lunes, 13 de enero de 2014

CAPITULO 24



Con el enorme gimnasio y toda la zona, el área de equipo de pesas y el ring de boxeo, solo para nosotros dos. Los gimnasios que usa siempre se alquilan completamente para él y el conocimiento de que nadie va a venir, dispara fuego a través de mis venas.


Pedro desliza sus manos alrededor de mis caderas y extiende sus dedos por mi trasero, mientras él me clava abajo en su erección.


Mi aliento se para mientras descaradamente traigo una de esas enormes manos masculinas hacia arriba, luego lentamente obligo a su agarre a curvarse alrededor de mi pecho, la hinchazón cubierta en un tanque de piel firme debajo de mi chaqueta de chándal abierta.



No se movió por un momento de infarto. Luego agacho su cabeza, y utilizo su nariz para dar empujoncitos para abrir completamente mi chaqueta de un lado, y luego del otro. La sensual manera en la que su rostro acariciaba y me destapaba subió mi temperatura varios grados. Me sentí afiebrada para el momento en que los bultos de mis pechos quedaron completamente expuestos en mi camiseta sin mangas. Antes de retroceder, Pedro doblo un poco su cabeza para lamer mi barbilla, luego se echó hacia atrás para mirar, absorto, mientras sus dedos se enroscaban más fuerte en mi pecho, sus ojos medio cerrados.
Un mundo de sensaciones se precipitó a través de mi flujo sanguíneo cuando me apretó con la mano que había puesto en mí.


Su pulgar roza para acariciar a lo largo de la punta pedregosa que empuja en mi sujetador deportivo y mi top. Jadeo. Él está respirando más fuerte ahora. Sus ojos se van eclipsando a medida que se deslizan por mi abdomen plano en la ceñida camiseta sin mangas, tomando mis tonificados muslos en mis pantalones de entrenamiento, hasta a donde mi parte intima se encuentra ubicado en una estrecha V de nylon verde esmeralda contra su ereccion.


Mis músculos internos se contraen caprichosamente cuando esos ojos mieles se posan y se concentran únicamente en esta parte de mi cuerpo. Donde mi gatita mojada se presiona contra la larga erección que crece prominentemente en sus pantalones deportivos grises.


—Te quiero desnuda —dice con voz ronca.


—¿Pedro? ¿Cómo puedo mirarlos a los ojos si saben lo que estamos haciendo en este momento?


Su mirada brilla de pura maldad mientras lentamente afloja mi chaqueta deportiva de mis hombros.



—Pensé que no podías apartar tus ojos de mí.


—No puedo.


—¿Así que admites que te gustan mis músculos?


—Me encantan tus músculos.


—¿Te gusta como los uso?


—Si —mi respiración es breve y entrecortada cuando me agarra por las caderas, me levanta a un soporte, y baja mis pantalones hasta que estoy en bragas y sujetador deportivo.


—¿Te gusta lo que hago con la boca? —continua.


—Sí.


En este preciso momento quiero besar mi sujetador deportivo casi tanto como quiero besarlo a él. Tiene un cierre justo en el medio, y es tan fácil de bajar como un sostén con broche delantero. Cuando Pedro lentamente baja el cierre, muerdo mi labio y miro su rostro. Lleno de deseo. Masculino. Haciéndome estremecer por todas partes.


—¿Te gusta lo que hago con mis dedos? —su voz es baja y suave, y yo estoy completamente erotizada por las preguntas que me hace.


—Sí, Pedro.


Descubre mis pechos, y si miro a cualquier parte excepto a él, sé que me veré desnuda en las altas paredes de espejos que nos rodean. Posee un monopolio de virilidad, este hombre, y no sé qué me haría recibir tal inmensa vista de él desde todos los ángulos. Mi sexy y musculoso Pedro, gloriosamente desnudo, ¿y multiplicado por diez? Oh, dios.


—¿Te gusta lo que te hago…con esto…? —Cuando desliza sus pantalones deportivos, estoy desfalleciendo con la vista de diez traseros de Pedro en los reflejos detrás de él, sus poderosas piernas desde atrás, su estrecha cintura y amplios hombros.


Me paro en puntillas, uso sus hombros para impulsarme hacia arriba y aplastar su boca con la mía, él succiona mi lengua y tira mis bragas bajo mis piernas y me deja en las colchonetas, nuestra carne desnuda deslizándose suavemente contra la del otro.


—¿Qué pasa si alguien viene? —proteste con poco entusiasmo.


—Nadie viene aquí salvo tú.


Me extiende y estira mis piernas y mis brazos, y ahora simplemente mira su desempeño.


Jadeo de anticipación, sintiéndome expuesta de alguna manera. Para él. Su penetrante mirada miel acaricia la carne de los labios de mi descubierto coño, y siento que mira en mi interior. Donde estoy contrayéndome mojada e hinchada. Mi clítoris palpita, y si el solamente separa los labios de mi sexo a un lado, podría ver cuán hinchada me pone.


Mi corazón late salvajemente mientras escucho el crujiente sonido de la colchoneta cuando descaradamente separo mis piernas aún más. La necesidad atrapa con fuerza mi garganta cuando su rostro se tensa, luego cepilla su mano entre mis piernas, su pulgar se hunde ligeramente en mis labios vaginales.


Sus parpados caen, y su expresión se suaviza mientras su pulgar se hunde en la hendidura. Mi aliento se atasca, y muerdo mi labio inferior.

Un estremecimiento se extiende a través de mí cuando él arrastra su pulgar desde mis labios vaginales hasta mí ombligo, luego entre mis pechos, para acariciar los labios de mi boca con el mismo pulgar que acababa de usar para acariciar mi sexo. Ahueca la turgencia de mi pecho en otra mano y lo manosea mientras toca con su pulgar también, y yo ya no estoy respirando. Los toques son una dolorosa provocación, y un temblor se precipita por mi cuando el finalmente aprieta la carne de mi pecho en su palma, oprimiendo mi pezón hacia afuera mientras lentamente inclina su cabeza. Prolonga el momento, haciéndome gemir para cuando la punta de su húmeda lengua se desliza hábilmente por de la endurecida piedrecita.


Mis ojos se nublan. Estremecimientos de ardor se dispararan a través de mí, y desesperadamente abro mi boca para saborear el dedo que usó para acariciar mi sexo, el cual todavía se sitúa contra mis labios y tiene mi esencia. Necesito lamer algo, necesito usar mi lengua en algo, y mientras se dirige hacia mi otro pecho, me mira fijamente y empuja su pulgar profundamente en mi boca como si supiera lo que quería.


Mi lengua se envuelve febrilmente a su alrededor mientras me pellizca la punta de mi palpitante pezón. El éxtasis se estrella a través de mi cuerpo. Jadeando, muerdo su pulgar mientras él usa sus labios para mordisquear mis pechos con la misma intensidad. Placer irradia por todo mi ser cuando tironea mi pezón con sus dientes, y agarro desesperadamente sus hombros y hundo mis uñas en su piel cuando desliza una mano entre mis muslos.


—¿Me necesitas para hacerte venir?


Empuja su grueso y largo dedo profundamente en mí, y mi sexo lo aprieta. Mi cuerpo entero se contrae por la excitante sensación de su toque dentro de mí.


—Sí, pero te necesito en mi interior —Jadee.


—Ahí es donde vas a tenerme .


Rosa mi canal interno, y cierro mis ojos mientras me desintegro bajo él. Mis manos se deslizan por su torso duro como una roca, y estoy almacenando la firme y fabulosa sensación en la memoria mientras mi pelvis empuja arriba hacia su palma en ansiosa necesidad.
Mis pezones duelen, y me estiro para frotar mis pechos contra el suyo mientras corro mis dedos por su espalda.



—Hazme el amor.


Él gime y acaricia su lengua contra la mía.



—Todavía no —murmura, y succiona la carne de mi labio inferior en su boca, luego lo libera y sopla aire a lo largo de la tierna y húmeda carne. —. Todavía no, pero pronto…







Su voz es gutural, pero hay una dulzura en ella que disuelve mi interior y no puedo hacer nada más que jadear. Se arrastra entre mis piernas abiertas y entierra su cabeza entre mis muslos, y su lengua parpadea entre mis labios sexuales.




Mis ojos se cierran de golpe mientras me arqueo hacia él, el calor de su boca provoca corto circuitos en mis sentidos. Ahueca mis nalgas en sus grandes manos y me asegura hacia él, su húmeda lengua se desliza para saborear mi clítoris una y otra vez.


—¿Te gusta eso? —pregunta, con palabras amortiguadas.


Asiento. Entonces me doy cuenta que no puede verme.



—Sí —digo con voz ronca.


Baja su rostro hacia mí de nuevo, gruñendo profundamente pero una profundidad suave y sexy mientras su castaña cabeza se entierra entre mis piernas y acaricia mi clítoris con su lengua. Mis rodillas tiemblan cuando mis piernas tratan de abrirse aún más.


Un orgasmo se está construyendo en mi centro, todos mis músculos se contraían firmemente, y araño la parte superior de su cabeza, agarrando un puñado de su cabello húmedo.



—No…por favor…quiero correrme contigo.


Él no escucha. Su cabeza está ocupada moviéndose entre mis muslos entreabiertos. Hace bajos sonidos parecidos a un ronroneo entre mis piernas y es tan asombrosamente voraz que puedo sentir sus dientes. Sus uñas se entierran en mis muslos mientras me devora como si fuera el único obteniendo placer del acto, y estoy tan excitada por la forma en que me bebe a lengüetazos, que me corro.


Las convulsiones me sacuden bajo él, y hace otro sonido y sigue en marcha mientras añade un dedo en mí. Levanta su cabeza y me mira tener el orgasmo, toqueteándome con los dedos ahora. Y sigo corriéndome como un cohete por él, explotando en mil y un pedazos. Siempre es tan intenso con él, se mantiene durando por mucho tiempo. Estoy temblando cuando él se acerca, y está vibrando contra mi cadera cuando aplasta mi boca.


—Permíteme —respiro, y me extiendo entre nuestros cuerpos, pero él retiene mi cadera dentro de sus grandes manos.


—Con calma —me dice, tratando de recuperar el aliento, pero lo ignoro y ansiosamente agarro la parte superior de su miembro en mi mano.


Disparos de excitación me atraviesan otra vez cuando siento la sedosa humedad de la hinchada punta. Gimiendo, baja su  cabeza y lame el lóbulo de mi oreja, su respiración caliente y rápida en mi oído. Lo toco con vacilación, de alguna manera esperando que me detenga, pero no lo hace.


Oh, dios, este es la cosa más erótica que alguna vez he hecho. Hago un sonido de placer y volteo mi cabeza hacia él. Empezamos a besarnos.


Él lleva el beso al siguiente nivel, agregando lengua y dientes, y ellos me encienden como fuegos artificiales. Sensaciones corren por mi cuerpo con cada húmedo movimiento, mis dedos apretando su erección mientras mi agarre se desliza por él.


Mi otra mano va a su pelo, y mantengo su beso en mí. Grueso y suave, enredo mis dedos en el sedoso castaño de su pelo mientras enfrasco todo mi ser en su sabor, en él. Su erección vibra en mi mano, y me sacudo con una nueva e incluso más fiera necesidad cuando siento su tamaño, su fuerza, palpitando caliente e imperiosamente.


Es tan abrumadoramente sexy cada segundo que yazgo aquí, bajo él, sufro una lenta muerte. Quiero devorarlo. Amo la forma en que me cuida, me protege, la manera en la que mira hacia mí, el modo en que siente, el hombre más excitante y sexy que alguna vez he sostenido en mi mano.


Intento cerrar mi puño a su alrededor, y aunque no puedo, tengo la sensación de que lo que sea que lo contiene, se rompe cuando trato de apretarlo. Me acerca para aplastar mi boca con la suya, luego fácilmente me voltea y me mueve a la posición de perrito.



—Me gusta esto —ordena, en mi oído, luego fuerza mi cabeza para aplastar mi boca nuevamente hasta que mis labios se sienten hinchados por su causa.


Sin miramientos, coloca su frente en la parte de atrás de mi cabeza con un hambriento gemido que resuena en mi interior. Mi sexo palpita cuando me inhala, y me sigue oliendo cuando frota su pene por mi trasero. Se siente tan bien cuando lo presiona. Lloro y giro mi cabeza. Y entonces veo su reflejo, como está completamente sobre mí. Montándome. Y es tan hermoso que me hipnotiza. Esta desnudo y brillando por su ejercicio, y todos sus músculos ocupados mientras sus duras caderas, sus brazos mantienen la parte superior de su cuerpo encima de mí. Utiliza sus brazos, espalda, abdominales, muslos y sus nalgas para follarme. Ni siquiera puedo verme, solo un rápido vistazo de lo pequeña que me veo bajo él, mis senos rebotando, y la mirada en mis ojos…Ni siquiera sabía que podía verme tan ardiente y excitada, mejillas rosadas, mis ojos están brillando como locos porque estoy mirando al único hombre por el cual he tenido sentimientos.


Me sujeta de las manos y rodillas, y susurra —Mírame —e impulsa mi cabeza hacia arriba de manera que encuentro su mirada en el espejo.


Él quiere que vea, y apenas puedo mantener mis ojos abiertos. La imagen de nosotros haciendo el amor es extremadamente erótica. Mis ojos aletean para cerrarse, y Pedro se retira y se arrastra a lo largo de la hendidura, apretando mis nalgas a su alrededor, luego se introduce con un gemido decadente en mi desgarradoramente mojado interior.


Lo hago. Cuando abro mis ojos, veo todos esos músculos llenos, sus hombros cuadrados, sus planos y duros pectorales y sus pequeños pezones marrones mojadamente brillantes, y tiemblo cuando veo los músculos de su mano derecha flexionarse mientras la desliza por mi abdomen para acariciar mi sexo. Su cuerpo vibra contra el mío, y estoy lista para correrme cuando agrega su pulgar para hacer círculos de infarto por el sensible botón de mi clítoris. Reboso de la necesidad. Él es hermoso, y es la cosa más viril que jamás he visto. Y es mío.
La mirada de pasión en su rostro es debido a mí. El deseo en sus ojos es por mí. Un fiero orgasmo se enrosca en mi vientre, y gimo débilmente, rogándole por su liberación.


Él me escucha. Me mira en el espejo como si nunca hubiera visto nada como yo…sus ojos salvajes, primitivos. Posesivos.


Cada onza de mí palpita de placer mientras él se retira y detiene la punta de su miembro en mi mojada entrada, el movimiento frena mi clímax en la temblorosa cúspide, y luego vuelve a empujar en mi cuerpo en un lento y delicioso ritmo otra vez.


—Si… —dice con voz ronca, sus ojos cerrados mientras empuja hacia adelante. Mi orgasmo se contrae y presiona en mi interior. Me estremezco ante la sexy imagen de él, perdido en mí, y de repente gruñe y agarra mi pelo en su puño, ladeando mi cabeza y clavando su boca en la mía.


Mi coño esta liquido de necesidad mientras se arrastra en mi interior. Lo apreto más fuerte con los músculos de mi sexo y balanceo mis caderas hacia atrás sin descanso en una silenciosa suplica.



—Empuja cada pulgada de ti en mí…quiero cada palmo de ti —Suplico.


Se sumerge profundamente con un rugido, el movimiento deja salir un inesperado gemido de mí. El ritmo que establecemos de pronto es salvaje y rápido. Puedo ver mis pechos rebotar mientras él me embiste, mi cuerpo sacudiéndose bajo los poderosos movimientos de balanceo de sus caderas. Sus bíceps se aprietan cuando agarra mis caderas y me sigue manteniendo para él.


Ya está desecho.


Sus caderas se mecen en mí y soy una masa temblorosa de deseo con la magnífica vista de él detrás de mí. Ojos cerrados, músculos sobresalientes, rostro tenso. Empujo hacia atrás y me trago un gemido cuando él se derrama en mí, caliente dentro de mí sexo. Las convulsiones son tan poderosas como lo es él, y mi sexo se aplasta con vehemencia mientras mira y le sigue al instante.


Sigue bombeando en mi coño mientras los temblores me llenan, manteniendo sus manos en entre mis muslos y acariciando mi sexo con esas grandes manos que me vuelven loca. Gimo suavemente su nombre y el gime el mío, y cuando estamos saciados en las colchonetas, simplemente lo sé.


Lo sé. Por supuesto. Cien por ciento elevado a la décima potencia.


Me he enamorado perdidamente de él.


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Lean el siguiente.....


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