sábado, 15 de marzo de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO FINAL PARTE UNO



¡Dije sí!



Y he estado reproduciendo su propuesta en mi cabeza, una y otra vez, entonces me detengo a pensar en las dolorosas contracciones. Son cada vez más y más cercanas, a menos de un minuto de diferencia. La necesidad de pujar se hace aguda mientras espero en la cama del hospital, pero se supone que no debo pujar todavía.



Pedro mete un mechón de cabello suelto detrás de mí oreja con una expresión de dolor. —Paula… —Es lo único que puede decir, casi como una disculpa mientras me mira.



Me duele mirarlo. Su cara esta manchada de sangre y su mandíbula está un poco hinchada. Quiero tocarlo, cuidarlo y curarlo, pero cada vez que trato de hacer algo de eso, él me detiene y planta un beso en la palma de mi mano.



—Necesitamos hielo para tu cara —protesto.



—¿Quién se preocupa por mi puta cara? —contesta.



Y entonces me quejo cuando otra contracción me golpea. Él gruñe como si pudiera sentirla, y menea su mandíbula para mantenerla unida. Cuando la enfermera me revisa e informa que estoy en siete centímetros, me pregunta si quiero caminar para llegar a los diez. No quiero, pero asiento. Pedro se estremece visiblemente mientras trata de mantener el control, y me ayuda a levantarme de la cama. Agarro su antebrazo por soporte cuando empezamos a caminar fuera del cuarto, aferrándome a él.



—Quédate conmigo. Quédate conmigo, ¿sí?.



—Está bien, Paula —murmura automáticamente.



Enganchamos nuestras manos juntas, y su apretón tranquilizador me llena de coraje mientras caminamos por el pasillo del hospital.



Envuelve su brazo alrededor de mi cintura cuando una ola de contracciones me sacude. —Distráeme —pido.



—¿Te gustó la pelea? —pregunta en mi oído.



Sus ojos mieles danzan de alegría, con los labios torcidos en la parte inflamada de su mandíbula, y me río dolorosamente entre las contracciones, porque claro, por supuesto, Pedro quería saber.



—Pateaste traseros como sólo tú lo haces, pero ahora tu bebe me está derribando.



Me ayuda a volver a la habitación. Pronto estoy en una nube de dolor y todo lo que quiero es pujar, pujar, pujar.



En el momento en que el médico me dice que ya puedo pujar, estoy realmente agotada.



Envolviendo sus fuertes brazos alrededor de mis hombros por detrás de mí, Pedro entierra su nariz en mi cuello, mientras mi olor lo calma. Su olor me calma, y trato de no gritar por su bien, porque lo quiero conmigo, y sé que él nunca querría perderse un momento como este.



Mordiendo duro mi labio, pujo y apruebo su mano mientras me trago mis gemidos. Pujo con más fuerza contra el dolor, pujo otra vez, más duro y más tiempo. Después de varios intentos roba aliento, el bebé finalmente sale, y gimo cansada cuando la presión en mi cuerpo se alivia, dejando caer mi cabeza hacia atrás en la mesa.



El medico lo atrapa, y a través de una mirada empañada con alivio, veo algo húmedo, manchado y rosa.



—Es un niño —escuchamos, y luego las primeras lágrimas del bebé en el cuarto. Sus pulmones probablemente no están totalmente desarrollados, pero ese pequeño y suave gemido hace que mi corazón se llene de alegría.



—Un niño —suspiro.



—Un niño — repite Pedro con voz ronca y mi pecho se inunda por oír la aceptación y satisfacción en la palabra. Pedro no tiene que decírmelo, pero lo sé ahora, nuestro hijo es real para él. Nuestro hijo es real para los dos.



Sonrió en silencio para mí misma mientras mis ojos rebosan con lágrimas. El doctor murmura hacia las enfermeras mientras cortan el cordón. —Respira por sí mismo. Sin complicaciones. Sigue siendo prematuro, seguimos necesitando incubarlo.



—Queremos ver… —Lloro sin aliento. Mis brazos son tan débiles que apenas puedo levantarlos, ni siquiera sé por qué, desde que no hicieron casi nada mientras pujaba.



El pequeño bebé deja escapar otro aullido mientras lo limpian, y luego lo traen de vuelta a nosotros. No creo que Pedro esté respirando cuando mi propio aliento sale de mi garganta al sostener a ese pequeño pedazo de vida por primera vez.



El doctor empieza a arreglarme mientras las enfermeras esperan para llevar al bebé a la unidad de cuidado intensivo neonatal, Pedro inclina su cabeza hacia la mía. Nos acariciamos sobre la cabecita calva del bebé.



—Lo amo, Pedro —susurro mientras muevo mi cabeza, deseosa de sentir su aliento en mi cara, sus labios en los míos—. Te amo tanto. Gracias por este bebé.



—Paula —murmura lacónicamente mientras nos envuelve en sus brazos. Sé en mi interior que Pedro cree que no merece esto. Nadie le enseñó que lo hace, así que aprieto su hombro como puedo con uno de mis débiles, temblorosos y candados brazos mientras sostengo al bebe con el otro.



—Si es como yo, lo apoyaremos —susurra preocupado en mi oído—. Si es como yo… estaremos ahí para él.



—Sí, Pedro. Le enseñaremos música. Y ejercicio. Y cómo cuidar de su pequeño cuerpo. Va a ser fuerte y se sorprenderá y se frustrará algunas veces, también. Le enseñaremos a amarlo. Y a amarse a sí mismo. Le enseñaremos a amar.



Se seca los ojos con el dorso de la mano. —Sí. —Me besa la frente—. Sí, le enseñaremos todo eso.



—Ven y abrázanos otra vez —digo cuando retrocede como si este bebé y yo, haciendo pequeños ruiditos, no pudiéramos ser de él.



Se mueve de nuevo y nos fundimos en su abrazo. Él da los mejores abrazos, y encajamos perfectamente. Siento que limpia otra lágrima desde arriba de mi cabeza, y me hace empezar a llorar suavemente, también. Es tan fuerte. Nunca pensé que este momento lo mantendría aquí. Sostengo a nuestro bebe con un brazo porque necesito sostener a Pedro con el otro. —Ven aquí —le digo, extendiéndole mi brazo. Entonces agacha su cabeza y me acaricia, y no sé si mi cara está más húmeda que la suya—. Estoy tan enamorada de ti —susurro—. Mereces esto y más. Mientras peleas allá afuera, pelearé porque regreses a casa por esto.



El gruñe con exasperación y se limpia los ojos de nuevo, como si odiara llorar. Entonces agarra mi cara y besa la parte trasera de mi oreja, su voz más gruesa de lo que nunca la he oído. —Jodidamente te amo, pedazo por pedazo. Pedazo por pedazo. Gracias por este bebé. Gracias por amarme. No puedo esperar para hacerte mi esposa.



***



Estoy en mi habitación privada cuando veo a Delfina de nuevo. Ella viene sonrojada y feliz, seguida de Diego, que luce casi tan sonrojado como ella. Tal vez más. Mientras Diego golpea la espalda de Pedro y felicita al nuevo padre, Delfina se dirige directo a mí.



—Paula, ¡Lo vi! ¡Lo vi a través de la ventana! ¡Es él bebe más pequeño que existe!



—¡Lo sé,Delfina, es muy pequeño! —Mi voz se estremece de emoción cuando hablo de él—. Se supone que aún no puede estar aquí, pero los doctores están sorprendidos de lo bien desarrollado que se encuentra para su edad.



Se sienta en la esquina de mi cama y agarra mis manos, sus ojos brillando con alegría. Mantiene mi mirada por un momento, y aunque no quiera borrar la sonrisa, tengo que preguntar lo que continúa en el fondo de mi mente.



—Delfina, ¿qué hacías con Scorpion? —Hago una mueca de dolor mientras trato de sentarme derecha, luego alcanzo debajo de la cama y ajusto mi posición un poquito mejor—. ¿Por qué no nos dijiste que te estaba chantajeando, así podíamos ayudarte?



Un rubor recorre desde su barbilla hasta su frente, y sostiene su cara en sus manos. —Es muy vergonzoso.



Pedro hace señales desde la puerta de que se está yendo con Diego, y cruzo miradas con mi gran león, su cabello despeinado en sus pantalones de chándal y una sudadera, y caigo en que tenemos un hijo juntos. Mi pecho se hincha poderosamente, siento que flotare como una nube.



Susurra suavemente, su mirada brillando con orgullo de pareja. — Estaremos afuera.




—Siento haberte causado tantos problemas —le dice Delfina.



Mantiene la puerta abierta y sacude la cabeza, con un hoyuelo asomándose. —No hay problema.



Cuando la puerta se cierra detrás de él, todo lo que puedo oír en el cuarto son los sollozos de mi hermana, y mi propia voz mientras me estiro para acariciar la parte de atrás de su cabeza, y pregunto gentilmente. —¿Te hirió?



Agarra un pequeño pañuelo de su bolso y se da palmaditas con él en los ojos. —No… él era un desastre. Dijo que me extrañaba. Que me quería de vuelta, y que haría lo que fuera para mantenerme. Es probablemente el por qué estaba luchando tan jodidamente mal —dice—. Me alegro que haya perdido. Sólo odio que todavía me duela.



—Oh, Delfina.



—Cuando viniste a casa, ni siquiera podía pensar bien. Estabas tan… protegida. ¡Teniendo a tu bebé! Está tan enamorado de ti. ¡Cuando yo estaba en el infierno! Benny dijo que filtraría el video si no volvía. Él quería herirte de nuevo. Quería tener una manera de hacer que Pedro perdiera. No quería estar con él, pero estaba asustada de que les enviara ese video sobre mí. Así que lo hice. Me ofreció…. Drogas… Las quería. Realmente, pero sabía que si las tomaba, no volvería a casa. Mi plan era quedarme con él. —Limpia las lágrimas de sus mejillas pero siguen cayendo, incluso cuando su voz suena tan constante y fuerte—. Hasta que la temporada terminara, y ya no me necesitaría más para herirlos. Me imaginé que encontraría una manera de tener el video y escapar de él.



—Delfina… —Abro mis brazos, y ella se inclina y apoya la cabeza en mi hombro—. Tenemos que avanzar —susurro. Las palabras salen casi como una plegaria, porque ahora tengo un bebé. Un bebé. El me necesitará, como mi pareja lo hace, y necesito que Delfina sea fuerte por sí misma. Pedro la ha protegido por mí, pero es mi deber proteger a mi hijo y a mi hombre con fiereza, y mi propia familia está por encima de todo.



Ella extiende su menique, como solíamos hacerlo para una promesa cuando éramos jóvenes. Riendo, los ponemos juntos. —Sólo no le digas a mamá y papá. Están desesperados por ver a su nieto y están volando hacia acá mientras hablamos —me dice.



—Nadie tiene que saber sobre ese video, pero ellos debieron de haber perforado el teléfono por escuchar tu voz.



Con una nueva y curiosa excitación, señala a la puerta. —Entonces, ¿cómo llamarán a la pequeña cosa?



Le sonrío, de oreja a oreja, y susurro. —No tengo idea, así que espero que el padre la tenga.



***



Su nombre es Racer.



Racer Chaves Alfonso.



Porque él estaba corriendo a la meta antes de que nosotros pudiéramos establecernos.



*Juego de palabras, la traducción de Racer es corredor.*



Las enfermeras dijeron que era un gran niño, para ser prematuro, incluso cuando Pedro y yo pensamos que es muy pequeño. Dios, él está perfecto. Diez pequeños dedos. Diez pequeños dedos en los pies. Una pequeña y rosada boca. Una pequeña naricita. Necesita la incubadora por cuatro semanas ahora, pero aparentemente él está casi listo para volver a casa. Ya no necesita un tubo para ser alimentado, y ahora pesa 3.628 sanos kilos, que impresiona a todos y no pueden creer que sea prematuro. Luego, por supuesto, ellos ven al papá y saben por qué este prematuro es un poco grande y saludable.



Pedro se pasa el día entrenando para la próxima temporada mientras sigo en el hospital, determinada a alimentarlo con mi propia leche materna para que pueda obtener todos los nutrientes y el sistema inmunológico que necesita. Incluso leí acerca de el “método canguro”, donde las enfermeras ponen al bebe contra la piel desnuda de la madre para fortalecer y madurar sus sistemas. Me encanta leer sobre la evidencia científica de lo que el contacto piel a piel puede hacer.



Así un día, la enfermera me trajo a Racer, y abrí mi blusa y sentí su pequeña piel desnuda sobre la mía. A veces, Pedro está aquí, y se pone detrás de mí, por lo que él es mi canguro, y yo soy el canguro del bebé, como el nombre del método. Pero no, Pedro no se siente como un canguro detrás de mí, es demasiado primitivo para eso. Él acaricia mi clavícula y pone abajo a nuestro bebe cuando lo siento en mi piel, y es exactamente hoy, cuando estamos haciendo esto, que Racer finalmente abre los ojos para mirarnos. Son mieles, un dolorosamente familiar miel, y me enamoro por segunda vez en mi vida.



***



Hemos sido dados de alta del hospital, y los tres estamos en Seattle, en casa por fin. Hoy es el cuarentavo día después del parto, y esta noche Pedro y yo podemos tener sexo. Excepto que estoy determinada a que la primera vez que me tome de nuevo… voy a ser completamente suya. Así que, al medio día, iremos hacia el ayuntamiento.



Dios, estoy muriendo por tener mis manos en el sexy padre de mi bebé.



—Está dormido —susurro, desde la silla de la sala de estar donde estoy sentada para alimentar a Racer esta mañana.



Pedro todavía está en su pantalón pijama y con el torso desnudo, y viene con un brillo de orgullo y protección en sus ojos, muero cuando tiene esa mirada en su rostro.



—Ven a olerlo. —Dudo con una gran y embrutecida sonrisa.



Viene y toma una gran respiración de la parte de arriba de la cabeza de Racer.



—¿Huele bien, cierto? —digo.



—Tan bien como tú —susurra Pedro con voz ronca, y mientras huelo al bebé, él me huele.



Nos reímos, y desliza sus manos debajo de mi cuerpo para levantarme. —Agárralo —me dice.



Lo hago. Me levanta mientras sostengo al bebé, y nos lleva a la cama. —Diane está tan entusiasmada por él, todos lo están. ¿Aún no llega?



—Viene en camino —dice.



Asiento ansiosamente



Los parlantes de nuestro IPod suenan con “Kiss me” de Ed Sheeran. La canción parece familiar de alguna manera, pero su familiaridad realmente me golpea cuando pongo a Racer en la pequeña cuna en mi lado de la cama, y Pedro me envuelve en sus brazos y empieza a besarme. Quiero hacer lo propio de una chica y quejarme acerca de mi estómago. Aún no está completamente plano, pero a él le gusta, lo besa. Quiero quejarme con todas estas hormonas en mí. Pero me siento preciosa, apreciada, y tan afortunada, ni siquiera tengo palabras para decir cuánto deseo esto para la gente que amo.

Sé lo que significa para Pedro tener una familia ahora. Nunca lamentó no tener una. Pero ahora que la tiene, sé que ve la diferencia. Sé que ve lo que se estaba perdiendo. Ahora tiene una familia a la cual cuidar, y una que cuidara de él.



El golpe en la puerta nos separa, y cuando Pedro la abre, Diane entra, radiante, y me ve en la bata roja de Pedro y a él en pantalones de pijama.



—¡Creí que ustedes dos ya estarían listos!



Me besa fuerte y emocionadamente, sus ojos queman con una capa de fuego.



—Ve a prepararte. No puedo esperar para hacerte mía.



—Ya soy tuya.



Arrastra su dedo por mi labio. —Estaré haciéndote mía toda la vida.



Corro hacia el baño, donde dejé mi ropa, y me la pongo con rápidas y desesperadas manos. No puedo dejar a Racer por más de un par de horas, y nuestra cita es a las doce, así que no quise torturarme con un atuendo complicado. Escogí una simple pero bonita falda blanca y un top de encaje, del mismo color. Pedro me dijo que me daría una gran boda de iglesia luego, que simplemente no puede esperar para hacerme suya. Le dije que no me importa nada de eso. ¡Sólo quiero al hombre!



Las mariposas que me provoca aletean con toda su fuerza mientras acomodo mi cabello en un moño que luce descuidado pero bonito; después intento animar un poco mi rostro, pellizcando mis mejillas para que nadie sepa que Racer me mantiene despierta hasta tan tarde en las noches.





Cuando salgo, mi chico ya está en la sala. Cada hormona en mi cuerpo amenaza con estrellarse dentro de mí al mirar a Pedro en su traje negro. Alto y de hombros anchos, perfectamente esculpido, su cabello desarreglado como siempre, sus ojos mieles brillando con amor y emoción, y sus hoyuelos… Es todo un hombre, un chico, y todo mío.


--------------------------------------

GRACIAS POR LEER Y SUS COMENTARIOS!♥

MAÑANA TERMINA!♥

4 comentarios: