jueves, 6 de febrero de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 7
El calor en el Phoenix Underground es sofocante.
Los caros asientos están encajados juntos, uno después del otro, y alrededor de quinientas personas están gritando salvajemente mientras el Butcher y Hammer tienen su encuentro en el ring. Después ¡zas! ¡Torta! Y Hammer termina lleno de sangre e inmóvil en el suelo.
—Wow, Hammer fue desafortunado — dice Diego.
Kirk “Hammer” Dirkwood ni si quiera se ha movido desde que cayó de lleno en la lona.
Butcher, sin embargo, es un gran luchador. Con tanta carne que es el doble o triple de tamaño que cualquier otro luchador, sus puños parecen bolas de hierro, y sus nudillos parecen clavos. Acaba de ser anunciado ganador, y ahora grita una sarta de maldiciones a la multitud, diciéndoles que él es “¡El mayor hijo de puta que este ring haya visto!” y de repente, la lona se estremece bajo sus pies mientras él furiosamente empieza a dar vueltas en el ring, gritando aun más fuerte, —¡TRAERME A RIPTIDE! ¡¡¡¡Dejarme tener un jodido encuentro con Riptide!!!!
Están arrastrando a un inconsciente Hammer fuera del ring, y mi estómago se anuda en el momento en el que Butcher golpea su pecho como un gorila y sigue gritando con una voz que es áspera como la de un monstruo.
—¡¡RIPTIDE!! ¿Me oyes? ¡Sal, coño! ¡Hazme frente como hiciste con Benny!
—Es compinche de ya—sabes—quien — me dice Diego poniendo los ojos en blanco—. Y ahora, gracias a la final del año pasado, cree que puede vencer a Rip también.
La multitud se inquieta. Me doy cuenta de que el hambre de Butcher sólo ha despertado al público. Ellos oyeron el nombre, y se propaga como la pólvora por las gradas, empezando con murmullos y aumentando a un crescendo: ¡Riptide! ¡Riptide! ¡RIPTIDE!
Inmediatamente lo se, con cada fibra de mi, ellos van a hacer que salga. Es buscado, no solo por Butcher, sino por todo el estadio gritando.
—¡Riptide! ¡Riptide! ¡RIPTIDE!— cantan.
Siento como un enorme puño está exprimiendo el contenido de mi estómago mientras espero a tener un vistazo de él. Está enfadado conmigo. Está enfadado porque estoy siendo ridícula y odio no poder parar de serlo, por lo que estoy enfadada conmigo misma.
—¡¡Riptide, Riptide!!— la multitud seguía gritando por él.
Hay un revuelo mientras los organizadores parecen luchar para cumplir mientras las demandas del público se vuelven aún más ruidosas.
—¡RIPTIDE! ¡RIPTIDE!
—¡Darnos al jodido RIPTIDE!
Los altavoces vuelven a la vida, y el presentador suena sin aliento.
—¡Habéis preguntado por él, damas y caballeros! ¡Le habéis pedido! ¡Ahora, vamos a sacar esta noche al que todos estáis aquí para ver! ¡Él, el único, Ripppptide!
La multitud ruge en alegría y mi cuerpo grita en silencio mientras todos mis sistemas golpean a toda velocidad. Mi corazón bombea, mis pulmones se expanden, y mis ojos duelen por tenerlos fijos en la pasarela. Todos los vasos sanguíneos y capilares de mi cuerpo se dilatan para facilitar el flujo de sangre, y los músculos de mis piernas están listos para correr, a pesar de todo lo único que puedo hacer es retorcerme incómodamente en la silla. Nunca puedo hacer ver a mi cuerpo que pedro no está en peligro. Tampoco puedo yo. Mi cerebro no puede comprender que el hombre que amo lo hace para ganarse la vida. Para su bienestar mental. Así que me siento aquí mientras que mi cuerpo libera las mismas hormonas que liberaría si estuviese acorralada por tres osos delirantes listos para comerme.
Y entonces lo veo entrar al estadio, fuerte, magnífico, en control.
Sube al escenario rápidamente y se quita la bata mientras que Butcher sigue golpeando su pecho cuando la multitud recibe a pedro con todo su amor y devoción. Como siempre hacen.
Aguanto la respiración y mis manos se cierran en puños en mi regazo mientras espero a que él me mire.
Me mata. Primero, miro con anticipación, después con temor, luego con incredulidad, mientras él da una vuelta, sin sonreír, después deja caer sus brazos a los lados y se coloca en su lugar. La campana suena.
Los hombres cargan. Me estremezco cuando la cabeza de pedro vuela hacia un lado por el impacto.
—¡Oh, no!— Mi estómago cae, mis ojos se ponen borrosos cuando veo la sangre.
Los horribles sonidos de hueso golpeando la carne abierta, uno después del otro, mientras Butcher da tres golpes consecutivos, todos en la cara de Pedro.
—Oh, dios, Diego — grito ahogadamente, cubriéndome la cara.
—Mierda— diego me dice—. ¿Por qué jodidamente no te ha mirado?
—Me odia.
—Paula, vamos.
—Nosotros . . . Él . . . Estoy teniendo problemas con lo de las mujeres, ¿de acuerdo?
diego me mira con una expresión conflictiva, con la mirada fija en mi perfil, como si quisiese decir algo pero no fuese capaz.
pedro gruñe enfadado y levanta la guardia mientras agita su cabeza, retrocediendo. Su cara está sangrando desde la nariz, los labios, la pequeña cicatriz de su ceja, y ni si quiera se de donde más.
Butcher golpea de nuevo, pero Pedro lo bloquea, y se intercambian golpes durante un minuto hasta que termina el round y ellos van a sus esquinas. Ruben pone algo en las heridas, y el entrenador le está gritando. Él asiente, agita sus brazos, flexiona los dedos, y vuelve, ahora enfadado, mientras va mano a mano con esa fornida y horrible bestia y sus nudillos con púas.
Ellos vuelven a las andadas. Balanceando y golpeando.
Pedro gira a un lado y Butcher lanza su puño al espacio en el que Pedro estaba. Pedro vuelve con un gancho en la cara que conecta tan fuerte que Butcher se balancea.
Le toma unos momentos a Butcher recobrar su equilibro. Balancea su brazo, pero Pedro se agacha y le da un puñetazo en las costillas, el intestino, y la cara, todos aterrizando con la velocidad y precisión perfectas. ¡Pow,¡ pow, ¡pow!
Butcher lanza un puñetazo una vez más, buscando la cara de Pedro, pero Pedro bloquea el puñetazo y una vez más vuelve con un golpe por su cuenta, golpeando sus nudillos directamente en la fea y gorda cara de Butcher. Butcher cae de rodillas.
A mi lado, el entusiasmo de Diego sigue creciendo, y le oigo murmurar. —Vamos, Pedro. ¿Por qué le dejas conseguirlo? Lo tienes.— Se gira hacia mi y susurra —. Puedes enseñar velocidad y agilidad, pero nunca puedes enseñar a un hombre a ser un fuerte golpeador como es Pedro. En cuanto empieza a golpear como él quiere, se acabó. —Veo que está sonriendo, pero yo no lo estoy.
Pedro sigue sangrando, y mientras la pelea avanza, él sigue recibiendo un par de puñetazos en su cuerpo.
Detesto, detesto, detesto cuando se lesiona, a pesar de que mi trabajo es ayudarlo a recuperarse. Se ríe y escupe, casi como si estuviera disfrutando.
La pesadilla de la pelea de la última temporada me hizo algo, y ver esto, esto, me mata de nuevo.
Mi temor ha crecido y se ha podrido, y esta noche, es abrumador. Por un momento, mi cabeza se gira débilmente, pero al mismo tiempo, estoy segura de que mi adrenalina me está manteniendo despierta, manteniendo mi cuerpo alimentado y listo para defenderle.
Butcher se levanta de nuevo y lanza un puñetazo a su cara, y la cabeza de Pedro se gira, pero su cuerpo se mantiene firmemente plantado. Mi árbol está siempre firmemente plantado. Él se balancea, y devuelve el golpe aún más fuerte. Los dos hombres se enganchan, después se apartan el uno del otro, y Pedro carga una vez más, la sangre sale a chorros de su cara mientras, que una vez más, él va ¡pow pow pow!
Sus rápidos, y consecutivos puñetazos hacen que Butcher empiece a retroceder. El hombre gordo rebota en las cuerdas tras él, pero se niega a caer. Pedro lo arrincona, su pecho brillando por el sudor y sus músculos ondulándose mientras él rompe el intestino de Butcher y después su cara.
Mi respiración me ha dejado. Miedo irrita mi interior junto con otras sensaciones encontradas, como esta increíble excitación que siempre me da mientras le veo luchar. Él es espectacular. El poder en su cuerpo, la ondulación de sus músculos, la perfecta flexión cuando cada músculo se endurece y se relaja. Pedro usa tanto la inteligencia como el instinto para luchar. Él parece planear, trazar, después solo desarrollarlo, pero más que nada, él parece vivir el momento. Amarlo.
Su rostro está concentrado mientras azota a Butcher hasta que el hombre se ha derrumbado en una piscina roja a sus pies. Literalmente, a sus pies. Su cara choca con las botas de Pedro.
Los labios de Pedro se curvan con el placer a la vista, y se hace a un lado, girando su cuerpo en mi dirección.
—¡RIPTIDE!— grita el presentador, y mientras su brazo es levantado en el aire, su mirada finalmente me localiza.
Mi pulso se detiene. El ruido se ha ido. Incluso mis latidos se sienten como si no existiesen. Es estúpido cuánto necesito esto, pero cuando finalmente levanta su brazo, gira su cabeza hacia mi y sus desesperados, enfadados, ojos mieles me entierran, me estremezco en mi asiento.
Su mirada es claramente posesiva y furiosa, una gota de sangre se desliza hacia su parpado desde el corte en la ceja, sangre gotea de su nariz y labios.
Y cuando el maestro de ceremonias le pregunta algo, él asiente, y ellos llaman a otro peleador para él.
—Si, ahora él va a necesitar expulsar esa rabia.— Diego murmura para si mismo.
Un nuevo tornado de nervios me barre cuando oigo esto. Lo juro, si no lo supiera, pensaría que está haciendo esto para torturarme y castigarme. Las endorfinas le evitaran sentir dolor. De hecho, está tan orgulloso y determinado que él ha enseñado a su cuerpo a soportarlo. Constantemente empuja los limites, y creo que su umbral de dolor puede ser mayor que el de cualquier otro atleta que he conocido, pero mis limites han sido mucho más que superados durante la tarde.
Pedro marca varios golpes en el tipo nuevo, usando una genial combinación de golpes, pero aunque Ruben trató de curarle en su esquina, la sangre sigue cayendo de su cara.
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miércoles, 5 de febrero de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 6
Me siento como la mierda al día siguiente, pero entonces oigo a Pedro murmurar, mientras desayunamos tranquilamente.
—¿Corres conmigo hasta el gimnasio?
Asiento.
Él parece estar mirándome como si no supiese que hacer con una bomba detonada. Yo también estoy tratando de averiguar qué hacer conmigo. Nunca me he sentido tan consumida por los celos y el dolor, ira y odio hacia mí misma en toda mi vida. Estoy tan mareada que ni siquiera como, simplemente tomo un vaso de zumo de naranja, y después me pongo mis pantalones de correr y mis zapatillas de deporte, e intento no vomitar cuando me lavo los dientes.
Hoy Arizona está tan caliente como el infierno, y en el camino fuera del hotel, me pongo la gorra y estiro silenciosamente mis cuádriceps, tratando de concentrarme en la segunda cosa que más amo después de Pedro: correr. Sé que me va a hacer sentir bien, si no es bien, por lo menos mejor.
No hemos hablado de ello.
No nos hemos besado.
No nos hemos tocado.
Desde que llore como una idiota en sus brazos la noche anterior. Cuando me desperté él estaba mirando por la ventana, su perfil ilegible, y cuando se giró, como si me hubiese sentido, tuve que cerrar los ojos porque estaba asustada de que si él era amable conmigo me iba a romper otra vez.
Ahora él rebota en el sitio mientras estiro. Él está llevando su sudadera gris y pantalones de chándal, morirías por cada centímetro del boxeador corredor. Matarías. Dejarías tu vida entera en Seattle detrás por él.
—Está bien — le susurro, asintiendo.
—Empecemos. — Él golpea mi trasero suavemente y empezamos a correr, pero la noche sin dormir quiere decir que no tengo la velocidad que quiero. Pedro se ve un poco cansado, silenciosamente corriendo a mi lado, bombeando sus puños en el aire.
Sigo esperando a que mis endorfinas arranquen, pero mi cuerpo no es mi amigo hoy, y mis emociones tampoco. Quiero hundirme en un rincón tranquilo y llorar otra vez, hasta que lo expulse todo y deje de doler, hasta que deje de estar enfadada conmigo misma, o con él, por decir que si a todo, cualquier cosa, que pudiera tener en sus manos mientras que por meses se negó a poner sus manos en mí.
He dejado de correr y tengo las manos en las rodillas, respirando hondo para intentar calmarme. Pedro va más despacio y da la vuelta bombeando sus puños mientras se acerca a mí. Quiero gruñir en protesta por la idiota que me siento mientras él se ve más que decente. Se para a mi lado, y uso la gorra para ocultar mi estúpida cara.
—Si estamos corriendo al gimnasio, necesitamos llegar hoy. — él susurra con diversión, alcanzando y retirando mi gorra. Me muerdo con fuerza el labio mientras me examina, obligándome a mantenerle la mirada.
Me sonríe, sus hoyuelos aparecen mientras él está parado ahí. Un poco arrogante, muy caliente, Pedro Alfonso, el hombre de mis sueños. En esa sudadera gris. Esos ojos mieles mirándome. Él es tan aerodinámico cuando corre; incluso cansado, él desafía a la gravedad. Sus hombros, dura roca, estiran el material de su sudadera mientras golpea la acera.
Por favor que alguien me mate ahora.
—Creo que voy a ir andando — le digo, arrodillándome para añadir otro impulsivo nudo a los cordones de mis zapatillas de deporte, para así mirar mis Nikes en vez de a él—. Sigue sin mí y ya llegaré.
Nunca me he negado a correr con él. Es nuestro momento, es especial, pero me siento débil, triste y miserable.
Se pone de cuclillas para estar a mi nivel, coge mi gorra y me mira, no hay hoyuelos en su cara. —Voy a andar contigo. — me dice simplemente, poniéndome la gorra mientras se endereza.
—No tienes que hacerlo. El entrenador Lupe te está esperando.
Agarra mi barbilla y me clava al suelo con sus atormentados ojos mieles. —Voy. A andar. Contigo. Paula. Ahora dame la mano y déjame ayudarte a levantarte.
Él extiende su mano y lo veo, y lo quiero, y está ahí. Me levanto por mí misma y empiezo a caminar.
Se ríe suavemente mientras anda a mi lado. —No me puedo jodidamente creer esto. —murmura.
Mete las manos en su sudadera, oscura cabeza inclinada mientras mira hacia la acera y deambula junto a mí. Su capucha se cayó cuando él se inclinó para ofrecerme la mano, y su pelo es un lio adorable, y dios, quiero agarrarlo y besarlo y fingir que soy tan fuerte como solía ser, pero en su lugar estoy mareada y me siento tan fuerte como un pequeño palo.
—¿Cuántas había allí? ¿Lo sabes?— Me oigo preguntar.
Él hace un bajo gruñido, y se tira del pelo antes de dejar caer sus manos. —Simplemente dime lo que quieres que haga. ¿Qué quieres que diga? No has dejado de llorar, no comes, te apartas de mi toque. ¿Por qué coño dejas que importe?
—Porque tú ni siquiera te acuerdas; ni si quiera sabes lo que les hiciste, quienes son. ¡Alguna podría estar embarazada de tu jodido bebé mientras hablamos! Han podido hacerte fotos. ¡Han podido. .. aprovecharse de ti!
Se echa a reír y me mira divertido, como si pensase que nadie puede herirle, pero pueden. Jodido idiota petulante, ¡Pueden!
Incluso cuando él es el más fuerte y poderoso ser humano que haya conocido alguna vez, cuando él está negro, es imprudente y vulnerable, y puede hacerse daño a sí mismo y definitivamente puede resultar herido. El pensamiento de que alguien, especialmente algunas putas, tuvieran acceso a él cuando estaba así, me hacía sentir como si fuese a explotar. Limpio una lagrima de ira y sigo andando, después él se pega a mí y choca a propósito su mano con la mía. Frota su pulgar sobre el mío.
—Solo cógeme de la mano, pequeño petardo — pide suavemente.
Arrastrando una respiración, fuerzo a mi dedo meñique a moverse, y él engancha nuestros dedos pequeños. Siento el calor de su tacto corriendo por mi brazo, Y creo que se da cuenta de que no puedo reprimir un pequeño estremecimiento. Se burla de mí, en una voz baja que me derrite: —¿Te doy mi mano, y tú me das el meñique?
—Pedro, ¡no puedo hacer esto ahora!
Empiezo a correr, y él simplemente se une a mí en el gimnasio, desabrochándose la sudadera y poniéndose los guantes. Empieza a golpear el saco sin una mirada en mi dirección y con muy, muy fuertes golpes. Estoy en las líneas laterales, tensa por la forma en la que el aire cruje entre nosotros, como un loco circuito eléctrico a punto de arder. El entrenador lo mira, y me mira, y Ruben aparece, igualmente preocupado mientras nos observa a los dos.
Nadie le habla a él y nadie me habla a mí.
Voy al baño y empiezo a vomitar.
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SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 5
Se voltea para abrir la puerta y jala adentro una de las maletas que el botones sostiene de pie ahí afuera. Cuando intento pasar, me agarra la parte de atrás de mi blusa y dice: —Ven aquí, resolveremos esto ahora.
Aleje su mano y no sé si quiero dejarlo resolver esto o no, estoy siendo irracional, yo fui la que rompí la relación, me fui. Soy con la que estoy furiosa justo ahora, a quien quiero golpear en este momento, soy yo. Mis entrañas se estremecieron con dolor mientras manteníamos la mirada fija en nosotros, me limpie una lágrima mientras caminaba para abrir toda la puerta dónde Pedro continuaba poniendo el resto de nuestras cosas adentro.
Sé que yo cause todo esto, porque pensé que era fuerte y traté de protegerme y entonces me lastimé, y lo lastime a él y a un montón de personas porque era fuerte y pensé que podría protegerlo a él y a mi hermana y jodí a todos en su lugar. Pero estoy tan herida por adentro que solo quiero encerrarme en algún lugar y tener un buen tiempo para llorar. Me imagino que las brillantes putas vinieron a esta habitación del hotel cuando él ni siquiera estaba en su entero juicio y sé que voy a vomitar.
Le digo al botones: —Gracias ¿Podrías enviar esta maleta con esa otra maleta a la otra habitación?
El chico empujo el carro hacia el elevador y asintió.
—¿A dónde vas? —pregunto Pedro cuando camine al pasillo.
Tome una respiración profunda y me gire—Quiero dormir con Diane esta noche, no me siento muy bien y prefiero que hablemos de eso cuando yo… cuando yo… este calmada —le digo con la garganta cerrada.
Se ríe—No puedes estar hablando en serio.
Cuando me acerco al elevador y presionó el botón de LLAMADA, su risa se desvanece rápidamente.
Cuando abordo con el botones, estoy sosteniendo mis lágrimas y vómito, el chico joven me sonríe y pregunta— ¿Primera vez en el hotel?
Asiento con la cabeza y trago.
Tan pronto como llegué al cuarto de Diane, me eche a llorar. Ella trajo las maletas y cerró la puerta.
— Paula no tenía la intención de causarte problemas, pensé que lo sabías. Las fans y mujeres, siempre ha sido así, excepto cuando tú estás cerca. Lo siento mucho.
—Diane, yo rompí con él, ¡Sí, entiendo que es mi culpa! Todo es mi culpa, incluso que él perdiera el campeonato.
—Paula —Diane trata de consolarme mientras me sienta en la cama—. Ellos vienen y van, no fue…
Me seco las lágrimas y sorbo pero mi miseria se siente como un peso de acero.
—Vivía como antes de que entrara yo a cuadro, no sé qué es lo que esperaba cuando me fui, pensé que le tomaría un poco de tiempo antes de volver sobre el caballo ¿sabes? Pero sé que estar abatido e impotente no es de Pedro, él habría sido…
Peligroso, maniático o causando problemas, o rompiendo cosas pero ¿y si él estuvo deprimido? Lo dejé para que lo soportara solo y para que Diego y Ruben lo manejaran de la manera que siempre lo han hecho. Me salen nuevas lágrimas.
—Vamos —Diane me anima, me estremezco cuando escucho el teléfono de la habitación—. Sí, Pedro —ella susurra en el auricular y luego cuelga.
—Él viene en camino, quiere que abra la puerta o la romperá.
—No quiero verlo así —lloro, sollozando agarro un pañuelo desechable como si pudiera ocultar el hecho de que estoy llorando como un bebé aquí.
Siento como se acerca como un tornado cuando Diane balancea la puerta abierta.
—Diane —dice en un murmullo, luego corta a través de la habitación directamente dónde estoy hecha un ovillo en la cama.
Sus ojos están oscuros con emoción—. Tú —dice abriendo su mano—. ven conmigo.
—No quiero —digo secándome una lágrima perdida.
Sus orificios nasales se abren y puedo ver que está teniendo problemas para controlarse a sí mismo.
—Eres mía y me necesitas, y quiero que por favor subas las jodidas escaleras conmigo.
Agacho la cabeza y me limpio una lágrima. Estornudo.
—Está bien, ven aquí —me balancea en sus brazos—.buenas noches Diane.
Pataleo, me agarra y aprieta contra él mientras me dice al oído:— Patea y araña todo lo que quiera, grita o golpéame. Maldice toda la mierda en mí, no vas a dormir en cualquier otra parte que conmigo esta noche.
Me lleva al elevador y luego a nuestra habitación, patea la puerta cerrada y me deja en la cama, se arranca su camiseta, sus músculos sobre salen con los enérgicos movimientos y veo cada centímetro de esa hermosa piel; piel que otras mujeres tocaron, besaron y lamieron y una oleada nueva de celos e inseguridad me atraviesa, grito como loca y le comienzo a pegar cuando comienza a quitarme la ropa. —Hijo de puta, no me toques.
—Eh, eh escúchame —me atrapa con sus brazos y su mirada—. Estoy loco por ti, he estado en el infierno sin ti, en el infierno. Deja de ser ridícula —dice presionando mi cara—. Te amo, te amo, ven aquí.
Me sienta en su regazo, no esperaba su gentileza esperaba una pelea para poder desahogarme, pero me desarmo y en su lugar comienzo a gritar en sus brazos cuando me sostiene, sus labios se abren en la parte de atrás de mi oído, su voz es suave pero firme y arrepentido.
—¿Cómo crees que me sentí cuando te fuiste? ¿Creías que sería fácil para mí? ¿Qué no me sentiría solo? ¿Traicionado? ¿Engañado maldita sea? ¿Usado? ¿Desechado? ¿Sin valor? ¿Muerto? ¿Creías que no habría días en los que te aborrecía más de lo que te amaba por haberme apartado? ¿Lo creías?
—Deje todo por ti —lloré tan herida que tenía mis brazos envolviéndome como si me costará mantenerme unida—. Desde que te conocí, todo lo que quería eras tú, dijiste que eras mío.
Se quejó en voz baja y me apretó con más fuerza contra él. —Soy tuyo.
Mi lágrimas seguían fluyendo mientras veía en sus ojo, y eran tan hermosos, los ojos de Pedro, eran mieles y tiernos, los ojos que veían a través de mí, los ojos que sabían todo de mí y ellos ya no se reían y reflexionaban acerca del dolor que siento, no podía mirarlos por más tiempo, me cubro la cara y nuevos sollozos me alcanzan.
—Debería haber sido yo todas esas veces —digo—. Debería haber sido solo yo, solamente yo.
—Entonces no me digas que me amas y me abandonas. No me jodas diciéndome que te haga mía y a la primera oportunidad que no estoy mirando huyas. Ni siquiera podía venir a atraparte ¿eso es justo para mí? ¿Lo es? Ni siquiera podía levantarme en mis malditas piernas y venir a pararte.
Solloce fuertemente.
—Me desperté para leer tu carta en lugar de verte, tú eres todo lo que yo quería ver, todo lo que quería ver.
Sus palabras son tan dolorosas de escuchar, no puedo ni siquiera hablar a través de mis lágrimas.
Creo que lloré hasta quedarme dormida en su regazo y cuando me desperté en medio de la noche, mis ojos y mi cabeza me duelen de tanto llorar, estoy desnuda. Me doy cuenta que me ha quitado la ropa como siempre lo hace y su piel está caliente contra la mía y su nariz está en el hueco entre mi cuello y mi hombro, siento sus brazos alrededor de mí y me aprieto más cerca aun cuando duele. Somos el objeto de dolor uno del otro pero también de consuelo. Tira de mí más cerca y lo escucho olerme como si eso fuera la última bocana de mí que va a tomar y antes de que me de cuenta, lo olfateo con la misma ferocidad.
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martes, 4 de febrero de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 4
Nuestro hotel en Phoenix parecía como sacado de un dibujo. El extenso edificio de adobe de veinte pisos se extiende bonitamente sobre un paisaje desierto, rodeado por cactus florecientes con flores tan grandes y brillantes que tengo la urgencia de ir y tocarlas, solo para asegurarme que no son de plástico.
En el interior del lobby de mármol, dos chicas adolescentes susurraron y señalaron a Pedro mientras él pasaba porque por supuesto que se habían fijado en él. Lo notaba como notas a un toro caminar a través del lobby de un hotel. Sus miradas nos escanean a nosotros rápidamente, al grupo que venimos con él, y comienzan a chequearme a mí.
Levanto una de mis cejas con una sonrisa divertida y parecen determinar que probablemente soy su novia pero no puedo evitar que mi estómago se retuerza locamente en señal de propiedad mientas lo miran una última vez con sus pequeñas miradas hambrientas.
—Mira a esas dos chicas enamoradas locamente de él, él siempre atrayendo miradas —me dice Diane— ¿no hace que te pongas celosa?
—Extremadamente —le digo arrugando la nariz con disgusto de mis propios celos.
Pedro me mira y me guiña un ojo mientras él y Diego esperan por las llaves, Diane me codea riéndose.
—Por Dios ese hombre conoce su propio atractivo —dice—. Pero yo no estaría celosa Paula, el equipo entero siente el amor entre ustedes dos. Nunca lo habíamos visto así por nadie más, no importa cuántas mujeres desfilaron por aquí, él sin embargo regreso por ti.
—¿Qué quieres decir? —le fruncí el ceño— . ¿Las mujeres desfilaron por dónde?
—Nuestro hotel.
—¿Te refieres a recientemente?
Mi estómago cayo, y quiero decir que realmente se cayó cuando veo como los ojos de Diane se ensanchan y pierde el color en el rostro.
Ella comienza a sacudir la cabeza y luego… ella comienza a mirar alrededor como si quisiera esconderse en una maldita maceta.
— Paula —susurra con tono de disculpa mientras da un paso atrás.
¿Por qué?
¿Cree que la voy a golpear? ¿Luzco como si fuera a golpear a alguien? No quiero golpear a nadie, muy apenas puedo mantenerme de pie.
Todo tiene un aspecto borroso cuando volteo a mirar la espalda de Pedro al otro lado del lobby, pienso en la forma en que él se mueve como un depredador tomándome, cuando hicimos el amor. En mi mente veo sus ojos, mirándome llegando a mi orgasmo por él, me lo imagino acostado en una cama del hotel mientras docenas de mujeres están para su placer, sus ojos mieles y mis ojos verdes; viéndolos como se apartan de él también.
Y luego considero que quizá no podría haber estado tranquilo, pudo estar en su forma oscura. Pedro en su forma más maniática, intensa y cruda tan peligroso como lo será siempre.
Porque él no es normal, ni siquiera está cerca de ser normal. Él no solo es el jodidamente Pedro “Riptide” Alfonso, es bipolar y se balancea de una gama de ánimo al otro. Cuando él esta maniático, no recuerda algunas veces lo que hace, y en el mes que me fui él estuvo muy, muy maniático. Sus ojos negros y misteriosos mirándome desesperadamente desde una cama del hospital.
Mis entrañas se retuercen hasta que mis pulmones se sienten atascados en mi garganta hasta que recuerdo como él trato de tranquilizar su respiración y me detuvo.
El corazón palpitante luchando o huyendo, ubique a Ruben a través del lobby y está viendo su celular mientras lo recuerdo vívidamente llevando un montón de resplandecientes y hermosas mujeres a la suite de Pedro no hace mucho tiempo para “animarlo” cuando tenía un negro episodio.
Antes de que pudiera detenerme, me cargue sobre él como si fuera un bala, mis puños temblorosos estaban a mi costado—. ¿Cuántas putas trajiste a la cama de Pedro, Ruben?
—¿Disculpa? —baja su celular en desconcierto total.
—Te pregunte cuántas… putas… trajiste a su cama ¿Estaba tan siquiera consciente de lo que estaba haciendo con ellas?
Mira la ancha espalda de Pedro, entonces me agarra del codo me lleva a un lado de los elevadores.
—No puedes opinar Paula ¿recuerdas? ¡Lo dejaste! Lo abandonaste cuando él estaba roto en un maldito hospital, Diego estaba cuidando a tu hermana, que estaba en rehabilitación, y yo difícilmente podía recoger todas las piezas de tu carta… tú maldita carta… lo que le hizo a él, algo que nunca jamás podrías llegar a comprender. En caso de que lo hayas olvidado Pedro tiene un desorden del estado de ánimo, tiene que ser sacado de la maldita oscuridad.
—Eh —Pedro le da un tirón por el cuello y aprieta su mano en un puño como si estuviera a punto de elevarlo—. ¿Qué demonios estás haciendo?
Ruben se sacude libre y mira ferozmente mientras acomoda su corbata dentro de su nueva estúpida chamarra.
— Estaba tratando de explicarle a Paula, que las cosas aquí no eran tan felices como los son ahora cuando ella se fue.
Pedro empujo un dedo en el pecho de Ruben—Has acabado con eso ¿Entendiste? —Ruben aprieta su mandíbula y Pedro aprieta tan fuerte el dedo en el pecho de Ruben que lo obliga a retroceder un paso—. ¿Lo entiendes?
Ruben asiente firmemente—Sí, lo tengo.
Sin otra palabra Pedro enrosca su mano atrás de mi cuello y me dirige al elevador. Pero todo el viaje en el elevador mis entrañas se apretaban dolorosamente a pesar de que trato de razonar conmigo misma que no tengo derecho de sentirme así.
Sin nada que ver adelante, me quede mirando fijamente nuestro ático mientras entrabamos en él. Es nuestro nuevo hogar, los cuartos de los hoteles han sido siempre como nuestro hogar pero no son mi hogar. Mi hogar está muy lejos, mi hogar ahora es este hombre y necesito aceptar el hecho de que amarlo puede romperme, una y otra vez amar a Pedro me romperá. Cuando él este luchando y cuando le den más golpes de lo que puedo soportar me romperé, cuando este tierno conmigo y me de todo el amor que no siento que merezco me romperé, cuando este en un episodio donde sus ojos están negros y no recuerde cosas que dijo o hizo, me romperé.
—¿Te gusta la habitación pequeña petardo? —el calor de su cuerpo me envuelve cuando viene por detrás y me arropa con su cuerpo entre sus brazos. Me siento cálida y protegida—. ¿Quieres emprender el camino cuando se haga de noche?
Sus labios rozan la curva entre mi cuello y mi clavícula, y la pluma envía una pequeña ráfaga de dolor a mi corazón. Siento como si me hubiera tragado todo el jardín lleno de cactus mientras levanto el cuello de mi blusa y me doy vuelta.
—¿Te acostaste con otras mujeres?
Nuestros ojos se encuentran y un escalofrío familiar del conocimiento me recorre cuando lo mire a la cara. Para la vida de mí no podía ver en lo que estaba pensando.
—Sé que no tengo que preguntártelo —busque profundamente en sus ojos mieles y él buscaba en mí con la misma intensidad—. ¿Rompimos cierto? Era el final de todo pero… ¿lo hiciste?
Espere y sus ojos comenzaron a brillar. Él está de hecho sonriendo.
—¿Es importante para ti? —me pregunto confidencialmente— ¿Si me acosté con alguien más?
La rabia y los celos burbujeaban dentro de mí rápidamente, agarre un cojín del sillón en su pecho mientras estallaba— ¿Qué crees maldito idiota?
Agarro el cojín y se deshizo fácilmente del cojín—Dime cuánto te importa —un brillo de malicia destellaba en sus ojos que solo me hizo rechinar mis dientes y le tiré otro cojín.
—¡Dime!
—¿Por qué? —desvió el cojín y viene por mí después—. Me abandonaste pequeña petardo, me dejaste con una dulce carta diciéndome, muy educadamente, que me fuera a la mierda y que tuviera una buena vida.
—¡No! Te deje con una carta en la que te decía que te amaba, algo que tú no me habías dicho hasta que regrese a ti y te rogué que me lo dijeras.
—Eres una maldita cosa dulce así, ven aquí —agarro la parte detrás de mi cabeza y me tiro entre sus brazos y necesite de toda mi fuerza para liberarme.
—Pedro, te estás riendo de mí —chille miserablemente.
—Dije que vinieras aquí —me recogió en sus brazos y gire mi cabeza mientras trataba de retrocederme.
—¡Pedro dime! Por favor dime ¿qué hiciste? —le rogué.
Me clavo en la pared y recargo su frente sobre la mía, su mirada completamente territorial—Me gusta que seas celosa ¿es por qué me amas, te sientes posesiva conmigo?
—Déjalo ir —respiro enojada.
Levanto su mano larga y sostuvo mi cara firmemente, pero suavemente como si fuera de cristal—Yo lo hago, me siento completamente posesivo contigo, eres mía, no voy a dejarte ir.
—Me dijiste no a mí —respire, ardiendo en el interior con dolor—. Por meses y meses, me estaba muriendo por ti. Me estaba volviendo loca, yo llegue como una maldita idiota, te alejabas de mí hasta que me fui… muriendo lentamente por dentro queriéndote. Tienes más fuerza de voluntad que Zeus pero la primera mujer que trajeron a tu cuarto… en el momento que ya me había ido, las primeras putas que te trajeron…
Su sonrisa se mantiene en su rostro pero el brillo en sus ojos se atenúo y ahora hay una feroz intensidad en su mirada.
— ¿Qué hubieras hecho si hubieras estado aquí? ¿Detenerlas?
—¡Sí!
—Pero ¿dónde estabas?
Mi respiración se sacudió.
Bajo la cabeza y me miró fijamente a los ojos ahora curiosos.
— ¿Dónde estabas Paula? —una de sus grandes manos se curva en mi garganta y acaricia con su pulgar el punto donde está mi pulso.
—Estaba rota —lloro con una mezcla de rabia y dolor—. Me rompiste.
—No, tú, tu letra me rompió —la risa ha desaparecido de su mirada mientras recorre la yema de su pulgar mi garganta amorosamente subiendo a lo largo de la curva de mi quijada, como una pluma, hasta que llega a mis labios—. ¿Qué importa si tenía que besar miles de labios para olvidar estos?
Hay un golpe en la puerta, pero nuestras energías están en conflicto bloqueadas como misiles con un objetivo. Él está muy ocupado encerrándome en sus brazos y yo estoy muy ocupada manteniendo mi corazón roto dentro de mí, aborreciendo el hecho que soy la real portadora del hacha, la razón de nuestro rompimiento. Sé que él necesita sexo cuando esta maniático, sé que lo abandone, sé que lo abandone, no tenía derechos sobre Pedro acerca de lo que hizo o dijo.
Así que rompí mi propio corazón cuando me fui y ahora la realidad de lo que paso cuando me fui, regresará y me romperá de nuevo. Y aquí estoy, con un enorme nudo en la garganta y exhalando tan duro como un dragón que escupe fuego.
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GRACIAS POR LEER! ♥
domingo, 2 de febrero de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 3
El jet privado es el juguete más grande de Pedro.
El equipo siempre toma la primera sección de asientos en la parte delantera del avión, mientras que a Pedro y a mí nos gusta el sillón en la parte trasera que está más cerca del enorme bar de paneles de madera y la TV de pantalla plana, a pesar de que rara vez lo utilizamos.
Hay emoción en el aire mientras abordamos. La temporada esta oficialmente abierta, y después de una probada de pedro luchando anoche, el equipo está impulsado. Diego y Ruben incluso chocaron los puños con los pilotos en cuanto saltamos fuera del Escalade.
—Las cosas están mucho mejor contigo aquí—Me dice Diane mientras se instala en su asiento de peluche, mejor—que—de—primera—clase—. Me siento tan emocionada al verlos juntos otra vez.
—Tengo que decir— El entrenador Lupe informa, y honestamente, ya que el hombre ha estado gruñón casi toda la semana, es casi extraño ver esa sonrisa en su cabeza calva—. Motivas a mi chico más que nada que haya visto. No solo estoy feliz de que hayas regresado, pero secretamente ore por ello, y soy malditamente ateo.
Me rio sacudo mi cabeza mientras sigo avanzando por el pasillo, y antes de que pueda llegar al fondo, Diego parece haber subido y me llama —Paula, ¿Has visto los nuevos trajes de jefe? —pregunta.
Frunciendo el ceño, me giro para ver Diego y a Ruben que ya está abordo también. Diego me sonríe y alisa con una mano su corbata negra mientras examino su apariencia. Y Ruben sonríe y extiende sus brazos para dejarme tener un buen vistazo. No tenía idea de que sus trajes eran nuevos.
Son básicamente, todo lo que visten. y hoy como todos los días, están listos para las pruebas de Hombres de Negro X11, o lo que sea.
Diego con su pelo rizado y ojos marrones, sería una especie de cerebrito en inteligencia. Ruben, con su pelo rubio y su pinta de surfista, sería el que accidentalmente mata a los demonios mientras abre lentamente la puerta del auto o algo así.
—¿Qué opinas? —me presiona.
Me aseguro de que tengo una expresión sorprendida en mi cara cuando respondo. —¡Ustedes lucen sexy! —Chillo cuando siento un apretón en mi trasero, y Pedro me jala de la cintura el resto del camino hacia nuestros asientos.
Me sienta y se deja caer a mi lado. —Dilo de nuevo sobre otro tipo.
—¿Por qué?
—Solo pruébame.
—Diego y Ruben se ven muuuuuuuy…
Sus manos salen volando y me hacen cosquillas debajo de las axilas —Trata de nuevo. —Me presiona.
—Oh por Dios, tus hombres de negro son tan malditamente…
Me hace cosquillas más fuerte.
—Ni siquiera me vas a dejar decir la palabra “sexy” — chillo cuando se detiene.
Sus ojos brillan, sus labios forman la sonrisa más seductora que jamás he visto, junto con su mandíbula y los hoyuelos, mis dedos están definitivamente curvados.
—¿Quieres intentarlo de nuevo, Paula Chaves? — Me reta con voz ronca.
—Sí, lo haría. Porque pienso que Diego y Ruben se ven increíblemente…
Me hace cosquillas tan duro que golpeo y pateo el aire, y luego jadeo en busca de aire y termino medio sentada medio tumbada en mi lugar, mis pechos empujándose contra sus duros pectorales con cada respiración. Nuestras sonrisas se desvanecen mientras una deliciosa conciencia sexual se establece entre nosotros mientras miramos profundamente en los ojos del otro.
De repente se extiende y usa su pulgar para meter un mechón de mi cabello detrás de mí oreja, su voz se engrosa mientras un hoyuelo desaparece antes de que el otro lo haga.
—Di eso cuando digas mi nombre— dice, y un escalofrió me recorre mientras pasa un dedo por mi mandíbula.
—¿Tu ego no es lo suficiente grande? — Susurro sin aliento mientras memorizo su cara. Penetrantes ojos mieles me miran con un poco de maldad y celos, lo suficiente para hacer que mi centro se apriete.
—Puedes decir que se redujo considerablemente cuando mi novia elogio a ese par de idiotas— El me ayuda a volver a sentarme, y mientras lo hago, se recuesta cómodamente en la forma sexy en que los chicos se sientan, con las piernas abiertas y estiradas, brazos extendidos en la parte de atrás del sillón y me mira con una media mueca.
—¿Qué se supone que debo decir? —Me burlo con una sonrisa—. ¿Qué no se les ven bien los nuevos trajes? Son como mis hermanos.
—No, son como mis hermanos.
—¿Ves? Y yo soy tuya, así que es la misma cosa —Me encojo de hombros y jalo mi falda hasta mis rodillas —. Ahora sabes cómo me siento cuando miles de mujeres te gritan. —Añado con aire de suficiencia mientras me pongo el cinturón de seguridad.
Coge mi barbilla y me vuelve para que lo mire —¿A quién le importa lo que griten cuando estoy loco por ti?
Un ruido sordo. MI corazón lo hizo —Lo mismo pasa conmigo entonces. No tienes que gruñir cuando los chicos me miran.
Sus ojos se oscurecen, y deja caer su mano a un lado y su mandíbula se vuelve firme. —Da gracias que tengo un poco de control en mí, y no los clavo en el poste más cercano. Malditamente se lo que te hacen en su cabeza.
—El hecho de que tú lo hagas, no significa que otros lo hagan.
—Por supuesto que lo hacen. Es imposible no hacerlo.
Sonrió, porque sé que él me folla toneladas de veces en su cabeza cuando no puede hacerlo físicamente. Igual que yo, por supuesto. Apuesto a que incluso las monjas que lo ven, lo hacen.
Sintiéndome traviesa, deslizo mis dedos abajo de su camiseta, sintiendo su eight—pack, saboreando la sensación de su piel bajo mis dedos. Adoro todo lo relacionado con el cuerpo humano. No solo porque soy una especialista en rehabilitación deportiva, si no por que solía ser una atleta y estoy absolutamente maravillada con lo que nuestro cuerpo puede hacer, cuanto soporta cuando pega, como patea en los mecanismos innatos para el apareamiento y la supervivencia… Pero yo puedo amar intensamente el cuerpo humano, y sin embargo, el cuerpo de Pedro es definitivamente mi iglesia. No puedo explicar con palabras lo que le hace al mío.
—Todas las chicas te desnudan mientras luchas —Digo, y mi sonrisa se desvanece cuando un poco de celos se filtra—. Me hace insegura que me recogieras de la multitud.
—Porque sabía que eras para mí. Únicamente en exclusiva, para mí.
Mi cuerpo se tensa al instante con sus palabras, tan sexy cuando las combinas con esa sonrisa de confianza. —Los soy —Acuerdo, mirando a sus ojos mieles—. Y ahora no sé qué quiero besar más, ¿A ti, o a tus hoyuelos?
Sus hoyuelos desaparecen y también el brillos en sus ojos cuando frota mi labio inferior. —A mí. Siempre a mí. Luego el resto de mí.
Mi labio inferior se siente cálido y deliciosamente masajeado por su pulgar mientras los asistentes terminan de cargar el equipaje y cierran la puerta del avión, estoy vagamente consiente de que el equipo está hablando en sus asientos, y escucho mi propio susurro —Déjame apagar mi teléfono para el despegue… pero definitivamente me debes un beso de buenos días. Aunque sea mediodía— Asiento en señal de advertencia.
Su risa es baja, y la siento por toda mi piel. —Te debo más que eso, pero empezare por los labios.
Dios, ¿Pedro? Me mata. El habla casualmente, casi aburrido diciendo “Si, voy a besarte ahora” Y mi sistema se quiebra. Mi sangre burbujea cuando pienso en ello, y rápidamente saco mi celular del bolso para apagarlo cuando veo un texto de Melanie.
MELANIE: ¡Mi mejor amiga! Han pasado siglos y realmente te extraño. ¿Cuándo vuelves a casa?
¡Mel! Me las arreglo para utilizar las dos manos para escribir el texto: ¡También te extraño! ¡Mucho, Mel! ¡Pero estoy tan feliz! ¡Tan jodidamente feliz que no es gracioso! ¡O tal vez lo es! ¿Ves? Sueno como una borracha. JaJaJa.
MELANIE: Quiero un Pedro.
MELANIE: ¡Y una Paula! ¡Buaaaa!
Paula: ¡Ahora que la temporada empezó, voy a planear un buen lugar para que vengas de visita! ¡Va por mi cuenta! ¡Delfina puede venir también!
MELANIE: Pero, ¿seguirás conservando tu lugar en Seattle?
Por un momento, fruncí el ceño por la pregunta, porque cuando tire mi vida y decidí seguir a mi Dios del sexo hasta los confines del mundo mientras el pateaba su régimen de entrenamiento y se preparaba para la temporada, la renta no cruzo por mi mente.
Le contesto el mensaje: Estoy muy comprometida con él, Mel, así que probablemente no renueve mi contrato cuando expire. Mi casa está aquí ahora. Me estoy yendo, te mandare un mensaje luego. ¡Te quiero!!
MELANIE: LO MISMO
Apago mi teléfono y lo meto en mi bolso. Y cuando levanto mi cabeza, mi sexo se aprieta cuando veo a pedro sostener su elegante iPOD plateado. Este hombre realmente sabe cómo seducirme con música. Veo a su pulgar deslizarse por la lista, y la manera sensual es que lo hace causa una oleada de humedad entre mis muslos.
Me mira con una sonrisa diabólica, entonces se acerca y pone sus audífonos por encima de mi cabeza, y estoy terriblemente emocionada cuando lo reproduce. La canción comienza, y sus penetrantes y curiosos ojos están en mí, viendo mi reacción.
Que me estoy derritiendo en mi asiento.
Y siento a mi alma estremecerse.
Porque la canción que escogió me deja completamente sin aliento.
Presiona su frente contra la mía mientras me observa escuchar, y estoy muy conmovida por esta canción, mis manos tiemblan mientras cambio sus auriculares por mis audífonos y pongo uno en mi oreja y otro en la de él, así que ambos escuchamos.
Presionamos nuestras frentes juntas otra vez, veo su expresión y el ve la mía… y ambos escuchamos esta canción increíble. No cualquier canción. Su canción.
Iris…
De los Goo Goo Dolls.
Su mirada se oscurece con las mismas emociones ardiendo dentro de mí, y entonces ahueca un lado de mi cara con su mano. Mi cuerpo se tensa a la espera mientras se acerca. Siento su aliento bañar mi rostro mientras elimina lentamente la distancia entre nuestras bocas. En el momento en que pasa sus labios por los míos, ya los había abierto y cerrado mis ojos yendo a la deriva. Los cepilla una vez, dos veces. Suavemente. Con pereza. Un sonido se me escapa, como un gemido exigiendo que me besara más fuerte, pero en lugar de escucharlo, escucho:
Cuando todo está destinado a ser roto
Solo quiero que sepas quien soy.
Dios, no puedo escuchar esta canción sin sentirme siendo consumida desde el interior. Tengo que llegar lo más cerca posible de él. Tan cerca como lo pueda conseguir. De la cabeza a los pies, lo deseo, cada parte mía desea cada parte suya. Acerco mi rostro y presiono mis labios a los suyos con entusiasmo, deslizando mis dedos en su cabello. Pedro, Oh Dios, bésame más fuerte.
Me hace esperar un poco más, su mano gira mi cabeza en otro ángulo, y luego, luego, finalmente sus labios se ciernen sobre los míos, su lengua trazando el contorno de mi boca hasta que la abro más y jadeo, electrificada, nuestras lenguas acariciándose. No escucho su gruñido, pero lo siento vibrar a través de su pecho contra mi pecho, y me estremezco mientras toco mi lengua con la suya y relajo mi boca bajo su mando. Por qué no hay nadie en quien confíe más, nadie tiro todos mis muros en el modo en que este hombre los derrumbo. Acariciando un lado de mi cuerpo, chupa mi labio inferior y siento la cálida hinchazón entre las piernas. Mi respiración entrecortada. El endurecimiento de mis pezones. La sensación de un tirón a lo largo de mi piel.
Ni si quiera sabia lo mucho que necesitaba este beso hasta ahora, cuando todo mi cuerpo vibra bajo su boca, y muevo mis labios y uso mi lengua para persuadir la suya dentro de mí.
Ni siquiera se si Diego o Ruben o alguien está mirando; Iris se está reproduciendo en nuestros oídos y nuestras bocas están mojadas y hambrientas. Mete sus dedos bajo mi blusa mientras chupa, succiona, prueba y degusta. Parece imposible, pero cada centímetro de mi cuerpo siente placer simplemente por lo que hace con su boca a la mía.
Gimo con necesidad y lo muerdo, y pierde un poco el control.
Desabrocha mi cinturón de seguridad y me inclina hasta que estoy tendida en el sofá.
La música se detiene y comienza otra canción, pero hace un ruido frustrado cuando las notas se enredan entre nosotros, toma nuestros audífonos y los arroja a un lado. Luego dirige la mirada sobre mi cuerpo. De repente, ya no estoy escuchando nada más que los latidos de mi corazón cuando baja la cabeza.
—Joder, te quiero. —dice, y luego escucho el sonido de su boca reuniéndose con la mía otra vez. Lenguas frotándose. Manos acariciando. Alientos mezclándose.
Entre mis muslos, me estoy poniendo tan hinchada me retuerzo inquieta bajo su peso y muevo mi boca rápido y más ansiosamente en la de él. Siento su eight pack debajo de su camiseta, y mis nervios se encienden cuando desliza sus largos y fuertes dedos debajo de mi blusa.
Me está matando. Quería este beso, pero ahora quiero más. Cada poro, átomo, y célula se enciende en una supernova. Nuestras bocas se mueven tan bien juntas, me siento viva, llena, amada. Amo, quiero, deseo… a él. Jodidamente mucho. No creo que alguna vez realmente sepa… lo avergonzada que me siento por irme… como me duele la forma en que se lesiono por mi… lo determinada que estoy de estar con el… cuanto realmente lo amo…
Sus pulgares encuentran mis pezones a través de mi sujetador y me siento tan sensible, el solo hecho de rozarlas envía descargas de placer hasta mis pies.
—Pedro, tenemos que parar. —Susurro, jadeando, mientras aún tengo un par de neuronas trabajando. Pero aun cuando lo digo, estoy estrujando sus músculos —como—el—infierno ni siquiera le importa si lo hacemos aquí, justo ahora.
Pero creo que él se pondría furioso si alguien aquí me escucha venirme.
Se retira un poco hacia atrás y suelta una respiración larga y sonora.
Entonces, me mira, sus ojos en llamas, y me besa de nuevo, un poco más áspero. Se queja en voz baja y se detiene, apoyando su cabeza sobre la mía, su aliento áspero en mi oído. —Ponme una canción— dice en un rudo murmullo, tirando de mi para sentarse.
Muy consiente de mi hinchada boca, agarro mi iPod y comienzo a navegar por mi lista mientras trato de ignorar el latido entre mis muslos —Primero devuélveme mi cerebro.
Se ríe y me pellizca la nariz —Ponme una de tus descaradas canciones anti-amor.
—Hay tanta, que no se por cual empezar —Empiezo a buscar cuando pone su pulgar en el mío y rápidamente, empieza a guiarme.
—Tengo una para ti. De las que te gustan.
Su voz cerca de mi oído produce agradables escalofríos a través de mi. Hace clik en PLAY en una canción descarada como las que me gustan, pero no es una canción de poder femenino en absoluto.
Es “Dark Side” de Kelly Clarkson.
Mis entrañas se derriten cuando escucho la música. Me encanta Kelly, pero oh, esta canción. Las palabras. Pedro quiere saber… ¿qué me quedare?, ¿Que voy a prometer que no huiré…?
Me mira otra vez, con esa sonrisa arrogante. Pero sus ojos no son tan arrogantes. Sus ojos están preguntando. Él quiere saber.
Y cuando toma mi mano y enreda sus dedos con los míos, en un gesto muy de novio que nunca falla en conseguirme, me dirijo a su oído sin el audífono y le digo:—Lo prometo. Lo prometo, tú tienes mi corazón, y me tienes a mí. Siempre me tendrás.
No hay canción en la tierra, y no hay ninguna lista de reproducción lo suficientemente grande, para decirle cuanto realmente lo amo. Lo amo cuando sus ojos son negros, y cuando son mieles, y aunque se— en el fondo— que él no cree que me quedare, un día, juro que un día haré que me crea. Sonreímos mientras escuchamos la canción, y cuando aprieta mi mano, aprieto la suya, diciéndome a mí misma que no importa lo que pasa, nunca, nunca dejare ir esta mano.
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GRACIAS POR LEER!
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 2
Únicamente he pasado la noche con un hombre en toda mi vida. Me encanta chocar levemente con sus músculos mientras dormimos. Me encanta cómo las sábanas huelen a él, a nosotros, y cómo sus hombros se han convertido en mi almohada favorita, aunque son duros como el infierno y no puedo entender como me gusta dormir en ellos, pero lo hago. Esto viene con sus brazos alrededor de mi cintura y su aroma, y su calor, me encanta todo, cada pedazo. Especialmente cuando agacha la cabeza para meter la nariz en mi cuello, y entierro la mía en el suyo.
El problema es que su lado de la cama parece echarlo exactamente a las diez de la mañana, y mi lado parece no tener botón de expulsión.
Hoy me siento como un peso muerto, mientras puedo decir que ni siquiera está en la habitación. El aire es diferente cuando no está cerca. Él lo carga cuando está cerca, como una lenta, poderosa vibración a mi alrededor que me hace estar híper alerta y me sienta segura y excitada.
Me he enamorado de él.
Hace seis meses, yo quería solo una noche, para tener un poco de diversión después de dedicar mis años a mi carrera. En su lugar... llegó él.
Impredecible, exasperante, sexy... el hombre que codician todos y yo no quería. Terminé no solo deseándolo, sino enamorándome de él. Y ahora, amarlo es la montaña rusa más excitante que he montado en toda mi vida.
Sentándome en la cama, me froto los ojos para protegerlos de la luz del sol y deseo tener Red Bull y Monster corriendo por mis venas como Pedro. Apenas dormimos haciendo nuestras cosas sexis favoritas, y ya está deseando irse. Incluso veo su maleta junto a la puerta, lista para que nos vayamos a nuestro siguiente destino, y yo aún tengo que empacar.
Entornando los ojos de nuevo me deslizo fuera de la cama, al pequeño armario para encontrar algo que ponerme cuando veo la carta en la mesita de noche junto a su iPhone, que rara vez está encendido excepto para escuchar música. La visión de mi carta trae una oleada de recuerdos a mí, tengo que reprimir la urgencia de agarrarla, romperla, y tirar las piezas al inodoro.
Pero Pedro enloquecería. Él atesora esa estúpida carta con la que lo dejé cuando me fui. Porque en ella, le dije lo que nunca nadie le había dicho antes.
Te amo, Pedro.
Mis piernas comienzan a temblar, cierro los ojos y me digo a mí misma que no soy perfecta. Nunca he sido perfecta. Nunca soñé con el amor, una pareja... Soñé con el deporte y las últimas zapatillas de deporte. No con el cabello de punta y ojos mieles. Estoy intentando aprender. Ser la mujer que un hombre como él merece. Y quiero pasar el resto de mi vida demostrándole a Pedro que lo merezco, y el resto de mis días asegurándome de que recupere lo que perdió por mi culpa. Si alguien en este mundo merece ser un campeón, es él.
—Es un coño, relájate—Oigo su ronca, voz masculina fuera de la habitación principal.
Me río de la respuesta de mi propio cuerpo al escuchar a Pedro decir "coño", mi vientre se aprieta y siento al instante un poco de calor.
Sonriendo, busco entre sus cosas en el armario, y luego tengo que ir a por su maleta. Sé que a él le gusta cuando me pongo sus cosas. Creo que le hace sentir como si fuera de su propiedad, y es una locura lo mucho que me gusta meterme en sus tendencias alfa. Cuando está con los ojos mieles, es posesivo, pero cuando es negro, es francamente territorial. Me encanta cuando se pone todo gruñón de: eres mía y a él cuando me pongo sus cosas.
Así que esta mañana, ¿por qué no tenernos a ambos encantados? Tomo su bata RIPTIDE de boxeo y me deslizo en ella, luego me apresuro al baño, a cepillarme los dientes y lavarme la cara, rodeo mi cabello en una cola de caballo, y salgo sin hacer ruido.
Oigo su risa en la sala de estar, más como una risita por algo que Diego murmuró, y mis entrañas hacen todas esas cosas que él le hace mientras doy la vuelta a la esquina.
Dios mío.
No puedo creer lo que me hace. Ni siquiera puedo explicar esta combinación de escalofrío—estremecimiento—agitación dentro de mí, pero es ridículo.
—Está revisando para ti, amigo, no veo la diversión aquí—dice Diego, alarmado—.Sus buscadores han estado preguntando alrededor de hoteles para saber dónde nos alojaremos después.
—Sólo relájate y mantente en guardia, Diego—dice Pedro, y solo lo miro fijamente por un momento, escuchándome tomar aliento.
Mis ojos mieles de león. Su cabello levantado endiabladamente. La oscura tinta a través de sus musculosos brazos flexionados mientras lentamente toma sorbos de una bebida con electrolitos. Veo su glorioso torso bronceado. Los pantalones de chándal colgados bajos en sus estrechas caderas y revelando solo la punta de su tatuaje de estrella. Sus pies descalzos. Se ve caliente, fuerte, tierno, y la palpitante energía que parece irradiar de él se siente como un imán para mí.
—¡Paula, buenos días!—Diane Werner, su chef y nutricionista, dice desde la cocina.
Casi perezosamente, Pedro se da la vuelta y lentamente, muy lentamente, se pone de pie, sus músculos extendiéndose con el movimiento. Sus ojos mieles recorriendo mí cuerpo, capturándome en su bata roja, que cubre todo el camino hasta mis tobillos, y un brillo territorial chispea en su mirada de una forma que hace que cada parte de mí femenina se apriete con deseo.
—Bueno, hola, señora Riptide. —Diego interviene, sus ojos castaños brillando con diversión.
Sonrío. Porque no sólo quiero ponerme la ropa de mi Riptide, deseo que él me haya pedido que lleve su nombre incluso cuando una vez le dije a mi mejor amiga que nunca, jamás, me casaría por mi carrera siempre iría en primer lugar. ¡Bah!
—Eh, Diego y Diane—digo con voz somnolienta, pero mis ojos están en pedro, y mi corazón no se detendrá.
¿Será capaz de estar quieto cuando estoy alrededor de él? Mientras lo miro fijamente esta mañana justo como todas las mañanas durante los últimos meses, me digo a mi misma que no estoy soñando, no es una fantasía, es mío. MÍO.
Salvó a mi hermana de las garras de un hombre que ni siquiera puedo nombrar. Pedro arrojó el último campeonato de la temporada pasada a cambio de la libertad de ella, sin siquiera dudarlo. Sin siquiera decirme. Perdió su título, una enorme cantidad de dinero, y podría haber perdido su vida, todo por rescatar a mi hermana, Delfina.
Pero no sabía que eso fue por mí.
Todo lo que sabía era que de pronto se encontraba en la última pelea de temporada. Perdido. Siendo golpeado. Maltratado. Cayendo abajo. Levantándose. Escupiendo al Escorpión.
Me quería morir.
Mi luchador, siempre tan impulsivo, persistente, apasionado, y determinado, se negaba a luchar.
Dios, estaba tan, tan mal.
Él no estaba castigándome, estaba salvando a mi hermana por mí.
Si él no hubiera vuelto a mi ciudad natal de Seattle, con Delfina a salvo, yo hubiera cometido el mayor error de mi vida, y lo habría pagado por el resto de mi vida.
Habría vivido el resto de mis días sin amor, sin sonrisas, y, lo peor de todo, sin Pedro. Como lo hubiera merecido.
Mientras lucho con las mil libras de remordimiento que este recuerdo me da, sus hoyuelos se muestran rápidamente, y si pensaba hace unos momentos que era feliz, nada se compara con esta avalancha.
—Eh—susurro.
—Así que mi pequeña petarda —dice con un brillo diabólico en sus ojos.
—Sólo apenas después de ti.
Se echa y reír y Diego tose—Chicos, todavía estoy aquí, y Diane también.
Mi sonrisa se desvanece, y a pesar de eso la de Pedro no, su sonrisa se ablanda, y lo mismo ocurre con la mirada en sus ojos. De repente, me hace sentir tímida. Virginal. Como si por haberme desnudado la otra noche y esta mañana estoy sin toda mi valentía, sin ningún punto de protección, usando sólo algo que le pertenece a él.
Aún con esos hoyuelos como armas letales contra mí, él se acerca.
Mi cuerpo está por todo el lugar mientras me obligo a caminar a su encuentro a mitad de camino, y muerdo de vuelta un chirrido cuando alcanza un musculoso brazo, engancha un dedo en el cinturón de mi bata, y tira de la distancia hacia él.
—Ven aquí—murmura.
Inclina la cabeza y deja un beso en la parte de atrás de mi oreja mientras extiende su mano abierta por la parte baja de mi espalda, acariciando las letras de RIPTIDE en la parte de atrás, como para recordarme que están ahí. Estoy sin aliento cuando agacha su cabeza hacia mi cuello y toma una larga, profunda inhalación en mí. Mierda, me mata cuando hace esto, y entre mis piernas, siento un poco doloroso apretón de necesidad.
—Pedro, ¿me estás escuchando?—pregunta Diego.
Pedro gruñe mi nombre suavemente, bajo y profundo, en la manera que lo hace cuando me folla. —Buenos días, Paula Chaves. —Mi estómago se aprieta en respuesta a eso, y con el suave beso que coloca en mi oído, mis rodillas se están volviendo mantequilla, porque siempre me hace esto, y mientras la voz de Diego repite lo que acaba de decir, comienzo a alejarme, pero pedro no me lo permite.
Patea la silla y colapsa, arrastrándome con él. Luego me pasa a uno de sus muslos para que pueda tomar su bebida deportiva de la mesa y finalmente mira a Diego, su voz baja pero firme.
—Dobla nuestros buscadores y sigue a los suyos.
Sus dedos trazan mi espalda mientras baja la botella, y Diego rasca su cabeza negando en total confusión.
—Pedro...amigo...el maldito bastardo hizo trampas para ganar, y sabe que va a perder mientras estés luchando esta temporada. Está espiándonos ahora, y va a hacer lo mejor para sabotearte este año.
Él va a estar jodiéndote la cabeza. ¡Provocándote para que pierdas los estribos!
Apenas estoy envolviendo mi cabeza en torno al tema, pero sea lo que sea, "provocar" a Pedro no es una buena idea. Tiene temperamento, usualmente. Él es un cabeza dura e insistente y tenaz, pero especialmente, es bipolar, y no quieres despertar al lado oscuro a menos que estés preparado para hacer frente a más de doscientas libras de un temerario que no duerme.
Me gusta mis más de doscientas libras temerario, pero su imprudencia me preocupa aunque no parece en absoluto perturbado por las advertencias de Diego.
En lugar de responder a su pregunta, se vuelve hacia mí enredando sus dedos en el cabello de mi nuca.
—¿Quieres desayunar?—Me pregunta.
Mordiendo el interior de mi mejilla, me inclino y suelto mi voz.
—¿Quieres decir además del que salió de mi cama?—Me pellizca la nariz y se inclina hacia mí.
—Él negocio llamó hoy a tu desayuno fuera de la cama.
—En realidad me siento extrañamente con resaca esta mañana, no tengo hambre en absoluto.
—¿Con resaca de qué? ¿De mi boca?—pregunta, sus ojos bailando.
Miro hacia su boca y es tan llena y perfecta. La forma en la que la usa es perfecta. Cada palabra que habla es perfecta. Bastardo atractivo. Por supuesto que me da resaca, la clase de tipo que nunca había conocido hasta él.
—Sabes. —Diego interpone—: Me habría sentido menos preocupado por él y lo que planea hacerte si no supiera tu Kriptonita ahora—Él asiente hacia mí.
—Ni siquiera se acercará a mi Kriptonita. Lo quebraré primero.
La tranquila convicción con la que dice eso hace que se me ponga la piel de gallina en los brazos, y creo que tengo un poco de náuseas. El último encuentro de la temporada pasada es mi peor pesadilla.
—Aún puedo totalmente imaginarlo encontrando formas de llegar a tu Kriptonita y. —dice Diego—. Encontrando maneras de pulsar tu botón rojo, molesto e imprudente.
Pedro se gira hacia mí, luego coloca el pelo a un lado e inclina mi cabeza a un lado para estudiarme, como si supiera que apenas puedo oír el nombre de ese hombre, mucho menos escuchar hablar de él.
El Escorpión Negro es mi Voldemort personal. Ese imbécil dañó a mi hermana, y luego a mí. Y lo peor de todo, lesionó a Pedro. En esa última temporada. Lo lastimó por mi culpa. Dios, fantaseo con matar al hijo de puta.
—Te va a provocar, atormentar...—continua Diego en tono amenazador.
Pedro me mira en silencio, su pecho desnudo, su cuello bronceado y fuerte, y cuando vuelve su atención a Diego su voz es más sombría.
—Diego, ni siquiera ha hecho la jugada, y ya estás perdiendo los estribos—le dice.
—Porque soy el único que arregla las cosas cuando pierdes. —Diego alisa su corbata negra con una mano—. Esta temporada podría llegar a ser francamente desagradable. Necesitamos estar fuertes y preparados, amigo. Tenemos que dirigirnos al aeropuerto en media hora, a lo más, pero te advierto, Phoenix no podrá ser tan tranquilo como habíamos anticipado.
—Voy a perder la cabeza. Solo con el doble de nuestros buscadores—dice Pedro, ahora serio, entonces toma un último trago de su bebida deportiva y deja a un lado la botella vacía.
—Muy bien, vamos a llamar a un poco más...—Veo a Diego dirigirse a la cocina y golpear el teclado de su teléfono móvil.
Ahora la voz de Pedro es profunda mientras me da toda su atención.
—Te quedaste dormida—murmura, ahuecando mi rostro mientras me sonríe—. ¿Te cansaste anoche?
Su voz rezuma todo tipo de sexo y ternura. Mientras asiento, me siento a mí misma recorrer calor por dentro.
—Escucho que dioses del sexo hacen eso—bromeo.
Se ríe suavemente y acaricia mis labios con su pulgar.
—Eso es cierto. ¿Estás lista para irnos?
Muerdo su pulgar mientras asiento.
—Te extrañé en la cama esta mañana—murmuro.
—Dios, yo también. Necesito ser la primera cosa que vea esos ojos bonitos todas las mañanas.
Se presiona contra mí y entierra su cara en mi pelo, y toda la tensión de escuchar la palabra "Escorpión" y las náuseas me dejan cuando lo huelo. Meto la nariz en su pecho e inhalo mientras él me inspira, y la habitación se cae, y el mundo se cae, y en este momento nada importa. Nada importa más que él, sus brazos a mi alrededor y mis brazos a su alrededor. Creo que una parte de él aún no puede creer que esté en sus brazos otra vez, porque él me está apretando tan fuerte que apenas puedo respirar, pero no quiero respirar. Estoy tan afectada pos su olor, la sensación de sus fuertes brazos a mi alrededor, cuando apenas hace dos meses estúpidamente había renunciado a él, apenas puedo soportarlo.
—Te amo—susurro, y cuando él no responde, abro los ojos y tiemblo cuando veo su fiera mirada entrenada en mí. Frota mi labio inferior con su pulgar de nuevo, entonces me lleva de nuevo a su pecho como si fuera valiosa. Baja su cabeza, sus labios en mi oído: Eres mía ahora.
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jueves, 30 de enero de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 1
Han pasado dos meses, exactamente sesenta y dos días, desde que regresé a él. Mil cuatrocientas ochenta y ocho horas de desearlo, anhelarlo y necesitarlo. Ha sido mucho más que eso ya que miles de mujeres, hombres, y fans de todo el mundo lo vieron caer.
Él está de vuelta. Finalmente. La primera pelea de la nueva temporada del Underground.
Ha estado entrenando como loco. Está más musculoso. Está más marcado que nunca, y sé que esta temporada está listo para tomar lo que es suyo.
La audiencia en el área de pelea en Washington D.C. se compone de alrededor mil personas, y cuando el ganador del encuentro actual es anunciado, la multitud se inquieta.
Todos sabemos que es su momento de ser llamado. Su asistente,Diego, está tenso y alerta a mi lado. Me había dicho que él es la “atracción” —que casi todo el mundo en la arena está aquí por él.
Sé sin duda que yo lo estoy.
El aire está cargado de emoción y perfumado con perfume, cerveza y sudor. Los dos peleadores anteriores están saliendo del ring ahora, uno de ellos asistido por su equipo, y mi corazón late mientras me quedo inmóvil en mi asiento, en la primera fila, en el centro, justo donde mi hombre me quiere. Así que aquí estoy, esperando, mi cuerpo hiperconsciente y mi corazón latiendo su nombre con fuerza. Pedro,Pedro, Pedro…
Los altavoces crujen mientras el anunciador enciende el micrófono, y casi salto fuera de mi propia piel.
—Damas y caballeros, todos recordamos nuestras almas aplastadas —¡nuestros espíritus aplastados!— cuando el favorito del público perdió la final del campeonato el año pasado.
La multitud abuchea al recordar, y mi garganta se bloquea pensando sobre cómo el cuerpo roto de Pedro había sido cargado fuera del ring.
—No tengan miedo, gente. ¡No tengan miedo!
—¡¡¡¡¡¡PEDRO!!!!!! —grita alguien.
—¡Tráiganlo ya! —grita otro.
—Oh, lo haremos. No tengan ninguna duda de ello; lo haremos —dice el anunciador sombríamente, prolongándolo dolorosamente para la multitud—. Después de mucha especulación y muchos rumores, es completamente oficial. ¡El hombre está peleando esta temporada, y no toma prisioneros, gente! Aquí está, damas y caballeros. Aquí. Está. ¡Él! ¿Todos saben de quién estoy hablando?
La multitud ruge: —¡RIP-TIIIIIIIDE!
—¿Quién?
—¡RIP-TIIIIIIIDE!
—¡Una vez más, porque no puedo escucharlos!
—¡RIP-TIIIIIIIDE!
—¡Así es, damas y caballeros! Aquí está nuestro chico malo favorito con esa sonrisa infame y esos puños mortales, listo para tallar R.I.P en cualquiera que se interponga en su camino este año. ¡¡Él, el único, Pedrooooooo Alfonsooo , su RIPTIIIIIDE!!
La emoción salvaje corre a través de mí mientras la multitud se pone de pie y ruge como nunca antes.
—Dios, los fans están sedientos de él —respira Diego.
Y también yo. Dios. También yo.
Al otro lado del ring, las mujeres están agitando sus bragas en el aire. ¡Bragas! Otra levanta un cartel que dice ¡TÓMAME, RIPTIDE!
Mi boca está seca, y mil y una cosas revolotean en mi estómago cuando veo un destello rojo. Y luego, está cerca. Trotando por el pasillo y hacia el ring. Hacia su ring.
Mi cuerpo se anima con sensaciones mientras él pasa a través de la multitud.
Algunos fans han escapado de sus asientos y tratan de agarrarlo, pero él fácilmente hace su camino a través de la muchedumbre, su cara ensombrecida por la capucha de su túnica roja de satín. Pedro. Mi Pedro. El hombre que amo con cada onza de mí.
—¡Riptide, tú pones el sexo en SEXY!
—¡Pedro, quiero que me embaraces!
Él sube al ring con un salto fluido, y luego se quita la túnica de RIPTIDE, lentamente, sin prisa. Cientos de gritos femeninos hacen eco en mis oídos mientras él va a su esquina para darle la túnica a Ruben, su segundo entrenador.
Ruben palmea su espalada musculosa con una sonrisa y le dice algo. Pedro lanza su cabeza hacia atrás como si estuviera riendo y luego vuelve al centro del ring, extiende sus largos y marcados brazos, y comienza a dar su lenta y arrogante vuelta de sé-que-todas-me-quieren-follar.
Estoy muriendo.
Nunca, jamás, me acostumbraría verlo en ese ring. Mi corazón golpea ruidosamente entusiasmado dentro de mi caja torácica mientras todas mis entrañas pulsan con necesidad, y mi pecho se siente como un globo a punto de explotar de la emoción. Duro, delgado y perfecto, es peligroso, hermoso, y todo mío.
Mis ojos absorben cada centímetro de lo que cada mujer aquí están babeando, y desesperanzada dejo que mi mirada recorra de arriba a abajo su perfecta forma atlética. Mis ojos acarician amorosamente su bronceado y besan la tinta sobre sus bíceps. Admiro su torso y sus largas y fuertes piernas, sus brazos esculpidos, su estrecha cintura y hombros anchos. Cada músculo en su cuerpo perfecto está tan definido que sabrías exactamente dónde una estructura termina y dónde comienza la siguiente si trazas con tus dedos su magnífica forma.
Y mientras se vuelve aún más, veo los abdominales con ocho cuadros —¡ocho! Sí, es imposible, pero él los tiene… y su rostro. Oh Dios, no puedo soportarlo.
La mandíbula desaliñada. Los ojos mieles brillantes. La sonrisa sexy. Los hoyuelos. Tiene una sonrisa en su rostro; su expresión, una que te dice que tiene demasiados problemas planeados para la noche y no te los quieres perder, es juguetón y juvenil.
Un jadeo colectivo se extiende en las filas detrás de mí mientras se vuelve hacia nosotros.
Las mariposas en mi estómago estallan cuando esos ojos mieles danzantes exploran la multitud, silenciosamente riéndose de nosotros. ¡Claramente está divirtiéndose de nuestra obsesión sobre todo lo que es Pedro Alfonso!
A mi lado, una rubia de mediana edad con demasiado Botox salta de arriba hacia abajo y grita como una lunática—: ¡Pedro! ¡Dame una probada de ese Riptide!
El impulso de arrastrar del pelo a la mujer se apodera de mí, pero al mismo tiempo, sé que no puedes mirarlo sin disolverte en una piscina de lujuria. Él es un semental. Fue hecho para aparearse. Para procrear. Y lo deseo como a mi próximo aliento. Lo deseo más de lo que cualquiera de estas mujeres gritonas lo desean. Quiero cada parte fragmentada de él. Quiero su cuerpo. Su mente. Su corazón. Su hermosa alma.
Él dice que es mío, pero sé que hay una parte de Pedro Alfonso que nadie podrá tener.
Yo soy suya, pero él es indomable e invencible. Él único que puede derrotar a Pedro Alfonso es él mismo. Está allí, siempre esquivo y misterioso, una caja negra de misterio sin final. Y quiero perderme en él, incluso si no regreso como yo misma.
Diego me da un codazo en las costillas y susurra en mi oído—: Dios, es injusto que él consiga toda la atención y esto —señala hacia su cuerpo flaco— no consigue nada.
Sonrío. Con su cabello rizado y ojos marrones, Diego siempre está vestido con su traje negro y corbata. No sólo es el asistente personal de Pedro, también es como su hermano mayor y uno de mis amigos más cercanos.
—Le gustas a Delfina tal como eres —bromeo sobre mi hermana.
Él sonríe con eso y mueve las cejas mientras asiente fijamente hacia el ring, donde Pedro termina su vuelta y está casi completamente frente a mí.
Mis terminaciones nerviosas se revuelven y hormiguean de emoción mientras sus brillantes ojos mieles se deslizan a lo largo de mi fila, donde sabe que estaré. Juro que cada parte de mí se estremece en anticipación, esperando a que esos ojos me encuentren.
Y lo hacen.
Me electriza. Corrientes invisibles saltan entre nosotros. Su sonrisa arde a través de mí, y de pronto, el interior de mi pecho, donde mi corazón late, se siente como una antorcha ardiente que él acaba de encender.
Sus ojos me sostienen con el calor de su amor, y puedo ver su silenciosa alegría esta noche, su posesividad, la mirada territorial que le dice a todos en este lugar que Yo. Soy. Suya.
Y luego me señala.
Mi corazón se detiene.
Parece que los ojos de todos siguen al dedo apuntando en mi dirección, dirigido directamente hacia mi pecho, donde mi corazón se acelera por él, su ardiente mirada miel claramente diciendo—: Esto es para ella.
Un rugido encantado de la multitud explota a mi alrededor. Me golpea como adrenalina, como un trago de tequila que vuela directamente a tu cabeza, la manera en que sus fans lo aman. La manera en que él los ama. La manera en que me ama a mí.
Estoy asombrada por la forma en que el público reacciona ante él y por la forma en que está allí de pie, con sus hoyuelos, absorbiendo toda la energía en la habitación y canalizándola hacia “Riptide”.
¡Dios, lo amo, y no quiero que se olvide de ello!
Abrumada por el impulso, le envío un beso.
Él lo toma y lo coloca sobre su boca.
La gente se pone cada vez más escandalosa. Pedro me señala, riendo, y yo estoy riendo también. Mis ojos arden un poco porque soy tan feliz que simplemente no puedo caber dentro de mi piel. Soy feliz de que él es feliz, y de que está donde debe estar.
Esta es su temporada. Este año, nada va a detener a Pedro Alfonso de ser el campeón de la Liga Underground. Nada. Él hará lo que sea, porque es un hombre motivado, poderoso y apasionado, y no importa si estoy asustada, preocupada, emocionada, o todas las anteriores, lo apoyaré.
—Y ahora, damas y caballeros, podemos tener una ronda de aplausos para recibir a un novato en el Underground, desde el Club de la Pelea, el famoso, temido, y mortal Grant Gonzalez, “¡Goooodzillaaaaa!”.
Mientras su oponente es anunciado, Pedro rodea el ring inquieto como una pantera hasta que una enorme masa de plata sale por el segundo pasillo. Pedro flexiona los dedos a los lados mientras observa al hombre llegar al ring. Esta noche, todos usan las manos con cinta adhesiva con los nudillos expuestos, al igual que los hombres solían pelear en los viejos tiempos.
El nuevo peleador está casi fuera de su túnica cuando el público comienza a rechazarlo. —¡Booooooo! ¡Booooo!
—Ese tipo ha matado a un par de personas peleando —me dice Diego en voz baja—. Es un sucio y malvado hijo de puta.
—¿No me digas que personas han muerto en estos eventos? —pregunto en horror, sintiendo un temblor inquietante en mi estómago. Diego rueda sus ojos.
—Paula, estas son peleas sin censura. Por supuesto que esa mierda sucede.
La idea de Pedro peleando con asesinos catapulta mis miedos usuales previos a la pelea hacia un nivel completamente nuevo. Miedos que había reprimido mientras mi hombre se bebía la adoración de la audiencia. Miedos que ahora me agarran por la barriga y me aprietan como un puño.
—Diego, la muerte es más que ‘mierda’ que sucede.
Pedro golpea sus puños con los de su oponente y la multitud se queda quieta. Mis entrañas se quedan completamente inmóviles. Estoy locamente, casi ansiosamente, midiendo al chico nuevo, como si pudiera conseguir algún conocimiento sólo por su aspecto. La piel blanca del joven está brillante con algo que parece grasa. ¿Se les permite estar resbaladizos cuando pelean? Tiene cabello largo atado en una cola de caballo y músculos carnosos como casi todos los peleadores que he visto. Nadie es tan esbelto y hermoso como Pedro. Apuesto a que nadie cuida de su cuerpo y entrena con la misma dedicación como él lo hace.
Cuando la campana suena, creo que no estoy respirando.
Se acercan el uno al otro. Pedro espera a que el otro hombre se mueva, guardando perfectamente su guardia, cada uno de sus músculos poderosos relajados así pueden rápidamente embestir. Finalmente, Godzilla lanza un golpe. Pedro se agacha y embiste un costado de su cuerpo y —increíblemente— derriba al enorme monstruo con un estrépito.
Jadeo con completa incredulidad cuando el árbitro comienza el conteo.
Una sonrisa privada se curva en los labios de Pedro mientras mira a la figura inmóvil y prácticamente lo reta a moverse.
No lo hace.
Un rugido se rompe a través de la multitud.
Diego salta y sube su puño en el aire. —¡Sí! ¡Eso es! ¡Quién es el hombre! Quién. Es. ¡El Hombre!
—¡UN GOLPE, damas y caballeros! —la voz grita a través de los altavoces—. ¡Un maldito golpe! ¡Está de vuelta! ¡¡¡ÉL ESTÁ DE VUELTA!!! Hombre y mujeres, chicas y malditos chicos, les doy esta noche, a su único Riiiptide!!! ¡¡RIPtiiiiide!!
El maestro de ceremonias levanta el brazo de Pedro por su victoria.
Y a pesar de que toda la arena grita su nombre, sus ojos mieles danzantes inmediatamente vienen a mí, y todo mi cuerpo comienza a arder en cada lugar.
Dios. Es un maldito dios del sexo. Y me excita malditamente.
—¡Riptide, por favor, oh, por favor déjame tocarte! —Una mujer gritando corre hasta el borde del ring, estirando la mano hacia él a través de las cuerdas del ring.
Pedro parece sentir pena de ella y se apodera de su mano. Roza sus labios sobre sus nudillos, y ella comienza a gritar histéricamente. Me río, pero luego la serpiente de la envidia se enrolla alrededor de mi estómago. Él me mira cuando la suelta, y luego, en esa manera ágil en que se mueve que me recuerda a los grandes felinos mortales, se baja del ring.
Quietud completa se asienta sobre la arena hasta que todo lo que puedo escuchar es mis latidos.
Pedro… Pedro…Pedro…
Camina hacia mí, la sonrisa en su cara diciéndome que piensa que él es todo.
—Estás celosa —dice con esa voz profunda que hace que se te curven los dedos del pie.
—Un poco —digo, riéndome de mí misma.
Él no se ríe, pero sonríe una sonrisa que brilla en sus ojos mieles mientras desliza sus dedos por un lado de mi garganta, luego siento la yema de su dedo deslizarse suavemente a través de la carne de mi labio inferior. Las mariposas en mi estómago se despiertan. Sus ojos están entrecerrados mientras observa mi boca.
Lo hace suavemente, de esquina a esquina, y luego, porque parece pensar que posee esta boca, se abalanza sobre ella y la toma.
Sus labios me encienden. Mi estómago gira cuando obliga a que mis labios se abran, y cuando su lengua entra, caliente, húmeda y poderosa, para tomar una rápida y embriagadora probada de mí, retengo un gemido.
—No lo estés —me dice rudamente mientras mira a mi boca besada y aprecia su trabajo por un momento. Presiona sus labios en mi frente por una fracción de segundo, y luego se dirige de vuelta al ring de esa manera elegante en que camina, relajado y casi despreocupado.
Detrás de mí, escucho voces jadeantes.
—Mierda, quiero hacer eso diez veces hasta el domingo.
—¡Oh mi maldito dios, él estuvo justo aquí!
Me lamo los labios, y aún puedo probarlo, lo que hace que mis pezones se endurezcan y que mi sexo se apriete con completa posesión de él.
Mientras su siguiente oponente es llamado a pelear, Pedro flexiona los músculos de sus brazos, hasta las puntas de sus dedos. Su sonrisa llega hasta mí desde el ring, y muy claramente, sus dos hoyuelos me dicen lo mucho que disfruta dejarme en un charco de amor y deseo. El diablo.
Un peleador que recuerdo del año pasado, Parker Drake, “El Terror” se pone de pie en el ring para encararlo. Y la campana suena.
Ting.
La multitud se calla cuando comienza la pelea, y ambos hombres comienzan a balancearse y golpear. Los golpes de Pedro son poderosos, y puedes escuchar el sonido de sus puños aterrizando, profundo, fuerte y rápido como un rayo. ¡Poom poom poom!
Retorciéndome en mi asiento, miro y escucho, alternando entre la emoción y la preocupación, cuando Parker se estrella contra el suelo. Me levanto rápidamente y grito “¡Riptide!” a coro con la demás gente, sabiendo que esta es la primera vez de muchas que estaré aquí viendo a Pedro reclamando todo, cada cosa, que entregó por mí.
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HOLA HOLA TANTO TIEMPO JAJA!!
LES DEJO EL PROLOGO Y EL PRIMER CAPITULO DE LA SEGUNDA TEMPORADA DE ERES MÍA!! ESPERO QUE SE COPEN!!
GRACIAS POR LEER Y POR TODOS LOS COMENTARIOS HERMOSOS QUE RECIBÍ AYER Y HOY!
GRACIAS!! ♥
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