jueves, 13 de marzo de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 38



Los altavoces crepitan como si el micrófono estuviera encendido, y un locutor aparece arriba de escenario. Casi salto fuera de mi piel.



—Señoras y señores, ¡hola! —La gente ruge su saludo antes de que el locutor continúe—. ¡Bien, aquí estamos esta noche con todos ustedes! ¿Está la gente preparada? ¿Están todos listos para una pelea diferente a cualquier otra? ¡Diferente a CUALQUIER OTRA, gente! ¿Réferi?



El réferi en la esquina del ring presta toda su atención al locutor.



—Señor, no vamos a necesitar sus servicios esta noche. —El locutor dice galantemente, añadiendo una reverencia dramática que causa que un rugido atronado explote alrededor de la arena mientras el público se levanta y grita su aprobación.



—¡Eso es correcto! —grita el locutor en una voz resonante hacia la multitud—. Esta noche, NO hay reglas, NO hay réferi. Todo vale. ¡TODO VALE, GENTE! No hay Nocauts, esta es una lucha de sumisión. ¡De sometimiento!



—¡¡O muerte!! —la gente grita emocionada.



—¡Damas y caballeros! !Si! ¡Es una pelea de sumisión, aquí, esta noche en el Underground! ¡Ahora, vamos a llamar a su peor pesadilla al ring! El hombre por el que sus hijas lloran. El hombre del que desean huir. El hombre con el que sin duda no quieren estar en el ring.¡Nuestro campeón defensor, Benny, The Blaaaack, Scorpionnnnnn!



Estoy hiperventilando. No sé cómo pensaba que iba a hacerle frente aquí sentada, viendo el combate de la maldita década, porque todos los órganos en mi interior están temblando de los nervios y creo que voy a vomitar mi corazón. Todo vale. No hay árbitro. Justo como ellos pensaban que iba a suceder, lo harán, y ni siquiera sé con seguridad en qué estado de ánimo estará luchando Pedro.





—Diego, voy a vomitar —me ahogo, aspiro unas profundas respiraciones mientras mi estómago se aprieta en una repentina y dura

contracción.



A lo lejos, una figura con un traje negro agitándose detrás de él se acerca al ring, y las náuseas aumentan con toda su fuerza cuando lo veo. Scorpion. Con su dedo corazón gigante clavado en el aire, decido que es incluso peor que mi Voldemort, porque este tipo está realmente vivo.



—Ese imbécil —dice Diego con disgusto.



La última vez que tuve el disgusto de ver a Scorpion salir a luchar, Pedro tiró la pelea para rescatar a Delfina de ese espécimen repugnante de hombre. Y Delfina, ¿dónde está ahora? ¿Qué está haciendo Scorpion con ella? Pedro me dijo que confiara en él, y lo hago, pero mi miedo es tan grande mientras miro la cara de esa desagradable pesadilla, que hasta la última gota de razón en mi ha huido. Es imposible silenciar los gritos frenéticos en mi mente, diciéndome que Pedro va a conseguir salir herido esta noche. Se va a hacer daño y una vez más, ¡no puedes pararlo!



¡No puedes hacer nada al respecto!



De repente, veo a Delfina a través de los stands, y una terrible ira y dolor barren a través de mí, mientras ella cuidadosamente evita mi mirada.



Scorpion salta al ring, y cuando su equipo le quita la túnica, un escorpión negro extra grande que parece haberse tatuado recientemente en toda la espalda saluda a la multitud mientras se da vuelta para que todos lo vean. El tipo es aún más feo que el trasero de alguien, y siento un placer perverso al ver esa cicatriz en su terrible cara, cortesía de Pedro.



—La buena noticias es que aún es repugnante —dice Diego.



—Diego, no puedo creer que mi hermana estaba limpia y libre de él y entonces vuelve a eso. Me pone enferma. —Robo otra mirada de Delfina a través del ring, y su traición me corta como un cuchillo.



—No es lo que piensas, Paula —me dice Diego, luego asiente al ring—. Tu chico lo tiene. Sólo tienes que esperar y ver.



—¿Qué quieres decir? —pregunto desconcertada, pero si Diego responde, no lo oigo.



Scorpion acaba de girar en la dirección de Delfina, y ella lo mira con una expresión sombría que no parece que sea en realidad la mirada de una joven enamorada. Luego se sacude dando la vuelta para mirarme, y levanta su dedo medio en el aire. Directamente hacia mí.



—Oh mierda, Paula, por el amor de…



Levanto mis dos dedos medios en respuesta, y la bestia sonríe, su sonrisa amarilla hacia mí.



Diego jadea y gime como si tuviera un dolor digestivo. —Muy bien, si Pedro sabe que él te enseño el dedo medio y tú se lo devolviste…



—¡Booooo! —grita la gente inmediatamente, él les muestra el dedo también, junto con su sonrisa amarilla, y como si esto no fuera lo suficientemente grosero también toma su ingle y la aprieta—. ¡¡BOOOOO!! —grita la multitud.



¡Dios, no puedo entender por qué mi hermana estaría con tal espécimen! Ella solía ser tan romántica. Solía querer un príncipe. ¿Y se va con Scorpion?



—¡Y desafiando a nuestro campeón esta noche, todo sabemos su nombre! Todos estamos esperando para ver si va a traerlo a este ring esta noche. Así que… ¿lo hará? Preeeeparense para dar la bienvenida al primer y único Pedroooo Alfonsooo, suuu Riiiiiptide.



Es imposible calmar el rayo que corre a través de mí al oír su nombre. Había sido ruidoso cuando Scorpion salió. Pero la forma en que la gente empieza a gritar por Pedro hace que mi garganta se cierre con emoción y mi corazón se sacude dentro de mi pecho.



—¡Pe—dro! ¡Pe—dro! ¡Pe—dro!



El canto desgarra entre la multitud. El color rojo ocupa toda la arena.Entonces veo la mancha roja que me muero por ver mientras su nombre me rodea completamente como su color lo hace.



—¡Pedroo, mátalo, Pedrooo! ¡Vamos, Rrrrrriptide!



Mis funciones corporales aumentan en todos los sentidos. Mis pulmones, mi corazón, mis glándulas suprarrenales, mis ojos, cada parte de mi acorde con él. En el instante en que viene trotando hacia la arena, soy envuelta en un torbellino de nerviosismo, miedo y excitación. Estoy dividida entre el deseo de llevarlo a un lugar seguro y la necesidad de animarlo como el resto de sus fans lo hacen, para hacerle saber que sé que si alguien posee ese ring, es él.

Con un simple salto, toma el ring, y de inmediato Ruben tira la túnica de sus hombros. Juro que oigo un suspiro colectivo de las mujeres que están cerca de mí.



—¡Pedroo! ¡Mátalo, Pedro! —grita alguien.



Y entonces, sucede lo increíble.



Comienza con su distintivo y arrogante giro. Todos sus músculos son gloriosos, bronceados y duros, y oigo gritar a una mujer cercana que su cuerpo debe ser inmortalizado, es tan masculino y perfecto. Entonces me mira. Sus ojos mieles brillando. El más miel de los mieles. Sus hoyuelos destellan, y me doy cuenta con un estremecimiento en mi corazón que esto es lo que el Entrenador quería decir sobre el miel regresando. Sus ojos son mieles. Claro, hermoso y brillante miel. Esos ojos y hoyuelos le hablan directamente a las mariposas en mi estómago y ellas vuelan con ellos.



Un frenesí de emoción se dispara a través de mí, y de repente lo sé, con cada fibra de mi ser, él conseguirá esto. Lo hará. Es Pedro Alfonso. Es un hombre que cae y se levanta una y otra vez. Empuja, labra, saquea y avanza. Él. Conseguirá. Esto. Recuerdo quien es. De donde proviene su impulso, de alguna fuente innombrable que nadie en el mundo posee. Es invencible e insuperable, y va a aplastar a Scorpion, justo como quería. Suena la campana, y mi chico no pierde el tiempo. Va directo hacia el centro del ring. Mientras Scorpion parece pensar que van a saltar alrededor un poco, Pedro lo golpea tres veces, con la suficiente rapidez para hacer que el feo animal retroceda.



Burbujas de emoción explotan dentro de mí. Llenan mi boca y mis gritos instantáneamente se unen a los otros. —¡Pedro!



—¿Paula? —Peter me obliga a bajar a mi asiento, pero estoy tan emocionada que no puedo quedarme por mucho tiempo. Lo siento. A Pedro, en el peso en mi vientre, lo siento vivir dentro de mí y a su energía en mi interior.



La pelea comienza con fuerza.



Pedro golpea con sus nudillos en la mandíbula de Scorpion, el puñetazo sacudiéndolo. Mi pecho escasamente puede contener todas las emociones en mi interior, mis pulmones trabajan en busca de aire. Dios, he estado esperando ver que esto sucediera por lo que se siente como mil años, y apenas puedo soportarlo. La multitud ha estado esperando el mismo tiempo para verlo, y están gritando con toda la fuerza de sus pulmones. ¡Como yo!



—¡Vamos, Pedro!



—¡Mátalo,Pedro!








—¡Pedro, joder, te amo! ¡Oh mi dios, te amo! —grito.




—¡Paula! —dice Diego desesperadamente, y señala mi estómago—. Todos esos saltos no pueden ser buenos.



—¡Es bueno, Diego! ¡Es tan bueno! —Él bebe se está moviendo, y tengo algunas contracciones tolerables, pero las he sentido en ocasiones.



Leí que el cuerpo comienza a practicar hasta tres meses antes del parto. Creo que el bebe siente mi adrenalina. O sabe que su papá está luchando. Se retuerce siempre después de una contracción, y creo que hay simplemente demasiada acción para que se relaje ahora. ¿Cómo podemos relajarnos viendo esto? ¡Oh dios mío!



—No sé lo que hay sobre Pedro y ese ring —dice Diego—. Pero sólo sé que cuando está sobre él, lo que sea que se proponga, lo realiza.



Ruben dice que es la memoria muscular, pero no estoy muy seguro.



—Es Pedro,Diego —le digo con entusiasmo, y agarro y lo abrazo. Pedro golpea perfectamente de nuevo, defendiendo, saltando, y pegando, mientras que Scorpion no ha aterrizado un solo golpe. Ni uno solo. Un canto se propaga en la multitud—: ¡Mátalo, RIP! ¡Mátalo, RIP! ¡Mátalo, RIP! ¡Mátalo, RIP!



Diego me dice que ni todo el entrenamiento del mundo puede convertir a un luchador en un fuerte golpeador; o eres un feroz golpeador o no lo eres. Había dicho que la velocidad podrías trabajarla, pero no podías hacer tu mano pesada, y ahora puedo ver la diferencia en el poder del golpe.



Ahora puedo ver por qué Scorpion tuvo que hacer trampa para ganar el campeonato la temporada pasada.



Entre rondas, Pedro salta con energía, mientras que Scorpion se sienta en su taburete con la cabeza baja hacia el suelo, su equipo trabajando en esparcir vaselina, o algo, en sus cortes.



La campana suena de nuevo.



Pedro sale de las cuerdas y golpea, pero esta vez Scorpion responde, rápido y con precisión, alterando su ritmo. Entran en un cuerpo a cuerpo. Pedro se libera y le da un gancho con su derecha. Scorpion se cubre y vuelve con un poderoso puño que aterriza directo en la caja torácica de Pedro.



La respiración sale de él, pero Pedro no se estremece. No. Mi árbol no se estremece. En vez de eso, empieza a lanzar una seguidilla de golpes, su rostro concentrado y fiero, y la cabeza de Scorpion comienza a balancearse, la sangre escurriendo por ambas fosas nasales, y de un corte cercano a uno de sus ojos.



Scorpion devuelve el golpe, su puño conectando con la mandíbula de Pedro, haciendo que la sangre se derrame de su boca. Otra contracción me llega, y esta vez estoy teniendo problemas para recordar respirar. La pelea es intensa, emocionante y terriblemente dolorosa de mirar en partes iguales.



El torbellino de golpes continúa. Rebotando, persiguiendo, cada uno sigue golpeando al otro. La diferencia en el poder del puño es aparente. Pedro es más rápido y más fuerte, y Scorpion parecer ser el saco de arena de turno. Se sacude, y casi es aplastado, pero no caerá. Sigue balanceándose y aterrizando golpes de regreso en Pedro. Agarra a Pedro por el cuello, intenta lanzarlo al suelo, y cuando no puede, levanta la rodilla y la asesta en su estómago.



—¡Queeeé! ¡Eso no es justo! —lloro.



—Pedro es un boxeador; nunca utiliza sus piernas excepto para ponerse de pie, pero cualquier cosa vale aquí, Paula. Si Scorpion quiere morder…



El miedo se asoma de nuevo dentro de mí, y otra contracción me agarra, lo suficientemente fuerte como para tener que reprimir un gemido de dolor y hacerme sentar por un momento. Con un gruñido enojado, Pedro empuja a Scorpion y empieza a arrasar con él. Golpe tras golpe.¡Bam! ¡Bam! ¡Bam!



Lo he visto matar su bolsa de velocidad, y su saco, pero nunca, nunca lo he visto matar a otro hombre como este. Scorpion se cubre la cabeza y se agacha, y Pedro carga, embistiendo contra su estómago, una, dos, tres veces. Scorpion rebota en las cuerdas y cae de rodillas. Escupe en el suelo y se levanta con esfuerzo, mientras Pedro se tranquiliza a la par que recupera el aliento, con las cejas bajas sobre sus ojos, ojos brillando como los de un depredador.



Scorpion arremete hacia adelante y consigue un puñetazo directo a la mandíbula de Pedro, luego aterriza otro duro golpe en la derecha de la caja torácica. Pedro se mueve hacia atrás. Veo la sonrisa amarilla en la cara de Scorpion cuando pretende un tercer golpe directo a la sien de Pedro, que lo hace rebotar en las cuerdas con un sonido que es tan inquietante de escuchar, que me sacudo en mi asiento con un crudo grito de dolor.



Se endereza, con una respiración temblorosa que expande su amplio pecho, y mi corazón se siente descuartizado. ¡El dolor que siento cada vez que recibe un golpe hace que mis contracciones se sientan tranquilas! Me estremezco interiormente cuando se acerca a Scorpion de nuevo, ahora sangrando tan libremente como su oponente. Vuelven a ello una vez más, y escucho todos esos ruidos de sus golpes, ¡pam, pam, pam!



Los nervios me corroen por dentro mientras las rondas se alargan. Una tras otra. Ninguno se rinde. Ninguno cae. Retorciéndome con ansiedad en el asiento, siento un estallido, y entonces un suave sonido me alcanza. Bajo la mirada con horror para ver que hay agua goteando debajo de mi falda, bajando por mis piernas desnudas.



—No —digo.



Sintiendo que me quedo en blanco de puro pánico, miro a Pedro y luego a Diego, que está muy absorto en la pelea, y mentalmente cierro los ojos y le digo al bebé, por favor, por favor, no hasta que tu papá esté listo.



Sólo tengo seis meses y medio. Siete, y no más. ¡No puedo dar a luz ahora!

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LA NOVE TERMINA ESTE FINDE, DISFRUTEN DE LO POQUITO QUE QUEDA! =)

GRACIAS POR LEER! =)




3 comentarios:

  1. hay y lo cortaste ahi noo , muy buen cap espero el siguiente besos

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  2. Me estás jodiendo?????!!!!!!! No nos dejes así x favorrrrrrrrr!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  3. Ayyy nooo,que no les pase nada!!! Ojala pedro gane!!!

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