lunes, 23 de diciembre de 2013
CAPITULO 10
Pedro rápidamente me agarra del brazo y me endereza, con sus cejas formando un ceño fruncido.
─ ¿Qué se supone que fue eso?
Yo gruño ─ Se suponía que tenías que caerte.
Él solo me mira, su cara en blanco por un momento. ─ ¿Me estás bromeando, cierto?
─ ¡He hecho caer hombres mucho más pesados que tú!
─ Un maldito árbol se derriba más pronto que Pedro, Paula ─ grita Ruben.
─ Bueno, puedo ver eso ─ me quejo, y pongo mis manos alrededor de mi boca para gritar ─ . ¡Gracias por el aviso, Ruben!
Maldiciendo entre dientes, Pedro toma mi brazo mientras me conduce, saltando, hasta la esquina, donde se despliega en una silla y, ya que solo hay una, me arrastra hacia abajo encima de él para que pueda revisar mi tobillo.
─ Jodiste tu tobillo ¿Cierto? ─ Pregunta, y es la primera vez que lo escucho sonar tan… molesto conmigo.
─ Parece que erróneamente envié todo mi peso al tobillo ─ admití a regañadientes.
─ ¿Por qué me pegaste? ¿Estás enojada conmigo?
Ceñí ─ ¿Por qué lo estaría?
Sus ojos se fijaron en los míos, se veía aterradoramente solemne y definitivamente molesto.
─ Tú dime.
Agachando mi cabeza, miro hacia mi tobillo y me niego a derramar mis tripas sobre nadie que no sea Melanie.
─ Hey, ¿Podemos conseguir un poco de agua por aquí? ─ Dice en voz alta, una nota aguda de frustración en sus palabras. Ruben trae un Gatorade y una botella de agua y las coloca en el suelo junto a mis pies.
─ Estamos terminando ─ nos dice, y luego en tono preocupado, me pregunta ─ . ¿Estás bien, Paula?
─ Perfecta. Llámame mañana de nuevo. No puedo esperar para volver al ring contra este tipo.
Ruben se ríe, pero Pedro no le da ni una simple vista.
Su pecho está empapado en sudor y su cabeza se agacha mientras me inspecciona el tobillo, sus pulgares haciendo presión alrededor del hueso.
─ ¿Te duele, Paula?
Creo que está preocupado. La repentina suavidad con la que habla hace que me duela la garganta, y no sé por qué. Como cuando caes, y no te duele, pero llorar porque te sientes humillada. Pero yo ya me he caído mucho peor en frente del mundo, y deseé no haber llorado tan fuertemente como lo hice así como deseo no haberme caído en frente del hombre más fuerte del mundo.
Frunciendo el ceño en su lugar, trato de inspeccionar mi tobillo, pero él no mueve su mano, y de pronto varios de nuestros dedos rodean mi tobillo, y todo lo que yo puedo sentir son sus pulgares en mi piel.
─ Pesas una tonelada ─ me quejé, como si fuera su culpa de que yo sea una idiota. ─. Si pesaras un poco menos te habría tumbado. Incluso he tumbado a mi instructor.
Él levanta la vista, frunciendo el ceño. ─ ¿Qué puedo decir?
─ ¿Qué lo sientes? ¿Para no perder mi orgullo?
Sacude su cabeza, aun evidentemente molesto, sonrío con ironía y me agacho para tomar el Gatorade, desenroscando la tapa.
Sus ojos caen en mis labios mientras me tomo un sorbo, y puedo sentir, de repente, algo inconfundible entre sus piernas debajo de mi trasero. A medida que el líquido frio corre por mi garganta, hace que el resto de mi cuerpo se ponga febrilmente cálido y cada vez más caliente.
─ ¿Me puedes dar un poco? ─ Su voz extrañamente ronca mientras señala mi bebida.
Cuando asiento, agarra la botella en su gran mano y la inclina hacia su boca, y mis hormonas se descargan de una sola vez a la vista de sus labios en contra del pico de la botella.
Exactamente en el lugar en donde yo había tomado.
Su garganta trabaja mientras el traga, luego él baja la botella, sus labios ahora húmedos, y cuando sus manos me dan el Gatorade de vuelta, nuestros dedos se rozan. Mis venas se disparan como un rayo. Y estoy fascinada en la forma en que sus pupilas se oscurecen, y la forma en que me está mirando sin burla en sus ojos. Cuando intento esconder mi nerviosismo automáticamente tomando otro trago, me mira muy intensamente, sus labios sin sonreír. Perfectamente rosados. El corte de su labio aún está sanando. El que quiero lamer.
Una cinta de anhelo se despliega en lo más profundo de mí. Y duele. Estoy en su regazo, y me doy cuenta de que su poderoso brazo está alrededor de mi cintura, nunca he estado tan cerca. Lo suficientemente cerca para tocarlo, besarlo, envolver mi cuerpo alrededor del suyo. De repente me estoy muriendo y volando. Solo no puedo pretender que esto no es la gran cosa. Lo quiero. Lo quiero tan mal que no puedo pensar correctamente. Es un problema. Un gran problema.
Nunca me había sentido así.
Sé que es una locura, y nunca pasará, no puede pasar nunca, pero no puedo evitarlo. Él es como mis Olimpiadas, algo que nunca voy a tener, pero que no puedo evitar anhelarlo con todo mi ser. Y absolutamente detesto el pensamiento de que sus brazos han estado alrededor de una, tal vez dos, mujeres menos de veinticuatro horas antes, cuando yo quería que fuera yo.
Agitada de nuevo por el recuerdo, trato de ponerme de pie, con cuidado, y él toma mi Gatorade y lo deja a un lado mientras tomas dos toallas de una cesta y envuelve una alrededor de su cuello, y luego envuelve otra alrededor del mío, todo el tiempo sosteniéndome por la cintura.
─ Te ayudaré para que puedas ir a ponerle hielo a eso.
Me baja del ring como si no peso más que una nube, y luego tengo que apoyarme en él, mi brazo alrededor de su estrecha cintura mientras salimos.
─ Estoy bien ─ seguía diciéndole.
─ Deja de discutir ─ dijo.
En el ascensor, me mantiene cerca de su lado y la cabeza agachada hacia mí, y puedo sentir su respiración cerca de mí. Estoy dolorosamente consciente de lo grande que es, en comparación a mí, y de sus cinco dedos extendidos alrededor de mi cintura, y del momento exacto en el que baja su nariz y baja a la parte posterior de mi oreja. Me hace cosquillas cuando él exhala, y está tan cerca, sus labios cepillarían la parte de atrás de mi oreja si el hablara. Oigo su profunda inhalación, de repente, y mis órganos sexuales palpitan con fuerza, duele querer darme la vuelta hacia él y enterrar mi nariz en su piel, inhalando todo el aire que pueda dentro de mis pulmones. Pero por supuesto no hago eso.
Él me acompaña a mi habitación, y mi cuerpo está en tal estado, que mi cerebro no puede ni siquiera llegar a un tema de conversación para eliminar el tenso silencio que nos acompaña.
─ Hey, hombre, ¿Listo para la pelea? ─ Un uniformado miembro del personal del hotel, que parece ser un fan, le pregunta desde el otro lado del pasillo.
Pedro pone sus pulgares hacia arriba con una sonrisa con hoyuelos, antes de volverse, apretando su mandíbula en el pelo que está detrás de mi oreja.
─ Llave ─ dice en un susurro gutural que me pone la piel de gallina. Desliza la llave y me lleva adentro.
Diane no está aquí, y sé que probablemente está haciendo la súper lujosa cena de él. Él me deja en el borde de la segunda cama matrimonial, por lo que supongo que se da cuenta de que es la mía ya que Diane tiene una foto de sus dos hijos frente a la primera cama, él agarra la hielera.
─ Te conseguiré hielo.
─ Está bien, Pedro, yo lo haré más tarde…
La puerta se cierra antes de que pueda terminar la frase, y exhalo mientras me agacho para palpar mi tobillo evaluando el daño que he causado.
Él deja la cerradura abierta por lo que no tiene que tocar, y me tenso cuando regresa y cierra la puerta. Abre la llave del baño, y luego está de vuelta, luciendo enorme e impotente dentro de mi habitación de hotel mientras se deja caer la hielera en la alfombra.
Se arrodilla a mis pies, y ante la vista de su poderoso cuerpo y su cabeza inclinándose hacia abajo mientras me atiende, una oleada de deseo se ondea a través de mi con mucha fuerza, miró hacia el hielo y quiero meter mi cabeza en la cubeta.
El quita mi zapato de tenis y luego el calcetín, luego toma mi pierna con delicadeza y mete mi pie dentro.
─ Cuando arreglemos esto te enseñaré como derribarme ─ susurra. Cuando no puedo responder y estoy completamente deshecha por su toque, él levanta la vista y sus ojos son a la vez tiernos e íntimos ─ . ¿Frío?
Aunque el resto de mí esta todo excepto frío, mis pies comienzan a congelarse mientras el agua los envuelve. ─ Si.
Mientras él hunde mi pie más profundo, mi cuerpo entero se tensa con la frigidez, y él se detiene a mitad de camino. ─ ¿Más agua?
Sacudo mi cabeza y meto mi pie más rápido el resto del camino, pensando, sin dolor no hay ganancia. Mis pulmones se ponen rígidos cuando mi cuerpo absorbe el frío. ─ Oh, mierda.
Se da cuenta de mi mueca y tira de mi pie, luego me sorprende, aplastando mis pies helados contra su estómago para calentarme. Sus abdominales se aprietan bajo mis pies, y sus ojos tienen en los míos un enganche tan fuerte que me ahogo.
Voltaje surge a través de mí. Su cálida mano se curva alrededor de mi empeine, sujetando mis pies contra su estómago con tanta fuerza que se siente como si él quisiera que estuvieran ahí. Deseaba que mis manos fueran mis pies, sintiendo esos abdominales parecidos a una tabla de lavar bajo mis dedos. Cada abolladura perfectamente presionada contra el arco y dedos de mi pie, el entumecimiento me ha abandonado por completo.
─ No sabía que dieras pedicuras, Pedro ─ digo, y no entiendo por qué sueno sin aliento.
─ Solo un fetiche que tengo.
Me lanza una sonrisa perezosa que claramente me dice que él está bromeando, luego el mete su mano libre en la cubeta y saca un solo cubito de hielo. Lo pone ligeramente en mi tobillo y lo arrastra sobre la carne tierna, con cuidado viendo lo que hace. Mi reacción es rápida y violenta, mi cuerpo aprovechando con un completo y total conocimiento de él.
Mi ritmo cardíaco de repente ruge en mi cabeza. Dios, este hombre es más táctil que yo. Luego, como si quisiera confirmar mis pensamientos, la mano que sostiene mi pie en su estómago se desplaza ligeramente, rozando su pulgar a lo largo del arco de mi pie, mientras que el cubo de hielo fresco sigue siendo frotado contra mi piel. Un hormigueo comienza en el centro de mi estómago, y me temo que en cuestión de minutos, se hará cargo de mi cuerpo.
Mi voz tiembla igual que el resto de mi cuerpo. ─ ¿Haces manicuras también?
El levanta la vista hacia mí, y mi corazón se voltea por el efecto que tienen sus ojos mieles en mí.
─ Déjame terminar con tu pie primero, luego me encargaré del resto de ti.
Mi estómago se aprieta cuando termina la frase con otra sonrisa, esta es bastante lenta. Cada músculo de mi sexo empieza ondear mientras el hielo continua avivando un suave fuego dentro de mis entrañas.
Estoy fascinada mientras él observa el hielo sobre mi cremosa piel blanca, el silencio cargado con electricidad. Si tener más remedio arrastro mis pies un poco sobre su estómago, sintiendo la sensación de sus músculos debajo de mí. Él mira hacia arriba, y la intensidad penetrante de sus ojos me atrae hasta que me quedo sin aliento y ahogándome.
─ ¿Te sientes mejor? ─ Murmura, alzando sus cejas, y no puedo creer como su voz me afecta, como su toque me afecta, su olor, como otro ser humano puede tener tanto poder sobre mí. No puedo dejarlo.
No.
Puedo.
Dejarlo.
Me recuerdo a mi misma que cuando se quiere a un hombre, tú controlas lo que le das. Estás en control de lo que le dejas tomar. Pero no puedo bloquear las imágenes de él y yo juntos. De mi rasgando su ropa y apretándome contra él. Imágenes de sus labios en los míos, de nosotros cayendo imprudentemente en la cama, latiendo a través de mí. El me hace sentir de dieciocho años. Virginal y sin sentido. Solo pensando en chicos… excepto que él solo me hace pensar en uno. Y él es muy masculino. Muy hombre. Pero un poco juguetón como un niño.
Un gran chico malo que se divertía con sus putitas en su mesa de café la noche anterior…
El repentino y brutal recordatorio me enfría como un chapuzón en las aguas frías de Alaska.
─ Me siento perfecta ahora. Gracias ─ digo, mi voz fría como el hielo que se derrite mientras trato librar mi pie de su agarre.
Estoy a punto de liberarme con éxito de él cuando la puerta se abre con un ruido de desbloqueo, y Diane entra.
─ Aquí estás. Debo alimentarte ahora para que puedas recargarte para mañana.
Mirándome confundido sobre el cambio en mí, Pedro frunce el ceño mientras lanza el hielo descongelándose a la cubeta y pone mi pie de vuelta en la alfombra mientras él se levanta.
─ Lo siento por tu tobillo ─ me dice, suavemente, mientras se endereza, con su expresión confusa y casi vulnerable. ─ . No te preocupes si no puedes asistir a la pelea.
─ No. No fue tu culpa. Estaré bien ─ me apresuro a decir.
─ Le pediré a Diego que te de unas muletas.
─ Estaré bien. Eso me pasa por estar metiéndome con árboles.
Se detiene en la entrada y luego echa un vistazo a mí en el borde de la cama, su rostro ilegible.
─ Buena suerte, Pedro ─ digo.
Él me mira fijamente, luego a Diane, y luego rastrilla una mano por su pelo, y se va, luciendo de alguna manera… agitado.
Diane mira hacia mí con completo desconcierto. ─ ¿He venido en un mal momento?
─ No ─ Sacudo mi cabeza. ─ . Llegaste justo a tiempo, antes de que hiciera el ridículo.
No es que tratar de derrumbar a un hombre de su altura hubiese sido un movimiento muy inteligente para comenzar.
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Hola Hola!! espero que les guste!!
si quieren... el miércoles estoy dispuesta a subir 3 capítulos! solo si COMENTAN! SINO NO! quieren??
Gracias!♥
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Obviooo que queremos tres capitulos!!
ResponderEliminarEso ni se pregunta :)
Si quieroooooo!! Muy buen capìtulo!!! Qué tonta Paula justo ahora viene a lesionarse!!!
ResponderEliminarNo aguanto más el momento que estén juntos, va a ser magnífico. Se nota la intensidad entre ellos a medida que vas leyendo. X lo menos me pasa eso a mi. Y cuando un escritor logra eso en una lector es que realmente la obra está muy bien escrita. X favor que sea pronto y obvio q quiero que subas 3 caps el miércoles Genia.
ResponderEliminarCreo q la tension sexual los va a terminar matando jaja
ResponderEliminareso no esta en dudas!! estoy esperando con ansias !! ;)
ResponderEliminarbuenísimo,seguí subiendo...
ResponderEliminarObvio que queremos amo tu novela como todas tu novelas quiero quiero Jesi!
ResponderEliminarQue buena se esta poniendo la nove! Por supuesto que quiero mas!
ResponderEliminarTe leo el miércoles! Feliz navidad!!
Beso
Sisisi 3 caps porfas! Me encanta la nove.. ndjdjx
ResponderEliminarMe encanto el cap. Subi los 3 cap porfis!!!!!!!!
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