viernes, 28 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 26



Su aroma gira a mí alrededor y me desarma por completo. Quiero golpear su pecho y decirle que me deje ir, porque aún estoy un poco enojada, pero mis dedos se han conectado en la parte posterior de su fuerte cuello en mi miedo a caer, y estoy inmovilizada en su abrazo,absorbiendo la sensación de sus brazos alrededor de mí. Bueno. Alarmantemente bueno. Sus abultados bíceps prensando mis costados, con los gruesos antebrazos relucientes con una capa de sudor, como el resto de él. El resto del hermoso, exasperante y complicado él.



—Diviértete, Paula —dice Melanie con un brillo en sus ojos cuando se estira para palmear mi hombro, susurrando en mi oído—: Amiga, nunca antes en mi vida he visto ese brillo en los ojos de un hombre, va a follarte tanto.



En los vestuarios, Ruben me saluda con una sonrisa, más allá de emocionada en su rostro. —¡Hola, Paula! Desde que Pedro te tiene apretada, ¿supongo que eres Paula? —Dice mientras le entrega a Pedro un pequeño bolso de lona.



Pedro asiente y le susurra algo, entonces me lleva afuera y llama a un taxi y en vez de llevarme a casa, bruscamente le dice al conductor el nombre de un hotel a dos cuadras de distancia. Está deshidratado, y abre la cremallera de su bolso de lona, saca una bebida electrolítica y empieza a tomarla mientras usa su brazo libre para arrastrarme a su regazo.



Su agarre se estrecha alrededor de mi cintura cuando trato de moverme de mi lugar y mi corazón martillea locamente en mi pecho cuando mete el agua nuevamente dentro de su bolso. Agacha la cabeza y toma la más profunda, larga inhalación de mí que jamás haya tomado. La lujuria hace espirales atravesándome. Todavía estoy un poco enojada, pero entre mis muslos, mi clítoris pulsa hasta el punto de doler. Agarra mi rostro, lo gira, y muerde el lóbulo de mi oreja, respirando con dificultad, completamente excitado debajo de mi trasero, como si me deseara. Como si me deseara desesperadamente.



—Dios —dice con voz ronca en mi oído, sus brazos apretados a mi alrededor mientras folla con su lengua mi oreja. Un temblor de necesidad corre por mi cuerpo y me hace contener un gemido. Estoy dividida entre golpearlo y besarlo porque me está matando. Mis bragas están empapadas, mis pechos duelen, mi corazón duele, cada parte de mí duele mientras mete la lengua en mi oído, fuera del pabellón, detrás de él, con la misma desesperación que siento.

Cuando llegamos al hotel, me estoy guisando en mi propia ira y al mismo tiempo hirviendo con la lujuria por la forma en que Pedro se ha trabajado a sí mismo en una loca excitación en la parte trasera del taxi. Frotando las manos sobre mí, lamiéndome y mordisqueándome. Olfateándome como si estuviera hambriento en busca de aire.



Recoge la llave en la recepción y luego estamos montando en el ascensor, y digo: —Bájame —con una gruesa voz alienígena.



—Lo haré pronto —murmura de regreso, sus ojos llameando de calor cuando me mira.



Incluso con esos ojos mieles viéndome en el vestido menos sexy del universo, con el peor maquillaje posible, con el horrible lápiz labial rojo de prostituta, el deseo primordial en su mirada corre a través de mí como pequeños relámpagos de placer.



Me siento como un volcán a fuego lento, la sangre hirviendo en mis venas en una abrumadora mezcla de ira y excitación. Pero odio la forma en que la excitación está ganando rápidamente mientras su aroma sigue llegando a mis pulmones. Mi lengua duele en mi boca. Quiero lamer su garganta y tomar esa sexy boca con la mía y hacer que me demuestre que todavía me desea y me ama.



Mi corazón golpea ferozmente en mis costillas mientras desliza la llave en la ranura y me lleva al interior, en dirección al final del pasillo, donde el dormitorio principal usualmente está. Me baja a los pies de la cama.



—No sé si debería besarte o golpearte. —Mi voz tiembla de emoción.



Entonces me siento revitalizada y golpeo mi puño en su duro pectoral y empujo su pecho para que se vaya. Agarro su hermoso rostro y aplasto su sexy boca a la mía. Su sabor vibra a través de mí como un disparo de éxtasis hasta que airadamente me alejo de un tirón y golpeó su pecho duro como pared de nuevo.



—¡Tus canciones me hicieron llorar! ¡Extrañaba tu voz, tus manos! Soy una tonta estúpida embarazada suspirando por ti, y quieres que me quede como una buena esposita del siglo V, esperándote mientras estás ahí fuera mojando las malditas bragas de cada mujer. No voy a hacerlo. Me niego a ser esa chica, ¿me oyes?



—Sí, te escucho. —Se inclina y desliza sus dedos para acunar la parte de atrás de mi cabeza, y luego su ronca voz, engrosada de deseo baila por mi piel—. Ahora ven aquí y bésame otra vez... —Me acerca y golpeó su pecho más débilmente, gimiendo en señal de protesta.



—¿Tocaste a alguien? —Reclamo, tratando de voltear libre.



Aprieta su agarre en mi nuca y fija su hambrienta mirada en mis labios. —No.



—Entonces, ¿por qué no quieres verme? ¡No te entiendo!



Sus ojos destellan con frustración. —No tienes que entenderme, sólo ámame como el infierno. ¿Puedes hacer eso? ¿Puedes? —Su pulgar se arrastra con sensual aspereza a través de mi labio inferior—. ¿Lo harás?



No puedo responder. Mientras mira fijamente a mi boca con una mirada deliciosamente carnívora, estoy bebiéndome la sombreada mandíbula, los ojos mieles, el pelo en punta, sus altos pómulos y mandíbula cuadrada, las diagonales de sus cejas, cada centímetro de su hermoso rostro, tan dolorosamente cerca que todos los órganos dentro de mi cuerpo comienza a palpitar. Me oigo susurrar.



—¿Todavía me amas?



—Tienes que estar bromeando —dice.



Gimo cuando sus dedos acarician la parte de atrás de mi cuello, el toque revolviendo mi cerebro. Me embriaga con su cercanía, me emborracha con el olor de su sudor, su jabón, de él. Cada vez que está cerca, eleva mis sentidos, y estoy tan emocional, todas esas horas extrañándolo, todas estas extrañas hormonas, mi voz tiembla cuando hablo.



—¿Todavía me amas como antes?



—¡Estoy jodidamente loco por ti! —Exclama con incredulidad.



Cierro los ojos y gimo en voz baja, aferrándome ferozmente a las palabras.



—Te dije que te amaba con cada pétalo de cada rosa —me dice en un bajo y ronco susurro. Luego roza la yema del pulgar sobre mi boca de nuevo, más rudamente esta vez, con más necesidad, mientras su aterciopelada y fuerte voz, envía una onda de calor a través de mí.

—En el instituto uno de mis doctoras recibió una rosa. Me dijo que era de su esposo, porque la amaba y estaba lejos. ¿No es eso lo que envías cuando no estás allí para decirle a alguien que jodidamente lo amas? Paula, nunca he hecho esto antes, pero jodidamente duele verte a través de una maldita pantalla. Duele enviarte mensajes. Duele como ningún maldito golpe duele.



Extiende los dedos abiertos en mi nuca como si necesitara tocar tanto de mí como sea posible, con los ojos brillando con tal grado de ferocidad, que sólo hace a mi corazón golpear más duro.



—¿¡No oíste las canciones!? Todas eran para ti, Paula. ¿No sabías que pensaba en ti? ¿Qué te extrañaba demasiado? Si no te he mostrado que te amo, ¡entonces dime de qué jodida manera lo hago!



—¡Quería que me quisieras en la pelea! Como siempre lo haces. Siempre me has querido allí antes. ¿Por qué ya no? ¿Por qué no has venido a verme antes?



—¡Dios, te quiero allí como no quiero nada! ¿Crees que disfruto un segundo de este infierno? Si hubiera ido a verte antes de la pelea, ¿crees que tendría la voluntad de dejarte? ¿Cómo puedes pensar que esto es fácil para mí, Paula? ¿Cómo?



La vívida frustración en sus ojos me corta tan profundamente que dejo caer la cabeza, porque, no, no creo que sea fácil para él en lo absoluto.



—¿Crees que me necesitas, pequeño petardo? —La brusca pregunta recorre todo el camino a través de mí, y tengo que presionar mis muslos juntos para evitar temblar—. Nena, la manera en que me necesitas apenas puede cubrir la mitad de lo que yo te necesito—La inesperada tristeza en su voz tira mi mirada hacia él—. Mi juego es la mitad de lo que solía ser. No me puedo concentrar. No puedo dormir. No puedo meterme en el juego. Soy como un robot por ahí. Siento un agujero justo aquí, justo jodidamente aquí—Pone su puño sobre el pecho—. Estoy tratando de proteger a mi chica. Tres médicos, tres, dijeron que tenía que estar en cama durante los tres primeros meses, sin viajes. No puedo verla, no puedo hacerle el amor, estoy tratando de hacer lo correcto cuando mi estómago grita que DEBE estar CONMIGO. —Entorna los ojos, exhalando bruscamente por la nariz—. Cada segundo que tú y yo respiramos, perteneces conmigo.








—Pedro, lo siento. Esto también me está volviendo loca. —Me tapo la cara y trato de respirar a través de mi constreñida garganta, pero agarra mis muñecas y obliga mis brazos a mis lados, sujetando mi mirada con la suya, sus ojos intensamente mieles.




—Te amo tanto —Envuelve mi cara en sus dos grandes y hermosas manos callosas—. Tan jodidamente tanto, Paula, aún no sé qué hacer conmigo mismo —dice, y besa el puente de mi nariz con una ligera respiración temblorosa—. Echo de menos todo de ti, de tu forma de sonreír a la manera en que me miras, a la forma en que la cama huele cuando estás conmigo. Te amo como no amo nada en mi vida, nada. Esto me come por dentro como una enfermedad, quiero ir a buscarte y traerte conmigo.



Empiezo estremecer el final de la cama, todas mis emociones, mis hormonas en ebullición, todas mis células, todo mi ser, zumbando con sus palabras. Mi cuerpo entero vibra con amor, lujuria y la agonía física de estar negada de mi dosis de Pedro por semanas. Temblando, extiendo la mano y amorosamente trazo tres dedos por la dura línea de su mandíbula. —Esto —le digo, las palabras brotan de mis labios—, es lo que veo en mi dormitorio. Esta cara. Esta cara es todo lo que veo, todo lo que veo, Pedro.



—Maldita sea, sácate esta mierda y déjame ver a mi Paula.



Agarra mi peluca y la tira a un lado, entonces sostiene mi mirada mientras nuestras sonrisas se desvanecen. El aire entre nosotros pulsa y salta como si nuestra necesidad fuese un ser vivo, respirando esto entre nosotros.



—¿Por qué querría alguien cubrir este cabello? —En silencio, quita la red de la parte superior de mi cabeza, y el bajo sonido susurrado es todo lo que se oye en la habitación.



Lentos dedos deliciosamente expertos profundizan en mi moño y trabajan para aflojar mi cabello, y el contacto de sus dedos contra mi cuero cabelludo envía estremecimientos por mi espina dorsal.



Para cuando libera las hebras caoba para que caigan en mis hombros, mis muslos se han disuelto en un charco junto con el resto de mí. Una fina capa de sudor que cubre su gruesa garganta y sus pectorales brillan, también. Su torso es tan fuerte y tan sólido que parece tan impenetrable como un muro de acero, como si nunca nada puede hacerle daño. Su musculoso brazo se abulta mientras pasa las manos por mi pelo, y estoy tan desenmarañada como mi moño.



Cuando hablo, mi voz está tan ronca como nunca la he oído. —Se suponía que era una fan vieja.



—Mía —dice en un susurro que es mucho más profundo y más áspero que el mío.

—¿Qué?



—Mi dulce… desobediente... favorita pequeña fan.



Ser llamada suya de nuevo...

Un sonido se me escapa, y me escucha. Relámpagos de calor corren a mi sexo a medida que recorre lentamente una mano debajo de mi vestido. Claros y tiernos ojos mieles me miran mientras sus dedos rozan más arriba en el interior de mi muslo, y mi corazón galopa a toda velocidad.



Mira a mi boca, y oh Dios, estoy inundada de necesidad. Se agacha primero para probar mi boca, abriéndola, lápiz labial y todo mientras, debajo de mi vestido, su dedo se desliza sobre la tela de mis bragas. Su lengua se desliza sobre la mía, y cuando me pone de espaldas en la cama, tiemblo al abrir mi boca y gemir suavemente.



Se siente bien, bien, tan bien...



Se burla al borde de la entrepierna de mis bragas, luego las aparta a un lado y su dedo me acaricia directamente. Una tormenta de deseo hace estragos en mí cuando lo beso suavemente. Sabe como él, y también a mi Oops! lápiz labial, y estoy muriendo mientras me guía a abrirme con el dedo y luego aquí viene su lengua. Caliente y húmeda, yendo alrededor de la mía, entonces engatusándome para que lo siga y beba de su boca mientras lentamente mueve el dedo medio dentro de mí. Mi cuerpo se arquea al suyo.



Susurra en mi boca. —Si puedes venir a mi pelea, puedes venir a mis brazos.



Mi respiración sale mientras arrastra su dedo dentro de mi vagina. Siento apretarme a su alrededor, mi cuerpo codicia tener algo suyo dentro de mí. Añade su pulgar para burlar a mi clítoris, y cuando lo bordea de nuevo para mirar mi cara mientras juega con la parte más húmeda, más caliente de mi cuerpo, su boca está manchada con mi lápiz de labios, su mandíbula está apretada con el deseo, sus ojos mieles brillantes, su hermoso rostro mirando hacia mí, y Dios, te juro que se ve tan sexy como si alguna otra mujer lo hubiera besado. Estoy celosa de mí misma y de mi lápiz de labios mientras muevo mis piernas y sacudo mi cabeza.



—Pedro...



Gime y me da otro beso, esta vez más rápido y fuerte, con un pellizco de sus dientes, antes de retroceder y retirar el dedo.





Sin ninguna prisa en absoluto, tira todos y cada uno de los botones de mi vestido floreado. Cada célula de mi cuerpo está frenética mientras me siento y le ayudo a desabotonar los inferiores mientras el desabotona la parte superior.



—Rápido, oh, Dios, tócame —suspiro.



—Shh —canturrea a medida que abre el vestido por el centro, apartando la tela a un lado para poder verme en mi ropa interior de algodón blanco. Mis pezones se asoman a través de la tela del sostén y mis bragas están mojadas, y no creí que incluso fuera posible para sus ojos ponerse más oscuros o más hambrientos de lo que ya estaban.



—Dios, podría comerte.



Antes de darme cuenta, encuentra el cierre central de mi sostén con sus pulgares, y mientras lo empuja a un lado y frota los dedos alrededor de mis aureolas, mordisquea su camino a lo largo de mi boca, labio inferior, labio superior, hasta que agacha la cabeza y toma un pezón en su boca.



Oooh, escucho. Y soy yo. Haciendo todos esos ruidos. Ondulado contra él.

Frota la punta de la lengua sobre la punta de mi pezón y ondas de placer se disparan a través de mí. Desliza su mano de vuelta a mis bragas, y conduzco mis dedos a su cabello. Parece tan hambriento, y estoy muy sedienta, al instante en que su dedo medio se desliza dentro de mí, estoy tan hinchada, tan húmeda, tan desesperada, sintiendo su boca chupando mi pecho como si estuviera muerto de hambre por mí, que me empiezo a venir.



Mis dedos agarran su cabello en un puño, y hago un sonido de ooooooh al tiempo que mi cabeza cae hacia atrás mientras mis músculos comienzan a contraerse y relajarse, contraerse y relajarse, y mueve su dedo lentamente, alargando el placer para mí, y chupa mi pecho con más fuerza, desatando un torrente tras otro de placer en mí.



—Oh dios —Lloro y me alzo para aferrarme a él y girar mi cara en su cuello, donde paso mi lengua por su deliciosa, tensa piel, bebiéndolo desesperadamente—. Oh Dios, me muero porque me hagas tuya. Para sentirte. A Ti. Dentro de mí.



Me mira mientras recupero el aliento, el brillo posesivo en sus ojos excitándome. —No he terminado contigo —me dice tiernamente, haciéndome lamer su húmedo dedo—. Voy a follar tu boca con la mía, tu coño con mis dedos, con la lengua, con cualquier parte de mí que pueda. Y vas a besar mi polla como si no hubiera mañana.



—Quiero besar tu polla ahora.



—Ahora no. —Se aleja y tira de su ropa de boxeo hasta que es todo piel bronceada, músculos, tatuajes, y... mis ojos sobresalen cuando lo veo llevar su enorme y hermosa erección a la ducha y poner a funcionar la bañera. Viene a por mí, y mis ojos queman a la vista de su hermosa polla de pie, tan cerca del tatuaje de la estrella por encima de ella.



Quiero besar esa parte como quiero besar el resto de él. No. No sólo quiero besar. Quiero lamer. Chupar. Disfrutar. Y reclamarlo, mío, por siempre jamás.






Antes de que pueda agarrarlo y jugar con él como jugó conmigo, toma mi brazo, me levanta, y luego me acompaña a la enorme bañera de hidromasaje. Redonda y de color hueso, que se encuentra en el centro de la habitación y, mientras cierra las perillas, me apoyo en uno de sus brazos y sumerjo los pies en el agua, y luego espero a que me siga. Da un paso detrás de mí y nos baja en el agua caliente, encendiendo los motores del hidromasaje mientras nos acomodamos profundo.


GRACIAS POR LEER!! ♥


jueves, 27 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 25



—Siempre he querido vestir como una chica mayor desde que vi a la señora Doubtfire —dice Melanie mientras se saca la peluca que ordenamos por Internet.



—Mel, no bajaré en esta silla de ruedas ¿dime otra vez que nada saldrá mal?



—Amiga, tú pediste permiso de tu doctor. Estará bien. Pedro ni siquiera sabe que irás. ¡Somos jóvenes, Paula! ¿Hola? YOLO!!. Solo se vive una vez —resopla resueltamente y va a probarse su floreado vestido de “mujer-mayor”.



—Pero le dije al doctor que estaría visitando a mi novio en su lugar —le recuerdo.



—Ese es su lugar. El ring es la guarida de Riptide. Además, no hay que subestimar el poder de la felicidad. Las personas sanan mejor cuando están en los brazos de las personas que aman. Al bebé le encantará, ¿no es así, pequeño bebé adorable? —arrulla estúpidamente mi estómago.



Reprimiendo una sonrisa, la empujo lejos, pero ella tiene razón, estoy bastante segura de que al bebé le gustará. Ya me siento fortalecida, y realmente no creo que el bebé haya estado teniendo diversión conmigo en este lamentable estado. Estoy enamorada de un hombre complicado, que me hace sentir sentimientos complicados. He corrido sobre mi cabeza miles de veces, y no le daré un culo de rata si él no me quiere allí. Iré a ver a mi hombre. Punto.



—¿Qué piensas? —preguntó a Melanie mientras ajusta mi peluca rubia hasta los hombros.



—Impresionante. Luces barata. Ahora, déjame pintarte —frota maquillaje en mí mientras la perspectiva de verlo hace mi corazón saltar entusiasmado dentro de mi caja torácica.



—Mel, mis poros se están ahogando.



—¡Tut-tut! ¡Silencio! Ahora yo.



Me miro a mi misma en el espejo mientras ella hace su propia cara. —Bien, me veo como una prostituta. Ellos nos van a preguntar cuanto cobramos.



—Tenemos que hacer que no luzcas como tú.



—¡Pero tú aun luces caliente! Eres una abuela ardiente ¿por qué yo no puedo serlo?



—Porque yo soy la única que todavía puede caminar, y tú eres la única que está en una silla. —Me empuja más cerca del espejo y nos miramos a nosotras mismas en nuestros vestidos floreados. Mel añadió un pequeño suéter de cachemira y una flor a su peluca blanca-y-gris, mientras que mi peluca tiene un cintillo negro Alicia en el país de las maravillas manteniendo el pelo en su lugar.

Luzco completamente diferente a mí, y si le agrego las grandes gafas que tenemos, podría lucir doblemente incluso menos como yo, pero son tan grandes e inquietantes para llevar, que las meto en el bolsillo del vestido mientras nos dirigimos al elevador.



—No quiero distraerlo, ¿de acuerdo? Pedro no puede ver que estoy allí. Podría enojarse. Ni siquiera sé lo que puede hacer, él es demasiado impredecible. Y nosotros nunca hemos peleado sin romper antes, Mel.



—Mi querida gallina, a juzgar por las rosas que te envió, él quiere recompensarte. ¡Y no te preocupes! Te traeré de vuelta aquí en un instante y mientras tanto ¡te vamos a sacar de está maldita habitación! Whoo-hoo.



***



Treinta minutos después descubrimos que el Underground no es un amistoso lugar para discapacitados. Nos enteramos de esto cuando Mel trato de sacarme del taxi, luego sobre la silla, luego en el club nocturno, en el ascensor, y dentro del Underground. Está jadeando y resoplando y diciéndome que ella ya no se ve tan genial . —Gracias a ti, chica embarazada.



Estaría riendo de lo ridícula que luce tratando de conseguir que la gente nos deje pasar, pero cuando entramos a la arena llena de gente, se siente un poco como volver a casa, y la mezcla de alegría y frustración por no ser invitada chocan en mí en un complicado y pequeño combo.



Aquí es donde lo conocí. Donde perdí mi corazón en un suspiro. Donde él jodió mi nombre. Donde él besó mis labios. Donde cautivó el ring, antes de cautivarme.



Después de miles de “Disculpe, perdón, pasando”, Melanie finalmente me lleva a nuestros asientos. Tuve que comprar las entradas con mi propia tarjeta y gasté, así que nos dieron asientos de primera fila, no exactamente en el centro. Son buenos y seré capaz de devorar cada pulgada de mi Riptide de cerca. ¿Él no está ansioso por hablarme? ¿No está ansioso de verme? Estoy muriendo por un simple vistazo.



—Recuerda mirar la parte de una mujer mayor, Mel —susurro mientras los primeros luchadores de la tarde comienzan golpeando la cara del otro.








—Esa mujer continúa siguiéndonos —dice Melanie preocupada y señala detrás de nosotros, pero no puedo girar—. Ella es como un travesti. Un poco escalofriante.




Exploro el área por Diego y lo veo, junto a él, en el asiento que normalmente ocupo, está mi hermana Delfina, sonriendo y coqueteando con él.



—Wow, ¿Delfina consiguió que Diego le diera un boleto? —dice Melanie.



No sé porque, pero al ver a alguien, cualquiera, incluso mi hermana, en mi asiento, provoca miles de serpientes de celos despertando en mí, y estoy enojada de nuevo. No enojada. Furiosa otra vez con Pedro por decirme que no podía venir aquí. Bastardo.



De repente, el ring está desocupado y creo ver a Ruben comenzando a caminar para tomar su lugar en una esquina, y mi pulso se dispara.



—La última vez que él vino a esta arena, nos dio un récord de knockout y … —la voz a través de los altavoces estalla, la mujer grita y mi corazón solo se calienta mientras recuerdo la manera en la que él vino a mí después—. Tú sabes de quien estoy hablando. El HOMBRE por el que estás AQUÍ para VER. Di hola al inconfundible, al único, Pedro Alfonso, ¡¡¡¡¡su Riiiptiiiiide!!!!!

Melanie mantiene la respiración y luego murmura.



—Oh maldita sea, lo veo.

Mi pulso se dispara hasta el techo mientras me esfuerzo para el ver el destello de rojo, trotando hacia al ring, pero no puedo ver nada desde esta estúpida silla.



—¡No puedo verlo! —Y Dios. Odio a todo quien lo puede ver por mí.



—Amiga, ¡él está viniendo hacia el ring! Algunas chicas están cubriéndolo, pero él está empujando a través. Él es un Dios, Paula. Oh Dios mío…



Y entonces lo veo al fin, y mi corazón literalmente se detiene y mi estómago inmediatamente se contrae por la emoción. Lo amo lo odio lo amo.



Entra en mi línea de visión, un destello de rojo, y se balancea dentro del ring, tan flexible y musculoso, tan pulcro y ágil. Las luces brillan sobre él mientras se deshace de su túnica roja, y de repente está ahí. Tan masculino y fuerte. La fantasía de cada mujer.



Nunca olvidaré la manera como luce en su traje de boxeo, cada músculo de su torso rasgado duro y cortado, bronceado y brillante. No olvidaré la forma en que sonríe para su público. Estoy. Muriendo. Él luce asombroso. Perfecto. Irradiando masculinidad y vitalidad. Como si hubiera estado en una maldita playa y yo he estado en el infierno. Incluso se siente como si todas las luces se apresuraran para besar su cuerpo. Sus brazos duros extendidos, músculos tensos mientras empieza lentamente a dar la vuelta. La arena casi tiembla bajo mis ruedas, los gritos son ensordecedores.



—¡Jódelos, Riptide! —la gente grita detrás de mí.



—¡Y luego jódeme!



Sus hoyuelos parpadean para ellos, sus ojos brillan para ellos. Se ve tan descaradamente feliz que quiero golpearlo. De hecho, quiero subir allí y aplastar mi boca contra la de él mientras lo golpeo.



—Paula, me siento como una mala amiga teniendo lujuria sobre tu hombre, pero dime que me entiendes! —dice Mel ansiosamente.



Gimo en disgusto para mí misma, he sido abandonada, y aquí estoy, persiguiéndolo como una fan. Deseándolo porque él es mío.

MÍO.



—Y ahora, daaaamas y caballeros, demos la bienvenida a la Madre de todos los monstruos, Hector Hex, ¡Herculeeeeeees! —El anunciador grita y Melanie murmura—: Mieeerda.



El momento en que la Madre de todos los Monstruos toma el ring, juro que casi veo el suelo ceder con su peso. Nunca he visto esto antes, el luce incluso más grande que Butcher, y el nudo en mi estómago se aprieta diez veces. El nuevo luchador luce como una especie de Paul Bunyan gigante.



—¿De qué galaxia viene ese pedazo de carne? —pregunta Melanie, tan perturbada como yo lo estoy.



Pedro golpea sus guantes de boxeo con él, luego se retira y flexiona los músculos del brazo, veo los tatuajes entre sus hombros y amplios bíceps. Y todo mi cuerpo murmulla en recuerdo de como él se siente.



Ping.



Van al centro. Mi corazón martillea dentro de mí mientras la Madre de todos los Monstruos golpea a Pedro en las costillas, y Pedro vuelve con un golpe triple que es tan rápido y potente, que hace retroceder al chico tres pasos.



—Paula, oh Dios Mío —dice Melanie—. ¡Oh. Dios. Mío!








El gigante regresa con un movimiento que golpea a Pedro directamente en el intestino. Escucho el sonido del golpe y de la mueca de dolor, pero de repente oigo los sonidos de la forma que Pedro golpea de vuelta. ¡PAM PAM POOM! El gigante cae sobre su trasero. Pedro rodea el ring mientras espera que él se levante, sinuoso, agraciado, mi poderoso león de ojos mieles.




Todo mi cuerpo recuerda la manera en la que el león se mueve sobre mí. En mí. La manera en que sus caderas empujan con perfecta precisión. La manera en que sus manos se deslizan sobre mí. Apretándome. Fastidiándome. La manera en que su lengua raspa contra mí, degustándome, lamiéndome.



El monstruo se levanta lentamente y sacude su cabeza, como si estuviera confundido, y antes de que él pueda dar otro golpe, Pedro lo engancha con la derecha y lo golpea haciéndolo retroceder, aterrizando sobre su espalda.



Melanie salta y grita.



—¡¡Sí!! ¡Sí! ¡PEDRO, TU ERES EL REY DE LA MALDITA JUNGLA! —grita ella. Y se vuelve con esa sonrisa, y me congelo cuando nos descubre. Sonríe con indulgencia a nosotras, sus fans, mirando en nuestra dirección, cuando de repente su postura cambia y su cuerpo parece reanudar, sus hoyuelos están todavía en su lugar, pero sus ojos se estrechan ligeramente mientras nos examina, como un depredador en modo de caza.



—¡Creo que él nos reconoció, idiota! —siseo entre dientes, tirando de la falda de Mel para que volviera a sentarse.



Pero él no está mirando a Mel. Oh, no. Pedro está mirándome. Sus pies separados, su pecho se eleva y de repente sus ojos son láseres sobre mí. Sobre mí y solo en mí.



Sus ojos mieles clavados en mí, curioso y preguntado, y de repente estoy terriblemente consiente de todo lo que estoy llevando. El delineador alrededor de mis ojos, el ridículo lápiz labial rojo, la gruesa capa de maquillaje… ruego, silenciosa y fervorosamente, que esto sea suficiente para esconderme de él.



Expulso un suspiro cuando sus ojos se deslizan a mi derecha, a Melanie, y ella ajusta su peluca y respira. —Me cago en la maldita barra.



Y si yo pensaba que era libre y clara, completamente, completamente, lo subestimé.



Me mira nuevamente, y luego, sacude su cabeza.

Mi corazón se aprieta tan fuerte que creo que mi pecho tendrá algún daño interno permanente.



Arrastra una mano por su pelo e inquietantemente pasea alrededor por un momento; luego levanta la cabeza otra vez y cuando sus ojos queman en mí y niega con la cabeza de nuevo, esta vez con un pequeño destello de sus hermosos hoyuelos, creo que me vengo.



Electricidad pasa a través de mí mientras sus ojos se oscurecen con calor, sus labios se curvan sensualmente, lleno de ese masculino conocimiento de que yo, al contrario de lo que cualquiera de sus fans dicen, soy su fan número uno.



Él sabe exactamente quién soy. Puedo ver castigadora diversión en sus ojos y casi puedo oírle decir…

Tu pequeña mierda, se quién eres.

Te veo. ¡Jodidamente te veo!



Quiero arrancar este estúpido traje, y correr hacia él y escalarlo como un árbol. Coger esa dura mandíbula en mis manos y besar su boca y ahogarlo con mis besos y todo el amor que tengo por él y me ha estado ahogando por semanas.

Enrosca sus dedos a sus costados cuando otro luchador es anunciado, y mientras él toma el ring, Pedro sigue mirándome, abriendo y cerrando sus puños, y el calor en su mirada, puedo sentirla quemando cada parte de mí, hasta los dedos de mis pies.

La campana suena y Pedro guiña hacia mí, un guiño que hace rugir a la multitud.



Melanie chilla y aprieta mi mano. —¡Dime de nuevo lo mucho que él no te quiere, tu cabeza dura! —Ella se señala a sí misma. —¡Está chica aquí es caliente en tu maldito favor! ¡Oh Dios Mío! ¡Estás completamente en su cabeza!



Casi me quejo cuando la pelea comienza.



Pedro luce fortalecido. Golpea al nuevo luchador repetidamente, golpeando, enganchando, agachándose, y volviéndose a mí entre golpes, solo para ver que estoy mirando.



Lo estoy.

Lo veo.

Lo siento.

Lo quiero.



Lo amo jodidamente más que a nada o nadie en este mundo.

El hombre no tiene oportunidad contra él, y lo veo con absoluta y completa fascinación.



Todas estas semanas, con todas estas hormonas, extrañándolo como loca, queriéndolo como una loca, amándolo como una loca… y esta tan cerca como no lo he tenido en semanas, y estoy muriendo por él tan mal, estoy agarrando la silla con tanta fuerza que mis nudillos están blancos. Lo quiero dentro de mí como quiero mi próxima respiración. En este momento todo lo que puedo pensar—todo lo que puedo pensar es que él es mío, y yo suya, que no voy a dejar que se vaya, que haré que él vuelva a quererme si alguna vez deja de hacerlo y que nunca habrá un momento en mi vida en que lo deje ir.



Con cada victoria, su nombre es llamado, su brazo es elevado, la multitud ruge y esos ojos mieles me encuentran en mi ridículo traje y su mandíbula y cuerpo se tensan, como si él no pudiera soportar verme sin tocar. Todo mi cuerpo responde y tiemblo en mi asiento con la forma en la que me mira. Puedo lucir horrible, pero él aún me quiere. Lujuria arde en sus ojos, y la promesa de que él me va a tomar baila en sus ojos. Mi corazón palpita. Lo recuerdo.



Recuerdo su piel, sus callos cepillando sobre mí. Su respiración. Veo su cuerpo arriba en la pantalla, reluciente de sudor, cada corte y rasgada pulgada perfecta, y casi puedo saborearlo, sentirlo deslizarse contra mí.



Durante toda la noche soy una masa de felicidad, excitación, nervios y temblante, abrumadora necesidad.



—Mel, no quiero que él venga a verme en este disfraz —le digo, por primera vez lamentando mis opciones de ropa. Luzco fea, puta, sucia y ridícula, y esto no es como yo quería que Pedro me viera esta noche.



—Muy bien, vayamos a casa y haz que él venga a ti —murmura.



Ella comienza a empujarme y de repente escucho la voz estar estallar a través de los altavoces.



—¡KNOCKOUT! ¡Sí, señoras y señores! El vencedor de esta noche, una vez más, ¡Riptide! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Riiiptiiiiiiide!!!!!!!!



Su nombre hace eco a mí alrededor mientras el público canta. —¡Riptide! Riptide!



—Por supuesto que harías exactamente lo contrario a lo que te pedí —una gutural, insanamente profunda y sexy voz susurra detrás de mí; entonces veo un musculoso torso moverse delante de mí, y soy levantada dentro de un par de brazos deliciosamente sudados.



Pedro se vuelve a Melanie en lugar de a mí, y le oigo decir, casi gruñendo. —Estoy cuidando de esta bola de fuego. Ruben puede darte un paseo a casa.


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GRACIAS POR LEER!! ♥


miércoles, 26 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 24



Cuando dormí por primera vez con Pedro, solía tenderme y acurrucarme a su lado, sin saber que estaba haciendo en su iPad. Hasta que un día eché a un lado mis ganas de dormir y decidí investigar.



—¿Qué estás haciendo? —dije entonces, enderezándome para echar un vistazo.



Deja la Apple a un lado y me arrastra hasta su regazo, luego me ajusta entre sus muslos y agarra nuevamente su iPad, susurrando en mi oído mientras me muestra la pantalla.



—Pateando el trasero del iPad.



—¿Qué es eso?



—Ajedrez.



Me recuesto contra él con sus fuertes brazos extendidos a mis costados.



—¿Estas ganando? Claro que sí —me respondo a mí misma.



Miro a la pantalla, a las piezas blancas y negras, y él explica cada pieza y como se mueven, los peones siendo los más básicos. Continuamos el juego y lo que estoy disfrutando es observar a su cerebro trabajar mientras mueve sus piezas, y escuchar su respiración en mi oído. Y como de vez en cuando, mordisquea el lóbulo de mi oído y me da un beso en él.



Me dice que escoja que pieza mover cuando es su turno, decido ir por la artillería pesada.



Ríe ligeramente. —No quieres mover a nuestra reina.



—¿Por qué no? Parece la pieza más versátil y poderosa.



Golpea la reina y la regresa a su lugar. —La reina se queda con el rey. —Besa mi sien.



—¿Por qué? —argumento.



—Para protegerlo.



—¿De qué? —Giro mi rostro y miro sus risueños ojos mieles, el deja su iPad a un lado y acuna mi rostro, sonriendo, como si yo debiera saber por qué la reina protege al rey.



Entonces me besa, y solo jugar ajedrez con él se siente como si he aprendido algo nuevo suyo. Que también amo. Justo como el resto.



Dios. Él es un tesoro viviente que respira, y está dejándome descubrirlo, y todo lo que quiero es perderme en la compleja oscuridad divina y llevarlo a la luz.



Ahora está a kilómetros y kilómetros de distancia, volando hacia Chicago, pero he descubierto que si me conecto en las noches, puedo jugar al ajedrez con él y dejarlo acabar conmigo. Y puedo escribir pequeños comentarios en la pantalla, como ¡Voy a ganarte ahora! Solo responde con un movimiento que toma uno de mis peones. Y yo hago un Oops! movimiento y sigo—: ¡Eres hombre muerto! ¡Tú rey y tu reina! ¡Pero voy a hacer a tú rey mirar mientras asesino a su mujer!



Escribe. Nadie toca a mí mujer.

Sigo. ¿Y tú?



Ahora estás entendiendo la idea.



Y río, y entonces me llama y nos olvidamos del juego, y me pierdo en su voz y en las cosas que me dice.



Para la segunda semana, he visitado a mi ginecólogo y soy capaz de escuchar el latido del bebé. Melanie graba el acontecimiento en su teléfono y me lo envía, y yo se lo envió a Pedro, y me responde con un ¿?



Marco su número y escucho su grave voz. Siempre suena un poco impaciente, como si preferiría hacer cualquiera cosa a hablar en un maldito teléfono, respondiéndome con un áspero —Sí —le digo—: Ese es el latido del bebé.



Ambos nos callamos por un momento. Entonces, dice—: Déjame colgar y así puedo escucharlo. Te llamaré en cinco.



Río y espero impacientemente…



Para la segunda semana y media, Delfina ha estado pasándose menos y menos. Está enojada de alguna manera conmigo sobre algo, o tal vez ¿Yo estoy enojada con ella? No estoy segura. Pero incluso Melanie pregunta que sucede con ella y algunas veces yo me pregunto si está gruñona a causa de Diego, porque continúa preguntándome sobre las peleas, sobre nuestros horarios y sobre el Underground.



Para este momento, he reproducido la mayoría de las canciones de Pedro. Mis favoritas son la de Nickelback Far Away y la de 3 Doors Down Here Without You—las que escucho una y otra vez en la noche.



Melanie ahora está tuteándose con el florista. Tengo flores rojas cada día. Cada día. Ella recibe una llamada de Ruben en la mañana y una en la tarde, pidiendo un reporte completo para Paula. ¿Si me gustaron las flores? ¿Si estoy bien? He estado enviando un mensaje todos los días —de acuerdo, en realidad más de uno— y Pedro siempre me responde después de entrenar.

He visto cientos de películas y hecho compras por Internet hasta que renuncio y he estado viendo a mis padres. Las cosas podrían estar tensas con ellos, pero mejoran cada vez que vienen de visita. Al menos ahora parecen aceptarlo y casi se emocionan por el bebé.



Para la tercera semana, he leído toda la biblia para embarazadas Qué Esperar Cuando Estás Esperando y he aprendido que el ardor en el estómago que estoy sintiendo es normal. ¿La depresión? ¿La ira? ¿Los cambios de humor? Normal. En los foros de internet, we90r64mama y 4uwtforever lo llaman “drama de mama-embazarada”. He reído hasta morir con sus anécdotas de sentirse posesivas con el padre de sus bebés y hacer mil y una cosas locas como revisar sus facturas, y sus tarjetas de créditos y espiar.

Realmente pienso que he estado haciéndolo bien con el drama de mama-embarazada, hasta el inicio de la cuarta semana, cuando el reposo en cama me comienza a sacar de quicio, trato de mantener mi mente ocupada, sino a mí misma, pero extraño correr, extraño el sol, extraño las peleas y lo extraño a él.



A media noche tuve insomnio —¡normal!— y le escribí un gran y detallado mensaje de texto, que había estado lloviendo en Seattle y que encontré una canción que quería poner para él. ¿Has escuchado alguna vez Between the Raindrops de Lifehouse? Oh, ¿Y has ido a correr? Extraño correr —es tan frustrante mirar todas esas cuatro paredes… Luego le digo que planeé obtener permiso de mi ginecólogo así podría ir y ver su pelea cuando venga a Seattle la próxima semana. La única respuesta que conseguí a todas mis preguntas fue lo único que escribió—: No Underground para ti todavía. Quédate en casa.








De todas las cosas que lo imaginé diciendo, nunca, jamás imaginé que Pedro diría esto. Y por consiguiente el “drama de mama-embazarada” comenzó cuando todas las palabras de mi hermana regresaron para obsesionarme, con respecto a él siendo un Dios del sexo del Underground… y repentinamente el “drama de mama-embazarada” empeoró mientras imaginaba a las zorras dándole placer mientras estaba solo, sin mí. ¿Quién está dándole todo ese sexo que ese primitivo hombre necesita? Parece que todas mis hormonas del embarazo están trabajando al máximo, no solo ayudándome a sostener a este bebé, también están esforzándose en enloquecerme en mi cabeza.




Me obligo a escribirle—: ¿Por qué? ¿Por qué no me quieres en el Underground?



No me respondió y todos mis miedos se propagaron incluso más salvajemente, mientras realmente preguntaba: ¿Por qué?

¿No quieres verme?



El respondió: Solo quédate jodidamente en casa y espera por mí.



¿Así que no estaba ansioso de verme después de todo?



¿Me quieres en casa? ¿De modo que todas tus admiradoras puedan gritarte y verte y no yo? ¡Jódete!



Añadí el emoticono rojo echando humo después, de modo que sabría que me había hecho enojar, luego arrojé el teléfono a un lado y me consumí en mi propia ira hasta que quise explotar. ¿Quedarme en casa? Casa es donde él está. Hijo de puta.

Esa mañana mis flores se duplicaron en cantidad.



Cuando Ruben habló con Melanie esta mañana, le dijo que me dijera que Pedro esperaba que me gustaran sus flores, y que quería que le enviara el enlace de la canción que le dije el día de ayer por mensaje.



Ja. Lo siento, pero no tengo ganas de enviarle una mierda.

Nuestro bebé está bien, estoy tan emocionada porque la crema parece estar funcionando. La migraña se ha detenido completamente, ¿Pero mis hormonas? Están furiosas. Yo estoy muriendo. Por verlo. Lo he defendido a él, a mí, y a nuestro bebé ante mis padres diariamente, diciéndoles que no he sido desechada o usada, que me ha traído aquí para ser apoyada y cuidada, pero escucharlo decir que no me quiere en el Underground apesta.



Todo el misterio que he estado tratando de mantener a raya está atacándome en todos los lugares ahora. Estoy enojada con él y no quiero tener razones para estar enojada con él, pero Dios, no puedo evitarlo. Estar con reposo en cama, no tienes nada que hacer menos que dejar a tu cabeza imaginar mil y una historia de lo que está sucediendo ahí afuera —en el mundo, sin ti— y ninguna de esas historias son agradables.



—Deja de enviar reportes, Melanie —digo con aire sombrío en la tarde.



—¿Por qué? Ruben pregunta y Pedro me pide que le envíe informes diarios antes de que acabe el día. Quiere saber cómo estás.



—Deja de mandarles informes detallados, punto.



Parece ser completamente incapaz de contener su risa en su voz.



—Oye, ¡tú también los quieres! Tus ojos saltan de tu cabeza cuando estoy escuchando la otra línea como si quisieras oídos supersónicos para escuchar. He escuchado que llamaste a Diego y le preguntaste como está.



Suspiro y froto mi sien. —Solo estoy preocupada por él.



He llamado a Diego para preguntarle si todo estaba bien y dijo que sí. Como un verdadero hombre, no fue muy hablador al teléfono excepto para decir que estaban ahí si necesitaba algo y que Pedro está entrenando sin parar. Pregunté si era rápido y dijo que todos estaban concentrados en mantenerlo bajo control, y para relajarme, que estaba intentando fuertemente permanecer miel.

¿Qué quería decir eso?

Diego me llamó un detonante una vez y la idea de que Pedro podría querer evitarme para permanecer miel me carcome como ácido.



Mel observa mi rostro desolado y sacude su cabeza con una sonrisa, como si no pudiera creer que haya sido reducida a esto.



—Te están saliendo arrugas mientras hablamos; deja el ceño fruncido ya —dice ligeramente mientras trae un tazón de palomitas orgánicas hechas en casa, para comerlas mientras vemos otra película—. Cariño, el Underground viene aquí en una semana —¡deberías estar rebosando de alegría!



—No podré ir. Pedro no me quiere malditamente ahí.



Tomando una respiración profunda. Trato de tranquilizarme mientras me pregunto ¿Qué es lo que Paula haría antes del embarazo?



—Porque vendrá a verte después de la pelea. Ruben me dijo que tu hombre planea dormir aquí contigo durante las tres noches que se quedaran.



Cubro mi rostro. —Eso me hace sentir incluso peor. ¿Por qué vendrá justo a tiempo para la pelea y no antes, para verme?



Melanie se encoje.



—¿Qué tal si Delfina está bien y él no me quiere más? —continuo.



Chilla con carcajadas ahora. —De acuerdo, primero que todo Delfina es una Cabeza de queso con pequeños hoyos en su cabeza, y ha estado perdida todos estos días cuando prometió que vendría a cuidarte y en su lugar está Dios sabe dónde. Está feliz en algún lugar, y tú estás en otro lugar, porque esas son definitivamente las hormonas hablando aquí.

—No puedo creer que no me quiera ahí. Creo que alguien le robó su teléfono y me escribió. Tal vez un perra estúpida.



—Paula, claramente está protegiéndote a ti y al bebé. —Melanie rueda sus ojos en mi dirección mientras busca en mi Apple TV algo que rentar.



Los monstruos en mi cabeza prevalecen sobre sus palabras. El bebé esta mejor. Si mi doctor me da la luz verde, ¿por qué no me querría el allí? ¿Ni siquiera me extraña?



—Simplemente no entiendo —me quejo, agarrando una de las misma estúpidas revistas que he leído miles de veces y la arrojo contra la pared.



Melanie deja caer el control remoto y viene para acariciar mi cabello. —Como dicen, los hombres son de marte. Y tú, querida, estás embarazada aquí. Has estado estresada por casi perder al bebé, estresada por perder a tu chico, estresada porque tu mamá y tu papá no te dan apoyo y Delfina no está siendo de ayuda en lo absoluto. Has estado atrapada conmigo, una chiflada, en las mismas cuatro paredes, por tres semanas sin ni siquiera sentir la luz del sol. Demonios, por eso es que todos los que han aparecido en Big Brother se volvieron locos, y al menos ellos tenían una piscina.



La empujo juguetonamente y río.



Pero horas después, estoy mirando la pared de la sala de estar, recreando escenarios en donde Pedro no me quiere. Pedro viendo a alguien más del modo que le gusta. Pedro dándose cuenta de que un bebé —como lo ha demostrado hasta ahora— es un poco más problemático de lo que un hombre como el querría. Me estoy torturando y mi mente ha conseguido tal impulso que no puedo ni siquiera detenerla.



—Estás distante. ¿Dónde estás? ¿Con Pedro?





—Debería estar luchando justo ahora.




Justo ahora, cientos de personas van a verlo. Cientos de mujeres están gritando su nombre, deseándolo. Justo ahora esos ojos mieles tendrán que mirar a algo o alguien más cuando escaneen la audiencia y yo no esté ahí. E incluso cuando esté aquí, en mi ciudad, no me quiere allí y yo ni siquiera sé que hacer.



—¿No lo transmiten en vivo en algún sitio del bajo mundo? Ven aquí ¡Seguro que sí! —Me lleva hasta mi habitación, abre mi laptop y comienza a buscar en Google. Mi interior salta mientras me pregunto si lo transmiten. Chilla cuando encuentra un enlace hace clic en el volumen—. Está ahí. ¡Ven aquí! Espera, no es él —¿Crees que ya le tocó?



Escaneo los comentarios. Lo mencionan, pero los comentaristas parecen estar preguntando cuando saldrá. Mi corazón se encoje por querer estar ahí y luego Mel agarra rápidamente mi mano cuando el presentador usa su voz de suspenso—: Estoy escuchando un nombre salir de la multitud. Sigue llegando. ¿Pueden escucharlo también? —Se cubre un oído y la multitud grita al unísono: —¡RIPTIDE!



Las mariposas revolotean en mi estómago cuando dice—: ¡Tienen razón! ¡Tienen RAZON! ¡Damas y caballeros¡ Ahora den la bienvenida, invicto esta temporada, con una puntuación perfecta, a ese chico malo maravilloso, el único, Pedro Alfonso, ¡¡¡Riiiiiiiiiiptide!!!



Mi estómago se agita mientras sale, y los rugidos de la multitud en el fondo a medida que la cámara se centran en el ring. Y luego se sube a al ring, ágil y aerodinámico, como él lo hace. Sale de su túnica de satén que anuncia RIPTIDE y los gritos de las mujeres casi rompen los altavoces de mi laptop. A lo lejos, veo un cartel que dice POR SIEMPRE DE RIPTIDE en el aire.

Fascinadas, Mel y yo lo vemos a hacer su turno. Está sonriendo, absorbiendo la atención. Entonces veo que se detiene donde siempre lo hace y automáticamente ve mi asiento vacío, y luego su sonrisa se tambalea. Hace una pausa por un momento, luego cruje su cuello y va devuelta hacia Ruben y se aparta de la multitud.



—Aww. Creo que él también te extraña. Él nunca va a su esquina de esa manera. —Melanie suspira— ¿Paula? ¿Paula?



Estoy llorando en una almohada.



—Paula y, ¿qué sucede?



—No lo sé.



—Paula, ¿qué ocurre? ¿Es algo malo?



Aprieto la almohada sofá apretado y luego limpie mis ojos.



—¡Ugh! Ha llovido más centímetros en mi apartamento de lo que lo ha hecho en todo Seattle —me quejo .Entonces me pongo de pie y me alejo. Voy a la cocina, tomo una servilleta, y estoy limpiando mis lágrimas cuando escucho el grito del público cuando un gran ¡golpe seco! es escuchado. Me apresuro de vuelta y echo un vistazo en la pantalla, y un hombre está desplomado en la lona, boca abajo, Pedro está parado delante de él, con los pies separados, el pecho agitado, con los brazos a su lado. Como un dios conquistador de la guerra. Al que deseo con cada molécula de mi cuerpo dolorido. Él que puede tener a cualquier mujer en el mundo y tal vez ya no me quiere más, y no puedo comprender la forma en que mi corazón se romperá si voy a vivir el resto de mi vida sin él.



—¡Riptide! ¡Señoras y señores! Su vencedor, invicto esta temporada, ¡liderando el campeonato en el primer lugar! RRRRRIP - TIIIIIDE!





Mi corazón se hincha en mi pecho, y palpita, agarro la computadora y la giro hacia mí, veo que su brazo está arriba mientras recupera el aliento. No está sonriendo esta noche. Está sombrío y jadeando, mirando a un punto en la multitud como si estuviera perdido en sus pensamientos.



—Te amo tanto… No sé lo que voy a hacer, pero voy a hacer que me ames de esta manera también —susurro, acariciando su rostro en la pantalla.



—¡Tú vas a ser papá , Pedro! —chilla Melanie—. ¡La mamá de tu bebé te ama tanto!



Pedro gira su cabeza hacia el director del ring y, con un asentimiento, el presentador llama a alguien más. Mi estómago se retuerce cuando me doy cuenta de que va a seguir peleando.



***



Melanie contesta el teléfono y me olvido de decirle que no lo haga.



—¡Ruben! Qué… oh, ella está bien. ¿En serio? Bueno no, de hecho, no está llevándolo bien tampoco. —Cierro mis ojos y miro a mi teléfono mientras comienzan a hablar sobre como de mal estamos—. Sí, sí, le dije que vendrá. ¿Justo después del pelea? Genial, estará feliz.



Cuelga. —Pedro acaba de terminar la pelea y quiera saber si estabas bien, y Ruben quería saber cómo lo estabas llevando porque Pedro no lo está haciendo muy bien. Quiere que sepas que estarán pronto en la ciudad.



La frustración de estar postrada en la cama es enorme, pero esta frustración añadida de querer verlo solo me descompone. No puedo soportar pensar que estará aquí en Seattle peleando y que no podré verlo pelear. Repentinamente agarro mi teléfono inalámbrico y comienzo a marcar.



—¿Qué estás haciendo? ¿A quién estas llamado? —me pregunta Mel.



—¿Dr. Trudy por favor? Paula Chaves —digo, luego cubro la bocina—. Melanie, no me importa si él no quiere verme. Yo quiero verlo y VOY a verlo, punto.



—¿De qué demonios estás hablando?




—Necesitas llevarme al Underground.


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UH A PAU LE PEGO FUERTE EL EMBARAZO JAJA!
IRA A DONDE ESTA PEDRO? COMO IRA? 

GRACIAS POR LEER!! ♥


SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 23



Me siento allí, dándole vueltas a todo. Entonces me levanto, bloqueo la puerta, me desvisto, y me cepillo el pelo, ajustándolo hasta que se suelte, porque necesito sentirme guapa y necesito a Pedro. Santo Dios, cómo lo necesito. Sólo quiero que hoy suceda algo bueno y quiero que piense que estoy bien y segura, como él quería que estuviera.



Le envío un mensaje diciéndole que bajé Skype para su iPad antes del vuelo y que le dejé su nombre de usuario y contraseña en un post-it. Luego abro mi portátil, inicio sesión y espero. Parece que me quede dormida con el teléfono junto a mí, cuando me despierto más tarde, veo Pedro Alfonso: 11 llamadas perdidas.



—¡Oh, no!— Marco y suena, pero no contesta. Marco y marco, luego, gruño y lo empujo a un lado, tirando de las sábanas hasta el cuello, de repente tengo frío.



Me estoy durmiendo otra vez cuando escucho un pequeño zumbido. Veo su nombre parpadeando, y mi corazón salta y hago clic en responder, las sábanas cayendo a mi cintura. —¿Estás ahí? —Pregunto.



Ajusto la pantalla de mi ordenador portátil mientras las mariposas estallan dentro de mí. — ¡Hey. No puedo verte! Mueve tu…



—Esta es la cosa más estúpida que he hecho en mi vida. —dice.



—No vas a pensar eso cuando me veas. — Me atrevo.



Entonces lo veo. Apoyado contra la cabecera. . . con el torso desnudo y, supongo, recientemente bañado. . . y mi respiración es historia al ver su rostro dolorosamente juvenil. La habitación del hotel está totalmente iluminada detrás de él, y mis ojos se estrechan con sospecha.



—No vas a dormir, ¿verdad?— Le pregunto.



Él me contempla y yo lo contemplo de nuevo, arrastrando mi mirada sobre su pecho bronceado, a lo largo de su musculoso brazo, el Gatorade azul medio lleno en su mano. La vista de todos esos músculos, los tatuajes celtas, sus pectorales, su garganta… dios, esos tendones gruesos de su garganta, donde arropo mi nariz en la noche, hace cosquillear todo mi cuerpo con el recuerdo de cómo se siente, huele y luce.



Un lazo de necesidad se despliega dolorosamente dentro de mí, y se extiende por todo mí ser, hasta que se me ocurre sólo esta necesidad: besarlo y sostenerlo, tocarlo y acariciarlo, oler su cuello, su pelo, sentir su aliento en mí y cada pequeño callo suyo.

Entonces me doy cuenta de que todavía me mira, la parte de arriba de mi cuerpo totalmente desnuda, y estoy instantáneamente húmeda cuando veo esa territorial mirada de eres-mía.



—¿Se supone que esto me hace sentir bien? —Pregunta con voz ronca, mirando mis pechos—. Es jodidamente una tortura mirarte detrás de una pantalla.



—Pedro. . . —Digo.



Sus cejas se fruncen sobre sus ojos. —No te quiero por tu cuenta. ¿Hay alguien ahí contigo?



—Delfina estaba aquí, y creo que Mel está fuera con ella. — Lo dejo en eso, porque en este momento, no quiero decirle nada de mis padres hasta que todo se haya calmado. Él fue rechazado por sus propios padres y juro que cualquier cosa que tenga que hacer, no va a ser rechazado por la mía—No te preocupes, no estoy sola. —Le aseguro.



Él asiente, pasando sus dedos por el pelo en señal de frustración. Luego, deja caer su cara y frota la pantalla con las dos manos. Levanta su cabeza y entrecierra sus ojos. —Quiero tocarte. Estoy a punto de tomar un bocado de esta maldita pantalla.



Suelto una pequeña risa, entonces gimo y cubro mis ojos también. Usar Skype no es una buena idea. Oh Dios, hace que lo anhele. Verlo y desearlo duele, me duele. —Me duele verte. También quiero olerte. —le digo.



Levanta una camiseta mía. —Encontré esto en mi maleta. —La levanta y la huele, y jadeo y casi puedo sentir su nariz en mi cuello, oliéndome. Lamiéndome.



—Mierda, Paula, quiero estar ahí, tomarte en mis brazos, extenderte abierta en tu cama, y follarte hasta mañana.



El deseo estalla en mi estómago cuando esas palabras duras me golpean. —Oh, Dios, yo también.



Sus ojos parpadean mientras se inclina hacia adelante, sus músculos de la parte superior del cuerpo ondulándose con el movimiento. —Me gustaría estar ahí, así podría apretar tus pechos y morder las puntas y decirte lo mucho que te quiero.



Mis huesos se han desintegrado dentro de mí. El lugar entre mis piernas ahora arde y anhela. Mi voz está adolorida y necesitada, llena de excitación. —Te quiero como nunca he querido nada en mi vida. —Respiro, mis pechos desnudos ya arrugados en el aire y sensibles por el aire acondicionado.



—¿Quieres mi polla en ti? —Pregunta rudamente.



Exhalando un suspiro tembloroso, hundo mis dedos alrededor de mis pechos simplemente porque están repentinamente pesados y duele. Ellos están heridos por él. —Pedro, me estás matando.



—No. Esto me está matando —dice en voz baja, frotando la pantalla de una manera que me permite imaginar su pulgar raspando mis labios, corriendo por mi mandíbula, rodeando las puntas duras de mis pezones—. Dime que quieres mi polla en ti y luego finge que tus dedos son los míos. Suelta tus manos, Paula. Muéstrame tus pezones.



—Pedro. —le digo, mi corazón apretando en la necesidad mientras cierro mis manos alrededor de mis pechos.



Un bajo y retumbante gruñido rasgó su garganta mientras se inclina aún más cerca. —Paula. —dice con voz ronca, frotando el pulgar sobre la pantalla de nuevo—. Cuando te vea voy a poner mis malditas manos sobre ti. Voy a pasar mi lengua por todo tu cuerpo hermoso. Luego voy a frotarla durante horas contra tu clítoris.




—Oh, Dios, Pedro. . . —Mi clítoris palpita entre mis muslos mientras muevo mis caderas cuando pienso en lamer su cuello, su pecho, el tatuaje de la estrella en su ombligo.



—¿Por qué estás sosteniendo tus pechos en tus manos? ¿Estás fingiendo que soy yo? —exige con voz ronca. Cuando asiento, me dice—. Bien. Entonces pellízcate lentamente, como te gusta. Y luego ve al sur y frótate a ti misma por mí.



—Pero quiero tocarte. —le digo, su orden enviando hormigueo de emoción a través de mi piel—. Quiero pasar mi lengua por todo tu pecho y lamer tus pezones mientras recorro mis manos por tus bíceps y frotar tus cuádriceps y abdominales. . .



Sus ojos brillan con malicia y niega con la cabeza. —No, Paula. —me regaña—. No hables sexy para mí si no vas a hacer lo que te digo primero.



—Voy a ir al sur, si vas al sur también. —le desafío, mi pulso latiendo frenéticamente en mi garganta mientras que el calor que se está encendiendo dentro de mí, empieza lentamente a quemarme.



No duda y se mueve. Mi cuerpo se tensa, y un cataclismo de excitación se apodera de mí cuando veo que su antebrazo flexionado y su brazo desaparecen debajo de su cintura. Puedo imaginarme perfectamente su gran mano acariciándose a sí mismo, y mi coño solloza repentinamente.



—Pedro, quiero besarte ahí —me atraganto, necesidad obstruyendo mi garganta—, y luego quiero comerte todo, después, quiero estar toda pegajosa y sentirme amada y hermosa debido a ti.



Su voz dulce mientras veo su brazo moverse ligeramente.



—Paula, si estoy ahí o no, eres amada y eres hermosa.



—Pedro. —Digo, yendo al sur también con los dedos porque le había prometido. Cuando me encuentro resbaladiza, adolorida e hinchada, inhalo fuertemente—. Te necesito. Llámame por teléfono.



—¿Qué quieres decir, pequeño petardo?



—Llámame por teléfono.



Colgamos en Skype y contesto el teléfono al primer timbrazo, y su voz suena más cerca. Tan cerca que se derrama en mí, más sexy que el sexo en sí, profundo y oscuro con lujuria y puedo escuchar su respiración en mi oído, y un aleteo apasionado surge por todas partes dentro de mí.



—Te necesito, Pedro. —estallo—. Realmente necesito todo de ti, tu calor, tu boca, tu voz. —Cierro los ojos y deslizo mi dedo a través de los pliegues exteriores de mi sexo, acariciándome a mí misma como si él me estuviera acariciando.



—Dios, dime cuánto me necesitas. —dice, y su respiración parece más rápida y un poco más áspera.



Y de repente, su voz está tan cerca que en mi cabeza él está conmigo, sus labios cerca de mi oído, su timbre ronco enviando un débil temblor a mis muslos, y le susurro: —Tanto es la tortura para verte, oír tu voz.



Su voz es ronca. —Nena, te necesito a mí alrededor, aferrándote desesperadamente a mí.



—Me muero de ganas por verte.



—En tres semanas estamos luchando en Seattle, y voy a verte. Y voy a desnudar tu piel y reencontrar todo mi cuerpo con el tuyo. Cada parte de él.



—Odio que no puedas estar en mí. —Admito con fuerza, mis ojos revoloteando se cerraron cuando mi cuerpo se pierde en el sonido de su voz y una oleada de calor se extiende a lo largo de mi piel.



Está respirando bruscamente. —Eso no importa. Cuando esté allí, voy a estar encima de ti.



Él ha apoderado mi mente. Estoy transportada a nuestra habitación de hotel. Para él. Estoy ahí, en mi cabeza, con él. Me lo imagino todo, lo recuerdo todo. La forma en que su pulgar pellizca mis pezones. Cómo frota pequeños círculos de placer en mi clítoris. Cómo su lengua lame mis pezones. Frota contra mi lengua. Traza la costura de mis labios. Cómo lame mi nuca. La parte posterior de mi oreja. La grieta de mi oreja. Mojando en la hendidura.



—Por favor. —Jadeo mientras comienzo a retorcerme, agarrando el teléfono entre la oreja y el hombro mientras uso una mano para acariciar mi pecho y el otro para frotarme.



Su voz me hace imaginar su rostro mientras se endurece por la necesidad y el placer, y sólo me da un tirón más en este torbellino de placer cuando lo escucho gruñir.



—Paula, tengo mi polla en mi mano y estoy empujando dentro de ti, y te juro que puedo jodidamente olerte. Dime lo que estás haciendo. . . .



—Te estoy tomando. Dentro de mí. Estoy mordiendo tu cuello y. . . Pedro, Pedro. . .



Nunca supe que podía venirme de esta manera, pero en el instante que escucho el bajo, interminable, sexy gemido que él a veces libera cuando está empezando a venirse, lo pierdo. Porque nunca he visto a nadie venirse como él lo hace. Temblores destruyen mi cuerpo, y me tumbo mientras me esfuerzo por seguir agarrando mi teléfono, porque me niego a perder un solo aliento de él, un solo sonido que él haga.



Luego jadeamos, saciados, pero mientras me acuesto ahí tratando de recuperarme, una soledad absoluta se arrastra sobre mí, de repente abrumándome. No puedo abrazar a mi león, o besar sus labios, o sentir su piel caliente y dura en la mía. Miro mi mano mojada con mis propios fluidos, y en lugar de sentirme conectada a él, por primera vez, soy más consciente que nunca que estamos separados. —Te echo de menos. —susurro con tristeza.



Está callado por un momento, y luego suavemente, tiernamente: —Quiero golpear cosas todo el puto día. Hay un dolor en mi pecho que quiero arrancar de mí, pero está tan jodidamente profundo, que podría arrancar mi corazón y todavía estaría allí.



—Pedro. . .



—Esta es la última vez que voy a vivir sin ti. Estoy medio loco ya y a mitad de camino de la maldita tumba. No me gusta esto. Cada monstruo en mi cabeza me dice que correrás y no voy a estar lo suficientemente cerca para alcanzarte. Cada instinto dentro de mí me grita para ir a buscarte. Cada hueso de mi cuerpo me dice que eres MÍA—no una parte de mí, pero mi cerebro comprende por qué diablos te envié lejos de mí. El resto de mi cuerpo no lo puede soportar. No puede convencer a al resto de mí que estar lejos de ti es correcto.





—Pedro Alfonso, te juro—juro—que cuando sea capaz de levantarme de esta estúpida cama y correr de nuevo, siempre vas a ser, siempre, la única cosa a la cual correré directamente.


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LEAN EL SIGUIENTE.........


lunes, 24 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 22





Me despierto y huelo algo que, por una vez, no me provoca nauseas. Es dulce y fragante y me invita a tomar una buena larga bocanada. Miro a mi alrededor y Melanie está entrando y saliendo de la habitación. Un rojo-Riptide está salpicado por todas partes. Rosas color rojo irrumpiendo dentro de mi habitación.



—Buenos días, Julieta. Tu Romeo envió estas. Todavía están descargando el resto del camión. Y voy a llamar al gimnasio que ya lo puse en mi hora de entrenamiento.



Sonrío y trato de levantarme, pero Melanie dice—: ¡Tut—tut! No estar de pie. ¿Qué necesitas?



—¡Hacer pis! Y oler estas, ¡enmudece mi maldito corazón! ¿Es eso una nota? —Abro la nota que se encuentra entre las rosas en mi mesa de noche y mis ojos se humedecen cuando veo el nombre de una canción. Melanie reúne un par de notas y las pone encima y abro una para descubrir otro nombre de una canción. No he escuchado estas canciones, pero ya estoy emocionada.



Me doy permiso, porque estoy embarazada y tan jodidamente estresada para tener un pequeño grito. Todo el mundo sabe que si te mantienes dentro, estás enfermo, y yo no quiero estar enferma. Quiero estar saludable —quiero darle a Pedro un bebé y una familia. Algo que nunca ha tenido. Así que lloro. Entonces le envío un mensaje.



Extraño tus ojos. Tus manos. Tu rostro. ¡Tus hoyuelos!



Entonces tomo una foto de mi habitación, tan llena de rosas que yo apenas puedo ver mi ventana y la envío.

Eso es lo que veo ahora desde mi cama.

Entonces beso mi teléfono.



—¡Eres una tonta! —dice Mel mientras se lleva el resto.

—¿Y qué? ¿A quién le importa? —Me vuelvo descaradamente mientras pongo mi teléfono a un lado porque sé que no lo chequeara cuando esté entrenando y probablemente entrenará más duro así que voy a frotar la progesterona en mí misma de nuevo. He leído que puedo conseguir un dolor de cabeza si me excedo, pero Melanie y yo estuvimos en algunos foros anoche leyendo que la crema detuvo a toneladas de mujeres de abortar y quiero poner mi nombre en esa lista.



Agarro algunos libros, pongo mi ordenador portátil en la cama y básicamente creo una pequeña oficina para no tener que estar de pie. Siento como que mis ovarios duelen, pero no son calambres y estoy empezando a preguntarme si esta crema está realmente funcionando.



Escucho a Mel terminar con la florista y decido saltarme la ducha, simplemente porque no quiero estar de pie todo el tiempo, así que encuentro ropa limpia y me cambio con precaución.



Se supone que Delfina me visitaría durante el día, así Melanie puede irse a trabajar, pero en lugar de Delfina apareciendo después de que Mel trae algo de fruta y queso cottage para el desayuno, escucho a Melanie llamarme desde fuera de mi habitación diciendo—: ¡Paula! ¡Tus padres están aquí!



Melanie va a dejarlos entrar, así que voy hasta el borde de la cama, muy atenta a cómo me siento. No siento ningún calambre, así que camino a la sala de estar y tomo inmediatamente un sofá, y ahí están, con los ojos abiertos y sorprendidos en mí, de pie y mirando.



—Paula.



La forma en que mi madre pronuncia mi nombre me llena de pavor.



Y al momento en que veo a mis padres junto con la forma en que dicen mi nombre, sé que ellos lo saben. Pesar se asienta sobre mí cuando absorbo sus expresiones normalmente brillantes y darme cuenta de que parecen haber envejecido una década entera. ¿Cómo puede la noticia de un hermoso bebé envejecerlos así?



—Lo habríamos esperado de Delfina, ¿pero de ti? —dice mi madre, y oh dios mío, lo saben. ¿Cómo es que lo saben?



Se sienta al otro lado de la mesa de café y mi padre cae a su lado, con los brazos cruzados, mirándome con la mirada que utiliza para intimidar a sus estudiantes de educación física.



No hablan durante unos tres minutos. Lo que se siente, dadas las circunstancias, como toda una vida, y estoy tan incómoda que ni siquiera sé como sentarme.



Amo a mis padres. No me gusta herirlos. Quería contarles la buena noticia, cara a cara, que estoy enamorada y que Pedro y yo vamos a tener un bebé. Lo último que quiero es que se sientan defraudados, que traten esto como la tragedia que parecen estar tomándola.



—Hola, mama y papa —digo primero.



Me muevo y muevo hasta que planto mi codo en el brazo del sofá y pongo mi cabeza en mi mano y hundo mis piernas debajo de mí, pero incluso cuando por fin estoy cómoda, la tensión en el aire podía ser cortada con un hacha.



—Hola, Sr. y Sra. Chaves —dice Melanie—. Voy a dejar que tengan su reunión familiar y comprobar mi trabajo. —Me mira y hace la señal de la cruz para alejar a los vampiros, entonces dice—: Estaré de vuelta a las siete. Delfina envió un mensaje de que está en camino.


Asiento y luego hay un silencio incómodo en la habitación.




—¡Paula! Ni siquiera sabemos qué decir.



Por un momento, realmente no sé qué decir tampoco, excepto—: Yo realmente quiero a este bebé.



Ambos me dan esa mirada de padres decepcionados que se ha estado dando a los hijos por siglos.



Pero no voy a dejar que me hagan avergonzarme.



Sentí vergüenza cuando me rompí mi ACL. Mi padre dijo que los velocistas no mostraban ese tipo de lágrimas, pero yo lo hice. Caí de la gracía con ellos después de eso y ahora puedo sentir que he caído aún más.



—Lo siento por no decírselos. Quería decírselos en persona pero parece que alguien ya lo hizo.



—Delfina —dice mi madre—. Y ella está preocupada por ti, los tres lo estamos. Me dijo que tenía que aprenderlo de alguien más. ¿Cómo podrías ocultarnos algo como esto? Déjame decirte que a pesar de que eres un poco más madura, siempre fuiste demasiado protegida de los chicos. Chicos… ellos sólo usan y desechan… especialmente cuando ocurre algo inconveniente. Delfina dice que este muchacho es conocido por ser un alborotador y vinculado a todo tipo de problemas.



Estoy aturdida por la forma en que Delfina les presentó a Pedro.

Si no estuviera sentada, juro que me hubiera caído a mi trasero.

Mi traicionero, estúpido trasero.



Así que parece que Delfina está en casa, actuando como la perfecta princesa, haciendo lo que está bien después de que mi novio la ayudó a salir de la peor relación en el mundo y pudiendo haber muerto por salvar su culo.

Su traición rasga a través de mí con tanta fuerza que ni siquiera puedo hablar por un momento. ¡Demonios, si alguien sabe qué clase de hombre es Pedro debe ser Delfina!



—El padre de mi bebé no es un chico. Es un hombre. —Agarro mi estómago cuando comienza a doler bajo sus miradas acusadoras—. Y nosotros, este bebé y yo, no somos inconvenientes.



Mi padre no ha dicho una palabra. Sólo se sienta allí, mirándome como si fuera un gremlin que se mojó y se volvió fea y tiene que ser contenida.



Me siento como si hubiera un continente entre nosotros. Como que estoy en el norte y ellos están decididos a que el sur es el mejor camino para mí y nunca, jamás seré feliz si voy en sentido contrario.



—Pero Paula, esto es tan imprudente y tan diferente a ti. ¡Mírate! —dice mi madre en completa agonía y desesperación.



—¿Qué? —pregunto con confusión—. ¿Qué hay de malo en mí?



Entonces me doy cuenta que probablemente luzco como la mierda. No he dormido. Estoy preocupada hasta la muerte de estar perdiendo este bebé. No quiero estar aquí. No me he duchado y mi cara está hinchada por todas las lágrimas.



—Te ves… deprimida de nuevo, Paula. Debes dejar ese equipo deportivo, ahora que ya no eres una atleta y ponerte un vestido… cepillarte el cabello…



—Por favor. Por favor no vengan aquí a hacerme daño. Estás diciendo cosas que no quieres decir porque estás confundida. Por favor sé feliz por mí. Si parezco deprimida es porque estoy peligrosamente cerca de perder el bebé y lo quiero, lo quiero tanto, no tienes ni idea.



Me miran como si lo hubiera perdido porque yo nunca, jamás me abrí de esta manera y me siento tan incomprendida y tan poco amada y tan hambrienta de ser consolada porque me duele en el interior. Mis hormonas están fuera de control y me siento enojada porque estoy aquí en vez de donde quiero estar. Estoy aquí, incomprendida y juzgada, en vez de con él, amada y aceptada.

Ni siquiera sé cómo decirles que están siendo injustos conmigo, pero estoy temblando cuando de repente me pongo de pie, a buscar su iPod y ponerlo en los altavoces que tengo en mi sala de estar. Luego simplemente doy clic en reproducir y elevo el volumen alto, dejando una canción que habla por mí. “De acuerdo contigo” de Orianthi comienza, un poco enojado y rebelde, describiendo algo del tumulto que siento, cómo me ven de una manera, como menos que perfecto, pero él me ve de otra forma, tan hermosa y fuerte.



—¿Es así como nos ocupamos, como una adolescente con música a todo volumen? —grita mi madre.



—¡Baja el volumen ahora! —grita mi padre.



Lo bajo, y por un momento sólo me centro en este iPod plata, el cual para Pedro y para mi podría ser un diario o un micrófono, o cualquier otra forma de expresar cualquier cosa.



—No lo entienden.



—¡Habla con nosotros, Paula! —dice mi madre.



Cuando me volteo, se ve tan triste como yo me siento. —Acabo de hacerlo, pero no están escuchando.





Están en silencio y arrastro el aliento, tratando de calmarme incluso con todas estas hormonas revueltas en mí. Quiero que sepan que ya no soy una niña. Que me estoy convirtiendo en una mujer, así que les digo:— Estoy embarazada de siete semanas. En este momento las pequeñas extremidades de él se están formando. Y digo “de él” porque creo que es un niño, pero no importa, porque una niña sería maravillosa. Mientras hablamos, su corazón se está fortaleciendo y está generando un centenar de nuevas neuronas por minuto. En dos semanas más, su corazón se dividirá en cuatro cámaras y todos sus órganos, nervios y músculos, serán lanzados al engranaje. Tendrá una nariz, ojos, oídos, boca, todo lo que se formó, dentro de mí. Este bebé es suyo. Suyo y mío. Y eso me hace tan, tan feliz como no tienen idea.




Mi madre luce desconsolada. —Estamos preocupados. Delfina dice que ellos usan drogas en esos lugares donde él lucha.



—Mamá, él no está en eso. Es un atleta, de corazón, cuerpo y alma. —Acercándome a ellos, acaricio su cabello con una mano y agarro la de mi padre con la otra—. Él no tiene una familia como yo y quiero que tenga la mía. Quiero que le den bienvenida a nuestra familia porque me aman y porque se los estoy pidiendo.



Mi madre se suaviza visiblemente, pero es mi padre quien habla primero. —¡Le daré la bienvenida a la familia cuando me demuestre que se merece ser el padre de mi nieto! —Se pone de pie, jadeando, y camina hacia la puerta, cerrándola detrás de él. Dejo caer mi cabeza.



—Ni siquiera debería estar levantada. Me voy a la cama, mamá —susurro.



—Paula —sus vacilantes y lentos pasos me siguen a mi dormitorio. Se detiene en la puerta y no dice nada mientras subo a la cama, solo siento su mirada de preocupación en mi espalda por un momento—. ¿No utilizaron protección, cariño? —pregunta en voz baja.



—Dios, no voy a responder eso —le digo.



Ella permanece en la puerta mientras un pesado silencio se instala entre nosotras, me hago un ovillo y miro fuera dentro de mi muro de alfiler, a la imagen que Pedro tocó. No voy a llorar. Lo juro, estoy harta de llorar y estoy tratando de no odiarlos sólo porque me siento sola, incomprendida y hormonal. Sé que me aman. Todo lo que saben es que un tipo me dejó embarazada y me dejó aquí y que este bebé va a ser un reto para mí. No saben nada, excepto que mi vida va a cambiar y tienen miedo de que no pueda manejarlo. Pueden ser tan críticos a pesar de que me aman, siento la construcción de mis paredes, negándome a compartir a Pedro con ellos. Negándome a compartir lo más precioso, valioso e imperfectamente perfecto en mi vida.



—Ve a casa, mamá —le digo y en silencio me deja mientras me quedo en la cama mirando a todas las rosas que él me envió.

Y veo esos ojos mieles…

Eres mía.

Los dos lo son.

Me duele la garganta y mis ojos le siguen.



—Paula, estoy aquí —dice Delfina desde la sala.



No le respondo. Estoy tan enojada. Parece sentir el peligro en el aire porque permanece en la puerta y no entra.



—¿Estás bien? ¿Has perdido al bebé? —pregunta. Mi rabia irrita mi interior.



—Gracias por traicionarme, Delfina —murmuro—. ¡Y gracias por mostrar tu agradecimiento total y absoluto a Pedro por lo que hizo por ti!



—¡Ellos tenían que saber que estabas embarazada, Paula! —llora.



—¡Era mi secreto para contar, no el tuyo! —estallé, sentándome en la cama de golpe—. ¿Por qué lo atacas? ¡No hizo nada excepto salvarte! ¿Qué? ¿Querías una oportunidad para quedar bien con ellos, así que me jodiste? ¿Quién te lo dijo? Sé que no fue Melanie; ella nunca me haría esto a mí.



Los ojos de Delfina también son una sombra de color ámbar, sólo una fracción más oscura que los míos, pero ahí es donde terminan todas nuestras similitudes. ¿Cómo podemos ser tan diferentes? Ella siempre fue la soñadora y yo la realista, paro aún así nunca nos habíamos sentido tan distantes como lo hacemos hoy.



—Diego me contó. —Dice.



Gimo, olvidando que tienen algo el uno por el otro.



—¡Se le escapó! ¡Asumió que sabía y me sentí avergonzada de no saberlo! No lo estarías ocultando si no pasara nada, Paula. ¡Él es Riptide! No serás desechada como yo, sino peor. Esos hombres son peligrosos, Paula. Nunca estás libre de ellos, nunca.



—¡Pedro no es como el imbécil enfermo de tu ex-novio! Estoy malditamente enamorada de él y él me ama y tendré a su bebé así ME MATE, Delfina! —Grito.



Ella parpadea y yo no puedo seguir así. Tal vez estoy resentida de que, debido a ella, casi arruiné mi vida. Por ella, y por mi queriendo “rescatarla”—Pedro resultó herido—.Lo siento, Delfina, yo sólo. . . —Me froto la cara y niego con la cabeza tristemente.



—Pensé que él estaba enamorado de mí, ya lo sabes. —Su tristeza se apodera de mí, y siento una sensación horrible retorciéndose dentro de mí—. Benny, quiero decir. Pensé que daría cualquier cosa por mí, y en el momento que fue difícil mantenerme, me arrojó lejos. —Me mira, con el rostro cansado y triste—. Él me dijo que me amaba, y luego ni siquiera me miró a los ojos para decir adiós. Si les dije algo a mamá y a papá, es porque no quiero que te suceda a ti.



—Pedro es diferente, Delfina. —Le digo en voz baja.



—Exacto. Él tiene un millar de mujeres más detrás de él, Paula. No. No un millar. Un millón más que Scorpion. ÉL es el dios del sexo del Underground. Esos chicos no tienen esposas y bebés, simplemente no lo hacen. Yo también estaba allí, ya sabes. Él simplemente no puede amarte mucho para ir a rescatarme, a mí, alguien que ni siquiera había conocido! ¿Y perder un premio que ya era prácticamente suyo, todo por ti? ¡Nadie en su sano juicio puede amar a alguien así! —Grita y sale corriendo, cerrando la puerta.



Después la puerta se estremece, y parpadeo en ella, completamente anonadada.



¿Qué. Demonios. Está mi hermana fumando ahora?


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GRACIAS POR LEER!! ♥


domingo, 23 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 21



Melanie es lo mejor de Seattle, y quien piense otra cosa puede besar su trasero. Es como un arcoíris permanente en una ciudad eternamente gris. Desde sus llamativos pendientes hasta la línea de brazaletes que llegan hasta su codo tintineando, haciendo ruidos metálicos mientras entra en mi habitación en una explosión de colores, tratando de levantarme el ánimo cuando mi mundo acaba de salir por la puerta del apartamento. Me toma toda la fuerza de voluntad que poseo no ir detrás de él.



Melanie se toma un pequeño segundo para evaluar la situación antes de entrar en acción. Localizó mi lloroso cuerpo en la cama, y rápidamente retiró la almohada que tenía y la reemplazó con su gran pecho, y ahora su camiseta de diseñador está mojada por mis lágrimas mientras espera que termine.



Ha pasado al menos media hora, y aún estoy llorando. Cada par de minutos, me detengo para respirar.



Ahora, mientras estoy recuperando el aliento, me aleja para mirarme a los ojos con una pícara curva en sus labios. —No estabas mintiendo cuando dijiste que Pedro Alfonso te quería para ser la madre de sus sexys bebés, ¿no? ¡Fueron directo al grano, ¿cierto?! ¿Eh? —Me empuja un poco y mira hacia mi estómago—. Así que, ¿cuándo va a presentarse? Quiero ver un bultito en alguna parte.



—¡Lo sé! ¡Yo también! —Una sonrisa tira de mis labios mientras pienso en el bebé. Oh, bebé, las cosas que estás pidiéndonos que hagamos demuestran que te amamos—. Quiero que se note, Mel.



Sonríe ante esto, luego me examina que esos evaluadores ojos verdes. —Mmh. El resplandor del embarazo. Lo tienes a montones, incluso con esos llorosos ojos. No puedo esperar para estar embarazada; ¡creo que es tan sexy! —grita—. Lo que más hace que el estar embarazada sea sexy es el hecho de que el papá del bebé sea sexy. ¡Es sexy tener una parte de ellos en tu interior! ¿Cómo se siente? Tienes que sentirte como una mujer ahora; ¡ahora que tienes el bebé de hombre más caliente allí!



Oh, Dios, ni siquiera puedo hablar sobre Pedro con mi mejor amiga sin sentir que mis huesos se vuelven líquidos en mi interior. Incluso mi voz cambia de tono —el mismo tono que parece aparecer cuando estoy sola en la cama, con él, amándolo.



—Se siente maravilloso, Mel. Como si estuviera conmigo. Como si estuviéramos atados. Como si estuviera total y absolutamente jodida. —Gimo y me recuesto en la cama, frotando mis labios, amando el hecho de que aún pueda saborear a mi Riptide en ellos.



-Paula, déjame decirte… —Mel se recuesta sobre su espalda junto a mí y mira hacia el techo—. Cuando lo vi hace un instante, me sentí como si estuviera muriendo un poco. Es tan grande y tan caliente que mis tacones casi se derritieron e instantáneamente me sentía cuatro centímetros más pequeña.



No puedo controlar el repentino estallido de risa. Mel se saca los zapatos y rueda sobre su costado, sonriéndome con la distintiva sonrisa traviesa suya.



—Su boca estaba toda roja, como si te hubiera dado un francés de muerte. Riptide es algo neandertal, ¿no? ¡Es tan jodidamente primitivo, Dios mío! Apuesto a que han tenido sexo anal.



—¡No! ¡Es un animal, pero protector! —chillo, retorciéndome un poco ante el pensamiento.



—Sólo al estilo perrito, ¿no?



—¡Sí, pero deja de recordármelo! —grito, con fingido enojo. Luego cierro los ojos y extiendo las manos abiertas en mi estómago, sintiendo al bebé en mi interior—. Sinceramente, hay algo extremadamente sensual en estar embaraza de él —admito—. Estoy tan consciente de mi cuerpo, cómo se siente, cómo está cambiando por este pequeño bebé. Siento mis costillas y caderas ampliándose para hacerle espacio, mis pechos están cambiando, todo está cambiando… —Suspiro, luego giro la cabeza y miro a mi mejor amiga. La única que realmente me entendió hasta Pedro. A la única que realmente le gusta quién soy—. Mel, no puedo perder este bebé.



La sonrisa que había estado en su rostro se desvanece, y aprieta mi mano sobre mi aún delgado estómago. —No lo perderás. Es el bebé de Riptide.



—¡No sabíamos que había una pequeña fiesta de compasión aquí, pero estamos felices de no perdérnosla! —dice una voz masculina desde la puerta.



Sorbiendo, alzo la cabeza para ver a mi mejor amigo, Cris, en unos pantalones Dockers y una playera polo, de pie junto a Sofi, que tiene su oscuro cabello atado en un descuidado nudo que deja que hebras de cabello cuelguen por todas partes.



—¿Estás embarazada? —demanda Sofia.



—De acuerdo a los muchos análisis y al test de embarazo, sí. Pero mi cuerpo aún no lo ha comprendido, aparte de lo del vómito.



Cris se dirige a mi escritorio y gira el asiento, y Sofia salta sobre la cama con zapatos y todo, y de repente, su chaqueta de cuero es todo lo que puedo oler.



—Sofi, realmente no creo que tu vibra sea lo suficientemente infantil para Paula, así que siéntate aquí. —Melanie palmea el lado junto a ella así me tiene toda para sí misma, pero Sofia sólo se estira por encima de mí y la empuja juguetonamente.



—Cállate y déjame abrazarla.



Sofia me mira, con sus oscuros ojos y oscuro lápiz labial. La gente no sabe que los góticos son extremadamente sensibles —al menos, Sofia lo es. Te vuelves gótico por una razón. Creo que ella es naturalmente dramática y angustiosa después de que un idiota rompiera su corazón. Mel dice que es un milagro que no se convirtiera en lesbiana.



—¿Estás bien? —pregunta Sofi, y antes de que pueda asentir o hablar, me empuja contra su chaqueta de cuero, y siento a Melanie acurrucarse contra mi espalda también. Melanie nunca puede resistirse a un abrazo. Incluso dice un ‘Mmh’.



—Todo estará bien, Pau —dice Mel. Luego añade en mi oído—: Le prometí a tu hombre que te cuidaría. Me pidió que no te dejara sola, que te alimente, que te cuide. Ruben me dijo que él y Diego necesitarán un reporte diario así podrán mantener a Pedro tranquilo, ¡y también me dijo que has estado vomitando y eso hace que el padre de tu bebé quiera que jodidamente comas!



Gimo en protesta y me alejo de su abrazo. —Estoy bien. Cuando tenga hambre, comeré algo. Si mi cuerpo quiere comida, me lo dirá. Supongo que para eso está.



—No nos importa si quieres comer o no. Somos los esbirros de tu hombre con una misión, y ya te conseguimos algo, por los viejos tiempos —me informa Cris mientras se levanta de la silla y regresa con una bolsa de Jack. En ese momento, recuerdo vívidamente cómo estos tres imbéciles se burlaron de Diego y Ruben en el servicio de comida rápida,la noche en que Pedro me contrató. Y pienso en esa fatídica tarde, en cómo ya había cambiado mi vida sin que ni siquiera me diese cuenta. Todos mis sentimientos se amontan en mi pecho, y mientras Cristian fisgonea en la bolsa, una ola de náuseas me rebasa.



—¡Aleja esa cosa! —ruego mientras pellizco la nariz, lo que sólo hace que mi voz suene ridícula—. Aún no me siento bien con algunos olores. Además, necesito vegetales para este bebé. Necesito ácido fólicos y calcio, cosas que esa mierda no tiene, lo garantizo. ¿Qué clase de amigos son ustedes?



Cris se ríe triunfalmente. —Sabíamos que dirías eso, o si no, no serías tú misma, lo de Jack es para nosotros. Te trajimos algo más.

—Sale de la habitación, luego regresa y me enseña una bolsa de Whole Foods—. ¿Te gusta? ¿Quieres decirnos que somos buenos amigos ahora?



Le lanzo una almohada. —¡Dame eso! —Miro el interior de la bolsa y diviso un envoltorio de pavo, del tipo que me gusta, y de repente, las acciones de mis amigos y su apoyo me envuelven como el abrazo que me dieron, acogedor y apretado.



—Ustedes, chicos, son demasiado buenos para mí —digo, poniendo la bolsa en el buró.



Melanie tira de mi cola de caballo. —¿Notaste el hecho de que actuaste toda tierna? —Aprieta mi brazo, y cuando mi pequeño bíceps le responde, se altera—. En serio.



Suelto una risotada, luego cierro los ojos y veo esos ojos mieles, ese puntiagudo cabello. Quiero abrazarlo, pero está tan lejos. Envuelvo los brazos alrededor de su bebé en su lugar. Luego, miro hacia el teléfono. Pedro no depende de los teléfonos y el internet como otras personas. Tampoco yo, pero ahora, me aferro a mi teléfono como mi único medio de comunicación con él. Ni siquiera es del tipo que envía mensajes, pero no me importa.



Llámame esta noche si quieres.

Le toma una hora responder, pero sonrío como una idiota cuando responde:



Acabo de aterrizar. Te llamaré.



Vemos una película; luego Melanie se levanta. —¡Oye, gallina! ¿Te lo conté? El próximo chico con el que me acueste va a gozarlo. ¡Acabo de tomar clases de baile en caño! —Agarra la lámpara del suelo y procede a mostrarnos lo que aprendió, moviéndose sinuosamente con el cuerpo, una pierna cubierta con mezclilla envuelta alrededor del tallo—. Cris, ¿te unes?



—Amigo, sería como el incesto —dice Cris, desde donde está sentado a horcajadas en la silla de mi escritorio.



—¿Por qué? ¡No eres mi hermano! —protesta—. Vamos. ¿No quieres? —Balancea su trasero para que lo vea.



Cris sólo permanece allí, y dice, vacilante—: Es… chisporroteante.



—Sofi, ven aquí. muévete conmigo así Cris se nos une. Voy a enseñarte lo que aprendí. —Sofi se acerca a la dársena del iPod y pone el suyo en la base. Una canción de rock inmediatamente resuena en el interior de mi habitación.



—¡Bien, pongámosela dura a Cris! —Sacándose la chaqueta como si estuviera desnudándose para el pobre hombre, se dirige hacia Melanie. Y luego ella y Melanie comienzan a mover sus traseros juntos, y me encuentro a mí misma escuchando la canción, tratando de encontrar la letra a través de todo el ruido, preguntándome si es algo que alguna vez le haría escuchar.



Es inútil, así que agarro el iPod de Pedro y me pongo los audífonos, escuchando When You’re Gone de Avril Lavigne. Es demasiado lindo escuchar una canción que entiendes. O que te entiende. Te hace darte cuenta de que lo que sientes es humano, y normal, incluso si es un sentimiento que desearías no sentir.

Le envío un mensaje con el link de Youtube. No me responde, y asumo que está en el gimnasio, golpeando sus bolsas, irreconocible.



¿Cómo va a superar estos dos meses?

No puedo dejar de pensar en ello, incluso aunque soy la más sensible de los dos, esto va a costarle más a él que a mí.



Aún estoy preguntándome sobre ello cuando los calambres comienzan. Me muevo en la cama mientras mis amigos siguen hablando y toda mi conciencia se centra en los malditamente dolorosos calambres que me hacen pelear. Se siente como si alguien estuviera lastimando a mi bebé. Mi propio cuerpo está lastimando a mi bebé. Busco en el iPod canciones que me calmen, y la única canción que triunfa es Iris.



Pero el dolor se intensifica. Me saco silenciosamente los audífonos y me levanto lentamente. Mis amigos se callan cuando me ven caminar, encorvada, hacia el baño. Cierro la puerta y cuando reviso, me doy cuenta de que la sangre está de regreso. Y es doble de intensa.



Por un momento, sólo puedo respirar bruscamente por la nariz e inclinar la cabeza contra las baldosas, tratando de calmarme. Toco mi estómago cariñosamente y trato de hablarle a mi bebé a través de mi cabeza, diciéndole que nadie va a lastimarlo. Que es muy querido y ya muy amado.



Imagino mirar esos ojos mieles que amo mientras le digo a Pedro que perdí su bebé. Un montón de emociones se apoderan de mí de nuevo, y lágrimas que pensé se habían acabado salen a la superficie una vez más.



—Mel —grito a través de la puerta—. Mel, no sé si el bebé va a lograrlo.



Abre la puerta con una expresión desolada. —Paula, está llamando. Ha estado sonando muchas veces. ¿Contesto?



—¡No! ¡No!



—Luces mal, pero él me dijo que le dijera al momento que lo necesitaras. Paula, creo que debería hacerle saber…



—¡No! Melanie, NO. Mira, él no puede hacer nada. ¡Necesita pelear! Hay algo que necesita hacer. Nuestro bebé y yo lo respaldaremos, no le estorbaremos. ¿Me escuchaste?



—¡Entonces al menos déjame llevarte al hospital, luces como si estuvieras partiéndote por la mitad! —dice.



—¡Sí! ¡No! No debería moverme. Necesito… descansar. No voy a… perder… este bebé… —Inhalo y sacudo la cabeza; luego sorbo—. Por favor, ¿me traes el teléfono?



Me lo trae y le envío un mensaje en su lugar.



-Mis amigos aún están aquí. Tal vez deberíamos hablar mañana.

¿A la misma hora?



-Sí, o a cualquier hora.



-Bien. Buenas noches, Pedro.



-Buenas noches.



Dejo el teléfono a un lado y cierro los ojos mientras otra lágrima cae. Respiro profundamente.



—Ayúdame a sacar la crema de progesterona de mi maleta —digo, entrando en la habitación.



Mel sale del baño y comienza a aplaudir como una maestra de quinto grado que ya ha tenido suficiente. —Chicos, el tiempo de jugar se acabó, voy a hacer que Paula se acueste.



Sofia y Cristian limpian, y estoy demasiado avergonzada como para mirarlos con mi hinchado rostro, pero puedo sentir su preocupación mientras me acerco a la cama y me acuesto. Cuando se van, me unto a mí misma con la crema, esparciéndola por mi estómago y muslos. Luego Melanie sale del baño con una vieja camiseta.



—Ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos una fiesta, quiero decir, una sólo de nosotros. —Sonríe y se mete debajo de las sábanas conmigo, luego desaparece y escucho su voz cerca de mi estómago—. ¿Y tú? ¿Lo entendiste? ¡Eres un luchador! ¡El hijo de Riptide y Paula! ¡Enséñales a tu madre y padre de qué estás hecho!



Sonrío cuando sale, y cierro los ojos, esperando que nuestro pequeño bebé esté escuchando.

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GRACIAS POR LEER!!