Yo lo he hecho.
En una carta.
En miles de canciones.
Pero no en voz alta.
—Dilo —susurró toscamente.
—¿Por qué?
—Necesito escucharlo.
—¿Esa es la razón por la que te fuiste después de la pelea?
Ardientes lágrimas llenaron mis ojos.
Había desesperación en su pregunta y creo que lo quería saber porque era la única respuesta que sería capaz de conseguir acerca de mi partida.
Un nuevo dolor crudo se abrió en mi pecho mientras me lo imaginaba despertando en la cama del hospital, después de lo que hizo por mí, para darse cuenta que me había ido. Cuando dije que no tendría nunca lo suficiente de él.
—¿Es eso por lo que te fuiste Paula? O ¿Por qué ya estabas lista para dejarme? Pensé que tenías más temple, realmente lo pensaba.
Él está buscando frenéticamente en mi rostro y me siento descabellada mirando sus impresionantes características que lo hacen tan guapo, observando la pequeña cicatriz que tiene por encima de su ceja.
Toco la cicatriz en un impulso y en el instante en que mi dedo tocó su piel, las palabras estallaron fuera de mí.
—Te amo, te amo —su respiración se detiene en su pecho y yo continúo en una carrera— .Más de lo que nunca pensé posible amar a otro ser humano. Me fui porque me rompiste el corazón, una y otra vez esa noche, con cada uno de tus huesos. Me fui porque no podía soportarlo más.
Cerró sus ojos y su tormento me llego tan profundo, mi confesión abriéndome me hacía vulnerable, escuché su respiración entrecortada y me duele recordar lo que hizo por mí, para rescatar a Delfina. Dejó caer mi mano, y mi voz tiembla ferozmente.
—No quiero que dejes nunca que nadie te haga daño deliberadamente otra vez, nunca, ni siquiera por mí Pedro, jamás lo hagas, vales demasiado ¿me escuchaste?
Levantó su mano y tomo mi cara con sus manos temblorosas y me jalo hacia él, tiemblo mientras asimilo la sensación de sus brazos nuevamente. Mi corazón palpita porque sé que está es la primera noche del resto de mi vida, y yo quiero que lo sea.
—Lo haría mil veces por ti —nos olfateamos mutuamente— .Mil veces, un millón, no me importa si soy humillado, no me importa nada. Todo lo que sabía era que estabas dispuesta a besar a ese hijo de puta por tu hermana y yo tenía que traerla de vuelta a ti.
—Oh Pedro no tenías que hacer nada.
—Lo hice y lo haría de nuevo, y solo lo lamento por Diego. Él se quedó en el cuarto del hotel con ella y uno de los amigos de Benny y me ayudaron a su traslado cuando entregué el campeonato. No podía dejar que me pararas Paula.
—Pero ni siquiera me mirabas… —dije apretando los ojos— . eso fue tan doloroso como el resto de lo que sucedió.
—Si te miraba, no habría podido con eso —su voz es áspera con convicción y me cubrí la cara tratando de no pensar. Escorpión estaba encantado en humillar a mi orgulloso luchador. Eso me hizo querer luchar y llorar al mismo tiempo y sacudí mi cabeza.
Él estaba tranquilo.
Entonces me soltó con un ruido de dolor viniendo de lo profundo de él.
Se pone de pie y camina, pasando sus dedos furiosamente por su cabello.
—Sabía que eso iba a pasar —sus ojos mieles se oscurecieron— .Es por eso que no quería tocarte, sabía que me volvería loco si te tocaba y pedirte que estés conmigo cuando sé que voy hacer algo jodido que te haga daño de nuevo.
—¡Sí! Si probablemente lo hagas, algo idiota y va a ser un gran salto para mí y lo haré bien pero contigo porque esto es lo que me provocas hacer, estoy loca por ti. Mi vida sin ti apesta, no estoy aquí por el trabajo. Aunque me encanta pero es a ti a quien quiero. Por ti vine la primera noche, siempre ha sido por ti, quiero estar contigo, pero no voy hacerlo sola. Quiero que también me ames Pedro nunca me has dicho cómo te sientes por mí.
Sus ojos estaban de un brillante miel y se encendieron con un fuego que calentó todo mi ser.
—Paula ¿honestamente no lo sabes?
Lo miro y se arrodilla en la cama, tomando mi cara.
—Jesus, cuando te vi la primera vez en Seattle me sentí como si hubiera sido enchufado a una toma de energía, me elevo sólo con la forma en que me sonríes Paula. La forma en que me mirabas con una expresión de dolor y asombro que me volvía loco. Te diste la vuelta para irte y llevabas ese bonito pantalón, tu trasero estaba ahí mientras te alejabas y yo solo quería terminar la maldita pelea para poder ir por ti. La primer pelea juro que luche solo para que me vieras, así verías que soy fuerte y podía luchar por ti y protegerte. Soñaba despierto que te besaba, de hacer el amor contigo, estaba planeando en mi cabeza incluso cuando salte del ring y fui detrás de ti. Cuando tu amiga me dio tu número, llegué al hotel para encontrar una habitación llena de mujeres, del tipo que Diego siempre tenía para mí y no podía mirar a ninguna, quería verte a los ojos y hacer que me sonrieras. Te busqué en google, guarde tu número en mi celular y pasé toda la noche pensando en todas las maneras que lo haríamos cuando tuviera mis manos sobre ti. Te envié esas entradas, sabiendo a ciencia cierta que te tendría esa noche, pero entonces vi un video tuyo cuando te busqué en google nuevamente, fue en tu primera prueba en las olimpiadas y llorabas tan fuerte con tu lesión en los ligamentos que solo quería… a ti. Quería quemar los teclados de los idiotas que comentaban acerca de tu vida acerca de la depresión que te dio. Fuiste mía Paula, yo solo quería sacarte de ahí y enseñarle a esos que eran unos idiotas. Nos íbamos de la ciudad pronto y sabía que tenía que verte más por eso te contraté.
Cuando me confirmo que vio mi video, casi me rompo, una debilidad atraviesa mis rodillas. Al instante recuerdo como en nuestro primer vuelo Pedro estaba tan absorto inspeccionando mi rodilla, la tocaba casi amorosamente acariciando la cicatriz con su pulgar y cómo podría olvidar cuando me sacó y era diligente con mi rodilla, el día que sus fans me lanzaron huevos.
—Trate de tomarlo con calma contigo, quería conocerte y que me conocieras y cada día quería más Paula, tanto que no podía tocarte y echarlo a perder sin que me conocieras. Quería que te preocuparás por mí, que me entendieras… me torturaba todas las noches pensando en ti en tu habitación mientras yo estaba en la mía. La noche que fuimos al club y bailaste conmigo, no podía detenerme, estaba demasiado tenso y cuando te derribaron dos chicos por mí, me volví locamente protector, quería meterte a la cama para regresar y hacerles mucho daño a los cuatro pero te quedaste conmigo y me olvidé de la lucha, todo lo que quería era tener mi boca sobre ti, traté de controlarme pero en el avión me mataste con esas canciones sobre hacer el amor conmigo. Tenía que poseerte, la idea de tenerte me enloquecía estaba como drogado con eso y para el final de la pelea estaba maniático antes de que pudiera meterte en mi cama.
Y después te despertaste conmigo y vi que te habías abrazado a mí Paula suave y dulcemente, la siguiente vez que estuve acostado solo en la cama me quería cortar las malditas venas esperando que estuvieras a mi lado, así que tenía que ir por ti, eso fue lo que me ayudo a pasar todo el día, esos días. Pensando en conseguir meterte a la cama besándote hasta dejarte sin aliento. Me quede examinando entre mis canciones tratando de encontrar una que expresara cómo me hacías sentir por dentro, no soy bueno diciendo esto pero quiero que sepas que eres muy especial para mí, eres diferente a cualquier otra mujer en mi vida.
Querías que te hiciera el amor y no sabes cuántas veces casi me derrumbo, cuando te bañaba juro por Dios que me estaba rompiendo por dentro pero no podía hacerlo no sin antes decirte que hay algo profundamente malo en mí y que soy un cobarde Paula. No pude encontrar el valor para decirte la palabra “bipolar” así que prolongué mi tiempo contigo porque soy un egoísta y quería te interesaras antes de que supieras. Pensando que haría una diferencia y te quedarías, ni siquiera mis amigos podían hablar conmigo a largo plazo, algo me hizo pensar que me conocías y entendías a un nivel que nadie más lo hace.
—Pedro —exhalé.
—Tenía razón Paula —añadió en un profundo y ronco susurro, manteniéndome encantada con sus palabras, su mirada liquida— .Cuando te dije acerca de mí todavía me querías y yo he estado enamorado de ti por no sé cuánto tiempo. Desde que trataste de noquearme en el ring y que terminé poniendo tu pequeño pie contra mi estómago para calentarlo. Jesus cuando vi esa fotografía de Escorpión y tuya quería matarlo, quería darte lo que fuera que había hecho que fueras con el maldito imbécil y besar su jodida cara, quería darte eso para que me besaras a mí en su lugar. Fui con él y me estaba esperando, por supuesto que lo estaba haciendo, me vio en el club, nunca antes había sido protector con una mujer. Me vio salir del round por ti cuando estaba descalificado, sabía que eras mi debilidad. Tuvimos que ir y estaba llorando como un maldito cobarde, quería que me detuviera, tenía planeado no parar hasta que le sacará los dientes, pero me ofreció a tu hermana si me calmaba y le dejaba el campeonato. Él se hizo con ella, ella estaba inquieta desde que te había visto y no quería problemas. Nos miraba luchar llorando, le pregunté si era tu Delfina y dijo que sí entonces acepte, lo tengo en papel, llamé a Diego para que cuidara de ella y fue hecho. Ella quedaría en libertad una vez que estuviera terminada la pelea. —arrastro su aliento, luego paso una mano por su rostro mientras suspiraba— .Era la primera vez que hacia lo correcto cuando yo era… nada óptimo.
Inclinándose hacia mí, arrastro su nariz a lo largo de mi cien y un temblor de calor se deslizo en mi espalda cuando susurró cerca de mi oído.
—Siento que no haya podido decírtelo pero tenía que pasar así. Cuando te dije que no dejaría que me abandonaras la noche que hice el amor contigo, lo decía en serio. Te deseo Paula para mí, puedo hacerte daño, puedo hacer cosas estúpidas pero yo… —su mirada me envuelve— .Estoy tan jodidamente enamorado de ti que ni siquiera sé que hacer conmigo.
El nudo en mi garganta es enorme y estoy asintiendo mientras seco mis lágrimas sin poder decirle cuánto y cómo estoy de locamente enamorada de él.
Me hace sentir tan bien, me pone en mi música, corre conmigo, me besa y toca, me lame deliciosamente. Obtiene todos los sexys celos, está enojado un día y al siguiente es todo engreído y me encantan los dos lados de él, me mira con sus ojos mieles o negros y cada vez que lo hace solo sé que estoy donde quiero estar.
—Vas a querer dejarme otra vez —susurra con ternura mientras acaricia mi mandíbula— .Pero no puedes Paula, no puedes dejarme, eres mía.
Con su otra mano acarició mi cabello y yo como un pequeño gatito buscaba su toque.
—Me has reclamado como tuyo, golpeaste un par de traseros de hombres de doscientas libras, nunca podré superarlo, sacaste de mi vida a las zorras, Diego me lo dijo, me reclamaste antes incluso de que te dieras cuenta que ya estaba colado —empuñó mi cabello y me acercó a sus labios— .Soy tuyo y no puedes abandonarme como lo hiciste, incluso si meto la pata, aún seré tuyo.
Lo necesito más cerca así que presionó mi cuerpo contra el suyo y cuelgo mis manos de su cuello, su sudor se desliza deliciosamente en mí.
—No, eres mi metedura de pata, eres mío.
Gime con un sonido masculino cuando lame mi mejilla, mi corazón se derrite cuando comprendo que mi león está de vuelta, me hundo entre sus brazos cuando comienza a bajar sus labios. Lenta y húmedamente besa mi mejilla, mi mentón y luego… mis labios, creo que él siente mi estremecimiento porque desliza sus manos a mi espalda baja y me atrae protectoramente contra su cuerpo. Hace su camino hacia mi boca caliente suavemente probándome hasta que estoy abierta y jadeando dejándolo tenerme deliciosamente.
—No me dejes nunca más —murmura su lengua traza mi labio superior, luego se empuja fuertemente contra mí y recorre sus manos por mi trasero apretándolo posesivamente.
Estoy embriagada, la sensación de sus besos y caricias me atraen profundamente y tiemblan en mi centro como terremotos consecutivos, cada uno más fuerte que el anterior.
Frotó mis pezones en su enorme pecho y mi centro palpita por sentirlo dentro de mí, se ve tan sexy en su ropa deportiva, hace que me vuelva loca la forma que huele cuando hace ejercicio, quiero quitarle la ropa y tomarlo.
—Tengo alrededor de mil canciones en mi nueva lista de reproducción que se llama “Paula” todas ellas hablan de cuánto te extraño, te amo, te odio y te adoro —dice con tono áspero cuando siento que alcanza mi ropa interior por debajo de mi vestido.
Esto es exactamente el por qué me puse un vestido y en tiempo record me lo quito para quedar solo en bragas y Pedro me ha quitado con éxito las bragas de ambas piernas.
—Tengo algo también… quiero pasar todo el día dándotelo —le susurró.
Me arrastra para atrás, desnuda en su regazo, tomando mi boca nuevamente, me tiene tan excitada con sus besos que temo que llegaré al clímax en el instante que entre en mí.
¡Oh Dios! Lo necesito tan gravemente que ni me doy cuenta que he enredado mis piernas sentándome a horcajadas de él frotándome contra su erección, lo quiero dentro de mí, lo deseo con tanta intensidad que no puedo dejar de temblar.
—Te amo —respiro.
Es increíble, viví toda mi vida sin él, pero hicimos está loca conexión y me siento vacía sin él.
Me enloqueció con otro beso mientras chocaba mi cuerpo con el suyo tentando con su dureza, su boca, sus gemidos. Me hacía quererlo en formas salvajes, en las más intensas formas. Intenta liberarse de sus pantalones cortos.
—Quiero poner contigo ‘’I Love you’’ otra vez—dije mientras él intentaba quitárselos sin sacrificarse de quitar mi centro de su regazo.
—Me pondré mis audífonos cuando terminemos —murmura sacando una pierna y sus brazos se hincharon cuando batallaba para sacárselos de la otra pierna.
Gemí con gratitud ante la idea de poder escuchar música disfrutándola, especialmente cuando lo único que podía pensar en escuchar era ‘’Iris’’ de nuevo y temiendo que tan profundo me llegaría. Cada una de sus canciones, sin que estuviera Pedro me abrían las heridas.
Me llene de emoción cuando le acaricié el cabello, deslizando mis dedos en el.
—Y también ‘’That’s When I Knew’’ de Alicia Keys —comencé a cantar esta canción desgarradoramente romántica en su oído e hizo un extraño sonido entre risa y gemido.
—No cantas una mierda cariño —murmuró.
Paramos de reír cuando entro en mí, respire con dificultad y él gimió.
Su boca se estrelló con la mía y nuestra sed es insaciable, el balancea sus caderas poderosamente, sus músculos se aprietan debajo de mí, sus abdominales contra los míos, sus bíceps me rodean, adoro sentir su fuerza cuando me hace el amor, en el balanceo de sus caderas, en sus brazos, en su poderosa erección, me encanta…
Aquí voy de nuevo.
Amo todo acerca de él.
—Paula Chaves —murmura, lamiendo mi oído con ojos brillantes— . Soy Pedro.
Reí, luego gemí y me desvanecí con él.
En serio, es tan jodidamente sexy, que no puedo aguantarlo.
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LEAN EL EPILOGO ♥
hermoso el final igual esperaba otra cosa! mas larga la adaptación-
ResponderEliminarpero estuvo buenísima.. vas a hacer otra? si haces pásamela so @la_soffyy