viernes, 24 de enero de 2014

CAPITULO 34



Temblando en mi asiento, me quedo completamente inmóvil mientras viene a pararse delante de mí, respirando como un toro, sus fosas nasales dilatadas, sus ojos ardiendo sombríos en su rostro, con los puños temblando a los costados. Pero es la penosa desesperación en su mirada que envía escalofríos terribles por mis brazos.

Me toma alrededor de diez veces el esfuerzo normal para hablar. —¿Quieres hablar conmigo, Pedro? —le pregunto, mi voz es áspera.



Me preparo para su grito, pero de alguna manera, la astilla fría de un susurro con la que responde es infinitamente más amenazante.



—Quiero hacer algo más que hablar contigo.



El cabello de mi nuca se eleva en alarma. —Muy bien, vamos a hablar. Disculpa, Diane —digo en calma engañosa, y empujo mi silla hacia atrás para ponerme de pie, mis piernas tambaleándose.



Se ve más grande que nunca, y todo el restaurante está mirándolo.



Diane se apresura a cercarse a la mesa derribada para ayudar al entrenador a limpiar.



Las manos de Pedro flexionadas y los puños a los costados mientras me mira con furia. Su mandíbula trabaja mientras respira, rápida y entrecortadamente, y me doy cuenta de que Ruben acaba de llegar detrás de él, junto a Diego.



Hay una feroz batalla dentro de los ojos de pedro. Está luchando porque sabe que tiene que controlarse a sí mismo, pero no puede. Como si la ira estuviera más allá de él.



Trato de calmar mi pulso mientras ardo por la necesidad de calmarlo. Sé que cuando ponía mis manos en cualquier parte de su cuerpo, se relajaba bajo mi tacto. Yo sé que necesita recibir mi tacto a veces tan ferozmente como yo necesito dárselo. Excepto que nunca ha estado así, y me temo que, por primera vez en mi vida, mis caricias no serán bien recibidas por él.



La idea del único hombre que he amado sintiéndose traicionado por mí es casi paralizante.



Ni siquiera me ha hablado, y sin embargo, puedo sentir su agitación envolviéndome completamente, lo que tenga que decirme ya me duele en algún lugar hondo y profundo dentro de mi cuerpo. Lo lastimé. Lo lastimé y al instante me odie por ello. Mi tráquea se inflamó de dolor.



—Acabo de ir a ver a mi hermana — dolorosamente respiro, un hoyo de dolor y ansiedad turbulenta dentro de mí.



Extiende su brazo con su dedo índice temblando ferozmente y toca mi boca, con la que besé la mejilla asquerosa de Scorpion, y luego se inclina hacia adelante para morderme, y jadeo en una mezcla de shock y deseo por el pinchazo de sus dientes en mi piel.


—¿Fuiste a negociar con una escoria como él? ¿Sin que lo supiera? —me pregunta en voz baja y turbulenta mientras su pulgar roza inseguro sobre mis labios.



—Fui a ver a mi hermana, Pedro. No me podría importar menos esa escoria.



Él toca mi pelo, y el tacto es inesperadamente suave, yo quiero morir por la forma en que contrasta con la histeria encendida en sus ojos y la forma en que el pulgar empieza a arañar desesperadamente sobre mis labios.


—Sin embargo, besaste ese maldito imbécil con la misma boca que me besas.

—Por favor, sólo cuenta hasta diez —impotente, toco su manga.

Entrecierra los ojos, luego se apresura a decir—: Unodostrescuatrocincoseissiete ochonuevediez.



Se inclina y toma parte del cuello de mi blusa en su puño, atrayéndome cerca de él, la mirada angustiada de sus ojos me corta como garras.


—¿Besaste a ese hijo de puta con la misma boca por la que mataría?

Sus ojos son salvajes mientras toca mis labios de nuevo, esta vez con la punta de dos fieros y temblorosos dedos, y de repente todo lo que puedo ver es una tormenta. Sus ojos son de color negro. Oscuros y embrujados. Y no puedo soportar que yo fuera la que pusiera esa oscuridad ahí, y siento su dolor, lo siento con todos los huesos de mi cuerpo.



—Mis labios apenas tocaron el tatuaje. —Mi voz es un susurro tranquilo mientras mi tráquea empieza a cerrarse—. Yo hice justo lo que tú haces cuando dejas que ellos te den un golpe y les das una falsa confianza así pude ver a mi hermana.



Él golpea su pecho con un fuerte ruido. —¡Eres mi maldita mujer! ¡No tienes que dar a nadie una falsa confianza!



—Señor, necesitamos que usted deje las instalaciones ahora.



La cabeza de pedro gira alrededor mientras el gerente viene hacia adelante, y repentinamente Diego y Ruben detienen al pobre hombre para que no se acerque más. Diego rápidamente extrae un talonario de cheques con los términos “costo de los daños hechos en la habitación”. Los ojos entrecerrados de Pedor se deslizan de nuevo a mí, y está tan enojado y espléndido, como un maldito chico problemático, y yo simplemente no sé qué hacer con él.



Se acerca y desliza un dedo bajo mi mandíbula, y yo respondo a esto, mi cuerpo asustado preparado para sexo con el bombardeo de hormonas, su temperamento se disparó atravesándome.


—Voy a ir a romper la cara a ese hijo de puta —susurra, su promesa de terciopelo mezclada con amenaza mientras se inclina y desliza su lengua en mi boca— . y luego yo voy a domarte bajo mi sumisión.



—Pedro, cálmate —dice Ruben.



—Está bien, Ruben, no soy fácil de domar y seguro él es bienvenido a intentarlo — contesto, dando a Pedro finalmente un gran y sombrío ceño fruncido que parece estar rogando.



El frunce el ceño de nuevo y agacha su cabeza, respirando con fuerza en mi cara mientras me agarra del pelo con sus puños y aplasta mi boca con posesión brutal, golpeando mis labios con movimientos castigadores de su lengua.



—Cuando te tenga en mi cama, voy a limpiarte duramente con mi maldita lengua hasta que no haya nada en ti de él. Sólo yo. Sólo yo.



Su erección se clava en mi estómago, y me doy cuenta de que se ha vuelto completamente territorial, reclamándome como su compañera, demostrando su propiedad sobre mí loco por mí. Mis piernas se hacen líquidas, jadeo y la tensión se acerca.


—Está bien, llévame ahí —suplico, débil, con la urgencia de hacerlo más fácil para ambos.



Él tira hacia atrás y entorna los ojos. —No tengo un jodido tiempo para cuidar de ti —espeta mientras se pone en marcha hacia la puerta, y grito de pánico sin aliento.



—¡Pedro, vuelve. No te metas en problemas!



Él se gira, y mi estómago se hace un nudo cuando veo la mirada de asesinato determinada en su rostro, sus puños temblando a sus costados mientras clava un dedo en el aire y apunta hacia mí. —Protegerte a ti es mi privilegio. Yo te protegeré a ti y todo lo que valores como si esto fuera mío.



Mi respiración se paraliza por la forma en que me mira.



—Ese idiota enfermo me ha rogado que ponga fin a su vida miserable, y estoy feliz de hacerlo —gruñe, sus ojos me rastrillan enojadamente desde la puerta—. ¡Sólo tomó algo sagrado para mí y orinó en él! —El hecho una furia regresa, empujando su dedo entre mis pechos mientras señala—. ¡Entiéndeme. Tú. Eres. Mía!



—Pedro, ella es mi hermana.



—Y Scorpion nunca la dejará ir. Él mantiene sus mujeres drogadas y dependientes, sus mentes en pedazos tan pequeños que ni siquiera pueden pensar. El nunca renunciará a ella, a menos que quiera algo más que ella. ¿Eso eres tú? ¿Él te quiere, Paula? ¡Podría haberte drogado. Desnudado. Follado, maldita mi vida, podría haberte follado!



—¡No!



—¿Él te tocó?



—¡Él no lo hizo! ¡Ellos están haciendo esto para provocarte, no los dejes! Guárdalo para el ring mañana. Por favor. Quiero estar contigo esta noche.



—Yo estaba con ella todo el tiempo, amigo, no pasó nada —intercede Ruben, palmeando su brazo y tratando de hacerlo retroceder un poco.



Veo que la mirada de la traición se instala en sus ojos cuando escucha a Ruben hablar, y antes de que pueda detenerlo, se gira alrededor para agarrar la camisa de Ruben en su puño.


—¿Dejaste a mi chica llegar a la cara de ese cabrón, pedazo de mierda?



El pánico se apodera de mí cuando levanta a Ruben fuera del suelo.


—¡Pedro, no! —llego a su lado, tirando inútilmente su brazo.

Lo sacude en el aire, y Ruben se pone púrpura.


—¿La dejaste besar ese tatuaje de escoria asqueroso?



Diego me mira. —Lo siento —me dice, y luego a Pedro—. Muy bien, amigo, pongamos a Destroyer en cama, ¿eh? —aprieta una jeringa en su cuello, y Pedro baja a Ruben al suelo y tira la jeringa fuera de su piel, arrojándola al lado vacío.



Aguanto la respiración cuando él viene y me agarra. Me mira fijamente, con los ojos llameantes, y abre su boca, titubea, luego hace un ruido de dolor bajo mientras aplasta mi boca y me da un beso que ambos pedimos y castigándome, luego suelta mi brazo y pisoteando a la puerta, me deja lamiendo mi carne viva, labios hinchados y mirando detrás de él.



Ruben tose mientras se empuja y se pone de pie, frotándose la garganta cuando nos damos cuenta que Pedro se ha ido.



—¿Qué demonios? —Diego parpadea con total incredulidad a la puerta abierta por donde Pedro acaba de salir.



—Se supone que es para acabar con un elefante, ¿no? —Ruben pregunta con aire sombrío a Diego.



—Supuestamente es la palabra clave.



Sacudiendo la cabeza, Ruben sacude el vidrio de sus jeans. —Debe estar toda la adrenalina en él. Mierda.



—¡Diego, vete a la mierda, los dos! ¡Tú le disparaste con un sedante! Se puede caer en un callejón por lo que sabemos, ser robado y... oh dios. —Cubro mi cara cuando pienso en todas las cosas que puede hacer mal, o le puede pasar.



—Cálmate, Paula, lo tenemos controlado. Ruben, tienes otros dos de estos tranquilizantes, me reuniré contigo en el auto —dice Diego, luego se vuelve al gerente y señala el cheque que aún mantiene entre sus manos—. ¿Si pudiera enviar la factura a la suite presidencial? Le garantizo que estaremos fuera por la mañana.



—¡Quiero ayudar!



—Maldita sea, ya has ayudado bastante, Paula, —Ruben me dice, mirándome como si hubiera desatado el Apocalipsis—. Sólo ve arriba y espera por él. Habrás terminado tu trabajo cuando regrese.



***



Estoy paseando como loca mientras espero escuchar algo. Cualquier cosa.



Veo todas sus cosas a través de nuestra suite, el iPod y la computadora portátil, su cepillo de dientes en el baño, la ropa todavía en su maleta, alguna colgando en el armario, y una ansiedad terrible me recorre hacia abajo por mis terminaciones nerviosas.



Pedro acaba de irse por ahí y podría tirarlo todo por mí. Mis labios están adoloridos de la tortura de mis dientes mientras vuelvo al pasado y me pregunto qué habría pasado si hubiera dicho que no besaba ese estúpido tatuaje. Yo nunca podria haber hablado con Delfina. Ella nunca tendría una oportunidad para liberarse como yo le ofrecí.



En ese momento, se había sentido relativamente inofensivo, considerando que, también había sentido como si no tuviera otra opción, pero ¿cómo deseaba profundamente que Pedro nunca se hubiera enterado de nada de esto?. Incluso enojado, yo podía sentir su dolor, y ahora estoy tremendamente preocupada por él. Incluso si tiene sus puños en la mandíbula de Scorpion en este momento, su victoria Underground sería disparada al infierno, y yo no puedo ni preguntarme qué podría hacer ese horrible reptil enfermo a Delfina como retribución si pedro lo hiere esta noche.



Oh, Dios.



La idea de mí arruinando, no sólo mi propia carrera, sino también la de Pedro, ciertamente me destroza.



Mi estómago está tan inestable que siento como si mis intestinos fueran a ser echados fuera. Quiero que Delfina este a salvo, pero necesito desesperadamente a Pedro de vuelta en el hotel, donde estoy segura de que podría tratar de apaciguarlo con sexo. Si quiere domarme bajo su sumisión, entonces por Dios que voy a dejar que el hombre crea lo que quiera, sólo para tenerlo calmado y sereno de nuevo. Yo no le tengo miedo. No lo voy a tener. Él sigue siendo mi Pedro, sólo en un estado malo de mierda.



Pero a las 5 a.m. todavía no ha vuelto. Estoy revisando internet como loca y tengo las noticias locales presentándose en la televisión, temiendo lo peor. Oigo una puerta y levanto mi cabeza, mi corazón latiendo en mi garganta cuando veo a Ruben. Al instante salto del sofá a mis pies.


—Pedro? ¿Dónde está? ¿Qué ha hecho?



Ruben no me mira a la cara, simplemente camina directamente en el dormitorio principal y busca en el armario.


—Está en sala de emergencias.



Una tensión terrible se extiende desde un extremo de la columna al otro, y de repente me siento azotada en el trasero y voy decididamente detrás de él. —


-¿Qué ha hecho? Déjame ir a buscar mis cosas. Tengo que verlo.



Ruben toma su cepillo de dientes, la navaja, y lanza todo en una pequeña bolsa de cuero.

—Es mejor que esperes aquí. Son sólo algunas puntadas— Luego toma sus zapatos de boxeo y traje para la pelea—. No están descalificados. Ninguno de ellos. La lucha va esta noche, ¿o debemos decir? Continúa. Esta noche.



Los ácidos en mi estómago empiezan a arder, incómodamente. En realidad carezco de la testosterona para soportar todo esto. Solía ser sexy en las películas cuando un chico pelea por una chica, pero este es mi chico, peleando por mí, y me siento casi tan detestable como es posible y más que un poco desesperada por ir a cuidarlo y protegerlo.



—¿En que sala de emergencias está?


Siguiéndolo a través de la habitación, agarro un par de jeans y los deslizo bajo la camiseta negra de Pedro, con la que a veces duermo.



Girando sobre sus talones cuando llega a la puerta, el me detiene atrás con ambas manos.


—Por favor, no, por el amor de dios, no se te ocurra aparecer Paula. Ni Diego ni yo queremos que él te vea. Por favor, Paula. Sólo escúchame.



—Pero, ¿cómo está?... —parpadeo hacia él, mis ojos empañados mientras mi voz se quiebra—. Dime cómo está él.



—Él está muy enfadado. Lo sedaron en el hospital. Honestamente, no sé cómo podemos esperar que luche esta noche. Pero por lo menos está enojado.



Yo frunzo el ceño a la puerta golpeando al cerrarse y me quedo mirando después que se va. Me siento enojada también, pero también me siento devorada por dentro.



La urgencia de verlo es aguda, pero no sé si lo ayudaría o le estorbaría, yo no sé nada de esto. Usando su portatil, investigo en Google la bipolaridad y el buscador entra en un montón de artículos que describen en un episodio maníaco como la persona pasa de estar en un estado de ánimo extremadamente feliz a un estado de ánimo extremadamente irritable, quién también se engancha en un exceso de actividades placenteras, el sexo, el juego, el alcohol y algunas veces experiencias alucinantes, sentirse descansado después de no dormir, actuar imprudentemente o violento, y estos episodios suele ir seguidos de un episodio de depresión cuando la persona apenas puede levantarse de la cama. Estoy segura que Pedro es un maníaco en este momento, yo ya había visto que fue rápido todas esas noches de sexo duro. Lo recuerdo la noche en que me habló sobre ser bipolar diciéndome que yo lo iba a dejar si se ponía difícil, pero estoy doblemente resuelta a no ser una mierda y aguantar con él.



Pero me pregunto cómo está afrontándolo en este momento, después de que él peleó con ese maldito hombre.



Dios, por favor, por favor, no me dejes arruinar su pelea de esta noche.



Eso es todo lo que pienso mientras tomo mis zapatillas, mi rodillera, y voy al gimnasio del hotel, utilizo una cinta de correr por dos horas. Me enfoco planeando que debo hacer cuando lo vea. Quiero decirle que lo siento que me pareció innecesario decirle sobre la visita a mi hermana, pero tenía que hablar con ella y no quería preocuparlo. Quiero darle un beso y olvidar que todo esto alguna vez pasó, pero, por desgracia, la mañana va pasando, y yo no lo veré al mediodía, o incluso en una o en dos, o en tres horas.



No lo vi hasta la pelea.



Y para entonces, soy absoluta, ciertamente, una masa de nervios temblando. No he visto a Diego en todo este tiempo tampoco, sólo al entrenador y a Ruben, quienes me acompañaron a mi asiento cuando traté de llegar al camerino para verlo por el sinuoso camino.


—Por favor, sólo déjalo entrar en la zona —dice Ruben.



Todo lo que puedo hacer es asentir con la cabeza, y soy asaltada por una melancolía enferma mientras tomo mi asiento y espero y espero interminablemente. Sólo hay una pelea esta noche. Sólo Pedro y Scorpion se enfrentarán entre sí, y este encuentro durará por horas. Ya estoy sintiendo como una eternidad en el momento que escucho su nombre arrancar a través de los altavoces, y mi corazón se eleva en el pecho al mismo tiempo que los espectadores vuelan a sus pies para animarlo.



—Y ahora, damas y caballeros, el momento que todos hemos estado esperando. El actual campeón, el defensor, el único, Pedro RIPTIDE Alfonso!



La multitud se vuelve loca, y estoy pronto radiante mientras mis ojos ven un destello de rojo al comienzo del túnel. Sale trotando al ring, y las mariposas explotan dentro de mí. Mis ojos arden con el ansia de verlo de cerca. Salta al ring y extiende sus brazos, Ruben le quita la capucha roja y se coloca a un lado con facilidad.



Mis ojos examinan su cuerpo, y un golpe duro y frío me mantiene inmóvil durante varios incrédulos y largos latidos, moretones de color púrpura recorren todo el camino hasta su torso. Hay cortes en sus labios, y varios puntos de sutura corren a través de su ceja derecha.



Obligándome a sentarme, espero ansiosamente por el giro habitual de Pedro. Pero él no lo hace. El público grita su nombre en un canto, y noto que el Underground está lleno de más fans de él que de Scorpion. Pero esta noche Pedro no está en su ego arrogante, y no se gira ni les sonríe.

No se gira y ni me sonríe.

Mi ánimo se hunde, y de repente me doy cuenta de que nunca jamás he sufrido por la sonrisa de alguien tanto como por la de él. Nunca me he sentido tan dolorosamente invisible hasta que siento la falta de sus ojos en mí esta noche.



Cuando el presentador dice en voz alta—: Y ahora, damas y caballeros, la pesadilla que todos hemos estado temiendo ver volver a la vida está aquí. Cuidado con Benny el “Blaaaack Scorpion”!



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GRACIAS POR LEER!♥


6 comentarios:

  1. subi otro plis odie al escorpión y a la maldita foto que subieron... plis un cortito chiquito otro cap...

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  2. Dios mio, estoy nerviosa ¡¡ ojala le gane a ese escorpión y pau lo pueda curar¡¡

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  3. Pobre pp y pobre pau q situación de mierda!

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  4. Hummm qué sufrimiento!! Ojalá gane Pedro y que no se termine el amor!! Qué Pedro escuche a Pau y la pueda comprender!! Muy buen capítulo!!

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