jueves, 30 de enero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 1





Han pasado dos meses, exactamente sesenta y dos días, desde que regresé a él. Mil cuatrocientas ochenta y ocho horas de desearlo, anhelarlo y necesitarlo. Ha sido mucho más que eso ya que miles de mujeres, hombres, y fans de todo el mundo lo vieron caer.



Él está de vuelta. Finalmente. La primera pelea de la nueva temporada del Underground.



Ha estado entrenando como loco. Está más musculoso. Está más marcado que nunca, y sé que esta temporada está listo para tomar lo que es suyo.



La audiencia en el área de pelea en Washington D.C. se compone de alrededor mil personas, y cuando el ganador del encuentro actual es anunciado, la multitud se inquieta.



Todos sabemos que es su momento de ser llamado. Su asistente,Diego, está tenso y alerta a mi lado. Me había dicho que él es la “atracción” —que casi todo el mundo en la arena está aquí por él.



Sé sin duda que yo lo estoy.



El aire está cargado de emoción y perfumado con perfume, cerveza y sudor. Los dos peleadores anteriores están saliendo del ring ahora, uno de ellos asistido por su equipo, y mi corazón late mientras me quedo inmóvil en mi asiento, en la primera fila, en el centro, justo donde mi hombre me quiere. Así que aquí estoy, esperando, mi cuerpo hiperconsciente y mi corazón latiendo su nombre con fuerza. Pedro,Pedro, Pedro…



Los altavoces crujen mientras el anunciador enciende el micrófono, y casi salto fuera de mi propia piel.



—Damas y caballeros, todos recordamos nuestras almas aplastadas —¡nuestros espíritus aplastados!— cuando el favorito del público perdió la final del campeonato el año pasado.



La multitud abuchea al recordar, y mi garganta se bloquea pensando sobre cómo el cuerpo roto de Pedro había sido cargado fuera del ring.



—No tengan miedo, gente. ¡No tengan miedo!



—¡¡¡¡¡¡PEDRO!!!!!! —grita alguien.



—¡Tráiganlo ya! —grita otro.



—Oh, lo haremos. No tengan ninguna duda de ello; lo haremos —dice el anunciador sombríamente, prolongándolo dolorosamente para la multitud—. Después de mucha especulación y muchos rumores, es completamente oficial. ¡El hombre está peleando esta temporada, y no toma prisioneros, gente! Aquí está, damas y caballeros. Aquí. Está. ¡Él! ¿Todos saben de quién estoy hablando?



La multitud ruge: —¡RIP-TIIIIIIIDE!



—¿Quién?



—¡RIP-TIIIIIIIDE!



—¡Una vez más, porque no puedo escucharlos!



—¡RIP-TIIIIIIIDE!



—¡Así es, damas y caballeros! Aquí está nuestro chico malo favorito con esa sonrisa infame y esos puños mortales, listo para tallar R.I.P en cualquiera que se interponga en su camino este año. ¡¡Él, el único, Pedrooooooo Alfonsooo , su RIPTIIIIIDE!!



La emoción salvaje corre a través de mí mientras la multitud se pone de pie y ruge como nunca antes.



—Dios, los fans están sedientos de él —respira Diego.




Y también yo. Dios. También yo.



Al otro lado del ring, las mujeres están agitando sus bragas en el aire. ¡Bragas! Otra levanta un cartel que dice ¡TÓMAME, RIPTIDE!



Mi boca está seca, y mil y una cosas revolotean en mi estómago cuando veo un destello rojo. Y luego, está cerca. Trotando por el pasillo y hacia el ring. Hacia su ring.



Mi cuerpo se anima con sensaciones mientras él pasa a través de la multitud.

Algunos fans han escapado de sus asientos y tratan de agarrarlo, pero él fácilmente hace su camino a través de la muchedumbre, su cara ensombrecida por la capucha de su túnica roja de satín. Pedro. Mi Pedro. El hombre que amo con cada onza de mí.



—¡Riptide, tú pones el sexo en SEXY!



—¡Pedro, quiero que me embaraces!



Él sube al ring con un salto fluido, y luego se quita la túnica de RIPTIDE, lentamente, sin prisa. Cientos de gritos femeninos hacen eco en mis oídos mientras él va a su esquina para darle la túnica a Ruben, su segundo entrenador.



Ruben palmea su espalada musculosa con una sonrisa y le dice algo. Pedro lanza su cabeza hacia atrás como si estuviera riendo y luego vuelve al centro del ring, extiende sus largos y marcados brazos, y comienza a dar su lenta y arrogante vuelta de sé-que-todas-me-quieren-follar.



Estoy muriendo.



Nunca, jamás, me acostumbraría verlo en ese ring. Mi corazón golpea ruidosamente entusiasmado dentro de mi caja torácica mientras todas mis entrañas pulsan con necesidad, y mi pecho se siente como un globo a punto de explotar de la emoción. Duro, delgado y perfecto, es peligroso, hermoso, y todo mío.



Mis ojos absorben cada centímetro de lo que cada mujer aquí están babeando, y desesperanzada dejo que mi mirada recorra de arriba a abajo su perfecta forma atlética. Mis ojos acarician amorosamente su bronceado y besan la tinta sobre sus bíceps. Admiro su torso y sus largas y fuertes piernas, sus brazos esculpidos, su estrecha cintura y hombros anchos. Cada músculo en su cuerpo perfecto está tan definido que sabrías exactamente dónde una estructura termina y dónde comienza la siguiente si trazas con tus dedos su magnífica forma.



Y mientras se vuelve aún más, veo los abdominales con ocho cuadros —¡ocho! Sí, es imposible, pero él los tiene… y su rostro. Oh Dios, no puedo soportarlo.



La mandíbula desaliñada. Los ojos mieles brillantes. La sonrisa sexy. Los hoyuelos. Tiene una sonrisa en su rostro; su expresión, una que te dice que tiene demasiados problemas planeados para la noche y no te los quieres perder, es juguetón y juvenil.



Un jadeo colectivo se extiende en las filas detrás de mí mientras se vuelve hacia nosotros.



Las mariposas en mi estómago estallan cuando esos ojos mieles danzantes exploran la multitud, silenciosamente riéndose de nosotros. ¡Claramente está divirtiéndose de nuestra obsesión sobre todo lo que es Pedro Alfonso!



A mi lado, una rubia de mediana edad con demasiado Botox salta de arriba hacia abajo y grita como una lunática—: ¡Pedro! ¡Dame una probada de ese Riptide!




El impulso de arrastrar del pelo a la mujer se apodera de mí, pero al mismo tiempo, sé que no puedes mirarlo sin disolverte en una piscina de lujuria. Él es un semental. Fue hecho para aparearse. Para procrear. Y lo deseo como a mi próximo aliento. Lo deseo más de lo que cualquiera de estas mujeres gritonas lo desean. Quiero cada parte fragmentada de él. Quiero su cuerpo. Su mente. Su corazón. Su hermosa alma.



Él dice que es mío, pero sé que hay una parte de Pedro Alfonso que nadie podrá tener.



Yo soy suya, pero él es indomable e invencible. Él único que puede derrotar a Pedro Alfonso es él mismo. Está allí, siempre esquivo y misterioso, una caja negra de misterio sin final. Y quiero perderme en él, incluso si no regreso como yo misma.



Diego me da un codazo en las costillas y susurra en mi oído—: Dios, es injusto que él consiga toda la atención y esto —señala hacia su cuerpo flaco— no consigue nada.



Sonrío. Con su cabello rizado y ojos marrones, Diego siempre está vestido con su traje negro y corbata. No sólo es el asistente personal de Pedro, también es como su hermano mayor y uno de mis amigos más cercanos.



—Le gustas a Delfina tal como eres —bromeo sobre mi hermana.



Él sonríe con eso y mueve las cejas mientras asiente fijamente hacia el ring, donde Pedro termina su vuelta y está casi completamente frente a mí.



Mis terminaciones nerviosas se revuelven y hormiguean de emoción mientras sus brillantes ojos mieles se deslizan a lo largo de mi fila, donde sabe que estaré. Juro que cada parte de mí se estremece en anticipación, esperando a que esos ojos me encuentren.



Y lo hacen.



Me electriza. Corrientes invisibles saltan entre nosotros. Su sonrisa arde a través de mí, y de pronto, el interior de mi pecho, donde mi corazón late, se siente como una antorcha ardiente que él acaba de encender.



Sus ojos me sostienen con el calor de su amor, y puedo ver su silenciosa alegría esta noche, su posesividad, la mirada territorial que le dice a todos en este lugar que Yo. Soy. Suya.



Y luego me señala.



Mi corazón se detiene.



Parece que los ojos de todos siguen al dedo apuntando en mi dirección, dirigido directamente hacia mi pecho, donde mi corazón se acelera por él, su ardiente mirada miel claramente diciendo—: Esto es para ella.



Un rugido encantado de la multitud explota a mi alrededor. Me golpea como adrenalina, como un trago de tequila que vuela directamente a tu cabeza, la manera en que sus fans lo aman. La manera en que él los ama. La manera en que me ama a mí.



Estoy asombrada por la forma en que el público reacciona ante él y por la forma en que está allí de pie, con sus hoyuelos, absorbiendo toda la energía en la habitación y canalizándola hacia “Riptide”.



¡Dios, lo amo, y no quiero que se olvide de ello!



Abrumada por el impulso, le envío un beso.



Él lo toma y lo coloca sobre su boca.



La gente se pone cada vez más escandalosa. Pedro me señala, riendo, y yo estoy riendo también. Mis ojos arden un poco porque soy tan feliz que simplemente no puedo caber dentro de mi piel. Soy feliz de que él es feliz, y de que está donde debe estar.



Esta es su temporada. Este año, nada va a detener a Pedro Alfonso de ser el campeón de la Liga Underground. Nada. Él hará lo que sea, porque es un hombre motivado, poderoso y apasionado, y no importa si estoy asustada, preocupada, emocionada, o todas las anteriores, lo apoyaré.



—Y ahora, damas y caballeros, podemos tener una ronda de aplausos para recibir a un novato en el Underground, desde el Club de la Pelea, el famoso, temido, y mortal Grant Gonzalez, “¡Goooodzillaaaaa!”.



Mientras su oponente es anunciado, Pedro rodea el ring inquieto como una pantera hasta que una enorme masa de plata sale por el segundo pasillo. Pedro flexiona los dedos a los lados mientras observa al hombre llegar al ring. Esta noche, todos usan las manos con cinta adhesiva con los nudillos expuestos, al igual que los hombres solían pelear en los viejos tiempos.



El nuevo peleador está casi fuera de su túnica cuando el público comienza a rechazarlo. —¡Booooooo! ¡Booooo!



—Ese tipo ha matado a un par de personas peleando —me dice Diego en voz baja—. Es un sucio y malvado hijo de puta.



—¿No me digas que personas han muerto en estos eventos? —pregunto en horror, sintiendo un temblor inquietante en mi estómago. Diego rueda sus ojos.



—Paula, estas son peleas sin censura. Por supuesto que esa mierda sucede.



La idea de Pedro peleando con asesinos catapulta mis miedos usuales previos a la pelea hacia un nivel completamente nuevo. Miedos que había reprimido mientras mi hombre se bebía la adoración de la audiencia. Miedos que ahora me agarran por la barriga y me aprietan como un puño.



—Diego, la muerte es más que ‘mierda’ que sucede.



Pedro golpea sus puños con los de su oponente y la multitud se queda quieta. Mis entrañas se quedan completamente inmóviles. Estoy locamente, casi ansiosamente, midiendo al chico nuevo, como si pudiera conseguir algún conocimiento sólo por su aspecto. La piel blanca del joven está brillante con algo que parece grasa. ¿Se les permite estar resbaladizos cuando pelean? Tiene cabello largo atado en una cola de caballo y músculos carnosos como casi todos los peleadores que he visto. Nadie es tan esbelto y hermoso como Pedro. Apuesto a que nadie cuida de su cuerpo y entrena con la misma dedicación como él lo hace.



Cuando la campana suena, creo que no estoy respirando.



Se acercan el uno al otro. Pedro espera a que el otro hombre se mueva, guardando perfectamente su guardia, cada uno de sus músculos poderosos relajados así pueden rápidamente embestir. Finalmente, Godzilla lanza un golpe. Pedro se agacha y embiste un costado de su cuerpo y —increíblemente— derriba al enorme monstruo con un estrépito.



Jadeo con completa incredulidad cuando el árbitro comienza el conteo.



Una sonrisa privada se curva en los labios de Pedro mientras mira a la figura inmóvil y prácticamente lo reta a moverse.



No lo hace.

Un rugido se rompe a través de la multitud.




Diego salta y sube su puño en el aire. —¡Sí! ¡Eso es! ¡Quién es el hombre! Quién. Es. ¡El Hombre!



—¡UN GOLPE, damas y caballeros! —la voz grita a través de los altavoces—. ¡Un maldito golpe! ¡Está de vuelta! ¡¡¡ÉL ESTÁ DE VUELTA!!! Hombre y mujeres, chicas y malditos chicos, les doy esta noche, a su único Riiiptide!!! ¡¡RIPtiiiiide!!



El maestro de ceremonias levanta el brazo de Pedro por su victoria.



Y a pesar de que toda la arena grita su nombre, sus ojos mieles danzantes inmediatamente vienen a mí, y todo mi cuerpo comienza a arder en cada lugar.



Dios. Es un maldito dios del sexo. Y me excita malditamente.



—¡Riptide, por favor, oh, por favor déjame tocarte! —Una mujer gritando corre hasta el borde del ring, estirando la mano hacia él a través de las cuerdas del ring.



Pedro parece sentir pena de ella y se apodera de su mano. Roza sus labios sobre sus nudillos, y ella comienza a gritar histéricamente. Me río, pero luego la serpiente de la envidia se enrolla alrededor de mi estómago. Él me mira cuando la suelta, y luego, en esa manera ágil en que se mueve que me recuerda a los grandes felinos mortales, se baja del ring.



Quietud completa se asienta sobre la arena hasta que todo lo que puedo escuchar es mis latidos.



Pedro… Pedro…Pedro…



Camina hacia mí, la sonrisa en su cara diciéndome que piensa que él es todo.



—Estás celosa —dice con esa voz profunda que hace que se te curven los dedos del pie.



—Un poco —digo, riéndome de mí misma.



Él no se ríe, pero sonríe una sonrisa que brilla en sus ojos mieles mientras desliza sus dedos por un lado de mi garganta, luego siento la yema de su dedo deslizarse suavemente a través de la carne de mi labio inferior. Las mariposas en mi estómago se despiertan. Sus ojos están entrecerrados mientras observa mi boca.

Lo hace suavemente, de esquina a esquina, y luego, porque parece pensar que posee esta boca, se abalanza sobre ella y la toma.

Sus labios me encienden. Mi estómago gira cuando obliga a que mis labios se abran, y cuando su lengua entra, caliente, húmeda y poderosa, para tomar una rápida y embriagadora probada de mí, retengo un gemido.



—No lo estés —me dice rudamente mientras mira a mi boca besada y aprecia su trabajo por un momento. Presiona sus labios en mi frente por una fracción de segundo, y luego se dirige de vuelta al ring de esa manera elegante en que camina, relajado y casi despreocupado.



Detrás de mí, escucho voces jadeantes.



—Mierda, quiero hacer eso diez veces hasta el domingo.



—¡Oh mi maldito dios, él estuvo justo aquí!



Me lamo los labios, y aún puedo probarlo, lo que hace que mis pezones se endurezcan y que mi sexo se apriete con completa posesión de él.



Mientras su siguiente oponente es llamado a pelear, Pedro flexiona los músculos de sus brazos, hasta las puntas de sus dedos. Su sonrisa llega hasta mí desde el ring, y muy claramente, sus dos hoyuelos me dicen lo mucho que disfruta dejarme en un charco de amor y deseo. El diablo.



Un peleador que recuerdo del año pasado, Parker Drake, “El Terror” se pone de pie en el ring para encararlo. Y la campana suena.



Ting.



La multitud se calla cuando comienza la pelea, y ambos hombres comienzan a balancearse y golpear. Los golpes de Pedro son poderosos, y puedes escuchar el sonido de sus puños aterrizando, profundo, fuerte y rápido como un rayo. ¡Poom poom poom!





Retorciéndome en mi asiento, miro y escucho, alternando entre la emoción y la preocupación, cuando Parker se estrella contra el suelo. Me levanto rápidamente y grito “¡Riptide!” a coro con la demás gente, sabiendo que esta es la primera vez de muchas que estaré aquí viendo a Pedro reclamando todo, cada cosa, que entregó por mí.


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HOLA HOLA TANTO TIEMPO JAJA!! 
LES DEJO EL PROLOGO Y EL PRIMER CAPITULO DE LA SEGUNDA TEMPORADA DE ERES MÍA!! ESPERO QUE SE COPEN!!



GRACIAS POR LEER Y POR TODOS LOS COMENTARIOS HERMOSOS QUE RECIBÍ AYER Y HOY!
GRACIAS!! ♥


2 comentarios: