domingo, 16 de marzo de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO FINAL PARTE DOS



Antes de darme cuenta, estoy llorando. Viene hacia mí y limpia mis lágrimas con sus pulgares, riéndose de mí suavemente por ser tan emocional. Después lame las esquinas de mis ojos, me levanta en sus brazos y me lleva fuera de nuestro apartamento.



La pandilla completa llena el ayuntamiento, todos excepto Diane y nuestro precioso Racer, a quien no debemos exponer mucho hasta que se vuelva más fuerte.



Ahí están Melanie, Ruban, y el entrenador Lupe. El Entrenador incluso sostiene una foto cuatro por ocho de Diane, diciéndonos—: Ella quería estar en los dos lugares a la vez, así que me ofrecí a traer su foto mientras cuida del futuro campeón.



Mis padres ríen a su lado. Mi madre tiene lágrimas en los ojos, y mi padre está radiante de orgullo. Diego y Delfina se encuentran junto a ellos, sujetándose de las manos. Están tratando de hacer que su relación funcione ya que estaremos en Seattle por un par de meses, ahora que la temporada acabó. Y Jo. Ella está aquí, también, con esa sonrisa coqueta y esa postura propia del ejército.



La emoción que siento burbujea en mi pecho y me quema dentro mientras Pedro y yo caminamos hacia donde firmaremos, mi mano entrelazada con la suya, con su bronceada, callosa, enorme mano, la cual nunca dejaré ir.



Y después estamos firmando oficialmente, casándonos. Toma mi mano entre las suyas, sus ojos mieles brillantes, líquidos y enteramente posesivos mientras desliza un anillo en mi dedo.



El anillo es de platino. —El diamante blanco eres tú —me dice en un susurro aterciopelado, levantando mi mano en su línea de visión. A la derecha del diamante blanco central hay uno miel, y a su derecha otro negro.



—Tú eres los otros dos —digo, y la profundidad de mis sentimientos casi me asfixia mientras enmarco su fuerte quijada entre mis pequeñas manos y lo beso con locura—. Te amo.



Después tomo su gran mano y deslizo la banda de platino que le compré, con un grabado suave en el interior: Para mi real, tu Paula Chaves.



—¡Señor y Señora Riptide! —grita la pandilla cuando terminamos. Nos reímos y Pedro me levanta del suelo, me lanza en el aire y me atrapa.



—Ahora eres mía —dice felizmente, y después me acerca y su risa se convierte en una mirada abrazadora. Recorre sus ojos por mi rostro, sostiene la parte trasera de mi cuello, se inclina y me da el más suave, gentil y prolongado beso que me ha dado en su vida.



—Te tenemos un regalo, Paula. —Diego y Ruben sostienen una caja mientras camino hacia ellos—. Es de parte del equipo, incluyendo a nuestro nuevo miembro, Jo. —Saludo con la mano a Jo, quien está al final de pasillo, y luego abro el regalo.



Un destello de rojo aparece, y saco una brillante y roja bata idéntica a la de Pedro. Pero esta tiene escrito La Chica de Riptide.



Sonriendo encantada, los abrazo, pero no por mucho tiempo, porque oigo un gruñido y soy jalada hacia más grandes, fuertes y posesivos brazos.



Cuarenta días de deseo sexual reprimidos van con nosotros en el viaje de regreso a casa. Energía sexual primitiva se arremolina entre nosotros como un creciente tornado, alimentándose en nuestras emociones. En nuestra felicidad, nuestro amor, nuestra necesidad. Cuando entramos en el apartamento, Racer está durmiendo en su cuna, la cual Diane parece haber sacado a la sala. Asienta una revista cuando entramos y con un feliz grito, abraza a Pedro fuertemente. Él se ríe en sorpresa, y luego ella envuelve sus brazos a mí alrededor.



—Espero que los dos sepan que trataré a este bebé como a un nieto—nos dice.



—Diane —digo con emoción, completamente conmovida por sus palabras—. Gracias.



Pedro le sonríe, sus hoyuelos se ven hermosos, y Diane lo abraza una última vez antes de irse. Pedro se quita su corbata negra y la tira a un lado. Abriendo un botón de su camisa blanco nieve, me jala a sus brazos y toma mi boca, uniendo su lengua con la mía mientras me levanta hacia una elegante mesa de madera cerca de la entrada.



—Necesito besar —desliza sus manos por todas mis curvas—, a mi hermosa esposa.



Me estremezco de felicidad y amor mientras deslizo mis manos en su cabello y devoro sus labios tan salvajemente como él devora los míos. Racer se despierta, justo a tiempo, con un repentino grito, y ambos nos separamos y nos giramos hacia el ruido.



Antes de que pueda empujar la mesa, Pedro me asienta en el suelo y besa la parte trasera de mi oreja, su voz tensa. —Aliméntalo para que puedas alimentarme después.



—Tengo una buena idea de lo que quieres, así que está bien.



—¿Bien? —dice mientras deambula en la cocina, y levanto a Racer de su cuna.



—Más que bien. —Grito—. Trae la cuna cuando vengas al cuarto.



Rápidamente, me siento al borde de la cama y me quito la blusa, bajo mi sostén y presiono a nuestro protestante bebé en mi pecho, mirando el reloj para alternar entre senos.



Pronto, Pedro pone la cuna a mi lado y empieza a caminar. Mi león está inquieto.



Una súper cargada corriente sexual flota entre nosotros dos, ha estado cargándose por cuarenta días. En mi mente, he follado a Pedro millones de veces, y sé que él ha estado follándome con la mirada todos los días.



Mientras alimento a Racer, Pedro me mira intensamente. Termina de comer un durazno y dos manzanas, y ahora está caminando de nuevo, mirándome alimentar a nuestro hijo mientras se desabrocha los botones de la chaqueta, luego de su camisa. Sus ojos están hambrientos. También lo estoy. Mucho. Nunca he anhelado algo tanto en mi vida. Estamos acostumbrados a soluciones rápidas en la vida, pero no hay manera rápida de arreglar tu cuerpo después del parto, y tuvimos que esperar sin importar qué. Pero, Dios, Racer es tan buen bebé. Come y duerme. Siento que él sabe que papá es especial. Y trata de hacérmelo fácil. Supongo que si no lo hace, conseguiremos ayuda. Tenemos opciones. Elecciones. Somos dueños de nosotros, de nuestras vidas. Nosotros y con las personas a nuestro alrededor somos felices.



—¿Ya terminaste? —pregunta toscamente, caminado hacia mí mientras jala su camisa fuera de sus pantalones.



Es tan posesivo. Cada día, cada noche, me acerca a él y me dice que soy suya. Pero él no se da cuenta de que cada vez que dice eso, también me está diciendo que él es mío. Realmente no puedes poseer algo que no te posea de vuelta, ni siquiera un coche.




Mientras alimento a nuestro hijo, escuchamos música y nos ponemos canciones, y canciones para Racer. Ahora la camisa de Pedro cae a sus lados, revelando sus abdominales. Viene hacia mí y pone su mano en el seno que Racer no está ocupando. Sostiene mi cuello y se inclina a besarme.



Deseo corre a través de mis venas, y para cuando Racer termina de

succionar y se duerme, Pedro se hace hacia atrás y me mira, sus parpados entrecerrados, mis labios palpitando por su beso.



—¿Recuerdas haber preguntado acerca de la familia que te perdiste porque nunca tuviste una? —susurro, alcanzándolo y curvando mis dedos en su quijada, amando el hecho de que sus labios se vean hinchados por nuestro beso, también—. No te la perdiste porque tienes una. Construiste una, Pedro. Fuiste directo a ser la cabeza de una. ¿Y sabes algo? Tu familia no está contigo por el destino, o por la sangre, o porque no tengan elección. Están contigo porque te aman. Y te escogieron. —Miro directo a sus ojos mieles—. Yo te escogí. —Aún sosteniendo a Racer junto a mi pecho, busco tras de mí y saco un sobre doblado que escondí en la mesita de noche—. Te escribí una carta.



Sus labios se curvan de manera presumida, se acerca para tomarla, pero la sostengo lejos con una sonrisa maliciosa. —Te la cambiaré, por mi antigua carta.



—No —dice, pellizcando mi nariz.



Me río. —¡Hombre codicioso! ¡Sí! —Insisto.



—¿Qué dice? —pregunta, sus cejas alzándose en un reto.



—Podrás verlo si me das mi antigua carta, la cual escribí cuando era joven y estaba asustada, y obtendrás esta nueva, la cual escribí cuando soy… cuando soy tuya.



Sus ojos centellean con mis últimas palabras. Cuando saca la vieja carta de la mesa de noche rápidamente se la quitó, para que nunca tenga que recordar que lo dejé, porque ahora nunca me iré. —Puedes leer la nueva todas las veces que quieras —le digo mientras me paro y me dirijo a la cuna, y sus ojos brillan. Él asiente mientras la deja en la mesa de noche.



En lugar de leerla, me observa mientras acuesto a Racer, y espera a que lo acomode sobre su lado, va por el IPod que ya está descansando sobre los parlantes. Cuando regresábamos del ayuntamiento, le dije que tenía ganas de ponerle “From This Moment” de Shania Twain y Bryan White, y de repente, la canción llena nuestra habitación.



Mi corazón tiembla mientras me giro para mirarlo, mis manos vacías, vacías de él. Curva sus dedos a sus lados y toma un largo respiro, su mirada ardiendo con un caliente y miel anhelo, y en una fracción de segundo, los dos estallamos en movimiento hacia el lado opuesto de la cama. Empiezo a quitarme la falda frenéticamente y se termina de quitar la camisa de un tirón, nuestros ojos mirando el uno al otro mientras lo hacemos.



Estoy desnuda antes que él. Me subo a la cama y me arrastro a través de ella, alcanzándolo para desabrochar sus pantalones. En un movimiento, él agarra la parte trasera de mi cabeza y aplasta mi boca como si no me hubiera besado en toda su vida. Chispas corren a través de mi cuerpo mientras nuestras bocas se dan un festín y los dos gemimos como si estuviéramos muertos de hambre.



Con impaciencia empujo los pantalones negros bajo sus caderas, y la hebilla golpea el suelo. Él los patea hacia un lado y me acuesta en la cama. Su boca no deja la mía, ni siquiera por un momento. Mis manos se deslizan por sus duros músculos, su suave piel, mientras siento todos sus callos raspándome, y cada parte de mi cuerpo se despierta por él.



—Te quiero, te amo como a nada en mi jodida vida, nada —dice apasionadamente, mientras frota mi cabello hacia atrás, y me estremezco cuando nuestros labios se juntan de nuevo y rodamos en la cama. Mueve mis brazos hacia arriba y entrelaza nuestros dedos mientras cierro mis piernas alrededor de él. Se desliza en mi interior, jadeo y chilló, y lamo su boca mientras siento su longitud, su amplitud, su pulsante dureza avanzando hacia mí. Gimiendo de placer, me lame de vuelta, penetrándome con un lento y delicioso control, aunque siento la vibrante tensión de su cuerpo sobre el mío.



—¿Estas bien? —carraspea, ardientemente besando mi cuerpo, abriendo sus dedos sobre los míos y entrelazándolos más fuerte mientras sus labios acarician y bailan sobre los míos.



—Más que bien. —Respiro. Arqueando mi columna, abro mi boca y su lengua entra para tomar la mía, nuestras caderas meciéndose; nuestras bocas a un ritmo frenético, nuestros cuerpos moviéndose lento y prolongadamente mientras nos hacemos el amor el uno al otro por primera vez como esposo y esposa.





—Te amo —susurro como un canto mientras me llena, una y otra vez, y me lo repite cada vez que empuja dentro mí, apretando mis manos.



—También te amo.



Me deja toda pegajosa, por dentro, y por fuera, y cuando ya estamos cansados, gruñe y me acerca mientras desliza su dedo por mi muslo, y luego lenta y amorosamente empuja su semen de vuelta a mí, acurrucándose contra mi espalda. Usando su nariz, mueve mi cabello hacia atrás, acariciando mi cuello con movimientos propios de un león, acariciando, lamiendo y amándome, susurrándome que soy suya.



Y cierro los ojos mientras él aprieta mi estómago, como si algunas veces olvidáramos que Racer ya no está ahí. Aprieto su mano sobre la mía y asiento cuando el murmura en mi oído. —Mía.



Por la noche, Racer no llora por comida, y me despierto desorientada y preocupada, solamente para encontrar a Racer durmiendo profundamente en los brazos de su padre. Pedro lo sostiene como me sostiene a mí, firme pero suavemente. Racer hace pequeños sonidos de ardilla mientras respira, su cabello es como el de su padre, pero su piel es rosada y suave, mientras que la de su papá es grande y dura. De repente, estoy llorando silenciosamente por toda la felicidad que siento. El corazón es un músculo hueco, y latirá billones de veces durante nuestra vida. Es del tamaño de un puño, tiene cuatro cámaras; dos aurículas y dos ventrículos. Lo uso como uso mi alma, y mi cuerpo, mis huesos, mis fibras, mis nervios, para amar con cada partícula y molécula en mí. Bombea vida dentro de mí para que pueda darles amor libremente a este hombre, y a este pequeño niño que me dio.


Estoy enamorada y seré por siempre transformada por este amor, por este hombre, y nuestra nueva y pequeña familia. Solía soñar con medallas y campeonatos, y ahora sueño con un niño de ojos mieles convertido en hombre, y con el luchador de ojos mieles que un día cambió mi vida cuando puso sus labios sobre los míos.



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EL FINAL!!! MUCHAS GRACIAS!! 
LEAN EL EPILOGO!!♥♥


2 comentarios:

  1. ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy la lei toda de un tiron en esta semana, despues de encontrarla de casualidad.
    ME N CAN TO!!!!!!!! tannnn llena de amorrrrr
    y eso que detesto el box, y me costaba leer las partes do peleas y golpes, pero la nove desborda dulzura y ternura,
    Gracias por subirla.

    me deja una gran sonrisa y el corazon bien tibio de imaginar un amor asi :)
    sobre todo porque tengo a alguien muy querido para mi que es bipolar, y aca se trata el tema con mucho respeto.
    Gracias de nuevo.
    besossssssss y AMOR!

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