domingo, 19 de enero de 2014
CAPITULO 30
Ya me siento drenada para cuando llego a la mesa de mi hermana. Alrededor de nosotros, hay mesas vacías con sillas con las patas para arriba desordenadas a lo largo de estas, excepto por una pequeña mesa, la cual está ubicada con una pequeña vela eléctrica en el centro y palillos chinos para cuatro.
—Delfina —Mi voz es aparentemente suave, pero por dentro soy una masa de emociones conflictivas, incluso resentimiento hacia mi hermana por sentarse aquí, tener que observar besar el sucio tatuaje de su novio. Pero viendo la expresión sin vida en su rostro, sólo sé que la chica enfrente de mí, esbelta y frágil, pálida y no realmente feliz, no es realmente mi hermana.
Me estiro por su mano en la mesa, estoy entristecida cuando ella no me deja sostenerla y en su lugar la empuja debajo de la mesa con un pequeño sorbo de su nariz. Nos miramos la una a la otra por un momento en silencio, y me golpea que la vista de ese escorpión negro casi trepando en los ojos de mi hermana es lo más perturbador que alguna vez he visto en mi vida.
—No deberías de estar aquí,Paula —dice ella, sus ojos en el hombre, Ruben y Melanie, quien esperan pasmados en la puerta. Cuando nuestros ojos se encuentran otra vez, estoy impactada por la animosidad en su mirada, abiertamente azotándome.
Una repentina furia se apodera de mí también, y entrecierro mis ojos. —Mamá quiere saber si te gustaban los cocodrilos australianos, Delfina. A ella le encantó la postal que le mandaste y no puede esperar para ver a dónde más te diriges. ¿Así que? ¿Cómo estuvieron los cocodrilos, hermana?
Hay un mundo de amargura en su voz cuando contesta. —Obviamente no lo sabría —Ella limpia el dorso de su mano a través de su nariz y aparta la vista, frunciendo el ceño con la mención de mamá.
—Delfina… —Bajando mi voz, señalo al vacío restaurante japonés que contiene al Escorpión y tres imbéciles, quienes nos observan desde el bar del sushi. —. ¿Es esto honestamente lo que quieres para ti misma? Tienes toda tu vida por delante.
—Y quiero vivir a mi manera, Paula.
Hay un montón de defensiva en su tono, así que trato evitar sonar agresiva. —¿Pero por qué, Delfina? ¿Por qué? Mamá y Papá tendrían el corazón roto si supieran las cosas en las que te has involucrado tu misma.
—¡Por lo menos los protejo de saber la verdad! —se recupera rápido, y este es la primera chispa de vida que en realidad veo en sus ojos
—¿Pero por qué les harías esto? ¿Por qué abandonarías la universidad por esto?
—Porque estoy enferma y cansada de que ellos me comparen contigo. —Mira con furia, entonces comienza a hacer una voz de burla que se parece a la de nuestra madre cuando lloriquea. —¿Por qué no haces esto como Paula? ¿Porqué no encuentras algo significativo que hacer con tu vida como Paula? ¡Ellos sólo quieren que sea como tú! Y yo no quiero. ¿Cuál es el punto? Te perdiste toda la diversión creciendo así podrías ser el ídolo de las medallas de oro y ahora no sólo no eres una medallista olímpica, no puedes siquiera correr en la pista nunca más.
—Podría no correr más pero todavía puedo patear tu trasero ahora mismo —le azoto con furia, duele más allá de las palabras lo que ella está diciéndome.
—¿Y qué? —Continúa— . Eras la mejor velocista en la universidad. Todos no podían dejar de hablar de cuan talentosa eras y de cómo lo ibas a lograr. Eso es todo lo que hiciste y de lo que hablaste, ¡Ahora mírate! ¡No puedes hacer lo que amabas y probablemente terminarás como mamá y papá, viviendo en el pasado, con tus estúpidas medallas de oro todavía colgando en tu habitación!
—¡Para tu información, soy más feliz ahora mismo de lo que jamás he sido, Delfina! Si solo pusieras un poco de atención, te darías cuenta que mi vida continuó y en lugares que ni siquiera imaginé que alguna vez estaría. ¿Quieres ser independiente? Lo conseguimos. ¡Ve por ello! Solo sé independiente por ti misma, ¡no en algún hombre quien me hace lamerle su asqueroso tatuaje y así poder ver a mi hermana!
—Me gusta que es protector conmigo! —dispara de vuelta—. Él pelea por mí.
—Pelea por ti misma, Delfina. Te prometo que te dará toneladas más de satisfacción.
delfina sorbió furiosamente y limpió su mano a través de su nariz, mirando con furia hacia abajo hacia las velas eléctricas mientras el silencio cae entre nosotros. Dejo caer mi voz una vez más.
Mi hermana parece tomar la quinta enmienda y no responde, lo que sólo sirve para redoblar mi preocupación y frustración.
—Ven a casa, Delfina. Por favor —rogué, mi voz en un susurro así sólo ella podía oír.
Toca su nariz con la parte de atrás de un dedo, y entonces lleva su mirada furiosa hacia mí mientras continúa frotando su dedo a través de sus fosas nasales. Sorbiendo.
—¿Para qué quiero ir a casa? ¿Para así ser un ídolo acabado a los veintidós como tú?
—Preferiría ser un ídolo acabado que nada en absoluto. ¿Qué estás consiguiendo ahora? ¿Quieres terminar la universidad?
—No, eso es lo que tú quieres hacer, Paula. Yo quiero divertirme.
—¿De verdad? ¿Y has tenido cargas de eso? Porque ni siquiera puedo ver que tu sonrisa tenga algún lugar en tu rostro más. Podría no gustarte el hecho de que fracasé en alcanzar mi sueño tanto como yo lo hago, pero estoy en eso. Resulta que me gusta donde estoy ahora, Delfina. No es donde planeé estar, es cierto, pero tengo muchas otras cosas. Mejores cosas. Tengo un trabajo genial, estoy trabajando con gente asombrosa, y estoy en la primera relación que alguna vez he tenido en mi vida.
—¿Con Riptide? —se burla—. Riptide no tiene relaciones, hermana. Las mujeres se le lanzan a donde quiera que va. El acaba con ellas como sus oponentes, y las jode a todas y apenas pregunta por sus nombres. Lo vi primero antes de que llegaras aquí. No olvides que e estado en esta escena más tiempo. ¡Un día él va a mirar a alguien más, y serás su novia acabada también!
—¿Y tu precioso Escorpión te querrá por toda la eternidad también? Delfina, el hombre con el que estás no luce bien —siseo, robando una mirada hacia él pasando mi hombro. El sonríe con una sonrisa satánica como que está escuchando cada palabra, y repentinamente soy consumida con el deseo para que mi hombre suba al ring con este idiota y lo mate. Y no tengo duda de que Pedro lo hará. Golpearlo dentro de un centímetro de su vida. Tal vez entonces querrá dejar a este cabrón.
—Benny es bueno conmigo —explica Delfina con un pequeño encogimiento de hombros—. El me cuida. Me da lo que necesito.
—¿Te refieres a la cocaína? —le espeto en pura furia.
Sus cejas se fruncen, e instantáneamente me arrepiento de qué la hice ir en un modo de defensa otra vez.
Un silencio tenso se extiende entre nosotros, y aprieto mis manos en mi regazo hasta que mis uñas muerden mis palmas mientras trato de calmarme y razonar con ella cuidadosamente.
—Por favor, Delfina. Te mereces mucho más.
—¡El tiempo se acabó! —Un fuerte aplauso desde el bar nos alerta, y Delfina se encoge de dolor, lo cual sólo confirma lo que he sospechado. Ella no quiere estar en casa, pero no quiere estar aquí tampoco. Siente que no tiene a dónde ir, y no se puede ir porque consigue más cocaína para su nariz de lo que ni siquiera quiero pensar. Mierda.
—A menos que quieras besar el escorpión otra vez, dile adiós ahora. —El Escorpión se para de modo amenazador a lado de mí, sus ojos destellando en ese serpentino color amarillo verdoso que me dice cuanto le encantaría humillarme otra vez.
Delfina se pone de pie, y una astilla de pánico corre a través de mí con la posibilidad de no verla otra vez. Empujo a mis pies, experimentando una escala de emociones desconcertantes. Quiero abrazar a mi hermana en mis brazos y decirle que todo estará bien, y al mismo tiempo quiero golpearla por ser tan terca y estúpida.
En su lugar, rodeo la mesa para abrazarla, ignorando la forma que ella se tensa mientras volteo mis labios a su oído y le hablo suave como un algodón.
—Por favor déjame llevarte a Seattle. En la final de la pelea de Nueva York, encuéntrame en el baño de damas y tendré dos boletos para casa. No tienes que quedarte aquí, pero necesitas tiempo fuera para pensar esto bien. Por favor —Alejándome, miro hacia abajo significativamente a su rostro.
Una sombra de alarma toca su expresión, entonces ella asiente, sorbe por la nariz, y se balancea para irse, la vista de su retirada de vuelta partiendo hacia la salida trasera haciéndome sentir como que justo he perdido algo muy preciado para mí ya.
Con un hundimiento en mi panza, siento los pequeños y brillantes ojos verdes de Escorpión en mí mientras me dirijo hacia Ruben y Melanie e irme, y no me puedo sacudir un sentimiento de completa y absoluta suciedad en mi misma.
—¿Alguien tiene algún enjuague bucal? Siento como que voy a conseguir un sarpullido —pregunto mientras Ruben nos conduce de vuelta en el Escalade.
Mel frunce el ceño pensativamente. —No puedo determinar porqué de lo que acabas de hacer se sintió tan asquerosamente mal, cuando no fue gran cosa. Quiero decir, he besado a hombres más asquerosos en partes más asquerosas de sus anatomías, ¿sabes? Lo que hiciste no fue gran cosa.
—¡Es jodidamente la gran cosa! —Ruben vocifera desde atrás del volante—. Paula, odio romperlo para ti, pero Pedro va a enterarse sobre eso y va a ponerse tremendamente, ¡TREMENDAMENTE NEGRO!
Mi estómago se aprieta, y sacudo mi cabeza mientras lucho para calmarme. Yo besando ese sucio tatuaje es algo que sinceramente nunca quiero recordar otra vez. Nunca. Otra vez.
— Él no va a saberlo si no se lo dices, Ruben. Vamos todos a relajarnos. ¿Por qué no hacerlo?
—Estos hombres se asegurarán de que él sepa, Paula. Y lo harán dolorosamente. —insiste Ruben.
Un fruncimiento de ceño se aprieta en mi rostro mientras me pregunto si eso es lo que ellos intentaban hacer cuando llegué. ¿Todo esto fue planeado para hacer que Pedro se enterara? Sacudiendo mi cabeza, miro hacia los ojos ligeramente acusadores de Ruben a través del espejo retrovisor desde donde estoy montada con Mel.
—¿Qué esperabas que hiciera, Ruben? No tengo puños como ese bastardo, y tengo que usar otros medios para conseguir lo que quiero, ¡y lo que quiero es para que mi pobre hermana esté fuera de ese apretón de mierda viviente!
—Jesús, espero por Dios que ella lo valga.
—Ella lo vale, Ruben. Va a aparecer después del combate final en Nueva York. Ella es mi hermana. ¡Besaría la acera y lamería el inodoro para asegurarme que ella está bien, tienes que entender!
—Eso es asqueroso, Paula —chilla Mel, riendo.
—Pedro es como un hermano para mí, Paula. Esto va a … —Ruben sacude su cabeza y parece sacar toda su furia con su cabello, arrancándolo con sus dedos. —. Sólo vamos a esperar que no se entere que tu… —Sacude su cabeza otra vez, empuñando otro puñado de cabello.
—El ha hecho toneladas de mierda por mí. Por mi familia, cuando mis padres se enfermaron. Pedro es bueno. Joder. Hombre. No se merece…
—Ruben, yo lo amo. —Las palabras sólo se arrancaron de mí fuera de mi dolor y mi frustración de haber besado a su enemigo. —. ¿Crees que alguna vez deliberadamente le haría daño? No quiero que se involucre en esto porque lo amo. ¿No puedes verlo? No quiero que se ponga negro por mí. ¡Dios!
Ruben frena en el semáforo, entonces busca mis ojos en el espejo retrovisor otra vez, sus labios frunciéndose mientras asiente —Lo capto,Paula).
Me siento al instante vulnerable y revelada, y me retuerzo en mi asiento. —Por favor no le digas. No sólo sobre el fiasco de esta noche. Sobre la otra parte.
Asiente en silencio. Una vez de que todos estamos caminando hacia nuestra habitación, agrego. —Ruben, gracias por llevarnos. —Asiente, y entonces se aleja, ignorando a Melanie, ella dispara toneladas de cuchillos invisibles en su dirección con sus ojos.
—Ese chico se mete con mis nervios.
—Creo que tú también te metes con los de él.
—¿Lo hace? —Ella me frunce el ceño, entonces sus ojos se amplían en pura desconfianza. —¿Quieres decir que no le gusto?
Gimiendo con su estupidez, la empujo en su dirección. —Mel, sólo tienes que ir con él.
—Ni siquiera me gusta —argumenta, pero ya me giré para abordar el elevador hacia arriba al penthouse, y deslizo mi llave en nuestra habitación con una salvaje anticipación de verlo.
El se sienta en el escritorio, con su laptop abierta y con su música en los oídos. Levanta su cabeza cuando me acerco, y cuando su claramente atractivo rostro con esos ojos rompecorazones me miran, mis entrañas tiemblan incontrolablemente.
Su cabello en puntas brilla en la suave iluminación de la habitación del hotel, en esos cómodos pantalones de chándal y ajustada camisa, él exuda pura masculinidad cruda. La vista de su boca llena abre una famélica hambre dentro de mí y sólo me duele con el dolor físico de esperar esa boca en mí. Sus brazos en mí. Su voz, diciéndome que todo va a estar bien. Porque cada segundo que pasa, me aborrezco a mi misma más y más por lo que hice.
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Buenisimo el capitulo!!!
ResponderEliminarDivino este cap. Excelentes tus descripciones y diálogos!!!!
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