viernes, 3 de enero de 2014

CAPITULO 18



No puedo ver como un hombre que realmente quiere a una mujer pueda frenarse de esta manera. Pedro es disciplinado y el hombre mas fuerte que he conocido, pero al ver la puerta y recordar su tacto, la forma en que llegue por el, no creo que sea posible que pudiera contenerse si me quiere tanto como yo. Mi sexo duele como nunca antes, estoy tan hinchada al recordar sus golpes de lengua y el roce de su muslo. Mi hambre no solo se ha apaciguado, se ha hecho imposible y se ha triplicado hasta que siento rabia. Se acaba de abrir una insaciable sed y no me siento satisfecha, me siento vacía y ansiosa. Toda mi vida esta noche se centra en observar la puerta, ¿No siente ni por asomo lo que yo siento por el?


Hay una parte de mí, la chica que se rompió el ligamento y que no pudo cumplir su sueño, la chica que no cree realmente que pueda tener algo maravilloso, se pregunta si me quiere en absoluto.


¿O solo quiere jugar conmigo?


Entonces me pregunto si este es el tipo de sentimiento que tiene mi hermana Delfina que para empezar esta en problemas.



***



En Austin, nos alojamos en una casa de seis dormitorios con un granero incluido, y tiene un fabuloso granero rojo donde Pedro entrena. Él había estado empujando los neumáticos del tractor durante todo el día. Corriendo por las escaleras externas con bolsas de cemento sobre los hombros. Subió cuerdas colgadas sobre las vigas del granero, flexionó los brazos sobre las vigas y luego corrió conmigo alrededor de la propiedad. Él entrenaba como una bestia, y tenía el mal humor como los gorilas, también. Sin embargo, parecía especialmente malhumorado con los otros miembros de su equipo y conmigo parecía estar tranquilo, así que Ruben y el Entrenador seguían rogándome para ir a buscarlo cuando él comenzaba a molestarse por algo y maldecía todo con sus guantes.


Esto ha sido una tortura para mí, estos frecuentes estiramientos. Deslizar mis manos por su pecho sudoroso. Austin es caluroso en julio, y él se quita la camisa y el contacto de piel contra piel perturba cada pequeña y gran parte de mí, regresándome a cada sensación que sentí en la cama con él.


Cada noche después del incidente del huevo hace una semana, me he acostado en la cama mirando hacia la puerta. Sé que debería tocarme para encontrar un poco de alivio, pero lo que quiero de él va mucho más allá del sexo ahora, no quiero decir esas palabras aún. Aunque sé muy bien lo que es.


En nuestro vuelo hasta aquí, intercambiamos música, y me encontré siempre sin aliento, a la espera de ver que canción reproduciría para mí. Intenté mantener mi selección lejos de los romántico, y de hecho tuve una emoción privada cuando frunció el ceño a todas las canciones feministas que lo yo le elegí.


Él, por otro lado, reproducía las canciones más románticas que yo escuché mientras crecía, lo cual fueron usadas en una película para chicas en los créditos, donde un chico toca la canción al amor de su vida con su enorme aparado reproductor portátil al lado. La película era llamada “Say Anything”, pero esta canción era llamada “In Your Eyes” por Peter Gabriel.


Quise, en serio, derretirme en el cuero del avión cuando comenzó a reproducirla para mí, con sus sombríos ojos mieles mirándome atentamente mientras yo me empapaba con la letra sobre encontrar la luz en sus ojos…


Maldito.


Sea.


No me ha tocado desde la noche que nos duchamos juntos. Pero las cosas que dijo… la forma en que me besó… lo deseo tanto, a veces quiero golpearlo en la cabeza y echarlo sobre mi hombro y llevarlo hasta mi cueva, donde solo importaban mis opiniones. Y no salir de ella en toda la noche o mejor, en días.


Hoy estoy dentro de la casa, tomando alguna de las bandas elásticas de mi maleta, podría usarlas con él al final de su entrenamiento en la tarde. Está solo era una táctica, así no lo tocaría más, y me ahorraría otra noche sin dormir de la excitación. Salgo de mi habitación con la banda colgando entre mis dedos, y veo a Diego allí, con la mano en el pomo de la puerta parcialmente cerrada mientras habla con alguien al otro lado.


Mientras me acerco, veo un hombre y a una mujer por el rabillo de mi ojo, y repentinamente me llaman.


—¡Chica! Por favor, ¿Puedes dejarnos hablar con él?


La voz femenina me detiene en seco, dado que yo soy la única chica en la casa, a menos que alguien fuera secretamente un travesti, y no creo que el Entrenador sea uno de esos.


Cuando doy un paso delante, la mujer se apresura hacia mí, su rostro pálido y sus ojos preocupados.



—No sabemos que hacer. Él se siente abandonado, pero era demasiado fuerte y nadie podía controlarlo, no del todo.


Mi cerebro procesa sus palabras en silencio, y mientras lo hago, los miro y recuerdo que Diego esta detrás.


—Nuevamente, realmente lo lamento —replica formalmente Diego—. pero incluso si no estuviera ocupado, no podría hacer que aceptara verlos. Pero puedo asegurarles que yo me pondré en contacto inmediatamente si cambia de opinión.


Los acompaña a la puerta y la cierra con un poco más de fuerza de lo habitual, y libera un largo y reprimido suspiro.


Y finalmente, mi mente habla por mí.



—¿Son los padres de Pedro? —pregunto, perpleja y en shock.


Diego asiente y frota su frente, parece extremadamente cansado. —Sí. Lo son, si puede llamarse así.


—¿Por qué Pedro no quiere verlos?


—Porque los cabrones lo encerraron en una sala de psiquiatría a los trece y lo dejaron allí hasta que él tuvo la edad suficiente como para representarse y salir de allí.


Una horrible sensación se asienta en mis entrañas, y por un momento, lo único que hago es jadear.



—¿Una sala de psiquiatría? ¿Por qué? Pedro no está loco —digo, instantáneamente él se da vuelta y sigo a Diego hasta la sala.


—Ni siquiera me mires. Esta es una de las injusticias más frustrantes que yo he tenido que presenciar en mi vida.


Mi pecho se aprieta, pregunto—: Diego, ¿Estuviste con él cuando fue expulsado del boxeo?


Sacude la cabeza en una negativa, su preocupación no desaparece.



—Pedro tiene un mal genio. Lo enciendes y explota. Su competencia lo quería fuera. Lo provocaron fuera del ring. Mordió el anzuelo. Fue expulsado. Fin de la historia.


—Bueno, ¿Sigue enojado por eso?


Abre las puertas de la terraza que conducen a través del jardín y de la granja, y lo sigo, protegiéndome los ojos del resplandor del sol con mi mano.




—Él está furioso, es cierto, pero no específicamente por esa razón —dice Diego—. Pelear es todo lo que sabe. Es en lo único que ha tenido control en su vida. Al crecer, Pedro solo conoció el rechazo. Es jodidamente imposible conseguir que él se abra. Incluso con aquellos que han estado con él tanto tiempo.


—¿Cómo supieron sus padres dónde estábamos? Pensé que esta casa era para mantener a la prensa lejos por el incidente del huevo.


—Porque esta es la casa de Pedro —dice Diego mientras veo el encantador granero rojo a través del patio—. Después de que pudo salir, peleó por dinero, luego levantó esta casa, tratando de demostrarles a los adultos que él podía ser alguien… Sus padres aún no querían saber nada de él. Se quedó con la casa y ahora sólo la utiliza cuando estamos en la ciudad y se cansa de que la prensa lo acose en los hoteles. Tiene muchos fans aquí.


Me siento confundida por toda esta información. Indignación pura me atraviesa al pensar en un Pedro adolescente encerrado, me siento sin aliento.



—¿Qué clase de padres abandonan a sus hijos, Diego? ¿Y por qué lo buscan ahora?


Diego suspira. —No es de nuestra incumbencia. —Sacude la cabeza con tristeza, luego vemos a Pedro dentro del granero abierto, golpeando la pera que el Entrenador le colocó sobre las vigas. Pareciendo repentinamente asustado, Diego me toma del codo y me acerca más—. No le digas que sabes sobre esto, te lo ruego. Él ha estado de un pésimo humor desde que llegamos aquí. Saber lo de sus padres lo cabreara más, y su temperamento ya es malo en esto días.


Asiento y le regreso el apretón en el codo. —No lo haré. Gracias por la confianza.


—Oye, Paula, deberías ir con él, su forma no es la ideal. El Entrenador cree que tiene un nudo en la espalda baja —grita Ruben.


Asintiendo, me marcho, y escucho, mejor dicho veo, a Pedro golpear el saco más duro y más rápido con cada paso que me acerca a él. Francamente, me sorprende que no se detenga cuando me pongo a su lado.


—El Entrenador no está contento con tu forma y Ruben cree que puedo ayudarte —digo, y mientras veo a esta fascinante y magnánima criatura seguir golpeando la pera con ambos puños cubiertos, con el ceño fruncido de concentración, no puedo dejar de admirar lo que Pedro ha hecho de sí mismo a pesar del rechazo que enfrentó cuando era más joven.


—¿Pedro? —insisto.


No responde, y en su lugar se mueve hacia los lados y lanza su puño detrás del otro en cuestión de nanosegundos, haciendo que la pobre bolsa vuele.


—¿Me dejas darte un masaje? —continuo.


Inclina su cuerpo otra vez y me da una visión de su magnífica espalda, y sigue golpeándola como un loco. Quiero tocarlo, especialmente después de lo que Diego me dijo, así que dejo la banda elástica a mis pies, por ahora, la última cosa que quiero es algo interponiéndose entre él y yo.


—¿Vas a responderme, Pedro? —Mi voz baja a medida que me acerco, alargando mi mano hasta su brazo.


Golpea. Golpea. Y vuelve a golpear la pera.


Toco su espalda. Se tensa, deja caer su cabeza, y se detiene, se quita los guantes de boxeo y los arroja a un lado.



—¿Te gusta él? —susurra en voz baja, su toque es suave cuando alarga la mano y la pone justo donde Diego me ha tocado—. ¿Te gusta cuando te toca? —Pero sus ojos, querido Dios. Arden dentro de mí. Su mano es el doble de tamaño del de Diego y hace que mi cuerpo sienta muchas cosas en mi cuerpo.


Lo miro fijamente, las mariposas estallando en mi vientre, y sea lo que estamos jugando, quiero que termine pronto, quiero que se detenga. Hay algo increíblemente animal en la forma en que actúa a mi alrededor que enciende mis más bajos instintos.


—No tienes ningún derecho sobre mí —digo con rabia y sin aliento.


Su mano se contrae. —Me diste ese derecho cuando te viniste sobre mi muslo.


Mis mejillas arden ante el recordatorio. —Aún no soy tuya —replico—. ¿Quizás tienes miedo de que yo sea demasiada mujer para ti?


—Te he hecho una pregunta, y quiero una respuesta. ¿Te gusta tanto cuando otros hombres te tocan? —exige.


—No, idiota, ¡me gusta cuando tú me tocas!


Después de mi arrebato, mira fijamente mi boca mientras su pulgar acaricia el borde de mi codo. Su tono es ronco.



—¿Cuánto te gusta mi toque?


—Más de lo que me gustaría —retrocedo un poco, jadeando y sin aliento por su culpa.


—¿Te gusta lo suficiente como para dejarme acariciarte en la cama esta noche? —pregunta lacónicamente. Tengo hormigueo en la piel, y entre mis piernas, está volviéndose increíblemente cálido. Sus pupilas se agrandan por completo con el hambre.


—Me gusta lo suficiente como para dejar que me hagas el amor.


—No. No haremos el amor —Aprieta la mandíbula y me mira con ojos mieles atormentados—. Sólo tocarnos. En la cama. Esta noche. Tú y yo. Quiero hacerte venir otra vez. —Me mira, la pregunta esta en su expresión. Siento su oscuro temperamento turbio debajo de la superficie, frustrado. Hay una necesidad en mí que quiero apaciguarlo… pero no puedo llegar a él.


Quiero tocarlo tanto que duele, simplemente no puedo entender por qué él se resiste al llamado y no me toma. No puedo soportar una noche en sus brazos sin terminar como se debe.


Liberándome de su agarre, mi voz se endurece. —Mira, no sé que es lo que esperas, pero no quiero ser tu juguete.


Me agarra otra vez y me acerca, inclinando su cabeza hacia mí. —No eres un juguete. Pero necesito hacer esto a mi manera. A mi estilo. —Entierra su cara en mi cuello y me olfatea, y su lengua lame rápidamente mi oreja. Gimo y subo mi barbilla para que así nuestras miradas se encuentren—. Estoy tomando las cosas con calma para ti. No para mí.


Mis rodillas amenazan con doblarse, pero de alguna manera me las arreglo para negar en desacuerdo.


—Esto se está poniendo aburrido, y ya estoy perdiendo el interés. Vamos a darte ese masaje



Voy hacia su espalda, y él se aparta como si le estuviera deslizando un cuchillo.


—No actúes como si esto te importara. Ve a masajear a Diego.


Toma su toalla, la desliza sobre su frente, luego vuelve a golpear la pera con rapidez con las manos desnudas.


Frunciendo el ceño, le digo—: Yo no le gusto.




—Es el eufemismo del siglo, nena —dice, rodando sus tristes ojos.


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alguien esta celosoo... alguien esta celosooo lalalalala

Jaja espero que les guste el capitulo!!


Que le pasa a Pedro??? lo sabrán en el próximo capitulo!!


Gracias por leer!♥


5 comentarios:

  1. Muuuuy buenooooo!! Ansiedad por el siguiente capítulo!! Por qué actúa de esa manera? @AmorPyPybb

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  2. Buenisimo,me encanto el capitulo.

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  3. hermoso cap. me encanta, te felicito, ke le pasa a el, ya kisiera saberlo, ella lo ama, y el?,parece ke si, hermosa novela, y interesante x demas, beso grande te quiero mucho, espero ansiosa el proximo

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  4. Muy bueno el cap: NO, BUENÍSIMO!!!! Pero ya sabés lo que quiero jaja

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  5. no sabia que tu subías esta Nove me encanto ayer la termine de leer Buenísima ojala me la puedas pasar mi twitter es @karem_08

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