jueves, 19 de diciembre de 2013
CAPITULO 8
—¡Pedro! ¡Llamen a Pedro ahora! ¡PEEEEDROOOO¡
El grupo de mujeres en los asientos detrás de mi esta gritando jodiendo sus gargantas.
Así que puedes entender como es realmente, realmente difícil bloquear al hombre cuando todos a tu alrededor lo están aclamando, sobre todo cuando mi cuerpo esta lleno de adrenalina por la lucha que esta a punto de comenzar.
Es una sensación deliciosamente familiar, en realidad, esta hirviendo a fuego lento en mi mientras me siento en el Subterráneo de Atlanta, esperando a que Pedro salga al ring. Siento que soy el contrincante y mi cuerpo esta preparado perfectamente. Mis piernas están inmóviles debajo de mi asiento, y también mis manos, pero esto no es más que un engaño. Mi interior, esta rugiendo fuego. La quietud de la preparación. Cuando en el exterior todo esta en calma, y en el interior hay un fuego rugiendo. Este es el minuto en el que todo cae en silencio y se guarda, hasta que llega el momento de explotar, será concentradamente preciso que da rienda suelta a tu energía en un perfectamente planeado estallido.
Incluso ahora, recuerdo mi perfecta posición en cunclillas en la parrilla de salida, la forma en que todos mis sentidos perecían estar afinados con el sonido del disparo de salida, donde todo- y me refiero a todo- despierta con ese sonido, y tu corazón se para una fracción de segundo.
Ahora parece que lo único que estoy a la espera de escuchar es el nombre que va a ser anunciado, y cuando por fin oigo “PEDRO ALFONSO, RIIIIIPTIDE” hay una fiebre barriendo a través de mi, y sin embargo no hay lugar por el que yo pueda correr, no hay alivio para lo que esta sucediendo en mi cuerpo, solo esta ese increíblemente poderoso dolor siendo alimentado por las mismas hormonas que mi cuerpo mantiene afuera, que no tengo manera de detener.
Me levanto de mi asiento al igual que toda la gente en la sala, pero es todo lo que puedo hacer mientras lo miro salir al escenario de la manera en que solo el sabe. El público lo recibe al instante en lo alto, y estoy mareada también. Ahí esta, la fantasía viva y respirando de una mujer, haciendo su camino lento, arrogante, con su cabello, una sonrisa asesina con hoyuelos, todo el paquete Pedro Alofnso. El es la mismísima perfección, y una nueva ola de hormonas barre a través de mí como en el resto de las personas mientras lo tomo visualmente, tan descaradamente exhibicionista en sus pantalones cortos de boxeo y tan sorprendentemente atractivo, se convierte en el centro de mi atención.
El centro. De mi. Mundo.
Desde que deje de competir, he ganado mi grasa corporal y ahora estoy un dieciocho por ciento saludable. Tengo más curvas de las que solía tener, con un poco mas de impulso en mi trasero y un buen relleno en mis pechos. Pero nunca he sido mas consciente de mi cuerpo y sus piezas internas y externas que cuando me relacione con este hombre. Yo no se si alguna vez me acostumbrare a el. Alguna vez podré hacer que deje de provocarme esto. Si, este hombre pone a mi cuerpo fuera de control.
—¡Y ahora, el famoso y aclamado Owen Wilkes, el “Irish Grasschoper”!
Mientras su rival pelirrojo llega al ring, la mirada miel de Pedro barre la multitud hasta que me encuentra. Nuestros ojos se encuentran, y al instante estoy sin aliento. Sus hoyuelos salen para formar una sonrisa tan perfecta, que corre todo el camino a través de mí, electrizando mis terminaciones nerviosas.
Todavía estoy sonriendo como una tonta cuando la campana suena, y no quiero contener mi aliento cuando estoy observando, pero lo hago. Pedro se ve casi como un Rottweiler aburrido mientras su oponente, el “Grasschoper” parece saltar por todo el ring y a su alrededor como un canguro bebe.
El lo golpea rápidamente, y como sigue ganando, el lucha contra una línea de oponentes, uno tras otro. Por lo que Diego me ha dicho, solo los últimos ocho finalistas en cada ciudad competirán en la próxima ciudad designada, y todo se reducirá a una gran pelea al final de la gira, en Nueva York, en donde solo los mejores dos hombre participaran en una larga lucha de dieciséis rondas, en lugar de un puñado de peleas de tres rondas.
Ahora Pedro pelea contra un hombre que luce mas como un luchador que un boxeador. Sus abdominales son flácidos y voluminosos, y el es casi el doble de ancho que Pedro. Algo feroz y primitivo agarra mi núcleo, y estoy de pie con un silencioso “¡No!”, el instante en el que el hombre al que habían llamado “the Butcher” asesta un golpe en la caja torácica de Pedro.
Pedro se estrello tan duro, que pude oir una respiración ser arrancada de el.
Mis entrañas se bañan en terror, incluso cuando se recupera fácilmente y mi corazón no deja de golpear mi pecho. Me muerdo el labio mientras lo veo aterrizar una serie de perfectos golpes en el núcleo de Butcher. Se mueve con tanta fluidez, cada parte de su cuerpo flexible y fuerte, a veces me olvido de que esta peleando con otra persona solo por el hecho de lo que me hipnotiza con sus movimientos.
Me encanta ver esas poderosas piernas, con músculos gruesos, y como se balancea y se mueve con fuerza y agilidad. Me encanta cada flexión de sus cuádriceps, sus hombros, sus bíceps, la forma en que el tatuaje se envuelve en su brazo solo hace hincapié en la forma finamente formada de sus hombros y bíceps.
—¡Boo! ¡Boo-hoo! — la multitud empieza a gritar, y todo después de que Pedro recibiera otro golpe en la parte superior de su torso. Me estremezco cuando Butcher sigue con un golpe directo a los labios de Pedro. Su cabeza se tambalea, y veo gotas de sangre salpicando sus pies, y me oigo decir otra vez “¡no!” en voz baja. Se endereza una vez mas y recupera su posición, lamiendo la sangre de un corte en su labio. Pero no entiendo por que esta bajando la guardia.
Parece como si no se estuviera cubriendo, en incluso el Entrenador y Ruben están frunciendo el ceño con perplejidad en la esquina del ring mientras ven la lucha continuar, Pedro aterriza sus golpes perfectamente siempre, pero lo extraño es que Butcher tiene demasiado acceso a su región de la caja torácica superior. Estoy confundida y ansiosa de que termine, y lo único que se es que cada golpe que ese horrible hombre asesta en el , en realidad lo siento como un cuchillo siendo clavado en mi estomago.
Cuando Butcher golpea su cara una vez mas y Pedro cae sobre una rodilla, me quiero morir.
—¡NO! — El grito rompe fuera de mi.
Y cuando la mujer a mi lado me oye, ella ahueca los dos lados de su boca y grita:
—¡Levántate Pedro! ¡Levántate! ¡Saca la mierda fuera de el!
Una respiración entrecortada de alivio me inunda cuando salta hacia arriba y quita la sangre de su labio, pero sus ojos fijos en mi dirección, y el vuelve a recibir otro golpe que lo hace rebotar contra la cuerda.
Mis nervios están hechos jirones, de tal manera que tengo que agachar la cabeza y dejar de ver por un momento. Hay, literalmente, una bola de fuego en mi garganta, y ni siquiera puedo tragar mi salida. Hay algo acerca de verlo ser golpeado que me hace sentir indefensa como lo hice cuando me rompí la rodilla, y ya no podía hacer nada al respecto. Esta pasividad solo no soy yo. Estoy siendo comida por la necesidad por la necesidad de levantarme e ir a golpear a ese jodido hombre gordo, o simplemente huir de aquí. Lucha o huida. Pero en cambio me siento aquí, y es horrible.
De repente comienza su coro habitual —¡PEDRO… PEDRO… PEDRO¡
Y algo sucede cuando no estoy mirando, pero el caos se desata en el Subterráneo, y la gente empieza a gritar: —¡SI. PEDRO, PEDRO, PEDRO!
La voz del locutor irrumpe a través del altavoz —¡Nuestro vencedor, señoras y señores! ¡RIPTIDE! ¡Rippppptiiiiide! ¡Si, ustedes, señoras hambrientas por ahí, griten su corazón por el chico malo más malo que este ring ha visto! ¡Rippppppptiiiiiiide!
Me levanto, y mi cabeza se dispara con sorpresa cuando mis ojos vuelan de regreso al ring. El hombre gordo esta siendo removido en una camilla por los médicos, y me sorprende el hecho de que Pedro parece haber roto sus costillas.
Pero mi chico ya no esta en el ring.
Y el podría tener una costilla rota también.
Dios mio, ¿Qué demonios paso?
Tan rápido como puedo conseguir pasar a través de la multitud, me dirijo a los vestidores,mi corazón todavía esta desbocado y mi cuerpo sigue sufriendo por una corriente. Encontré a Lupe discutiendo con Ruben acerca de como “el bastardo esta jugando con fuego”, y cuando ambos se fijan en mi, el Entrenador se voltea lejos de mi y Ruben señala con un dedo, señalando hacia arriba, entonces saca la llave de la suite de Pedro de sus bolsillos y me la extiende. La tomo y me dirijo al hotel, que por suerte esta a la vuelta de la esquina.
Encuentro a Pedro sentado en el banco a los pies de su cama, con el pelo en puntas bien arrugadas como siempre, su respiración todavía un poco irregular, y una ola de alivio lava a través de mi cuando levanta la cabeza y su sonrisa perezosa, la cual muestra solo un hoyuelo aparece.
—¿Te gusto la lucha? — pregunta , con una voz áspera, deshidratada.
No puedo decir que no, pero realmente no puedo decir que si, yo no lo se por que es una experiencia tan complicada para mi.
Por eso digo —Rompiste las costillas del ultimo.
Una ceja se alza elegantemente, luego bebe lo ultimo de un gatorade(bebida isotónica), la envía girando hacia el suelo.
— ¿Estas preocupada por el, o por mi?
—El, por que es el que no podrá levantarse mañana— yo dije eso en broma, pero aunque gruñe no sonríe.
Estamos solos. Y de repente todos los poros de mi cuerpo se dan cuenta de ello.
Mis manos se sienten un poco inestables y agarro un ungüento y me arrodillo entre sus piernas para ponerlo en el corte de su labio. No esta sangrando pero esta roto justo en el medio de su carnoso labio inferior. El tiempo se desvanece cuando mi dedo se presiona ahí, con los ojos entornados mientras me mira.
—Tu— le susurro— . Me preocupo por ti.
La conciencia repentina del ritmo exacto de su aliento me supera. Estoy tan cerca que inhalo el aire que el exhala, y sin previo aviso su esencia esta dentro de mi. Huele tan bien, salado y limpio, como el océano, y yo soy incapaz de detener mis reacciones ante el. Mi cabeza da vueltas dentro mi cráneo. Me imagino doblar la cabeza sobre su cuello húmedo y el funcionamiento de mi lengua por todas y cada una de las gotas de sudor que veo en su piel.
Con el ceño fruncido por mis propios pensamientos, tapo el botecito, pero sigo de rodillas, debatiendo si me pongo de pie ahora que estoy aquí.
—Eche a perder mi hombro derecho, Paula.
Mi mas o menos pronunciado nombre se mueve en la parte superior de mi cabeza y la forma en que lo dice me afecta, pero lo cubro con un suspiro de tristeza fingida
—Con una máquina como tu, yo sabia que era demasiado esperar que sobrevivieras la noche solo con un corte en el labio.
—¿Vas a venir a arreglarlo?
—Por supuesto. Alguien tiene que hacerlo— sobre mis pies, me dirijo a arrodillarme en el borde de su cama para agarrar sus hombros. Ya no estoy sorprendida por la forma en que cada célula de mi cuerpo se afila en la sensación del cuerpo de este hombre conectado, a través de mis manos, con el mío. Cierro mis ojos y me permito disfrutar de ella por un momento mientras trato de que se relaje, pero la tensión de su cuerpo es mas implacable que nunca.
Presiono más en su hombro derecho y susurro —Ese feo bastardo dejo bastante duro algo aquí. El consiguió un montón de los duros. ¿Te duele?
—No.
Creo que escuche un toque de diversión en su voz, pero no estoy segura. Mi atención se desplaza hacia el músculo, me quejo y hago retorcer mis dedos, y se que es un hecho que duele.
—Te voy a frotar hacia abajo con árnica y vamos a hacer la terapia de frío.
Se sienta inmóvil mientras me permite bajar un poco de aceite por su piel y cuando me asomo a su perfil , veo sus ojos fuertemente cerrados.
—¿Te duele? — murmuro.
—No.
—Siempre dices que no, pero te puedo decir que esta vez lo hace.
—Hay otras partes de mí que están sufriendo más.
—¿Qué demonios? — la puerta de la habitación se cierra de golpe, y la tormenta de Diego entra en la habitación, tan enojado como nunca he visto a este gentil hombre. Sus facciones características se ven mas nítidas y no tan angelicales hoy, y hasta sus rizos se ven mas pronunciados —¿Qué Demonios? — repite.
El cuerpo de Pedro se convierte en un muro de ladrillo bajo mi tacto.
—El Entrenador esta furioso— Ruben añade mientras entra en el cuarto, incluso Ruben esta frunciendo el ceño hoy—. Lo que todos queremos saber es ¿Por qué putas estas dejando que jodan tu trasero?
Una extraña sensación recorre la habitación, y mis manos al instante dejan de moverse en la parte posterior de sus hombros.
—¿Si o no, lo dejaste hacerlo a propósito? — Ruben lanza una mirada siniestra.
Pedro no responde. Pero su torso esta completamente duro ahora, y cada músculo parece comprometido.
—¿Necesitas ir a la cama? — Demanda Diego, señalándolo a el—. ¿Lo hace?
Mis entrañas se apretaron y se que realmente no quiero estar aquí y escuchar a estos chicos hacer los arreglos sexuales por Pedro, así que entre dientes, sobre todo para mi, ya que nadie me esta prestando atención de todos modos, digo que voy a ayudar a Diane en la cocina, luego salgo de la habitación.
A medida que avanzo por el pasillo, escucho a Diego de nuevo. —Amigo, no puedes dejar que te hagan esto solo para que puedas tener sus manos sobre ti. Mira, podemos arreglar a algunas chicas. Sea lo que sea que estés haciendo, no puedes jugar a estos malditos juegos como una persona normal. No haces mas que torturarte, Pedro, esto que estas haciendo con ella es una cosa peligrosa.
He ralentizado mi paso hasta casi detenerme, y creo que mis pulmones acabar de hacerse rocas. ¡Están hablando de mi?
—Puedes apostar todo tu dinero para ti mismo este año, ¿Recuerdas ese episodio? — Añade Diego— . Ahora lo único que necesitas es derrotar a Scorpion en la final no importa que. Y eso la incluye a ella amigo.
El timbre de Pedro es mas bajo que el de ellos, pero de alguna manera ese gruñido suave es mas amenazante
—Scorpion es un hombre muerto, así que retráctate.
—Nos pagas para prevenir esta mierda, Pedro— Diego replica, pero eso solo hace que Pedro baje su voz mas.
—Lo tengo. Bajo. Control.
El silencio que sigue al mortal susurro me hace moverme, y me dirijo a la cocina para encontrar a Diane sacando un pequeño pavo orgánico del horno. El aroma de romero y limón hace mi boca agua, pero no hace nada para mi corazón latiendo desbocado.
—¿Sobre que están gritando los chicos? — Pregunta Diane mientras arregla su presentación, con el ceño fruncido dulcemente hacia su pavo bebe cuando se niega a mirar mucho el plato que eligió.
—Pedro fue golpeado esta noche— le digo, por que eso era de lo que hablaban ¿no?
Diane niega con la cabeza y se chasquea así misma.
—Te juro que ese hombre tiene el botón rojo de auto-destrucción , mas rojo que he visto en mi vida…
Se apaga cuando se abre la puerta detrás de mi, y una gran abrasadora mano agarra mi codo y me gira.
—¿Quieres correr conmigo?
Los ojos mieles de Pedro arden ferozmente hacia mi, y puedo sentir su frustración llegar hasta donde estoy. Circula alrededor como un torbellino negro, y de repente se sitúa en el borde de mas que un poco atemorizante.
—Necesitas comer, Pedro— dice Diane desde la esquina.
Sonriendo agarra un galón de leche orgánica del mostrador y lo comenzó a tomar hasta que está casi todo en su estómago, luego se limpió los labios con su brazo, diciendo.
—Gracias por la cena —entonces alzo una ceja esperando que respondiera— ¿Paula? —presionó.
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por favorr sigue subiendoo!!! siempre me dejas con ganas de leer mass!!
ResponderEliminarWowwwwwwwwwww, qué buen cap!!!!!!
ResponderEliminarbuenísimo,seguí subiendo...
ResponderEliminarSiempre dejas con la intriga! Me encanta el cap!
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