viernes, 10 de enero de 2014
CAPITULO 22
Mi reloj interno simplemente no me dejará dormirme pasadas las seis de la mañana, incluso después de una noche como la que pasé con él. Cosquillas de deleite corren por toda mi piel como un recuerdo de todas las formas en que nos hicimos el amor el uno al otro, anoche. Mi mirada se posa en su gran cuerpo en la cama, y la inmensa sensación de propiedad que me vence es tan poderosa que es todo lo que puedo hacer para no unirme permanentemente a su gran y pecaminoso cuerpo.
En silencio y con una sonrisa boba que no va a dejar a mi cara pronto, me deslizo fuera de la cama, sabiendo que Ruben y Diego no lo dejarán dormir por mucho tiempo, y definitivamente no más allá de las diez.
Diego ya está en la cocina. Me sirvo un poco de café, y puesto que hay mil cosas que quiero preguntarle, me uno a él. Doblando las piernas debajo de mi cuerpo en una silla junto a la pequeña mesa de desayuno, lo veo leer el periódico de la mañana mientras tomo unos sorbos de mi café.
Luego, aclaro mi garganta rasposa antes de decir—: Él me lo contó.
Por un momento, la única emoción en el rostro de Diego es el shock.
—¿Él te contó qué? —Ahora parece dudoso.
—Ya lo sabes. —Puse mi café abajo y arqueo una ceja.
Diego baja el papel, sin sonreír. —Nunca antes se lo dijo a alguien.
Sus palabras me hacen fruncir el ceño. —No estés tan alarmado. Él te lo dijo a ti una vez. ¿No es así?
—Él no me dijo, Paula, yo era su enfermero. En la sala. Al menos durante el último año.
Mi mente gira en confusión mientras trato de imaginarme a Diego en una bata, cuidando a mi feroz combatiente en una sala. Yo no vi venir esto. Para nada. La imagen es tan incongruente que tengo problemas para mantenerla en mi cabeza.
—¿Tú estabas con él en la sala? —Está bien, ya sé que suena estúpido, pero eso es todo lo que parece que soy capaz de decir.
Los labios de Diego se aprietan con fuerza mientras asiente con la cabeza.
—Me molestó. —Frunce el ceño oscuramente a su café, luego sacude la cabeza—. Él es un buen tipo. Un poco imprudente, ¡pero no es su culpa! Nunca se las agarró con nadie. Ese chico era tan cerrado como un maldito muro. Sólo corría como el infierno en el patio y hacía sus flexiones en un árbol afuera, todo el día usando sus auriculares y bloqueando todo. Lo tenían todo drogado desde que una vez se puso presuroso y les dijo a todos que debían escapar. Todos lo siguieron, hubo un gran desorden, y desde entonces, nadie siquiera le dio la oportunidad de ponerse de esa forma una vez más, sólo se mantenían disparando una mierda hasta sus venas y ahorrándose la molestia.
—Dios mío. —El shock, el horror, y la ira que siento barren sobre mí como una enfermedad, y apenas puedo tragar el sorbo de café que tengo en mi boca.
—Pedro no está loco, Paula—enfatiza Diego—. pero lo trataban como si lo estuviera. Incluso sus padres. Todo lo que tuvo en términos de confort durante esos años fueron sus malditos auriculares. Es por eso que el hombre rara vez se expresa. Simplemente no puede. Ha estado demasiado cerrado durante años.
Con un corazón que acababa de fundirse por él, me doy cuenta de que, desde el principio, Pedro se ha abierto a mí a través de la música, que es algo que resulta familiar y reconfortante para él, y de repente, vívidamente, quiero escuchar cada una de las canciones que ha puesto para mí de nuevo.
Mis ojos pican un poco, y bajo la cabeza para que Diego no vea que me conmueve más allá de las palabras. Pedro es un hombre tranquilo. Es un hombre físico, que cede a sus instintos, pero no creo que ni siquiera sepa cómo verbalizar bien sus emociones.
Me pregunto si yo también soy un poco cerrada, justo como Pedro.
En mi vida, he contado con frecuencia en Melanie, diciéndole cosas que me da vergüenza admitir. Ni siquiera le dije a nadie después de mi desgarro del ligamento cruzado anterior, lo que apestaba.
Pedro es tan diferente a mí, y sin embargo, somos tan parecidos que juro que puedo entender a este hombre con mi alma.
De repente, tengo que luchar contra el impulso de ponerme de pie, volver a la cama y acurrucarse con él.
—La noche en el hotel... cuando le disparaste con algo... ¿qué fue eso?
—Un episodio. En realidad no es otra personalidad, como la gente piensa. Bueno, lo es, en parte, pero es más como un estado de ánimo. Es una expresión del gen alternativo, en conflicto con el anterior. Generalmente, algún acontecimiento externo detiene la expresión de ese gen, y el otro toma su lugar, cambiando su estado de ánimo de forma espectacular. —Diego encuentra mi mirada con sus cálidos ojos marrones preocupados, sus rasgos retorciéndose en el dolor—. Él sufre enormemente, Paula. Porque no recuerda lo que hace cuando se vuelve maníaco.
Pienso a todas esas noches en las que vino por mí a mi habitación, con esos ojos oscuros, y me besó sin sentido hasta la mañana.
—Pero él me dijo que me recordaba algunas cosas —digo esperanzada.
—A veces lo hace, pero a veces no. El punto es que no puede confiar en sí mismo para saber a ciencia cierta lo que hizo cuando estaba en negro.
Es por eso que él ha estado tratando de ser tan cuidadoso conmigo...
Mis entrañas se vuelven blandas en todas partes.
—¿Así que quien le dijo a Ruben, entonces?
—Yo le dije a Ruben. Tuve que contratar un extra para poder tomar un día libre. No me gustaría volver y encontrar que Pedro se había metido en un montón de problemas. El entrenador también lo sabe, por supuesto, y Diane sospecha que algo está pasando, pero no sabe el término real de lo que él tiene. Ella piensa que es malhumorado.
Suspirando ante eso, Diego se sirve un poco más de café.
—Yo lo ayudé a salir de la sala en el momento que pudo. Acababa de dejar de fumar, y él me dijo que quería ir a ver a sus padres, y que me pagaría si le daba un aventón. Así que estuve de acuerdo. —Barras de ira aparecen en el rostro de Diego cuando regresa a su asiento—. Pero sus padres no querían tener nada que ver con él. Estaban asustados siquiera de verlo. Mierda, deberías haber visto ese drama. La madre empezó a llorar, el padre le dijo a Pedro que querían vivir en paz, y Pedro se quedó allí. Podía verlo luchando por las palabras. No sé si quería rogarles por una oportunidad o no, pero él no dijo nada. Le cerraron la puerta en la cara. Así que nos fuimos, y Pedro empezó a pelear por dinero. Era muy bueno, así que se metió en el boxeo profesional y me contrató a tiempo completo como asistente. Levantó una casa en Austin y tuvo otra oportunidad con los vecinos. Cuando por fin sus padres parecieron estar contentos con su creciente fama, lo invitaron a cenar. Pero el fin de semana de la competición lo provocó, y contrató a un imbécil para que lo siguiera fuera del partido. Pedro tiene un mal genio, incluso cuando está en un estado de ánimo normal.
Mi café se enfrió, así que también fui y me arregle uno nuevo mientras procesaba todo esto. Diego continúa cuando ve que me siento.
─ Entonces él fue echado, y sus padres nunca aparecieron en la cena─ el suspira mientras yo estoy sentada aquí, ambos tristes y heridos por Pedro, entonces el agrega ─. No suena como mucho lo que te dijo, Paula. Pero vivir con ello puede volverse difícil.
Sus ojos se clavaron en la parte superior de mi cabeza, y yo se que él me está midiendo, puedo sentir la pregunta en sus ojos casi como si estuviera hablando, está preocupado acerca de mí dejando a Pedro, y no sé qué garantía le puedo dar a nadie, especialmente cuando no tengo idea de que esperar de su bipolaridad. Pero sé que quiero quedarme, realmente lo hago.
─ El trato de ir a la universidad también ─ Diego ofrece ─ . Pero no pudo terminar su licenciatura, siempre estaba metiéndose en peleas, con un poco de provocación el chico se carga, y no dejaba de presentarle sus nudillos a cualquiera en la escuela que él pensaba que lo merecía.
─ ¿Fue ahí donde conoció a Ruben?
─ No en el otro lado de sus nudillos, no ─ se rio, sus ojos brillando por un momento ─. Pedro en realidad se puso de pie por Ruben. Ruben no era el encantador hombre que ves ahora cuando estaba en la universidad ─ me guiñó juguetonamente ─ . El era como yo, ambos Geeks . Te lo dije, ninguno de nosotros era tan cool. Pero Pedro era el chico malo mas cool, todo el mundo quería un pedazo de él, especialmente las mujeres. Las tenía a todas sobre él todo el día, e incluso los chicos lo seguían, especialmente cuanto se ponía alto. Los excesos abundaban cuando él estaba en los comienzos de sus días negros. Alcohol, mujeres, adrenalina aventura. El estaba de echo debajo del intenso escrutinio todos esos años en la sala de psiquiatría debido al cambio en el color de sus ojos ─ agrego ─ . No es raro que las personas bipolares lo tengan, pero es extraño. Dos expresiones de genes en conflicto y variando cuando una se activa y la otra se apaga. Tenemos al arrogante y confiado Pedro y al pedro negro. El Pedro negro todavía sigue teniendo un buen corazón, pero no es razonable, no es malo y ciertamente tampoco malvado, pero es impredecible y violento y tiende a destruir cosas, incluso el mismo. El vuela alto y luego se estrella bajo, esta vez lo viste bajo, no era ni de cerca tan malo como sus otros bajos. De alguna manera Ruben y yo pensamos que tal vez era porque lo mantuviste interesado. Parecía querer verte y siguió avanzando al menos para eso.
─ Diego, ¿Cómo puedo ayudarlo?─ le pregunte con impotencia, poniendo mi café a un lado y prestándole toda la atención ─ . Por favor dime como puedo ayudarlo, me enfermo pensando en ti usando esa estúpida mierda que le disparas a sus venas otra vez.
El suspira y tira de su perfecta corbata negra perdiéndolo un poco.
─ Yo solo no se contigo Paula, pero sé que eres un cambio de juego. El nunca fue tras alguien en la forma en que fue tras de ti, pero incluso entonces no puedo parar de usarlo. Pedro
… toda su vida está esperando verlo caer, tienes que entender lo que es que su lado normal no recuerde lo que su lado negro hace. Ha habido situaciones en las cuales la policía ha tocado a su puerta diciéndole que el entro en una tienda de licor y la robo, y él ha estado “De ninguna maldita manera, he estado en cama toda la noche” y luego van “Señor el licor se encuentra todavía en su coche”
─ ¿Enserio?
El asiente sombríamente.
─ El teme que se va a poner negro, luego se levantara normal y tú te habrás ido, por que el hizo algo para hacerte daño.
Pienso en lo importante que mi contrato de tres meses de trabajo para el parecía. Y recuerdo la noche en la que se volvió loco, gritándole a Diego y a Ruben que en dónde diablos estaba y que ellos me dijeron acerca de él. De alguna manera la realización de eso me hace sentir calidad y reclamada otra vez.
─ Todo lo malo le pasa a Pedro cuando esta negro ─ Diego agrega con un estruendo de su café vacío ─ . Se despierta y se da cuenta de que fue expulsado del boxeo. La ultima vez aposto todo su dinero y se despertó para encontrar que si perdía esta temporada, va a terminar con muy poco para estar de pie. Ruben y yo tratamos de mantenerlo en control, pero él es un puñado. El es demasiado fuerte y demasiado terco. Y ahora, estas tu, no sé si eres buena para él, o el peor tipo de talón de Aquiles para él, pero no es nuestra elección ¿verdad? Pedro te quiere.
Las palabras de Diego dan vueltas dentro de mi cabeza, mientras miro hacia el fondo al papel pintado de color melocotón del hotel. Me está tomando tiempo absorber toda esta información, no sé lo que es amar a alguien así. Mi vida en Seattle me espera… Melanie… mis padres, tengo al menos un mes más y quiero pasar cada segundo que pueda con él. Simplemente lo amo mas con cada cosa que aprendo. El es complicado y complejo, un laberinto en el cual me quiero perder. El es mi luchador y realmente quiero luchar para estar con él.
Pero simplemente no se con lo que voy a tener que luchar en contra, si se trata de algún miedo en mi… algún miedo en el… o a su lado negro.
─ Yo lo quiero mucho también ─ le digo a Diego palmeando sus hombros ─ . Tanto que voy a disparar alguna mierda en tus venas si le sigues disparando con eso, ¿Sabes?
El se ríe.
------------------------------------------------
miércoles, 8 de enero de 2014
CAPITULO 21
Suspirando, agarro uno de los masculinos y pesados brazos y lo puse sobre mis hombros, así podía acurrucarme en el ángulo de su pecho y luego beso el pezón más cercano. Tiene los más sexys, pequeños, marrones, puntiagudos y perfectos pezones masculinos que he visto, sin una hebra de cabello en el pecho. Solo besarlo hace que mi sexo se estremezca otra vez, aun cuando está completamente adolorido.
Agarra mi cuerpo lánguido y lo pone sobre el suyo mientras yace en su espalda, como si fuera mi cama y mis piernas recorren la longitud de las suyas, mi cuerpo boca abajo mientras él mira al techo. Estamos abdomen contra abdomen, ombligo contra ombligo. Me acaricia la sien con la nariz mientras masajea mi trasero suavemente.
—Hueles a mí.
—Hmmm —digo.
Aprieta una de mis nalgas y roza de nuevo la nariz por mi sien.
—¿Qué significa ese “hmmm”?
Le sonrío en la oscuridad.
—Significa que quiero comerte. Tus pequeños bíceps, tus pequeños tríceps. —Me da un beso en la boca y arrastra la lengua por mis labios—. Ahora a ti.
Agarrando su mano, la meto entre nuestros cuerpos para que pueda sentir todo lo que me ha regado por el abdomen.
—Significa que voy en plan francés esta semana y no me ducharé para poder olerte en mí.
Gruñe y nos cambia de posición, así uno de mis costados está sobre la cama, luego se mueve entre mis piernas hacia donde estoy empapada en lo que acaba de darme. Sus ojos brillan en las sombras mientras desliza el semen líquido que gotea de mi muslo en un recorrido hacia mi hinchada entrada, como si no quisiera que saliera de mi cuerpo.
—¿Pegajoso? —pregunta en un murmullo áspero, inclinando la cabeza y lamiendo mis hombros mientras empuja su semen hacia el interior con un dedo—. ¿Quieres lavarme de ti?
La idea de tenerlo empujando su semen en mi interior me pone caliente, agarro su cabeza y me acerco a él.
—No. Quiero que me des más.
Lleva sus mojados dedos a mi rostro y empuja el dedo del medio entre mis labios, como si me pidiera que probara.
—Te desee desde la primera noche que te vi. —Su voz sale ronca mientras me observa chupar su dedo.
Su sabor me hace cosas locas y mi sexo arde con la necesidad de sentirlo en mi interior de nuevo.
—Yo también. —Estoy sin aliento y luchando por algo de aire mientras lamo cada gota.
Mete un segundo dedo en mi boca, y su océano salado me da fuerzas. Cierro los ojos y arrastro la lengua por toda la longitud de sus dedos. Estoy tan ansiosa que creo que gimo.
—¿Te gusta mi sabor? —murmura con voz pastosa.
—Hmmm. Es todo lo que quiero de ahora en adelante. —Con malicia, le doy una mordida en la punta de los dedos, y de pronto puedo sentir su erección regresando a mí. Algo que dije… ¿lo excitó?—. Siempre quiero mi pedazo de pedro después de la cena —continúo, y soy yo quien se está súper emocionando cuando él se endurece—. Y tal vez antes del desayuno, y después del almuerzo, y a la hora del té.
Gruñe, luego se arrastra entre mis piernas e inclina la cabeza hacia abajo para probarme. Su lengua se mueve entre los labios de mi sexo. Pestañeo con rapidez y arqueo la espalda, el calor de su boca me hace añicos. Me agarra el trasero y aprieta mi carne mientras su lengua se desliza una y otra vez sobre mi clítoris.
—Quiero… correrme… en cada… parte de… tu cuerpo… —murmura contra mi sexo, sus ojos están cerrados mientras se yergue y empuja su erección contra el exterior de mi entrada.
Ardo de deseos. Lo necesito en mi interior otra vez, en mi boca, en mi sexo, en todo mi ser. Agarro la parte baja de su espalda y mezo las caderas sin descanso, en una plegaria silenciosa, mientras empujo la lengua en su boca.
—Córrete donde quieras, dentro de mí, fuera, en mi mano, en mi boca.
Cuando agarro su dureza en mi puño, se corre instantáneamente, derramando líquido caliente en mi muñeca. Las convulsiones son tan poderosas como él, y mi sexo se moja cuando lo miro; es tan magnífico y crudo, que de pronto lo ruedo sobre su espalda y salto sobre su erección, tomándolo con un gemido de sorpresa sobre su talla otra vez. Ladra de placer y echa la cabeza hacia atrás, agarrando mis caderas y tirando de mí, luego bajándome otra vez mientras empuja y su dureza sigue moviéndose en mi interior. Un grito de éxtasis se abre paso a través de mí mientras convulsiono con él, sintiendo su calor estallar en mi interior.
Estoy sin fuerzas y cercana al coma cuando caigo sobre él.
—La noche que te sedaron… —le pregunto, horas después, mientras rozo la nariz en su pezón, aún sin aliento por la prolongada sesión. No podemos tener suficiente. Somos como adolescentes, recompensándose por semanas y semanas de deseo—. ¿Eso fue un episodio? —La almohada cruje mientras asiente, y deslizo la mano sobre su abdomen, frotándolo gentilmente mientras lo miro, insegura de si quiere hacer esto ahora—. ¿Podemos hablar de ello?
Mi roce parece que le hace querer cerrar los ojos, su voz se convierte en suave terciopelo mientras acuna mi nuca en una de sus enormes manos, y me aprieta contra su cuello, meciéndome.
—Tal vez quieras hablar de ello con Diego.
Estoy pegajosa con nuestro deseo y me gusta, recorro las manos por él y sé que también está pegajoso. La idea de tomar un baño con él, “lavármelo”, y luego volverme a poner pegajosa me hace querer gemir.
—¿Por qué no me hablas tú, Pedro? —pregunto suavemente.
Se sienta y saca los pies de la cama, luego se lleva las manos a la cara.
—Porque en muchos episodios no recuerdo lo que hago.
Mierda. Lo hice ir de un lado a otro ahora.
—De acuerdo, le hablaré a diego sobre ello, pero regresa a la cama —le digo, ablandando rápidamente la tensión en su posición.
Mira fijamente por la ventana, su cuerpo es perfecto. Tan perfecto. Sus piernas separadas, brazos cruzados, músculos formados y tensos.
—Te recuerdo. —Su voz se endurece—. En mi último episodio. Los chupitos de tequila. El modo en que lucías. El top que vestías. Las noches que dormiste en mi cama.
Pensar que nota la ropa que visto me hace cosquillas. Estoy casi segura de que cuando se de vuelta, seré una piscina de lava sobre la cama, preparada y lista para que me folle.
Parecía tan feliz ese día, con los chupitos, su energía era como la de un sol.
Entonces se convirtió en noche en pocas horas.
—Deseaba que pasaran las cosas entre nosotros con tanta fuerza —admito dolorosamente.
Se voltea.
—¿Y piensas que yo no? He querido que sucedieran desde… —Regresa a la cama y me arrastra con él, besando mis labios ferozmente—. A cada segundo quería que sucedieran.
Toco su mandíbula. —¿Alguna vez has lastimado a alguien?
La pena se asoma a sus ojos de nuevo, y parece angustiado, dejando caer sus brazos de mi cuerpo.
—Daño todo lo que toco. ¡Destruyo cosas! Es lo único en lo que soy bueno. He encontrado putas en mi cama que no recuerdo haber traído conmigo, y las he sacado desnudas de mi habitación de hotel, enojado como el demonio porque no recuerdo lo que hice. He robado mierda, vandalizado, despertado en sitios a los que no recuerdo haber llegado… —Arrastra el aliento y suspira—. Mira, desde que Diego y Ruben alternan los días libres, siempre hay alguien que me noquea por un día o dos cuando se me va la mano. Luego estoy de vuelta. Nadie sale herido.
—Excepto tú. Nadie sale herido excepto tú —susurro tristemente, y extiendo la mano para alcanzar una de las suyas más cercana a las mías, solamente porque temo que vuelva a levantarse de la cama y no quiero que lo haga. Se siente como si me hubiera tomado toda una vida lograr que esté aquí conmigo—. Pedro, ¿tienen que noquearte así? —Entrelazo mis dedos con los suyos mientras le pregunto.
—Sí —responde, enfático—. Especialmente si quiero… esto… —Me señala y luego a sí mismo con la mano libre, y me aprieta con la otra—. Quiero esto. Mucho. —Acaricia mi nariz con la suya—. Estoy intentando no joderlo, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Me besa el dorso de la mano que sostiene la suya y sus ojos brillan una vez más.
—De acuerdo.
--------------------------------------------------
domingo, 5 de enero de 2014
CAPITULO 20
Mi garganta se cierra por la emoción, haciendo que las palabras sean difíciles de pronunciar.
Dolorosa desesperación destella en sus ojos.
—Dame una maldita garantía. No permitiré jodidamente que me dejes, y vas a querer intentarlo. Voy a ser difícil y voy a ser un idiota, y tarde o temprano vas a tener jodidamente suficiente de mí.
Sacudiendo la cabeza, dejo caer mi blusa al suelo, luego empujo mi falda por mis caderas y salgo de ella. Temblando hasta en mi alma, estoy de pie solo con mi sujetador liso de algodón y mis bragas, mis pechos elevándose y bajando.
—Nunca tendré suficiente de ti, nunca.
Al principio, mis palabras no parecen tener ningún efecto en él. Y creo que estoy muriendo lentamente. Luego un lento y hambriento sonido desgarra su garganta. Mi respiración se atasca en mi garganta.
Está de pie mirándome, inmóvil en esos pantalones de cordones, sus piernas separadas en una posición de combate, sus ojos llenos de necesidad. Sus anchos hombros se sacuden con sus respiraciones, y curva los dedos en puños a sus costados. La profunda aspereza de su voz raspa mi piel.
—Ven aquí.
La orden viene de forma tan inesperada que mis piernas empiezan a temblar. Todos mis circuitos se apresuran para trabajar juntos, pero al mismo tiempo, no puedo moverme.
Me siento como si un puñado de órganos lucharan para entrar en uno. Ritmo cardiaco rápido. Piel sudada. Temblores en mis terminaciones nerviosas. Completa inutilidad de mis pulmones.
Todo mi cuerpo quiere la misma cosa, pero parece demasiado alterado como para unirse.
Cuando al fin me recompongo con una respiración entrecortada, me siento tan viva y desenmarañada, incluso los dedos de mis pies cosquillean cuando nosotros —yo, y mi corazón, y mis huesos y mi piel— finalmente nos las arreglamos para dar el primer paso.
Un feroz nerviosismo me devora con crudeza todo el camino hasta mi destino.
La respiración de Pedro se acelera. Su poderoso pecho se alza incluso más rápido a medida que me acerco. En un angustiante paso a paso, mi pulso late en mis sienes mientras el calor de su mirada se apodera de mí. Entre mis piernas, ardo por él. Mis pezones palpitan. Las duras puntas presionan dolorosamente contra el algodón de mi sujetador. Cada poro de mi cuerpo quiere suplicarle que los chupe. Que me toque. Que me ame.
Deteniéndome a un paso de distancia, puedo apenas respirar el aroma de su jabón envolviendo mis pulmones, drogando todos mis sentidos. Sus brazos se extienden, y él enreda diez furiosos dedos en mi pelo mientras tira de mi cabeza hacia atrás en sus puños y hunde su nariz en mi cuello, gruñendo suavemente. Su profunda inhalación me alcanza, y un escalofrío recorre mi cuerpo mientras hago lo mismo, absorbiendo cada color y sabor de su fuerte aroma masculino en mi cuerpo a través de mis fosas nasales.
Su lengua sale brevemente para lamerme y dejar un camino húmedo que asciende por mi cuello, mientras un brazo se enrosca alrededor de mi cintura, y me aplasta contra su cuerpo, susurrando—: Mía.
Lujuria y amor se abren paso a través de mí. —Sí, sí, sí, Pedro, sí.
Enredando mis dedos en su pelo, presiono mis pechos entusiastamente contra su pecho y froto mis pezones doloridos contra su diafragma, mis brazos atrapando su cabeza violentamente contra mí, mientras él sigue oliéndome con inhalaciones profundas, de algún modo, desesperadas. Mi cuerpo se sacude con placer.
Agarra mi rostro entre sus manos y arrastra su lengua por mi cuello, a lo largo de mi mandíbula, respirando pesadamente mientras se dirige a mi boca. Lame la comisura de mis labios. Humedeciéndome. Preparándome.
Su lengua prueba la comisura, luego añade sus labios y los usa para abrirme. Mordisquea mi labio inferior para burlarse de él, separándolo del superior. Un suave lloriqueo brota de mí y él amortigua el sonido cuando se sumerge en mí, húmedo, caliente y hambriento. Mi respuesta es rápida y salvaje, y nuestras lenguas colisionan en un caliente frenesí de humedad y gemidos.
Mi cuerpo se funde contra su dureza, hasta que uno de sus fuertes brazos se envuelve alrededor de mi pequeña cintura. Es todo lo que me mantiene en pie. No sé si soy mala para él, o él para mí. Todo lo que sé es que esto es tan inevitable como un tsunami, y estoy preparada para el baño de mi vida.
Nos saboreamos y succionamos el uno al otro, y estoy tan sedienta que podría alimentarme de su beso toda la noche y todavía estaría muriendo en el desierto. Aprieta mi cabello en un puño y me mantiene en el lugar como si temiera que fuera a apartarme de su deliciosa boca, y yo estoy tan asustada de que esto sea un sueño, que mis dedos se aprietan deliberadamente en su cabello húmedo, porque si hay un incendio en este hotel, si un ejército de fans locas asalta el interior, o si el propio Scorpion entra en esta habitación, aun así no voy a permitir que Pedro Alfonso aparte su boca de mí.
El calor húmedo de su boca me desentraña, me eleva, gimo y succiono suavemente su gruesa lengua, amando cómo gime Pedro conmigo y se hunde más profundamente, dándome más.
Él se inquieta. Entre los sonidos de besos haciendo eco en la habitación, sus pantalones de cordón susurran cuando él los empuja por sus piernas, los músculos de su brazo abultándose, apretándose contra mí. Los montones de tela a nuestros pies, y luego mete los pulgares por la abertura frontal de mi sujetador y tira hacia ambos lados hasta que lo rompe de un tirón. Mis pechos rebotan, libres, y el sujetador golpea el suelo.
Nunca me he sentido tan llena hasta que él ahueca mis hinchados pechos en una de sus grandes manos para elevarlos más y chuparlos. Lava mis pezones con su lengua, primero uno, y luego el otro, envuelve las suaves curvas con sus manos. Gimo con gratitud cuando vuelve a hundir la lengua en mi boca, porque estoy tan hambrienta que no puedo dejar de estremecerme.
Los sonidos de los resbaladizos besos hacen eco alrededor de nosotros una vez más. Él aprieta un pecho y mete una mano entre mis piernas, ahuecándome bajo mis bragas. Me frota con la palma de la mano, y luego frota su dedo más largo a lo largo de los húmedos pliegues de mi entrada. Temblores de anticipación ondulan en mi vientre.
Aparta su boca, apoya su frente en la mía y observa mientras su mano se mueve sinuosamente bajo mis bragas blancas de algodón. Estamos tan sin aliento que no espero su voz áspera y gutural cuando retumba sobre mi rostro, su frente aun descansando sobre la mía mientras él observa su mano acariciando mi humedad.
—Dime que esto es para mí.
Mis brazos se aprietan alrededor de su fuerte cuello mientras él se burla introduciendo la punta de su dedo en mi interior, y un placer enloquecedor me atraviesa.
—Es para ti. —Jadeando, beso con fuerza su sien, su mandíbula. Un sonido de protesta me abandona cuando retira su mano, luego agarra los bordes de mis bragas y las desgarra en un solo aliento.
Excitación me recorre. Me agarra por la cintura y me da la vuelta, golpeándome de espaldas contra la pared. Mis piernas le rodean volando mientras él ahueca mi culo en sus manos, y al segundo siguiente lo siento —allí, en mi entrada. Su dureza se reúne con toda la parte exterior de mi humedad resbaladiza. Él agarra mis muñecas y coloca mis brazos por encima de mi cabeza, inmovilizándolas en una mano.
—¿Eres mía? —pregunta con voz ronca, mientras su mano vuelve entre mis muslo y entra en mí brevemente.
Yo suspiro. Deshecha. Delirante.
—Soy tuya.
Su expresión es intensa, voraz, tan caliente mientras introduce un dedo profundamente.
—¿Me quieres dentro de ti?
Mi necesidad me obstruye la tráquea mientras el placer brota entre mis piernas.
—Te quiero en todas partes. Encima de mí. Dentro de mí.
Su mano tiembla con contención mientras se retira y, una vez más, asienta su erección entre mis piernas. No entra, pero me permite sentir lo que va a darme. Nuestras miradas se aferran desesperadamente mientras se frota. Balanceamos nuestras caderas juntas. Jadeamos. Deseamos. Y no puedo apartar mis ojos de él.
Es incluso más hermoso que cuando lucha y es arrogante y enojado. Más hermoso que cuando entrena y está sudoroso y cansado. Más que cuando está sonriente y juguetón. Incluso más que cuando está pensativo y relajado siendo frotado con aceite. Es más hermoso que cualquier cosa que he visto jamás —su rostro tenso y crudo con necesidad, sus ojos oscuros y entrecerrados, sus fosas nasales llameando, su boca separada para respirar, su cuello tenso con venas, su bronceado más profundo y más oscuro según su excitación abrumadora extiende el color a través de su piel.
Mantiene mis brazos aprisionados mientras me acaricia con dureza. Tentándome. Prometiéndome. Todo lo que yo puedo hacer es gemir una súplica para que me tome. Mi sexo se estremece. Mi sangre ruge a través de mi cuerpo. Estoy siendo reclamada por el hombre al que amo, y estoy lista.
Yo.
Estoy.
Lista.
Ojos mieles oscurecidos me miran durante un momento de infarto. Un segundo estoy vacía, al siguiente él está dentro de mí. Me llena lentamente y con cuidado, como si yo fuera su preciado tesoro y no quisiera romperme —como si él pensara que nadie más le recibirá tan perfectamente, de forma voluntaria y con amor como yo. Es grande y duro, todo hombre, abriéndose camino firmemente en mí. Se estremece y gime mientras los músculos de mi sexo se aferran a su longitud pulsante, y es tan grande. Un nuevo quejido viene, casi doloroso mientras me retuerzo, queriendo más, queriendo menos. Decidiendo que mi necesidad de más está más allá de cualquier cosa, me dejo caer incluso más lejos, echando la cabeza hacia atrás, un débil sonido escapando de mí mientras mi cuerpo se adapta.
Él agarra delicadamente mis pechos con sus manos y mete su lengua en mi boca hasta que me trago mi propio grito y bebo todo lo que me da su lengua. Está bombeando ferozmente en mi canal, manteniéndose plenamente asentado en mi interior. Mi cuerpo tiembla en un delirio cuando deja caer su cabeza y pasa su lengua a través de mi mandíbula, a lo largo de mi barbilla, descendiendo por mi cuello. Cuando succiona un pezón dentro de su cálida boca, mis entrañas se contraen mientras un orgasmo comienza a construirse, me estremezco enfebrecida por el calor y empujo mis caderas lascivamente contra las suyas.
—Pedro —suplico, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello. Aprieto mis piernas a su alrededor, inclinando la pelvis. El movimiento dispara un placer insoportable a través de mi cuerpo mientras su dureza se hunde dentro de mí. Mis ojos ruedan hacia la parte de atrás de mi cabeza. No voy a durar. Es demasiado grande, se siente demasiado bien, lo necesitaba demasiado.
—Pedro… —gimo, enloquecida, meciendo mis caderas—. Por favor, por favor…muévete.
Él gime como si tuviera miedo de no durar, tampoco. Pero intenta complacerme, y se retira, luego empuja de nuevo. Estamos ambos deshechos, y un desesperado sonido, similar a las lágrimas de placer, sale de nuestras gargantas. Repite el movimiento de sus caderas y deja caer su frente sobre la mía con un gruñido de contención, y luego empieza a besarme como si su vida dependiera de ello.
—Paula —dice en tono áspero contra mi boca.
Sus manos aprietan mis caderas mientras sale y se sumerge de nuevo, lo suficientemente profundo como para enterrar cada centímetro en mi interior. Inmediatamente estalla. El calor de sus convulsiones increíblemente violentas, y los poderosos tirones de su intimidad temblando en mi interior, llevándome. Temblores se estrellan en mi cuerpo. Mis circuitos se detienen y se reinician cuando un montón de estrellas caen a través de la parte posterior de mis párpados.
Agarro su cuerpo musculoso mientras se aprieta y retuerce contra el mío, lamiendo su cuello mientras su cuerpo se esfuerza y finalmente se relaja. Gruñe en la tranquila satisfacción de mi templo.
Continuamos jadeando y moviendo suavemente las caderas incluso cuando los orgasmos se han detenido, y Pedro vibra contra mí con tanta necesidad, que ni siquiera me permite recuperar el aliento.
Me agarra por el culo, mis piernas todavía cerradas alrededor de sus delgadas caderas, y me lleva a la cama. Todavía está dentro de mí, aún duro.
Me deja en la cama y apoya una almohada bajo mi cabeza, y luego empieza a moverse dentro de mí, tan lentamente que gimo y paso mis uñas por su espalda, observando la fortaleza de sus hombros, amando sus perfectos brazos, su perfecta garganta gruesa, su rostro deshecho por el placer mientras empieza a follarme rápido y duro, como un animal. Mis pezones palpitan solo con mirar dentro de sus ojos oscurecidos por la lujuria. Atrae su cabeza a la mía e introduce su lengua hasta que me trago mis propios jadeos.
—Me querías. —Sus respiraciones salen rápidas, sus ojos salvajes—. Aquí estoy.
Se mete dentro de mí diez veces, rápido y duro, haciéndome gritar por la alegría de su reclamo, y cuando mis músculos se ponen rígidos y mi cuerpo se prepara para otro estremecedor orgasmo, permite que me corra, manteniendo su ritmo frenético, y luego gruñe y prolonga su orgasmo, saliéndose para frotarse a sí mismo sobre mi piel.
Temblando, mi garganta retumba con un gemido mientras él arrastra la lisa cabeza de su pene a lo largo de mi muslo, mientras una de sus manos acaricia la palpitante punta de uno de mis pechos. Siempre me han gustado mis pechos de copa B, pero se sienten pequeños y frágiles en sus grandes manos. Él gime, sin embargo, en verdad le gusta exprimirlos y trazar círculos con su lengua sobre mi cuello.
—He querido tocarte durante tanto tiempo, pequeña petardo.
Placer se dispara a través de mis terminaciones nerviosas cuando él pellizca y retuerce. Sus dientes raspan la piel de debajo de mi mandíbula, expuesta cuando me arqueo hacia su cuerpo.
Sus músculos me rodean, duros y fuertes, apretando y flexionando, su polla dolorosamente dura y sexy, frotándose por todo mi cuerpo y esparciendo su semen sobre mí. Estoy tan delirante, que quiero tener a este hombre dentro de mi sexo, mi boca y en mis manos, todo a la vez.
Se sumerge repentinamente de nuevo en mi, más duro y más profundo, sus dedos clavándose en mis caderas, y yo estoy mojada e hinchada todavía. Salgo al encuentro en cada uno de sus empujes, gimiendo desesperadamente su nombre.
—Pedro.
Esto no se trata de juegos previos. Es sobre reclamar y tomar, sobre liberar este pulsante y dañino dolor físico que es tan poderoso que hace que me duela el alma. Pero ahora estoy cantando por dentro. No puedo ni siquiera creer el modo en que él huele, la forma en que se siente. Más que todas mis fantasías.
Y me doy cuenta mientras estoy jadeando un por favor, oh dios, eres tan duro, te sientes tan bien, que él tiene su propio canto, diciéndome lo dulce y húmeda que estoy mientras lame cada parte de mí que puede. Me encanta que deje su aroma sobre mí, que me lama en todas partes, que pueda sentir sus dientes, su piel, la mordedura de sus fuertes dedos en mi carne.
Sonidos salvajes salen de mí, como respiraciones entrecortadas. No hay manera de que contenga estos primitivos y lujuriosos sonidos. Los más profundos de Pedro hacen que me vuelva loca. Surge por detrás de mí, asomándose para ver mis pechos rebotar mientras él me folla duro, con ferocidad, y sus ojos brillan como los de un depredador mientras sus caderas chocan contra las mías. Él es primitivo, animal, tomándome, y es mío.
Mis dientes chocan mientras mi cuerpo se aferra a cada centímetro empujando. Mis dedos se clavan en su culo, mientras le atraigo más profundo, retorciéndome bajo su peso hasta que me rompo. Libero un grito cuando su calor se derrama dentro de mí, y él sigue con un gemido bajo, apretando mis caderas mientras desacelera el ritmo hasta que somos una masa de músculos y huesos cansados, sudados, despeinados y enredados sobre la cama.
Me siento deliciosa después. Relajada y cálida, y muy, muy querida.
-----------------------------------------------------
Bueno.... por fin no? Jaja espero que les guste el capitulo!! el que no le guste no lea!!
besos!!♥
sábado, 4 de enero de 2014
CAPITULO 19
El Underground hierve a fuego lento con la energía esta noche, y durante la última hora he dejado de buscar a Delfina entre la multitud, de alguna manera temiendo la visión de mí animando a que se fuera a la clandestinidad. Estoy decidida a hacerla salir, no sé cómo voy a hacerlo todavía. Pero definitivamente lo estoy tramando.
Por ahora, me he permitido a mí misma ser barrida en la magia de las peleas, y me encuentro viendo todos los contendientes más ávidamente de lo que nunca antes, aunque sólo sea para tratar de ver sus estrategias de lucha en caso de ser finales y tener que enfrentarse a Pedro.
Algunos luchan muy sucios, y me doy cuenta de que no hay nadie que luche como él. Pedro lucha como a él le encanta. Tiene una explosión para arriba en el ring, y lo hace parecer como si fuera un león, y su oponente un ratón, y que sólo está jugando con él. Salta hacia arriba y hacia abajo algunas veces y hace que la gente participe en ocasiones cuando él agarra a su oponente, y luego lo suelta y apunta hacia él como si pidiera, "¿Todos quieren que golpee la cara de este gilipollas?"
Por supuesto que la multitud ruge, y estoy furiosa, alterada y más exaltada simplemente observándolo.
Cuando fue anunciado esta noche, la multitud de Austin se volvió loca, la mayor parte de todos los presentes de pie y gritando, y lo miró con un estómago revoloteando mientras aparece por el sendero y se sube al ring, y de repente la habitación se llena de vida con él.
Ahora las pancartas siguen ondeando a través del cuarto mientras se libra de su tercer rival de la noche, y ha llevado al otro hombre tan mal, que probablemente va a terminar en un par de minutos más.
Está en una buena racha. Ha tomado a cabo cualquier cosa y todo lo que trae hacia fuera. En realidad no he visto a ninguno de sus oponentes capaces de conseguir un buen golpe en él, su rostro está intacto y también lo está su guardia.
De alguna manera siento que está demostrando algo a esta ciudad, donde nació. Me siento como si estuviera diciéndole a sus padres con cada golpe que estaban equivocados. Y eso me hace animar privadamente para él aún más. Estoy tan sorprendida de lo que he aprendido, y simplemente no puedo imaginarme a Pedro estando encerrado en cualquier lugar, impotente y enojado. Es un hombre que es fuerte y primitivo, que sabe exactamente lo que quiere, y me enfurece pensar que cualquier persona le hizo daño cuando era más joven y más vulnerable. Me hace sentir ferozmente protectora de él, y me hace desear que lo hubiera conocido antes, como si hubiera podido incluso hacer algo para detenerlo.
Oigo el golpe de su nocaut y los gritos que siguen, y mi corazón ya está saltando en mi pecho mientras el maestro de ceremonias agarra los brazos de Pedro y los levanta.
—¡Nuestro ganador de la noche Peeeedoo Alfonsoo, RIPTIDE!
Su brazo levantado en señal de victoria, mi respiración se sostiene en anticipación mientras espero a lo que viene después. Lo que hace siempre después.
Él me busca con sus ojos mieles.
Mi cuerpo se apodera del instante en que balancea su mirada a la mía. Su sonrisa parpadea, pero tiene un borde hoy. Él ha estado luchando con fiera intensidad, y su sonrisa es igual de intensa, una explosión de sexo, y de repente no hay nada inocente y juguetón al respecto.
Mantiene su mirada entrenada posesivamente en mí mientras su respiración continúa sacudiendo su poderoso pecho y los riachuelos de sudor se deslizan por su cuerpo, y se ve tan perfecto como lo hizo el primer momento en que puse los ojos en él en Seattle.
Lo quiero más que nunca.
Estoy tan mojada y tan desesperada por lo que me hace sentir, sólo me quedo mirando hacia él, no devolviéndole la sonrisa, mis ojos implorando a que termine lo que está pasando entre nosotros, sea lo que sea de los saltos como corrientes de electricidad entre nosotros cada vez que estamos cerca. He puesto todo por ahí, diciéndole que lo quiero, y él sigue siendo tan inalcanzable para mí como una cometa.
Con los ojos mieles brillando, me señala ahora, y luego a sí mismo, y luego a una figura acercándose a mí en el camino delante de mi asiento. La figura lleva una rosa de color rojo brillante.
Ella se mete en mi línea de visión. —De Pedro —la sonriente chica joven susurra.
Otra rosa sigue, y una voz diferente afirma con orgullo. —De Pedro.
Una tercera cae en mi mano. —De Pedro.
Una cuarta. —De Riptide.
—De PA. Lo siento esos idiotas que insultaban...
—De Pedro.
Mi pulso está en algún lugar cerca de la luna, mientras que al mismo tiempo, mi parte inferior cae por debajo de mí. Me quedo en la más absoluta incredulidad en la línea de personas que se forma delante de mí, fácilmente varias decenas, todos ellos dándome rosas rojas de él. Él observa, con esa sonrisa con hoyuelos que bastante me dice que le pertenezco a él, y me duele mi corazón así tanto que quiero arrancarlo de mi pecho y tirarlo en algún sitio. Palabra de lo que hizo en Los Ángeles debe haber ido a través de Twitter o no sé qué, lo único que sé es que mis brazos están llenos de rosas, y todas son de él.
De un hombre que lucha como loco, que me excita como ningún otro, es la cosa más sexy que he visto nunca. Del hombre que me toca música sexy, que me da su camiseta para dormir, que me protege tan fieramente como un león, y sin embargo no me llevará cuando esté desnuda y temblando en sus brazos.
Y de repente, no puedo soportarlo más.
Ni siquiera lo miro cuando montamos de nuevo a la casa. Su mirada está pegada a mi perfil, cada célula de mi cuerpo consciente de ello. Yo sé que él quiere saber si estoy agradecida por mis rosas, pero mis entrañas están furiosas, hirviéndose a fuego lento. Todo mi deseo hacia él no se ha apaciguado, y se ha transformado en el tipo de ira que probablemente me dará una enfermedad y me matara.
Estoy temblando con ello. Con necesidad. Con dolor. Con furia.
Cómo se atreve.
Hacerme quererlo así.
Me ofrece el trabajo de mis sueños, y luego se convierte en el centro de mi propia existencia, hasta que estoy lista para arriesgar todo por él. Incluso mi trabajo. Mi familia. Mis amigos. La ciudad en la que crecí.
¡Cómo se atreve a tocarme en la ducha, y besarme como si quisiera comerme por cada comida hasta que muera! Cómo se atreve a ser mi fantasía que vive y respira, cobrando malditamente vida, y sólo se burla y me tortura hasta que no lo soporto. Me sentía tan condenadamente libre y feliz que no tenía ningún drama romántico. Yo solía escuchar a Melanie criticando y elogiando y me gustaría decirle, "Mel, él es sólo un hombre. Barbilla encima y en la próxima." Y ahora estoy con nudos por un hombre, y mi consejo es una mierda porque no hay otro hombre como él para mí.
Ya ni siquiera me siento libre. Estoy tomada y sin embargo, el hombre que me ha tomado emocionalmente no me tendrá. Si no estuviera tan enojada y frustrada, me tiraría la mayor fiesta de autocompasión de mi maldita vida después de la que lancé en consecuencia de la prueba olímpica.
—Fuiste impresionante, Pedro —Diego le dice en el coche, con un suspiro de placer puro—. Hombre, fue una gran noche.
—La pelea —El entrenador dice, sonando lo más feliz que jamás he oído que el sombrío hombre hablara—. Nunca se rompió el formulario. Nunca cayó la guardia. Incluso Paula sintió el amor esta noche, ¿eh, Paula?
El silencio sigue, y yo me mantengo quieta en mi asiento y mantengo mi mirada en las luces parpadeantes por la ventana como si no estoy ni siquiera escuchando su conversación.
Me niego absolutamente a borbotear de mis rosas o felicitarlo. Sí, sus fans me colmaron de rosas y luchó como un verdadero maldito campeón maravilla... mi coño se aprieta mientras recuerdo los arados de gran alcance de sus puños, y ahora me niego a pensar más en eso.
—Tú mataste totalmente —dice Ruben.
Me doy cuenta de que pedro no contesta sus elogios. Su mirada ahora se siente como una marca ardiente en mi perfil y su energía se está volviendo tan tumultuosa como la mía. Él debe haber querido una reacción diferente con su gesto. Debe haber querido que yo sea toda efusiva y le diga, "¡Oh mi estrella, eres tan increíble!" Pero no lo haré. Porque me gusta lo que hace por mí. No me gusta quererlo así, me gusta que me siento tan volátil, quiero apartar sus ojos y luego llorar por eso. ¡Quiero arrojar todas esas rosas en su regazo y decirle a la mierda ahora porque yo no quiero ni que me jodas más!
Así que cuando las rosas se establecen con el agua en uno de los cubos de hielo en mi habitación y mi ira se ha enconado en proporciones gigantescas, asalto hacia el final del pasillo y encuentro a Diego en la sala de estar fuera de la habitación principal.
—¿Pedro? —Exijo.
—Duchándose. —Él señala a su puerta, y cargo hacia adelante, cerrando de golpe la puerta cerrada, la cierro detrás de mí, y reconozco a través de la habitación, de pie en el umbral del cuarto de baño.
Está totalmente desnudo, mojado, recién salido de la ducha con una toalla en la mano, y al instante él salta erecto.
Su mirada aturdida se fija en mí, y la toalla cae a sus pies.
Nunca he tenido esta visión de él desnudo, y ver su perfección física , en perfecto estado de funcionamiento, sólo me enfurece más. La sangre fluye como lava ardiente en mis venas cuando cargo hacia adelante y golpeo mis puños varias veces contra su pecho, tan duro como puedo sin romper mis huesos.
—¿Por qué no me has tocado? ¿Por qué no te atreves a tomarme? ¿Soy demasiado gorda? ¿Demasiado simple? ¿Acabas de deleitarte en torturarme jodidamente insensato o eres simplemente un maldito mezquino? Para tu información, ¡he querido tener sexo contigo desde el día que entré en tu estúpida habitación de hotel y me contrataron en tu lugar!
Él agarra mis muñecas y airadamente me tironea hacia adelante, clavando mis brazos hacia abajo.
—¿Por qué quieres tener sexo conmigo? ¿Para tener una maldita aventura? ¿Qué iba a ser? ¿Tu soporte de una sola-noche-follando? Yo soy la aventura de cada mujer, maldita sea, y no quiero ser el tuyo. Quiero ser TUYO. ¿Consigues eso? Si te follo, quiero que me pertenezcas a mí. Para ser mía. Quiero que te entregues a mí, no a Riptide.
—No voy nunca a ser tuya si no me tomas. ¡Tómame! Eres un hijo de puta, ¿no te das cuenta de lo mucho que te quiero?
—Tú no me conoces. —se tensa con los dientes apretados, su rostro ansioso mientras aprieta mis muñecas a los lados—. No sabes nada acerca de mí.
—¡Entonces dime! ¿Crees que voy a dejarte si me dices lo que sea que no quieres que sepa?
—No lo pienso, lo sé. —Él agarra mi cara con una mano abierta y aprieta mis dos mejillas, sus ojos violentamente mieles y casi frenéticos—. Me vas a dejar al segundo en que se ponga demasiado elevado, y me dejaras sin nada, cuando te quiero como nunca he querido nada en mi vida. Tú eres todo lo que pienso, con lo que sueño. Lo consigo alto y bajo y es todo acerca de ti ahora, ni siquiera es acerca de mí. ¡No puedo dormir, no puedo pensar, no puedo concentrarme una mierda ya y todo es porque quiero ser el puto "uno" para ti y tan pronto como te des cuenta de lo que soy, todo lo que seré es un maldito error!
—¿Cómo puedes ser un error? ¿Te has visto? ¿Has visto lo que me haces? Me tenías en un hola, ¡maldito idiota! ¡Me haces quererte hasta que duele y no vas a hacer una mierda!
—¡Porque soy un jodido bipolar! Maníaco. Violento. Depresivo. Soy una bomba de tiempo de mierda, y si uno de mi staff se mete cuando llegue otro episodio, la siguiente persona que lastimare puedes ser tú. Yo estaba tratando de decirte esto lo más lento posible para que pudiera soportar al menos una oportunidad contigo. Esta mierda me ha quitado todo. Todo. Mi carrera. Mi familia. Mis putos amigos. ¡Si toma esta oportunidad contigo, no puedo ni siquiera saber lo que voy a hacer, pero la depresión me golpeara tan profundo, que probablemente va a terminar matándome a mí mismo!
Mis ojos arden mientras las palabras flotan como latigazos terribles en mi cabeza. Cada palabra impactante aturde a mis huesos. Él maldice y me libera, y doy un paso atrás y veo que da un paso furioso dentro de un par de pantalones de cordón.
Sin poder hacer nada, lo veo agarrar una camiseta del armario, y mi corazón se ha parado completamente latiendo en mi pecho. La palabra "bipolar" no es en realidad una palabra con la que estoy familiarizada, sino por escuchar desde lejos. Nunca he conocido a nadie que lo haya tenido, pero de repente me vuelvo a través de estas semanas, y me da una pequeña pista de ello. Lo hago. Lo entiendo. Pedro tanto se ama y se odia a sí mismo. Él ama y odia su vida.
Un segundo está todo bien, el siguiente es todo malo. Él es caliente, entonces frío. Tal vez nunca se ha aceptado, ni siquiera por él mismo, y tal vez todo el mundo se cae en frío al segundo en que se pone... elevado.
Mil emociones se enturbian en mi pecho, y apenas puedo contenerlas a todas en mi cuerpo.
Su pecho se levanta entonces cuando él me mira a través de la habitación ahora, sus ojos miel brillante mientras aprieta las manos a los lados y espera a que yo hable, la camiseta todavía en su agarre, colgando a su lado.
De repente, todo lo que sé es que este hombre tiene proporciones divinas en mi mente, pero ahora me doy cuenta de que él también es humano e imperfecto, y con cada pulgada de dolor, temblorosa de mi cuerpo, lo quiero aún más. Tanto que quiero ahogarme si me rechaza esta noche.
Arrastrando una respiración fortificante, mis manos tiemblan mientras poco a poco abro los botones de la parte superior, tamizando uno por uno a través de mis dedos. El roce hace que sus ojos caigan sobre mi pecho y sus ojos parpadean en dolor. Su mirada me devora con tanta ferocidad, siento la mordedura de sus ojos en mi corazón.
—Te tomare tal cual. No me estoy medicando. Me hace sentir muerto y tengo la intención de vivir mi vida —advierte en un áspero, furioso susurro.
Asiento con la cabeza en comprensión. Me negué a tomar antidepresivos cuando supuestamente, clínicamente, los necesitaba después de mi caída. Creo que es tu decisión como vives con tu enfermedad, y, a veces el remedio es peor que la enfermedad. Es un hombre quien come tan bien, y cualquier producto químico puede desequilibrarlo. Ya lo veo.
No soy nadie para decirle lo que debe hacer. Pero, ¿se da cuenta de lo importante que es? ¿Dónde él ha llegado, todo por su cuenta? ¿Él ve el gran equipo que ha construido? Puedo ver como Coach, Diane, diego y Ruben lo aman, aun cuando se pelean. Yo quería pertenecer a este equipo, pero ahora sólo quiero pertenecer a este hombre.
Y quiero que él me pertenezca a mí.
—Quítate la ropa.
Sacudiendo mi último botón, separo mi camisa por el centro, y la camiseta que todavía está sosteniendo en un apretón de ovillo cae al suelo cuando sus dedos espasmódicamente se abren.
Sus ojos me barren, su voz una escofina de dolor enojado.
—No tienes idea de lo que estás pidiendo.
—Te lo estoy pidiendo.
—No te dejaré jodidamente abandonarme.
----------------------------------------------
Mañana Mañana Mañanaaaa! @SilvinaAraceliR
viernes, 3 de enero de 2014
CAPITULO 18
No puedo ver como un hombre que realmente quiere a una mujer pueda frenarse de esta manera. Pedro es disciplinado y el hombre mas fuerte que he conocido, pero al ver la puerta y recordar su tacto, la forma en que llegue por el, no creo que sea posible que pudiera contenerse si me quiere tanto como yo. Mi sexo duele como nunca antes, estoy tan hinchada al recordar sus golpes de lengua y el roce de su muslo. Mi hambre no solo se ha apaciguado, se ha hecho imposible y se ha triplicado hasta que siento rabia. Se acaba de abrir una insaciable sed y no me siento satisfecha, me siento vacía y ansiosa. Toda mi vida esta noche se centra en observar la puerta, ¿No siente ni por asomo lo que yo siento por el?
Hay una parte de mí, la chica que se rompió el ligamento y que no pudo cumplir su sueño, la chica que no cree realmente que pueda tener algo maravilloso, se pregunta si me quiere en absoluto.
¿O solo quiere jugar conmigo?
Entonces me pregunto si este es el tipo de sentimiento que tiene mi hermana Delfina que para empezar esta en problemas.
***
En Austin, nos alojamos en una casa de seis dormitorios con un granero incluido, y tiene un fabuloso granero rojo donde Pedro entrena. Él había estado empujando los neumáticos del tractor durante todo el día. Corriendo por las escaleras externas con bolsas de cemento sobre los hombros. Subió cuerdas colgadas sobre las vigas del granero, flexionó los brazos sobre las vigas y luego corrió conmigo alrededor de la propiedad. Él entrenaba como una bestia, y tenía el mal humor como los gorilas, también. Sin embargo, parecía especialmente malhumorado con los otros miembros de su equipo y conmigo parecía estar tranquilo, así que Ruben y el Entrenador seguían rogándome para ir a buscarlo cuando él comenzaba a molestarse por algo y maldecía todo con sus guantes.
Esto ha sido una tortura para mí, estos frecuentes estiramientos. Deslizar mis manos por su pecho sudoroso. Austin es caluroso en julio, y él se quita la camisa y el contacto de piel contra piel perturba cada pequeña y gran parte de mí, regresándome a cada sensación que sentí en la cama con él.
Cada noche después del incidente del huevo hace una semana, me he acostado en la cama mirando hacia la puerta. Sé que debería tocarme para encontrar un poco de alivio, pero lo que quiero de él va mucho más allá del sexo ahora, no quiero decir esas palabras aún. Aunque sé muy bien lo que es.
En nuestro vuelo hasta aquí, intercambiamos música, y me encontré siempre sin aliento, a la espera de ver que canción reproduciría para mí. Intenté mantener mi selección lejos de los romántico, y de hecho tuve una emoción privada cuando frunció el ceño a todas las canciones feministas que lo yo le elegí.
Él, por otro lado, reproducía las canciones más románticas que yo escuché mientras crecía, lo cual fueron usadas en una película para chicas en los créditos, donde un chico toca la canción al amor de su vida con su enorme aparado reproductor portátil al lado. La película era llamada “Say Anything”, pero esta canción era llamada “In Your Eyes” por Peter Gabriel.
Quise, en serio, derretirme en el cuero del avión cuando comenzó a reproducirla para mí, con sus sombríos ojos mieles mirándome atentamente mientras yo me empapaba con la letra sobre encontrar la luz en sus ojos…
Maldito.
Sea.
No me ha tocado desde la noche que nos duchamos juntos. Pero las cosas que dijo… la forma en que me besó… lo deseo tanto, a veces quiero golpearlo en la cabeza y echarlo sobre mi hombro y llevarlo hasta mi cueva, donde solo importaban mis opiniones. Y no salir de ella en toda la noche o mejor, en días.
Hoy estoy dentro de la casa, tomando alguna de las bandas elásticas de mi maleta, podría usarlas con él al final de su entrenamiento en la tarde. Está solo era una táctica, así no lo tocaría más, y me ahorraría otra noche sin dormir de la excitación. Salgo de mi habitación con la banda colgando entre mis dedos, y veo a Diego allí, con la mano en el pomo de la puerta parcialmente cerrada mientras habla con alguien al otro lado.
Mientras me acerco, veo un hombre y a una mujer por el rabillo de mi ojo, y repentinamente me llaman.
—¡Chica! Por favor, ¿Puedes dejarnos hablar con él?
La voz femenina me detiene en seco, dado que yo soy la única chica en la casa, a menos que alguien fuera secretamente un travesti, y no creo que el Entrenador sea uno de esos.
Cuando doy un paso delante, la mujer se apresura hacia mí, su rostro pálido y sus ojos preocupados.
—No sabemos que hacer. Él se siente abandonado, pero era demasiado fuerte y nadie podía controlarlo, no del todo.
Mi cerebro procesa sus palabras en silencio, y mientras lo hago, los miro y recuerdo que Diego esta detrás.
—Nuevamente, realmente lo lamento —replica formalmente Diego—. pero incluso si no estuviera ocupado, no podría hacer que aceptara verlos. Pero puedo asegurarles que yo me pondré en contacto inmediatamente si cambia de opinión.
Los acompaña a la puerta y la cierra con un poco más de fuerza de lo habitual, y libera un largo y reprimido suspiro.
Y finalmente, mi mente habla por mí.
—¿Son los padres de Pedro? —pregunto, perpleja y en shock.
Diego asiente y frota su frente, parece extremadamente cansado. —Sí. Lo son, si puede llamarse así.
—¿Por qué Pedro no quiere verlos?
—Porque los cabrones lo encerraron en una sala de psiquiatría a los trece y lo dejaron allí hasta que él tuvo la edad suficiente como para representarse y salir de allí.
Una horrible sensación se asienta en mis entrañas, y por un momento, lo único que hago es jadear.
—¿Una sala de psiquiatría? ¿Por qué? Pedro no está loco —digo, instantáneamente él se da vuelta y sigo a Diego hasta la sala.
—Ni siquiera me mires. Esta es una de las injusticias más frustrantes que yo he tenido que presenciar en mi vida.
Mi pecho se aprieta, pregunto—: Diego, ¿Estuviste con él cuando fue expulsado del boxeo?
Sacude la cabeza en una negativa, su preocupación no desaparece.
—Pedro tiene un mal genio. Lo enciendes y explota. Su competencia lo quería fuera. Lo provocaron fuera del ring. Mordió el anzuelo. Fue expulsado. Fin de la historia.
—Bueno, ¿Sigue enojado por eso?
Abre las puertas de la terraza que conducen a través del jardín y de la granja, y lo sigo, protegiéndome los ojos del resplandor del sol con mi mano.
—Él está furioso, es cierto, pero no específicamente por esa razón —dice Diego—. Pelear es todo lo que sabe. Es en lo único que ha tenido control en su vida. Al crecer, Pedro solo conoció el rechazo. Es jodidamente imposible conseguir que él se abra. Incluso con aquellos que han estado con él tanto tiempo.
—¿Cómo supieron sus padres dónde estábamos? Pensé que esta casa era para mantener a la prensa lejos por el incidente del huevo.
—Porque esta es la casa de Pedro —dice Diego mientras veo el encantador granero rojo a través del patio—. Después de que pudo salir, peleó por dinero, luego levantó esta casa, tratando de demostrarles a los adultos que él podía ser alguien… Sus padres aún no querían saber nada de él. Se quedó con la casa y ahora sólo la utiliza cuando estamos en la ciudad y se cansa de que la prensa lo acose en los hoteles. Tiene muchos fans aquí.
Me siento confundida por toda esta información. Indignación pura me atraviesa al pensar en un Pedro adolescente encerrado, me siento sin aliento.
—¿Qué clase de padres abandonan a sus hijos, Diego? ¿Y por qué lo buscan ahora?
Diego suspira. —No es de nuestra incumbencia. —Sacude la cabeza con tristeza, luego vemos a Pedro dentro del granero abierto, golpeando la pera que el Entrenador le colocó sobre las vigas. Pareciendo repentinamente asustado, Diego me toma del codo y me acerca más—. No le digas que sabes sobre esto, te lo ruego. Él ha estado de un pésimo humor desde que llegamos aquí. Saber lo de sus padres lo cabreara más, y su temperamento ya es malo en esto días.
Asiento y le regreso el apretón en el codo. —No lo haré. Gracias por la confianza.
—Oye, Paula, deberías ir con él, su forma no es la ideal. El Entrenador cree que tiene un nudo en la espalda baja —grita Ruben.
Asintiendo, me marcho, y escucho, mejor dicho veo, a Pedro golpear el saco más duro y más rápido con cada paso que me acerca a él. Francamente, me sorprende que no se detenga cuando me pongo a su lado.
—El Entrenador no está contento con tu forma y Ruben cree que puedo ayudarte —digo, y mientras veo a esta fascinante y magnánima criatura seguir golpeando la pera con ambos puños cubiertos, con el ceño fruncido de concentración, no puedo dejar de admirar lo que Pedro ha hecho de sí mismo a pesar del rechazo que enfrentó cuando era más joven.
—¿Pedro? —insisto.
No responde, y en su lugar se mueve hacia los lados y lanza su puño detrás del otro en cuestión de nanosegundos, haciendo que la pobre bolsa vuele.
—¿Me dejas darte un masaje? —continuo.
Inclina su cuerpo otra vez y me da una visión de su magnífica espalda, y sigue golpeándola como un loco. Quiero tocarlo, especialmente después de lo que Diego me dijo, así que dejo la banda elástica a mis pies, por ahora, la última cosa que quiero es algo interponiéndose entre él y yo.
—¿Vas a responderme, Pedro? —Mi voz baja a medida que me acerco, alargando mi mano hasta su brazo.
Golpea. Golpea. Y vuelve a golpear la pera.
Toco su espalda. Se tensa, deja caer su cabeza, y se detiene, se quita los guantes de boxeo y los arroja a un lado.
—¿Te gusta él? —susurra en voz baja, su toque es suave cuando alarga la mano y la pone justo donde Diego me ha tocado—. ¿Te gusta cuando te toca? —Pero sus ojos, querido Dios. Arden dentro de mí. Su mano es el doble de tamaño del de Diego y hace que mi cuerpo sienta muchas cosas en mi cuerpo.
Lo miro fijamente, las mariposas estallando en mi vientre, y sea lo que estamos jugando, quiero que termine pronto, quiero que se detenga. Hay algo increíblemente animal en la forma en que actúa a mi alrededor que enciende mis más bajos instintos.
—No tienes ningún derecho sobre mí —digo con rabia y sin aliento.
Su mano se contrae. —Me diste ese derecho cuando te viniste sobre mi muslo.
Mis mejillas arden ante el recordatorio. —Aún no soy tuya —replico—. ¿Quizás tienes miedo de que yo sea demasiada mujer para ti?
—Te he hecho una pregunta, y quiero una respuesta. ¿Te gusta tanto cuando otros hombres te tocan? —exige.
—No, idiota, ¡me gusta cuando tú me tocas!
Después de mi arrebato, mira fijamente mi boca mientras su pulgar acaricia el borde de mi codo. Su tono es ronco.
—¿Cuánto te gusta mi toque?
—Más de lo que me gustaría —retrocedo un poco, jadeando y sin aliento por su culpa.
—¿Te gusta lo suficiente como para dejarme acariciarte en la cama esta noche? —pregunta lacónicamente. Tengo hormigueo en la piel, y entre mis piernas, está volviéndose increíblemente cálido. Sus pupilas se agrandan por completo con el hambre.
—Me gusta lo suficiente como para dejar que me hagas el amor.
—No. No haremos el amor —Aprieta la mandíbula y me mira con ojos mieles atormentados—. Sólo tocarnos. En la cama. Esta noche. Tú y yo. Quiero hacerte venir otra vez. —Me mira, la pregunta esta en su expresión. Siento su oscuro temperamento turbio debajo de la superficie, frustrado. Hay una necesidad en mí que quiero apaciguarlo… pero no puedo llegar a él.
Quiero tocarlo tanto que duele, simplemente no puedo entender por qué él se resiste al llamado y no me toma. No puedo soportar una noche en sus brazos sin terminar como se debe.
Liberándome de su agarre, mi voz se endurece. —Mira, no sé que es lo que esperas, pero no quiero ser tu juguete.
Me agarra otra vez y me acerca, inclinando su cabeza hacia mí. —No eres un juguete. Pero necesito hacer esto a mi manera. A mi estilo. —Entierra su cara en mi cuello y me olfatea, y su lengua lame rápidamente mi oreja. Gimo y subo mi barbilla para que así nuestras miradas se encuentren—. Estoy tomando las cosas con calma para ti. No para mí.
Mis rodillas amenazan con doblarse, pero de alguna manera me las arreglo para negar en desacuerdo.
—Esto se está poniendo aburrido, y ya estoy perdiendo el interés. Vamos a darte ese masaje
Voy hacia su espalda, y él se aparta como si le estuviera deslizando un cuchillo.
—No actúes como si esto te importara. Ve a masajear a Diego.
Toma su toalla, la desliza sobre su frente, luego vuelve a golpear la pera con rapidez con las manos desnudas.
Frunciendo el ceño, le digo—: Yo no le gusto.
—Es el eufemismo del siglo, nena —dice, rodando sus tristes ojos.
------------------------------------------------
alguien esta celosoo... alguien esta celosooo lalalalala
Jaja espero que les guste el capitulo!!
Que le pasa a Pedro??? lo sabrán en el próximo capitulo!!
Gracias por leer!♥
miércoles, 1 de enero de 2014
CONTINUACIÓN.....Bonus
Debilidad viaja por mis piernas y esta tomando cada gramo de mi voluntad. Nunca anhele la mirada de nadie como la suya, necesite el toque de alguien como necesito el de él. O quise algo tan dolorosamente feroz como lo quiero.
Mi garganta se siente adolorida mientras hablo —No deberías tener… decir eso sobre mi. Pedro. Ellos van a pensar que tu y yo… tu y yo…— sacudo mi cabeza, consciente de como mis dedos hormiguean en el agua por la necesidad de tocar su cabello picudo.
—¿Qué eres mía?
La palabra “mía” en sus labios, hablando mientras esos intensos ojos mieles me miran, hace que mi estomago se contraiga con doloroso deseo no correspondido.
Me río.
—¿Qué es tan gracioso? — el abre la puerta de cristal y envuelve una toalla alrededor de sus caderas, dejando caer al suelo como una bofetada sus pantalones de cordón, su camiseta le sigue. El se vuelve y me cubre con una gran toalla y me arrastra a la cama. El me deja en el centro, su voz con un deje de risa, pero su rostro con el ceño fruncido
—¿La idea de ser mía es tan graciosa?
Llega bajo mi toalla y me quita las bragas, y luego mi sujetador, luego pasa la toalla por mi cabello y luego mi cuerpo, sus ojos mieles no brillan mas.
—¿La idea de ser mía es graciosa? — el cubre mis dos pechos con la toalla y me seca, sin dejar de mirarme —. ¿Es divertido Paula? —insiste mirándome fijamente a los ojos.
— ¡No! — la palabra es solo un grito ahogado cuando el deseo se dispara a través de mis terminaciones nerviosas. Mis caderas inclinándose hacia arriba cuando comienza a secar entre mis piernas, y no puedo dejar de hacerlo.
Corre la toalla a lo largo de mis piernas, y lamo mis labios mientras por fin inclina su cabeza, mis huesos se vuelven líquidos con el rojo y puro deseo. Parece especialmente obsesionado con secar mi rodilla. La toalla casi amorosa mientras la frota sobre mi cicatriz. Una fiebre ardiente sigue a la toalla mientras lo miro sin poder hacer nada.
Una gota de agua se adhiere a una de las pequeñas puntas marrones de sus pezones, y me lleva toda mi fuerza de voluntad no inclinarme y chupar. No la gota de agua. Su pezón.
Mi corazón late cuando me acerco, mi mano temblando mientas toco la parte superior de su cabeza.
— ¿Alguna vez has sido de alguien? — le pregunto, un susurro dentro de la tranquila habitación.
Levanta su cabeza a la mía, y lo quiero tan mal, que me consume por dentro, como si el poseyera mi alma, y ahora mi alma sufre queriendo que posea mi cuerpo.
Una poderosa emoción tensa su cuerpo mientras llega y acuna mi mejilla en una de sus grandes manos, y hay una ferocidad inesperada en sus ojos, en sus caricias, mientras me agarra.
—No, ¿Y tu?
— Nunca quise.
—Yo tampoco.
Este momento es íntimo. Pesado con cosas no dichas. Algo sin nombre saltando entre nosotros. De el a mi. De mi a el.
Arrastra su dedo a lo largo de mi mandíbula como si estuviera memorizando. Ondas se disparan a través de mi cuerpo mientras continua acariciando mi cara, todo el tiempo me miro con esos impresionantes, desgarradores y hermosos ojos mieles, como si estuviera absorto. Su voz es terciopelo en mi piel.
— Hasta que vi esta hermosa chica en Seattle, con ojos dorados y labios gruesos y rosas… y me pregunte si me podía entender…
Mi pecho palpita por sus palabras inesperadas, y cuando inclina su cabeza mas cerca, su mirada casi pidiendo permiso, su aroma a jabón y champú y agua se aferra a mis fosas nasales.
El dolor de necesidad por su toque palpita a través de mi, pero en lugar de llegar a mi, extiende la toalla y la dibuja por encima e mi cuerpo y me cubre suavemente. Su voz es áspera por la emoción.
—Quiero decir tantas cosas Paula, y yo simplemente ni puedo encontrar las palabras para ti.
El pone su frente en la mía e inhala profundamente. Poco a poco su respiración me sigue, arrastra su nariz a lo largo de la mía.
—Tu me haces nudos— aprieta su boca en la mía. En pocas palabras. Luego se retira, respirando con dificultad, y me mira con los ojos entrecerrados —. Quiero hacerte escuchar un millar de canciones diferentes para que puedas tener una idea de lo que…siento dentro de mi...
La necesidad pasa a través de mis venas, mis nervios, mis huesos, mientras acaricia con su pulgar mi mandíbula y alrededor de mi oreja. Escalofríos atraviesan mi cuerpo mientras desliza su dedo índice sobre mi labio superior. Acaricia libremente mi trasero y gimo. Hay un dolor en mis pezones, mi sexo esta mojado, mi corazón desbocado.
Tira de mi cara a sus manos acomodándola a la suya, ajustando mis labios suavemente a los suyos mientras dibuja su lengua en mi boca, chupándome con fuerza.
Me quejo y agarro sus hombros con mis uñas, atrayéndolo hacia mi.
—¿Por qué no me tomas, Pedro?
El gime y me tira mas cerca.
—Porque te quiero demasiado.
Su lengua cae dura contra la mía y sensaciones se despiertan en mis terminaciones nerviosas mientras inclina su cuerpo contra el mío, su piel húmeda y caliente, la toalla cayendo a mi cintura y mis pechos siendo aplastados por su diafragma.
—Pero te deseo tanto y estoy protegida— le suplico para engatusarlo— . Se que estas limpio. Te haces la prueba todo el tiempo y yo… — me estremezco contra la sensación de sus músculos contra mis pezones sensibles, duros y abombados. Mi caderas se inclinas por puro instinto y yo solo soy una mujer. Buscando a su hombre. Su dureza. Su toque, no puedo respirar, no puedo pensar, quiero que el lo desee.
Un orgasmo no es lo que quiero y lo sabe. Lo que quiero, necesito, es mucho más que eso. Es la conexión. El contacto estimulante con este ser humano, un ser que me hace reaccionar como ningún otro. Echo de menos su toque, sus besos. No me importa si solo me da un poco de lo que pueda dar, tengo que alimentarme, y mi cuerpo nunca ha estado tan hambriento.
—Te quiero en mi cama de nuevo. Quiero besarte, abrazarte— se queja.
—No puedes seguir con esto, por favor, solo hazme el amor…— le ruego.
Me impulso contra el cuando toma mi boca con avidez, muevo mi cuerpo hasta que una de sus piernas esta entre mis muslos.
Mordisquea mis labios, sus manos despeinándome. Estoy tan desesperada que paso mis uñas por sus brazos mientras froto mi sexo contra su duro músculo. Las sensaciones se disparan. Gimo, sintiendo la tensión en espiral en sus hombros, el suave terciopelo de su pecho mientras me devora, y en el primer rose de mi parte intima contra su muslo, exploto.
Temblando incontrolablemente, lo siento ponerse rígido por la sorpresa de mis asombrosamente poderosas convulsiones. Sus manos se extendieron rápidamente en mi espalda y me aplana levantando la pierna entre mis muslos y moliendo con sus músculos mi ciclotiris, su boca hambrienta toma todos mis gemidos en su interior.
Cuando he terminado, se cepilla el pelo hacia atrás y se ve positivamente intimo. Su voz. Intima. Suave con ternura.
— ¿Eso se sintió lo mitad de lo bueno de lo que parece? — sus dedos arrastrándose a lo largo de mi mejilla en un toque susurrado, y todavía no hay suficiente aire en mis pulmones.
Lo. odio.
Me siento como si le hubiera dado todo y no tengo nada a cambio, a pesar de que yo era la que estaba complacida. Aseguro enojada mi toalla a mí alrededor, miro la habitación, en lo que sea menos su hermosa y sexy cara.
—Te aseguro que no sucederá de nuevo— le susurro para mi completa y total vergüenza.
Besa mi oído, su voz ronca —Me asegurare de que lo haga.
— No cuentes con ello. Si quería tener un orgasmo solo pude haber hecho yo misma, sin dar a nadie ningún espectáculo— Con la toalla aferrada a mi pecho me siento y pregunto —. ¿Me prestas una camisa?
Poco a poco sus labios se tuercen y un hoyuelo aparece, una especie de sonrisa arrogante que me hace sospechar que le gusta la idea de mi usando algo de sus cosas, y se dirige al armario mientras espero que vuelva, me siento toda cachonda y sin sentido.
Su hermoso torso esta todavía un poco húmedo, y no puedo evitar de mirar la manera en que la toalla se aferra a sus estrechas caderas. Su cuerpo es la perfección. Su culo desafía la gravedad, esta tan perfectamente ajustado, redondo y musculoso. Cada vez que lo veo en cualquier tipo de ropa, se me cae la baba equivalente a un pequeño océano.
Quiero verlo desnudo y tocarlo una vez mas esta noche, yo detesto no ser capaz de dormir del tormento de querer sentirlo dentro de mi. ¿Puedo incluso dormir aquí? ¿Querer lo que esta listo para darme?
No, yo no voy a dormir con el esta noche, solo para besuquearnos como adolescentes, estar en la primera, segunda y tercera base sin pasar por todo…
No.
Por supuesto que no.
Quiero que me haga el amor. Lo. Necesito. Maldita sea. Odio que pueda controlarse y contenerse mientras estoy completamente desecha por el.
Me entrega una camiseta negra, lo había visto usarla antes, en nuestro primer vuelo en Atlanta.
—¿Esta bien? — pregunta con esos profundos ojos mieles que todo lo saben.
Me deslizo la camiseta, sintiendo la tela a lo largo de mi piel y la sensación despierta un hormigueo por todo mi cuerpo. Permanece de pie a los pies de la cama, y sus ojos indagan en mí. Son ojos íntimos, los ojos que me han visto desnuda y hacen mi dolor mas profundo y a mi coño retorcerse.
—Ven a comer algo conmigo— dice, y lo sigo ni una pizca relajada después del increíble orgasmo que me dio.
—Vamos a ver lo que Diane nos dejo— le digo al estudiar el contenido en el cajón que contiene la comida de la suite presidencial. Lo destapo y le lanzo una sonrisa.
—Huevo. Deben de estar baratos esta noche.
Los hoyuelos de nuevo, juvenil y sexy se queda mirando mi boca. Ni siquiera creo que se de cuenta que me esta mirando con tanto ardor. En silencio saca dos tenedores del cajón y se acerca.
—Ven a compartir.
—Oh no. No hay más huevos para mi esta noche. Disfruta.
El pone el plato abajo y me sigue hasta la puerta, agarrando mi muñeca para detenerme.
—Quédate.
La solicitud abrupta dispara una ola de calor a través de mí.
—Me quedo— le digo, mi voz suave pero firme —. Cuando me hagas el amor.
Nos miramos y luego suspira y mantiene la puerta abierta para mi, poniendo su cuerpo de tal manera que tengo que restregarme cuando salgo. El contacto me quema. Sus ojos me miran todo el camino a mi habitación. Quemándome.
Por la noche me quede despierta, en uno de los dormitorios de la otra suite presidencial, con Diane descansando en la otra habitación, y yo todavía estoy en llamas. Estoy en la cama con la puerta abierta, mis oídos alerta a cualquier ruido, en caso de que Pedro tenga una llave extra de esta suite, y el pudiera venir a buscarme.
Su gran y maravillosa camiseta es mucho en mi pequeño cuerpo, y me hundo en ella. Se siente suave contra mi piel, y aquí estoy temblando de deseo, deseando que se descomponga y venga a buscarme y me diga que esta listo para mi. Estoy tan lista para el. Solo ven y hazme el amor, pienso esperanzada.
A las dos de la mañana, todavía no lo ha hecho y sigo despierta.
------------------------------------------------------
CAPITULO 17
Jadeando, lucho con fuerza renovada. – No, No. pedro, déjame ir, tengo que seguirla.
Lucho inútilmente por ser liberada, trato de torcer su agarre.
–Vamos, Pedro, vamos, por favor.
Pero a medida que la multitud enfurecida se congrega alrededor de nosotros, me aprieta más fuerte a él y agacha la cabeza hasta mi oído.
–No ahora, pequeño petardo.
Su voz es baja y tranquila, pero la advertencia instantáneamente me hace parar de retorcerme. Con un brazo, me mete en su costado y nos empuja a través de la multitud, su gran cuerpo arrasándonos a través de la multitud.
Una multitud que, por primera vez en mi vida, grita insultos en mi cara.
Me arañan mientras pasamos ‘’Perra. Es tu culpa, perra estúpida’’
Mis ojos se abren en horror mientras absorbo las miradas asesinas de los fans de Pedro, y estoy tan sorprendida que me acurruco a sus brazos y lo dejo acompañarme fuera sin una sola queja. Diego, Ruben y el entrenador nos esperan en el coche.
—Jodida mierda— El entrenador comienza tan pronto como la puerta se cierra detrás de nosotros y la limusina se detiene en el tráfico.
—Bajaste a tercero. Tercero. Posiblemente cuarto— Diego sombríamente le informa y le entrega una camiseta y pantalones deportivos que él generalmente usa después de una pelea.
—Tenías esto bajo control, Pedro. Estabas entrenando tan jodidamente bien que hubieras tenido su culo en un palo, hombre.
—Ya lo tengo, entrenador, simplemente relájate — Pedro rápidamente se empujó en sus ropas casuales sin quitar sus pantalones cortos de boxeo, entonces de inmediato me reduce a su lado como si él pensara que voy a arrojarme fuera del coche.
Frota su mano por mi brazo arañado mientras tranquilamente se enfrenta a los tres furiosos hombres ante nosotros, pero estoy tan nerviosa que me retuerzo libre y me deslizo hacia la ventana, donde me quedo mirando todas las caras que se derraman fuera del club en busca de Delfina.
Añadiendo a mi decepción de haber arruinado por completo la pelea de Pedro esta una increíble sensación de culpa por mí hermana. ¿Cómo no pude ver que mi hermana estaba en problemas? ¿Cómo pude haber comprado la mentira con la que nos ha estado alimentando, a través de postales, por un año entero?
—Estas en la peor ubicación en la que has estado en años, hombre, la concentración es una mierda.
—Diego, he jodido lo que tengo. No voy a arruinar esto.
—Creo que Paula debe quedarse en el hotel la próxima pelea—murmura Ruben.
La risa de Pedro gotea sarcasmo puro. — Paula viene conmigo. — él vuelva a encajar.
—Pedro... —Diego trata de razonar.
***
Cuando llegamos al hotel, todos estamos en el mismo ascensor, y estoy agitada cuando veo los números subir más lento que nunca. No sé lo que voy a hacer con Delfina, pero sé que tengo que hacer algo. Las puertas ruedan abiertas en mi piso, y oigo a Diego dirigiendo a Pedro mientras yo salgo, y la voz molesta de Pedro chasqueando cerca detrás de mí.
—Diego, estamos hablando de esto más tarde, solo refresca tus nueces, los tres.
—¡Vuelve aquí, Pedro, tenemos que hablar contigo!
—Habla con la pared.
Desesperada por escapar, entro en mi suite, pero escuchándolo inmediatamente detrás de mí.
—¿Estás bien?
Él cierra la puerta, y la repentina visión de él en esa ropa sexy que lleva después de una pelea, un par de pantalones a baja altura y una camiseta suave que abraza todos sus músculos, y esa hermosa cara tan llena de preocupación y desordenado pelo oscuro de punta, hace que mi corazón se estanque y mis piernas quieran correr hacia él para que pueda sentir la fuerza de sus brazos alrededor de mí otra vez.
Desesperadamente quiero esos brazos sosteniéndome ahora, cuando mi mente gira en todas direcciones, aturdida por lo que acaba de suceder. Pero sé que no merezco esos brazos sosteniéndome en primer lugar. Es obvio que él lo jodio por mí, como si no es suficiente que me he estado sintiendo últimamente lamentablemente inadecuada e indigna de él, ahora tengo que vivir con el hecho de que él cayó al tercer o cuarto lugar a mi cuenta. Dios.
Se ve tan fuerte y poderoso mientras está de pie delante de mí, todo sudado y las venas de su brazo bombeando con su fuerza, sangre sana, deseo desesperadamente que pueda decirme que mi hermana va a estar bien. Pero él ni siquiera conoce a mi hermana, y después de conseguir que lo descalifiquen, él es el último hombre en el mundo al que debería estar pidiendo apoyo.
Arrastrando el aliento, mi mano tiembla mientras señalo la puerta pasando sus hombros.
—Ve a hablar con ellos, Pedro.
Me he dado cuenta de que su voz suena a veces más concisa cuando me habla, más que con cualquier otra persona, pero esta vez es aún más gruesa y textual que lo habitual.
—Quiero hablar contigo primero.
Se queda, pero ninguno de los dos dice nada. Estoy muy ocupada tratando de formular una disculpa por arruinar su pelea, y al mismo tiempo, estoy reacia a aceptar la culpa cuando yo no le pedí que venga detrás de mí
Pasa inquietamente por la puerta, arrastrando los cinco dedos de la mano por su cabello, bajo su nuca. Él lo deja caer con un suspiro.
— Paula, no puedo luchar y mantener un ojo fuera para ti.
—Pedro, lo tenía cubierto —insisto.
—Mi jodido trasero, que lo tenías cubierto.
Su tono me sacude en sorpresa, y no puedo dejar de notar los puños que acaba de formar a los lados y la repentina amplitud de su alarmante postura desafiante. La nube de furia cerniéndose sobre su cabeza sólo sirve para sacar la mía con una venganza, y salto a modo de defensa.
—¿Por qué todos me miran como si fuera mi culpa? ¡Se supone que debes estar luchando con Scorpion!
Sus cejas se encajan sobre los ojos. — ¡Y se supone que tú debes estar en tu jodido asiento en la puta primera fila a mi izquierda!
—¿Qué diferencia hay? ¡Has estado luchando durante años sin tenerme en la audiencia! ¿Qué importa siquiera dónde estoy? — De repente esto no es sobre Delfina que ni siquiera sé de dónde vino, pero está rascando mi pecho como una herida abierta. —. ¡Ni siquiera soy una aventura, Pedro! Yo soy tu empleada. Y en menos de dos meses, ni siquiera eso voy a ser, voy a ser nada para ti. Nada.
De pronto se ve completamente molesto y agravado, y aprieta sus manos hasta que sus nudillos se vuelven blancos.
—¿Quién es esa chica a la que estabas persiguiendo? —Demanda, su rostro una máscara de angustia.
—Mi hermana —Dejo caer mi voz a un susurro, de repente aborreciendo mi debilidad y mi arrebato emocional.
—¿Qué hace tu hermana con el trasero de Escorpión?
—Tal vez ella esta preguntándose lo mismo por mí — le digo con una sonrisa amarga.
Él se une, pero tengo que decir, su risa es infinitamente más amarga que la mía.
—No me confundas con un fracaso como él. Puedo estar jodido, pero ese chico come vírgenes y las escupe como vómito de serpiente.
Intranquila aún más por eso, empiezo a estimular, recordando su rostro, tan triste y sin vida. Mi estómago se enturbia ante la perspectiva de ella haciendo Dios sabe que a un hombre enfermo como ese .Oh, dios. Ella se veía horrible. Horrible.
Hay un silencio, y luego oigo el pomo de la puerta abrirse. La voz de Pedro contiene un nuevo timbre, bajo y preocupado, como si una poderosa emoción lo haya tocado.
—Tú no eres nada. Para mí.
La puerta se cierra tras él, y siento una instantánea herida apretando sus palabras registrarse. Estoy en tanta confusión, de repente quiero rogarle que regrese y me sostenga. No. Quiero rogarle que regrese y me haga el amor.
Pero no es así, y sólo quedo en el lugar que él acababa de ocupar en la habitación de esta lujosa suite que rentó para los dos miembros mujeres de su equipo. Estoy tan conmovida que me toma un momento registrar sus palabras y su significado, y vincularlos a la muy real posibilidad de él saliendo en busca de cada hombre que cree que tiene a mi hermana, en vez de ir a hablar con Diego y Ruben.
Estimulando la acción por el pensamiento, salgo de mi habitación y llamo rápidamente al suyo.
—¿Dónde está? —Pregunto a la primera figura de la puerta.
—Estábamos a punto de hacerte la misma pregunta— dice Ruben, ojos sombríos.
—¿Va a tener una pelea? —pregunto en alarma.
—En serio, Paula, personalmente creímos que eres una gran chica, pero tienes al chico más liquidado que…
—¡Guárdatelo, Ruben! Creo que podría haber ido a buscar a Scorpion. ¿Dónde puedo encontrarlo?
—Hijo de puta. Estamos casi fuera de una y se dirige directamente a otra. ¡Maldita sea!
No hay tiempo para esperar que ellos formulen un plan. En cambio, corro a los ascensores y detrás de él, dándome cuenta de lo estúpido que fue para mí poner a Pedro en esta cosa con mi hermana en primer lugar.
Scorpion y Pedro, obviamente, han estado de la greña por un tiempo, y lo último que necesito es darle un motivo a Pedro para ir a pelear con él fuera del ring. Voy a tener que encontrar una manera de rescatar a Delfina de ese terrible insecto yo sola.
Afuera, el hotel está lleno de una inmensa multitud de personas, incluidos fotógrafos. Flashes estallan alrededor de mí mientras salgo por la puerta giratoria de cristal.
—Es ella. ¡Su culpa de que fuera descalificado esta noche!
Veo algo volando hacia mí y me agacho, pero es demasiado tarde. Hay un fuerte impacto en mi cabeza, seguida de otro fuerte crujido mientras algo golpea en mi estómago. Un olor como a azufre me alcanza. ¿Huevos? Genial. Simplemente maravilloso.
Agachándome cuando otro huevo vuela en mi dirección, me cubro la cabeza y doy mi espalda a la multitud mientras me apresuro al valet.
—El fuerte chico con el que acabo de entrar al hotel ¿Dónde se fue?
El valet es un chico bastante joven, cuyos amplios ojos parecen devorar su cara cuando mira más allá de mi cabeza a algo.
—Él esta a unos diez pasos de distancia justo detrás de ti.
Otro huevo se estrella en mi hombro mientras yo giro alrededor, y Pedro se ve como un ángel vengador asaltando hacia mí. Sus ojos brillando en ira cuando me doy cuenta que sus fans están llamándome una perra y una puta, y él rápidamente gira y bloquea otro huevo que oigo se estrella contra su espalda.
Él me agarra y me recoge como si no pesara nada, entonces él levanta su voz mientras se balancea alrededor, enojado y al mando.
—Es por esta mujer que todavía estoy peleando.
Un repentino silencio cae sobre la multitud, y Pedro con voz dura, enfurecida continúa diciéndoles: — La próxima vez que esté en el ring, voy a malditamente ganar por ella, y quiero que todos ustedes que la lastimaron esta noche le traigan una rosa roja y le digan que es por mi.
El silencio no dura ni un segundo más.
Gritos entran en erupción. Saludos. Aplausos. Y creo que lo que está haciendo más de la conmoción es mi corazón: una cosa con alas revoloteando contra mis costillas en completa confusión e incredulidad de lo que acaba de decir.
Él me lleva de vuelta al hotel y me lleva a otro lado del vestíbulo, sus hombros cuadrados y brazos encorvados en mi cuerpo, de alguna manera me guarda. De repente, estoy tan sorprendida por esta noche que me pongo a reír. Es una especie de risa nerviosa, pero es risa de todos modos, mientras él presiona el botón del ascensor varias veces.
Su voz es áspera mientras cepilla lejos de las cáscaras de huevo de mi top. —Pido disculpas en su nombre. Yo los decepcione hoy.
Mi risa se desvanece cuando me doy cuenta que su rápida, molesta respiración tiembla el suelto cabello en la parte superior de mi cabeza. Es cálido y perfumado de él, y eso me hace entrar. Al igual que todo lo demás en él.
Me obligo a no temblar en sus brazos, apreto mis manos alrededor de su firme, ancho cuello, agradecida, cuando la pareja mirándonos como si estuviéramos calientes, bebidos, jóvenes adultos deciden no subir con nosotros. Solo no quiero que me deje ir todavía. Soy egoísta y necesitada de esa manera. Y creo que finalmente cerro el acuerdo que era la expresión asesina de Pedro cuando les espetó, como si ellos fueron los que nos lanzaron huevos, mientras sostenía la puerta abierta con un brazo y acunándome a su pecho con la otra.
—¿Vienen?
Y los dos al instante dieron un paso atrás y dijeron: —No.
Ahora estamos viajando solos, y no puedo dejar de presionar mi nariz en su cuello.
—Gracias.
Él me agarra más fuerte y me siento segura aquí, creo que quiero que esto sea mi nuevo hogar. Creo que si hubiera conocido a este hombre el día que me rompí la rodilla y él me hubiera mantenido así, mi rodilla no habría siquiera importado. Sólo el hecho de que sus brazos estuvieran alrededor de mí lo hace.
Diego y Ruben están aún en su Penthouse cuando él desliza la llave en la ranura y me lleva dentro.
— ¿Qué diablos está pasando, Pedro? —Demanda Diego.
—Acabo de conseguir el infierno fuera, chicos— Pedro mantiene la puerta abierta para ellos, y a mi aun en alto en la otra. —. Yo hago lo que quiero, ¿me oyen? —Les grita.
Ambos hombres me miran por un momento, y los dos se ven tan sorprendidos como yo me siento.
—Te escuchamos, Pedro —Ruben respondió dócilmente mientras se movía después de Diego.
—Entonces no lo olviden.
Él cerró la puerta y la cerradura después de ellos para que nadie, ni siquiera los que tienen una llave, puedan entrar a la suite, y me llevo al baño de la habitación principal. Admito que no estoy lista para dejarlo ir, y cuando serpenteo mis dedos más fuerte en su nuca, recibe el mensaje y mantiene un brazo a mi alrededor mientras maniobra para girar el mando de la ducha.
El agua comienza a caer, y se saca sus zapatos, quita los míos, y entra en la bañera conmigo en sus brazos.
—Vamos a sacar esta mierda de ti —Corre sus grandes manos sobre mi pelo mojado, y termina deslizándome a lo largo de él, a mis pies. El agua se siente increíble en mi piel, y cuando desabrocha mi vestido y lo eleva por encima de mi cabeza, siento sus jabonosas manos frotando por todas partes, incluso sobre mi ropa interior. Me muerdo el labio y trato de bloquear su toque, pero se filtra dentro de mí. Es todo lo que puedo sentir o saber o imaginar.
Ya no me preocupo de que Diego y Ruben me odian, que estoy jodiendo la pelea de Pedro. Que sus fans me odian. Que mi hermana no quiere verme. Que extraño a Mel. Que no puede correr más. Que pronto voy a estar fuera de un trabajo.
Es todo acerca de este hombre, mi cuerpo de pie completamente inmóvil mientras me encuentro esperando en anticipación sin aliento sólo para ver lo que va a hacer. Donde sus manos se deslizarán. Qué parte de mi cuerpo va a sentir sus dedos mojados en mi carne caliente.
Metódicamente me toca, y aunque estoy jadeante sobre su toque, él no está en lo más mínimo afectado. Extiende mis brazos hacia arriba y desliza jabón en mis axilas, entre mis piernas, mi cuello, y luego azota su camiseta fuera y se limpia a si mismo rápidamente. Su poderoso bulto de hombros, y la visión de sus pezones me excita.
—No puedo creer que tus fans me llamaron puta —le digo, tratando de no pensar que estoy casi desnuda en la ducha. Y él está sólo en los pantalones de cordón y está ahora totalmente sin camisa, cada músculo de su torso brillando húmedo.
Rápidamente se enjabona el cabello —Vas a sobrevivir.
—¿Tengo que hacerlo?
—Si, tienes que sobrevivir.
El viene a lavar mi cabello con champú nuevo y su atención, que quería, únicamente esta en mi y en mi cabello.
—Ellos me odian —Le digo mirándolo —. No voy a ser capaz de ir a todas peleas sin miedo a ser linchada.
El agarra le regadera y la pone directamente hacia mi. Cierro los ojos y dejo que las burbujas de jabón se deslicen por mi cara, y cuando abro los ojos, el me esta mirando directamente. Riachuelos de agua corren hacia su mandíbula cuadrada aferrándose a sus pestañas mientras cepilla un mechón mojado de mi frente, y me doy cuenta de mi pulso acelerado.
Sus ojos son de un miel brillante, y permanecen descansando en los míos, se sienten miles de veces más brillantes de lo habitual. Está tan húmedo como yo, y de repente tiene mi cara entre sus manos y me mira profundamente. Esta respirando con dificultad. Sus ojos se deslizan a lo largo de mi nariz, a mi boca. Acaricia mis labios con un dedo y puedo sentirlo en cada célula de mi ser.
—Eso nunca va a suceder— dice en un susurro caliente y extraño.
-------------------------------------------------
Si puedo subo otro esta noche!
gracias por leer!♥
Feliz año!♥
Suscribirse a:
Entradas (Atom)