jueves, 13 de febrero de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 11
El médico ha ido y venido, y todavía hemos estado esperando por más de media hora, con el resto de los escorpiones dentro de un recipiente asegurado, mirándome desde la cocina.
Me dijeron que tomara Tylenol y Benadryl, que utilizara compresas frías, y que llamara si empeoraba, en cuyo caso procurarían darme un antídoto.
Ahora el Tylenol y Benadryl han comenzado a hacer efecto y estoy un poco mejor. Pero por si las dudas, tengo un bote de basura al lado del sofá de la sala, en caso de que tenga que vomitar de nuevo.
He vomitado la mitad de mi peso corporal, o así se siente. Diane está poniendo hielo en mí para que las picaduras no se inflamen, sin embargo me siento abrumada. Gracias al Benadryl estoy atontada, aunque al menos la hinchazón de la lengua se ha reducido un poco.
—Te dije que ese hombre tiene el botón rojo más grande de autodestrucción que he visto en mi vida —dice Diane con cuidado, mientras presiona una compresa fría en mi brazo.
Ella me recuerda a mi madre, y por el segundo más breve, estoy tan nostálgica que me dan ganas de llorar. Pero el hogar por el que realmente quiero llorar, es por el hombre escaleras abajo, que está listo para matar al psicópata que me hizo esto.
—Por favor, no dejes que incluso ponga los ojos en Scorpion —digo miserablemente—. Si estropeo las cosas para él nuevamente...
—Tú no lo estás arruinando, Paula. —Diane me asegura—. Tú lo amas. Eres la única mujer que lo ha amado y la única persona que lo ha amado y aceptado tal cual es. A él no le dieron amor mientras creció. Fue rechazado y desechado. ¿Qué tan duro crees que te defenderá?
Mis ojos se nublaron, y mi voz se quebró.
—Quiero defenderlo también y no puedo si quiera permanecer de pie —le digo, sintiéndome de pronto triste y débil.
Para el momento en que los chicos vuelven, ha pasado casi una hora, y todas mis terminaciones nerviosas han sido corroídas por la ansiedad.
Estoy acostada de lado en el sofá con los ojos cerrados, borracha por el Benadryl, cuando oigo voces apagadas en la puerta.
—… Sostén la puerta…
Muere mi corazón. Juro que muere. Porque simplemente no hay otra razón para sostener la puerta, excepto si sus brazos están ocupados sosteniendo algo.
Algo grande, temerario y hermoso.
Contengo la respiración mientras Diane va a ayudar con la puerta, y luego los veo. No a ellos —él—. Pedro.
Diego y Ruben están gruñendo y resoplando mientras lo jalan dentro, con los pies arrastrándose por el suelo, y la cabeza inclinada hacia abajo. Su pelo es todo lo que puedo ver, y la ira y el proteccionismo que de repente experimento son tan abrumadores, que la única razón por la que no voy a golpear a esos dos es porque todavía no siento uno de mis pies.
—Ustedes, idiotas —lloro.
Ellos se miran el uno al otro y no dicen nada, cuando de repente e inesperadamente, oigo su voz, arrastrando las palabras y todavía de alguna manera decidido.
—Necesito ver a Paula.
—Espera, amigo —dice Diego sin aliento mientras se dirigen a la habitación principal.
—La necesito. —Pedro repite en voz baja, casi incomprensiblemente.
Diane se apresura para ayudarme a ponerme de pie y seguirlos. Lo juro, mi corazón se siente como un Kleenex en mi pecho, uno que ha sido usado y está hecho bolita. ¡Odio cuando le disparan ese maldito sedante en la garganta!
Manteniendo su brazo alrededor de mí, Diane me ayuda a cojear todo el camino hasta el dormitorio principal, y nos encontramos con los chicos tirando de la ropa de Pedro, hasta dejarlo en sus bóxers gris. Entonces ellos forcejean para conseguir que se meta a la cama.
—Llévalo del otro lado —dice Diego, y Ruben lo jala hasta el otro extremo de la cama.
—Pedro, ¿qué diablos vamos a hacer contigo? ¿Eh, amigo? —Diego lo regaña mientras lo pone en la cama y lo limpia.
—Paula. —Pedro gruñe enfadado.
—¡Ya está llegando, amigo! —Diego dice con una sonrisa.
Ellos luchan por acomodarlo en la cama, para que así pudiese verme. Dejan caer una almohada detrás de su cabeza y veo sus ojos a medio abrir. Se fijan en mí, mientras Diane me ayuda a llegar a la cama, y son totalmente negros, y casi frenéticos cuando me ve. Todavía me maravillo de lo rápido que pueden cambiar esos hermosos ojos suyos. Como su cuerpo puede completamente hacer ésta transformación en cuestión de minutos. Sus grandes manos están quietas a sus costados, pero sus dedos se sacuden como si quisiera tocarme, y de repente todos los dedos de mis manos duelen por el mismo impulso de tocarlo y consolarlo a él.
—¿Estás bien? —dice ásperamente, con la mirada tormentosa, oscura y con frustración vívida.
También podía sentir su frustración. Él buscaba ir a defenderme, y ellos lo detuvieron. Puedo sentir su furia girando a nuestro alrededor, mientras trepo a la cama a su lado y nos cubro hasta la cintura.
—Mejor que bien —le digo suavemente mientras pongo mis brazos alrededor de sus duros hombros y acaricio la parte superior de su cabeza.
Siento la tensión fácilmente provenir de su cuerpo hasta que cierra los ojos y se hunde repentinamente. Hundo mi cara en su cabello, llevando desesperadamente su aroma a mis pulmones y lo sostengo firmemente mientras su peso se reacomoda a mí lado, cambiando de manera que su cabeza queda apoyada en mis pechos.
—Te amo mucho —le siseo en su oído—. Despierta pronto, ¿de acuerdo? Te tengo ahora.
—Ésta va a ser una temporada difícil —oigo decir a Diego.
Asiento con la cabeza concordando, pero no puedo quitar mis ojos de él, de sus hermosas pestañas descansando sobre sus mejillas, y sus labios entreabiertos. Deslizó mis dedos sobre su juvenil rostro y su sexy mandíbula desaliñada.
Ruben dice: —Déjame ir a recoger a Lupe del gimnasio y decirle que nuestro hombre no vendrá.
Diego me mira mientras poco a poco comienzo a frotar el cuero cabelludo de Pedro, entonces él me trae un poco de agua y otra bolsa de hielo y los pone en la mesa de noche, mientras que Diane me dice que va a limpiar la sala.
—¿Cómo estás? —Diego me pregunta.
Asiento con la cabeza. —Mejor con la combinación de pastillas —le susurro. Luego agrego—: Siento haberlos llamado idiotas.
—Siento que tuviéramos que hacerlo… pero él estaba allí. El hijo de puta. —Él aplastó sus labios y formó una línea recta enojado, para después seguir mirándome de manera extraña.
—Tú eres la única cosa que lo calma, Paula, pero también eres completamente su máximo detonante. —Diego suspira y mira por la ventana hacia el pequeño jardín desértico que se encuentra fuera de nuestra habitación—. Y Scorpion sabe que hay algo en ti que hace que Pedro se pierda. Él va a continuar provocándolo. Tratará de joderle la cabeza e intentará sacar poco a poco el lado bestial de Pedro.
—No podemos, Diego, no podemos dejar que nadie joda su cabeza —le beso la frente a Pedro, enviando todo mi amor a su bello cerebro y en silencio prometiéndole: No dejaré que nadie te joda.
—Pedro es tan fuerte en éstos momentos, como nunca lo había sido —dice Diego—. Pero tú eres su gran debilidad. Él perdió por ti, lo hizo por ti. Mataría por ti. Medicaría su culo lejos por ti.
Me secó las lágrimas y muevo la cabeza de Pedro, que está profundamente entre mis pechos.
—Diego, por favor no lo sedes nunca más. Tenemos que encontrar otra manera.
—Hombre, él es tan fuerte como media docena de hombres juntos. ¿Cómo sugieres que alguien siquiera lo detenga? Déjame decirte algo, si los organizadores del Underground deciden que la pelea final termine hasta que uno se rinda... —Sacude la cabeza y se pone rígido.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué significa eso de que hasta que uno se rinda?
Me mira tristemente, y luego suspira. —Nada. Pero Pedro tiene un anhelo por Scorpion. Es un hombre noble, pero no le tendrá piedad a ese imbécil, y si él tiene la oportunidad de matarlo en el ring… déjame decirte ahora mismo, lo hará. —Él camina hacia la puerta—. Ahora, iré a encontrarnos otro hotel.
Asiento con la cabeza y le susurró: —Gracias —antes de volverme a mi gran león.
—Vamos a acomodarte —le digo a Pedro. Me quito la ropa con manos temblorosas y un poco de torpeza, luego deslizo su ropa interior porque sé que siempre está desnudo en la cama. Entonces vuelvo a tomar su cabeza y la apoyo sobre mis pechos, nuevamente acariciando su cabello. Beso su sien—. Te tengo ahora —su respiración es lenta y uniforme. Sus dedos se mueven a su lado, entonces agarro su mano y la coloco alrededor de mi cintura—. ¿Te gusta sostenerme de ésta manera? —le pregunto suavemente, sin esperar una respuesta realmente. Me acurruco y enrosco mis brazos alrededor de sus hombros, imaginando el día que lo dejé en el hospital.
Negro y confuso, maníaco, y desesperado por decirme algo.
Y yo tenía demasiado miedo, como para quedarme…
Mis ojos se nublan de nuevo, y de repente, no sólo las picaduras duelen, si no todo mi cuerpo duele por dentro.
Tragando el nudo en mi garganta, aprieto mi agarre y entierro la cara en su cabello, lo besó con fiereza varias veces, en cualquier lugar que pueda. Su respiración es lenta y uniforme, pero la mía todavía está enganchada sobre lo sucedido. Todo lo que sé es que deja de doler cuando lo miro, cuando lo huelo, y cuando lo toco.
Así que recorro mis manos alrededor de los duros músculos de sus hombros desnudos y luego me inclino para besar la parte superior de su oreja, y luego la parte suave y cálida. Huele como a él, seduciéndome. Agacho la cabeza para oler su cuello mientras recorro mis dedos por su espalda, y la cuadricula de sus abdominales, entonces mis labios zumban por rozar su mandíbula.
Él murmura algo ininteligible, y los tics en sus dedos continúan. Sostengo su mandíbula entre mis manos y coloco un suave beso en sus labios.
—Gracias por defenderme, pero no voy a dejar que arruines tus sueños por mí nunca más —le digo.
Paso los dedos sobre su pecho musculoso, sus largos brazos, por su grueso cuello, donde me inclino para besar lentamente el punto donde su pulso se mantiene constante. Él hace otro ruido, y me pregunto lo que piensa. ¿Puede escucharme? Creo que lo hace.
Agarro su iPod y mis auriculares para que podamos compartir, y busco la canción que he querido escuchar con él. Pongo un auricular en su oído y otro en el mío, y le toco "Stay With You" de los Goo Goo Dolls. Tomo una de sus manos entre las mías y le beso los nudillos, acariciando su cabellos mientras escuchamos. La canción me hace olvidar cada parte donde tengo una picadura, que duele como si todavía tuviese los aguijones en mi interior. Lo sostengo mientras escuchamos. Mi luchador. Él lucha contra todo, incluso contra él mismo, pero me encanta que nunca haya peleado contra su amor por mí.
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GRACIAS POR LEER!! =)
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Qué buen cap Jesy!!!! Me encantó!!!!
ResponderEliminarBuenisimo el capitulo!!!
ResponderEliminarque lindo edro al rescate jaja besos espero el siguiente
ResponderEliminarEs increíble la conexión q tienen! Muy buen cap!
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