sábado, 8 de marzo de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 33





–Así que está en todos los titulares que la novia de Riptide está embarazada –dice Diego mientras volamos a Austin.



Ahora Josephine vuela con nosotros también, y hoy se sienta con Diego, Ruben y Pedro en una de las secciones del salón, mientras que el entrenador está en el banquillo, Diane y yo ocupamos una de las otras secciones del salón. Pedro y los hombres parecen estar discutiendo mi seguridad para las dos peleas de Austin. Al parecer, nos estamos acercando a semifinales, por lo que Scorpion ahora estará peleando en las mismas noches que Pedro.



Una parte de mí está ansiosa por ver si vamos a tropezarnos con Delfina en los combates, mientras que otra parte de mí teme el resultado de tal encuentro.

Pedro está de mal humor, rudo y sobre protector. El hecho de que sus jodidos padres viven en Austin y que vendiera la casa donde nos alojamos normalmente, sin duda, le molesta. Diego alquiló otra casa para mantenernos lejos de los medios de comunicación, pero Pedro no se aplaca. Sé que no le gusta la idea de que esté en el mismo estado que Scorpion, y mucho menos el mismo código postal.



Mientras le muestro a Diane las fotos que Melanie me envió de esquemas de color para la habitación del bebé, oigo la voz de Pedro, baja, como si él no quisiera que yo lo escuchara, pero con autoridad. –Cualquier persona que se acerque a ella o siquiera la vea mal, te encargas de eso inmediatamente.



Por el rabillo de mi ojo, veo como Diego asiente sombríamente y pasa la mano por su corbata negra. –No te preocupes, Pedro, la protegeré como si fuera mía.



–Ella no es tuya, imbécil. Ella es MÍA.



– Señor Alfonso, – Josephine interpone–. Voy a estar en estado de alerta asegurándome de que ella no es de ninguna manera amenazada o molestada.



– Me encanta este esquema de color azul y verde – Diane me dice, desconectándome de la conversación en el otro lado del avión.



Volviendo a las imágenes, tristemente le digo – Me gustaría que lo del anillo hubiera funcionado. Pedro no quiere saber, y no quiero saberlo de un médico y contárselo accidentalmente.



– ¡Hey! – Ruben grita desde la otra sección. –. ¿Cómo van a llamarlo?



Los hombros de Pedro están encorvados mientras se inclina y estudia algo que Diego le muestra en su teléfono, y no creo que ni siquiera me esté escuchando, pero aun así digo: –Si es niño, no he sido capaz de pensar en ninguno. Pero tengo el nombre perfecto si es una niña.



– Oh, sí, ¿cuál? – Ruben pregunta, apoyándose en sus brazos, curioso.



–Iris –le digo en voz baja. Pedro voltea a verme instantáneamente, y la intimidad de su mirada perfora y quema a través de mí como una ola de lujuria y amor estrellándose en mi.



–Me gusta Iris – dice con voz ronca, asintiendo con aprobación.



Le toma Diego mucho más esfuerzo para lograr que Pedro se concentre de nuevo en lo que sea que Diego le estaba mostrando en su teléfono, debido a que Pedro sigue mirándome a través del avión. No me puedo concentrar en lo que dice Diane tampoco, porque sigo mirándole.



Se siente incorrecto tener todos estos asientos entre nosotros, mi iPod escondido en mi bolso y mí chico tan lejos.



Se inclina tan atrás en su asiento como le es posible, y a través del pasillo del avión, extiende su brazo y abre su enorme mano. Enlazo mis dedos entre los suyos, y luego se siente bien de nuevo. No deja de revisar sus cosas de hombres, y yo continuo hablando con Diane acerca de cosas de bebé, su mano sosteniendo la mía a través del pasillo.



***



Mientras Diego y yo nos establecemos en el Underground de Austin, tengo la mala suerte de ver a dos de los matones de Scorpion que nos miran desde el otro lado del ring. Parpadeo de sorpresa e inmediatamente escaneo la multitud en busca de Delfina.



No la encuentro por ninguna parte, y cuando mi atención se desplaza de nuevo a los matones, me encuentro con que su atención está todavía con nosotros.



Uno de los chicos tiene la cabeza rapada, y el otro lleva con orgullo un tatuaje de escorpión en el pómulo, al igual que su jefe solía tener antes que Pedro se lo tallara el día en que fue por Delfina.



Delfina. . .



La idea de su fraternizar con Scorpion y sus secuaces me hace infeliz, y la idea, por desgracia, también viene con la sensación de un millar de patas arrastrándose sobre mi piel. Estoy dividida entre múltiples impulsos: de vomitar, de huir, y de ir hacia estos matones y exigir que me digan dónde está mi hermana. Me siento como una brújula que se ha vuelto loca y no sé qué hacer, hacia dónde apuntar, o cómo reaccionar, así que en su lugar me siento aquí y sigo viéndolos, sintiéndome muy parecido a una pequeña niña tonta, incluso si Diego se sienta a mi lado, armado hasta los dientes con pequeños dispositivos.



Cuando los dos hombres se levantan lentamente y empiezan a hacerse camino alrededor del ring, el acto de que se dirigen directamente hacia nosotros hace que mis pulmones se contraigan. Mi corazón se golpea con fiereza en mi caja torácica mientras mis entrañas alborotadas caen por completo en pavor.



Tenso en su silla de plástico, Diego susurra:– Probablemente van a ver la pelea de Scorpion más tarde o  están explorando a Pedro. Comprobando cómo está luchando, si no hay ninguna lesión visible. Por favor, por el amor de dios, no hagas nada, e ignóralos.



Miro al par detenerse ante nosotros con hundimiento en la boca mi estómago.



– No te muevas, Paula – Diego advierte en voz baja.



Ferozmente consciente de que el bebé de ya casi seis meses de edad ronda en mi estómago, me obligo a mirar hacia el suelo de cemento, mientras que mis vasos sanguíneos se dilatan dentro de mí. Mis piernas tiemblan mientras hundo mis manos protectoramente alrededor de nuestro bebé, cuyo corazón ya hemos oído y a quién queremos lejos, muy lejos de estos hombres como sea posible.



Pero estos son dos idiotas que trataron de provocar Pedro a luchar en un club la temporada pasada, y fingir que no los veo cuando realmente puedo oler su hedor va en contra de todos mis instintos para golpear sus empeines y aplastar sus testículos.



–Hola, perra de Pedro. ¿Quieres darnos un besito? –Uno de ellos se burla.



La rabia y la impotencia brotan dentro de mí, mientras las filas de asientos empiezan a llenar nuestro alrededor, y me obligo a mantener mis ojos en sus pies y espero que se vayan, o que a Diego finalmente le salgan algunas bolas más grandes y haga algo.



–Les sugiero que se pierdan –dice Diego calmado.



–No estamos hablando contigo, flaco, le estamos hablando a la puta. ¿No recuerda que su coño se puso tan mojado y empapado como una foca cuando el jefe la hizo besarlo? Justo en este momento tu hermanita es follada muy duro por el jefe, justo en frente de todas sus otras niñas.



Mi cabeza se levanta bruscamente mientras mi cuerpo se vuelca en la humillación. Temblando en mí asiento, aprieto mis dientes y hago puños mis manos a mis costados como me gustaría un par de botellas para rompérselas en el cráneo. –Vuelve al agujero que saliste y dile a tu estúpido jefe que ¡Riptide va a enterrarlo este año! – digo rechinando.



– Paula – Diego me agarra el codo en señal de advertencia mientras los dos idiotas se ríen.



– ¿Quieres que le digamos que dijiste eso? ¿La nueva puta de Pedro? – El calvo escupe en el suelo, un centímetro de mis pies– .¿Quieres puta?



–Les advierto que se vayan –Diego repite, poniéndose de pie y metiendo la mano en su chaqueta.



Estoy modo de defensa con toda mi fuerza, y mi sangre está bombeando mientras les muestro mi dedo medio a ellos. – De cualquier forma. Dile que se vaya a la mierda y que pronto va a lamentar el no haber dejado a mi hermana en paz.



De repente, Josephine agarra a los chicos por la parte trasera de sus camisetas, con voz engañosamente tranquila mientras les pregunta:– ¿En busca de una mujer de verdad, señores?



Diego me levanta de mi asiento y me arrastra hacia debajo de la fila mientras mi corazón bombea con tal violencia, que apenas puede respirar.



– ¿Qué fue eso? – Diego me da vuelta, con los ojos ardiendo en ira –. ¿Un poco de spray de pimienta en mi bolsillo hace que te sientas toda luchadora enloquecida?



– Diego, eres un estupido. ¿Por qué no lo usaste? ¡Ellos estaban respirándonos en la nuca!




– Paula, un poco de sutileza, ¡por favor! ¡No puedes provocar a estos tipos! Si vuelven cuando Pedro esté luchando y ve que están a dos pies de ti, va a dejar el ring y será descalificado, y esa es la última mierda que necesitamos...– Se calla, toma una respiración profunda y me frunce el ceño–. ¿Qué fue lo que te dijo que hicieras hace rato en el vestidor? ¿Eh?



Recuerdo la petición de Pedro con claridad, y al instante mi voz decae. – Que estuviera tranquila en mí asiento.



– ¡Bueno, entonces! Podrá gustarle que eres un pequeño petardo, pero no quiero que te alejes de mi vista, y desde luego no quiero que te quemes.



– Diego, a Pedro no le gustaría que me sentara con la cabeza baja mientras que los dos payasos me insultaban. Estoy segura que él no esperaría que no hiciera nada.



– Él no espera que hagas nada, es por lo que me nombró para tratar de mantener las cosas bajo control.



–Si él fuera tú, hubiera hecho algo, y si no estuviera embarazada, ¡yo lo haría!



–No estoy jodiendo a Riptide, Paula. ¡Mírame! – Diego se señala a sí mismo en su chaqueta negra y corbata–. Admito que no estoy embarazado, y podría haber usado uno de estos pequeños juguetes que tengo en mí en ellos, pero eso levantaría todo tipo de señales de alerta para cuando Pedro saliera, se daría cuenta de que algo estaba a tu alrededor y dejaría la lucha. No siempre se trata de atacar. Por Dios.



– Diego, lo siento, lo entiendo. Vamos a sentarnos. Estoy feliz de que se hayan ido – le digo, y ambos exhalamos mientras nos dirigimos de nuevo a nuestros asientos y nos sentamos a ver, pero mis manos aún tiemblan de la adrenalina corriendo por mis venas.



El lugar es rodeado de gente en el momento que la primera pelea se anuncia por los altavoces.



– Bienvenidos, bienvenidos, señoras y señores. . . –Escucho.



El ruido y la emoción nos rodean mientras vemos luchadores que vienen y van. Viendo toda esa sangre de nuevo, escuchando los sonidos de huesos triturados contra hueso, empieza a hacer que me inquiete.

Pedro. . . oh dios. Sólo de pensar en cómo podía toparse con Scorpion en los vestuarios eleva mi nerviosismo a la azotea.



Estoy inhalando y exhalando cuando Diego me dice: – ¿Sabes qué, Paula? Me dijo que no quería que nadie te mirara, así que tienes razón, él hubiera querido que los llevara tan lejos de ti como fuera posible, inmediatamente. Pero no puedo tomarlo tan literal, chica. Estoy tratando de mantener las cosas en calma por aquí. Entiende por favor que tengo que ser la cabeza fría aquí.

–Entiendo, Diego, pero – digo exageradamente –, eres como un arma cargada sin gatillo.



–Estamos en negociaciones directas con Scorpion, Paula – me dice, en voz baja–. La última cosa que quiero es agravar la situación, o sólo le costará más a Pedro.



– ¿Qué? – Mis ojos se abren–. ¿Sabes algo acerca de Delfina?



– Sólo que esta vez Pedro se está haciendo cargo de las cosas y que tú estás fuera de esto completamente. – Aprieta los labios significativamente y asiente, y ni siquiera puedo discutir, para ese momento Pedro es anunciado, su nombre explotando a través de los altavoces y del público.



– Sí, señor, ¡saca a Riptide para esta gente! – El anunciador grita, y la multitud ruge– . ¡RIPTIDE!



Mi corazón da un vuelco, mi conciencia inmediatamente pasar a centrarse en el destello rojo que se acerca al ring.



La pelea de la noche es tan significativa. No sólo porque nos enteramos de que Scorpion fue descalificado por usar manoplas en una pelea la noche anterior y porque Pedro está en el primer lugar por una gran cantidad de puntos, sino porque sé que Austin es el lugar donde nació, donde, en su cabeza, cree que fue rechazado. Pero no por la multitud. Oh, no. Nunca por la multitud.



La arena resuena con gritos sanguinarios mientras Pedro salta al ring, trayendo todo el color a ese espacio en blanco y aburrido.



– Si pasa esta noche, sin perder, entonces dejaremos a Scorpion muy por detrás. Todo son buenas noticias – Diego me dice.



Asiento con entusiasmo, mis ojos se enfocaron en nada más que Pedro ahora.

Ruben y el entrenador toman su lugar en la esquina mientras Pedro se quita su bata RIPTIDE y se la entrega.

Mientras que su oponente es anunciado, Pedro levanta los brazos y sonríe a su público, entonces me señala, y la gente ruge. –Paula, Paula, Paula – empiezan a cantar.



Se ríe, y estoy con las mejillas sonrosadas por el conocimiento repentino que aquí todo el mundo ahora sabe acerca de mí. Todos sus admiradores todos saben que soy la novia embarazada de Riptide, así que qué más da. Agito la mano como una tonta y le mando un beso, y me encanta la forma en que él lo coge y lo aplasta en su boca. Creo que eso es lo que la gente estaba pidiendo cuando cantaron Paula, porque en el instante que mueve sus brazos para agarrar mi beso en el aire y aplastarlo, la multitud se vuelve loca, y nos reímos al unísono.



Un nuevo peleador se mete en el ring, sin toda la fanfarria de la entrada de Pedro, y la lucha comienza.



Pedro es especialmente juguetón con los combatientes más jóvenes. Parecen esperar que sea potente, pero no tan rápido, y puedo ver que los vuelve locos. Finge mucho, les da un poco de juego, y luego los acaba sin misericordia para el deleite de su público.



Esta noche se va a través de doce peleadores, termina empapado y un poco magullado en su lado izquierdo. Cuando nos dirigimos a la casa de alquiler, empieza a cuestionar a Diego tan pronto como lleva a la gran sala de estar que se separa en largos pasillos, cada uno lleva a una habitación separada.



– ¿Todo bien en las gradas?



–Uh, algo.



– ¿Cualquier explorador alrededor?



– Dos. Los mismos de siempre.



– ¿Miraron a Paula?



–Uh...



Se mueve alrededor, frunciendo las cejas. – ¿Jodidamente miraron a Paula?



Diego me mira y luego a él. –Vinieron a hablar. Paula les enseño el dedo. Les dije que se fueran. Josephine se acercó. Puse a Paula a un lado.



Pedro me mira, y ahora sus cejas se levantan. – ¿Les enseñaste el dedo?



Me enfada. – ¿Preferirías que los hubiera pateado en las bolas?



Su incredulidad se desplaza a Diego. Muy lentamente, arrastra una mano por su pelo con frustración, hacia atrás de su cuello, luego niega con la cabeza y me agarra la nuca mientras me conduce hacia nuestra habitación. – Lo discutiremos en nuestra habitación– dice refunfuñándome.



– Buenas noches, chicos – dice Diego.



Pedro se para y cambiando de dirección. – ¿No hay señales de la hermana de Paula?



– Ninguna – dice Diego, y la emoción en su rostro casi me rompe. Él y Pedro se enganchan en una forma silenciosa de comunicación de hombre a hombre, y eso es todo, y nos dirigimos en diferentes direcciones.



Tan pronto como Pedro nos lleva a nuestra habitación, soy presionada contra la puerta y me encuentro con su nariz enterrada en mi escote mientras me huele a nuevo.



Mi coño se aprieta cuando gruñe – ¿Por qué insultaste a esos idiotas? – Hace su cabeza hacia atrás y me da toda la fuerza de su mirada miel–. ¿Qué te dijeron?



–Estaban en nuestras caras, y no me gusta decir esto, pero Diego es como un arma cargada sin gatillo.



– ¿Lo es?



–Fue realmente una buena cosa que pudo mantener la calma esta noche, porque yo no pude. Estoy enloqueciendo pensando que Delfina está allá fuera con esos hombres. ¿Qué vas a hacer?



Sacude la cabeza y se dirige a la ducha. – Vas a mantenerte fuera de esto.



Empiezo a ir tras él. – ¿No vas a decirme al menos?





Abre la puerta de la ducha, y eleva su mirada más sombría sobre mí. –Por nosotros, Paula – susurra con severidad, acariciando su mano a lo largo de la curva de mi abdomen– . Por nosotros tres. Vas a prometerme que vas a estar lejos de esto. Y si rompes lo que me prometiste, que me ayude Dios...



– ¡No! Que Dios me ayude, si tú te pones en peligro a causa de ella... por mi... voy a...



– ¿Qué? – ladea una ceja divertido, y luego me acaricia el culo con una sonrisa–. Me gusta cuando me golpeas, y también me gustas enojada.



– Pero voy a estar muy enojada ¡como nunca me has visto! – Lo veo amenazadoramente a su pecho mientras comienza despojarse de su pantalón de boxeo–. No, Pedro. – Alcanzándolo antes de que entre en la ducha, lo agarro de la mandíbula y lo obligo a mirarme–. Prométemelo.



En su mirada hay destellos de diversión mientras pasa la parte posterior de un dedo por mi sien. – ¿Qué voy a hacer contigo, petardo?



– Prométemelo – Insisto.



– Te prometo –me dice– , que tu hermana estará de regreso contigo muy pronto, y que estoy aplastando a ese insecto este año. –Suelta mi barbilla y se mete en la ducha, y no puedo explicar el alivio que siento. Nunca me ha mentido. Sus palabras no son tan abundantes, pero llevan tanto peso. Está ganando este año, y lo que sea que esté negociando, Delfina será libre pronto. Ligeramente aliviado, voy a sacar mis aceites. Le lleva exactamente cuatro minutos para enjabonarse, lavarse el pelo y salir con una toalla alrededor de su cintura mientras usa otra para secarse el pecho.



— Ven aquí y deja que te frote— le digo, y mientras me sigue a la banca que generalmente encontramos al pie de la mayoría de las camas de hotel, me tira en sus brazos y besa el hueco de mi oreja.



— ¿A quién le perteneces? – pregunta en voz baja.



Me derrito.



– A un tipo con suerte. – lo obligo a que se siente, luchando contra el impulso de besar cada centímetro de él por el momento.



– Dime su nombre– ordena al tiempo que se deja caer para que pueda frotar sus músculos. Me mira arrodillarme ante él y colocar todos mis materiales cerca, y usa una inclinación devastadoramente atractiva en los labios que es francamente irresistible.



– ¿Por qué? ¿Te gusta la forma en que su nombre suena en mi voz? – pregunto mientras desenrosco la tapa de mi aceite de árnica.



– Joder, me encanta. Dime su nombre ahora. – Sus calientes ojos mieles miran mientras me echo el aceite en las palmas y froto mis manos para calentar el líquido antes de deslizarlas hábilmente a lo largo de su pecho y hombros.



– Pero... él es... complicado – susurro, curvando los dedos alrededor de su clavícula y su garganta—.Lo conozco muy bien, y sin embargo... – Me detengo y froto el aceite de árnica a todo lo largo de un sólido brazo musculoso–. Y al mismo tiempo, siempre sigue siendo un misterio.—Deslizando hacia arriba de su brazo y para poner el aceite a través de sus trapecios, le susurro al oído :– A veces responde por Riptide, pero yo lo llamo Pedro. Y estoy loca por él.



Su pecho retumba con una sonrisa, y veo las pequeñas estrellas de deleite danzando en el interior sus ojos mientras me mira a la cara y me pellizca la nariz.



– Eres buena para mi ego Paula, mi hermosa embarazada Chaves.



– Pero no dejes que ese ego sea todavía más grande – le advierto, ahora frotando el aceite caliente a lo largo de sus pectorales como me cae mi voz y le digo:– Tú eres mío.



Sonriendo, deslizo mis dedos por su brazo, le toco la mano, entonces impulsivamente levanto su mano y beso sus nudillos, mirándole a los ojos mieles, que brillan con ternura mientras me mira. – ¿Esta es mía también? – Pregunto con incertidumbre.



Baja la voz a un gruñido juguetón mientras corre la parte posterior de un dedo por mi mejilla. – Depende, pequeño petardo. ¿La quieres?



–La quiero.



– Entonces es tuya, pequeña.



Tomando la otra mano, repito lo que hice con la primera y beso sus nudillos.



– Y ¿esta otra?



– ¿La quieres? – Levanta las cejas y feliz sacude su cabeza en dirección a la puerta–. Todas esas señoritas por ahí lo querían.



– Pero yo la quiero – protesto.



Sonríe con indulgencia y recorre el reverso de un dedo por mi mandíbula de nuevo. – Entonces es tuya.



Mi voz falla cuando quito su toalla para que pueda esparcir el aceite en las pantorrillas y los poderosos muslos. Admiro su sonrisa sexy, esos hoyuelos y el pelo revuelto. Pregunto:– ¿Qué hay de ti? ¿Todo tu? –Paso mis aceitosas manos por su pack de ocho, levanto la cabeza para buscar sus labios. Gruñe cuando lamo la costura de su boca. Suavemente . Sigo masajeando su piel mientras comienzo a mover mis labios sobre los suyos. Es una máquina de combate y es mío, mis ojos brevemente se cierran mientras lo atiendo y respiro – ¿Qué hay de ti, Pedro? ¿Eres mío?



Su voz gruesa hace que mis pezones se paren. – ¿Me quieres?



Dios. Mi gran hombre, adorable como un niño. Un niño con la fuerza de mil hombres. Juguetón y posesivo. Me muero de la necesidad y de amor cuando le susurro:– Te quiero – al oído–. Todo tú. Negro y miel y cualquier otro tono que tengas.



Gimiendo, jala mi cabeza hacia abajo a sus labios y me besa, duro y profundamente. – Voy a responderte en la cama. – Coge mi mano, como si estuviera listo para la parte de la cama, pero me río y tiro hacia atrás.



– ¡Cinco minutos más!



Niega con la cabeza. – Dos.



– Cuatro.



– Tres, ahora lo tomas o te arrojo en la cama justo ahí, en este instante.



– Hecho.



–Listo, ¿te arrojo en la cama? – protesta.



–Listo, ¡tres minutos más! – Lloro riendo, apurando mis manos mientras froto a lo largo de sus duros pectorales. Mi risa se desvanece cuando mis pensamientos van de nuevo a los hombres de Scorpion.



–Ella solía meterse en mi cama por la noche cuando tenía pesadillas. Tenía una imaginación tan vivida, veía cosas, buenas y malas, donde no había ninguna.



– ¿De qué estás hablando? – Pregunta con voz ronca.



–Delfina – le digo, sin poder ocultar la tristeza en mi voz–. Sólo quiero que sepas por qué... No sé. Por qué siempre la he protegido. Parecía necesitarme, y caímos en esos roles. Ella siempre necesitaba protección. Pero ahora me pregunto si la dejo resolver sus propios problemas, ¿alguna vez aprenderá la lección? Siempre he querido protegerla pero ahora nada me hará arriesgar al bebé y a ti, ni siquiera ella.



Su expresión es tan amable y comprensiva, un pequeño grupo de emociones viajan por mi pecho.





– Shh. Relájate – dice, acariciándome con mano el pelo–.Él no va a conseguir el campeonato, o el premio, o a tu hermana. No está ganando. Yo. Voy. A. Ganar. Todo. ¿Me escuchas? Obtengo el oro, el campeonato, la libertad de tu hermana... Y voy a proteger, complacer y amar a mi chica.



GRACIAS POR LEER!♥


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