miércoles, 19 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 17



Estamos en la Ciudad del Pecado, y sus ojos volvieron a ser del miel penetrante de siempre.



Se despertó completamente miel después de enterarse que nos esperaban. Nos. Esperaban. No dormimos esa noche. Pedro estaba duro, y saliéndose con la suya conmigo, toda la noche. Me folló, me chupó, me hizo chuparlo, me acarició con sus dedos, puso su mano sobre la mía así yo lo acariciaba a él mientras me tocaba.



Al día siguiente, ambos estábamos bien follados y sin dormir cuando terminamos con el médico que quitó mi cápsula anticonceptiva. El hombre amable me recordó que después de cinco años, cualquier “cosa de la sección” necesitaba cambiarse.



La mía iba por los cinco años y medio, vergonzosamente, y admito que me sentí completamente estúpida por haberme olvidado por completo de contar, sobre todo cuando me aseguré que Pedro estuviera en control de natalidad.



Pero luego atrapé un destello de sus centelleantes, y presumidos, ojos mieles, mientras que en silencio se burlaba de mí que lo hice a propósito.



—Bueno, podrías haber usado un condón —susurré con el ceño fruncido.



—¿Contigo? —se burló. Luego me dio un toque en mis costillas—. Eres mía.



—Tu control de natalidad no funcionó por un tiempo, y al cuerpo le toma un tiempo incrementar su producción hormonal, sin embargo pareces estar bien —había dicho el doctor, y luego nos dijo la fecha de parto. La cual por suerte sería dos meses después de que terminara la temporada.



Juro que Pedro se veía tan adorable en el consultorio del doctor, fuerte y atlético en su ropa deportiva, sentado en una silla junto a la mía, escuchando con atención lo que el médico decía. Muchos términos podrían haber estado en chino para nosotros dos. Pero él se veía curioso y preocupado de que fuera capaz de correr. Y ¿cuánto debería comer? ¿Cuántos gramos de proteína? ¿Cuántos carbohidratos? El medico parecía confundido ante su necesidad por el conteo específico de gramos, y yo quería besar a mi chico por ir a la cita conmigo.



Mentira. No quería solo besarlo. Quería presionar mi pecho contra el suyo hasta que mis pezones dejaran de doler, y quería combinar mi boca con la suya y montarlo ida y vuelta hasta Australia.



Si la locura de Pedro despertó con mi embarazo, no voy a empezar a describir lo que la combinación de sus carnales ojos mieles y mis alborotadas hormonas me hacen. Ahora está decidido a que huela la comida que no me hace vomitar así puedo empezar a comer por dos. Me preocupa que me engorde hasta el tamaño de un elefante, por lo que si quiere que coma, prefiero comer comidas frescas y abundantes que comida basura. Y aquí estamos, Diane y yo, paseando por Whole Foods en Las Vegas Boulevard.



Fuera de la tienda, hay carteles de juegos, mujeres, y alcohol. ¡Esto es Las Vegas, bebé! Pero ninguno de nosotros está haciendo algo que necesite ‘permanecer aquí’. Pedro está entrenando en el gimnasio, y el entrenador en realidad aumentó sus horas de entrenamiento.



Está preparando más músculos y desgarrándose más, y el equipo completo está de acuerdo en que Scorpion no se merece nada más que la mejor temporada final de Riptide. Entonces mi bestia ha estado entrenando nueve horas mientras yo disfruto de un poco de sueño extra en las mañanas y luego me uno a él en el gimnasio antes de que haya terminado. Está comiendo proteínas como loco, y el entrenador le da batidos con L—glutamina para preservar la masa muscular, entonces ahora también ayudo a Diane a elegir la mejor comida para su cuerpo y mente.



Diego dice que si Scorpion quiere joder con su mente de nuevo, debemos asegurarnos que Pedro duerma bien, se ejercite bien, y coma bien —así está lo más estable posible. Muy especialmente necesita gran cantidad de grasas con omega—3.



Hoy, conseguimos tanta comida para mi que Diane y yo necesitamos dos carritos. Nos quedamos en los límites de las tiendas, comprando frutas, vegetales, los mejores quesos, chocolate, granos y frutos secos. Luego nos dirigimos hacia el área de proteínas y ordenamos salmón fresco de Alaska, rey entre los peces y tan libre de toxinas como los peces, espero conseguir.



Mientras esperamos que varios kilos de pescado sean empacados, inspecciono una de las encantadoras cabezas de broccoli que pusimos en uno de nuestros carritos. Solía llamarlos “pequeños árboles” y Melanie los llamaba “cosas verdes”, que era como llamaba a cualquier cosa verde —la única razón por la que comía vegetales era por el color. Mel ama el color.



—Mi abuela me enseñó todo lo que sé sobre la comida. Curó la depresión de mi abuelo con una dieta —me dice Diane.



Pedimos unos camarones silvestres también y cualquier otra cosa que parezca salvaje y fresca, y el tipo del mostrador empaqueta todo.



—Tuve depresión una vez —le digo de repente, mi mirada en el ojo de pez muerto—. No es algo divertido.



—¿Tu? Paula, nunca podría haberlo sabido mirándote. ¿Pasó algo que lo produjo?

—Supongo que mi vida cambió antes de que estuviera preparada.

Me encojo de hombros y le sonrío tristemente—. No podía creer las cosas que pasaban por mi mente esos días —admito—. Todo parecía tan inútil. Tan sombrío. Es difícil pensar que alguien pueda salir de eso.



—¿Cómo lo lograste tú? —presiona.



—No lo sé, creo que una pequeña parte de mí se dio cuenta que no era mi cerebro. Era otro órgano, como nuestros riñones o hígado.



Está perfectamente seria, asintiendo en entendimiento, así que agrego, aunque suena loco—: Mi cerebro quería que muriera, pero de alguna forma surreal, podía sentir a mi alma luchando.
A veces no puedo dejar de pensar y comparar: Mientras que yo estuve deprimida una vez en mi vida, por casi dos meses, Pedro pasa por eso continuamente, dando vueltas una y otra vez, subiendo y bajando. Cualquiera que pase por esto es un guerrero. También lo son los que son amados, los que pelean con ellos. Lo juro, el alma de Pedro es fuerte… sé que cuando se hunde en el oscuro vórtice, es su alma la que conquista. Toda esa energía latente dentro de él es demasiado poderosa como para no levantarse de nuevo. Como a… contracorriente.



—¿Cómo se sintió eso? —susurra Diane mientras el hombre finalmente empaca varias bolsas de hielo.



—¿Sabes cómo obtener cualquier estímulo visual o audible, o cuando tocas algo, el cerebro dicta una respuesta a estos estímulos sensoriales? —le digo—. Te veo y mi cerebro inmediatamente me envía una respuesta cuando te veo, la cual en mi es consuelo y alegría. Pero en mi depresión, veo las cosas, las cosas normales, y la respuesta que mi cerebro arroja no concuerda. Era loco.


—¡Suena loco! —coincide.


Sonrío y tomamos el hielo que el hombre ofrece, decimos gracias, y empujamos nuestros carritos por la línea hacia los fiambres y quesos. Agrego—: La forma en que lo veo es como si nuestro cerebro fuera el médico, y las glándulas suprarrenales son las farmacias que llenan las recetas. Puedes ver un comercial con niños riendo, y una mente desequilibrada rápidamente recetará ansiedad y lágrimas por los niños riendo. Incluso si lógicamente no tiene sentido—no importa. Esa es la receta que a tu cuerpo le dieron.



—Realmente lo siento,Paula. Nunca pensé realmente lo que eso debía ser.



Agregamos queso de cabra orgánico a nuestros carritos, leche de coco, leche de almendras y leche entera.



—Me dieron pastillas, pero lo volvieron bastante peor. La única cosa que me sacó de eso fue mi familia y Melanie, ejercicio y sol.



—Sé que nuestro chico lo tiene varias veces al año —susurra Diane mientras inspecciona la marca de un contenedor orgánico de yogur griego—. Sabía que pasaba algo con él; solo no sabía el diagnostico hasta que los chicos me dijeron la última vez que fue hospitalizado.



De repente soy transportada, una vez más, al hospital, a Pedro intentando decirme algo, y yo corriendo… y luego él, intentando tratando de lidiar, con un millar de mujeres en la cama.



Juro que duele profundo, tan profundo, justo donde está mi alma.

Antes de saberlo, envolví mi mano alrededor de mi abdomen, como si pudiera sentirlo allí. En mí. En nuestro bebé.



—Es un luchador increíble—me dice Diane con admiración, con los ojos brillando con alabanza—. Todo el esfuerzo que puso en ponerse bien. Tienes que haber notado que Pedro nunca come algo que no está completamente bien para su cuerpo. Nunca jamás.



Mi estómago ruge cuando recuerdo su montaña saludable de desayuno y lo compare con el agua mineral y las galletas que tuve. Pero parece que no puedo poner nada en mi estómago en las mañana, ni siquiera mis deliciosos dátiles orgánicos sin semillas. Pero por supuesto que noté lo bien que come Pedro. Come la comida más limpia, y mantiene su cuerpo en el mejor estado natural posible. Amo esto. Amo como es, y como trata su cuerpo amablemente con comida después de exigir lo máximo de él durante horas y horas de cada día.



Y entonces miro a Diane, y realmente la veo, veo lo bien que lo comprende, esta mujer casi en sus cuarenta, con su gran sonrisa y amables ojos, y el aura de confort que emana, y todo el calor que infunde en cada una de las suites del hotel, y sé lo bien que cuida de él, y sé cómo podría bien ser la cosa más cercana a una madre que Pedro tuvo.



Impulsivamente, suelto mi carrito y la abrazo, susurrando—: Gracias. Por cuidarlo, Diane.



—¡Oh, bah! ¿Cómo no podría, cuando él me ha cuidado tan bien? Si crees que lo he cuidado bien, no puedo decir suficiente sobre todas las cosas que hizo por nosotros, en cualquier momento que escucha que necesitamos algo. Incluso fue al funeral de mi madre.



Se detiene ante mi mirada sorprendida, y mientras caminamos hacia la cajera y comenzamos a descargar, agrega—: Ni siquiera tuvo una madre, no una de verdad, pero sabía que me preocupaba por la mía, voló por tres estados al funeral por mí. No dijo una palabra —solo me abrazó al final— pero que simplemente haya estado allí…



Su voz se rompe inesperada, y entiendo lo que significa para ella la muestra de afecto silenciosa de Pedro que hace que mi garganta se sienta apretada.



—Estamos muy emocionados por el bebé — deja escapar, cambiando de tema—. Todos nosotros. Diego. Ruben. El entrenador. Estamos muy emocionados por este pequeño bebé. Creemos que es el universo devolviéndole algo bueno y puro a Pedro, realmente lo creemos.



Rodea mi carrito como si quisiera tener contacto con el bebé de alguna manera, y luego duda antes de tocarme. Me estiro por su mano y lentamente la apoyo sobre mi estómago.



Le susurro—: Nunca supe cuánto quería a este bebé hasta que supe que venía.



Sus cejas se levantan en completa intriga. —¿Él?



Tengo esta sensación en mi estómago. No sé si es el sexto sentido se supone que tienen las mujeres. Si se trata de la forma en que instintivamente imagino un poco de Pedro cuando pienso en este bebé. No sé por qué, o cómo creo que lo sé, pero se siente tan cierto para mí, tan cierto como que estoy ahora mismo enamorada de su padre, que asiento con entusiasmo. —Él.



* * *



Las Vegas está completamente atrapado por Riptide. Jóvenes estudiantes se apiñan en la arena, ¿y las chicas? Las chicas son el grupo más ruidosos, más saltarín de jóvenes que me he encontrado. Están tan enamorada de él que todos mis celos, los cuales me di cuenta que se magnificaron a la enésima potencia por mi embarazo, se liberó completamente en mí. Las chicas gritan, e incluso las escucho hablar de él detrás de mí, hablando de lo grande que son su manos y lo que eso significa.

Diego también parece oír eso, y se ríe entre dientes a mi lado y sacude su cabeza.



Al otro lado del ring y a la izquierda, un grupo de amigos usan camisas rojas con cada una de sus letras estampadas en ellas, y están practicando levantarse al mismo tiempo, así todos pueden ver que deletrean ¡R I P T I D E! Incluso hay un signo de exclamación para el pobre amigo que no consiguió una letra.



Para el momento en que su pelea se acerca, ya observé a cada una de estas mujeres con mi mandíbula apretada, y luego, de repente, las amo porque lo aman a él también y él se merece esa adoración.

¿Qué quiero? ¿Qué animen a un idiota como Scorpion? ¡Diablos, no! Toma ya. Creo que he superado mis celos perfectamente por la noche.



De hecho, lo logré tan bien que me siento tan saltarina como los fans cuando lo anuncian. —¡¡Riiiiiptiiiiiiide!! —grita el anunciador, con el entusiasmo que, juro, todos los anunciadores que he escuchado guardan para él—. ¡¡El único e inigualable, gente!! ¡El ÚNICO e INIGUALABLE!



Aparece como un hermoso rayo de luz rojo y entonces salta dentro del ring. El hombre es fuerte como un toro, pero aerodinámico como el infierno, y mientras se quita el albornoz y lo veo volar por el aire cuando se lo arroja a Ruben, casi lo puedo sentir en mi cuerpo. El raso sobre mí, cómo amo la forma en que me envuelve, y la forma en que huele a él.



—¡Y ahora, Joey “la Araña“ HUMANA! ¡Que ha aterrorizado a sus oponentes en esta noche!



Antes que la Araña—Humana pueda llegar al ring, Pedro me mira, con sus ojos mieles irradiando calor. El deseo crece entre mis piernas. La noche anterior me viene a la mente. Sé en lo que está pensando—puedo sentirlo en mi interior. No sé qué es lo que me conecta con él, pero algo lo hace, y mientras la testosterona revolotea por su cuerpo puedo decir que está preparado para luchar y pensar que yo lo observo. Y eso lo calienta. Y va a pelear, como lo hace, y justo después va a follarme. Como le gusta. Oh Dios, ni siquiera puedo esperar. Puedo culpar a mi embarazo todo lo que quiera, pero el único realmente culpable de calentarme con una simple mirada es él.



—Ese hijo de puta se droga mirándote —dice Diego.



—Lo tiene controlado —contesto. Pedro me dice que una pelea es mitad cabeza, mitad cuerpo, y tal vez tiene razón, pero cuando vez a Pedro pelear, apostaría todo mi ser en el hecho de que él pelea con todo su corazón. Justo ahora mi corazón late más fuerte por él mientras choca los guantes con su oponente y los dos se preparan.


----------------------------------------

GRACIAS POR LEER!! =)


2 comentarios: