viernes, 24 de enero de 2014

CAPITULO 34



Temblando en mi asiento, me quedo completamente inmóvil mientras viene a pararse delante de mí, respirando como un toro, sus fosas nasales dilatadas, sus ojos ardiendo sombríos en su rostro, con los puños temblando a los costados. Pero es la penosa desesperación en su mirada que envía escalofríos terribles por mis brazos.

Me toma alrededor de diez veces el esfuerzo normal para hablar. —¿Quieres hablar conmigo, Pedro? —le pregunto, mi voz es áspera.



Me preparo para su grito, pero de alguna manera, la astilla fría de un susurro con la que responde es infinitamente más amenazante.



—Quiero hacer algo más que hablar contigo.



El cabello de mi nuca se eleva en alarma. —Muy bien, vamos a hablar. Disculpa, Diane —digo en calma engañosa, y empujo mi silla hacia atrás para ponerme de pie, mis piernas tambaleándose.



Se ve más grande que nunca, y todo el restaurante está mirándolo.



Diane se apresura a cercarse a la mesa derribada para ayudar al entrenador a limpiar.



Las manos de Pedro flexionadas y los puños a los costados mientras me mira con furia. Su mandíbula trabaja mientras respira, rápida y entrecortadamente, y me doy cuenta de que Ruben acaba de llegar detrás de él, junto a Diego.



Hay una feroz batalla dentro de los ojos de pedro. Está luchando porque sabe que tiene que controlarse a sí mismo, pero no puede. Como si la ira estuviera más allá de él.



Trato de calmar mi pulso mientras ardo por la necesidad de calmarlo. Sé que cuando ponía mis manos en cualquier parte de su cuerpo, se relajaba bajo mi tacto. Yo sé que necesita recibir mi tacto a veces tan ferozmente como yo necesito dárselo. Excepto que nunca ha estado así, y me temo que, por primera vez en mi vida, mis caricias no serán bien recibidas por él.



La idea del único hombre que he amado sintiéndose traicionado por mí es casi paralizante.



Ni siquiera me ha hablado, y sin embargo, puedo sentir su agitación envolviéndome completamente, lo que tenga que decirme ya me duele en algún lugar hondo y profundo dentro de mi cuerpo. Lo lastimé. Lo lastimé y al instante me odie por ello. Mi tráquea se inflamó de dolor.



—Acabo de ir a ver a mi hermana — dolorosamente respiro, un hoyo de dolor y ansiedad turbulenta dentro de mí.



Extiende su brazo con su dedo índice temblando ferozmente y toca mi boca, con la que besé la mejilla asquerosa de Scorpion, y luego se inclina hacia adelante para morderme, y jadeo en una mezcla de shock y deseo por el pinchazo de sus dientes en mi piel.


—¿Fuiste a negociar con una escoria como él? ¿Sin que lo supiera? —me pregunta en voz baja y turbulenta mientras su pulgar roza inseguro sobre mis labios.



—Fui a ver a mi hermana, Pedro. No me podría importar menos esa escoria.



Él toca mi pelo, y el tacto es inesperadamente suave, yo quiero morir por la forma en que contrasta con la histeria encendida en sus ojos y la forma en que el pulgar empieza a arañar desesperadamente sobre mis labios.


—Sin embargo, besaste ese maldito imbécil con la misma boca que me besas.

—Por favor, sólo cuenta hasta diez —impotente, toco su manga.

Entrecierra los ojos, luego se apresura a decir—: Unodostrescuatrocincoseissiete ochonuevediez.



Se inclina y toma parte del cuello de mi blusa en su puño, atrayéndome cerca de él, la mirada angustiada de sus ojos me corta como garras.


—¿Besaste a ese hijo de puta con la misma boca por la que mataría?

Sus ojos son salvajes mientras toca mis labios de nuevo, esta vez con la punta de dos fieros y temblorosos dedos, y de repente todo lo que puedo ver es una tormenta. Sus ojos son de color negro. Oscuros y embrujados. Y no puedo soportar que yo fuera la que pusiera esa oscuridad ahí, y siento su dolor, lo siento con todos los huesos de mi cuerpo.



—Mis labios apenas tocaron el tatuaje. —Mi voz es un susurro tranquilo mientras mi tráquea empieza a cerrarse—. Yo hice justo lo que tú haces cuando dejas que ellos te den un golpe y les das una falsa confianza así pude ver a mi hermana.



Él golpea su pecho con un fuerte ruido. —¡Eres mi maldita mujer! ¡No tienes que dar a nadie una falsa confianza!



—Señor, necesitamos que usted deje las instalaciones ahora.



La cabeza de pedro gira alrededor mientras el gerente viene hacia adelante, y repentinamente Diego y Ruben detienen al pobre hombre para que no se acerque más. Diego rápidamente extrae un talonario de cheques con los términos “costo de los daños hechos en la habitación”. Los ojos entrecerrados de Pedor se deslizan de nuevo a mí, y está tan enojado y espléndido, como un maldito chico problemático, y yo simplemente no sé qué hacer con él.



Se acerca y desliza un dedo bajo mi mandíbula, y yo respondo a esto, mi cuerpo asustado preparado para sexo con el bombardeo de hormonas, su temperamento se disparó atravesándome.


—Voy a ir a romper la cara a ese hijo de puta —susurra, su promesa de terciopelo mezclada con amenaza mientras se inclina y desliza su lengua en mi boca— . y luego yo voy a domarte bajo mi sumisión.



—Pedro, cálmate —dice Ruben.



—Está bien, Ruben, no soy fácil de domar y seguro él es bienvenido a intentarlo — contesto, dando a Pedro finalmente un gran y sombrío ceño fruncido que parece estar rogando.



El frunce el ceño de nuevo y agacha su cabeza, respirando con fuerza en mi cara mientras me agarra del pelo con sus puños y aplasta mi boca con posesión brutal, golpeando mis labios con movimientos castigadores de su lengua.



—Cuando te tenga en mi cama, voy a limpiarte duramente con mi maldita lengua hasta que no haya nada en ti de él. Sólo yo. Sólo yo.



Su erección se clava en mi estómago, y me doy cuenta de que se ha vuelto completamente territorial, reclamándome como su compañera, demostrando su propiedad sobre mí loco por mí. Mis piernas se hacen líquidas, jadeo y la tensión se acerca.


—Está bien, llévame ahí —suplico, débil, con la urgencia de hacerlo más fácil para ambos.



Él tira hacia atrás y entorna los ojos. —No tengo un jodido tiempo para cuidar de ti —espeta mientras se pone en marcha hacia la puerta, y grito de pánico sin aliento.



—¡Pedro, vuelve. No te metas en problemas!



Él se gira, y mi estómago se hace un nudo cuando veo la mirada de asesinato determinada en su rostro, sus puños temblando a sus costados mientras clava un dedo en el aire y apunta hacia mí. —Protegerte a ti es mi privilegio. Yo te protegeré a ti y todo lo que valores como si esto fuera mío.



Mi respiración se paraliza por la forma en que me mira.



—Ese idiota enfermo me ha rogado que ponga fin a su vida miserable, y estoy feliz de hacerlo —gruñe, sus ojos me rastrillan enojadamente desde la puerta—. ¡Sólo tomó algo sagrado para mí y orinó en él! —El hecho una furia regresa, empujando su dedo entre mis pechos mientras señala—. ¡Entiéndeme. Tú. Eres. Mía!



—Pedro, ella es mi hermana.



—Y Scorpion nunca la dejará ir. Él mantiene sus mujeres drogadas y dependientes, sus mentes en pedazos tan pequeños que ni siquiera pueden pensar. El nunca renunciará a ella, a menos que quiera algo más que ella. ¿Eso eres tú? ¿Él te quiere, Paula? ¡Podría haberte drogado. Desnudado. Follado, maldita mi vida, podría haberte follado!



—¡No!



—¿Él te tocó?



—¡Él no lo hizo! ¡Ellos están haciendo esto para provocarte, no los dejes! Guárdalo para el ring mañana. Por favor. Quiero estar contigo esta noche.



—Yo estaba con ella todo el tiempo, amigo, no pasó nada —intercede Ruben, palmeando su brazo y tratando de hacerlo retroceder un poco.



Veo que la mirada de la traición se instala en sus ojos cuando escucha a Ruben hablar, y antes de que pueda detenerlo, se gira alrededor para agarrar la camisa de Ruben en su puño.


—¿Dejaste a mi chica llegar a la cara de ese cabrón, pedazo de mierda?



El pánico se apodera de mí cuando levanta a Ruben fuera del suelo.


—¡Pedro, no! —llego a su lado, tirando inútilmente su brazo.

Lo sacude en el aire, y Ruben se pone púrpura.


—¿La dejaste besar ese tatuaje de escoria asqueroso?



Diego me mira. —Lo siento —me dice, y luego a Pedro—. Muy bien, amigo, pongamos a Destroyer en cama, ¿eh? —aprieta una jeringa en su cuello, y Pedro baja a Ruben al suelo y tira la jeringa fuera de su piel, arrojándola al lado vacío.



Aguanto la respiración cuando él viene y me agarra. Me mira fijamente, con los ojos llameantes, y abre su boca, titubea, luego hace un ruido de dolor bajo mientras aplasta mi boca y me da un beso que ambos pedimos y castigándome, luego suelta mi brazo y pisoteando a la puerta, me deja lamiendo mi carne viva, labios hinchados y mirando detrás de él.



Ruben tose mientras se empuja y se pone de pie, frotándose la garganta cuando nos damos cuenta que Pedro se ha ido.



—¿Qué demonios? —Diego parpadea con total incredulidad a la puerta abierta por donde Pedro acaba de salir.



—Se supone que es para acabar con un elefante, ¿no? —Ruben pregunta con aire sombrío a Diego.



—Supuestamente es la palabra clave.



Sacudiendo la cabeza, Ruben sacude el vidrio de sus jeans. —Debe estar toda la adrenalina en él. Mierda.



—¡Diego, vete a la mierda, los dos! ¡Tú le disparaste con un sedante! Se puede caer en un callejón por lo que sabemos, ser robado y... oh dios. —Cubro mi cara cuando pienso en todas las cosas que puede hacer mal, o le puede pasar.



—Cálmate, Paula, lo tenemos controlado. Ruben, tienes otros dos de estos tranquilizantes, me reuniré contigo en el auto —dice Diego, luego se vuelve al gerente y señala el cheque que aún mantiene entre sus manos—. ¿Si pudiera enviar la factura a la suite presidencial? Le garantizo que estaremos fuera por la mañana.



—¡Quiero ayudar!



—Maldita sea, ya has ayudado bastante, Paula, —Ruben me dice, mirándome como si hubiera desatado el Apocalipsis—. Sólo ve arriba y espera por él. Habrás terminado tu trabajo cuando regrese.



***



Estoy paseando como loca mientras espero escuchar algo. Cualquier cosa.



Veo todas sus cosas a través de nuestra suite, el iPod y la computadora portátil, su cepillo de dientes en el baño, la ropa todavía en su maleta, alguna colgando en el armario, y una ansiedad terrible me recorre hacia abajo por mis terminaciones nerviosas.



Pedro acaba de irse por ahí y podría tirarlo todo por mí. Mis labios están adoloridos de la tortura de mis dientes mientras vuelvo al pasado y me pregunto qué habría pasado si hubiera dicho que no besaba ese estúpido tatuaje. Yo nunca podria haber hablado con Delfina. Ella nunca tendría una oportunidad para liberarse como yo le ofrecí.



En ese momento, se había sentido relativamente inofensivo, considerando que, también había sentido como si no tuviera otra opción, pero ¿cómo deseaba profundamente que Pedro nunca se hubiera enterado de nada de esto?. Incluso enojado, yo podía sentir su dolor, y ahora estoy tremendamente preocupada por él. Incluso si tiene sus puños en la mandíbula de Scorpion en este momento, su victoria Underground sería disparada al infierno, y yo no puedo ni preguntarme qué podría hacer ese horrible reptil enfermo a Delfina como retribución si pedro lo hiere esta noche.



Oh, Dios.



La idea de mí arruinando, no sólo mi propia carrera, sino también la de Pedro, ciertamente me destroza.



Mi estómago está tan inestable que siento como si mis intestinos fueran a ser echados fuera. Quiero que Delfina este a salvo, pero necesito desesperadamente a Pedro de vuelta en el hotel, donde estoy segura de que podría tratar de apaciguarlo con sexo. Si quiere domarme bajo su sumisión, entonces por Dios que voy a dejar que el hombre crea lo que quiera, sólo para tenerlo calmado y sereno de nuevo. Yo no le tengo miedo. No lo voy a tener. Él sigue siendo mi Pedro, sólo en un estado malo de mierda.



Pero a las 5 a.m. todavía no ha vuelto. Estoy revisando internet como loca y tengo las noticias locales presentándose en la televisión, temiendo lo peor. Oigo una puerta y levanto mi cabeza, mi corazón latiendo en mi garganta cuando veo a Ruben. Al instante salto del sofá a mis pies.


—Pedro? ¿Dónde está? ¿Qué ha hecho?



Ruben no me mira a la cara, simplemente camina directamente en el dormitorio principal y busca en el armario.


—Está en sala de emergencias.



Una tensión terrible se extiende desde un extremo de la columna al otro, y de repente me siento azotada en el trasero y voy decididamente detrás de él. —


-¿Qué ha hecho? Déjame ir a buscar mis cosas. Tengo que verlo.



Ruben toma su cepillo de dientes, la navaja, y lanza todo en una pequeña bolsa de cuero.

—Es mejor que esperes aquí. Son sólo algunas puntadas— Luego toma sus zapatos de boxeo y traje para la pelea—. No están descalificados. Ninguno de ellos. La lucha va esta noche, ¿o debemos decir? Continúa. Esta noche.



Los ácidos en mi estómago empiezan a arder, incómodamente. En realidad carezco de la testosterona para soportar todo esto. Solía ser sexy en las películas cuando un chico pelea por una chica, pero este es mi chico, peleando por mí, y me siento casi tan detestable como es posible y más que un poco desesperada por ir a cuidarlo y protegerlo.



—¿En que sala de emergencias está?


Siguiéndolo a través de la habitación, agarro un par de jeans y los deslizo bajo la camiseta negra de Pedro, con la que a veces duermo.



Girando sobre sus talones cuando llega a la puerta, el me detiene atrás con ambas manos.


—Por favor, no, por el amor de dios, no se te ocurra aparecer Paula. Ni Diego ni yo queremos que él te vea. Por favor, Paula. Sólo escúchame.



—Pero, ¿cómo está?... —parpadeo hacia él, mis ojos empañados mientras mi voz se quiebra—. Dime cómo está él.



—Él está muy enfadado. Lo sedaron en el hospital. Honestamente, no sé cómo podemos esperar que luche esta noche. Pero por lo menos está enojado.



Yo frunzo el ceño a la puerta golpeando al cerrarse y me quedo mirando después que se va. Me siento enojada también, pero también me siento devorada por dentro.



La urgencia de verlo es aguda, pero no sé si lo ayudaría o le estorbaría, yo no sé nada de esto. Usando su portatil, investigo en Google la bipolaridad y el buscador entra en un montón de artículos que describen en un episodio maníaco como la persona pasa de estar en un estado de ánimo extremadamente feliz a un estado de ánimo extremadamente irritable, quién también se engancha en un exceso de actividades placenteras, el sexo, el juego, el alcohol y algunas veces experiencias alucinantes, sentirse descansado después de no dormir, actuar imprudentemente o violento, y estos episodios suele ir seguidos de un episodio de depresión cuando la persona apenas puede levantarse de la cama. Estoy segura que Pedro es un maníaco en este momento, yo ya había visto que fue rápido todas esas noches de sexo duro. Lo recuerdo la noche en que me habló sobre ser bipolar diciéndome que yo lo iba a dejar si se ponía difícil, pero estoy doblemente resuelta a no ser una mierda y aguantar con él.



Pero me pregunto cómo está afrontándolo en este momento, después de que él peleó con ese maldito hombre.



Dios, por favor, por favor, no me dejes arruinar su pelea de esta noche.



Eso es todo lo que pienso mientras tomo mis zapatillas, mi rodillera, y voy al gimnasio del hotel, utilizo una cinta de correr por dos horas. Me enfoco planeando que debo hacer cuando lo vea. Quiero decirle que lo siento que me pareció innecesario decirle sobre la visita a mi hermana, pero tenía que hablar con ella y no quería preocuparlo. Quiero darle un beso y olvidar que todo esto alguna vez pasó, pero, por desgracia, la mañana va pasando, y yo no lo veré al mediodía, o incluso en una o en dos, o en tres horas.



No lo vi hasta la pelea.



Y para entonces, soy absoluta, ciertamente, una masa de nervios temblando. No he visto a Diego en todo este tiempo tampoco, sólo al entrenador y a Ruben, quienes me acompañaron a mi asiento cuando traté de llegar al camerino para verlo por el sinuoso camino.


—Por favor, sólo déjalo entrar en la zona —dice Ruben.



Todo lo que puedo hacer es asentir con la cabeza, y soy asaltada por una melancolía enferma mientras tomo mi asiento y espero y espero interminablemente. Sólo hay una pelea esta noche. Sólo Pedro y Scorpion se enfrentarán entre sí, y este encuentro durará por horas. Ya estoy sintiendo como una eternidad en el momento que escucho su nombre arrancar a través de los altavoces, y mi corazón se eleva en el pecho al mismo tiempo que los espectadores vuelan a sus pies para animarlo.



—Y ahora, damas y caballeros, el momento que todos hemos estado esperando. El actual campeón, el defensor, el único, Pedro RIPTIDE Alfonso!



La multitud se vuelve loca, y estoy pronto radiante mientras mis ojos ven un destello de rojo al comienzo del túnel. Sale trotando al ring, y las mariposas explotan dentro de mí. Mis ojos arden con el ansia de verlo de cerca. Salta al ring y extiende sus brazos, Ruben le quita la capucha roja y se coloca a un lado con facilidad.



Mis ojos examinan su cuerpo, y un golpe duro y frío me mantiene inmóvil durante varios incrédulos y largos latidos, moretones de color púrpura recorren todo el camino hasta su torso. Hay cortes en sus labios, y varios puntos de sutura corren a través de su ceja derecha.



Obligándome a sentarme, espero ansiosamente por el giro habitual de Pedro. Pero él no lo hace. El público grita su nombre en un canto, y noto que el Underground está lleno de más fans de él que de Scorpion. Pero esta noche Pedro no está en su ego arrogante, y no se gira ni les sonríe.

No se gira y ni me sonríe.

Mi ánimo se hunde, y de repente me doy cuenta de que nunca jamás he sufrido por la sonrisa de alguien tanto como por la de él. Nunca me he sentido tan dolorosamente invisible hasta que siento la falta de sus ojos en mí esta noche.



Cuando el presentador dice en voz alta—: Y ahora, damas y caballeros, la pesadilla que todos hemos estado temiendo ver volver a la vida está aquí. Cuidado con Benny el “Blaaaack Scorpion”!



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GRACIAS POR LEER!♥


jueves, 23 de enero de 2014

CAPITULO 33




¿Él, que nunca ha tenido un hogar, quiere saber si extraño al mío?¿Cuando duermo como una reina, en una cama suave, en sus brazos, y como la mejor comida que podría comer, tengo un trabajo, y paso el tiempo con él cuando a veces es arrogante, a veces gruñón, y siempre adorable?


Dejando mi tenedor, me doy vuelta para enfrentarlo y acariciar su mandíbula con las puntas de mis dedos.


—Cuando no estoy contigo, echo de menos mi casa. Pero cuando estoy contigo, no extraño nada.


inclino para rozar mis labios con los suyos. Él gruñe suavemente y acaricia su nariz contra la mía.


—Estaré más cerca para que no extrañes —gime.

—Por favor hazlo. De hecho estoy segura de que hay bastante espacio justo aquí.


Me muevo significativamente sobre su regazo, y él muerde mi lóbulo de la oreja y me abraza fuerte, diciendo—: ¡Así está mejor!



Nos reímos, y terminamos comiendo del mismo plato, el mismo tenedor, turnándonos para alimentarnos el uno al otro cuando siento su inquietud, la que viene con su manía, me doy cuenta de que parece que él quiere hacer algo. Entonces cedo mientras me domina completamente y se burla de mis labios con un roce del tenedor, y obedientemente abro la boca y le dejo alimentarme.



Me encanta el modo en que sus ojos se oscurecen cada vez que mira mi boca cuando la abro para la comida.



Él desliza su mano libre bajo la manga de satén y acaricia mis tríceps con ternura mientras se vuelve a su plato y agarra un poco para sí mismo. Lo veo tomar un gran bocado, y luego espero a que él corte más pollo y lo lleve a mi boca, junto con un poco de todo lo demás.



Observa como muerdo, saboreo, y finalmente, trago, sus labios se curvaron en una sonrisa tierna.



—¿A quién perteneces? —pregunta en voz baja, acariciando de arriba y abajo mi espina dorsal.



Mi corazón se derrite cuando deja el tenedor en el plato y desliza la mano hacia la bata, curvándose alrededor de mi cintura.


Inclina la cabeza y roza un beso sobre mi oído diciendo con voz ronca—: A mí.



—Totalmente tuya. —Me muevo, así estoy a horcajadas sobre él, y entierro mi nariz en su cuello cálido, deslizando mis brazos alrededor de su delgada cintura—. Estoy tan nerviosa por la gran pelea. ¿Tú?


Su risa retumba en su pecho profundo mientras se inclina hacia atrás para mirarme. Luce divertido.


—¿Por qué habría de estarlo? —Levanta mi cabeza por la barbilla para que sus ojos mieles capten los míos. Paula, voy a romperlo.


La certeza en su voz tiene tal profundidad y poder, que casi siento pena por Scorpion. Pedro no sólo lo va a romper, va a divertirse haciéndolo.


—Pedro, me encanta la forma en que peleas, pero no tienes ni idea de lo estresante que es para mí.


—¿Por qué, Paula?

—Porque sí. Eres... importante para mí. Deseo que nada te toque, y cada pocas noches, sólo estás... allí fuera. Aun sabiendo que vas a ganar, me pone muy nerviosa.

—¿Pero tú eres feliz, paula ? ¿Conmigo?

Su cara se tensa ante esa pregunta, y de repente se ve muy determinado, muy parecido a las veces que me pregunta: "¿Te ha gustado la pelea?" Veo la necesidad feroz en sus ojos, y sé que mi respuesta le importa tanto como a mí me importa lo que él piensa.


—Delirantemente —admito, y lo abrazo y huelo su cuello, amando como su aroma me relaja—. Tú me haces feliz. Me haces delirantemente feliz y delirante, y punto. No quiero estar sin ti por un segundo. Ni tampoco quiero a todas esas mujeres que te miran y gritan las cosas que te harían.


Su voz cambia, como lo hace cuando me habla íntimamente durante el acto sexual.

—Yo soy tuyo. Tú eres la única que traigo a casa conmigo. —Huele mi cuello, entonces regresa a la parte posterior de mi oreja, y me susurra—: Tú eres mi compañera, y te he reclamado.

Con eso, se me reacomoda a un lado y vuelve a darme de comer.


Él parece deleitarse viendo mis labios abrirse y cerrarse por lo que trae a mi boca. Le gusta darme de comer, y creo que el placer masculino obsesivo que ha derivado de ello se remonta a su antepasado, al hombre de Neanderthal.


Nos devoramos toda la comida, nos acariciamos y besamos, y le cuento sobre Melanie, cómo ella y Ruben durmieron juntos una noche y ahora parece que se han convertido en grandes amigos de mensajes de texto, y se ríe y me anima.


—Cuéntame más —mientras sigue comiendo.


Así que le digo de mis padres, cómo Delfina solía enamorarse de cualquiera que se le acercara, y él sonríe y me encanta hacerlo sonreír.


—¿Te acuerdas algo bonito de tus padres? —Le pregunto cuando nos dirigimos de nuevo a la habitación principal y subo a la cama.


—Mi madre solía hacerme la señal de la cruz todas las noches. —Cierra la puerta, y sé que es para evitar que Ruben entre a la mañana siguiente, y nos vea desnudos—. En mi frente, en mi boca, y en mi corazón.


—¿Era religiosa?


Pedro se encoge de hombros, y veo que él se detiene en su equipaje de mano para sacar su iPod y sus auriculares.


Honestamente, el pensamiento de los padres de Pedro es una tortura para mí. ¿Cómo es posible que alguien tan religioso abandone al ser humano más complejo y hermoso que he conocido? ¿Cómo pudieron?


pedro lleva sus cosas a la mesa de noche, y me doy cuenta que las deja a todas muy cerca. Se está preparando para sostenerme el resto de la noche porque es plenamente consciente de que no va a dormir.


—¿Echas de menos a tu familia? —le pregunto mientras se une a mí.


La cama chirría cuando Pedro acomoda e inmediatamente me alcanza.



—No se puede extrañar algo que nunca has tenido. —No esperaba esa respuesta, y quiero tanto llorar y cuidarlo y protegerlo de todo el mundo que lo ha herido.



Él afloja el cordón de su bata Riptide y quita el satén de mis hombros. Le gusta verme desnuda para poder hacer todas sus cosas de león como lamerme, y me gusta complacerle. Así que extiendo mis brazos y me la quito, amando cuando me acurruca contra él, piel con piel.



De pronto, con todas mis fuerzas, quiero darle todo lo que tengo. Mi cuerpo, mi alma, mi corazón, mi familia.

—¿Si yo te dijera algo… —le susurro cuando encontramos nuestro lugar favorito, uno frente al otro, mi pierna entre sus muslos, nuestros cuerpos entrelazados y tocándonos tanto como sea posible—… lo recordaras mañana?

Pone las mantas sobre nosotros y lleva mi cara hacia su cuello, sus manos vagan arriba y abajo de mi espina dorsal.

—Espero que sí.

Siento sus pies moverse sin cesar contra los míos, y sonrío y extiendo mis brazos para acariciar su pelo para ayudarlo a relajarse, y luego tengo una idea. Una brillante. Una en la que va a entender lo que quiero decir, y de esta manera no lo voy a presionar a cualquier cosa con lo que podría no sentirse cómodo. De hecho, no tendría que responder a ello en absoluto.



Me estiro sobre él hacia la mesa de noche y agarro los auriculares y su iPod, rezando para que encontrar la canción allí. Estoy loca por esta canción y nunca, nunca, me he identificado con ella hasta este segundo cuando tengo ganas de gritar cada una de esas letras a Pedro en estos momentos.

—Póntelos —le digo con entusiasmo. Sonríe, porque sé que le encanta cuando le pongo música. Se endereza contra la cabecera y se pone los auriculares y me arrastra hacia su regazo, y me quedo allí.

La encontré. Es la canción perfecta para decirle que estoy loca por cada parte especial de él.


Así que selecciono "I love you" de Avril Lavigne y la reproduzco.


Oigo la música comenzar y la excitación fluye a través de mis venas mientras aumenta el volumen y puedo escuchar las letras empezar a hablarle, incluso desde donde estoy sentada en su regazo.



Sé que él podría no recordar esto mañana. Sé que sus ojos son de color negro, y que ponerle una canción no cuenta como haber dicho las palabras, pero hemos pasado muchas noches juntos. Entrenando con el otro, bañándonos juntos, corriendo juntos, alimentándonos mutuamente, acariciándonos y hablando, y creo que Pedro nunca se ha abierto a cualquier otra persona como lo ha hecho conmigo. He tenido mis paredes toda mi vida, y nunca he dejado a nadie entrar hasta que de repente me di cuenta de que él estaba... dentro.

Lo respiro y lo vivo todos los días, aún sueño con él mientras estoy acostada a su lado en la cama.


Incluso si este hombre no reconoce las emociones en su corazón crudo y salvaje, por lo menos espero que él sepa debido a mi canción que se ha convertido en mi... todo.


Emocionada más allá de las palabras, escucho la canción continuar reproduciéndose y veo su cara, mordiendo mi labio mientras estudio su expresión. Cada letra es tan perfecta, toda la canción es exactamente lo que quiero decirle, incluyendo el coro, que juro que puedo oírlo en este momento.


"Eres tan hermoso

Pero no es por eso que te amo

No estoy segura si sabes

Que la razón por la que te amo eres tú

Siendo tú

Sólo tú

Sí, la razón por la que te amo es debido a todo lo que hemos pasado

Y es por eso que te amo"


Escucha evaluando mi cara, su expresión determinada mientras estudia mis características. Mis labios carnosos. Mis ojos. Mis pómulos altos.


—Ponla otra vez. —Su voz suena tan áspera, que casi tuve que leer sus labios para entender lo que dijo.


Presiono el botón de reproducir, pero en vez de escuchar la canción de nuevo como yo esperaba que hiciera, me da la vuelta y me acuesta sobre mi espalda, a continuación, coloca los auriculares en mi cabeza y los ajusta para mi complexión pequeña mientras la canción comienza.


Y al segundo siguiente, estoy escuchando la canción "Te amo" que yo puse sólo para él.


Y que Pedro Alfonso ahora pone para mí.


Cierro mis ojos, mi corazón temblando en mi pecho, lo que siento por él extendiéndose dentro de mí hasta que me siento completa y sin poder evitarlo consumida. Siento sus labios sobre los míos, la canción sonando en mis oídos mientras él comienza a besarme de una manera que no es sexual, sino infinitamente tierna.


Esta es la manera en que Pedro se abre para mí, y me siento estremecer desde la cima de mi cabeza hasta las plantas de mis pies mientras asimilo cada cosa que trata de decirme, con esta canción, con sus labios, con su toque suave, aún sabiendo que él podría no recordar nada de esto, eso no lo hace menos real para mí.

***


Mi tarde iba perfectamente bien.

Pedro tiene un día libre de entrenamiento y ahora está cargando completamente sus músculos con carbohidratos y energía, y su plato también. Se negó a comer las comidas de Diane y nos trajo a todos al restaurante buffet del hotel en su lugar. Los hombres están comiendo por separado, discutiendo cosas de "lucha", y estoy teniendo un tiempo precioso con Diane tratando de determinar los ingredientes de lo que estamos comiendo. ¿Un sabor a… naranja? ¿Un toque de cardamomo?


Y luego, pitidos telefónicos. Estoy encantada de ver que es un mensaje de Mel.


Melanie: odio darle a ese presuntuoso de Ruben ningún crédito, pero tenía razón. ¡Hay una foto en Internet de ti besando esa encarnación de Gross esa noche! ¡Y está esparciéndose como virus!


Mi mundo se detiene.


Me proyecté de regreso a esa noche, cuando me levanto de puntillas besando la encarnación de Gross, y de pronto tiene mucho sentido que alguien —¿sus matones? —captarían esto en cámara. Por supuesto.


Si alguien pasó cuatro minutos grabándome en mis pruebas Olímpicas, en el momento más humillante de mi vida, también habría alguien dispuesto a grabarme en el segundo momento más humillante de mi vida. Por supuesto que lo tomaron con la cámara. Quizás no sea la primera vez que fallé al golpear el terreno. Pero ¿qué hay de la segunda vez que tuve que mantenerlo por cinco segundos?


Mi trasero cae, y siento que me estoy ahogando incluso antes de que venga la tormenta, solo con la simple vista de la nube entrante.

Con los pulmones congelados, pongo mi teléfono de nuevo en mi bolso, de alguna manera tengo la sensación que todo lo que hago parece estar en cámara lenta. Echo un vistazo a la mesa donde los hombres hablan de su estrategia para mañana en la noche, y me doy cuenta de que Pedro está escuchándolos cómodamente. En un segundo esta normal, relajado y descansando la espalda, con sus piernas extendidas abiertas en una silla rosa del comedor del restaurante del hotel, y el siguiente lo veo mirando fijamente a su teléfono, ya que vibra.

Mi corazón se hunde hasta los dedos de mis pies, pero los segundos pasan, y nada sucede.


No puedo leer su perfil, pero se ha mantenido completamente inmóvil. Luego todo pasa en un abrir y cerrar de ojos.


Vuelca toda la mesa con un estruendo enorme, y el entrenador termina en el suelo, con un millar de platos y la comida por encima de él.



En el mismo movimiento cuando Pedro se impulsa a sus pies, dispara su celular a través de la habitación, donde se estrella en pedazos contra la pared mientras viene hacia mí, y Diego se apresura a ponerse en pie y mete la mano en el bolsillo de atrás.


—¡No, Diego, no! —estallé, aborreciendo la idea de pedro siendo tranquilizado.

Trato de mantener la calma, pero mi corazón late a mil pulsaciones por minuto. Nunca he tratado con Pedro enojado conmigo desde que estamos juntos, y de repente estoy un poco asustada de él, pero yo no quiero que sepa que lo estoy.


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y...se entero....
que pasara?? mmmmmmmmmm
GRACIAS POR LEER!♥





miércoles, 22 de enero de 2014

CAPITULO 32



Arrastrándome más cerca de él, beso su mejilla con fuerza y paso mis manos por su pelo, viendo su mirada cargada de deseo junto con otra cosa. Algo que hace que sus ojos se vean misteriosamente oscuros y líquidos.

Una puerta de coche se abre.

Parece que el Entrenador se está montando en la parte delantera de la limusina, por lo que Diego, Ruben, y Diane se sientan en el banco con nosotros. Justin aprieta mis dedos mientras trato de aliviar la distancia, pero la acción de Pedro solo me decía que no, entonces él se desliza por el borde de su asiento y desploma sus grandes hombros como si estuviera tratando de hacerse menos voluminoso. Es imposible debido a su tamaño y los músculos, me agarra más y tengo que conformarme cuando reposa la cabeza en la parte blanda de mi pecho, gruñendo en voz baja y luego suspiró.

Estoy muy sorprendida de que yo no me mueva.

Diego levanta una ceja mientras observa a Pedro envolver sus brazos con más fuerza alrededor de mis caderas y me acerca hasta el costado de su cabeza en el que está perfectamente amortiguada en mi pecho. Él gruñe y yo suspiro de nuevo. Ruben eleva dos cejas. Diane sonríe con ternura, como si sólo se derritiera.

No sólo me derrito. Estoy líquida debajo de él.

Mis padres, un entrenador y un maestro, son gente maravillosa, pero no son tan grandes en los abrazos y los besos, como, por ejemplo, como mi amiga Melanie, que esta colmada de afecto y se extiende por todo el mundo como si fuera su deber. Pero la forma en que Pedro me mira, la forma en que no oculta su atracción por mí, incluso a su público durante sus peleas, y la forma en que me abrazó como un gran oso hibernando que acaba de encontrar una cueva, me duele en forma inexplicable como los abismos.

En silencio, y con toda la ternura del mundo, corro mis uñas por el pelo en punta, luego trazo una uña a lo largo de la oreja. Tiene dos brazos firmemente alrededor de mi cintura, de alguna manera me ha atrapado a él como si hubiera estuviera reventando una almohada.

—¿Quieren un tiempo de espera cuando llegamos al hotel? —Diego nos dice, y su timbre de voz vibra como si una profunda emoción le tocó.

Estoy absorta tamizando los dedos por el pelo cuando Pedro hace un gesto de afirmación contra mi pecho, sin siquiera molestarse en levantar su pesada cabeza.

Nunca lo había visto tan tranquilo cuando estaba maniático.

O sentarse tan completamente quieto todavía.

Diego y Ruben tienen completas expresiones aturdidas cuando no tienen una reacción loca de Pedro.


Cuando llegamos a las habitaciones, recibimos nuestras maletas en nuestra habitación, y luego hago lo que siempre hago. Yo descomprimo la mía y puse mi pequeña bolsa de cosméticos escondido debajo del fregadero, para empezar.


pedro me observa desde la puerta con tan feroz anhelo, dejo de cepillarme los dientes, la boca llena de espuma cuando me doy cuenta de su mirada. Se ve con hambre. Casi desesperado. Rápidamente me aclaro cuando se acerca y con una toalla a mano. No está sonriendo. Sus ojos negros me tragan en sus profundidades. Él me levanta fácilmente en sus brazos y me lleva de vuelta a la habitación.

No me ayuda la manera que mi interior revolotea cuando me acurruco en su cuello y lo respiro mientras nos baja a la cama. Creo que sé lo que quiere, pero no estoy segura. Así que espero y lo observo por un momento.


Se quita los zapatos y los arroja a un lado, entonces escucho el golpe seco sus propios zapatos estrellarse contra el suelo.



—Quiero tus manos en mi cabeza.


Asiento con la cabeza y me deslizo hasta el borde para hacer espacio para él.

—¿Calma tus pensamientos acelerados?

Niega con la cabeza, luego toma mi mano y extiende abierta sobre su pecho ancho, con la voz inundada de ternura, él atrapa mi mirada con la suya.


—Me tranquiliza aquí.

Una maraña de emociones me golpea cuando siento el corazón palpitante, lento y poderoso como corazones sólo grandes atletas puede superar, en la palma. Miro fijamente a los ojos, al ver que el mismo feroz deseo en ellos que acabo de ver, y yo lo amo a tal grado que juro que mi corazón simplemente corre a su propio y acelerado ritmo.


Se desliza a mi lado, los dos vestidos nos instalamos en el edredón de la cama. Deja caer la cabeza hacia el pecho y se arrima cada pedacito de sus enormes músculos en mí, inhalando el cuello. Bajo mi cara y beso la parte superior de su cabeza a la vez que empiezo a correr mis dedos a través de su cuero cabelludo.

No ha dormido en estos sin fín, tensos, días locos.





Días donde me he sentido acariciándole el pelo y la espalda en la noche. Cuándo había oído el bajo nivel de ruido sordo de su música. Lo he oído comer en la cocina a la medianoche, tomar duchas frías, y cuando esas duchas no parecían suficiente, me he despertado a buscarlo para que me haga el amor a su manera.

Pero no lo he escuchado dormir durante tanto tiempo...

Así que cuando su respiración se equilibra, me doy cuenta de que ha dormido en mis brazos, en la mitad del día, en medio de un episodio maníaco, no sé cómo puedo contener las emociones hinchazón en el pecho.


En silencio, me limpio una lágrima de la mejilla, y luego otro. Nunca me imaginé que este tipo de hombre existían. O ¿Cómo era posible que esto solo me pasara a mí?

Estos momentos.

Esta... conexión.

Nunca pensé que el desesperado anhelo, casi doloroso que siento por él nunca podría ser correspondido para él, para mí.


Llorando en la felicidad por primera vez en mi vida, le acaricio el pelo, la mandíbula, el cuello, sus brazos, mirando hacia abajo a sus perfectos labios carnosos, su dura y fuerte mandíbula y la frente, la nariz perfecta, amando en silencio cada centímetro de su cuerpo.

La luz del sol le roba a través de la habitación y lo ilumina por completo, lo que me permite beber su perfección como un yonqui. Nuestros zapatos están desechados en el suelo, las maletas siguen estalladas por completo cerca de la puerta. Estamos en otra hermosa suite de otro hotel de lujo, y juro en mi vida, nunca me he sentido tan completa como en este momento, con este hombre que dormía en mis brazos, con sus gruesos brazos a mí alrededor, con la nariz en mi escote, su aliento caliente sobre mi piel. En un lugar extraño, en un nuevo ambiente, lejos de todo lo que he conocido...

Toco mis labios en su oreja. —Es por ti—le susurro, cerrando los ojos. —Estoy loca de alegría. Completa en cualquier lugar en donde tú estés.

Estoy tan decidida a proteger su sueño, me salto la cena, incluso cuando ruge el estómago. Pronto se calma, y todo el tiempo, sigo dando caricias tranquilas en sus grandes y hermosos pequeños detalles del cuerpo cuando en silencio digo.

—Te amo, Pedro.

Él despierta en el medio de la noche, y por esta vez, estoy agotada, pero tan decidida como siempre, con mis brazos agotados lo acaricio y lo mimo.


Despertando con un gemido suave, fácilmente me agarra y me mete arriba de su cuerpo a su modo que ahora yo soy la que abrazo su pecho profundo cuando él lánguidamente besa el hueco de mi oído.

Paula —dice.

Sólo una palabra.

Ronca por el sueño, y tan bajo e íntimo, que podría haber sido una propuesta, una propuesta, a la que mi respuesta sería, y siempre será, sí.

—Sí, pedro—susurro, mi voz tan aturdida cuando me acaricia la clavícula.


Él gruñe y poco a poco me inspira.

—Mi Paula — dice con voz todavía ronca y gruesa, sus dedos tocan el botón de la parte superior de mis jeans ajustados y besa cariñosamente mi cuello mientras me palmea trasero con una mano grande.

—¿Por qué sigues usando estos?


Antes de que puedo recordar por qué, oigo el click del botón abrirse y el deslice del cierre bajar deliberadamente.



Me aprieta cada músculo. Me quejo suavemente y presiono la nariz en el cuello.


—Yo estaba esperando el hombre más sexy del mundo para llevarlos encima.


***


Alrededor de las 3 am, pedro se queja con un “hambre" en mi oído y se levanta asaltando la cocina, y mientras estoy acostada en la cama estirándome, mi estómago se queja al instante.


Enciendo una luz y me deslizo en la primera cosa que sale de la maleta de pedro, que termina siendo uno de sus túnicas de raso rojo con la palabra Riptide tejida en él.


Ato el cinturón con fuerza alrededor de mi cintura, y la tela se siente deliciosa y fría contra mi piel. El manto es enorme en mí, llegando hasta el final a la parte inferior de las pantorrillas, pero sonrió porque me encanta llevar sus cosas. Corro tras él para inspeccionar cualquier cosa que Diane nos dejó en la cocina.


Hay dos platos calientes de pollo con costra de parmesano y espinacas y ensalada de remolacha con una guarnición de papas rojas. Voy afuera a conseguir nuestros utensilios cuando veo a pedro ya descansando en la mesa del comedor, gloriosamente con el torso desnudo y en un par de pantalones deportivos bajos colgado de sus caderas.

Está recogiendo la mantequilla de maní en un palo de apio y comiendo, pero deja de comer cuando me ve e inmediatamente se traga todo lo que tenía en la boca.


Sus ojos se abren y se le cae el tallo de apio restante y se inclina hacia atrás en su silla, cruzando sus musculosos brazos haciendo que las viñas de tinta en la parte superior de sus bíceps se ven oscuras y sexy.

— Mírate— dice las palabras con un gruñido de placer masculino puro.

La palabra RIPTIDE quema deliciosamente en mi espalda mientras me dirijo con las placas, sonriendo.

—Te lo devolveré cuando volvamos a la cama.

Sacude la cabeza y acaricia su regazo. —Si es mío, es tuyo.


Puse la comida en la mesa, y él traza mis caderas a través del satén haciendo que me sentara en su regazo.

—Estoy tan jodidamente muerto de hambre.

Coge un trozo de patata con los dedos y se lo mete en la boca, lamiendo sus dedos.

—A ti te gustarían las papas de mi madre. Ella agrega la pimienta de cayena — le digo sosteniendo el tenedor y metiéndolo en mi boca, y el sabor del romero y la patata se derriten en mi lengua.

—¿Echas de menos tu casa?

La pregunta que me hace mirarlo mientras él termina otro papa, y me doy cuenta que no ha tenido alguna vez realmente un hogar.




Su casa ha sido un anillo de lucha y un montón de hoteles y alojamientos. Su familia ha sido su equipo y sus fans.

Mi pecho se hincha a punto de estallar por él.

El tiempo que me encerró con él en su suite del hotel, justo después de que vi a diego sedarlo esa primera vez, pedro había estado en una depresión y ni siquiera lo sabía. Él había estado llevando a cabo en mí para mantener la cordura, pero yo no sabía esto tampoco.

Todo lo que había conocido era que no quería que me fuera de esa habitación y que no quería entrar a nadie, él me quería allí. Quería mis caricias como si le faltaran, y mi boca era la única calidez en su frío, la única luz en la oscuridad.

pedro no es un hombre de palabras. Él es un hombre de acciones.

Este hombre grande y fuerte a veces, hay que tener cuidado, y te juro que me muero por ser la chica que cuida de él más de lo que he querido ser otra cosa.


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GRACIAS POR LEER!♥♥


martes, 21 de enero de 2014

CAPITULO 31



Pedro me ha protegido de sus fans, y yo lo protegería de ellos también. De todo. Especialmente de Scorpion. Lo protegería de tal manera que la única vez en la que Pedro tuviese que enfrentarse a él seria en el ring, donde con mucho gusto lo vería hacer desear a ese bastardo estar muerto.


Cerca de estar a punto de explotar con todas mis emociones, salto en su regazo, y luego le quito los auriculares y los dejo caer brevemente por encima de mi cabeza para poder escuchar lo que estaba oyendo. Una canción loca y salvaje de rock golpea mis oídos, y frunzo el ceño en confusión.


Él me mira con sus oscuros ojos mieles que se derriten un poco a medida que se inclina para besar a mi nariz, acunando mi mandíbula mientras su pulgar se mueve sensualmente en mi boca. Mi estómago duele, y temo que Pedro pueda ver realmente el miedo y el odio hacia mí misma que estoy llevando dentro de mí.

Dejando caer los auriculares sobre la mesa, me levanto sobre mis pies y corro al baño, sintiéndome tan violada me lavo los dientes y añado enjuague bucal hasta que mi boca se siente hinchada. Apenas doy un paso fuera del baño cuando de repente necesito volver y hacerlo todo bien de nuevo. Para la sensación horrible en mi piel, juro que podría tener un escorpión vivo trepando por mi mejilla, y la sensación me está comiendo.


Finalmente vuelvo a salir. Tengo en la boca menta fresca y mis labios se sienten entumecidos por la limpieza.


Pedro ha puesto sus auriculares a un lado. Toda su atención está sobre mí, sus cejas surcadas mientras sigue mi regreso. Parece confuso y un poco desconfiado.


El verlo me pone emocional, y temo que voy a quebrarme en cualquier momento. No me gusta sentir como si ya no lo mereciera más, incluso cuando lo único que quería era mantenerlo a salvo y no involucrarlo.


Nunca he querido cuidar de alguien en mi vida como quiero amar y cuidar de él.
Una protuberancia dolorosa se construye dentro de mi garganta.


—Pedro —le digo apretadamente, mi corazón late con fuerza, porque no sé cómo voy a enfrentarlo si me pregunta acerca de esta noche. —. ¿Me sostendrías por un momento?

Quiero desesperadamente mi lugar especial en sus brazos, el lugar en el que encajo como en ningún otro. Él hace el rincón perfecto para mí, me envuelve como un nido y es más caliente que cualquier otra cosa. Lo quiero tan desesperadamente, que me duele el corazón en el pecho.


Espero, temblando un poco, y creo que él lo nota y cede.


—Ven aquí —dice en voz baja, empujando la silla hacia atrás mientras extiende el brazo, con entusiasmo me acurruco en su abrazo masculino. Él se ríe cuando me retuerzo para acercarme, y estoy actuando tan necesitada que sus hoyuelos toman forma, lo que parece que le encanta.


—¿Me extrañaste? —Sus ojos danzan mientras sujeta mi cara y siento todos sus callos en la mandíbula y las mejillas, y la reconfortante sensación que sólo puede despertar Pedro a través de mí.


—Sí —le grito ahogadamente.


Él me acerca más y me sostiene ajustadamente en su pecho mientras baja sus labios a los míos. Nuestras bocas se rozan suavemente, después, hacen contacto y él se abre con una respiración suave que clama mi boca, su lengua enviando escalofríos de deseo a través de mí.


Sus dedos pasan por las curvas de mis pechos mientras arrastra su boca a lo largo de mi mandíbula y hunde la nariz en la parte posterior de mi oreja, inhalándome, gimiendo suavemente de placer y la sangre se acumula en mi cerebro, saltando con entusiasmo de mi corazón.



—Justin... —Le ruego, agarrando su camiseta y levantándola hasta sus hombros.
Agarra el algodón en un puño y con un tirón muscular, lo lanza por encima de su cabeza, y deslizo rápidamente mis manos sobre su pecho, besando cada parte que pueda conseguir.


—Te extrañé mucho —Le suelto ahogadamente por la emoción, besando su clavícula, la mandíbula, agarrando su pelo mientras presiono mi cara en su cuello cualquier cosa para acercarme a este hombre.



Me envuelve en un abrazo y acaricia mi espalda, entonces sostiene mi cara mientras susurra: —También te extrañé —dejando un beso en mis labios, luego en la punta de mi nariz, mi frente.


Tiemblo con su admisión. —Pero extrañe tu voz. Tus manos. Tu boca... estar contigo... verte... tocarte... olerte... —Hago una pausa. Huele tan bien, como él, limpio y varonil. Tomo sus labios con más desesperación.


Regresa mi beso, lentamente al principio, luego con más compulsión mientras desabrocha mi camisa y me desnuda con manos rápidas y ansiosas.

Sé que no es tan expresivo verbalmente como yo, pero puedo sentir su urgencia quemando cuando agarra mis caderas y me tira de nuevo a su regazo, como si tuviera que estar dentro de mí tan ferozmente como yo necesito que me llene. Estoy desnuda y él está todavía con sus pantalones, pero me muero de amor y de necesidad por expresarme físicamente con él.


Todo mi cuerpo se aprieta cuando su erección se siente caliente y palpitante entre mis muslos, y hay una enorme necesidad en mí por darle algo que nunca he dado a ningún hombre.


Temblando incontrolablemente, me deslizo entre sus poderosos muslos, al mismo tiempo en que él da un tirón a sus pantalones y los empuja fuera. Veo un vistazo de su tatuaje de estrella y su erección queda libre, y en el instante en que mis rodillas golpean la alfombra, mis dedos y manos están en todo su calor, su dureza, sus pesados testículos, todo lleno y preparado para mí.


—Quiero besarte aquí... —Mi voz tiembla con deseo cuando miro su cara de lujuria con ojos que apenas si puedo mantener abiertos por el deseo —. Quiero ahogarme en ti, Pedro. Quiero tu sabor... en mí...

El sonido de un hombre hambriento siendo complacido retumbó desde su garganta cuando lo llevo a mi boca, y roza mi pelo con todos sus dedos mientras mece sus caderas, poco a poco, hasta mi boca, suavemente dándome lo que pedí y tomando lo que quiero desesperadamente dar.



Él está tan deshecho como yo cuando agrego mis dientes, chupo la punta, luego la llevo hasta mi garganta hasta que tengo que reprimir mi reflejo nauseoso, y todavía estoy muriendo por más, nunca tendré suficiente de este hombre, y cuando está bombeando fuera de control en mi boca, y sus dedos se hacen un puño en mi cabello, y sus músculos se aprietan por el orgasmo, de repente me doy cuenta de que sus ojos son un poco menos mieles mientras me mira.



***



Él es definitivamente rápido.


Súper. Completamente. Rápido.


Médicamente, Diego dice que se llama manía.


Y sospecha que este episodio pudo haber sido desencadenado la noche en que salí con Melanie y Ruben, ya que durante su reunión financiera, Pedro le había preguntado solo tres cosas a Diego, y ninguna de ellas tenía nada que ver con las finanzas que había estado explicando.

¿En qué momento te dijo que volvería?


¿Estás seguro de que Ruben la va a recoger?


¿Por qué coño están tardando tanto?

Diego dice que cerró el tema dinero y envió a Pedro a su habitación tan pronto como Ruben envió un mensaje de que estábamos en el camino de vuelta, y fue entonces cuando lo encontré escuchando la canción de rock más fuerte que he escuchado, a la vez que llevaba una sombría, reflexiva expresión en su rostro. ¿Pensaba que nunca volvería?


¿Y es eso lo que hace cuando su interior comienza a girar en caos? ¿Escuchar rock duro?


No sé. Todo lo que sé ahora es que él me follo cuatro veces esa noche, como si necesitara reclamarme una vez más, y ahora Pedro ha pasado a ser totalmente pícaro y parece funcionar con Red Bull 24/7.


Esta como completamente cargado.


Su ser engreído habitual a la décima potencia.

Él me atacó en la cama como un león esta mañana. —Te ves especialmente bien, Paula Chaves. Buena, y cálida y húmeda, y no me importaría tenerte en mi bandeja de desayuno.



Su lengua hace una línea húmeda alrededor entre mis pechos, luego se va a por todas y lame mi clavícula como mi león siempre lo hace.



—Lo único que falta es una cereza en la parte superior, pero estoy seguro de que tenemos algunas.


La picardía en sus ojos me derrite cuando hace aparecer una cereza dentro de su mano, lo que me hace darme cuenta de que probablemente había ido a buscarla a la cocina durante la noche y había estado esperando para abalanzarse sobre mí al instante que despertara.
Señor, efectivamente es un depredador.


Gimiendo atontada, ruedo a mi espalda y miro en su rostro detiene corazones. Mandíbula desaliñada. Ojos oscuros brillando. Sonrisa con hoyuelos.
Dios, estoy perdida.


—¿Quién es tu hombre? —Pregunta con voz ronca, y me besa, rozando la cereza contra mi clítoris. —. ¿Quién es tu hombre, nena?


—Tú —Me quejo.


—¿A quién amas?

Temblores corren por mis miembros mientras tortura mi clítoris con la cereza y al mismo tiempo penetra en mi sexo con un largo dedo, y miro fijamente a sus ojos, aturdida. Puedo ver manchas en miniatura de color miel en sus profundidades misteriosas, y oh, quiero desesperadamente decirle, tu, sólo te he amado a ti siempre, pero no puedo. No así, no cuando ni siquiera puede recordar.



—Tú me vuelves loca, Pedro —le susurro, y descaradamente agarro su erección y la arrastro con ansiedad hacia mí, así me puede llenar y  hacerme oler a él de nuevo.

Toda la semana, está en modo alto de mantenimiento, y apenas puedo seguirle el ritmo, pero me encanta. Estoy montando los altos con él. Sus sonrisas resplandecen. Él tiene que tomar descansos de sexo ahora en los entrenamientos. No puede verme sin necesitar follarme. Cuando voy a estirarlo él me quiere a mí tan pronto como lo toco.


Ahora me doy cuenta de que cuando es negro, sus ojos no están muy negros, pero un negro muy oscuro, salpicado de gris y miel. Sin embargo, su estado de ánimo es... de alguna manera, negro. No siempre, pero a veces. Está bien sumamente elevado, o super cabreado. A veces nada lo hace feliz. Diane lo está alimentando. El entrenador no lo entrena duro. Y estoy mirando demasiado a Diego, por el amor de dios.


Pero incluso tan ridículo como suena, estas cosas parecen algo muy importante para Pedro, y ahora parece que todo mi día es absorbido por la energía y la resistencia, y estoy luchando para mantenerme al día.


—¿Quién es toda esta gente aquí? —Le pregunto cuando aterrizamos en Nueva York para encontrar una multitud de espectadores en el FBO donde aparca su jet, y apenas están siendo retenidos por cuerdas de color amarillo y equipos de seguridad en el aeropuerto.


—Para mí, que mas me da —declara.


Suena tan arrogante incluso Diego cacarea y dice: —Supéralo, Pedro.


Él me agarra seductoramente. —Ven aquí, nena. Quiero que estas buenas personas sepan que estás conmigo. —Grandes, manos seguras agarran mis nalgas mientras flashes se apagan.



—Pedro.

—Vamos a hacerlo en el ascensor — insiste.

Riendo, sacudo el dedo índice en mi gran, malo y travieso hombre. Yo nunca, nunca, voy hacerlo en un ascensor porque podríamos encontrarnos con alguien más.

—Yo te quiero. En el ascensor.

—Y yo te quiero. En una cama. Al igual que la gente normal.

Su mirada cae por debajo de mi cintura, y su expresión cambia a juguetona, un sonriente dios del sexo a un hambriento de sexo dios oscuro. —Te quiero en esos pantalones que llevas.

Ambiente cálido y querido. Asiento, sonrio, y agarro sus dedos, besando cada uno de sus nudillos magullados.


Su cabeza se inclina con curiosidad, y sus hoyuelos desaparecen lentamente. Parece que nunca se le ha dado este tipo de atenciones, solo yo. De repente, me dan ganas de darle más.

Y así lo hago.
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domingo, 19 de enero de 2014

CAPITULO 30



Ya me siento drenada para cuando llego a la mesa de mi hermana. Alrededor de nosotros, hay mesas vacías con sillas con las patas para arriba desordenadas a lo largo de estas, excepto por una pequeña mesa, la cual está ubicada con una pequeña vela eléctrica en el centro y palillos chinos para cuatro.


—Delfina —Mi voz es aparentemente suave, pero por dentro soy una masa de emociones conflictivas, incluso resentimiento hacia mi hermana por sentarse aquí, tener que observar  besar el sucio tatuaje de su novio. Pero viendo la expresión sin vida en su rostro, sólo sé que la chica enfrente de mí, esbelta y frágil, pálida y no realmente feliz, no es realmente mi hermana.


Me estiro por su mano en la mesa, estoy entristecida cuando ella no me deja sostenerla y en su lugar la empuja debajo de la mesa con un pequeño sorbo de su nariz. Nos miramos la una a la otra por un momento en silencio, y me golpea que la vista de ese escorpión negro casi trepando en los ojos de mi hermana es lo más perturbador que alguna vez he visto en mi vida.


—No deberías de estar aquí,Paula —dice ella, sus ojos en el hombre, Ruben y Melanie, quien esperan pasmados en la puerta. Cuando nuestros ojos se encuentran otra vez, estoy impactada por la animosidad en su mirada, abiertamente azotándome.


Una repentina furia se apodera de mí también, y entrecierro mis ojos. —Mamá quiere saber si te gustaban los cocodrilos australianos, Delfina. A ella le encantó la postal que le mandaste y no puede esperar para ver a dónde más te diriges. ¿Así que? ¿Cómo estuvieron los cocodrilos, hermana?


Hay un mundo de amargura en su voz cuando contesta. —Obviamente no lo sabría —Ella limpia el dorso de su mano a través de su nariz y aparta la vista, frunciendo el ceño con la mención de mamá.


—Delfina… —Bajando mi voz, señalo al vacío restaurante japonés que contiene al Escorpión y tres imbéciles, quienes nos observan desde el bar del sushi. —. ¿Es esto honestamente lo que quieres para ti misma? Tienes toda tu vida por delante.


—Y quiero vivir a mi manera, Paula.


Hay un montón de defensiva en su tono, así que trato evitar sonar agresiva. —¿Pero por qué, Delfina? ¿Por qué? Mamá y Papá tendrían el corazón roto si supieran las cosas en las que te has involucrado tu misma.


—¡Por lo menos los protejo de saber la verdad! —se recupera rápido, y este es la primera chispa de vida que en realidad veo en sus ojos


—¿Pero por qué les harías esto? ¿Por qué abandonarías la universidad por esto?


—Porque estoy enferma y cansada de que ellos me comparen contigo. —Mira con furia, entonces comienza a hacer una voz de burla que se parece a la de nuestra madre cuando lloriquea. —¿Por qué no haces esto como Paula? ¿Porqué no encuentras algo significativo que hacer con tu vida como Paula? ¡Ellos sólo quieren que sea como tú! Y yo no quiero. ¿Cuál es el punto? Te perdiste toda la diversión creciendo así podrías ser el ídolo de las medallas de oro y ahora no sólo no eres una medallista olímpica, no puedes siquiera correr en la pista nunca más.


—Podría no correr más pero todavía puedo patear tu trasero ahora mismo —le azoto con furia, duele más allá de las palabras  lo que ella está diciéndome.


—¿Y qué? —Continúa— . Eras la mejor velocista en la universidad. Todos no podían dejar de hablar de cuan talentosa eras y de cómo lo ibas a lograr. Eso es todo lo que hiciste y de lo que hablaste, ¡Ahora mírate! ¡No puedes hacer lo que amabas y probablemente terminarás como mamá y papá, viviendo en el pasado, con tus estúpidas medallas de oro todavía colgando en tu habitación!


—¡Para tu información, soy más feliz ahora mismo de lo que jamás he sido, Delfina! Si solo pusieras un poco de atención, te darías cuenta que mi vida continuó y en lugares que ni siquiera imaginé que alguna vez estaría. ¿Quieres ser independiente? Lo conseguimos. ¡Ve por ello! Solo sé independiente por ti misma, ¡no en algún hombre quien me hace lamerle su asqueroso tatuaje y así poder ver a mi hermana!


—Me gusta que es protector conmigo! —dispara de vuelta—. Él pelea por mí.


—Pelea por ti misma, Delfina. Te prometo que te dará toneladas más de satisfacción.


delfina sorbió furiosamente y limpió su mano a través de su nariz, mirando con furia hacia abajo hacia las velas eléctricas mientras el silencio cae entre nosotros. Dejo caer mi voz una vez más.


Mi hermana parece tomar la quinta enmienda y no responde, lo que sólo sirve para redoblar mi preocupación y frustración.


—Ven a casa, Delfina. Por favor —rogué, mi voz en un susurro así sólo ella podía oír.
Toca su nariz con la parte de atrás de un dedo, y entonces lleva su mirada furiosa hacia mí mientras continúa frotando su dedo a través de sus fosas nasales. Sorbiendo.



—¿Para qué quiero ir a casa? ¿Para así ser un ídolo acabado a los veintidós como tú?


—Preferiría ser un ídolo acabado que nada en absoluto. ¿Qué estás consiguiendo ahora? ¿Quieres terminar la universidad?


—No, eso es lo que tú quieres hacer, Paula. Yo quiero divertirme.


—¿De verdad? ¿Y has tenido cargas de eso? Porque ni siquiera puedo ver que tu sonrisa tenga algún lugar en tu rostro más. Podría no gustarte el hecho de que fracasé en alcanzar mi sueño tanto como yo lo hago, pero estoy en eso. Resulta que me gusta donde estoy ahora, Delfina. No es donde planeé estar, es cierto, pero tengo muchas otras cosas. Mejores cosas. Tengo un trabajo genial, estoy trabajando con gente asombrosa, y estoy en la primera relación que alguna vez he tenido en mi vida.


—¿Con Riptide? —se burla—. Riptide no tiene relaciones, hermana. Las mujeres se le lanzan a donde quiera que va. El acaba con ellas como sus oponentes, y las jode a todas y apenas pregunta por sus nombres. Lo vi primero antes de que llegaras aquí. No olvides que e estado en esta escena más tiempo. ¡Un día él va a mirar a alguien más, y serás su novia acabada también!


—¿Y tu precioso Escorpión te querrá por toda la eternidad también? Delfina, el hombre con el que estás no luce bien —siseo, robando una mirada hacia él pasando mi hombro. El sonríe con una sonrisa satánica como que está escuchando cada palabra, y repentinamente soy consumida con el deseo para que mi hombre suba al ring con este idiota y lo mate. Y no tengo duda de que Pedro lo hará. Golpearlo dentro de un centímetro de su vida. Tal vez entonces querrá dejar a este cabrón.


—Benny es bueno conmigo —explica Delfina con un pequeño encogimiento de hombros—. El me cuida. Me da lo que necesito.


—¿Te refieres a la cocaína? —le espeto en pura furia.


Sus cejas se fruncen, e instantáneamente me arrepiento de qué la hice ir en un modo de defensa otra vez.


Un silencio tenso se extiende entre nosotros, y aprieto mis manos en mi regazo hasta que mis uñas muerden mis palmas mientras trato de calmarme y razonar con ella cuidadosamente.


—Por favor, Delfina. Te mereces mucho más.


—¡El tiempo se acabó! —Un fuerte aplauso desde el bar nos alerta, y Delfina se encoge de dolor, lo cual sólo confirma lo que he sospechado. Ella no quiere estar en casa, pero no quiere estar aquí tampoco. Siente que no tiene a dónde ir, y no se puede ir porque consigue más cocaína para su nariz de lo que ni siquiera quiero pensar. Mierda.


—A menos que quieras besar el escorpión otra vez, dile adiós ahora. —El Escorpión se para de modo amenazador a lado de mí, sus ojos destellando en ese serpentino color amarillo verdoso que me dice cuanto le encantaría humillarme otra vez.


Delfina se pone de pie, y una astilla de pánico corre a través de mí con la posibilidad de no verla otra vez. Empujo a mis pies, experimentando una escala de emociones desconcertantes. Quiero abrazar a mi hermana en mis brazos y decirle que todo estará bien, y al mismo tiempo quiero golpearla por ser tan terca y estúpida.


En su lugar, rodeo la mesa para abrazarla, ignorando la forma que ella se tensa mientras volteo mis labios a su oído y le hablo suave como un algodón.



—Por favor déjame llevarte a Seattle. En la final de la pelea de Nueva York, encuéntrame en el baño de damas y tendré dos boletos para casa. No tienes que quedarte aquí, pero necesitas tiempo fuera para pensar esto bien. Por favor —Alejándome, miro hacia abajo significativamente a su rostro.


Una sombra de alarma toca su expresión, entonces ella asiente, sorbe por la nariz, y se balancea para irse, la vista de su retirada de vuelta partiendo hacia la salida trasera haciéndome sentir como que justo he perdido algo muy preciado para mí ya.


Con un hundimiento en mi panza, siento los pequeños y brillantes ojos verdes de Escorpión en mí mientras me dirijo hacia Ruben y Melanie e irme, y no me puedo sacudir un sentimiento de completa y absoluta suciedad en mi misma.


—¿Alguien tiene algún enjuague bucal? Siento como que voy a conseguir un sarpullido —pregunto mientras Ruben nos conduce de vuelta en el Escalade.


Mel frunce el ceño pensativamente. —No puedo determinar porqué de lo que acabas de hacer se sintió tan asquerosamente mal, cuando no fue gran cosa. Quiero decir, he besado a hombres más asquerosos en partes más asquerosas de sus anatomías, ¿sabes? Lo que hiciste no fue gran cosa.


—¡Es jodidamente la gran cosa! —Ruben vocifera desde atrás del volante—. Paula, odio romperlo para ti, pero Pedro va a enterarse sobre eso y va a ponerse tremendamente, ¡TREMENDAMENTE NEGRO!


Mi estómago se aprieta, y sacudo mi cabeza mientras lucho para calmarme. Yo besando ese sucio tatuaje es algo que sinceramente nunca quiero recordar otra vez. Nunca. Otra vez.


— Él no va a saberlo si no se lo dices, Ruben. Vamos todos a relajarnos. ¿Por qué no hacerlo?


—Estos hombres se asegurarán de que él sepa, Paula. Y lo harán dolorosamente. —insiste Ruben.


Un fruncimiento de ceño se aprieta en mi rostro mientras me pregunto si eso es lo que ellos intentaban hacer cuando llegué. ¿Todo esto fue planeado para hacer que Pedro se enterara? Sacudiendo mi cabeza, miro hacia los ojos ligeramente acusadores de Ruben a través del espejo retrovisor desde donde estoy montada con Mel.


—¿Qué esperabas que hiciera, Ruben? No tengo puños como ese bastardo, y tengo que usar otros medios para conseguir lo que quiero, ¡y lo que quiero es para que mi pobre hermana esté fuera de ese apretón de mierda viviente!


—Jesús, espero por Dios que ella lo valga.


—Ella lo vale, Ruben. Va a aparecer después del combate final en Nueva York. Ella es mi hermana. ¡Besaría la acera y lamería el inodoro para asegurarme que ella está bien, tienes que entender!


—Eso es asqueroso, Paula —chilla Mel, riendo.


—Pedro es como un hermano para mí, Paula. Esto va a … —Ruben sacude su cabeza y parece sacar toda su furia con su cabello, arrancándolo con sus dedos. —. Sólo vamos a esperar que no se entere que tu… —Sacude su cabeza otra vez, empuñando otro puñado de cabello.


—El ha hecho toneladas de mierda por mí. Por mi familia, cuando mis padres se enfermaron. Pedro es bueno. Joder. Hombre. No se merece…


—Ruben, yo lo amo. —Las palabras sólo se arrancaron de mí fuera de mi dolor y mi frustración de haber besado a su enemigo. —. ¿Crees que alguna vez deliberadamente le haría daño? No quiero que se involucre en esto porque lo amo. ¿No puedes verlo? No quiero que se ponga negro por mí. ¡Dios!


Ruben frena en el semáforo, entonces busca mis ojos en el espejo retrovisor otra vez, sus labios frunciéndose mientras asiente —Lo capto,Paula).


Me siento al instante vulnerable y revelada, y me retuerzo en mi asiento. —Por favor no le digas. No sólo sobre el fiasco de esta noche. Sobre la otra parte.


Asiente en silencio. Una vez de que todos estamos caminando hacia nuestra habitación, agrego. —Ruben, gracias por llevarnos. —Asiente, y entonces se aleja, ignorando a Melanie, ella dispara toneladas de cuchillos invisibles en su dirección con sus ojos.


—Ese chico se mete con mis nervios.


—Creo que tú también te metes con los de él.


—¿Lo hace? —Ella me frunce el ceño, entonces sus ojos se amplían en pura desconfianza. —¿Quieres decir que no le gusto?


Gimiendo con su estupidez, la empujo en su dirección. —Mel, sólo tienes que ir con él.


—Ni siquiera me gusta —argumenta, pero ya me giré para abordar el elevador hacia arriba al penthouse, y deslizo mi llave en nuestra habitación con una salvaje anticipación de verlo.


El se sienta en el escritorio, con su laptop abierta y con su música en los oídos. Levanta su cabeza cuando me acerco, y cuando su claramente atractivo rostro con esos ojos rompecorazones me miran, mis entrañas tiemblan incontrolablemente.


Su cabello en puntas brilla en la suave iluminación de la habitación del hotel, en esos cómodos pantalones de chándal y ajustada camisa, él exuda pura masculinidad cruda. La vista de su boca llena abre una famélica hambre dentro de mí y sólo me duele con el dolor físico de esperar esa boca en mí. Sus brazos en mí. Su voz, diciéndome que todo va a estar bien. Porque cada segundo que pasa, me aborrezco a mi misma más y más por lo que hice.


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viernes, 17 de enero de 2014

CAPITULO 29



Se supone que debíamos encontrarnos con Delfina en un pequeño restaurante japonés situado a sólo cuadras de nuestro hotel, pero me siento completamente mal por mentir a Pedro sobre esta noche.


— Voy a inventar una reunión monetaria de negocios conmigo— Diego me aseguró cuando nos encontramos en el gimnasio esta mañana. — . Voy a decir que tú y Melanie se encuentran fuera paseando y que Ruben las recogerá después de la cena para que Pedro pueda tratar sus finanzas mensuales conmigo.


Asiento en satisfacción, pero confieso que todavía no estoy muy emocionada al respecto. En absoluto. Estoy mareada y nerviosa por la tarde, pero aún así, permito que una parte profunda y secreta de mí disfrute la forma que Pedro me observa desde el ring de boxeo mientras lo saludo con la mano desde la puerta del gimnasio y señalo a Melanie— que está a mi lado en toda su gloria en una mini falda y un top de breteles finos —digo a Pedro moviendo mudamente los labios — Voy a salir con Mel.


Él tira de su casco combate para darme una sonrisa y un asentimiento rápido, sus ojos brillan como lo hacen cuando me ve, y sólo la mano de Mel en mi codo parece evitar que salte hasta el ring y bese sus hermosos hoyuelos.

Arriba, me visto con ropa sencilla y cómoda, una blusa con botones y pantalones negros formales.


— Todavía no entiendo porque no quieres que Pedro sepa sobre esto. — Dice Melanie mientras Ruben nos conduce al restaurante.


— Porque Pedro tiene algunas tendencias alfa.


— Lo que es sexy, última vez que me fijé.


— Mel, esto no es una película. No quiero que él sea incapaz de concentrarse o meterse en problemas por mi culpa.


Mel resopló.


— Le quitas todo el romance a tu relación, Paula.


Me quejo y luego golpeo mi frente contra la ventana con exasperación total.


— Mel, ya me siento mal. Por favor. La gente que hace lo que él hace para ganarse la vida son consideradas armas letales. Legalmente no pueden pelear fuera del ring, ¿entiendes?


— Sí. Aunque por qué un hombre no puede luchar con los puños en la calle, mientras que otros andan por ahí portando legalmente armas está más allá de mí. Creo que debería quejarme con el senador.


— Muy bien, damas, si dejamos lo de la carta al Congreso para después, ya llegamos.


Melanie mira a Ruben mientras abre la puerta de atrás, y él la mira cuando ella sale. No tengo ni idea de lo que pasa entre ellos. Melanie es generalmente dulce con todos, y Ruben suele ser amable. Pero bien entonces.


— Gracias, Ruben, enseguida vuelvo. — Le digo.


— Demonios que si, voy contigo.


— No lo necesitamos— Melanie dice, mirándolo con superioridad, levantando la nariz. — . Paula y yo hemos estado excelentemente durante veinticuatro años sin tu ayuda.


— Lo hago por Pedro, no por ti. — Ruben dice secamente.


Por suerte, paran cuando entramos al restaurante. Me sumerjo en la tranquilidad del ambiente, barriendo el lugar con mi mirada, viendo que las paredes de pintura verde tienen un surtido de pescados crudos enmarcados en platos, y entonces mis ojos se deslizan por docenas de mesas de madera negra advirtiendo que todas estaban vacías a excepción de una.


Para mi sorpresa, las únicas personas aquí, aparte de nosotros tres que estábamos parados junto a la puerta, eran un japonés con mirada preocupada haciendo nada, más que observarnos desde detrás de la barra de sushi, Delfina, que estaba sentada rígidamente en una pequeña mesa redonda en el rincón más alejado, tres hombres altos y fornidos que reconocí como los mismos matones que tuve el placer de golpear en el cráneo en la parte posterior del club, y, por supuesto, el gran y malo Escorpión que ahora avanzaba hacia nosotros como si fuera el maldito anfitrión de la noche. No sé si él tiró algunos hilos entre los encargados del restaurante, o si él desocupó las instalaciones mediante intimidación o por muchos Benjamín Franklin, pero entonces, ¿quién en su sano juicio querría cenar con tipos como estos? Bueno. Aparentemente mi hermana sí.


Delfina fue siempre la romántica de nosotros, siempre con ganas de "rescatar" a un gato, perro, rata, o un chico. Nunca compré el romanticismo que ella parecía tan decidido a probar, hasta que conocí a Pedro, por supuesto. Comería todo lo que ese tipo me diera de comer, no negaré eso.


Ahora veo a escorpión adelantarse con su musculoso y abultado cuerpo, y por un momento inmediato lamento que Pedro no sepa que estoy aquí. Una semilla de temor aflora en lo más profundo de mi centro. Miedo no sólo de estos hombres, sino también de lo que Pedro haría si descubre alguna vez que estuve con ellos. Esto es nuevo para mí, estar en una relación. Es sólo que no sé lo que él haría por mí. Pero sé que yo haría cualquier cosa por él. Incluso asegurarme que se mantenga ajeno a mi encuentro con Delfina.


Sólo espero no arrepentirme de arrastrar a Diego y Ruben en esto también.


Respiro nerviosamente cuando Escorpión se detiene un paso de distancia, sus ojos son diabólicos y de color verde. Eso, junto con el olor a pescado procedente de la barra, me hace tener un poco de nauseas. El tatuaje negro es todo lo que se ve en su rostro repugnante. No veo por qué alguien querría ese animal en la piel. Es un tatuaje en 3D y el escorpión parece estar arrastrándose hasta su ojo


— Bueno, si es la pequeña puta. — Arroja las palabras como piedras contra mí, entonces da una mirada burlona encima de mi hombro. — ¿Dónde está Riptide? Oculto bajo tu falda de nuevo?


Rabia e impotencia se propaga a través de mí, por lo que mi garganta tira con fuerza mis palabras. — Tenía mejores cosas que hacer.


Estrecha su mirada hacia mí, luego a Melanie y Ruben.


— Solo tu — dice, levantando un dedo en el aire en mi dirección, "puede pasar".


Empiezo a pasar, pero me bloquea con un brazo, y un color rojo se desliza lentamente por su rostro como en expectación.



— Tienes que besar el escorpión primero. — Los ojos brillaban con malicia, mientras señalaba el repulsivo escorpión negro en su mejilla, y sus dientes destellaron, toda su boca cubierta con una fila de diamantes.

Mis órganos se detienen en estado de shock y horror puro a su petición, y yo apreté mis labios en respuesta y mi mirada saltó más allá de sus hombros, al pequeño restaurante, en la mesa de la esquina donde se sienta Delfina. Me encuentro con los ojos de mi hermana y la desesperación me recorre cuando veo la mirada vacía en sus ojos.


¿Cómo puedo dejar que ella se haga esto a sí misma? No puedo. Solo. No puedo.


Escorpión quiere su diversión y me quiere degradar. Él quiere demostrar que tiene hoy el poder. Pero él no puede rebajarme si no permito que vea lo mucho que su petición me repugna. Trato salvajemente de convencerme de que no significa nada, doy un paso engañosamente firme hacia adelante. Pero todo mi cuerpo comienza a tensarse por lo que voy a hacer, y un rubor de horrible vergüenza quema rápido mi piel.


— Paula— Ruben dice como advertencia, y también suena como una súplica.


Pero es o bien besar un tatuaje estúpido, o sacrificar a Delfina a este hombre, o el riesgo que implica que Pedro se enrede con estos perdedores, y simplemente no puedo hacer nada de eso, tampoco. La mirada del hombre horrible se siente como una serpiente deslizándose sobre mí cuando me ve acercarme, pero todo lo que puedo pensar es que mi hermana está en la mesa detrás de él. Tomo una inspiración profunda, prohibiéndome temblar.


Al dar el último paso, de repente su petición parece tan imposible, como si me pidiera escalar el Monte Everest y cavar un agujero hasta el fondo. Mi estómago se aprieta en señal de protesta, y estoy peligrosamente cerca de vomitar al ver el insecto negro rastrero de cerca.


Huele a pescado y a puro imbécil.


Y me hubiera gustado tener las agallas para tratar de cagarlo a patadas. De repente, un recuerdo vívido de un show que mi padre solía ver llamado Factor Miedo me llega, donde la gente hace todo tipo de cosas asquerosas, como entrar en cajas con serpientes y escorpiones vivos, también. Si la gente puede hacer eso por dinero, sin duda puedo hacer esto por mi hermana.


Empujando mi orgullo de lado y tomando mi determinación, obligo a mis labios a arrugarse tanto, que se sienten como rocas mientras me paro de puntillas. Las náuseas llegan hasta mi pecho antes de incluso hacer contacto.


— Mira esto, la maldita puta de Pedro está besando al Escorpión— Sus matones escupen las palabras con desprecio y la humillación que las palabras traen me dan ganas de correr y esconderme con una fuerza que no había sentido en años. Asqueada conmigo misma, rápidamente huelo el aire y caigo sobre los talones.


— Ya está. Todo hecho— Digo, odiando el temblor de mi voz.


Su risa es profunda, oscura y horrible cuando se dirige a sus matones.


— ¿Ella me besó? ¿Acaso la perra de Riptide realmente beso al Escorpión? No creo— Sus pequeños y brillantes ojos verde amarillo se deslizan hacia mí, y unida a esa mirada, no me siento muy fuerte en este momento. — . No sentí tu beso. Ahora vas a tener que lamerlo — Sonríe mostrándome su fila de diamantes de nuevo.


Mis ojos se abrieron con horror, y mi determinación de ver a mi hermana tambalea lamentablemente ante la idea de lamer alguna parte de este hombre. Oh, Dios mío, quiero huir rápido de aquí, mis venas ya se sienten dilatadas mientras la sangre bombea hacia mis músculos, preparándome para huir. Huir hacia el coche, de vuelta a mi Pedro.


Ruben me agarra, su rostro era una máscara de preocupación.


— Paula — dice en advertencia, y eso me vuelve a meter a lo que vengo a hacer y me libero rápido, una vez más frente a Escorpión.


¿Cómo puedo irme? ¿Cómo voy a conseguir otro modo para hablar con Delfina de esta mierda en la que está metida? Sólo la idea de ella en las garras de este gusano humano me da asco. ¿Como puedo verla con este tipo de pervertido y no hacer algo para ayudarla? Tragando la dolorosa sequedad de mi garganta, inclino mi cara de nuevo con falsa valentía, desesperada por hacer cualquier cosa excepto lamer esa asquerosidad en la repugnante mejilla de ese hombre.



— Lo besaré, tienes mi palabra.

Puedes hacer esto por Delfina.


Si pudiste hacer los cien metros en 10,52 segundos, entonces puedes besar la estúpida mascota de la piel de este imbécil!


El mal acecha en sus ojos mientras me estudia cuidadosamente, y luego habla burlonamente.


— Si no vas a lamerlo, entonces tendrás que, por lo menos mantenerlo durante cinco segundos, ¿eh? Perra de Pedro? Vamos. Besa el escorpión— Da unos golpecitos al escorpión, y mi estómago se aprieta espasmódicamente mientras lucho muy duro para mantener mi expresión en blanco y mostrar al insecto humano indiferencia ante su repugnante solicitud.




Respiró hondo, prohíbo a mis rodillas temblar a medida que avanzo de puntillas, frunzo los labios y aprieto los ojos cerrados, odio y rabia se revuelven en mi interior mientras mis labios alcanzaron su seca piel pintada. Manteniendo el contacto, me siento envenenada por dentro como lo hago desde hace cinco segundos, mi corazón se ennegrece dentro de mí.



Lastimado y enrollado de vergüenza total y absoluta. Mis piernas flaquean mientras otro segundo pasa, y mis sistemas paralizados en este purgatorio, donde hasta el último gramo de mi cuerpo es repelido por esta realidad y sólo la pura fuerza de voluntad me mantiene de pie.


Estos son los cinco segundos más largos de mi vida. Donde estoy humillada más allá de la humillación, enojada más allá de toda explicación, y me siento tan baja como cuando vi el video de mi quebranto personal en YouTube.




— Está bien. — Con una sonrisa poco menos que repugnante de ancha cuando me dejo caer hacia abajo, sorprendida incluso que haya suelo bajo a mis pies, extiende su grueso brazo a Delfina, y estoy tambaleándome con auto odio, enderezo la espalda y me dirijo hacia ella, resistiendo el impulso de ir a la cocina y fregar mi boca. Se siente sucio y barato. No, no es así. Yo me siento sucia y barata, y la idea de besar a mi hermoso Pedro con esta misma boca hace que mis ojos quemen y mi garganta se contraiga.

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Gracias por leer!!♥

jueves, 16 de enero de 2014

CAPITULO 28



Las primeras noches que estuvimos juntos, vestí una camisa negra lisa de él para dormir pero sin siquiera molestarme porque de todos modos él siempre me la quitaba. Él duerme con el trasero desnudo y no puedo ni siquiera verlo sin esperar a saltar a sus sexys huesos. Pedro está hecho para vender todo lo que sea masculino, muscular y sexy. Creo que es de ahí de donde vienen tantos millones. Venta de guantes de boxeo, algunas cuerdas para saltar, bebidas deportivas, y una marca de sexy, ajustados, bóxers blancos.


Se ve positivamente delicioso en ellos.


Esta noche los dos estamos desnudos y deliciosamente enredados, y ahora mi sexy león de ojos mieles parece contento de acariciarme por mucho tiempo, hasta sentirme lista hasta los huesos.


Me apretó contra su costado mientras su cabeza descansa en la cabecera de la cama, y me pude dar cuenta de que una de sus largas, gruesas piernas se movía sin cansancio hacia abajo de la sábana. No parece ni un poco cansado.


—Te estas… ¿deprimiendo? —Pregunte atontada, volteándome en sus brazos, odiando que ahora estoy usando ese término.


—Sólo estoy pensando. —Sonríe para tranquilizarme, planta un suave beso en mis labios—. Pero si alguna vez se me pasa la mano contigo…—alcanza la caja que lleva su laptop, que está en la mesita de noche, y recupera una jeringa con un líquido claro. Me la entrega con la tapa.


Con una mueca de dolor, me alejo de ella como si la fuera a usar en mi trasero.



—No, Pedro.


—Es solo para asegurarme de no lastimarte.


—Tú nunca me lastimarías.


Gime y pasa con su mano libre su cabello húmedo, halándolo con frustración.



—No puedo. Puedo volverme loco muy fácil contigo.


—No lo harás.


—¡No sabes cómo me haces sentir! Yo… —cierra su boca de golpe y un músculo brinca incansablemente en su quijada cuando aprieta—. Me pongo celoso, Paula, cuando estoy normal —dice, su expresión salvaje se ensombrece—. No quiero que sepas lo que voy a hacer cuando regrese. Me pongo celoso de Diego, de Ruben, de tu amigo, o de cualquiera que pueda pasar tiempo contigo. Estoy incluso celoso de mí.


—¿Qué?


—Estoy celoso de estar contigo y de no recordar qué te hice. Qué me dijiste.


Mi interior se derrite con ternura.

—Te diré,Pedro— Estirándome para voltear su sexy castaña cabeza hacia mí, beso su mandíbula.


Todavía está preocupado.


—Ven aquí, Pedro. —Tomando la jeringa, la coloco con cuidado en la mesita de noche de su lado, luego jalo su cabeza hacia mi pecho y beso su frente mientras masajeo detrás de su cuello con fuertes y agiles dedos. Él gime y deja caer su cabeza en mi pecho, instantáneamente relajado.


—Gracias por traerla. —Susurro, en su cabello.


—Puedo traer a tus padres. ¿Quieres que lo haga? —Él suena serio cuando pregunta, acariciando con su boca mi desnudo y arrugado pezón.


—No —río.


Él es tan protector y tan inesperado que solo quiero gatear en su gran y esbelto cuerpo y enroscarme en el balón y viviente interior de su gran corazón gentil, porque ese es el único lugar en el que estoy interesada en vivir.


—Tu hermana. —Parece embelesado con mi pezón, viéndolo y frotándolo con su pulgar mientras yo sigo trabajando con su cuello—. Te la traeré de vuelta, Paula.


Mi estómago se revuelve. Yo definitivamente, definitivamente quiero siquiera que olvide que mencione a Delfina



—No,Pedro, creo que ella va a estar bien y debemos dejarla en paz, por favor. Sólo pelea por ti y por mí. ¿Está bien?


Se queda en mis brazos muy poco, pero cuando mi mano comienza a aflojarse y me estoy adormeciendo, se levanta.


—Ven a dormir conmigo —lloriqueo con fuerza—. No te levantes.


Él regresa con su iPad y me acurruco en su costado como magnetizado. Él usa mi cadera para apoyar su iPad y apaga la luz para mí.


—Vas a lastimarte los ojos —Me quejo.


—Shhh, Madre, le baje el brillo.


Me lame y yo lo lamo de vuelta, y nos reímos juntos.


—¿Te dijo Diego que tus padres te estaban buscando? —pregunto.


—Sí. Les mande algo de dinero. Eso es lo que quieren.


Mis cejas bajan. —Dijeron que querían verte.


—Eso es lo que dicen. Nunca querían verme hasta que mi cara fue pública.


—Eso es una pena por ellos. —Me sentí instantáneamente protectora y no quiero que él se sienta mal, y tiernamente ahueque su mandíbula—. Es una cara tan guapa.


Se ríe entre dientes, las suaves vibraciones alcanzándome. Disfrutando de su cercanía, su calidez, la esencia de su cuerpo, me volteo en su brazo y entierro mi cara en su cuello así la luz no me molesta, y cuando me estoy adormeciendo, escucho un sonido crujiente y fresco, líquido cae y algo salpica en mi cuello.


Frunzo el ceño. —Pedro.


—Lo siento. —Él besa el punto donde la gota calló y la lame, yo gimo, involuntariamente, con deseo.


Él muerde juguetonamente mi boca y sus labios saben a manzana. Me encanta, y de repente estoy despierta, sintiéndome hambrienta y no es por la manzana. Amo su aroma, cómo se siente, sus ojos, su toque, amo dormir con él, ducharme con él, correr con él. Me siento loca.



Loca por él. Ok, me iré a dormir antes de que rompa en una canción. En vez de escucharme hablar.


—Pedro… —Murmuro en una pregunta, mi voz atontada pero ya espesamente con excitación pone el iPad a un lado y su mano recorriendo mis curvas. Sujeta sus dedos alrededor de mi cintura y me acerca a su longitud, donde puedo sentir que esta duro y listo. Estoy tan lista para él, nací lista.


Se agacha para besarme, murmurando: mmm, eso es lo que estaba esperando.

***


—Esto es tan emocionante, los primeros asientos. O le das un infierno de felación, o el chico está definitivamente enamorado de ti — Decreta Melanie mientras nos sentamos en el centro de los primeros asientos del Underground de Chicago.


—Bueno todavía no he tenido la parte felación desde que la penetración es tan emocionante, ¿sabes? —Le digo a Mel, pero de repente todo lo que tengo en mente es felación.


Las cejas de Mel se alzan. —¿Estás realmente presumiendo?


—¡No! Soy realmente honesta—sin sarcasmo aquí—. admitiendo a mi mejor amiga que estoy entusiasmada por darle a mi chico mi primera felación tan pronto como pueda manejar el quitarme de sus deliciosos labios.


Lo increíble ha pasado. Creo que me las arregle para hacer sonrojar a Melanie. Esta con la cara roja mientras me mira fijamente cómo si hubiera confesado una orgia.




—Dios mío. ¿Qué le hiciste a mi amiga? ¿Dónde diablos esta, alíen? Paula, estás loca de amor por este hombre. ¿Desde cuando hablas de felaciones conmigo?


Mi sonrisa se desvanece de repente, y también mi voz.



—Por favor para de decir la palabra A, solo hace que mi estómago se tense.


—Amor. Tu amas a Pedro. Pedro te ama. —Melanie se mofa.


—Toma, chica. —Con una mirada matadora, le entro un pedazo de chicle que le robe a Diego—. Pon eso en tu boca, ¿lo harás? Esta hecho de pegamento y sellará tu pico. Ahora dime si encuentras a Delfina en algún lado.


—La veo a las tres en punto.


La sorpresa drena la sangre de mi rostro.



—¿La vez?


Mi cuerpo se tensa cuando la veo. Es Delfina. En una profunda, enorme parte de mí, espero que sea una pesadilla, y que la chica con el cabello rojo sangre, la cara pálida, y el tatuaje de escorpión negro sea otra persona. Pero no.


Es ella. Delfina.


Esa triste mirada de niña abandonada. Y tengo que salvarla de ella misma.


Mientras Delfina toma asiento al otro lado del ring, aprieto el brazo de Melanie y empujo un pequeño papel que había estado agarrando en su palma.



—Ok, tienes que darle esto, muy discretamente, para que esos tipos grandes cerca de ella no noten el intercambio.


—Lo tengo— Melanie mueve su cola de caballo y camina alrededor, hacia el otro lado del ring. Delfina no me ha visto, creo, pero se tensa cuando encuentra a Melanie. Mel camina coqueta cuando se tropieza con uno de los hombres, luego se acerca para disculparse con Delfina y le da palmaditas en la mano como diciendo toma, toma, ningún daño hecho, y luego se encabeza a su asiento a un lado mío.


Mi interior se aprieta con tensión cuando mis ojos se quedan en Delfina. Ella mira hacia abajo, a su regazo y lee la nota, y Fe y emoción se tuerce dentro de mi cuando parece que la lee por segunda vez. Así que ¿está interesada?


—Hecho. —Dice Melanie, y luego Delfina levanta su cabeza, me mira, sus ojos celeste brillando ligeramente, y exhalo un largo suspiro de gratitud de que al menos no está huyendo. Cuando nuestras miradas se quedan varios segundos, le sonrió, solo para que sepa de que quiero verla en un modo “amistoso”. Sonríe de vuelta, apenas, casi temblando, y luego sus ojos liberan lagrimas mientras el presentador comienza. Mi pecho crece con mayor determinación de salvar a mi pequeña hermana, y de repente no puedo esperar a que sea mañana. Solo rezo para que vaya.


—Y ahoooora, damas y caballeros…


—Ya va a salir. —Melanie me aprieta.


Solo saber que él va a salir me tiene en modo súper emocionada, y cuando su nombre suena por todo el público, mi corazón se dispara y mi piel tiembla.



— …Pedroo Alfonsoo, su único y original, ¡¡RIPTIDE!! ¡¡RIPTIDE!! Digan hola a ¡RIPTIDEEEEE!


Él sale como el sol después de meses de noche, y el mundo no puede parar de gritar en gratitud. Se balancea hacia el ring y se quita su capa roja y, en el centro de ring, está ahí. Haciendo su saludo mientras el público ruge su nombre, sus brazos musculares extendidos, llenos de venas, y los gritos se vuelven más y más ruidosos por la gente que ama la forma en que se voltea, su rostro juvenil y cuerpo masculino, el destello malvado en sus ojos que promete darles un buen show. Se detiene donde siempre lo hace, y sus ojos mieles danzantes me dicen que él sabe que es la bomba y que lo quiero, y sus hoyuelos salen para matarme. Matarme.


El hecho de que sé que ese hombre es mío en la noche no me deja respirar.


Pero agradecida arreglo una sonrisa. Hombre, estoy repleta de emoción, que definitivamente puedo sonreírle de regreso desde mi asiento.


La pelea comienza, y me siento babeando enseguida de Melanie mirando esos brazos con el tatuaje enredado donde sus hombres y bíceps se flexionan para golpear a sus oponentes. Su fuerza, su juego de pies, su rapidez, me cautiva.


Melanie le grita todas las cosas que quiero decirle y más, deleitándome.


—¡Mátalo, Pedro! ¡Sí! ¡Sí! ¡Oh dios mio, eres un Dios!


Riendo con puro deleite, la abrazo.



—Oh, Mel, —suspiro, luego le susurro con travesura—. Dile que es ardiente.


—¿Por qué no le dices tú, pequeña gallina? —Estrecha sus ojos y me pega con sus hombros—. Tú pollito cobarde ¡díselo!


—No puedo. No he podido gritar en un público. Usualmente yo era a la que le gritaban —admito, golpeándola de regreso—. Y siento que mi voz lo va a distraer. ¡Anda! Dile por mí. Dile que es ardiente.


Melanie se levanta ahueca su boca y grita.



—¡Paula piensa que eres la cosa más ardiente, Pedro! ¡Pedro, Paula te ama, Pedro! ¡Cada pulgada y centímetro de ti!


—¡Melanie! —Impactada, pongo una mano en su boca y la empujo de nuevo a su asiento, pero el público es tan ruidoso ahora, estoy casi segura que no escucho.



—Toma otro chicle, Mel —digo, mirándola amenazantemente—. Y tendré tu palabra de que no dirás eso otra vez, Melanie.


—Oh está bien, yo solo le dije que es tan ardiente y esas cosas.
Estamos riendo cuando asiento rígidamente, se vuelve a levantar y codea mi costilla, llamándome un pequeño sándwich pollo, porque soy tan gallina, y luego sigue gritando todas las cosas que pienso y no tengo el coraje de gritar. Que es tan ardiente, que es un Dios, que es una bestia sexy y es tan malditamente sexy que nadie puede soportarlo…


Juro que si yo pudiera gritar, probablemente gritaría que es mío, que lo amo, que es mi bestia sexy… pero no puedo ni siquiera gritar su nombre de entre el público. Y me di cuenta de que, después de todo, siento un poco de miedo. Porque nunca le había dado mi corazón a alguien hasta Pedro. Y él tiene la fuerza para golpearlo tan fuerte como golpea a sus oponentes.


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3 capitulo!! espero que les guste!!
Gracias por leer!♥