martes, 28 de enero de 2014

CAPITULO 38





Entonces, entro en mi casa y mi corazón se llena con el sonido de la voz excitada de Delfina, que me recuerda que está aquí. De repente mi apartamento parece una residencia universitaria con amigos riendo, y todo debido a Pedro.


—¡Realmente creo que le gusto!


—¡Delfina! —Entro en la sala de estar ecléctica, cortesía de las habilidades decorativas de Melanie y aprieto a mi hermana en un abrazo de oso de nuevo, donde soy el oso—. Deja que te mire. ¿Estás bien?


La inspecciono de la cabeza a los pies, y admito que se ve bien. Mejillas sonrosadas, brillante sonrisa. Se cortó esa melena de oro por encima de los hombros para sus orejas pequeñas, y hay color en sus dulces labios. Se ve delgada y saludable, y la animación en sus ojos me encanta. Esta es la Delfina que recuerdo. Mi hermanita. Me aprieta la mano y asiente enfáticamente, entrelazando sus dedos fríos felizmente con los míos.


—Delfina me contó cómo Pedro luchó contra Scorpion por ella. —Melanie ensancha sus ojos en mí y asiente significativamente—. Ella piensa que Pedro es muy caliente debido a la forma en que luchó con Escorpión por ella.


Una pizca de celos se riza alrededor de mi estómago. —Oh. Por supuesto.


delfina lo ha visto en las últimas cuatro semanas, tal vez, y el pensamiento de una mujer disfrutando de su sonrisa y su voz, mientras yo he estado negándome a mí misma de ello, me hace sentir un poco enferma.


—Paula, deberías haberlo visto —estalla Delfina, ajena a mi cámara de tortura interior llamado "corazón"—. Él sólo irrumpió en nuestras habitaciones de alquiler y noqueó a dos de los hombres, y luego se fue directo a golpear la cara de Benny, sin parar. Estrelló un lápiz en su tatuaje tan profundo que lo deformó completamente.


—¡Espera! ¿Quién demonios es Benny? —pregunta Melanie.


—¡Escorpión! —explica delfina, su sonrisa entusiasta de placer. En serio, aún sigo mirándola con asombro, porque se parece a otra persona en comparación a la chica drogada, de pelo ardiente con un tatuaje de escorpión en el restaurante japonés. Las maravillas que un mes de rehabilitación puede hacer. Y mi peleador de cabello castaño...


—¡Oh! ¡Benny es Escorpión, lo tengo! —dice Mel, poniendo los ojos en blanco.


─ Pedro era como un demonio desatado del infierno, golpeando sin parar. Benny no podía detenerlo mientras él seguía gritando acerca de mantenerse alejado de su chica, que no se iba sin la chica que quería, y un montón de malas palabras, y luego Benny se revolvió para detenerlo y me ofreció. Dijo que si él paraba que me liberaría a cambio del campeonato también. Luego, Pedro me preguntó si yo era tu hermana. Y yo asentí. Así que él accedió. Ni siquiera lo dudo. Me quería fuera de ahí la misma noche, pero Benny dijo que yo estaría encerrada hasta que Pedro entregara el campeonato, así que Pedro llamó a Diego para que me buscara. Diego me llevó a un lugar de rehabilitación en Connecticut y Pedro pagó por mi estadía completa ahí y luego, envió a Diego de vuelta por mí.

Caigo en una silla y no puedo mantenerme erguida, mis ojos son un lío. Después de todas las lágrimas que he llorado, siento como si aún pudiera llorar otro gran lago. Por pedro Alfonso. Y por mí. Y por subestimar a alguien que yo creía que haría algo malo, y en su lugar, el hizo la mejor y más increíble cosa por mí. Pedro, cuando se transforma, hace cosas malas, o eso es lo que dicen. Pero chico, oh chico, el hizo lo correcto con Delfina. Por mí. Sé, a pesar del lado romántico de Delfina,  fue por mí que él peleó. Por mí él tiró la pelea, y por quien yo amo, y que prometió proteger como suya la noche en la que él destruyó todo el restaurante del hotel.

Recuerdo el orgullo que tenia durante la pelea, recibiendo cada golpe. ¿Cómo debe haberle dolido no defenderse? Eso es todo lo que Pedro sabe hacer. Es un luchador de corazón. Incluso en sus ojos podía ver su fiereza. Apenas puede controlarse a sí mismo cuando lo provocan, y pensar que se retuvo cuando estaba siendo herido de esa manera, solo por mí. Por mi hermana.

Algo hace clic en mi mente, y mi corazón se hincha hasta que yo creo que voy a estallar de dolor y emoción. Soy bombardeada con pensamientos de la primera noche que vi a este hombre. Todo ojos mieles brillando, bronceado dorado, pelo castaño oscuro de punta, cara juguetona, duro cuerpo masculino.

─ Tu nombre ─ gruñe, jadeando, sus ojos salvajes sobre mí.
─ Uh, Paula.
─ ¿Paula qué?

Con esfuerzos temblorosos, libero mi mano y miro espantosamente a Mel, quien viene detrás de él, con los ojos muy abiertos.─ Es Paula Chaves ─ dice ella, y luego felizmente lanza el número de mi teléfono celular. Muy a mi pesar. Sus labios se curvan y encuentra mi mirada una vez más.
─ Paula Chaves ─ Él acaba de coger mi nombre en frente de mí, y justo en frente de Mel. Él da un paso hacia delante, y su mano húmeda se desliza por la parte posterior de mi cuello. ─ Paula ─ gruñe suavemente, de forma significativa, contra mis labios, mientras se retira con una sonrisa. ─ . Soy Pedro.

Oh Dios, sabía que mi vida iba a cambiar. Solo que nunca supe cuánto.


Amo. A. Este. Hombre.

Sí, es un hombre que va a ser difícil, y bipolar para arrancar.

Él es fuerte, y orgulloso, y no espero que me ruegue.

Pero a pesar de que no me va a rogar que vuelva, por lo menos no me está pidiendo que ruegue por perdón por ser una mierda cobarde y dejarlo mientras estaba entubado en un hospital, tampoco.

Sintiendo el primer sentido de alegría que he tenido en las últimas semanas desplegándose en mi barriga, miro hacia abajo a la dirección de hotel escrita en la tarjeta, y mi interior se mueve en anticipación.

Él quiere ser mi mío, no mi aventura. Aun cuando será mío , sé que todavía va a ser una aventura. Porque ese es él. Un emocionante salto en bungee … una caída libre… toda una ronda de Juegos Olímpicos… eso es lo que estar enamorada de él va a ser para mí. Preguntándome cuando se transformará… y todo el empuje y tracción y razonando con él… será.

Y de repente, eso es todo lo que puedo pensar.

De repente, mi rodilla mala es todo lo que me detiene de correr detrás de él.

Quiero el trabajo que él puede ofrecer.

Quiero estar con mi grande, loco, sexy bestia de hombre, y no me disculparé con nadie por eso. Él es bipolar, y yo estoy loca por él.

Él nunca dijo que me amaba. Pero el vino de vuelta por mí. Me dio a mi hermana. Perdió su riqueza, su lucha, y yacía inconsciente en una cama de hospital. Por mi culpa.


─ Delfina, llamaré a mama y papá para que tú puedas pasar algún tiempo con ellos. ¿Te gustaría eso?
─ Si, Pau, pensé en lo que me dijiste, y si quiero terminar la universidad.

Mel chilla. ─ Oh ¡Yay! Delfi, ¡La universidad es el lugar para chicos calientes, chica! Es algo que definitivamente no quieres perderte ─ ella añade en total excitación, aun sudorosa y con la cara roja por nuestra carrera.

Sentándome al lado de Delfina, le digo ─ La cosa es, que tal vez no esté alrededor por un tiempo. Mi nuevo trabajo requerirá que viaje.


─ ¿Nuevo trabajo? ─ Melanie beneficia, luego sus elegantes cejas leonadas caen más bajo sobre sus ojos. ─. ¡Habla, Paula! ─ Ella amenaza.
─ Mel. Voy a conseguir el trabajo que quiero con el hombre que necesito ─ confieso.
─ Quieres decir que estás volviendo al hombre que necesitas con el trabajo que quieres ─ ella corrige.
─ ¡Es lo mismo! ─ Me río, lanzándole la tarjeta. ─ . Estoy consiguiendo mi trabajo de vuelta.
─ ¿Con Pedro? ─ Pregunta Delfina.
─ Delfina, tu hermana está, a pesar de no ser el tipo de que se enamora con tanta fuerza, locamente, locamente enamorada con este chico. Y él ha estado detrás de ella por meses ─ Mel le dice, dándome de vuelta la tarjeta.

Las dos calibramos su reacción, y su boca se parte en sorpresa mientras se señala a sí misma.


─ Oh. ¿Ustedes pensaron que yo…? No estaba hablando de Pedro queriéndome a mí. Dije que Pedro estaba súper caliente, pero estaba hablando de Diego.

─ ¡Diego! ─ Me río de alegría y alivio y la aplasto entre mis brazos de nuevo. ─ . Oh, Diego es un gran tipo. Si vuelvo a trabajar, tengo el presentimiento de que lo estarás viendo.

─ Paula, me doy cuenta de que yo siempre he sido un poco… romántica, pero lo que él hizo ─ me dice, sus ojos serios. ─ . Pedro, me refiero… Paula, nunca, nunca, he visto a un hombre pelear como él lo hizo por alguien.

Cerrando mis ojos, asiento y mantengo un brazo alrededor de ella hasta que Melanie chilla, ─ ¡Sandwich! ─ y viene a abrazarme desde el otro lado hasta que las dos casi me matan con amor.

─ ¿Me llevarás a menudo? ─ Mel murmura en mi oído cuando se mueve hacia atrás.

─ A las dos ─ prometo. Incluso si tengo que ahorrar como una loca para hacerlo.


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Treinta y seis horas más tarde, he acomodado a Delfina con mamá y papá, y ellos siguen preguntando acerca de los cocodrilos. Pobre Delfi tendrá que pagar por todas las mentiras ahora que está siendo interrogada acerca de la cultura India y la Torre Eiffel y los trabajos.




Melanie me ayudó a empacar y estaba un poco llorosa cuando me despidió con la mano en el taxi, pero seguí diciéndole: ─ ¡No es por siempre! Es por temporada, pequeña cobarde. Y te estaré llevando como loca.




Mi voz era segura, pero honestamente, ni siquiera sé cómo mi reunión o entrevista o como sea que será llamado irá esta noche. Solo sé que estoy yendo por Pedro, y mi cuerpo ya se siente como un campo de batalla de deseo, miedo, nostalgia, amor, necesidad y arrepentimiento.




No estoy segura de que Pedro conseguiré esta noche. Todo lo que sé es que Pedro Alfonso no es un hombre de relaciones a largo plazo. Es un imán de mujeres y problemas, y tiene un lado oscuro que no es fácil de controlar.




Es mi bestia. Mi oscuridad y mi luz. Mío.




No hay otra opción para mí excepto terminar con él.


***


─ ¡Estamos tan malditamente felices de verte! Te abrazaría si no tuviera miedo de perder mi cabeza más tarde en el día ─ Ruben dice cuando me ve atravesar la puerta, y está sonriendo tan duro, sus ojos surfeados en tristeza parecen iluminarse con real alegría.




─ Oye, pensé que ustedes eran pobres. La gente pobre no alquila suites presidenciales ─ digo mientras suelto mis maletas en la puerta.


─ Pobres bajo los antiguos estándares de Pedro ─ Diego viene para llevar mis maletas a una de las habitaciones. ─. Él gasta varios millones al año, para lo que, naturalmente, tiene que seguir produciendo como mucho, pero vendió la casa en Austin, y estamos trabajando en conseguir algún apoyo en estos momentos.




Asiento con la cabeza, robo una mirada de añoranza por el pasillo que da a los dormitorios, preguntándome si él está aquí. Cuando los chicos me acompañan a la sala de estar, por fin me rompo y digo, ─ Muy bien, así que necesito saber si Mr. Alfonso aún está interesado en mis servicios. ¿Cómo especialista en rehabilitación?




─ Por supuesto ─ asegura Diego, dejándose caer en un sofá y jugando con su corbata como siempre lo hace. ─ . Él quiere enfocarse en lo que es importante. Te quiere a ti, y él ha sido muy específico acerca de no querer a alguien más.




Me río, luego me pongo sobria cuando los dos me miran como si yo fuera una estrella fugaz y ellos me acaban de atrapar.


─ Chicos ─ digo, rodando mis ojos. ─ . No sean obtusos. ¿Él está aquí? ¿Les dijo que me torturaran sin fin?




─ ¡Nunca! ─ Los dos se ríen, y Diego se recupera primero, su expresión recomponiéndose. ─ .Él se ha paseado el lugar una y mil veces estos últimos días. Salió a correr ahora ─ Él mantiene mi mirada de una manera encantada, su voz disminuyendo considerablemente mientras se sienta y se inclina sobre sus rodillas. ─ . Tu carta, Paula. La ha leído mil veces. No quiere hablar con nosotros. No sabemos lo que él está sintiendo.


El sonido de una puerta cerrándose me llega, y cuando saltó en mis pies, mi respiración se va.




Al otro lado de la habitación, cubierto en sudor, está la razón por la que estoy lista para irme y apostar todo en mi amor por él. Mi corazón se queda quieto por un momento, y luego salta a toda velocidad, porque este hombre me hace esto. Corro hacia él incluso cuando estoy parada.




Su pelo está perfectamente desordenado, y él está allí, el dios del sexo de mis sueños, mi ojos-mieles-cambiando-a-negro demonio de mis sueños. Él me mira, luego a Diego, luego a Ruben, entonces empieza a ir hacia mí, sus tremendos zapatos de correr amortiguados en la alfombra. Puedo ver las emociones evolucionando en sus ojos, comenzando con sorpresa, con un dejo de enojo, y luego de pura necesidad candente.




No sé cuánto tiempo me quedo mirándolo, pero es bastante, hasta que siento el crujir de la química en el aire como algo irreal y eléctrico saltando entre nosotros. Su pecho se alza y baja, y una salvaje desesperada necesidad para cerrar la distancia emocional entre nosotros hace que mi pecho duela.




─ Me gustaría hablar contigo, Pedro, si tienes un momento.




─ Si, Paula, también quiero hablar contigo.




Su tono plano no hace nada para ayudar a mi confianza rápidamente huyendo, pero lo sigo cerca de sus talones. El ligero olor a otoño mezclado con un olor a mar que se aferran a su piel me pone muy caliente, y estoy casi bizca del deseo cuando él me lleva al dormitorio principal.



Él cierra la puerta detrás de él y se vuelve hacia mí y un tiro de brotes de calor corren a través de mi cuando el envuelve una caliente, gran mano alrededor de mi cuello y se dobla para olerme. Deshecha bajo el posesivo gesto de su nariz enterrada en mi pelo mientras él arrastra una larga y profunda inhalación, agarro su camiseta con todos mis dedos y entierro mi cabeza en ella, doliendo por él.



─ No me dejes ir, por favor ─ ruego. Él se libera de mi agarre y me suelta, casi como si estuviera molesto de que me hubiese agarrado en primer lugar.




─ Si me quieres tanto, ¿Entonces por qué te fuiste? ─ Me enerva mientras me mira sentarme en el banquillo a los pies de la cama y cruza sus poderosos brazos, sus cejas juntas mientras se ensancha en su postura casi amenazadoramente. ─ . ¿Dije algo cuando estaba maníaco?




Con un súbito recuerdo, recuerdo cada increíble memoria, y aprovecho una.


─ Querías llevarme a París.




─ ¿Eso es algo malo?




─ Y hacerme el amor en un elevador.




─ ¿Lo hice?




─ Y tenerme en mis bragas rosadas ─ admití densamente, y una calidez inesperada subió por mis mejillas.




Sigue mirándome fijamente, con el rostro tenso en una máscara ininteligible. Sus brazos cruzados apretadamente como si estuviera sosteniendo sus furiosas emociones. Estoy temblando porque no puedo determinar si la expresión en sus ojos es de amor, u odio. Es simplemente consumidora. Consumiéndome.




─ Olvidaste la parte en la pusimos una canción para el otro ─ me dice en un murmuro tranquilo, y la constatación de que probablemente recuerde la forma tierna en que me hizo el amor después de eso causa una emoción ardiente en mi pecho que se difunde rápidamente a mi garganta.




Aguanto mi respiración en un estado de shock silencioso cuando llega a mi mano, y la toma en su seco y firme agarre y la lleva sus labios.




Mi corazón se acelera mientras me quedo en mi asiento, mirando en deliciosa agonía mientra el vuelve mi mano en su agarre. El mira hacia el centro de mi palma antes de inclinarse para aplanar su lengua sobre mi piel y lamerla suavemente. La necesidad estalla en mi barriga.




─ Esa foto me puso muy furioso, Paula ─ el habla en mi piel, mientras arrastra su húmeda lengua a través de los nervios sensitivos en el centro de la palma de mi mano ─. Cuando perteneces a alguien… no besas a alguien más. No besas al enemigo. No le mientes. O lo traicionas.




Mis sistemas rugen a la vida mientras sus dientes rozan la palma de mi mano.




Mi voz se estremece fuera de mí.


─ Lo siento. Quería protegerte, como tú me proteges. Nunca iré detrás de tu espalda de nuevo, Pedro. No te deje porque fueses maníaco. Solo no quería que te pusieras maníaco o depresivo por mí.




Me da un oscuro asentimiento mientras rastrilla una sedienta mirada en mí, y el baja mi mano de vuelta a mi regazo.



─ Hay algo que me debo haber perdido entonces. Porque aún no puedo entender, ¡Porque demonios me dejarías cuando yo más jodidamente te necesitaba!


El dolor en su voz llama la atención dentro de mí, y al instante mis ojos pican.


─ ¡Pedro, lo siento! ─ Lloro miserablemente.




Gime, agitado, entonces el saca la carta que le escribí del bolsillo de los vaqueros, cubiertos al azar en una silla junto a la esquina. El papel está arrugado y roto en el centro por tantas lecturas.



─ ¿Que Quisiste decir con lo que me escribiste? ─ Al escuchar su densa, angustiada voz hace que los vellos de mi piel salten.




─ ¿Qué parte?




Coge el papel, y lo abre, embistiendo un grueso dedo en las palabras:




Te amo, Pedro.




A continuación la arruga en su puño de nuevo, mirándome con rabia y desesperación. Mi corazón se contraer cuando me doy cuenta de que ni siquiera puede decir la palabra en voz alta para mí.




¿Quién alguna vez le ha dicho que lo ama?




Yo lo he hecho.




En una carta.




En miles de canciones.




Pero no en voz alta.


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GRACIAS POR LEER!! 

MAÑANA EL ULTIMO CAPITULO Y EL EPILOGO!!




4 comentarios:

  1. wow me encanto el capítulo,buenísimo.

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  2. no me dejes asi, subi uno mas por favor, esta buenísimo el capitulo

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  3. No podés dejarnos así please!!!!!!!!!!!!!!! Subí los 2 x favor ahora. Espectacular esta novela Jesy!!!!!!!!!!!!!

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  4. Qué intriga: la perdonará? Muy buen capítulo!!

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