sábado, 15 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 15



Pedro ha estado maniaco por dos semanas ahora.



Se llamó a sí mismo el “rey del mundo” un par de días atrás, seguido por “el rey de la selva”, después “el rey de los sacos de boxeo”, y luego, esa tarde, me preguntó que fuera su reina, y me reí. Pero al mismo tiempo, lucía tan encantador y adorable con sus hoyuelos que casi se sintió como si estuviera proponiéndose.

Es tan enérgico. Ha estado desgastándonos a todos, pero al menos Diego—circula debajo de sus ojos y todo—es feliz que no ha cambiado a depresión. El Pedro maniático pelea como un gladiador, y últimamente, parece estar en un muy buen humor mientras que pueda patear la mierda de la gente y tener mucho sexo—lo cual estoy más que feliz de proveer, ya que he estado tan caliente y lujuriosa por él como siempre estoy o—extrañamente—a lo mejor un poco más.



Mientras le bajo al escusado y trato de respirar otra vez, Diane me da una sonrisa que me dice que cree que Pedro es adorable por preocuparse, pero su sonrisa se desvanece cuando toma una buena mirada a mi complexión.



Realmente me siento como la mierda, así que debo de lucir como la mierda. Gracioso que no importa cuán vieja me ponga, cuando me siento así de enferma, recuerdo mis días de sopa y extraño a mi mamá. Nunca nos dejaba comer en la cama, excepto cuando estábamos enfermas, y después conseguíamos una bandeja con sopa caliente.



—¿Podría ser un virus estomacal? —Diane toca mi frente. —No hay fiebre. ¿Te gustaría algo de agua mineralizada? ¿O un Alka—Seltzer? —pregunta.



—A lo mejor algo de agua gasificada —admito, sonrojándome en vergüenza cuando pienso que el equipo completo ahora sabrán sobre mí y mi vomito—. ¿Tienes algo de goma de mascar?



Asiente y me mira mientras rápidamente trato de reacomodar mi cola de caballo. —Deberías quedarte esta tarde. —sugiere.



—¿Perderme su entrenamiento? ¡Nunca! —jadeo.



—Luces tan pálida, Paula.



Pellizco ambas mejillas y agrego una brillante sonrisa. —Ahí.



Reprendiéndome con una negación con la cabeza, se va y regresa con un paquete de goma de mascar, y una pequeña bolsa de viaje del hotel conteniendo un cepillo de dientes de plástico y un tubo de Colgate.



—Colecciono estos de cualquier lugar donde vamos. También los champús. —me dice orgullosamente.



—Oh, eres una salvadora, Diane.



Mientras me cepillo los dientes en el pequeño grifo, comienzo seriamente a preguntarme que está mal conmigo, y cuando salgo, está al borde de su asiento, codos en sus rodilla, sus ojos negros fijados en la puerta del baño del avión.



Agregados a los suyos, otros tres pares de miradas preocupadas me siguen mientras hago una línea recta hacia mi asiento. Me siento tan débil y deshidratada, caigo en el asiento y me siento encima de mi bolsa de viaje. Pedro la saca de debajo de mí y la manda volando al final del banco, después firmemente acuna la parte trasera de mi cabeza e inclina mi cabeza hacia la suya.



—¿Qué está mal contigo?



—No lo sé. No he sido yo misma desde las picaduras.



Siento, más de lo que veo, la presencia de Diane cerca, y parece estar estudiándonos, aunque eso no tiene nada que ver; solo quiero ser apapachada. Quiero subirme al regazo de Pedro y estar ahí, con mis brazos alrededor de su cuello, y mi nariz en su garganta, aspirándolo demasiado, pero estoy tan cansada para moverme de mi asiento, así que solo meto mi cara en una de sus manos, cierro mis ojos por un momento y huelo su jabón.



—Paula, ¿Estás segura que comenzó con las picaduras?


Ambos, él y yo nos giramos hacia Diane al mismo tiempo, y tiene esta sonrisa retorcida que nunca había visto antes.




Sus felices ojos cafés fijados en Pedro, en vez de mí, y cuando habla otra vez, su voz tiembla con algo que suena como entusiasmo. —¿Le has preguntado a Paula si vas a ser papá?



¿Disculpa? Creo que solo me atraganté, y después trago, una bola de boliche. Para el momento que siento un cierto par de ojos negros familiares mirándome, mis pulmones se sienten como si se estuvieran expandiendo al límite.



Espera hasta que deslizo mi mirada hacia la suya, su voz apenas audible a través del motor del avión. —¿Lo soy?



Santa mierda….¿Lo estoy?



¿Embarazada?



La mera palabra hace que la bola de boliche en mi estómago pese el doble. ¿Está preocupado de que lo esté? Miro a su cara y…nada. Pura guapura, y eso es todo. No puedo leerlo con esos ojos negros.



—No. —insisto. Todas mis paredes internas levantadas en modo defensa al miedo total de que algo así nos haga establecernos—. Estoy en control de natalidad. Lo he estado por años. Ha estado haciendo que mi periodo desaparezca así que realmente no sé cuando es mi tiempo mas…—pauso cuando Diane eleva una ceja hacia a mí—. No lo estoy —le aseguro a su cara sonriente, deslumbrando ahora.



Trae una botella de agua gasificada, y Pedro la toma de sus manos estiradas.



—No puedo estar. No podría estar.—digo, ahora solo hablándole a él.



—Quiero que alguien te cheque. —abre la botella por mí, me la pasa mientras gira su cabeza al frente del avión—. ¡Diego, quiero que alguien cheque a Paula en este maldito momento!

—En ello, señor. —contesta Diego—. Haré unas cuantas llamadas tan pronto como aterricemos.



—Que sea una mujer, con un perfecto curriculum y experiencia, ¡No alguna novata! —agrega.



—No quiero que nadie me cheque. —protesto.



Parece estar poniéndose extra maniaco, así que paso sus manos por su sedoso cabello para calmarlo. Exhala fuertemente por su nariz, y cuando lo siento comenzarse a calmar, entierro mi nariz en su garganta. No segura porque, pero este es el único lugar donde no me siento enferma o nauseabunda, con mis pulmones llenos de puro Pedro.



—Estarás siendo checada —dice bruscamente en mi cabello, luego pone sus brazos debajo de mí y me jala a su regazo. Casi gimo en gratitud, me siento tan ridículamente segura en sus brazos.



Baja su cabeza para oler mi cuello como si se calmara a sí mismo con mi esencia también, después sus labios errantes hacen un camino hacia mi oreja, donde me habla suavemente y gentilmente, ganando impulso con cada palabra:—Si esos escorpiones te causaron algún daño permanente, juro que voy a matar a ese hijo de puta y clavaré su cabeza ¡a una maldita pica!



—¿Por qué al menos voy y le consigo una prueba de embarazo? —pregunta Diane.



Pedro la evalúa con ojos negros entrecerrados. Y no puedo evitar darme cuenta, con un poco de pánico, que no están destellando para nada, y ciertamente no están riendo.



—No estoy embarazada. No puedo estar.—insisto. ¡Mi brazo lo que sea el control de natalidad no puede fallarme! ¡¿Podría?!

Me mira lentamente, rastrilla su mirada por mi cuerpo, pasando desde la punta de mi cabeza por mi cola de caballo, el incremento de mis pechos debajo de mi confortable blusa azul cielo, mis apretados pantalones de mezclilla rosas, y lentamente hacia arriba, su expresión ilegible.



—¿Qué? ¿Crees que lo estoy? —Pregunto con incredulidad, y antes de que pueda contestar, agrego:—Pedro, un bebe sería muy espeluznante en este momento.



Se burla. —¿Quién está asustado de un bebe?



—Yo estoy. Tu adorable hombre. Yo.



Empuja mi barbilla y sonríe. —A lo mejor lo tomaré si luce como tú.



—¡No tomaras ni una mierda porque no hay nada que tomar! —me observa por unos cuantos latidos del corazón, y juro que luce algo como…



—Luces engreído, verdad.—acuso, difícilmente creyendo lo que estoy viendo.



Eleva una elegante ceja.



—Lo haces. Luces engreído pensando que me embarazaste cuando mi control de natalidad dice que es casi imposible.



Se ríe en esa manera profunda y gutural suya que hace que mi piel reviva y todos los pequeños cabellos en mis brazos se levanten, pero solo para expresar algún tipo de conexión, después me inspecciona con esos adorables ojos negros que ahora están brillando más, pero mucho más con entretenimiento.



—Prefiero que tengas un bebe mío dentro de ti que estés enferma por su veneno. —es medio susurro, medio gruñido.



—Ni uno es el caso. —le aseguro. Y aun, ¿Por qué estoy teniendo un—festival—de—dos—semanas—de—vomito?



Mierda.

¡Jodida Mierda!



Me aplana ligeramente contra la dureza de su pecho y acaricia mi espalda, rápidamente, arriba y abajo, luego me dice calladamente, sus palabras suaves llenas de advertencia:—Voy a meterte en la cama cuando lleguemos al hotel, y no te vas a mover de ahí. No me importa que estés mal. No te estás moviendo de esa cama hasta que alguien te cheque y me diga que vas a estar bien.



—¡Já! De ninguna manera me quedare en la cama todo el día, ni siquiera porque me siento mal. Nunca falté a un día de trabajo en mi vida.





Besa mi oído otra vez en esa manera de novio que está comenzando a gustarme demasiado. —Entonces no has vivido apropiadamente


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ELLOS DUDAN COMO USTEDES JAJA! 
ESTARA? O NO ESTARA?? 

GRACIAS POR LEER!!! ♥♥


6 comentarios:

  1. No podés dejarnos así Jesy, quiero el siguiente y saber si está embarazada o no please!!!!

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  2. como lo dejas ahii !! me haces sufrirr! siguela?

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  3. Siiii estaaaaa! Me encanta!

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  4. Ayyyyyyyyyyyy Jesy nos volviste a dejar con la intriga te gusta hacernos sufrir jajajajaja, muy buen capitulo y yo creo que si esta embarazada, no creo que sea los escorpiones aunque nose jajajaja espero el próximo capitulo gracias =)

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  5. Wow buenisimos los capitulos,me encantaron.

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  6. la duda me la pusiste un par de capitulos atras y ahora volvio asi que nose que pensar , espero el siguiente besos

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