lunes, 13 de enero de 2014
CAPITULO 25
En el Aeropuerto Internacional de Chicago O'Hare, Diego y yo estamos sentados en la sección de Reclamo de Equipajes, entre el bullicio de la gente, esperando que el vuelo de Melanie llegue.
—Diego, hay algo sobre lo que he querido hablar contigo —le digo mientras sigo explorando las pantallas de llegada sobre nosotros.
Él se ve como mi guardaespaldas en ese traje todo Hombres de Negro, siguiéndome cuando me pongo de pie para estirar las piernas. Sólo sé que es porque Pedro le dijo que no me quitara los ojos de encima, y si Melanie estuviera aquí, también sé que estaría ansiosa de que vayamos a hacer “pipí”, sólo para ver qué haría el pobre hombre. Pero Diego es un buen tipo, ni siquiera soñaría con ponerlo en aprietos con Pedro. Excepto tal vez... por la fuerza.
Lo que sería, posiblemente, ahora.
—Así que, Diego, ¿te acuerdas de la noche en que Pedro abandonó el ring, porque estaba siguiendo a alguien?
Por supuesto que lo recuerdas. El disgusto evidente en su expresión me hace reír.
Y cuando nos damos cuenta de que nuestros lugares han sido ocupados por un grupo de estudiantes universitarios, terminamos de pie al lado de las cintas transportadoras.
—Esa chica era mi hermana, Diego. Ella es mi hermana pequeña, pienso que se ha metido con la gente equivocada, y realmente creo que tengo que dar un paso adelante y ayudarla. No. Yo no lo creo. Lo sé —enfatizo—. Oh, ¿puedo tener uno?
Diego acaba de sacar un chicle Trident para él, y me ofrece uno.
-Pedro ya está en eso, así que ni siquiera te preocupes.
—¿Qué? —Él deja completamente en blanco mis pensamientos con esa declaración.
Con una expresión aturdida, miro hacia abajo al chicle que me ofrece, luego lo doblo y meto el chicle en mi boca. El jugo estalla en mí, picando tanto que me hace tener que masticar varias veces antes de hablar.
—¿Qué quieres decir con que está en eso? Lo último que quiero es que se involucre con nada que tenga que ver con ese Scorpion.
Diego hace una mueca como si el chicle en su boca se sintiera como granos de café amargo.
—Yo tampoco, pero Pedro ya se puso en contacto para que la devuelva. Te lo advierto, no va a ser fácil. Al parecer, tu hermana no quiere, incluso cuando Pedro le ofreció un montón de dinero.
Mi estómago se estremece. Bueno, hora de la verdad. Me parece muy generoso y tan malditamente caliente que Pedro esté haciendo esto por mí, pero no puedo permitir que lo haga, sobre todo ahora que sé la verdad, y desde luego no quiero que él se encuentre con cualquiera de los gatillos de Scorpion. Qué tal si él es… ¿quién sabe?
—Por favor, Diego, quiero que Pedro se olvide de esto. No quiero meterlo en problemas.
En una de las cintas transportadoras, un niño corre alrededor, tropezando con las maletas, mientras que su nervioso padre intenta atraparlo. Nosotros dos parecemos observarlos, divertidos.
—No te preocupes, Paula. Nos encargaremos de Pedro. Y Ruben es el que está hablando con los matones ahora. No hay manera en el infierno que deje interactuar a pedro con Scorpion por su cuenta. Hay demasiadas cosas entre ellos. Él se mantuvo firme en ir personalmente, pero le recordé que si es expulsado de la liga, entonces no será capaz de volver a contratarte.
Gruñó en señal de protesta, pero, al final, se calmó y aceptó enviar a Ruben.
La sonrisa duele en mi cara. Me parece muy divertido que Diego me utilice para doblar el hierro de Pedro.
—¿Hay alguna razón por la que son tan amables, nuestro pequeño cordero Scorpy y Pedro? —le pregunté a Diego.
—Scorpy —responde sarcásticamente, con una sonrisa divertida— . es el cretino que la competencia contrató para conseguir expulsar a Pedro. Pedro detesta su puto culo y no puede esperar para trapear el piso con él.
—¿Es él? Oh, odio a ese idiota desde que tuve la mala suerte de encontrarme con él en el club —exploto. A continuación, le dirijo una mirada a DIEGO—. Bueno, entonces, ¿ahora debes estar de acuerdo conmigo en que es mejor si dejamos que Pedro salga de este lío? No quiero que ni siquiera se tiente de ir hacia Scorpion y ciertamente no quiero que pague por mi hermana. ¡Ella es una mujer libre! Debe salir por su cuenta.Diego, estoy segura de que si pudiera sólo hablar con mi hermana, estaría obligada a ser capaz de razonar con ella.
El niño se mueve y cae en la pequeña bolsa de lona negra de alguien. Su risa se detiene, y luego sus gritos rompen a través del bullicio cuando el papá finalmente lo recoge y lo lleva de vuelta a donde la madre espera sus maletas.
—Supongamos que acepto ayudarte —dice Diego con sus ojos marrones reflexivos dirigiéndose a mí—. ¿Qué tengo que hacer?
—Nada, en realidad. —Encogiéndome de hombros, voy tirar el chicle a la papelera más cercana, sonriendo en privado cuando Diego me sigue—. ¿Excepto ayudarme a impedir que Pedro se entere de que fui a verla? —Levantando una ceja, contemplo su reacción. Nunca he sido disimulada, pero no puedo dejar a Pedro en esto, va en contra de todos mis instintos de protección hacia él—. Entiendes que esto es algo que tengo que hacer, ¿verdad, Diego? Por lo que vi, Delfina necesita una seria comprobación, y tengo hacerla entrar en razón.
—Entiendo —está de acuerdo con una ligera inclinación de cabeza, mientras nos apoyamos contra un pilar—. Es sólo que no me gusta lo que sucederá cuando Pedro se entere.
—No lo hará. Melanie me ayudará a enviarle un mensaje a mi hermana en la próxima pelea. Voy a arreglar un encuentro con ella en un restaurante cercano, y tú sólo vas a tener que cubrirme cuando lo haga.
—Paula, él tendrá mi cabeza si algo sale mal, y estoy un poco demasiado unido a ella, si me entiendes.
—Nada va a salir mal. He tomado más clases de defensa personal de las que puedo soportar. El único hombre que ha sido capaz de derribarme es Pedro.
Diego se echa a reír.
—Derribaste a ese hombre justo bajo sus pies, Paula.
—Eres gracioso, Diego. —Estoy sonriendo ahora, encantada, lo que hace que mis ojos de cachorro tal vez no sean muy eficaces—. Vamos. ¿Ayuda? ¿Por favor?
Un ceño pensativo cruza su rostro, y él golpea su barbilla dos veces mientras se adentra en el pensamiento.
—Sólo si Ruben va contigo y tu amiga cuando vayas a la reunión.
—Gracias, está bien. ¡Sí! Gracias, Diego. —Cediendo al impulso, le doy un rápido apretón de manos, y me doy cuenta que me he encariñado con todos en el equipo.
Estoy temiendo el momento en que mi período de tres meses termine. ¿Quiero quedarme o quiero irme?
Quiero quedarme. No hay duda al respecto. Pero tengo que llevar a Delfina a casa, a salvo, si tengo suerte de convencerla, y luego, decidir qué voy a hacer, dependiendo de cómo estén las cosas con Pedro. La idea de irme me inquieta, incluso si es sólo temporal.
—¿Tienes algún hermano, Diego?
—Pedro.
Mis ojos se abren y no puedo creer que este chico vaya a sorprenderme de nuevo.
—¿Él de verdad es tu hermano?
—No mi hermano de sangre, infiernos, ¡no nos parecemos en nada! ¡Soy como un libro y pedro es como un toro! No tengo hermanos de sangre... mi hermano del alma es Pedro.
Estoy pensando en lo dulce que es que Diego piense en Pedro como un hermano del alma, y si pedro es mi alma gemela, entonces Diego es mi cuñado del alma... Así que aquí estoy pensando en cosas estúpidas, cuando mi mejor amiga en el mundo viene para salvarme de mis pensamientos.
Ahí está. Justo como salida de la película Legalmente Rubia. Mi dulce Melanie, arrastrando una maleta de color rosa llamativo detrás de ella. Su pelo rubio suelto y unas gafas de sol encima de su cabeza. Ella no es una rubia tonta, pero seguro que le gusta vestirse como una.
Como toda diseñadora de interiores, también trae el toque de excentricismo en su persona. En lo que a ella respecta, todo va bien. Y hoy se ve como un arco iris, iluminando mi mundo.
—Mel. —Salto hacia adelante, envuelvo mis brazos alrededor de ella y dejo que me envuelva en los suyos, delgados, y en su fragancia Balenciaga.
—Parece que acabas de conseguir un maldito bronceado sobre tu piel, estás absolutamente brillante, perra —dice ella, empujándome para inspeccionarme con los ojos entrecerrados—. Y vistiendo un pequeño vestido en lugar de un conjunto deportivo, bien, bien, bien. —Ella aparece completamente impresionada. Inmediatamente sus instintos femeninos se centran en diego, y su voz se va al tono de sémi-amante—. Bueno, hola.
—Hola de nuevo, señorita Melanie —dice Diego.
—Oh, Diego, llámala Melanie, Melanie, llámalo Diego. Vamos, los llevaré al coche —les digo.
—Te traje un regalito —dice Melanie, una vez que estamos en la parte posterior del coche que alquilamos. Saca un enorme paquete de condones extra grandes, y estriado para mayor placer, de su enorme bolso de viaje—. ¿En caso de que desees esperar un poco más para hacer estallar esos bebés que Pedro quiere? —se burla, agitando la abundante cadena en el aire.
—No necesito esto, chica, puedes ir y ponerlos de vuelta en tu bolso. Tengo una cápsula en el brazo que empuja la hormona, ¿recuerdas?
—¡Oh! Así que en realidad puedes sentir todo durante…
—Todo —le dijo alegremente, y mi cuerpo se aprieta recordando cada centímetro dePedro Alfonso dentro de mí.
—Paula, tienes esa mirada seriamente caliente en tu rostro. ¡Cuéntame todo acerca de ti y ese Dios del sexo! —demanda Melanie.
Mis ojos se abren y, a continuación, la risa me ataca muy fuerte, mi cabeza cae hacia atrás y agarro mi estómago.
—No acabas de llamarme caliente.
Melanie sonríe ampliamente, y cambia su tono.
—Caliente. Caaaaliennnte. Calienteeeee. Ni siquiera puedes decir su nombre sin verte cachonda. Demonios, incluso pude sentir tu calentura en tus textos. Sobre todo en ese texto borracho. Tú, alcohólica reprimida.
Demasiado tarde me doy cuenta de que estamos muy emocionadas, estamos teniendo una conversación totalmente personal en el asiento trasero, mientras Diego conduce, y de repente puedo sentir un color rojo vivo subiendo por mis mejillas. Tomo la mano de Mel, y dirijo mis ojos hacia Diego para que ella sepa que no podemos seguir diciendo “caliente” a su alrededor, por el amor de Dios. No es que yo no confíe en él, pero es un hombre. Esto es personal, maldita sea.
—Ahhh —dice Mel, asintiendo con la cabeza, entonces ella chilla y me abraza de nuevo. Dejo que me de un poco de amor y le doy algo de vuelta, porque extrañé a mi burbujeante Mel.
Así que al final termina hablando con Diego sobre el tiempo en Chicago, que es soleado y ventoso, pero terriblemente frío en la noche, y luego la llevo a almorzar.
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dos capítulos! Gracias por leer!!♥
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Wow buenisimos los capitulos,me encantaron.
ResponderEliminarBuenísimos los 2 caps Jesy!!!!! Cada vez mejor está esta historia jajaja
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