martes, 17 de diciembre de 2013

CAPITULO 6



Un calor inesperado dispara directamente en mi torrente sanguíneo en la primera vista de él durante el día. Lleva una camiseta negra que se aferra a sus músculos y un jeans desgastado de cintura baja, y su ridículamente rasgado cuerpo lleva todo a la perfección mientras holgazanea en el amplio banco de cuero marrón en el otro extremo.


Mi corazón me da un golpe salvaje, porque se ve tan increíblemente sexy como siempre, y realmente deseo no haberlo notado automáticamente. Supongo que no se puede ocultar algo tan descaradamente sexual como él.


—Él quiere que vayas allí —me dice Diego. Y no puedo dejar de notar que casi suena como una disculpa.


Tragando la humedad en mi boca, me dirijo con inquietud por el pasillo del avión cuando levanta la mirada, sus ojos atrapando los míos. Creo que los veo destellar, pero no leo nada en su expresión mientras me mira fijamente acercarme.


Su mirada me pone tan nerviosa que siento el cosquilleo, una vez más, justo en mi centro.


Es el hombre más fuerte que he visto alguna vez, en toda mi vida, y estoy bastante familiarizada con el tema para saber que conectado en mis genes y ADN hay un deseo natural de descendientes sanos, y con ello viene un impulso desesperado que sólo lo llena el apareamiento con quien considero es el macho principal de mi especie. Nunca en mi vida había conocido a un hombre que provocara mis locos instintos de apareamiento como él. Mi sexualidad arde con su cercanía. Es irreal. Esta reacción. Esta atracción. Nunca lo creería si Melanie lo estuviera explicando para mí y no lo sintiera como un caldero burbujeante debajo de mi piel.


¿Cómo voy a deshacerme de esto?


Sus labios se levantan levemente, como si se divirtiera de una broma privada, se quita los auriculares cuando me paro a un brazo de distancia de él. La música se escucha en medio del silencio, y de repente apaga el iPod. Señala a su derecha, y tomo asiento, ferozmente tratando de bloquear su efecto en mí.


Más grande que la vida, como ver a una estrella de cine en persona, su carisma es asombroso. Cada centímetro de su cuerpo delgado y musculoso tiene un aura de fuerza pura, lo cual da esa impresión de ser un hombre, pero con una encantadora gracia en su expresión que le da un aspecto joven y vibrante.


Tengo la impresión de que somos los más jóvenes en el avión, y me siento aún más joven de lo que soy cuando me siento a su lado, como si hubiera pasado a ser una adolescente de nuevo. Sus labios se curvan, y honestamente jamás he conocido a un hombre más seguro de sí mismo, se recuesta casi sensualmente en su asiento, sin perderse nada con sus ojos.



—¿Ya conoces el resto del personal? —pregunta.


—Sí. —Sonrío.


Me mira fijamente, mostrando sus hoyuelos, sus ojos evaluando. La luz del sol golpea su cara en el ángulo adecuado para iluminar sus ojos.


Quiero comenzar profesionalmente, ya que es la única manera que puedo verlo trabajando, entonces sin apretar sujeto el cinturón de seguridad alrededor de mi cintura y me pongo al negocio.


—¿Me contratas para una lesión deportiva en particular o más bien como prevención? —consulto.


—Prevención. —Su voz es áspera y me pone la piel de gallina en mis brazos, y me doy cuenta, por la forma en que su gran cuerpo se volvió hacia mí, que no considera necesario llevar el cinturón de seguridad en su avión.


Asintiendo, dejo a mis ojos recorrer su fuerte pecho y sus brazos, y luego me doy cuenta de que podría estar mirando demasiado descaradamente.


—¿Cómo están tus hombros? ¿Tus codos? ¿Quieres que trabaje en alguna cosa hacia Atlanta? Diego me dijo que es un vuelo de varias horas.


Sin contestarme, simplemente extiende su mano hacia mí, con cicatrices recientes en cada uno de sus nudillos. Me quedo mirando hasta que me doy cuenta de que me la está ofreciendo, así que la tomo entre las mías. Un escalofrío de sensibilización atraviesa desde su mano y profundamente hacia mí. Sus ojos se oscurecen cuando empiezo a frotar la palma con ambos pulgares, en busca de nudos y opresión. El contacto piel a piel es asombrosamente poderoso, y me apresuro a llenar el silencio que de repente se siente como peso muerto alrededor de nosotros.


—No estoy acostumbrada a este tipo de manos. Las manos de mis estudiantes son generalmente más fáciles de masajear.


Sus hoyuelos están a la vista. De alguna manera no estoy segura de que me escucha. Parece especialmente absorto mirando mis dedos en él.



—Lo estás haciendo muy bien —dice en voz baja.


Me concentro en las líneas y las inmersiones de sus palmas, y en cada uno de sus decenas de callos.



—¿Cuántas horas al día te preparas? —le pregunto en voz baja, mientras el avión despega tan suavemente que apenas me doy cuenta de que estamos en el aire.


Sigue mirando mis dedos, con los ojos medio bajos.



—Hacemos ocho. Cuatro y cuatro.


—Me encantaría que estiraras cuando termines el entrenamiento. ¿Es eso lo que los especialistas también hacen por ti? —le pregunto.


Asiente, todavía sin mirarme. Entonces sus ojos chasquean hacia arriba.


—¿Y tú? ¿Quién chequeará tu lesión? —Señala a mi rodillera, visible a través de la falda hasta la rodilla, la cual se elevó un poco cuando me senté.


—Nadie. Ya he terminado con la rehabilitación. —La idea de este hombre viendo mi video vergonzoso me hace sentir mareada—. ¿Tú me googleaste también? ¿O es que tus chicos te contaron?

Libera su mano de la mía y señala hacia abajo. —Vamos a echar un vistazo.


—No hay nada que ver. —Pero cuando sigue mirando mi pierna a través de aquellas pestañas, doblo y levanto la pierna un par de pulgadas para mostrarle mi rodillera. La agarra con una mano y abre el velcro con la otra para mirar detenidamente en mi piel, luego acaricia sus pulgares a través de la cicatriz en mi rodilla.


Hay algo totalmente diferente sobre él tocándome.


Su mano desnuda está en mi rodilla. No. Puedo. Respirar. Investiga un poco, y me muerdo el labio inferior y exhalo el poco aire que queda en mis pulmones.


—¿Todavía duele?


Asiento, pero sólo puedo pensar realmente en su mano. Tocando mi rodilla.



—He estado corriendo sin la rodillera, y sé que no debería todavía. Sólo que no creo que alguna vez me haya realmente recuperado.


—¿Cuánto tiempo hace de esto?


—Hace seis años —titubeo, luego añado—: Y dos... la segunda vez que sucedió.


—Ahh, una lesión doble. ¿Así que está sensible?


—Mucho. —Me encojo de hombros—. Supongo que me alegro que para la segunda vez, yo ya había empezado mi maestría para rehabilitación. De lo contrario no sé lo que habría hecho.


—¿Duele como para no competir nunca más?


Me mira con total franqueza e interés, y no sé por qué incluso estoy contestando. No he hablado de esto abiertamente con nadie. Duele en cada parte de mí. Mi corazón, mi orgullo, mi alma.



—Sí. Lo hace. Lo entiendes, ¿verdad? —le pregunto en voz baja, mientras baja mi pierna.


Sostiene mi mirada mientras su pulgar ligeramente acaricia mi rodilla, luego ambos miramos su tacto, como si estuviéramos igual de atónitos al darnos cuenta lo fácil que era para él dejarlo allí mientras teníamos toda una conversación, y para mí permitírselo. Me suelta y no decimos nada.


Me pongo mi velcro de nuevo pero por debajo de la rodillera, siento como si él hubiera empapado mi piel con gasolina, y que va a estallar en llamas en cualquier segundo en que me toque otra vez.


Mierda.


Esto no está bien, ni siquiera sé que hacer conmigo misma. Mis relaciones con mis clientes han sido siempre informales. Me llaman por mi nombre, y yo les llamo por el suyo. Tenemos mucho trabajo y mucho contacto, pero nunca me tocaron. Sólo yo lo hago.


—Haz esto.


Extiende su mano más apartada hacia mí en un puño mientras habla, y me siento un poco agradecida por la oportunidad de lograr acostumbrarme a tocar a este hombre por motivos de trabajo.


Desplazándose a mi lado, tomo su mano entre las mías y la abro con mis dedos. Él se recuesta en el asiento y extiende su brazo libre, el más cercano, a lo largo del asiento detrás de mí. La híper conciencia de su brazo extendido calienta todo mi cuerpo, incluso si no está tocándome, y una vez más, estoy intimidada y extrañamente atraída por la palma de su mano, por cuan dura, firme es.


No sé por qué se asienta en un banco en lugar de un simple asiento, pero de repente su muslo está demasiado cerca, con las rodillas dobladas, con las piernas abiertas, ocupando dos asientos y dejándome con uno, y puedo sentir y oler cada centímetro de él.


Nuestros otros cuatro compañeros de vuelo están riendo al frente y sus ojos se mueven hacia allí, luego de nuevo a mí. Estoy totalmente consciente de su mirada mientras presiono en su palma con mis pulgares, empujando con fuerza en el tejido hasta que siento el pequeño nudo que encontré desvanecerse. Sigo masajeando y buscando más, pero no puedo encontrar ninguno, así que me muevo a su muñeca.


Tiene la muñeca más amplia y más robusta que he visto nunca, y su antebrazo está fuertemente construido. Sostengo su mano mientras giro su muñeca, y me pierdo en el movimiento de su articulación, perfectamente móvil. Masajeo su antebrazo luego su bíceps, los cuales se endurecen y aprietan para mí. Cierro los ojos y trabajo profundamente dentro del músculo. De repente, el brazo detrás de mí se retira, y su mano se curva alrededor de mi nuca.

Se inclina y susurra—: Mírame.


Abro los ojos para ver que sus ojos están brillando, y se ve perfectamente divertido. Creo que sabe que me estoy poniendo un poco ansiosa. Quiero dejar caer su brazo y retorcerlo, pero no quiero que sea demasiado obvio, así que lo bajo con cuidado y sonrío.



—¿Qué?


—Nada —responde, mostrando sus hoyuelos—. Estoy muy impresionado. Eres muy meticulosa, Paula.


—Lo soy. Y espera hasta que llegue a tus hombros y la espalda. Podría tener que ponerme sobre ti.


Ladea una ceja y se ve sumamente entretenido.



—¿Cuánto puedes posiblemente pesar?


Le guiño. —Parezco delgada, pero aun así tengo un poco de músculos.


Se mofa, luego inclina la cabeza con curiosidad mientras se acerca a mi brazo y agarra mi pequeño bíceps entre dos dedos. Afortunadamente, se mantiene firme cuando lo aprieta.



—Hmm —dice, sus ojos bailando con alegría.


—¿Qué? ¿Qué significa “hmm”? —insto.


Descaradamente agarra mi mano y envuelve mis dedos alrededor de su bíceps completamente afectantes, musculosos y sexy. Ni siquiera lo flexiona, pero su piel suave y firme bajo mis dedos me deja sin aliento. Él es tan... hombre. Mostrándome su bíceps. Me doy cuenta de que está mirándome, y sus ojos mieles brillan con intensidad juguetona. Me muerdo el labio inferior en respuesta.


Ya que mi trabajo requiere tocarlo, mucho, se sentiría un poco extraño para mí retirar mi mano. Así que en su lugar, le doy un pequeño apretón con los dedos. Es como palpar una enorme roca sin absolutamente hacerlo. En lo absoluto.


—Hmm —digo con mi mejor cara de póker, tratando de ocultar las emociones en mi interior.



Estoy deshecha. Completamente deshecha. Cada órgano sexual en mí está despierto y dolorido.


Se ríe y pasa la mano por la longitud de mi brazo desnudo de nuevo. Mete sus dedos bajo la manga de mi camisa y los desliza sobre mis tríceps en la parte posterior del brazo. Sus ojos destellan diabólicamente porque sabe que me tiene totalmente. Esta es una de las peores partes para una mujer, un lugar donde la grasa corporal se puede medir con un simple pellizco.


No hay un solo lugar en su cuerpo el que podría conseguir incluso una pizca de grasa. Probablemente consume doce mil calorías al día para mantener su masa muscular esbelta, que es más o menos lo que el famoso nadador olímpico Michael Phelps consume cuando se entrena activamente. Su entrada calórica es fácilmente cinco veces más de lo que yo como para mantener mi peso, pero en realidad no puedo hacer los cálculos en estos momentos. Sus dedos todavía están allí, bajo la manga, tocando mi piel. Tiene esa sonrisa juguetona en su rostro, sus ojos bailando por la travesura, e incluso la atmósfera ha cambiado hasta que siento que no sólo nosotros somos muy conscientes de nuestros cuerpos, sino que las otras personas en el avión lo son, también.



—Hmmm—dice él, suavemente, y finalmente me da un pequeño pellizco. Ambos nos reímos.




Aclaro mi garganta y me enderezo, incapaz de soportar más contacto.




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Lean el siguiente....







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