jueves, 16 de enero de 2014

CAPITULO 28



Las primeras noches que estuvimos juntos, vestí una camisa negra lisa de él para dormir pero sin siquiera molestarme porque de todos modos él siempre me la quitaba. Él duerme con el trasero desnudo y no puedo ni siquiera verlo sin esperar a saltar a sus sexys huesos. Pedro está hecho para vender todo lo que sea masculino, muscular y sexy. Creo que es de ahí de donde vienen tantos millones. Venta de guantes de boxeo, algunas cuerdas para saltar, bebidas deportivas, y una marca de sexy, ajustados, bóxers blancos.


Se ve positivamente delicioso en ellos.


Esta noche los dos estamos desnudos y deliciosamente enredados, y ahora mi sexy león de ojos mieles parece contento de acariciarme por mucho tiempo, hasta sentirme lista hasta los huesos.


Me apretó contra su costado mientras su cabeza descansa en la cabecera de la cama, y me pude dar cuenta de que una de sus largas, gruesas piernas se movía sin cansancio hacia abajo de la sábana. No parece ni un poco cansado.


—Te estas… ¿deprimiendo? —Pregunte atontada, volteándome en sus brazos, odiando que ahora estoy usando ese término.


—Sólo estoy pensando. —Sonríe para tranquilizarme, planta un suave beso en mis labios—. Pero si alguna vez se me pasa la mano contigo…—alcanza la caja que lleva su laptop, que está en la mesita de noche, y recupera una jeringa con un líquido claro. Me la entrega con la tapa.


Con una mueca de dolor, me alejo de ella como si la fuera a usar en mi trasero.



—No, Pedro.


—Es solo para asegurarme de no lastimarte.


—Tú nunca me lastimarías.


Gime y pasa con su mano libre su cabello húmedo, halándolo con frustración.



—No puedo. Puedo volverme loco muy fácil contigo.


—No lo harás.


—¡No sabes cómo me haces sentir! Yo… —cierra su boca de golpe y un músculo brinca incansablemente en su quijada cuando aprieta—. Me pongo celoso, Paula, cuando estoy normal —dice, su expresión salvaje se ensombrece—. No quiero que sepas lo que voy a hacer cuando regrese. Me pongo celoso de Diego, de Ruben, de tu amigo, o de cualquiera que pueda pasar tiempo contigo. Estoy incluso celoso de mí.


—¿Qué?


—Estoy celoso de estar contigo y de no recordar qué te hice. Qué me dijiste.


Mi interior se derrite con ternura.

—Te diré,Pedro— Estirándome para voltear su sexy castaña cabeza hacia mí, beso su mandíbula.


Todavía está preocupado.


—Ven aquí, Pedro. —Tomando la jeringa, la coloco con cuidado en la mesita de noche de su lado, luego jalo su cabeza hacia mi pecho y beso su frente mientras masajeo detrás de su cuello con fuertes y agiles dedos. Él gime y deja caer su cabeza en mi pecho, instantáneamente relajado.


—Gracias por traerla. —Susurro, en su cabello.


—Puedo traer a tus padres. ¿Quieres que lo haga? —Él suena serio cuando pregunta, acariciando con su boca mi desnudo y arrugado pezón.


—No —río.


Él es tan protector y tan inesperado que solo quiero gatear en su gran y esbelto cuerpo y enroscarme en el balón y viviente interior de su gran corazón gentil, porque ese es el único lugar en el que estoy interesada en vivir.


—Tu hermana. —Parece embelesado con mi pezón, viéndolo y frotándolo con su pulgar mientras yo sigo trabajando con su cuello—. Te la traeré de vuelta, Paula.


Mi estómago se revuelve. Yo definitivamente, definitivamente quiero siquiera que olvide que mencione a Delfina



—No,Pedro, creo que ella va a estar bien y debemos dejarla en paz, por favor. Sólo pelea por ti y por mí. ¿Está bien?


Se queda en mis brazos muy poco, pero cuando mi mano comienza a aflojarse y me estoy adormeciendo, se levanta.


—Ven a dormir conmigo —lloriqueo con fuerza—. No te levantes.


Él regresa con su iPad y me acurruco en su costado como magnetizado. Él usa mi cadera para apoyar su iPad y apaga la luz para mí.


—Vas a lastimarte los ojos —Me quejo.


—Shhh, Madre, le baje el brillo.


Me lame y yo lo lamo de vuelta, y nos reímos juntos.


—¿Te dijo Diego que tus padres te estaban buscando? —pregunto.


—Sí. Les mande algo de dinero. Eso es lo que quieren.


Mis cejas bajan. —Dijeron que querían verte.


—Eso es lo que dicen. Nunca querían verme hasta que mi cara fue pública.


—Eso es una pena por ellos. —Me sentí instantáneamente protectora y no quiero que él se sienta mal, y tiernamente ahueque su mandíbula—. Es una cara tan guapa.


Se ríe entre dientes, las suaves vibraciones alcanzándome. Disfrutando de su cercanía, su calidez, la esencia de su cuerpo, me volteo en su brazo y entierro mi cara en su cuello así la luz no me molesta, y cuando me estoy adormeciendo, escucho un sonido crujiente y fresco, líquido cae y algo salpica en mi cuello.


Frunzo el ceño. —Pedro.


—Lo siento. —Él besa el punto donde la gota calló y la lame, yo gimo, involuntariamente, con deseo.


Él muerde juguetonamente mi boca y sus labios saben a manzana. Me encanta, y de repente estoy despierta, sintiéndome hambrienta y no es por la manzana. Amo su aroma, cómo se siente, sus ojos, su toque, amo dormir con él, ducharme con él, correr con él. Me siento loca.



Loca por él. Ok, me iré a dormir antes de que rompa en una canción. En vez de escucharme hablar.


—Pedro… —Murmuro en una pregunta, mi voz atontada pero ya espesamente con excitación pone el iPad a un lado y su mano recorriendo mis curvas. Sujeta sus dedos alrededor de mi cintura y me acerca a su longitud, donde puedo sentir que esta duro y listo. Estoy tan lista para él, nací lista.


Se agacha para besarme, murmurando: mmm, eso es lo que estaba esperando.

***


—Esto es tan emocionante, los primeros asientos. O le das un infierno de felación, o el chico está definitivamente enamorado de ti — Decreta Melanie mientras nos sentamos en el centro de los primeros asientos del Underground de Chicago.


—Bueno todavía no he tenido la parte felación desde que la penetración es tan emocionante, ¿sabes? —Le digo a Mel, pero de repente todo lo que tengo en mente es felación.


Las cejas de Mel se alzan. —¿Estás realmente presumiendo?


—¡No! Soy realmente honesta—sin sarcasmo aquí—. admitiendo a mi mejor amiga que estoy entusiasmada por darle a mi chico mi primera felación tan pronto como pueda manejar el quitarme de sus deliciosos labios.


Lo increíble ha pasado. Creo que me las arregle para hacer sonrojar a Melanie. Esta con la cara roja mientras me mira fijamente cómo si hubiera confesado una orgia.




—Dios mío. ¿Qué le hiciste a mi amiga? ¿Dónde diablos esta, alíen? Paula, estás loca de amor por este hombre. ¿Desde cuando hablas de felaciones conmigo?


Mi sonrisa se desvanece de repente, y también mi voz.



—Por favor para de decir la palabra A, solo hace que mi estómago se tense.


—Amor. Tu amas a Pedro. Pedro te ama. —Melanie se mofa.


—Toma, chica. —Con una mirada matadora, le entro un pedazo de chicle que le robe a Diego—. Pon eso en tu boca, ¿lo harás? Esta hecho de pegamento y sellará tu pico. Ahora dime si encuentras a Delfina en algún lado.


—La veo a las tres en punto.


La sorpresa drena la sangre de mi rostro.



—¿La vez?


Mi cuerpo se tensa cuando la veo. Es Delfina. En una profunda, enorme parte de mí, espero que sea una pesadilla, y que la chica con el cabello rojo sangre, la cara pálida, y el tatuaje de escorpión negro sea otra persona. Pero no.


Es ella. Delfina.


Esa triste mirada de niña abandonada. Y tengo que salvarla de ella misma.


Mientras Delfina toma asiento al otro lado del ring, aprieto el brazo de Melanie y empujo un pequeño papel que había estado agarrando en su palma.



—Ok, tienes que darle esto, muy discretamente, para que esos tipos grandes cerca de ella no noten el intercambio.


—Lo tengo— Melanie mueve su cola de caballo y camina alrededor, hacia el otro lado del ring. Delfina no me ha visto, creo, pero se tensa cuando encuentra a Melanie. Mel camina coqueta cuando se tropieza con uno de los hombres, luego se acerca para disculparse con Delfina y le da palmaditas en la mano como diciendo toma, toma, ningún daño hecho, y luego se encabeza a su asiento a un lado mío.


Mi interior se aprieta con tensión cuando mis ojos se quedan en Delfina. Ella mira hacia abajo, a su regazo y lee la nota, y Fe y emoción se tuerce dentro de mi cuando parece que la lee por segunda vez. Así que ¿está interesada?


—Hecho. —Dice Melanie, y luego Delfina levanta su cabeza, me mira, sus ojos celeste brillando ligeramente, y exhalo un largo suspiro de gratitud de que al menos no está huyendo. Cuando nuestras miradas se quedan varios segundos, le sonrió, solo para que sepa de que quiero verla en un modo “amistoso”. Sonríe de vuelta, apenas, casi temblando, y luego sus ojos liberan lagrimas mientras el presentador comienza. Mi pecho crece con mayor determinación de salvar a mi pequeña hermana, y de repente no puedo esperar a que sea mañana. Solo rezo para que vaya.


—Y ahoooora, damas y caballeros…


—Ya va a salir. —Melanie me aprieta.


Solo saber que él va a salir me tiene en modo súper emocionada, y cuando su nombre suena por todo el público, mi corazón se dispara y mi piel tiembla.



— …Pedroo Alfonsoo, su único y original, ¡¡RIPTIDE!! ¡¡RIPTIDE!! Digan hola a ¡RIPTIDEEEEE!


Él sale como el sol después de meses de noche, y el mundo no puede parar de gritar en gratitud. Se balancea hacia el ring y se quita su capa roja y, en el centro de ring, está ahí. Haciendo su saludo mientras el público ruge su nombre, sus brazos musculares extendidos, llenos de venas, y los gritos se vuelven más y más ruidosos por la gente que ama la forma en que se voltea, su rostro juvenil y cuerpo masculino, el destello malvado en sus ojos que promete darles un buen show. Se detiene donde siempre lo hace, y sus ojos mieles danzantes me dicen que él sabe que es la bomba y que lo quiero, y sus hoyuelos salen para matarme. Matarme.


El hecho de que sé que ese hombre es mío en la noche no me deja respirar.


Pero agradecida arreglo una sonrisa. Hombre, estoy repleta de emoción, que definitivamente puedo sonreírle de regreso desde mi asiento.


La pelea comienza, y me siento babeando enseguida de Melanie mirando esos brazos con el tatuaje enredado donde sus hombres y bíceps se flexionan para golpear a sus oponentes. Su fuerza, su juego de pies, su rapidez, me cautiva.


Melanie le grita todas las cosas que quiero decirle y más, deleitándome.


—¡Mátalo, Pedro! ¡Sí! ¡Sí! ¡Oh dios mio, eres un Dios!


Riendo con puro deleite, la abrazo.



—Oh, Mel, —suspiro, luego le susurro con travesura—. Dile que es ardiente.


—¿Por qué no le dices tú, pequeña gallina? —Estrecha sus ojos y me pega con sus hombros—. Tú pollito cobarde ¡díselo!


—No puedo. No he podido gritar en un público. Usualmente yo era a la que le gritaban —admito, golpeándola de regreso—. Y siento que mi voz lo va a distraer. ¡Anda! Dile por mí. Dile que es ardiente.


Melanie se levanta ahueca su boca y grita.



—¡Paula piensa que eres la cosa más ardiente, Pedro! ¡Pedro, Paula te ama, Pedro! ¡Cada pulgada y centímetro de ti!


—¡Melanie! —Impactada, pongo una mano en su boca y la empujo de nuevo a su asiento, pero el público es tan ruidoso ahora, estoy casi segura que no escucho.



—Toma otro chicle, Mel —digo, mirándola amenazantemente—. Y tendré tu palabra de que no dirás eso otra vez, Melanie.


—Oh está bien, yo solo le dije que es tan ardiente y esas cosas.
Estamos riendo cuando asiento rígidamente, se vuelve a levantar y codea mi costilla, llamándome un pequeño sándwich pollo, porque soy tan gallina, y luego sigue gritando todas las cosas que pienso y no tengo el coraje de gritar. Que es tan ardiente, que es un Dios, que es una bestia sexy y es tan malditamente sexy que nadie puede soportarlo…


Juro que si yo pudiera gritar, probablemente gritaría que es mío, que lo amo, que es mi bestia sexy… pero no puedo ni siquiera gritar su nombre de entre el público. Y me di cuenta de que, después de todo, siento un poco de miedo. Porque nunca le había dado mi corazón a alguien hasta Pedro. Y él tiene la fuerza para golpearlo tan fuerte como golpea a sus oponentes.


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3 capitulo!! espero que les guste!!
Gracias por leer!♥







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