viernes, 14 de febrero de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 13
Hoy, no estamos solos en el gimnasio.
Dos gimnastas están entrenando en el otro extremo, y mi estómago no ha estado muy feliz ya que ellas descaradamente se lo comen con los ojos. Lo observaron cuando estaba saltando la cuerda. Luego, lo vieron, sus ojos casi saliendo de sus cabezas, cuando estaba haciendo sus escalas de tracción, alpinismo, y su trabajo abdominal invertido. Mi bestia se ve tan sexy cuando entrena, esas dos han estado boquiabiertas durante toda la mañana y la tarde. Incluso una se cayó sobre su culo por todas las miradas que le lanzaba.
Y supongo que el problema conmigo ahora es que con cada mujer bonita que agarro admirándolo, recuerdo a las groupies o putas y me siento mal del estómago de nuevo.
Exhalando mientras me inclino hacia delante en la posición inclinada del perro en yoga, sostengo por un momento, luego paso a un estiramiento cobra —donde me extiendo hacia abajo sobre la colchoneta con la espalda y el cuello arqueados hacia atrás— y consigo un vistazo de él en la bolsa de velocidad. Ahí está, golpeando y golpeando, un anuncio andante de deportes y sexo, cada uno de sus músculos calientes y comprometidos, poderosamente sorprendentes. Balancea sus puños tan rápido, la bolsa nunca detiene su aleteo.
Él está sin camiseta, y puedo ver todos sus músculos contraerse y relajarse. Los pantalones de chándal montan bajos en sus caderas, regalándome un vistazo de su sexy tatuaje de estrella —Dios simplemente me vuelve loca. Empiezo a pensar en la forma en que su erección de alguna manera se eleva para burlarse de él, su polla tan alta cubre la tinta cuando está parada completamente, y el recuerdo perfora a través de mí y me calienta en más formas de las que me gustaría ser calentada justo ahora. Consciente de que mis pezones son botones de deseo, aprieto los ojos por un momento.
Exhalando, me obligo a deslizarme y estirar las piernas en la colchoneta, primero una y luego la otra, y una vez más.
El entrenador gruñe—: ¿Estás entrenando o comiéndotela con los ojos hoy, Alfonso?
Ajustando mi cabeza hacia atrás, veo a Pedro volver a la bolsa, tomar posición, levantar sus guantes, y golpear tan brutalmente duro que eso es lo único que puedo escuchar en el gimnasio. Sus golpes.
—¡Eso es lo que estoy hablando! ¿Quién es ese hijo de puta que estás matando? —demanda el entrenador.
Mi piel hormiguea cuando la voz de Pedro explota a través de la habitación mientras grita—: ¡Sabes condenadamente bien quién es!
—¿Quién es ese hijo de puta al que vas a enviar a un maldito coma? —continúa el entrenador.
—¡Está jodidamente MUERTO!
—¡Eso es cierto! ¡Tomó lo que te pertenece! ¡Se metió contigo! Se metió con tu chica...
Pedro ruge duro y golpea la bolsa, enviándola a estrellarse contra el suelo. La patea, y lanza en el aire antes de que colisione con la pared con un ¡boom!
Ruben se ríe mientras se acerca. —¿Dirías que él está un poco molesto, Paula? —bromea.
Mi estómago se enreda cuando Pedro mira hacia arriba y directo a mí. Su pecho da sacudidas en cada respiración, sus ojos se clavan en mí, y me siento un poco desnuda bajo esa mirada. Apostaría mi vida al hecho de que, en estos momentos, Pedro me está follando en su cabeza.
—En dos semanas más Scorpion pelea las mismas noches que nosotros. Podemos tropezarnos con él. ¿Estás nerviosa? —me pregunta Ruben, examinando brevemente a las gimnastas mientras me habla.
Sólo el nombre de Scorpion pica mi adrenalina y me hace querer correr a las colinas. Dejo caer mi cara y hago la pose de la paloma para abrir mis caderas, luego cambio de pierna y repito el ejercicio.
—Sí, estoy nerviosa. Diría que extra nerviosa, ya que estoy nerviosa en cada pelea, pero con ese imbécil alrededor, digamos diez veces mis nervios normales. —Ruedo mis ojos para mí misma, y Ruben se ríe.
Parecíamos “hacer la paz” para evitar estratégicamente hablar sobre “eso”, a pesar de que en realidad estoy muriendo por preguntarle a él y a Diego lo que exactamente pasó. ¿Pero quiero saber más?
No.
Nos rompimos. No tengo ningún derecho. Él ni siquiera lo recuerda, con su trastorno bipolar, y se ha ido. Está acabado. Soy suya y él es mío.
—Demonios, incluso yo estoy nervioso, Paula. El mensaje de Scorpion era bastante claro —dice Ruben con una sonrisa de pesar—. Está sobre, fuera del ring, y en él. Y el mensaje de Pedro sólo le decía al bastardo que sus días están contados. Nadie se mete con su petardo.
Me enderezo por eso; luego miro a sus tristes ojos plata, y juro que hay algo de diversión allí. Me río. Solo me río. Porque, honestamente, estos son hombres adultos aquí. Hombres. Pero siguen siendo... chicos. Y cuando miro a través del impresionante gimnasio hacia Pedro, es el más grande, más sexy y más fuerte chico de todos.
—Ruben, tienes que ayudarme a asegurar de que pase lo que pase, Scorpion no se meta con la cabeza de Pedro. Tanto tu como Diego necesitan tener cuidado con eso también. ¿Me escuchas?
—Sí, señora —dice, saludando como un cadete del ejército—. Ahora ve a ganarte el sustento.
—Ja, ja. Yo trabajo tan duro como tú —le digo.
—Sí, pero yo no consigo el tratamiento real que tú.
—Porque tú aspiras, y yo gobierno.
—Ni siquiera voy a responder a eso. Valoro demasiado mi cara. —Sonríe a algo más allá de mi hombro.
Una torre de músculos detrás de mí, tirando de las cintas de las manos. —Yo estaría encantado de romperla por ti —murmura.
—Tomaré un vale para eso, si no te importa.
Mientras Ruben va a ayudar al entrenador a limpiar, Pedro entrena sus negros ojos sobre mí, y me doy cuenta de sus fosas nasales como si pudiera olerme sin siquiera agachar la cabeza, solo mirándome.
—¿Lista? —Él habla con su deshidratada voz he—trabajado—por—horas—y—soy—sexy—como—el—infierno mientras acaricia con sus dedos la parte baja de mi espalda, y no soy inmune a nada de eso.
—Nací lista —le digo, un poco jadeante. No sé qué pasa cuando él es maníaco, pero soy extra consciente de la chisporroteante energía a su alrededor cuando está negro. Es una fuente inagotable, pero cuando está negro se siente por dos. Ambos nos dirigimos a la pequeña sala de rehabilitación en la parte de atrás del gimnasio. Y cuando pone su mano en mi culo, no digo nada, pero siento todo. Entonces, cuando aprieta, toma cada esfuerzo en mí no dar la vuelta y tomar su duro culo y exprimir ese enorme cuerpo duro como una piedra de vuelta.
—Sobre la mesa, Riptide —le ordeno. Sólo me gusta mandarlo porque me da esta lo que sea mirada de diversión. Como lo hace ahora, como si estuviera sumamente entretenido por mí.
Se acuesta en la mesa, que es muy similar a una mesa de masaje, en el centro de la pequeña habitación. Cerca también hay una nevera, para medicamentos y productos fríos con los cuales iré después de su masaje con hielo.
Él se extiende boca abajo primero, y su temperatura corporal es tan alta después de su sesión de ejercicios que puedo sentir su calor incluso antes de tocarlo.
—¿Te sientes bien? —pregunto, mi mirada acariciando la línea de su columna—. ¿Algún nudo? ¿Te molesta?
—Me gustaría tener mis manos en ti lo antes posible —me susurró, gruñó, y me mordí la parte interior de mi mejilla.
—Está bien, pero como dicen, las damas primero.
Él gruñe. —No me tortures, nena, quiero follarte ya.
Me agacho y pongo un beso en su oreja. —No es tortura, intenta relajarte —susurro, y realmente quiero que se relaje, para centrarme en su cuerpo, así que hundo mis dedos alrededor de sus hombros. El aliento sisea a través de sus dientes, y también mantengo en silencio la mía —pero nuestro contacto me hace eso.
Exhalando suavemente, adaptándome y empiezo a masajear con mis dedos. También se adapta a mí y sé que él está empezando a relajarse cuando gruñe en voz baja.
Estamos tan conectados, no puedo tocar su piel sin que esa deliciosa sensación de pequeñas ondas irradie a través de mí. A veces se siente como si estuviera recurriendo a esta fuente poderosa que es Pedro Alfonso. Cada centímetro de mi cuerpo se vuelve consciente de sus músculos y la piel bajo mis dedos —y de todo lo demás a su alrededor. La manera en que huele en este mismo momento, océano y jabón, y sólo él. La manera en que su pecho se expande con su esfuerzo. La manera en que su pelo está puntiagudo, revuelto y mojado.
Me encanta trabajarlo con mis manos.
Este es mi trabajo, pero también es mi amor.
No puedo pensar en nada mejor que esto.
Siento cada músculo, uno a la vez, buscando su calor, cavando profundamente en el vientre muscular para que haya un perfecto flujo sanguíneo en cada parte de su cuerpo. Masajeo y separo la fascia, amasando el tejido muscular con los dedos para proporcionar una buena nutrición a la zona. Cuando el musculo está aflojado, su sangre —madura con todos los nutrientes de su forma de vida saludable— entra para ayudar a reparar y hacer crecer ese músculo.
Una vez que lo he frotado hacia abajo en ambos lados, voy a la nevera, así le puedo dar un masaje con hielo. Los masajes de hielo son perfectos para cualquier nudo o lesión, pero Pedro los ama, y a veces le doy uno para acelerar la recuperación general.
Ya hay un vaso de plástico en el congelador. Contiene un bloque de agua congelada en el interior, y froto mi mano sobre ella varias veces, para suavizar el hielo y asegurarme de que no hará rotura en su piel. Entonces lo corro por todos sus músculos mientras sostengo la parte posterior del vaso, casi como si estuviera deslizando desodorante roll—on sobre su piel.
Se recuesta ahí y me deja atenderlo, sus sexis feromonas masculinas aferrándose a su piel como sudor, su cuerpo tan caliente que el hielo comienza inmediatamente a derretirse. Miro las líneas de agua zigzaguear juguetonamente lo largo de su ancha espalda, y cuando se da la vuelta, las líneas hacen lo mismo en la parte delantera de su duro pecho.
Mis ojos las siguen mientras mi cerebro nada con pensamientos de lamer cada una de ellas con mi lengua, en especial las que se deslizan en su ombligo, esas que se curvan alrededor de sus pezones. Mientras miro y mentalmente lamo cada hermoso centímetro de él, él observa mi trabajo, su mirada caliente y tierna y, de alguna manera, agradecida.
—Me encanta la manera en que te entrenas —le susurro.
—Me encanta la manera en que me trabajas.
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GRACIAS POR LEER!! ♥
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buenísimo!!! seguí subiendo.
ResponderEliminarWowwwwwww, qué buenos los 2 caps!!!! Es una adicción tu historia Jesy
ResponderEliminarmuy buenos los dos cap besos espero el siguiente
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