jueves, 26 de diciembre de 2013

CAPITULO 14



Su energía es tan poderosa esta noche, que realmente atrae a cada célula y átomo de mi cuerpo, bañándome en pura conciencia femenina de su masculinidad.


Ahora veo cómo el vierte algunos tragos de tequila detrás de la barra, y una llamativa rubia a su lado exprime el jugo de limón en su escote y añade un poco de sal, luego exprime un vaso justo entre sus tetas bien apretadas. Ella tira de las muñecas de Pedro para que fuera a tomarlo. Los celos aprietan todos los músculos de mi interior, sólo aflojando cuando Pedro agarra al hombre más cercano alrededor y empuja su cara en sus tetas, riéndose, fuerte y varonilmente, mientras agarra los dos tragos que había servido y comienza a volver a mí.


Sus ojos se traban con los míos, y se vuelven oscuros y salvajes. Tan oscuros y salvajes como el aleteo en mi interior. Parece que quiere festejar con nadie más que conmigo, y el conocimiento me golpea justo en las rodillas. Entre mis muslos, me he vuelto sensible, mojada e hinchada.


Él lleva un salero y limones en una de sus palmas.



— Ven aquí — dice, brusco pero suave mientras pone los vasos de chupitos sobre una consola de la entrada. Succiona la rodaja de limón entre sus labios, e inclina la cabeza para pasármela a mí. Abro la boca y el jugo de limón se derrama dentro de mí, de su boca, y entonces la aleja y pega su lengua con la mía. Él gime, los dos lo hacemos, mientras nos detenemos y nos besamos, lamiéndonos mutuamente, hasta que él gime una vez más y da un paso hacia atrás para alcanzarme el vaso.


Nunca me he emborrachado con alguien, y de repente me alegro de que sea con él. Temeraria alegría corre por mis venas. Me siento malvada e impulsiva, haciendo todo lo que nunca he hecho. Tomando el vaso entre mis dedos, bebo el líquido y siento arder un camino por mi garganta, y cuando me alcanza el limón de nuevo, estoy completamente loca de emoción.


Repitiendo lo mismo que él hizo, succiono la rodaja de limón en mi boca, y agacha la cabeza y chupa el jugo de limón de mí. Un gemido se me escapa cuándo el aparta el limón y lo reemplaza con su lengua. Necesidad rasga a través de mí, y mis brazos van alrededor de su cuello.


Los vasos vacíos de chupito se estrellan en el suelo mientras el me agarra el culo, me impulsa a la consola, se desliza entre mis piernas y mete su lengua en mi boca. Empuja sus caderas y dureza contra mí, la desesperación en el movimiento disparando rayos a través de mi cuerpo.



— Hueles tan bien…— dice con un tono áspero en mi oído. Sus manos aprietan mis muslos mientras frota su dureza contra mí. Su boca roza un camino por mi sien, mi barbilla, y sus labios mi zumbido, rápido y febril, sobre los míos. — . Te quiero ahora. No puedo esperar para deshacerme de estas personas. ¿Cómo te gusta, paula? ¿Duro? ¿Rápido?


— De cualquier forma que tú lo quieras.— murmuro, embriagada por la sensación de sus brazos, su boca, del roce a través de la ropa de su sexo contra mi sexo. Creo que mis palabras le hacen recordar la canción que reproduje para él, porque gime y agacha la cabeza para mordisquear suavemente mi labio inferior.


— Espera aquí, pequeño petardo.— dice, y hace su camino de regreso al bar.


Tomamos una segunda ronda de chupitos, y luego él se va por las rondas tres y cuatro, y estoy definitivamente mareada por la cuarta. Nunca he realmente bebido antes, y no creo que mi sistema este equipado para manejar la situación. Mi cabeza gira mientras lo veo ir por la quinta ronda con una sonrisa boba.



Algunos de los hombres lo agarran una vez más y lo disparan en el aire, gritando: — ¿Quién es el hombre? ¿Quién es el hombre?


— ¡Pueden apostar sus traseros que soy yo, hijos de puta!


Lo vuelven a poner de pie en el bar y empiezan a gritar mientras impulsan un enorme vaso de cerveza para él, y le gritan, con la triple cadencia mientras sus puños golpean el granito — ¡Pe-dro! ¡Pe-dro! ¡Pe-dro !


— Cálmense, chicos— dice Diego mientras se acerca, tratando de calmar las cosas.


— ¿Quién diablos es este nerd?— dice un hombre barbudo, y Pedro lo agarra y lo empuja contra la pared con tanta facilidad como si no pesara más que un bebé prematuro.


— Él es mi hermano, sapo. Muestra un poco de maldito respeto.


— Cálmate, amigo, yo sólo estaba preguntando.


Pedro lo deja caer al suelo y se vuelve a servir nuestros tequilas.


Sé que él va a volver con más tragos, pero la gente sigue deteniéndolo, y mi estómago está haciendo ruidos. No puedo sentir mi lengua, y estoy bastante segura de que necesito vomitar.


Cubriendo mi boca, corro al baño de la habitación más pequeña, pero más cercana, e ignoro a la pareja haciéndolo en la cama mientras voy hacia el baño, cierro de golpe la puerta y la trabo, luego caigo al lado del inodoro, tomo mi pelo y apenas logro levantar la tapa para vomitar mis tripas.


Cinco minutos más tarde todavía estoy en él, jadeando mientras empiezo a tener una fiesta privada de lástima conmigo misma. Aquí mismo, en el cuarto de baño.


Dios. Mi estómago. Mi pobre hígado. Pobre de mí. Estoy tan jodidamente contenta de haber corrido en mis años de adolescencia en vez de dedicarme al te—kill—ya! ¡No puedo creer que a Melanie le guste hacer esto! Gimo en la miseria mientras las náuseas regresan a mi garganta. Dejo caer mi cabeza en el inodoro una vez más y convulsiono mientras todo se extrae fuera de mí.


Cuando pienso que he terminado, todo es un borrón y todavía estoy mareada. Me lavo la boca y busco mis vitaminas en las cosas que deje en este cuarto de baño en caso de que prefiriera no compartir un baño con Pedro, lo que parece una buena idea ahora que podría pasar toda la noche vomitando. Agarro un complejo B de color rojo y una mezcla de vitamina C y las tomo, y me doy cuenta de que debería comenzar a hidratarme, pero me siento perezosa para ir a buscar un poco de agua, así que en vez de eso tiro la cadena del baño por tercera vez, casi hasta el tope, e inclino la frente en el en caso de que me den náuseas de nuevo. Tomo mi teléfono y le envío un mensaje a Mel.


Sietno como mierd@ ¡Borracha como un madlito bur%o pero voya joder a Pedro si sobrvivo 8l teqila!


Entonces creo que incluso me adormezco.


Cuando vuelvo en mí, mis sienes palpitan, y el ruido en el exterior en la suite presidencial es ensordecedor. Tengo el buen sentido de lavarme la boca y calmar los enredos en mi pelo y lavarme las manos, luego me asomo a la habitación y los amantes se han ido, así que me escabullo en la sala de estar hacia el ruido.



No. No el ruido. El caos.


Parpadeando, absorbo la escena en frente de mí, con ojos incrédulos. No sé lo que ha pasado, pero algo. Definitivamente. Sucedió. Las plumas de almohadas rotas se desparraman por todas partes. El vidrio cruje debajo de mis pies mientras camino. Las personas se están empujando unas a otras, de alguna, manera borrachas y en pánico mientras intentaban salvarse de algo. Entonces lo veo.


Pedro “Riptide” Alfonso, el hombre más sexy del mundo, esta lanzando cualquier cosa en su camino y gritando al tope de sus pulmones.



— ¿Qué demonios le has dicho de mí? ¿Dónde carajo esta?— mientras que Diego está sin chaqueta, ni corbata, y tratando de calmarlo. pedro arroja una licorera de cristal contra la pared con un golpe fantástico, y la gente grita tanto de miedo como de risa, mientras que Ruben está ocupado guiándolos por las puertas de la suite.


Mi ebriedad instantáneamente se desvanece, o al menos disminuye un cincuenta por ciento, y estoy casi completamente sobria por la conmoción. Salto a la acción y comienzo a empujar a todos los cuerpos que entran en contacto con la puerta.



— ¡Fuera, fuera, fuera!— grito como un alma en pena.


Pedro oye mi voz, y se gira rápidamente y me ve. Sus ojos brillan con algo salvaje mientras arroja la lámpara que tiene en sus manos y la envía a estrellarse con una gran explosión de cristal detrás de él, entonces comienza a avanzar hacia mí. Pero Diego lo agarra de nuevo, tirando desesperadamente su brazo.



— ¿Ves, amigo? Ella firmo un contrato, ¿recuerdas? No es necesario destruir el hotel, hombre.— Mientras Pedro me mira a los ojos con una expresión de dolor puro, Diego aprieta algo en su cuello y sus párpados aletean.


Su cabeza cae hacia adelante, y me congelo en completo y total horror. Nubes de confusión impiden cualquier pensamiento racional mientras trato de procesar el hecho de que Diego, el amable Diego, acaba de arrojar algo a la yugular de Pedro.

Ruben continúa empujando gente fuera de la habitación mientras Pedro se desploma hacia abajo y Diego lucha por apoyarlo contra la pared más cercana. Cuando logramos sacar a la última persona, Ruben cubre su cuello con uno de los brazos de Pedro, mientras que el otro va alrededor del cuello de Diego. Sus pies se arrastran debajo de su cuerpo mientras comienzan a transportarlo hacia la habitación principal, y cuando escucho su voz bellamente masculina hablar, no suena sólo ebrio, sino súper drogado, su timbre bajo y apenas inteligible.


— No dejen que vea.


— No lo haremos, Pedro.


Su cabeza cuelga hacia adelante como si no tuviera fuerzas para soportarla.



— Sólo no la dejen que vea.


— Sí, hombre, lo tengo.


Temor helado se extiende en mi interior mientras me muevo aturdida, como sonámbula, y los sigo a la puerta. Me alojo en el umbral, dividida entre ir tras él y mi absoluta confusión sobre lo que está pasando y mi DOC , que sólo me pide que comience a limpiar todo este maldito lío, y también los tragos de tequila que todavía me hacen sentir como un burro.



— ¿Qué esta mal con él?— Le pregunto a Diego mientras ambos salen. Ruben al teléfono en la sala de estar.


— Él esta bien, sólo un poco deprimido.— Diego agarra el pomo para cerrar la puerta.


Y de repente estoy preocupada, fuera de mi siempre amorosa mente, y me aferro al brazo de Diego como una línea de vida.



— No tires esa mierda sobre mí. ¿Qué es lo que no quiere que vea?


Mi voz tiembla, pero estoy tan asustada y borracha y frustrada sexualmente, que si no me da una respuesta voy a ir a romper el resto de lo que Pedro dejó intacto.


Diego vacila, luego libera mi brazo del agarre de muerte que parezco tener sobre él.



— No quiere que lo veas a él.


Estoy aturdida sin palabras, pero mi necesidad de asegurarme de que pedro esta bien es tan abrumadora que todavía trato de entrar. Diego rápidamente tira de mí a un lado firmemente.


— Mira, ha estado acelerado desde que llegaste aquí, y este es el tipo de cosas que sucede después de acelerar. Todo lo que necesita es un poco de contacto físico para hacerlo sentir bien, para sacarlo de todo ese miedo, y va a estar bien pronto. Sabíamos que esto iba a pasar, sólo era cuestión de días. Siempre comienza cuando no puede apagarlo en el ring. Y el hecho de que ha estado jadeando detrás de ti como un perro no ayuda, Paula.


— ¿Y quién diablos te da el derecho para disparar químicos en sus venas, Diego?— exijo, tambaleándome con furia en nombre de Pedro.


— Él lo hace. Un millar de habitaciones destrozadas, Paula. He estado con él una década, y también Ruben. ¡Es el hombre con más alto mantenimiento que alguna vez vas a conocer.


Ruben regresa a nosotros con una expresión sombría.



—Están en camino.


— ¿Conseguiste dos?— pregunta Diego.


— Tres. Nuevas. A ver si con eso despierta su maldito apetito obstinado.


Cuando me doy cuenta de lo que están hablando, inmediatamente quiero golpearlos.



—¿Tres nuevas que? ¿Prostitutas?


Con un nuevo atisbo de preocupación, Diego me da una palmada de apaciguamiento en el hombro.



— Este es un protocolo estándar, ¿de acuerdo? Estas son mujeres limpias y muy caras. A él no le importará quiénes son. No debimos dejar que pasara tanto tiempo sin soltarse, especialmente contigo alrededor. Lamento ser gráfico, pero este es nuestro problema a solucionar ahora, y él no puede luchar así mañana. Demonios, va a ser un milagro si logramos sacarlo de la cama.


Algo sombrío y verde gira dentro de mí, anudándose violentamente en mi pecho.



—No quiero a esas mujeres aquí.— les digo con una calma engañosa.


Tal vez no tengo voz en el asunto, pero me acuerdo del beso de Pedro esta noche, el suave agarre de sus manos. Sus palabras. Eres mía esta noche…


La repentina imagen vívida de su cuerpo entrelazado con el de otra persona, me da ganas de correr al baño y vomitar. Estoy un poco ebria, o a lo mejor ya resacada. No lo sé. Pero mi corazón duele y mi estómago se enturbia ente la simple idea de que alguien más lo toque. Y de repente necesito taparme la boca y correr al baño otra vez, de verdad.


Me paso los siguientes diez minutos allí, entonces lavo mi boca nuevamente, limpio todo, y serpenteo mi camino de regreso a la sala de estar justo a tiempo para cuando las apestosas prostitutas están llegando. Ruben parece haber bajado al vestíbulo para hacerlas subir, ningún hotel respetable permitiría el acceso de estas mujeres por su propia cuenta, y Diego abre la puerta para dejarlas entrar, con sus hediondos perfumes y conjuntos brillantes, yo me quedo boquiabierta y me siento verde y retorcida de nuevo.


Son tan hermosas, me doy cuenta con espanto de que tal vez soy el tipo de borracha que empieza a gritarle a la gente y luego llora, porque tengo ganas de hacer ambas. Estoy tan furiosa que cargo hacia adelante y detengo a las mujeres a sólo dos pasos de la sala de estar, las tres se detienen cuando ven mi cabello desordenado y mi mirada furiosa.


— No necesitamos sus servicios, señoras. Lo siento por su tiempo, aquí tienen sus gastos por venir.


Agarrando cien dólares de la billetera de Ruben, que era la más cercana, y también el idiota que tuvo el descaro de llamarlas, empuje a las mujeres al pasillo y cierro la puerta en sus narices. Entonces me doy la vuelta, con el ceño fruncido mordiendo en mi cara.


— Esa es la última vez que llamas a unas vagabundas cuando él esta así.— digo, plantando un dedo amenazador, mi corazón latiendo en pura furia y protectividad.— . Me doy cuenta de que no estoy en condiciones de tomar ninguna decisión aquí, pero tampoco él lo esta. ¡No las quiere a ellas!.


Los hombres, ambos completamente sobrios y siempre muy afilados en sus trajes y corbatas de “aspecto guardaespaldas”, excepto Diego que perdió la forma esta noche, sólo me miran en la más absoluta confusión, haciéndome sentir como si me hubiera vuelto completamente loca.


¿Bien?


¿Lo he hecho?


No estoy segura. Pero mi pecho duele por el hombre en la habitación principal y mis pechos tiran por mis respiraciones rápidas mientras lucho por mantenerme firme. Sé lo que estos chicos están pensando. Sé que quieren saber porqué diablos no deje entrar a esas mujeres. Ellos creen que quiero follar a pedro, y que yo creo que él realmente me desea. Y tal vez lo hago. Desesperadamente lo hago. No solamente quiero follarlo, posiblemente he salido y tenga profundos sentimientos complicados por él.


Pero la idea de alguien tocándolo me da ganas de escupir fuego. No me importa que él no sea mío. Me importa que justo ahora, Diego acaba de disparar algo en sus venas, su hermoso cuerpo está en reposo, y su cerebro esta agotado. Si puedo evitar que esta pesadilla suceda, lo haré, y yo sólo lo hago.


— No estoy ebria ahora.— afirmo cuando los hombres sólo continúan mirándome.


Ambos suspiran.— Me voy a la cama en caso de que se despierte cuando el efecto se desvanezca.— dice Ruben, y se dirige hacia la puerta.


— No entres allí.— me advierte Diego, señalando a la principal.— . Duerme en la otra habitación. Posiblemente no recuerde nada de lo que digas ahora, y si lo que le dimos desaparece demasiado pronto, él se puede poner más difícil de lo que puedas imaginar.


— Bien.— miento, y me voy a la otra habitación para ponerme mi remera de dormir, pero no puedo dejar las cosas así. Sólo Pedro y yo estamos durmiendo en esta habitación, y cuando la puerta se cierra detrás de Diego, sé que estamos solos.


Serpenteando mi camino a través del campo minado de vidrio por todos lados y empujando a un lado la obligación de limpiar, entro en la habitación principal. Mi pulso es un tambor frenético golpeando mis sienes mientras absorbo la escena. Las cortinas están parcialmente abiertas, y siento una oleada de posesión y protección surgir de mí mientras diviso su forma sombreada sobre la cama, brevemente iluminada por las luces de la ciudad. Me digo a mí misma que sólo quiero asegurarme que se encuentra bien. Pero estoy tan conectada y preocupada, que me temo que verlo no va a ser suficiente y voy a tener que tomar su pulso o algo.


Tranquilizándome silenciosamente en mi interior, contengo mi aliento en mi garganta y sin hacer ruido cierro la puerta detrás de mí.



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Mañana no puedo subir, por eso subo hoy!
Gracias por leer!♥



5 comentarios:

  1. wow intenso pero buenísimo,seguí subiendo!!!

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  2. Muy buen capitulo a esto te referías cuando dijiste que el próximo capitulo venia con todo, que no le haga daño ya quiero leer el siguiente jaja cada ves se pone mas interesante la novela

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  3. Buenísimooo capítulo!!! Intenso!!! @AmorPyPybb

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  4. guauu buenisimo muy intenso me encanto hasta borracha lo quiere proteger @rociibell23

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