miércoles, 8 de enero de 2014

CAPITULO 21



Suspirando, agarro uno de los masculinos y pesados brazos y lo puse sobre mis hombros, así podía acurrucarme en el ángulo de su pecho y luego beso el pezón más cercano. Tiene los más sexys, pequeños, marrones, puntiagudos y perfectos pezones masculinos que he visto, sin una hebra de cabello en el pecho. Solo besarlo hace que mi sexo se estremezca otra vez, aun cuando está completamente adolorido.


Agarra mi cuerpo lánguido y lo pone sobre el suyo mientras yace en su espalda, como si fuera mi cama y mis piernas recorren la longitud de las suyas, mi cuerpo boca abajo mientras él mira al techo. Estamos abdomen contra abdomen, ombligo contra ombligo. Me acaricia la sien con la nariz mientras masajea mi trasero suavemente.



—Hueles a mí.

—Hmmm —digo.

Aprieta una de mis nalgas y roza de nuevo la nariz por mi sien.



—¿Qué significa ese “hmmm”?

Le sonrío en la oscuridad.

—Significa que quiero comerte. Tus pequeños bíceps, tus pequeños tríceps. —Me da un beso en la boca y arrastra la lengua por mis labios—. Ahora a ti.

Agarrando su mano, la meto entre nuestros cuerpos para que pueda sentir todo lo que me ha regado por el abdomen.





—Significa que voy en plan francés esta semana y no me ducharé para poder olerte en mí.

Gruñe y nos cambia de posición, así uno de mis costados está sobre la cama, luego se mueve entre mis piernas hacia donde estoy empapada en lo que acaba de darme. Sus ojos brillan en las sombras mientras desliza el semen líquido que gotea de mi muslo en un recorrido hacia mi hinchada entrada, como si no quisiera que saliera de mi cuerpo.



—¿Pegajoso? —pregunta en un murmullo áspero, inclinando la cabeza y lamiendo mis hombros mientras empuja su semen hacia el interior con un dedo—. ¿Quieres lavarme de ti?

La idea de tenerlo empujando su semen en mi interior me pone caliente, agarro su cabeza y me acerco a él.



—No. Quiero que me des más.

Lleva sus mojados dedos a mi rostro y empuja el dedo del medio entre mis labios, como si me pidiera que probara.



—Te desee desde la primera noche que te vi. —Su voz sale ronca mientras me observa chupar su dedo.

Su sabor me hace cosas locas y mi sexo arde con la necesidad de sentirlo en mi interior de nuevo.



—Yo también. —Estoy sin aliento y luchando por algo de aire mientras lamo cada gota.

Mete un segundo dedo en mi boca, y su océano salado me da fuerzas. Cierro los ojos y arrastro la lengua por toda la longitud de sus dedos. Estoy tan ansiosa que creo que gimo.



—¿Te gusta mi sabor? —murmura con voz pastosa.

—Hmmm. Es todo lo que quiero de ahora en adelante. —Con malicia, le doy una mordida en la punta de los dedos, y de pronto puedo sentir su erección regresando a mí. Algo que dije… ¿lo excitó?—. Siempre quiero mi pedazo de pedro después de la cena —continúo, y soy yo quien se está súper emocionando cuando él se endurece—. Y tal vez antes del desayuno, y después del almuerzo, y a la hora del té.

Gruñe, luego se arrastra entre mis piernas e inclina la cabeza hacia abajo para probarme. Su lengua se mueve entre los labios de mi sexo. Pestañeo con rapidez y arqueo la espalda, el calor de su boca me hace añicos. Me agarra el trasero y aprieta mi carne mientras su lengua se desliza una y otra vez sobre mi clítoris.

—Quiero… correrme… en cada… parte de… tu cuerpo… —murmura contra mi sexo, sus ojos están cerrados mientras se yergue y empuja su erección contra el exterior de mi entrada.

Ardo de deseos. Lo necesito en mi interior otra vez, en mi boca, en mi sexo, en todo mi ser. Agarro la parte baja de su espalda y mezo las caderas sin descanso, en una plegaria silenciosa, mientras empujo la lengua en su boca.



—Córrete donde quieras, dentro de mí, fuera, en mi mano, en mi boca.

Cuando agarro su dureza en mi puño, se corre instantáneamente, derramando líquido caliente en mi muñeca. Las convulsiones son tan poderosas como él, y mi sexo se moja cuando lo miro; es tan magnífico y crudo, que de pronto lo ruedo sobre su espalda y salto sobre su erección, tomándolo con un gemido de sorpresa sobre su talla otra vez. Ladra de placer y echa la cabeza hacia atrás, agarrando mis caderas y tirando de mí, luego bajándome otra vez mientras empuja y su dureza sigue moviéndose en mi interior. Un grito de éxtasis se abre paso a través de mí mientras convulsiono con él, sintiendo su calor estallar en mi interior.

Estoy sin fuerzas y cercana al coma cuando caigo sobre él.

—La noche que te sedaron… —le pregunto, horas después, mientras rozo la nariz en su pezón, aún sin aliento por la prolongada sesión. No podemos tener suficiente. Somos como adolescentes, recompensándose por semanas y semanas de deseo—. ¿Eso fue un episodio? —La almohada cruje mientras asiente, y deslizo la mano sobre su abdomen, frotándolo gentilmente mientras lo miro, insegura de si quiere hacer esto ahora—. ¿Podemos hablar de ello?

Mi roce parece que le hace querer cerrar los ojos, su voz se convierte en suave terciopelo mientras acuna mi nuca en una de sus enormes manos, y me aprieta contra su cuello, meciéndome.



—Tal vez quieras hablar de ello con Diego.

Estoy pegajosa con nuestro deseo y me gusta, recorro las manos por él y sé que también está pegajoso. La idea de tomar un baño con él, “lavármelo”, y luego volverme a poner pegajosa me hace querer gemir.



—¿Por qué no me hablas tú, Pedro? —pregunto suavemente.

Se sienta y saca los pies de la cama, luego se lleva las manos a la cara.



—Porque en muchos episodios no recuerdo lo que hago.


Mierda. Lo hice ir de un lado a otro ahora.

—De acuerdo, le hablaré a diego sobre ello, pero regresa a la cama —le digo, ablandando rápidamente la tensión en su posición.

Mira fijamente por la ventana, su cuerpo es perfecto. Tan perfecto. Sus piernas separadas, brazos cruzados, músculos formados y tensos.



—Te recuerdo. —Su voz se endurece—. En mi último episodio. Los chupitos de tequila. El modo en que lucías. El top que vestías. Las noches que dormiste en mi cama.

Pensar que nota la ropa que visto me hace cosquillas. Estoy casi segura de que cuando se de vuelta, seré una piscina de lava sobre la cama, preparada y lista para que me folle.


Parecía tan feliz ese día, con los chupitos, su energía era como la de un sol.

Entonces se convirtió en noche en pocas horas.

—Deseaba que pasaran las cosas entre nosotros con tanta fuerza —admito dolorosamente.


Se voltea.



—¿Y piensas que yo no? He querido que sucedieran desde… —Regresa a la cama y me arrastra con él, besando mis labios ferozmente—. A cada segundo quería que sucedieran.

Toco su mandíbula. —¿Alguna vez has lastimado a alguien?

La pena se asoma a sus ojos de nuevo, y parece angustiado, dejando caer sus brazos de mi cuerpo.



—Daño todo lo que toco. ¡Destruyo cosas! Es lo único en lo que soy bueno. He encontrado putas en mi cama que no recuerdo haber traído conmigo, y las he sacado desnudas de mi habitación de hotel, enojado como el demonio porque no recuerdo lo que hice. He robado mierda, vandalizado, despertado en sitios a los que no recuerdo haber llegado… —Arrastra el aliento y suspira—. Mira, desde que Diego y Ruben alternan los días libres, siempre hay alguien que me noquea por un día o dos cuando se me va la mano. Luego estoy de vuelta. Nadie sale herido.

—Excepto tú. Nadie sale herido excepto tú —susurro tristemente, y extiendo la mano para alcanzar una de las suyas más cercana a las mías, solamente porque temo que vuelva a levantarse de la cama y no quiero que lo haga. Se siente como si me hubiera tomado toda una vida lograr que esté aquí conmigo—. Pedro, ¿tienen que noquearte así? —Entrelazo mis dedos con los suyos mientras le pregunto.

—Sí —responde, enfático—. Especialmente si quiero… esto… —Me señala y luego a sí mismo con la mano libre, y me aprieta con la otra—. Quiero esto. Mucho. —Acaricia mi nariz con la suya—. Estoy intentando no joderlo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

Me besa el dorso de la mano que sostiene la suya y sus ojos brillan una vez más.



—De acuerdo.

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3 comentarios:

  1. Wow que intenso pero buenisimo el capitulo,me encanto!!!

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  2. muy bueno el capitulo!!! que bueno que pedro empiece a abrirse con Pau :)
    @nadiaa2012

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