jueves, 27 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 25



—Siempre he querido vestir como una chica mayor desde que vi a la señora Doubtfire —dice Melanie mientras se saca la peluca que ordenamos por Internet.



—Mel, no bajaré en esta silla de ruedas ¿dime otra vez que nada saldrá mal?



—Amiga, tú pediste permiso de tu doctor. Estará bien. Pedro ni siquiera sabe que irás. ¡Somos jóvenes, Paula! ¿Hola? YOLO!!. Solo se vive una vez —resopla resueltamente y va a probarse su floreado vestido de “mujer-mayor”.



—Pero le dije al doctor que estaría visitando a mi novio en su lugar —le recuerdo.



—Ese es su lugar. El ring es la guarida de Riptide. Además, no hay que subestimar el poder de la felicidad. Las personas sanan mejor cuando están en los brazos de las personas que aman. Al bebé le encantará, ¿no es así, pequeño bebé adorable? —arrulla estúpidamente mi estómago.



Reprimiendo una sonrisa, la empujo lejos, pero ella tiene razón, estoy bastante segura de que al bebé le gustará. Ya me siento fortalecida, y realmente no creo que el bebé haya estado teniendo diversión conmigo en este lamentable estado. Estoy enamorada de un hombre complicado, que me hace sentir sentimientos complicados. He corrido sobre mi cabeza miles de veces, y no le daré un culo de rata si él no me quiere allí. Iré a ver a mi hombre. Punto.



—¿Qué piensas? —preguntó a Melanie mientras ajusta mi peluca rubia hasta los hombros.



—Impresionante. Luces barata. Ahora, déjame pintarte —frota maquillaje en mí mientras la perspectiva de verlo hace mi corazón saltar entusiasmado dentro de mi caja torácica.



—Mel, mis poros se están ahogando.



—¡Tut-tut! ¡Silencio! Ahora yo.



Me miro a mi misma en el espejo mientras ella hace su propia cara. —Bien, me veo como una prostituta. Ellos nos van a preguntar cuanto cobramos.



—Tenemos que hacer que no luzcas como tú.



—¡Pero tú aun luces caliente! Eres una abuela ardiente ¿por qué yo no puedo serlo?



—Porque yo soy la única que todavía puede caminar, y tú eres la única que está en una silla. —Me empuja más cerca del espejo y nos miramos a nosotras mismas en nuestros vestidos floreados. Mel añadió un pequeño suéter de cachemira y una flor a su peluca blanca-y-gris, mientras que mi peluca tiene un cintillo negro Alicia en el país de las maravillas manteniendo el pelo en su lugar.

Luzco completamente diferente a mí, y si le agrego las grandes gafas que tenemos, podría lucir doblemente incluso menos como yo, pero son tan grandes e inquietantes para llevar, que las meto en el bolsillo del vestido mientras nos dirigimos al elevador.



—No quiero distraerlo, ¿de acuerdo? Pedro no puede ver que estoy allí. Podría enojarse. Ni siquiera sé lo que puede hacer, él es demasiado impredecible. Y nosotros nunca hemos peleado sin romper antes, Mel.



—Mi querida gallina, a juzgar por las rosas que te envió, él quiere recompensarte. ¡Y no te preocupes! Te traeré de vuelta aquí en un instante y mientras tanto ¡te vamos a sacar de está maldita habitación! Whoo-hoo.



***



Treinta minutos después descubrimos que el Underground no es un amistoso lugar para discapacitados. Nos enteramos de esto cuando Mel trato de sacarme del taxi, luego sobre la silla, luego en el club nocturno, en el ascensor, y dentro del Underground. Está jadeando y resoplando y diciéndome que ella ya no se ve tan genial . —Gracias a ti, chica embarazada.



Estaría riendo de lo ridícula que luce tratando de conseguir que la gente nos deje pasar, pero cuando entramos a la arena llena de gente, se siente un poco como volver a casa, y la mezcla de alegría y frustración por no ser invitada chocan en mí en un complicado y pequeño combo.



Aquí es donde lo conocí. Donde perdí mi corazón en un suspiro. Donde él jodió mi nombre. Donde él besó mis labios. Donde cautivó el ring, antes de cautivarme.



Después de miles de “Disculpe, perdón, pasando”, Melanie finalmente me lleva a nuestros asientos. Tuve que comprar las entradas con mi propia tarjeta y gasté, así que nos dieron asientos de primera fila, no exactamente en el centro. Son buenos y seré capaz de devorar cada pulgada de mi Riptide de cerca. ¿Él no está ansioso por hablarme? ¿No está ansioso de verme? Estoy muriendo por un simple vistazo.



—Recuerda mirar la parte de una mujer mayor, Mel —susurro mientras los primeros luchadores de la tarde comienzan golpeando la cara del otro.








—Esa mujer continúa siguiéndonos —dice Melanie preocupada y señala detrás de nosotros, pero no puedo girar—. Ella es como un travesti. Un poco escalofriante.




Exploro el área por Diego y lo veo, junto a él, en el asiento que normalmente ocupo, está mi hermana Delfina, sonriendo y coqueteando con él.



—Wow, ¿Delfina consiguió que Diego le diera un boleto? —dice Melanie.



No sé porque, pero al ver a alguien, cualquiera, incluso mi hermana, en mi asiento, provoca miles de serpientes de celos despertando en mí, y estoy enojada de nuevo. No enojada. Furiosa otra vez con Pedro por decirme que no podía venir aquí. Bastardo.



De repente, el ring está desocupado y creo ver a Ruben comenzando a caminar para tomar su lugar en una esquina, y mi pulso se dispara.



—La última vez que él vino a esta arena, nos dio un récord de knockout y … —la voz a través de los altavoces estalla, la mujer grita y mi corazón solo se calienta mientras recuerdo la manera en la que él vino a mí después—. Tú sabes de quien estoy hablando. El HOMBRE por el que estás AQUÍ para VER. Di hola al inconfundible, al único, Pedro Alfonso, ¡¡¡¡¡su Riiiptiiiiide!!!!!

Melanie mantiene la respiración y luego murmura.



—Oh maldita sea, lo veo.

Mi pulso se dispara hasta el techo mientras me esfuerzo para el ver el destello de rojo, trotando hacia al ring, pero no puedo ver nada desde esta estúpida silla.



—¡No puedo verlo! —Y Dios. Odio a todo quien lo puede ver por mí.



—Amiga, ¡él está viniendo hacia el ring! Algunas chicas están cubriéndolo, pero él está empujando a través. Él es un Dios, Paula. Oh Dios mío…



Y entonces lo veo al fin, y mi corazón literalmente se detiene y mi estómago inmediatamente se contrae por la emoción. Lo amo lo odio lo amo.



Entra en mi línea de visión, un destello de rojo, y se balancea dentro del ring, tan flexible y musculoso, tan pulcro y ágil. Las luces brillan sobre él mientras se deshace de su túnica roja, y de repente está ahí. Tan masculino y fuerte. La fantasía de cada mujer.



Nunca olvidaré la manera como luce en su traje de boxeo, cada músculo de su torso rasgado duro y cortado, bronceado y brillante. No olvidaré la forma en que sonríe para su público. Estoy. Muriendo. Él luce asombroso. Perfecto. Irradiando masculinidad y vitalidad. Como si hubiera estado en una maldita playa y yo he estado en el infierno. Incluso se siente como si todas las luces se apresuraran para besar su cuerpo. Sus brazos duros extendidos, músculos tensos mientras empieza lentamente a dar la vuelta. La arena casi tiembla bajo mis ruedas, los gritos son ensordecedores.



—¡Jódelos, Riptide! —la gente grita detrás de mí.



—¡Y luego jódeme!



Sus hoyuelos parpadean para ellos, sus ojos brillan para ellos. Se ve tan descaradamente feliz que quiero golpearlo. De hecho, quiero subir allí y aplastar mi boca contra la de él mientras lo golpeo.



—Paula, me siento como una mala amiga teniendo lujuria sobre tu hombre, pero dime que me entiendes! —dice Mel ansiosamente.



Gimo en disgusto para mí misma, he sido abandonada, y aquí estoy, persiguiéndolo como una fan. Deseándolo porque él es mío.

MÍO.



—Y ahora, daaaamas y caballeros, demos la bienvenida a la Madre de todos los monstruos, Hector Hex, ¡Herculeeeeeees! —El anunciador grita y Melanie murmura—: Mieeerda.



El momento en que la Madre de todos los Monstruos toma el ring, juro que casi veo el suelo ceder con su peso. Nunca he visto esto antes, el luce incluso más grande que Butcher, y el nudo en mi estómago se aprieta diez veces. El nuevo luchador luce como una especie de Paul Bunyan gigante.



—¿De qué galaxia viene ese pedazo de carne? —pregunta Melanie, tan perturbada como yo lo estoy.



Pedro golpea sus guantes de boxeo con él, luego se retira y flexiona los músculos del brazo, veo los tatuajes entre sus hombros y amplios bíceps. Y todo mi cuerpo murmulla en recuerdo de como él se siente.



Ping.



Van al centro. Mi corazón martillea dentro de mí mientras la Madre de todos los Monstruos golpea a Pedro en las costillas, y Pedro vuelve con un golpe triple que es tan rápido y potente, que hace retroceder al chico tres pasos.



—Paula, oh Dios Mío —dice Melanie—. ¡Oh. Dios. Mío!








El gigante regresa con un movimiento que golpea a Pedro directamente en el intestino. Escucho el sonido del golpe y de la mueca de dolor, pero de repente oigo los sonidos de la forma que Pedro golpea de vuelta. ¡PAM PAM POOM! El gigante cae sobre su trasero. Pedro rodea el ring mientras espera que él se levante, sinuoso, agraciado, mi poderoso león de ojos mieles.




Todo mi cuerpo recuerda la manera en la que el león se mueve sobre mí. En mí. La manera en que sus caderas empujan con perfecta precisión. La manera en que sus manos se deslizan sobre mí. Apretándome. Fastidiándome. La manera en que su lengua raspa contra mí, degustándome, lamiéndome.



El monstruo se levanta lentamente y sacude su cabeza, como si estuviera confundido, y antes de que él pueda dar otro golpe, Pedro lo engancha con la derecha y lo golpea haciéndolo retroceder, aterrizando sobre su espalda.



Melanie salta y grita.



—¡¡Sí!! ¡Sí! ¡PEDRO, TU ERES EL REY DE LA MALDITA JUNGLA! —grita ella. Y se vuelve con esa sonrisa, y me congelo cuando nos descubre. Sonríe con indulgencia a nosotras, sus fans, mirando en nuestra dirección, cuando de repente su postura cambia y su cuerpo parece reanudar, sus hoyuelos están todavía en su lugar, pero sus ojos se estrechan ligeramente mientras nos examina, como un depredador en modo de caza.



—¡Creo que él nos reconoció, idiota! —siseo entre dientes, tirando de la falda de Mel para que volviera a sentarse.



Pero él no está mirando a Mel. Oh, no. Pedro está mirándome. Sus pies separados, su pecho se eleva y de repente sus ojos son láseres sobre mí. Sobre mí y solo en mí.



Sus ojos mieles clavados en mí, curioso y preguntado, y de repente estoy terriblemente consiente de todo lo que estoy llevando. El delineador alrededor de mis ojos, el ridículo lápiz labial rojo, la gruesa capa de maquillaje… ruego, silenciosa y fervorosamente, que esto sea suficiente para esconderme de él.



Expulso un suspiro cuando sus ojos se deslizan a mi derecha, a Melanie, y ella ajusta su peluca y respira. —Me cago en la maldita barra.



Y si yo pensaba que era libre y clara, completamente, completamente, lo subestimé.



Me mira nuevamente, y luego, sacude su cabeza.

Mi corazón se aprieta tan fuerte que creo que mi pecho tendrá algún daño interno permanente.



Arrastra una mano por su pelo e inquietantemente pasea alrededor por un momento; luego levanta la cabeza otra vez y cuando sus ojos queman en mí y niega con la cabeza de nuevo, esta vez con un pequeño destello de sus hermosos hoyuelos, creo que me vengo.



Electricidad pasa a través de mí mientras sus ojos se oscurecen con calor, sus labios se curvan sensualmente, lleno de ese masculino conocimiento de que yo, al contrario de lo que cualquiera de sus fans dicen, soy su fan número uno.



Él sabe exactamente quién soy. Puedo ver castigadora diversión en sus ojos y casi puedo oírle decir…

Tu pequeña mierda, se quién eres.

Te veo. ¡Jodidamente te veo!



Quiero arrancar este estúpido traje, y correr hacia él y escalarlo como un árbol. Coger esa dura mandíbula en mis manos y besar su boca y ahogarlo con mis besos y todo el amor que tengo por él y me ha estado ahogando por semanas.

Enrosca sus dedos a sus costados cuando otro luchador es anunciado, y mientras él toma el ring, Pedro sigue mirándome, abriendo y cerrando sus puños, y el calor en su mirada, puedo sentirla quemando cada parte de mí, hasta los dedos de mis pies.

La campana suena y Pedro guiña hacia mí, un guiño que hace rugir a la multitud.



Melanie chilla y aprieta mi mano. —¡Dime de nuevo lo mucho que él no te quiere, tu cabeza dura! —Ella se señala a sí misma. —¡Está chica aquí es caliente en tu maldito favor! ¡Oh Dios Mío! ¡Estás completamente en su cabeza!



Casi me quejo cuando la pelea comienza.



Pedro luce fortalecido. Golpea al nuevo luchador repetidamente, golpeando, enganchando, agachándose, y volviéndose a mí entre golpes, solo para ver que estoy mirando.



Lo estoy.

Lo veo.

Lo siento.

Lo quiero.



Lo amo jodidamente más que a nada o nadie en este mundo.

El hombre no tiene oportunidad contra él, y lo veo con absoluta y completa fascinación.



Todas estas semanas, con todas estas hormonas, extrañándolo como loca, queriéndolo como una loca, amándolo como una loca… y esta tan cerca como no lo he tenido en semanas, y estoy muriendo por él tan mal, estoy agarrando la silla con tanta fuerza que mis nudillos están blancos. Lo quiero dentro de mí como quiero mi próxima respiración. En este momento todo lo que puedo pensar—todo lo que puedo pensar es que él es mío, y yo suya, que no voy a dejar que se vaya, que haré que él vuelva a quererme si alguna vez deja de hacerlo y que nunca habrá un momento en mi vida en que lo deje ir.



Con cada victoria, su nombre es llamado, su brazo es elevado, la multitud ruge y esos ojos mieles me encuentran en mi ridículo traje y su mandíbula y cuerpo se tensan, como si él no pudiera soportar verme sin tocar. Todo mi cuerpo responde y tiemblo en mi asiento con la forma en la que me mira. Puedo lucir horrible, pero él aún me quiere. Lujuria arde en sus ojos, y la promesa de que él me va a tomar baila en sus ojos. Mi corazón palpita. Lo recuerdo.



Recuerdo su piel, sus callos cepillando sobre mí. Su respiración. Veo su cuerpo arriba en la pantalla, reluciente de sudor, cada corte y rasgada pulgada perfecta, y casi puedo saborearlo, sentirlo deslizarse contra mí.



Durante toda la noche soy una masa de felicidad, excitación, nervios y temblante, abrumadora necesidad.



—Mel, no quiero que él venga a verme en este disfraz —le digo, por primera vez lamentando mis opciones de ropa. Luzco fea, puta, sucia y ridícula, y esto no es como yo quería que Pedro me viera esta noche.



—Muy bien, vayamos a casa y haz que él venga a ti —murmura.



Ella comienza a empujarme y de repente escucho la voz estar estallar a través de los altavoces.



—¡KNOCKOUT! ¡Sí, señoras y señores! El vencedor de esta noche, una vez más, ¡Riptide! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Riiiptiiiiiiide!!!!!!!!



Su nombre hace eco a mí alrededor mientras el público canta. —¡Riptide! Riptide!



—Por supuesto que harías exactamente lo contrario a lo que te pedí —una gutural, insanamente profunda y sexy voz susurra detrás de mí; entonces veo un musculoso torso moverse delante de mí, y soy levantada dentro de un par de brazos deliciosamente sudados.



Pedro se vuelve a Melanie en lugar de a mí, y le oigo decir, casi gruñendo. —Estoy cuidando de esta bola de fuego. Ruben puede darte un paseo a casa.


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GRACIAS POR LEER!! ♥


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