viernes, 14 de marzo de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 39




Pedro carga con un puño, su brazo yendo repetidamente. Es tan rápido, apenas puedo ver sus movimientos, sólo puedo oír en su mayoría los sonidos del constante hueso chocando contra hueso.



No hay duda. Estoy de parto. Contracciones. Todo lo que leí en el libro está pasando. Mi fuente se rompió. Gracias a Dios que no es una inundación, pero corre por mi pierna, saliendo de mí.



Tomo una profunda respiración cuando el dolor toma el control. Las contracciones de antes que mi fuente se rompiera no eran nada comparado al dolor que siento ahora que mi abdomen se tensa y aprieta.



Pero Pedro está luchando ahí, y no voy a ninguna parte hasta que él esté listo para irse. ¡Oh Dios, ni siquiera he tenido tiempo para estar asustada de dar a luz hasta ahora! Estoy tan ocupada tratando de recordar cómo tomar las respiraciones lentas y relajantes sobre las que leí que no me doy cuenta que Delfina ha dejado su asiento y ha venido a mí.



—¿Estás bien, Paula? —pregunta preocupada.



Mierda. Se dio cuenta. —Bien —jadeo, cuando mi contracción llega.



—Paula, Benny no se rendirá. Preferiría morir —añade con voz temblorosa, lágrimas brillando en sus ojos—. No quieres que Pedro lo mate, Paula… ¡las cosas que eso hará a su mente! Y Benny no es del todo un monstruo, no lo es.



—Delfina. —Diego alcanza su mano y la atrae hacia él—. Ya está todo arreglado, Delfina. Scorpion no te lastimará de nuevo. —Mirándola a los ojos, levanta la mano y toca su rostro. Ella contiene el aliento. Un palpable chisporroteo se extiende entre ellos, y Diego suaviza su voz mientras continua—: Hemos negociado. Lo estamos consiguiendo.



—¿Qué? —pregunto con perplejidad—. ¿Qué está pasando? —Diego se pone de pie para darle el asiento a Delfina y luego toma el que está vacío a mi otro lado— Diego, ¿qué está pasando? —demando.



—¡Diego! —grita Delfina. Sacude la cabeza violentamente, y Diego duda.



—¡DIEGO! —exijo furiosamente—. ¡Te juro que he tenido suficiente de esta mierda!


Diego tira de su corbata por un momento y entonces agacha la cabeza hasta mi oído y deja salir—: Scorpion está afuera por la sangre de Pedro. Él no cree que Pedro pueda hacerlo rendirse o que pueda matarlo, hizo que Pedro esté de acuerdo en que cualquier encuentro del campeonato sería por sumisión. Si nuestro chico gana, consigue el campeonato, pero lo más importante para él, el… video de Delfina.



Delfina hace un pequeño sonido de dolor y entierra el rostro en sus manos, y estoy tan aturdida, que mi cerebro casi grita mientras intenta procesarlo. ¿Delfina estaba siendo chantajeada con un video? Y Pedro… ¿está de acuerdo con esto?



—Él quería hacerlo —me dice Diego inmediatamente.



—Dios, Delfina —digo. La idea de ese loco usando a mi hermana para hacer que Pedro tenga que tomar la decisión asesina, que es, matar a Scorpion, me hace temer por todos nosotros. Si el bastardo no podía vencer a Pedro, ¿estaba decidido a convertirlo en un asesino?



Y hacerlo irse a negro para siempre…



Concentro toda mi atención en mi hermana cuando otra contracción se afianza, y Delfina desliza lentamente su mano por mi estómago. —¿Es el bebé?



Respirando e inclinándome hacia ella, para que Diego no escuche, asiento.


—Sí.




—¿Qué hago, Paula?



—Sólo sostén mi mano mientras observo a mi chico hacer esto.



Como si me estuviera escuchando, Pedro continúa acabando a Scorpion ahí. Mis nervios está hecho jirones. La sangre casi negra de Scorpion está por la lona, y aunque está tropezando, se rehúsa a caer. Jadeando pero imparable, Pedro lo agarra por el cuello y lo lanza hasta enfrentar el espacio donde se encuentra la silla vacía de Delfina.



Sus labios se mueven cuando murmura algo en el oído de Scorpion, y justo cuando Scorpion deja escapar una risa burlona, un fuerte crujido llena la arena.



—¡AAAAAA! —jadea el público cuando el codo de Scorpion se quiebra y su brazo cuelga sin fuerza desde la mitad.



Mi estómago se aprieta a la par que la lucha se vuelve incluso más cruel, y Pedro deja a Scorpion contra el poste de la esquina y golpea su cabeza de lado a lado, atacándolo como haría con su bolsa de velocidad. Scorpion lucha y da un rodillazo en el estómago de Pedro.



—Paula —solloza Delfina—, ¡van a matarse!



Una bola ardiente de miedo se acumula en mi garganta mientras ambas miramos la pelea en curso con temor. Siguen con todo. Scorpion ha dado un par de patadas, y están regresando al centro. Pedro está cubierto de sangre, tanto de Scorpion como propia, y aunque Scorpion apenas puede estar de pie, arremete enojado con sus hombros, tratando de darle un cabezazo a Pedro.



—¡Uno de ellos tiene que parar ahora! —susurra Delfina en voz baja.



—Tiene que ser Scorpion —digo.



Y entonces, Pedro ofrece una rápida y fuerte combinación de dos golpes que al instante dejan a Scorpion de rodillas. Un grito de emoción estalla entre la multitud, y Pedro se limpia la frente con la parte posterior de su brazo y me busca entre los espectadores.



Cuando me encuentra, sin quitar los ojos de los míos, agarra a Scorpion por el pelo y lo jala hasta que está de pie y le señala a Delfina junto a mí.



Susurra algo a Scorpion, y en respuesta, éste escupe sangre roja en el suelo.



Pedro lo empuja lejos y toma posición de nuevo, levantando la guardia de una manera que claramente dice: Bien, imbécil, entonces sólo tendremos que seguir luchando y ver quien se agota primero.



Así que la pelea continúa. Pedro se balancea y golpea con esa misma fuerza innatural que su público ama, e inmediatamente gritan en señal de aprobación mientras miramos todos sus músculos contraerse y tensarse al son que los hace trabajar. Scorpion dura dos golpes y un gancho, entonces cae con un plaf sobre su rostro.



El público está animado y excitado, y un canto familiar se eleva en

un crescendo—: ¡Pe—dro! ¡Pe—dro!



—¡Rip! ¡¡¡Sella el trato, Rip!!! —grita un hombre joven desde una esquina de la primera fila.



El silencio desciende cuando Pedro se aproxima al cuerpo inmóvil de Scorpion, y no creo que yo esté siquiera respirando. Mi corazón está haciendo todo tipo de movimientos en mi pecho mientras escucho a Delfina empezar a sollozar en silencio a mi lado.



Scorpion se arrastra en el suelo. La mirada de Pedro está hábilmente fijada en mí, su amplio y brillante pecho expandiéndose con cada trabajosa respiración, y sé que mi frente está arrugada con dolor, pero por favor, por favor, no quiero que se dé cuenta que algo está mal.



—¡¡¡¡Vamos, Pedro!!!! —grito, pero no puedo estar de pie, así que tengo que gritarlo desde mi asiento. Él se vuelve y golpea a Scorpion de nuevo al piso cuando trata de levantarse.



La gente aúlla su aprobación.



Pedro agarra el brazo sano de Scorpion y rompe todos los dedos de su mano en un movimiento; luego rompe su muñeca. Los ojos de Scorpion saltan. Empieza a retorcerse mientras Pedro desliza sus manos hasta su codo sano. Pedro empieza a girarlo en un ángulo extraño, y una dolorosa contracción rasga mi cuerpo, haciéndome tragar de nuevo un gemido de dolor.



Scorpion se retuerce bajo él y comienza a farfullar. De repente, hay un fuerte grito, y una toalla negra cae en el ring, justo al lado del retorcido cuerpo de Scorpion.



Pedro sujeta su mandíbula cuando la ve, y el público abuchea cuando se dan cuenta que el equipo de Scorpion se ha rendido por él. La decepción cruza el rostro de Pedro, y le toma un par de segundos antes de finalmente, finalmente liberar a su oponente. Scorpion escupe una tonelada de sangre de su boca y lo mira, jadeando. Pedro empieza a alejarse, pero al escuchar a Scorpion murmurar algo en voz baja, se gira y golpea con su puño y noquea al miserable insecto hasta la inconsciencia.



—¡RIPTIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIDE! —Escucho el grito del anunciador.



Pedro me mira, su expresión tan fiera como el dolor en mi interior.



Una tormenta de testosterona gira a su alrededor, y puedo ver sus emociones bullendo en sus enojados ojos mieles, gritando en silencio —: ¡No jodas conmigo o lo que es mío nunca más!



Viene al borde del ring y sacudo mi cabeza en un no, que no venga.

Quiero verlo ahí arriba con su brazo en alto, tomando su maldito título, escuchar su nombre en los labios del anunciador, escuchar ese mismo nombre brotando de los altavoces. El locutor agarra su brazo y lo tira hacia arriba en el aire antes de que Pedro pueda llegar a las cuerdas, y la felicidad me inunda y se mezcla con mi dolor cuando escucho… Cuando escucho lo que se suponía que escucharía en esa pelea final, una temporada antes…



—¡¡El ganador del campeonato Underground de esta temporada, te lo entrego, PEDRO ALFONSO, RIIIPTIDE!!! ¡¡Riiiiiiiiptide!! Riptide… ¿¿a dónde vas?



Mis ojos arden y él se convierte en una hermosa mancha.



Estoy llorando porque sé que está saltando del ring y viniendo a mí. Sé que él sabe que algo anda mal, siempre lo sabe. No necesito decirle. Diego sentado a mi lado, es ajeno a ello. Pero mi hermana sabía. Y Pedro, él sabe. Siento sus brazos sudorosos y sangrientos cuando se arrodilla ante mí.



—Paula, oh, nena, está llegando, ¿no es así? —Cuando asiento, él dice, jadeando y con brillantes ojos mieles mientras limpia mis lágrimas—: Te tengo, ¿de acuerdo? Me tienes, nena; ahora te tengo. Ven aquí. —Me recoge, y lloro en su garganta húmeda mientras enrollo mis brazos a su alrededor cuando empieza a llevarme a la salida.



—Él no… se supone… venga todavía… Es demasiado pronto… ¿Y si no lo logra…?



Todas mis emociones habían estado encorchadas y embotelladas, y ahora estaban inundándome. Se suponía que íbamos a hacer esto después, después de esta pelea. Después de que tuviéramos la habitación lista. Después de que fuéramos a Seattle.



La multitud nos atropella y los fans se estiran para acariciar su húmedo pecho musculoso y bronceado cuando hace un camino para nosotros, ignorando cada grito, cada llamada, todo excepto a mí.



—¡RIPTIDE, ERES GENIAL! ¡RRIIIIPPPPTIIIDE!



Una canción empieza a sonar, absolutamente a todo volumen, a través de los altavoces, y no reconozco al cantante o el tono, cuando una voz se une.



—A petición de nuestro vencedor, quien tiene una pregunta muy especial que hacer… —Escucho al presentador decir mientras Pedro nos mueve a través del gentío, con mi cabeza presionada contra su pecho. Escucho su corazón latir. Su respiración. Cada parte de él, la siento.



Él sigue adelante a través de la multitud de personas, e incluso a través de mi dolor, me doy cuenta que los fanáticos tienen rosas blancas en sus manos mientras los pasamos, y algunos de ellos están lanzándolas a nosotros desde las gradas. Entonces, escucho la letra de la canción, hasta que dos palabras golpean como una inyección de adrenalina por mi torrente sanguíneo: Cásate conmigo…



—¿Q—qué? —jadeo.



No responde.



Está dando instrucciones a Diego para que saque el auto cuando por fin salimos del Underground, y cuando llegamos al auto, Delfina se sube al frente con Diego.



Pedro toma mi rostro en sus manos y me mira, su voz cargada de emoción y deshidratación, su rostro hinchado y ensangrentado matándome porque no puedo hacer nada al respecto.



—La canción se suponía que te pediría que te cases conmigo, pero tendrás que conformarte conmigo haciendo la pregunta —susurra, sus ojos de un miel brillante y poderoso en la oscuridad—. Mente. Cuerpo. Alma. Toda tú para mí. Toda tú eres mía.





Aprieta mi cara entre sus manos que están húmedas, callosas y ensangrentadas. —Cásate conmigo, Paula Chaves.


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GRACIAS POR LEER! 
MAÑANA EL FINAL PARTE 1 Y EL DOMINGO LA SEGUNDA PARTE CON UN PEQUEÑO EPILOGO!
ESPERO QUE LES GUSTE!♥
GRACIAS! =)


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