martes, 21 de enero de 2014

CAPITULO 31



Pedro me ha protegido de sus fans, y yo lo protegería de ellos también. De todo. Especialmente de Scorpion. Lo protegería de tal manera que la única vez en la que Pedro tuviese que enfrentarse a él seria en el ring, donde con mucho gusto lo vería hacer desear a ese bastardo estar muerto.


Cerca de estar a punto de explotar con todas mis emociones, salto en su regazo, y luego le quito los auriculares y los dejo caer brevemente por encima de mi cabeza para poder escuchar lo que estaba oyendo. Una canción loca y salvaje de rock golpea mis oídos, y frunzo el ceño en confusión.


Él me mira con sus oscuros ojos mieles que se derriten un poco a medida que se inclina para besar a mi nariz, acunando mi mandíbula mientras su pulgar se mueve sensualmente en mi boca. Mi estómago duele, y temo que Pedro pueda ver realmente el miedo y el odio hacia mí misma que estoy llevando dentro de mí.

Dejando caer los auriculares sobre la mesa, me levanto sobre mis pies y corro al baño, sintiéndome tan violada me lavo los dientes y añado enjuague bucal hasta que mi boca se siente hinchada. Apenas doy un paso fuera del baño cuando de repente necesito volver y hacerlo todo bien de nuevo. Para la sensación horrible en mi piel, juro que podría tener un escorpión vivo trepando por mi mejilla, y la sensación me está comiendo.


Finalmente vuelvo a salir. Tengo en la boca menta fresca y mis labios se sienten entumecidos por la limpieza.


Pedro ha puesto sus auriculares a un lado. Toda su atención está sobre mí, sus cejas surcadas mientras sigue mi regreso. Parece confuso y un poco desconfiado.


El verlo me pone emocional, y temo que voy a quebrarme en cualquier momento. No me gusta sentir como si ya no lo mereciera más, incluso cuando lo único que quería era mantenerlo a salvo y no involucrarlo.


Nunca he querido cuidar de alguien en mi vida como quiero amar y cuidar de él.
Una protuberancia dolorosa se construye dentro de mi garganta.


—Pedro —le digo apretadamente, mi corazón late con fuerza, porque no sé cómo voy a enfrentarlo si me pregunta acerca de esta noche. —. ¿Me sostendrías por un momento?

Quiero desesperadamente mi lugar especial en sus brazos, el lugar en el que encajo como en ningún otro. Él hace el rincón perfecto para mí, me envuelve como un nido y es más caliente que cualquier otra cosa. Lo quiero tan desesperadamente, que me duele el corazón en el pecho.


Espero, temblando un poco, y creo que él lo nota y cede.


—Ven aquí —dice en voz baja, empujando la silla hacia atrás mientras extiende el brazo, con entusiasmo me acurruco en su abrazo masculino. Él se ríe cuando me retuerzo para acercarme, y estoy actuando tan necesitada que sus hoyuelos toman forma, lo que parece que le encanta.


—¿Me extrañaste? —Sus ojos danzan mientras sujeta mi cara y siento todos sus callos en la mandíbula y las mejillas, y la reconfortante sensación que sólo puede despertar Pedro a través de mí.


—Sí —le grito ahogadamente.


Él me acerca más y me sostiene ajustadamente en su pecho mientras baja sus labios a los míos. Nuestras bocas se rozan suavemente, después, hacen contacto y él se abre con una respiración suave que clama mi boca, su lengua enviando escalofríos de deseo a través de mí.


Sus dedos pasan por las curvas de mis pechos mientras arrastra su boca a lo largo de mi mandíbula y hunde la nariz en la parte posterior de mi oreja, inhalándome, gimiendo suavemente de placer y la sangre se acumula en mi cerebro, saltando con entusiasmo de mi corazón.



—Justin... —Le ruego, agarrando su camiseta y levantándola hasta sus hombros.
Agarra el algodón en un puño y con un tirón muscular, lo lanza por encima de su cabeza, y deslizo rápidamente mis manos sobre su pecho, besando cada parte que pueda conseguir.


—Te extrañé mucho —Le suelto ahogadamente por la emoción, besando su clavícula, la mandíbula, agarrando su pelo mientras presiono mi cara en su cuello cualquier cosa para acercarme a este hombre.



Me envuelve en un abrazo y acaricia mi espalda, entonces sostiene mi cara mientras susurra: —También te extrañé —dejando un beso en mis labios, luego en la punta de mi nariz, mi frente.


Tiemblo con su admisión. —Pero extrañe tu voz. Tus manos. Tu boca... estar contigo... verte... tocarte... olerte... —Hago una pausa. Huele tan bien, como él, limpio y varonil. Tomo sus labios con más desesperación.


Regresa mi beso, lentamente al principio, luego con más compulsión mientras desabrocha mi camisa y me desnuda con manos rápidas y ansiosas.

Sé que no es tan expresivo verbalmente como yo, pero puedo sentir su urgencia quemando cuando agarra mis caderas y me tira de nuevo a su regazo, como si tuviera que estar dentro de mí tan ferozmente como yo necesito que me llene. Estoy desnuda y él está todavía con sus pantalones, pero me muero de amor y de necesidad por expresarme físicamente con él.


Todo mi cuerpo se aprieta cuando su erección se siente caliente y palpitante entre mis muslos, y hay una enorme necesidad en mí por darle algo que nunca he dado a ningún hombre.


Temblando incontrolablemente, me deslizo entre sus poderosos muslos, al mismo tiempo en que él da un tirón a sus pantalones y los empuja fuera. Veo un vistazo de su tatuaje de estrella y su erección queda libre, y en el instante en que mis rodillas golpean la alfombra, mis dedos y manos están en todo su calor, su dureza, sus pesados testículos, todo lleno y preparado para mí.


—Quiero besarte aquí... —Mi voz tiembla con deseo cuando miro su cara de lujuria con ojos que apenas si puedo mantener abiertos por el deseo —. Quiero ahogarme en ti, Pedro. Quiero tu sabor... en mí...

El sonido de un hombre hambriento siendo complacido retumbó desde su garganta cuando lo llevo a mi boca, y roza mi pelo con todos sus dedos mientras mece sus caderas, poco a poco, hasta mi boca, suavemente dándome lo que pedí y tomando lo que quiero desesperadamente dar.



Él está tan deshecho como yo cuando agrego mis dientes, chupo la punta, luego la llevo hasta mi garganta hasta que tengo que reprimir mi reflejo nauseoso, y todavía estoy muriendo por más, nunca tendré suficiente de este hombre, y cuando está bombeando fuera de control en mi boca, y sus dedos se hacen un puño en mi cabello, y sus músculos se aprietan por el orgasmo, de repente me doy cuenta de que sus ojos son un poco menos mieles mientras me mira.



***



Él es definitivamente rápido.


Súper. Completamente. Rápido.


Médicamente, Diego dice que se llama manía.


Y sospecha que este episodio pudo haber sido desencadenado la noche en que salí con Melanie y Ruben, ya que durante su reunión financiera, Pedro le había preguntado solo tres cosas a Diego, y ninguna de ellas tenía nada que ver con las finanzas que había estado explicando.

¿En qué momento te dijo que volvería?


¿Estás seguro de que Ruben la va a recoger?


¿Por qué coño están tardando tanto?

Diego dice que cerró el tema dinero y envió a Pedro a su habitación tan pronto como Ruben envió un mensaje de que estábamos en el camino de vuelta, y fue entonces cuando lo encontré escuchando la canción de rock más fuerte que he escuchado, a la vez que llevaba una sombría, reflexiva expresión en su rostro. ¿Pensaba que nunca volvería?


¿Y es eso lo que hace cuando su interior comienza a girar en caos? ¿Escuchar rock duro?


No sé. Todo lo que sé ahora es que él me follo cuatro veces esa noche, como si necesitara reclamarme una vez más, y ahora Pedro ha pasado a ser totalmente pícaro y parece funcionar con Red Bull 24/7.


Esta como completamente cargado.


Su ser engreído habitual a la décima potencia.

Él me atacó en la cama como un león esta mañana. —Te ves especialmente bien, Paula Chaves. Buena, y cálida y húmeda, y no me importaría tenerte en mi bandeja de desayuno.



Su lengua hace una línea húmeda alrededor entre mis pechos, luego se va a por todas y lame mi clavícula como mi león siempre lo hace.



—Lo único que falta es una cereza en la parte superior, pero estoy seguro de que tenemos algunas.


La picardía en sus ojos me derrite cuando hace aparecer una cereza dentro de su mano, lo que me hace darme cuenta de que probablemente había ido a buscarla a la cocina durante la noche y había estado esperando para abalanzarse sobre mí al instante que despertara.
Señor, efectivamente es un depredador.


Gimiendo atontada, ruedo a mi espalda y miro en su rostro detiene corazones. Mandíbula desaliñada. Ojos oscuros brillando. Sonrisa con hoyuelos.
Dios, estoy perdida.


—¿Quién es tu hombre? —Pregunta con voz ronca, y me besa, rozando la cereza contra mi clítoris. —. ¿Quién es tu hombre, nena?


—Tú —Me quejo.


—¿A quién amas?

Temblores corren por mis miembros mientras tortura mi clítoris con la cereza y al mismo tiempo penetra en mi sexo con un largo dedo, y miro fijamente a sus ojos, aturdida. Puedo ver manchas en miniatura de color miel en sus profundidades misteriosas, y oh, quiero desesperadamente decirle, tu, sólo te he amado a ti siempre, pero no puedo. No así, no cuando ni siquiera puede recordar.



—Tú me vuelves loca, Pedro —le susurro, y descaradamente agarro su erección y la arrastro con ansiedad hacia mí, así me puede llenar y  hacerme oler a él de nuevo.

Toda la semana, está en modo alto de mantenimiento, y apenas puedo seguirle el ritmo, pero me encanta. Estoy montando los altos con él. Sus sonrisas resplandecen. Él tiene que tomar descansos de sexo ahora en los entrenamientos. No puede verme sin necesitar follarme. Cuando voy a estirarlo él me quiere a mí tan pronto como lo toco.


Ahora me doy cuenta de que cuando es negro, sus ojos no están muy negros, pero un negro muy oscuro, salpicado de gris y miel. Sin embargo, su estado de ánimo es... de alguna manera, negro. No siempre, pero a veces. Está bien sumamente elevado, o super cabreado. A veces nada lo hace feliz. Diane lo está alimentando. El entrenador no lo entrena duro. Y estoy mirando demasiado a Diego, por el amor de dios.


Pero incluso tan ridículo como suena, estas cosas parecen algo muy importante para Pedro, y ahora parece que todo mi día es absorbido por la energía y la resistencia, y estoy luchando para mantenerme al día.


—¿Quién es toda esta gente aquí? —Le pregunto cuando aterrizamos en Nueva York para encontrar una multitud de espectadores en el FBO donde aparca su jet, y apenas están siendo retenidos por cuerdas de color amarillo y equipos de seguridad en el aeropuerto.


—Para mí, que mas me da —declara.


Suena tan arrogante incluso Diego cacarea y dice: —Supéralo, Pedro.


Él me agarra seductoramente. —Ven aquí, nena. Quiero que estas buenas personas sepan que estás conmigo. —Grandes, manos seguras agarran mis nalgas mientras flashes se apagan.



—Pedro.

—Vamos a hacerlo en el ascensor — insiste.

Riendo, sacudo el dedo índice en mi gran, malo y travieso hombre. Yo nunca, nunca, voy hacerlo en un ascensor porque podríamos encontrarnos con alguien más.

—Yo te quiero. En el ascensor.

—Y yo te quiero. En una cama. Al igual que la gente normal.

Su mirada cae por debajo de mi cintura, y su expresión cambia a juguetona, un sonriente dios del sexo a un hambriento de sexo dios oscuro. —Te quiero en esos pantalones que llevas.

Ambiente cálido y querido. Asiento, sonrio, y agarro sus dedos, besando cada uno de sus nudillos magullados.


Su cabeza se inclina con curiosidad, y sus hoyuelos desaparecen lentamente. Parece que nunca se le ha dado este tipo de atenciones, solo yo. De repente, me dan ganas de darle más.

Y así lo hago.
--------------------------------------


4 comentarios:

  1. Wowwwwww, qué cap intenso. Es tan buena tu historia que siempre me quedo con ganas de más Jesy.

    ResponderEliminar
  2. Buenisimo,segui subiendo.

    ResponderEliminar
  3. Wowww muy buen capitulo me encanto me quede con ganas de leer mas jajaja, costo para que arrancara el y ahora no puede ni verla jajaja gracias Jesy

    ResponderEliminar
  4. Muy buen capítulo!! Me da miedito cuando se entere lo que pasó!!!

    ResponderEliminar