos celebrar!

Antes de que Pedro siquiera supiera lo que estaba ocurriendo, ya había una multitud de gente siguiéndonos en media docena de vehículos.


Así que ahora estamos en la suit presidencial con lo que parecen miles de extraños, pero claro, no pueden haber tantos realmente. Y, en realidad, Diego dijo que la mayoría de estas personas habían salido de fiesta con Pedro anteriormente, así que solamente eran extraños para mí.

La multitud era tan extensa, incluso el hall estaba plagado de personas, haciendo tanto ruido que no podía pensar en lo afortunados que éramos de que las otras dos enormes suit presidenciales estuvieran vacías, si no tendríamos que buscar otro lugar dónde dormir.

Estoy decepcionada de que no he podido verlo desde que se duchó y cambió. Ha estado siendo acosado por admiradores, y fue traído al hotel por un grupo de viejos amigos locales, quién lo dejó conducir el Ferrari que uno de ellos había comprado.

Me deslizo entre las personas hacinadas en lo que se supone que sería la suit de Pedro y mía, y me pregunto si debería unirme a la alegría e ir y emborracharme. Aplausos rompen en la entrada, seguido por un inconfundible animo que solo un hombre que conozco puede hacerlo. Él entra en la habitación en los hombros de cuatro hombres. Mi corazón tartamudea. Tiene una gran sonrisa en su rostro, Pedro engreído a su décima potencia, absorbido por sus victorias, y las mujeres gritan, absorbidas por él.



—¡Pedro! Peedrooo!

—Así es, ¿quién es el hombre? —grita, y golpea su puño en su pecho.


Me rio, completamente absorbida, encantada y fascinada por él. El aura que emana esta noche lo hace resplandecer como el sol. Si en este momento dijera que puede volar, creo que todos le creeríamos. Todo el mundo presente parece magnetizado por él, gravitando a su alrededor sin poder hacer nada.


Él me encuentra, y su sonrisa se suaviza y sus ojos se avivan con una extraña, hambrienta, y de alguna manera brillante mirada.

—Paula.

Salta a sus pies y me hace señas, y la multitud se aparta para dejarme pasar. Me sonríe, y sus bailarines ojos mieles sostienen los míos mientras camina lentamente hacia adelante y me encuentra a mitad de camino. Me alza en sus fuertes brazos, me gira alrededor, y entonces me besa.

En el instante que toma mis labios, fuegos artificiales comienzan a salir de mi cuerpo.

Todo el deseo reprimido por días y semanas, agregan a ese momento único cuando todo lo que soy, y todo lo que quiero, se resume a esto. A mí, acercando la  cabeza de Pedro Alfonso hacia la mía mientras abro mi boca y lo dejo darme absolutamente todo lo que quiera.

Su beso hace que mi estómago se retuerza en un tornado salvaje. Me sostiene fuertemente de las caderas y con destreza mueve sus labios mientras acaricia mi lengua con la suya. Una vibración se oye en el fondo de su centro mientras me acerca todavía más y me fuerza a sentir su erección, todo mientras inclina su cabeza y toma mi boca como si no hubiera mañana.

Pedro se libera. Respira difícilmente por su nariz mientras trae su boca hacia mi oído, donde susurra, ardiente y bruscamente. —Eres mía esta noche.

Un febril gemido escapa de mí. Acurruca mi rostro entre esas grandes manos que me hacen sentir pequeña y frágil, y hambrientamente vuelve a capturar mi boca. Esta vez lo lleva con lentitud, como si fuera algo preciado y valioso.

—Eres mía esta noche.

Mira de nuevo mi rostro, sus ojos hirviendo de deseo. Creo que acabo de asentir en acuerdo, pero tiemblo demasiado para saberlo con seguridad. Una sofocante fiebre corre a rienda suelta a través de mí. Mis piernas no dejan de temblar mientras cada una de las células en mi cuerpo grita de lujuria porque lo quiero. Lo quiero ahora.

—Pedro, te deseo, ¡tómame! —grita una mujer, pero él la ignora, ignora todo. Excepto a mí.

Sus ojos intensos, rasguña los lados de mi rostro con la yema de sus grandes pulgares, luego extiende sus dedos sobre mi cuero cabelludo mientras me besa de nuevo, nuestras bocas ardientes y húmedas amoldándose, sedientas y ansiosas. Arrugo la suave tela gris de la remera que usa con mi puño, muriendo con las sensaciones. Ni siquiera me importan quiénes están mirando, soy inconsciente de las crudas cosas que están silbando. No me había dado cuenta lo mucho que deseaba esto, que necesitaba esto, hasta que estos temblores ondularon a través de mi cuerpo, y estoy en un flujo continuo bajo su insistente sexy boca, la mirada en sus ojos que me hace sentir como si fuera la única mujer viva para él.

—¡Llévala a tu habitación, Alfonso! —grita alguien. Pero él parece absorto solamente en mí, y yo en él.

Sosteniéndome protectoramente entre sus fuertes brazos, acaricia mi cabello mientras sus labios vibran recorriendo la curva entre mi cuello y mi clavícula, sus dedos deslizándose por mi cuello mientras, una vez más, como un canto, roza mi oído y dice —Mía. Esta noche.

—Tú también. —Acaricio su mandíbula y busco su mirada cuando, de repente, él es arrancado por cuatro hombres quiénes ágilmente lo ponen en el aire de nuevo.

—Pedro, Pedro…—cantan, sacudiéndolo en unísono. La risa me llena, y burbujas de felicidad revientan en mi pecho. Estoy feliz por mí. Por él. Por esta noche.

Cerca, Diego y Ruben observan la escena con caras tan desoladas y preocupadas, que se siente como si estuvieran enterrando un cadáver esta noche.

—¡Diviértanse, chicos! —Digo riéndome mientras me acerco. Creo que mis abuelos festejaban mejor que estos dos. Pero ellos solo sacuden sus cabezas y siguen observando todo sombríamente.

—Se está volviendo rápidamente —Diego murmura, más para Ruben.

—Lo sé, hombre. Mierda.

—Sí. —Diego rasca sus rizos. —¿De verdad comencé toda esta fiesta?

—Prepárate para el aterrizaje forzoso —es la única respuesta de Ruben, luego camina hacia el hall, moviendo su cabeza de lado a lado.

La confusión me golpea.

—¿Qué va mal? —Pregunto a Diego.

—Nada. Todavía. —Observa su reloj, luego a pedro  quién está siendo arrastrado de vuelta al bar. —. Pero si algo se da, de forma que a él no le guste, entonces sí vamos a estar en problemas. Grandes. Problemas.

Mirando alrededor, veo que sólo hay sonrisas y risas mientras que la música rock del iPod de Pedro rompe desde los altavoces de la suit. Realmente no sé de lo que estos dos están tan preocupados. Todo el mundo se está divirtiendo, y Pedro trabaja tan duro como cualquier persona que he conocido. Se merece dar rienda suelta. Sí, es un poco hiperactivo, pero para mí es obvio que él tiene una adrenalina gracias a la lucha, y se ha añadido a la misma cosa que hemos estado sintiendo los dos, Pedro y yo, enroscado como cobras hambrientas, por semanas.

Durante todo el día de hoy, cuando subimos a dejar nuestras maleta en la suite, y nos fuimos a almorzar con el equipo y se preparó antes de la pelea, cada instante de estos momentos, nuestros ojos han estado salvajemente buscando el del otro, y tan pronto como se traban, las chispas saltan entre nosotros en arcos tan poderosos que la necesidad de estar con él me corta como latigazos. Incluso en la lucha, cuando se volvió para mirarme antes de que comenzara, sus ojos mieles ardieron a fuego lento con un feroz apetito de tenerme. Yo sé que él siente la misma hambre que yo ahora, mientras espero, febril con anticipación esta noche. Mi cuerpo zumba en la excitación, y después de una lucha increíble, sé que Pedro está zumbando como loco. Está lleno de energía. Avivado y preparado.


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Que pasara??? el proximo capitulo se viene con todo... pero no con lo que ustedes creen que va a pasar.espero que lo entiendan!.. no digo másss...

Gracias por leer, espero que les haya gustado estos tres capitulos! 

Les deseo a todos y todas las que leen #EresMia una muy feliz navidad!! que la pasen hermoso junto a toda su familia!!

Los quieroo!♥



CAPITULO 12



—Pero si es Riptide y su nuevo polvo.

Mi cabeza esta girando alrededor y me doy cuenta de que quien quiera que me empujó no fue por accidente. Cuatro hombres se reúnen alrededor de nosotros y todos son enormes. Uno de ellos tiene un escorpión negro asqueroso tatuado en su pómulo derecho, y es aún más grande que los otros.



Pedro echa un vistazo a ellos como si son tan importantes como un montón de moscas, y luego pone un brazo alrededor de mí y me saca de la pista de baile.

—¿Cómo se llama tu novia? Que nombre gritas cuando la follas, ¿eh?



Pedro esta sin palabras mientras me conduce hacia el bar, pero sus dedos se apretaron en un puño enojado atrás de mi top mientras me empujaba hacia adelante. Los hombres marchan detrás de nosotros, pero Pedro sigue ignorándolos. Me da la vuelta y bloquea mi vista de ellos con la pared de su pecho.



—Vuelve con Ruben y pídele que te llevan al hotel—susurra.



Las campanas de alarma suenan en mi cabeza mientras me doy cuenta de que esto es una mera provocación por parte de los demás para meter a Pedro en problemas. He estado con el equipo suficiente para saber que la lucha fuera del ring puede llevar a Pedro a la cárcel y fuera de competición.



—No puedes entrar en una pelea, Pedro —advierto, cuando de repente el más robusto de los cuatro hombres habla, alzando su voz lo suficiente como para ser escuchado perfectamente por encima de la música.



—Estamos hablando con usted, imbécil.



—Te he oído, imbécil, me importa un carajo lo que tienes que decir —pedro dispara de vuelta.



Su amigo trata de conseguir un golpe, pero pedro rápidamente lo esquiva y lo empuja con tanta fuerza, que tropieza y cae. De repente me doy cuenta de la táctica. Los amigos del tipo escorpión quieren vencer a pedro por lo que no tiene más remedio que responder, patear a la mierda fuera de ellos, y ser echado de la liga y posiblemente arrojado en la cárcel, mientras que el tipo con el tatuaje del escorpión hizo “nada” . Y si este tipo es el que Pedro necesita para vencer en la final, entonces él probablemente emocionado puede conseguir tomarlo antes del partido. ¡Qué cabrón perdedor!



Pedro se está enojando en toda la regla, a mi lado, agarrando uno por la camisa y siseando.



—Lárgate o te corto las malditas bolas y luego alimento a tu madre con ellas! —lo empuja hacia atrás, luego agarra los otros dos y los empuja al mismo tiempo, uno con cada brazo. Se ve tan enojado que me estoy realmente preocupado. Las venas aparecen en sus manos, brazos, cuello, y cuando el tercer hombre se le acerca por la espalda, el codo de Pedro vuela detrás de él y cierra perfectamente el rostro del pobre. —. Lo siento, amigo —se disculpa, y el hombre maldice en voz baja y cubre su nariz ensangrentada.

Mientras tanto, veo que el hombre con el tatuaje de escorpión está felizmente mirando con una sonrisa.

Oh, no, no, imbécil!

La respuesta de huida o lucha es toda una fuerza en mi cuerpo ahora. Mi cerebro zumba mientras la sangre tira caliente y urgente a través de mi sistema. Ya siento que alimenta mis músculos, mi corazón latiendo salvajemente. Corro hacia la barra, me acerco, agarro dos botellas, y vuelvo para girarlas por encima de cada una de las dos cabezas de los idiotas. Se estrellan mientras disparan brotes de vidrio por todas partes.

Voy agarrar otra botella y vuelvo corriendo de vuelta, en dirección al tercer hombre, cuando veo cómo me mira Pedro con una mirada de horror y una cara que está progresivamente volviéndose escarlata. Agarra la botella de mi mano, la golpea de nuevo en el bar, y luego me tira para arriba en su espalda como un saco de patatas y tallos a través de la multitud hacia Diego.

—Pedro—me quejo, golpeando su espalda con mis puños mientras me retuerzo.



Mis hormonas se disparan cuando me doy cuenta de una de sus manos está en mi culo. He oído susurrar algo a Diego, y, finalmente, la sangre retrocede en la dirección correcta cuando se me mete de nuevo en el coche. Adrenalina bombea a través de mí. Nunca he estado en una pelea. Se siente increíble. Increíble.

Nuestro chofer se desliza detrás del volante y arranca en el tráfico de la ciudad, y me doy cuenta de que pedro está respirando fuerte y rápido en el asiento trasero.

Al igual que yo.

Nuestras miradas se encuentran en las sombras a través de los coches, y sus ojos están profundamente oscuros, el rostro grabado con furia al rojo vivo.


—¿Qué diablos crees que estabas haciendo? —explota.

Sus manos son puños sobre sus muslos, y por un momento creo que va golpearlas en el respaldo del banco. La mirada en sus ojos es ferozmente cruda y extraña. Casi animal. Algo así como ... posesiva. Y provoca un estremecimiento extraño que golpea la realidad dentro de mí.

Había estado dispuesto a besarlo. Mis manos se apretaron en mi regazo mientras trataba de mantenerlas quietas.

Sus dedos están inquietos y quiero agarrar su mano y hacer que esta se doble alrededor de mis pechos y rogarle que me toque.

—Acabo de salvar tu culo y me sentí increíble—digo, y una nueva oleada de adrenalina cursa a través de mí como recordatorio.

Pedro parece estar colgando de un hilo mientras se frota la cara y pone los codos en las rodillas, sus rodillas hacia delante, frotándose la parte posterior de la cabeza con las manos, que ahora me doy cuenta están temblando ferozmente. No está respirando bien tampoco.


—Por el amor de dios, no vuelvas nunca, nunca, hacer eso de nuevo. NUNCA. Si uno de ellos te pone una mano encima, jodidamente los matare, y me dará igual quien me atrape!

Un estremecimiento de emoción se dispara a través de mí mientras él se inclina hacia atrás y me mira con una lujuria alucinante. Atrapa mi muñeca y aprieta tan fuerte, me quedo sin aliento, y mira hacia abajo y me libera.


—Lo digo en serio. Nunca jodidamente vuelvas a hacer eso.

—Por supuesto que lo haré de nuevo. No voy a dejar que te metas en problemas.

—Jesús, ¿Estas de juego? —Tan fuertemente agitado como yo nunca lo he visto, se frota la cara y luego se queda mirando tristemente por la ventana, su cuerpo temblando furiosamente —. Eres un cartucho de dinamita, ¿lo sabes?

Me encojo de hombros, y luego asiento un poco, sintiendo tan fuerte como él lo es.

Cuando subimos al ascensor, estamos montándonos solos, pero él está de pie en el lado opuesto a mí.

Está raro. Histérico. Sus ojos mirándolo todo, menos yo. Craquea los nudillos, luego su cuello.

—Está bien —digo, tocándole el hombro con suavidad, y se endurece como si lo quebrara, mirando mi mano sobre su hombro. Retrocedo a mi lado, y miramos dentro de nuestros ojos.


El aire entre nosotros casi retumba como un trueno. Parece que quiere saltar sobre mí y alejarse de mí, todos a la vez. Flexiona sus manos a los costados y suaviza la voz mientras nos dirigimos por el pasillo a nuestras habitaciones, pero todavía suena ronca de emoción.






—Siento que hayas tenido que ver a esos idiotas —murmura. Está visiblemente tratando de calmarse mientras rastrilla una mano por su pelo puntiagudo —. Voy a romper los jodidos huesos de Escorpión y tirare de sus malditos ojos cuando tenga la oportunidad.

Asiento con la cabeza para apaciguarlo, porque creo que realmente esta sediento de hacer violencia con ellos. Pero estoy tan herida, no sé qué voy a hacer sola en mi habitación. No sé dónde poner mis manos, mis pensamientos, toda esta aceleración dentro de mí dando vueltas y vueltas y dirigiéndose a ninguna parte.


—¿Puedo ir a tu cuarto hasta que los chicos vuelvan? —pregunto.

Duda, luego asiente con la cabeza y le sigo a su lado. Nos acomodamos en el sofá de la sala, y enciende el televisor al primer canal que aparece.


—¿Quieres algo de beber?

—No —digo. —. Nunca bebo el día antes de volar o me pongo doblemente deshidratada.

Él asiente con la cabeza y trae dos botellas de agua en el bar.

Se deja caer a mi lado.

Su muslo termina tan cerca que puedo sentir sus cuádriceps. Mi corazón palpita todavía como un loco. Recuerdo la forma en que bailamos, y mi piel se ruboriza caliente de nuevo.


—¿Por qué te metías en problemas cuando eras profesional? —pregunto.

—Una pelea como la que acabo de prevenir.

Se queda mirando a la pantalla, con la mandíbula trabajando, y miro sin poder hacer nada en el juego de luces y sombras en su rostro, hipnotizada.

Extiende su brazo derecho en el sofá detrás de mí con una calma engañosa, pero puedo sentir la tensión que esta emanando de su cuerpo, y de repente siento mi ritmo cardíaco en la estimulante anticipación. Ruidos extraños de la TV se filtran en mi mente, y entonces me doy cuenta de que la pareja se está besando en la televisión. Mi estómago se aprieta. Nunca he visto esta película antes, la música de fondo se enciende, sé que una escena de sexo ardiente se cierne por delante.

Un destello de tormenta pasa a través de su mirada mientras agarra el control remoto y la apaga, entonces lanza el control a un lado y baja la mano a mi nuca. Sus dedos curvados suavemente alrededor de la parte trasera de mi cuello, cálidos y muy fuertes, cuatro dedos que van a un lado de mí, con el pulgar hacia el otro, y luego hace círculos con su pulgar suavemente sobre mi piel mientras se vuelve hacia mí.

—¿Por qué hiciste eso por mí? —Su voz es insoportablemente íntima mientras me mira en las sombras.

—Porque…

Los dos nos estamos mirando con tanta atención como nunca nos miramos, y estoy híper consciente de todos los puntos de contacto de nuestros cuerpos. Su muslo contra el mío. Su mano en mi nuca, apretando suavemente.


—¿Por qué? ¿Alguien te dijo que no puedo cuidar de mí mismo?

—No.

Sus ojos en mis labios y luego a mis ojos, lentamente, cierra los ojos y pone su frente en la mía, y lo único que puedo hacer es respirar como un drogadicto, mis entrañas intoxicadas con sólo un soplo. Nada en mi vida nunca ha olido tan bien para mí como él. Recién duchado. Sudoroso. Sólo él.

Su inhalación profunda llega a mis oídos, y me encuentro a mí misma tocando su boca con la punta de un dedo solitario. Sus labios son tan rollizos y firmes, pero al mismo tiempo, suaves y sedosos. Siento como su lengua sale a lamerme, y un estremecimiento se dispara a través de mi columna vertebral. Gime y tira todo mi dedo en la boca y cierra los ojos mientras succiona.

—Pedro ... —respiro.

—Cariño, ya estoy en casa!

Brincamos apartándonos al sonido de un portazo y la voz sarcástica de Diego.

—Sólo quería asegurarme de que llegaron bien aquí.



Las luces se encienden, y Pedro deja mi dedo como si fuera un arma cargada, se levanta y va a la ventana, está respirando con dificultad, audiblemente fuerte. Tan duro como yo.

Estoy al instante en mis pies. —Será mejor que me vaya.

Diego toma la escena con una cara impasible, y no dijo nada mientras me apresuro a través del cuarto para irme.


—Voy a esperar por ti aquí, Pedro —Diego dice con calma.

Pedro no responde, pero me sigue a mi habitación.

Siento su calor corporal en la espalda mientras deslizo mi llave en la ranura. Oigo su respiración detrás de mí, todavía un poco desigual, contra mi pelo. Yo lo quiero, pero ahora puedo ver más allá de la puerta abierta, a la primera de las camas matrimoniales y los pies de Diane están en ella.

Mis pezones son dos puntos duros empujando en mi sujetador, las bragas empapadas de toda la noche deseándolo desesperadamente. Lo quiero, tan mal, siento un nudo de necesidad y frustración en mi garganta porque no lo puedo tener. ¿Cómo van a cambiar las cosas si no hacemos nada? Es sólo que no puede funcionar. No puede ser. Yo soy su empleada y esto es sólo temporal y una aventura de una noche con él ya no es una opción. ¿Lo es? Me gusta demasiado. Oh, dios. Me gusta. Demasiado. Mucho.

—Buenas noches —susurro, obligándome a mirar su hermoso rostro.

La violenta ternura en sus ojos se filtra en cada poro de mi cuerpo, me agarra y planta un beso en mis labios, rápido y seco, pero se abre de un golpe una gran cantidad de deseo dentro de mí, como lo hizo la primera noche que me beso en Seattle, y susurra —Te ves hermosa. —Dirige su pulgar con desesperación a lo largo de mi mandíbula, y inclina mi cabeza en alto, besando mis labios, seco y rápido de nuevo —. Así de maldita hermosa que no podía quitar mis ojos de ti en toda la noche.

Luego se ha ido y estoy de nuevo en mi habitación, me llamo hermosa, estoy temblando como si estuviera desnuda y sola en medio de un huracán.

Me cubro con todas las mantas de la cama y pongo mi puño contra mis labios, como si eso bloqueara sus besos en ellos.



No sé lo que voy a hacer, pero quiero hacerlo mío más de lo que he querido nada.

Incluso los Juegos Olímpicos.


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CAPITULO 11



Diego me quiere fuera del backstage. Y también lo hacen el Entrenador y Ruben.

—Él tiene que salir de zona, ve a buscar tu asiento, estás distrayendo al infierno fuera de él, —Diego me dice, y aunque él es el que considero más suave entre los hombres en el equipo, realmente suena frustrado hoy. Tal vez porque es su cumpleaños número treinta y dos y él preferiría estar en otro sitio —. Toma este boleto y anda a conocer a las chicas a tu lado. Son buena gente, y están aquí con nosotros. Todos estamos de fiesta más tarde.



Minutos después, descubro las chicas que tanto se parecen a las contendientes de Srta. Universo y al igual que el tipo de mujeres que caminan en bikinis precisamente en este tipo de eventos. Pero sus sonrisas mientras me dirijo hacia ellas son auténticas, y no puedo dejar de notar lo tanto sus miradas rastillar mi pequeña falda negro con la tapa brillante de manga corta con una mirada de aprobación.


—Hola. Soy Friday. Esta es Debbie —la pelirroja que había estado bailando encima de la mesa de café de Pedro sólo recientemente, dice, y luego señala a la rubia como Debbie.



—Hola. Soy Paula.

—¡Oh! Eres la chica que fue a la habitación la otra noche— dijo Friday.

—Yo no fui a ninguna parte— le digo, toda ofendida por el hecho de que sabía que me tenía.


Así que Ruben les dijo ¿Que era yo la que estaba en la puerta?

Qué vergüenza.

Friday se inclina y susurra en mi oído. —Creo que Pedro quiere joderte.

Sintiendo el viento tirar de mí, me ajusto a mí misma en mi asiento y luego la otra chica, Debbie, se inclina a mí también.


—Pedro realmente quiere joderte. Se puso tan duro cuando tú viniste a la habitación y se dirigió a Ruben. Lo sentí cuando estaba en su regazo y él acabo de oír tu voz y zas. Se levantó con toda su fuerza.



— Demasiada información —Digo sacudiendo la cabeza con una risa nerviosa. Estoy completamente roja ahora, luchando con mil y una emociones, a la vez.

—Incluso le ofrecí a cuidar de él — Debbie agrega —. Pero él fue como, simplemente dejo caer, estoy bien, y se salió y nos dijo que hacer a sus amigos, y luego se fue a su habitación. Diego quiere asegurarse de que no vuelva a suceder esta noche.



Miro hacia abajo a mis rodillas y un abrumador sentimiento de posesividad. No sabía siquiera pude experimentar revolotear a través de mí.


— ¿Por qué tiene que conseguir sexo todas las noches?—Les pregunto, incapaz de ocultar mi disgusto.

— ¿Es una broma? Es Pedro. Él acostumbraba a conseguir un montón de el a Diario.



Agito mi mano y me vuelvo a mirar el anillo de vacío, en realidad no quería pensar cuánto de "eso" Pedro está acostumbrado a conseguir, pero una representación visual de su hermoso cuerpo entrelazado con cualquier otra persona hace que mi agarre estómago por lo incómodo, si hubiera comido algo recientemente, estaría en peligro de perderlo.



Diez minutos después, oigo su nombre de trituración a través de los altavoces: —Y ahoooora, señoras y señores, digan holaa al uno, el único, Pedro Alfonsooo, ¡RIPPPPPTIDEEEEEE!



Una corriente de sensaciones se dispara a través de mi cuerpo cuando él viene trotando, y al instante siento el calor líquido que brota en mi ropa interior. Dios, quiero tocarlo, conocerlo.



Se sube al ring, con ese traje brillante que contrasta totalmente con su absoluta masculinidad, y el instante en que se descubre a la multitud, todo el mundo grita. Al igual que mi corazón hace que lo tome como necesito mi dosis. Su pelo esta perfectamente temerario hasta hoy, esos músculos flexionando mientras extiende los brazos y hace su pequeño giro. Y aquí estoy yo, mi aliento atrapado entre mis pulmones y mis labios mientras él se da la vuelta y explora la multitud. Tan pronto como él me ve, sus ojos cobran vida, tan vivo como me siento cuando me sonríe. Tiene la mirada, y juro que me mira de una manera que me hace sentir que soy la única mujer aquí. Cada vez que está en el ring, es totalmente de carácter. Y sus ojos... sólo me llevan. Yo sé que no es cierto. Sé que estoy viendo sólo lo que yo quiero ver.


No puedo dejar de pensar en las relaciones sexuales con las chicas que Diego y Ruben le habían traído, y eso es todo lo que puedo pensar cuando lo veo tomar en su primer oponente, deleitar no sólo a mí, sino a cientos de otras mujeres con el poder y la gracia de su cuerpo perfectamente formado.



Sin aliento, lo veo tomar a su segundo, y el tercero, y me siento como una oleada de orgullo cada vez que la palabra "vencedor" se une a la suya. Trabaja muy duro, entrena muy duro, y ahora sé términos de boxeo y puedo ver exactamente lo que él hace. Veo su uno o dos golpes. Sus golpes. Sus jabs. Sus ganchos. Y de repente él bloquea un golpe de energía diestro con el brazo izquierdo, y luego los pasos dentro, entierra un gancho de izquierda a las costillas de su oponente y él deduce que con un derechazo a la mandíbula, golpea al hombre en su totalidad. Su oponente trata de levantarse pero se desploma hacia abajo, ensangrentado y exhausto.



Los rugidos del público con su nombre se hacen cargo de toda la sala.

—¡RRRRRRIIIIIIPTIDEEEEEEEEEEE!



Dios mío. Él lucha como un verdadero campeón y se merece ser el campeón al final de todo. el Corazón golpeando salvajemente dentro de mí, mira como el maestro de ceremonias se dirige a levantar el brazo, y me esperan en una extraña mezcla de ansiedad y anticipación por el momento que él ha sido declarado vencedor, porque yo sé que en este instante su mirada se moverá a la mía, como lo ha hecho en cada pelea.



—Nuestro vencedor, damas y caballeros. ¡Riptiiiide!

Por el momento esos ojos mieles me buscan en las gradas, mi corazón palpita fuertemente en mis sienes, y mis entrañas burbuja de emoción cuando me descubre. Él se queda mirando fijamente a los ojos, y sus ojos son sólo mío, y su sonrisa es sólo mía, y por esta fracción de un instante, nada más importa, sino nosotros.



Esta noche me falta Melanie. Melanie, quien habría estado gritándole a mi lado, y decirle todo lo que me gustaría decir, pero yo soy tan cobarde para decirlos en voz alta. Pero en mi mente oigo y me gustaría que ella venga a visitarnos para que yo pudiera gritar a él como ella lo hace, y decirle a Pedro Alfonso que está tan jodidamente caliente que no puedo soportarlo.

***



Subimos dentro en el coche una hora más tarde, y ambos Ruben y Diego parece que están viajando en un coche separado con Friday y Debbie, mientras que un chofer del hotel nos conduce a Pedro y a mi en un Lincoln negro. No sé quien arregló esto de tal manera, pero me dijeron que esperará en el coche negro y de repente él se desliza a mi lado en el asiento trasero, y mis puños en el pecho de los nervios y la emoción porque él se ha duchado después de la pelea, y transformado en baba digna de mezclilla negro y una camisa de botones negra con las mangas enrolladas hasta los codos, y el olor de su jabón hace al instante que mis pulmones se sientan doloridos.

El asiento es amplio, pero de alguna manera mientras nos arrastramos hacia el tráfico, me doy cuenta de Pedro se sienta cerca de mí. Demasiado cerca. Puedo sentir la palma de su mano contra la palma de mi mano. Probablemente debería mover la mano, pero no lo hago. Miro por la ventana a la noche, a las luces repartidas por toda la ciudad, ya que nos acercamos al club, pero yo no veo nada en serio. Mi cuerpo se perfeccionó en la parte donde nuestros cuerpos se tocan.



¿Por qué me toca?

Creo que me está observando, midiendo mi reacción, cuando él mueve el pulgar y traza a lo largo de la parte superior de la mía.



Quiero temblar. Para cerrar los ojos. Sólo absorberlo. No puedo olvidar lo que las chicas me dijeron, y la pequeña vela de esperanza que se iluminó para mí está ahora ardiendo como una antorcha dentro de mí. Necesito saber si él me quiere. ¿Me quiere? Se ve tan increíblemente apuesto que mi interior revolotea con renovada intensidad.

— ¿Te ha gustado la pelea?— él me pregunta, con voz grave y áspera mientras estudia mi perfil en las sombras del coche, con los ojos brillando intensamente.



Él siempre me hace esta pregunta después de un evento en el metro. Como si mi opinión es importante para él.

—No. No me gusto — le digo mientras lo enfrento, yo sonrío cuando frunce el ceño. — . ¡Estuviste increíble! ¡Me encantó!



Se ríe, el sonido es rico y masculino, entonces me sorprende cuando me agarra la mano en el agarre cálido y lo levanta. Mi respiración se congela cuando lentamente cepilla los labios a través de los nudillos, y puedo sentir la suavidad regordeta de su boca hasta la deliciosa cicatriz en su labio inferior, que ahora está casi completamente curada. Un pequeño zumbido viaja a través de mis venas mientras sus ojos me tienen atrapada todo el tiempo que me roza. La forma en que mira a través de las pesadas pestañas hace que mis pezones palpiten.



—Bien. —Su murmullo es caliente y húmedo contra mi piel, y cuando baja la mano de nuevo al asiento y poco a poco desenreda los dedos de la mía, tengo que traerla de vuelta a mi regazo y sostenerla con su pareja, sólo porque de repente se siente demasiado vacía.



El club que eligieron esta noche está repleto y lleno fuera con colas de gente, pero el segundo Pedro sale del coche, me arrastra hasta el portero, quien de inmediato nos permite en el interior, donde Ruben y Diego nos esperan en una sala privada en la parte posterior.



—Diego está recibiendo un baile erótico— dice Ruben a Pedro. —¿A ti no te importa tratarlo a uno como regalo de cumpleaños?



A través de la puerta abierta, vemos a una mujer en un bikini brillante plata en dirección a Diego, quien esta sentado en un sofá cerca del final, sonriendo mientras la observa. Estoy tan incómoda.


Creo que acabo de retorcerme, porque de repente Ruben me mira, sus cejas se disparan hacia el nacimiento de su pelo. —¿Tú, tímida al respecto, Paula?— Pregunta, divertido.

Mi corazón se detiene cuando me doy cuenta de que Pedro me está mirando a mí también. Él asoma fijamente a mis ojos, y luego sus gestos de su mirada a mi boca, y luego de nuevo en mis ojos.


Su mano repentinamente envuelve la mía y susurra: —¿Quieres ver?



Niego con la cabeza y él me lleva al bar y a la zona de pista de baile. Hay una cantidad irreal de ruido, y todo el piso de baile palpita con la música y el calor ardiente de cuerpos danzantes.

—¡Oh, me encanta esta canción!— Lloro cuando veo a Debbie saltando en el medio del escenario, me alcanza a ver y viene para trasladarme hacia la pista de baile.



—Pedro—Friday lo aplasta entre la multitud, al mismo tiempo que Debbie chilla y tira de mí apretándome a su cuerpo, entonces ella agarra mis caderas y comienza a moler en un sexy movimiento de chica. Me río y doy vuelta, con los brazos en el aire mientras que el " Scream” de Usher llena la habitación con la música, y luego veo a Pedro a sólo unos metros de distancia, que se eleva entre la multitud.

No está bailando. De hecho, ni siquiera se está moviendo.

Él me mira, con una sonrisa en su lugar, los ojos brillantes, y de repente me agarra y me golpea contra su cuerpo, esquivando a mi cuello. Él cepilla mi pelo a un lado y presiona su cuerpo en mi espalda, respirándome, puedo sentir su profunda inhalación. Mi estómago se aprieta en la respuesta, y siento una parte de su boca en mi nuca. Él roza mi piel con sus dientes, y luego su lengua sale a lamerme.



Mi cuerpo se electrifica. Llegando arriba y detrás de mí, yo agarro su cabeza y presiono abajo como yo sigo sus caderas, la gente bailando a nuestro alrededor, la construcción de calor en la habitación. Sus manos agarran mis caderas, apretando mientras me empuja con más fuerza contra su frente, mis nalgas tocan lo duro que es. Él quiere que yo sienta lo mucho que me quiere. Su lengua se arrastra hasta el cuello en la parte posterior de la oreja. Un escalofrío me recorre cuando ensancha una mano en mi estómago y me vuelve hacia él.



Nuestros ojos se encuentran. Los latidos de música dentro de mí, el deseo por él, envuelvo mis brazos alrededor de él y empujo mi cuerpo al suyo, inclinando mi cabeza hacia arriba a su boca.

Necesito saber su gusto. La sensación de él. No durmió con esas putas. Su erección ese día había sido mía. No ha mirado a una mujer en toda la noche. No en la pelea, no aquí. No ha tenido ojos para nadie, excepto yo.



Y yo no tengo ojos para nadie, nada.


Este hombre es impresionante, precioso, quien me pone canciones en su ipod, corre y entrena conmigo y pone hielo en mi lesión. Los ojos mieles vidriosos de lujuria mira fijamente a mis ojos, a mi boca.


Me toma la cara con una mano y me respira de nuevo, con los ojos cerrados deriva mientras acaricia mi cara con la suya. — ¿Sabes lo que estás pidiendo?— Me pregunta en una escofina ronca, respiración agitada y rápida —. ¿Quieres , Paula?

No puedo contestar, y él agarra mi culo y lanzándome a él, poniendo su boca casi, casi, en la mía. Me está volviendo loca. Demente. Quiero tenerlo. Deslizo mis dedos por su pecho.



—Sí.

Mi corazón late en mis oídos mientras me empujo en las puntas de los pies, atrayendo su cabeza hacia abajo, cuando alguien tropieza conmigo por detrás y me tropiezo hacia delante. Pedro me agarra con un brazo y me agarra protectoramente a su lado.

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lunes, 23 de diciembre de 2013

CAPITULO 10



Pedro rápidamente me agarra del brazo y me endereza, con sus cejas formando un ceño fruncido.



─ ¿Qué se supone que fue eso?

Yo gruño ─ Se suponía que tenías que caerte.

Él solo me mira, su cara en blanco por un momento. ─ ¿Me estás bromeando, cierto?

─ ¡He hecho caer hombres mucho más pesados que tú!

─ Un maldito árbol se derriba más pronto que Pedro, Paula ─ grita Ruben.

─ Bueno, puedo ver eso ─ me quejo, y pongo mis manos alrededor de mi boca para gritar ─ . ¡Gracias por el aviso, Ruben!

Maldiciendo entre dientes, Pedro toma mi brazo mientras me conduce, saltando, hasta la esquina, donde se despliega en una silla y, ya que solo hay una, me arrastra hacia abajo encima de él para que pueda revisar mi tobillo.



─ Jodiste tu tobillo ¿Cierto? ─ Pregunta, y es la primera vez que lo escucho sonar tan… molesto conmigo.

─ Parece que erróneamente envié todo mi peso al tobillo ─ admití a regañadientes.

─ ¿Por qué me pegaste? ¿Estás enojada conmigo?

Ceñí ─ ¿Por qué lo estaría?

Sus ojos se fijaron en los míos, se veía aterradoramente solemne y definitivamente molesto.



─ Tú dime.

Agachando mi cabeza, miro hacia mi tobillo y me niego a derramar mis tripas sobre nadie que no sea Melanie.

─ Hey, ¿Podemos conseguir un poco de agua por aquí? ─ Dice en voz alta, una nota aguda de frustración en sus palabras. Ruben trae un Gatorade y una botella de agua y las coloca en el suelo junto a mis pies.

─ Estamos terminando ─ nos dice, y luego en tono preocupado, me pregunta ─ . ¿Estás bien, Paula?

─ Perfecta. Llámame mañana de nuevo. No puedo esperar para volver al ring contra este tipo.

Ruben se ríe, pero Pedro no le da ni una simple vista.

Su pecho está empapado en sudor y su cabeza se agacha mientras me inspecciona el tobillo, sus pulgares haciendo presión alrededor del hueso.



─ ¿Te duele, Paula?

Creo que está preocupado. La repentina suavidad con la que habla hace que me duela la garganta, y no sé por qué. Como cuando caes, y no te duele, pero llorar porque te sientes humillada. Pero yo ya me he caído mucho peor en frente del mundo, y deseé no haber llorado tan fuertemente como lo hice así como deseo no haberme caído en frente del hombre más fuerte del mundo.

Frunciendo el ceño en su lugar, trato de inspeccionar mi tobillo, pero él no mueve su mano, y de pronto varios de nuestros dedos rodean mi tobillo, y todo lo que yo puedo sentir son sus pulgares en mi piel.

─ Pesas una tonelada ─ me quejé, como si fuera su culpa de que yo sea una idiota. ─. Si pesaras un poco menos te habría tumbado. Incluso he tumbado a mi instructor.

Él levanta la vista, frunciendo el ceño. ─ ¿Qué puedo decir?

─ ¿Qué lo sientes? ¿Para no perder mi orgullo?

Sacude su cabeza, aun evidentemente molesto, sonrío con ironía y me agacho para tomar el Gatorade, desenroscando la tapa.

Sus ojos caen en mis labios mientras me tomo un sorbo, y puedo sentir, de repente, algo inconfundible entre sus piernas debajo de mi trasero. A medida que el líquido frio corre por mi garganta, hace que el resto de mi cuerpo se ponga febrilmente cálido y cada vez más caliente.

─ ¿Me puedes dar un poco? ─ Su voz extrañamente ronca mientras señala mi bebida.

Cuando asiento, agarra la botella en su gran mano y la inclina hacia su boca, y mis hormonas se descargan de una sola vez a la vista de sus labios en contra del pico de la botella.

Exactamente en el lugar en donde yo había tomado.

Su garganta trabaja mientras el traga, luego él baja la botella, sus labios ahora húmedos, y cuando sus manos me dan el Gatorade de vuelta, nuestros dedos se rozan. Mis venas se disparan como un rayo. Y estoy fascinada en la forma en que sus pupilas se oscurecen, y la forma en que me está mirando sin burla en sus ojos. Cuando intento esconder mi nerviosismo automáticamente tomando otro trago, me mira muy intensamente, sus labios sin sonreír. Perfectamente rosados. El corte de su labio aún está sanando. El que quiero lamer.



Una cinta de anhelo se despliega en lo más profundo de mí. Y duele. Estoy en su regazo, y me doy cuenta de que su poderoso brazo está alrededor de mi cintura, nunca he estado tan cerca. Lo suficientemente cerca para tocarlo, besarlo, envolver mi cuerpo alrededor del suyo. De repente me estoy muriendo y volando. Solo no puedo pretender que esto no es la gran cosa. Lo quiero. Lo quiero tan mal que no puedo pensar correctamente. Es un problema. Un gran problema.

Nunca me había sentido así.

Sé que es una locura, y nunca pasará, no puede pasar nunca, pero no puedo evitarlo. Él es como mis Olimpiadas, algo que nunca voy a tener, pero que no puedo evitar anhelarlo con todo mi ser. Y absolutamente detesto el pensamiento de que sus brazos han estado alrededor de una, tal vez dos, mujeres menos de veinticuatro horas antes, cuando yo quería que fuera yo.

Agitada de nuevo por el recuerdo, trato de ponerme de pie, con cuidado, y él toma mi Gatorade y lo deja a un lado mientras tomas dos toallas de una cesta y envuelve una alrededor de su cuello, y luego envuelve otra alrededor del mío, todo el tiempo sosteniéndome por la cintura.



─ Te ayudaré para que puedas ir a ponerle hielo a eso.

Me baja del ring como si no peso más que una nube, y luego tengo que apoyarme en él, mi brazo alrededor de su estrecha cintura mientras salimos.

─ Estoy bien ─ seguía diciéndole.

─ Deja de discutir ─ dijo.

En el ascensor, me mantiene cerca de su lado y la cabeza agachada hacia mí, y puedo sentir su respiración cerca de mí. Estoy dolorosamente consciente de lo grande que es, en comparación a mí, y de sus cinco dedos extendidos alrededor de mi cintura, y del momento exacto en el que baja su nariz y baja a la parte posterior de mi oreja. Me hace cosquillas cuando él exhala, y está tan cerca, sus labios cepillarían la parte de atrás de mi oreja si el hablara. Oigo su profunda inhalación, de repente, y mis órganos sexuales palpitan con fuerza, duele querer darme la vuelta hacia él y enterrar mi nariz en su piel, inhalando todo el aire que pueda dentro de mis pulmones. Pero por supuesto no hago eso.

Él me acompaña a mi habitación, y mi cuerpo está en tal estado, que mi cerebro no puede ni siquiera llegar a un tema de conversación para eliminar el tenso silencio que nos acompaña.

─ Hey, hombre, ¿Listo para la pelea? ─ Un uniformado miembro del personal del hotel, que parece ser un fan, le pregunta desde el otro lado del pasillo.

Pedro pone sus pulgares hacia arriba con una sonrisa con hoyuelos, antes de volverse, apretando su mandíbula en el pelo que está detrás de mi oreja.



─ Llave ─ dice en un susurro gutural que me pone la piel de gallina. Desliza la llave y me lleva adentro.

Diane no está aquí, y sé que probablemente está haciendo la súper lujosa cena de él. Él me deja en el borde de la segunda cama matrimonial, por lo que supongo que se da cuenta de que es la mía ya que Diane tiene una foto de sus dos hijos frente a la primera cama, él agarra la hielera.


─ Te conseguiré hielo.

─ Está bien, Pedro, yo lo haré más tarde…

La puerta se cierra antes de que pueda terminar la frase, y exhalo mientras me agacho para palpar mi tobillo evaluando el daño que he causado.

Él deja la cerradura abierta por lo que no tiene que tocar, y me tenso cuando regresa y cierra la puerta. Abre la llave del baño, y luego está de vuelta, luciendo enorme e impotente dentro de mi habitación de hotel mientras se deja caer la hielera en la alfombra.

Se arrodilla a mis pies, y ante la vista de su poderoso cuerpo y su cabeza inclinándose hacia abajo mientras me atiende, una oleada de deseo se ondea a través de mi con mucha fuerza, miró hacia el hielo y quiero meter mi cabeza en la cubeta.

El quita mi zapato de tenis y luego el calcetín, luego toma mi pierna con delicadeza y mete mi pie dentro.



─ Cuando arreglemos esto te enseñaré como derribarme ─ susurra. Cuando no puedo responder y estoy completamente deshecha por su toque, él levanta la vista y sus ojos son a la vez tiernos e íntimos ─ . ¿Frío?

Aunque el resto de mí esta todo excepto frío, mis pies comienzan a congelarse mientras el agua los envuelve. ─ Si.

Mientras él hunde mi pie más profundo, mi cuerpo entero se tensa con la frigidez, y él se detiene a mitad de camino. ─ ¿Más agua?

Sacudo mi cabeza y meto mi pie más rápido el resto del camino, pensando, sin dolor no hay ganancia. Mis pulmones se ponen rígidos cuando mi cuerpo absorbe el frío. ─ Oh, mierda.

Se da cuenta de mi mueca y tira de mi pie, luego me sorprende, aplastando mis pies helados contra su estómago para calentarme. Sus abdominales se aprietan bajo mis pies, y sus ojos tienen en los míos un enganche tan fuerte que me ahogo.

Voltaje surge a través de mí. Su cálida mano se curva alrededor de mi empeine, sujetando mis pies contra su estómago con tanta fuerza que se siente como si él quisiera que estuvieran ahí. Deseaba que mis manos fueran mis pies, sintiendo esos abdominales parecidos a una tabla de lavar bajo mis dedos. Cada abolladura perfectamente presionada contra el arco y dedos de mi pie, el entumecimiento me ha abandonado por completo.

─ No sabía que dieras pedicuras, Pedro ─ digo, y no entiendo por qué sueno sin aliento.

─ Solo un fetiche que tengo.

Me lanza una sonrisa perezosa que claramente me dice que él está bromeando, luego el mete su mano libre en la cubeta y saca un solo cubito de hielo. Lo pone ligeramente en mi tobillo y lo arrastra sobre la carne tierna, con cuidado viendo lo que hace. Mi reacción es rápida y violenta, mi cuerpo aprovechando con un completo y total conocimiento de él.

Mi ritmo cardíaco de repente ruge en mi cabeza. Dios, este hombre es más táctil que yo. Luego, como si quisiera confirmar mis pensamientos, la mano que sostiene mi pie en su estómago se desplaza ligeramente, rozando su pulgar a lo largo del arco de mi pie, mientras que el cubo de hielo fresco sigue siendo frotado contra mi piel. Un hormigueo comienza en el centro de mi estómago, y me temo que en cuestión de minutos, se hará cargo de mi cuerpo.

Mi voz tiembla igual que el resto de mi cuerpo. ─ ¿Haces manicuras también?

El levanta la vista hacia mí, y mi corazón se voltea por el efecto que tienen sus ojos mieles en mí.

─ Déjame terminar con tu pie primero, luego me encargaré del resto de ti.

Mi estómago se aprieta cuando termina la frase con otra sonrisa, esta es bastante lenta. Cada músculo de mi sexo empieza ondear mientras el hielo continua avivando un suave fuego dentro de mis entrañas.

Estoy fascinada mientras él observa el hielo sobre mi cremosa piel blanca, el silencio cargado con electricidad. Si tener más remedio arrastro mis pies un poco sobre su estómago, sintiendo la sensación de sus músculos debajo de mí. Él mira hacia arriba, y la intensidad penetrante de sus ojos me atrae hasta que me quedo sin aliento y ahogándome.

─ ¿Te sientes mejor? ─ Murmura, alzando sus cejas, y no puedo creer como su voz me afecta, como su toque me afecta, su olor, como otro ser humano puede tener tanto poder sobre mí. No puedo dejarlo.

No.
Puedo.
Dejarlo.

Me recuerdo a mi misma que cuando se quiere a un hombre, tú controlas lo que le das. Estás en control de lo que le dejas tomar. Pero no puedo bloquear las imágenes de él y yo juntos. De mi rasgando su ropa y apretándome contra él. Imágenes de sus labios en los míos, de nosotros cayendo imprudentemente en la cama, latiendo a través de mí. El me hace sentir de dieciocho años. Virginal y sin sentido. Solo pensando en chicos… excepto que él solo me hace pensar en uno. Y él es muy masculino. Muy hombre. Pero un poco juguetón como un niño.

Un gran chico malo que se divertía con sus putitas en su mesa de café la noche anterior…

El repentino y brutal recordatorio me enfría como un chapuzón en las aguas frías de Alaska.



─ Me siento perfecta ahora. Gracias ─ digo, mi voz fría como el hielo que se derrite mientras trato librar mi pie de su agarre.

Estoy a punto de liberarme con éxito de él cuando la puerta se abre con un ruido de desbloqueo, y Diane entra.



─ Aquí estás. Debo alimentarte ahora para que puedas recargarte para mañana.

Mirándome confundido sobre el cambio en mí, Pedro frunce el ceño mientras lanza el hielo descongelándose a la cubeta y pone mi pie de vuelta en la alfombra mientras él se levanta.



─ Lo siento por tu tobillo ─ me dice, suavemente, mientras se endereza, con su expresión confusa y casi vulnerable. ─ . No te preocupes si no puedes asistir a la pelea.

─ No. No fue tu culpa. Estaré bien ─ me apresuro a decir.

─ Le pediré a Diego que te de unas muletas.

─ Estaré bien. Eso me pasa por estar metiéndome con árboles.

Se detiene en la entrada y luego echa un vistazo a mí en el borde de la cama, su rostro ilegible.

─ Buena suerte, Pedro ─ digo.

Él me mira fijamente, luego a Diane, y luego rastrilla una mano por su pelo, y se va, luciendo de alguna manera… agitado.

Diane mira hacia mí con completo desconcierto. ─ ¿He venido en un mal momento?

─ No ─ Sacudo mi cabeza. ─ . Llegaste justo a tiempo, antes de que hiciera el ridículo.

No es que tratar de derrumbar a un hombre de su altura hubiese sido un movimiento muy inteligente para comenzar.


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Hola Hola!! espero que les guste!! 

si quieren... el miércoles estoy dispuesta a subir 3 capítulos! solo si COMENTAN! SINO NO! quieren??

Gracias!♥