miércoles, 1 de enero de 2014

CONTINUACIÓN.....Bonus



Debilidad viaja por mis piernas y esta tomando cada gramo de mi voluntad. Nunca anhele la mirada de nadie como la suya, necesite el toque de alguien como necesito el de él. O quise algo tan dolorosamente feroz como lo quiero.


Mi garganta se siente adolorida mientras hablo —No deberías tener… decir eso sobre mi. Pedro. Ellos van a pensar que tu y yo… tu y yo…— sacudo mi cabeza, consciente de como mis dedos hormiguean en el agua por la necesidad de tocar su cabello picudo.


—¿Qué eres mía?


La palabra “mía” en sus labios, hablando mientras esos intensos ojos mieles me miran, hace que mi estomago se contraiga con doloroso deseo no correspondido.



Me río.


—¿Qué es tan gracioso? — el abre la puerta de cristal y envuelve una toalla alrededor de sus caderas, dejando caer al suelo como una bofetada sus pantalones de cordón, su camiseta le sigue. El se vuelve y me cubre con una gran toalla y me arrastra a la cama. El me deja en el centro, su voz con un deje de risa, pero su rostro con el ceño fruncido



—¿La idea de ser mía es tan graciosa?


Llega bajo mi toalla y me quita las bragas, y luego mi sujetador, luego pasa la toalla por mi cabello y luego mi cuerpo, sus ojos mieles no brillan mas.



—¿La idea de ser mía es graciosa? — el cubre mis dos pechos con la toalla y me seca, sin dejar de mirarme —. ¿Es divertido Paula? —insiste mirándome fijamente a los ojos.


— ¡No! — la palabra es solo un grito ahogado cuando el deseo se dispara a través de mis terminaciones nerviosas. Mis caderas inclinándose hacia arriba cuando comienza a secar entre mis piernas, y no puedo dejar de hacerlo.


Corre la toalla a lo largo de mis piernas, y lamo mis labios mientras por fin inclina su cabeza, mis huesos se vuelven líquidos con el rojo y puro deseo. Parece especialmente obsesionado con secar mi rodilla. La toalla casi amorosa mientras la frota sobre mi cicatriz. Una fiebre ardiente sigue a la toalla mientras lo miro sin poder hacer nada.


Una gota de agua se adhiere a una de las pequeñas puntas marrones de sus pezones, y me lleva toda mi fuerza de voluntad no inclinarme y chupar. No la gota de agua. Su pezón.


Mi corazón late cuando me acerco, mi mano temblando mientas toco la parte superior de su cabeza.


— ¿Alguna vez has sido de alguien? — le pregunto, un susurro dentro de la tranquila habitación.


Levanta su cabeza a la mía, y lo quiero tan mal, que me consume por dentro, como si el poseyera mi alma, y ahora mi alma sufre queriendo que posea mi cuerpo.


Una poderosa emoción tensa su cuerpo mientras llega y acuna mi mejilla en una de sus grandes manos, y hay una ferocidad inesperada en sus ojos, en sus caricias, mientras me agarra.



—No, ¿Y tu?



— Nunca quise.


—Yo tampoco.


Este momento es íntimo. Pesado con cosas no dichas. Algo sin nombre saltando entre nosotros. De el a mi. De mi a el.


Arrastra su dedo a lo largo de mi mandíbula como si  estuviera memorizando. Ondas se disparan a través de mi cuerpo mientras continua acariciando mi cara, todo el tiempo me miro con esos impresionantes, desgarradores y hermosos ojos mieles, como si estuviera absorto. Su voz es terciopelo en mi piel.



— Hasta que vi esta hermosa chica en Seattle, con ojos dorados y labios gruesos y rosas… y me pregunte si me podía entender…


Mi pecho palpita por sus palabras inesperadas, y cuando inclina su cabeza mas cerca, su mirada casi pidiendo permiso, su aroma a jabón y champú y agua se aferra a mis fosas nasales.


El dolor de necesidad por su toque palpita a través de mi, pero en lugar de llegar a mi, extiende la toalla y la dibuja por encima e mi cuerpo y me cubre suavemente. Su voz es áspera por la emoción.


—Quiero decir tantas cosas Paula, y yo simplemente ni puedo encontrar las palabras para ti.


El pone su frente en la mía e inhala profundamente. Poco a poco su respiración me sigue, arrastra su nariz a lo largo de la mía.


—Tu me haces nudos— aprieta su boca en la mía. En pocas palabras. Luego se retira, respirando con dificultad, y me mira con los ojos entrecerrados —. Quiero hacerte escuchar un millar de canciones diferentes para que puedas tener una idea de lo que…siento dentro de mi...


La necesidad pasa a través de mis venas, mis nervios, mis huesos, mientras acaricia con su pulgar mi mandíbula y alrededor de mi oreja. Escalofríos atraviesan mi cuerpo mientras desliza su dedo índice sobre mi labio superior. Acaricia libremente mi trasero y gimo. Hay un dolor en mis pezones, mi sexo esta mojado, mi corazón desbocado.


Tira de mi cara a sus manos acomodándola a la suya, ajustando mis labios suavemente a los suyos mientras dibuja su lengua en mi boca, chupándome con fuerza.


Me quejo y agarro sus hombros con mis uñas, atrayéndolo hacia mi.



—¿Por qué no me tomas, Pedro?


El gime y me tira mas cerca.



—Porque te quiero demasiado.


Su lengua cae dura contra la mía y sensaciones se despiertan en mis terminaciones nerviosas mientras inclina su cuerpo contra el mío, su piel húmeda y caliente, la toalla cayendo a mi cintura y mis pechos siendo aplastados por su diafragma.


—Pero te deseo tanto y estoy protegida— le suplico para engatusarlo— . Se que estas limpio. Te haces la prueba todo el tiempo y yo… — me estremezco contra la sensación de sus músculos contra mis pezones sensibles, duros y abombados. Mi caderas se inclinas por puro instinto y yo solo soy una mujer. Buscando a su hombre. Su dureza. Su toque, no puedo respirar, no puedo pensar, quiero que el lo desee.


Un orgasmo no es lo que quiero y lo sabe. Lo que quiero, necesito, es mucho más que eso. Es la conexión. El contacto estimulante con este ser humano, un ser que me hace reaccionar como ningún otro. Echo de menos su toque, sus besos. No me importa si solo me da un poco de lo que pueda dar, tengo que alimentarme, y mi cuerpo nunca ha estado tan hambriento.


—Te quiero en mi cama de nuevo. Quiero besarte, abrazarte— se queja.


—No puedes seguir con esto, por favor, solo hazme el amor…— le ruego.


Me impulso contra el cuando toma mi boca con avidez, muevo mi cuerpo hasta que una de sus piernas esta entre mis muslos.


Mordisquea mis labios, sus manos despeinándome. Estoy tan desesperada que paso mis uñas por sus brazos mientras froto mi sexo contra su duro músculo. Las sensaciones se disparan. Gimo, sintiendo la tensión en espiral en sus hombros, el suave terciopelo de su pecho mientras me devora, y en el primer rose de mi parte intima contra su muslo, exploto.


Temblando incontrolablemente, lo siento ponerse rígido por la sorpresa de mis asombrosamente poderosas convulsiones. Sus manos se extendieron rápidamente en mi espalda y me aplana levantando la pierna entre mis muslos y moliendo con sus músculos mi ciclotiris, su boca hambrienta toma todos mis gemidos en su interior.


Cuando he terminado, se cepilla el pelo hacia atrás y se ve positivamente intimo. Su voz. Intima. Suave con ternura.



— ¿Eso se sintió lo mitad de lo bueno de lo que parece? — sus dedos arrastrándose a lo largo de mi mejilla en un toque susurrado, y todavía no hay suficiente aire en mis pulmones.



Lo. odio.


Me siento como si le hubiera dado todo y no tengo nada a cambio, a pesar de que yo era la que estaba complacida. Aseguro enojada mi toalla a mí alrededor, miro la habitación, en lo que sea menos su hermosa y sexy cara.


—Te aseguro que no sucederá de nuevo— le susurro para mi completa y total vergüenza.


Besa mi oído, su voz ronca —Me asegurare de que lo haga.


— No cuentes con ello. Si quería tener un orgasmo solo pude haber hecho yo misma, sin dar a nadie ningún espectáculo— Con la toalla aferrada a mi pecho me siento y pregunto —. ¿Me prestas una camisa?


Poco a poco sus labios se tuercen y un hoyuelo aparece, una especie de sonrisa arrogante que me hace sospechar que le gusta la idea de mi usando algo de sus cosas, y se dirige al armario mientras espero que vuelva, me siento toda cachonda y sin sentido.


Su hermoso torso esta todavía un poco húmedo, y no puedo evitar de mirar la manera en que la toalla se aferra a sus estrechas caderas. Su cuerpo es la perfección. Su culo desafía la gravedad, esta tan perfectamente ajustado, redondo y musculoso. Cada vez que lo veo en cualquier tipo de ropa, se me cae la baba equivalente a un pequeño océano.


Quiero verlo desnudo y tocarlo una vez mas esta noche, yo detesto no ser capaz de dormir del tormento de querer sentirlo dentro de mi. ¿Puedo incluso dormir aquí? ¿Querer lo que esta listo para darme?


No, yo no voy a dormir con el esta noche, solo para besuquearnos como adolescentes, estar en la primera, segunda y tercera base sin pasar por todo…


No.


Por supuesto que no.


Quiero que me haga el amor. Lo. Necesito. Maldita sea. Odio que pueda controlarse y contenerse mientras estoy completamente desecha por el.


Me entrega una camiseta negra, lo había visto usarla antes, en nuestro primer vuelo en Atlanta.



—¿Esta bien? — pregunta con esos profundos ojos mieles que todo lo saben.


Me deslizo la camiseta, sintiendo la tela a lo largo de mi piel y la sensación despierta un hormigueo por todo mi cuerpo. Permanece de pie a los pies de la cama, y sus ojos indagan en mí. Son ojos íntimos, los ojos que me han visto desnuda y hacen mi dolor mas profundo y a mi coño retorcerse.



—Ven a comer algo conmigo— dice, y lo sigo ni una pizca relajada después del increíble orgasmo que me dio.


—Vamos a ver lo que Diane nos dejo— le digo al estudiar el contenido en el cajón que contiene la comida de la suite presidencial. Lo destapo y le lanzo una sonrisa.



—Huevo. Deben de estar baratos esta noche.


Los hoyuelos de nuevo, juvenil y sexy se queda mirando mi boca. Ni siquiera creo que se de cuenta que me esta mirando con tanto ardor. En silencio saca dos tenedores del cajón y se acerca.



—Ven a compartir.


—Oh no. No hay más huevos para mi esta noche. Disfruta.


El pone el plato abajo y me sigue hasta la puerta, agarrando mi muñeca para detenerme.



—Quédate.

La solicitud abrupta dispara una ola de calor a través de mí.


—Me quedo— le digo, mi voz suave pero firme —. Cuando me hagas el amor.


Nos miramos y luego suspira y mantiene la puerta abierta para mi, poniendo su cuerpo de tal manera que tengo que restregarme cuando salgo. El contacto me quema. Sus ojos me miran todo el camino a mi habitación. Quemándome.


Por la noche me quede despierta, en uno de los dormitorios de la otra suite presidencial, con Diane descansando en la otra habitación, y yo todavía estoy en llamas. Estoy en la cama con la puerta abierta, mis oídos alerta a cualquier ruido, en caso de que Pedro tenga una llave extra de esta suite, y el pudiera venir a buscarme.


Su gran y maravillosa camiseta es mucho en mi pequeño cuerpo, y me hundo en ella. Se siente suave contra mi piel, y aquí estoy temblando de deseo, deseando que se descomponga y venga a buscarme y me diga que esta listo para mi. Estoy tan lista para el. Solo ven y hazme el amor, pienso esperanzada.


A las dos de la mañana, todavía no lo ha hecho y sigo despierta.


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3 comentarios:

  1. wow buenísimo,me encanto!!!

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  2. Naaaaaaa, es atrapante esta historia. Me imagino lo que va a ser el día que afjslfjsdfnslk

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  3. Buenísimo el capitulo me encanto pobre Pau la dejo cachonda jajaja,como puede aguantar ese hombre por Dios jajaja

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