sábado, 22 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 20



—¿Por qué ese brillo en tus ojos? ¿Lo has hecho antes? Apostaría a que Melanie lo ha hecho con Ruben.



Sonriendo, mueve las manos por la parte trasera de mi cabeza y espalda, luego besa suavemente mi lóbulo y nariz, su voz densa.



—Quiero hacerlo contigo.



Mi sexo se aprieta y mis pezones duelen mientras un ardiente sonrojo se extiende a través de mí. Amo nuestras primeras veces. La primera vez que me hizo escuchar “Iris”. La primera vez que me invitó a correr. La primera vez que me besó, que me hizo el amor. Nunca habíamos tenido una primera vez de este tipo antes.



—También quiero hacerlo, pero no sé si puedo. Si toco y hay… sangre…



Presiona sus labios en mi frente mientras sus dedos toquetean los dos botones superiores de mi top, su voz diez veces más coqueta que momentos atrás. —Es sólo sangre.



Su aroma, las feromonas que suelta, me hacen girar en un frenesí. Mi útero se aprieta con deseo, y de repente palpito tan fieramente que mis ya sensibles pechos se sienten demasiado apretados en mi sujetador.



—Pedro, Dios, sólo tú puedes hacerme sentir cachonda en momentos así, cuando estoy tan preocupada.



Sus manos se extienden en mi trasero, y repentinamente, siento sus labios deslizándose sobre mi oreja; luego está lamiéndome suavemente, y un nuevo calor se construye entre mis muslos.



—Joder, te deseo demasiado. —Su voz se oye raposa mientras desliza una mano bajo la pretina de mis vaqueros y palmea una de las mejillas de mi trasero por debajo de mis bragas.

Ahueca mis pechos y los presiona juntos mientras me acaricia con su boca, de un lado a otro, gruñendo contra mi piel.



—Siempre que lo quieras, yo también lo querré —me dice, alzando la cabeza y presionando su boca en la mía, sus palabras vibrando contra mi lengua mientras lo acariciaba hambrientamente—. Sólo llámame y dímelo. Dime que me quieres. Que estás caliente por mí y cuidaré de ti. Cuidaré de mi mujer, siempre que quiera. Como quiera.



—Yo también. Llámame y cuidaré de ti. —Froto el pulgar a lo largo de su mandíbula, luego acortamos la distancia entre nuestras bocas y durante el resto del vuelo, coge los lados de mi cabeza y me besa, y me besa, y me besa duramente.



***



Un chofer en un sofisticado Lincoln negro espera por nosotros en el aeropuerto, y Pedro le dice al piloto que estará de regreso en dos horas. Viajamos en la parte trasera del auto en silencio y tan cerca como es posible, mientras escaneo el familiar paisaje y enciendo mi iPhone. Me doy cuenta de que estoy haciendo de todo para distraerme mientras nos acercamos a mi apartamento. Justo como me cargó al bajar del avión y entrar al auto, Pedro me saca del auto y me lleva a mi apartamento.



Aprieto los brazos alrededor de su cuello. —Quédate. Pedro, quédate. Se mi prisionero masculino. Prometo cuidar de ti todo el día, cada día.



Se ríe con ese rico sonido masculino, mirándome con esos desgarradores ojos mieles, luego escanea el apartamento con curiosidad, y siento mariposas cuando veo su genuino interés. Quiere ver dónde vivo. Oh, Dios, lo amo tanto que duele.



—Te daré un rápido tour, y luego tendrás que sacar tu fino trasero de aquí —le advierto.



Sonríe. —Enséñame la guarida de mi mujer.



Con él llevándome, extiendo la mano y le enseño mi colorida sala de estar. —Mi sala de estar, Melanie la decoró. Es realmente buena. Ecléctica. Ha sido mencionada en algunas revistas locales, pero por supuesto, sueña con ser mencionada en el Architectural Digest. Aunque Sofia, una de mis otras amigas, le dice que tiene una mejor oportunidad en Playboy. Son rivales en decoración y les encanta meterse la una con la otra.



Me guiña, y el guiño viaja hasta formar un pequeño hormigueo en mi estómago mientras apunto a la habitación contigua.



—Y esa es mi cocina. Es pequeña, pero como sólo estoy yo aquí. Y la puerta de aquí nos lleva a… mi habitación.



Entramos, y me pone a los pies de la cama; luego lo asimila todo con una silenciosa pregunta. Miro alrededor y luego a sus ojos. Es sencilla, con las paredes pintadas de forma simple. Algunas fotografías en blanco y negro de atletas cuelgan en ellas —con un primer plano de músculos. Hay una pared repleta de imágenes mías, de Melanie, Sofia, Cristian… algunos otros amigos… Tengo dos gráficos de nutrición colgados allí también, que hablan sobre los carbohidratos, proteínas y grasas saludables. Y una frase enmarcada que Melanie me dio:



"Un campeón es quien se levanta cuando no puede."

Jack Dempsey.





Me lo dio cuando me lastimé la ACL y me encontraba en depresión, y traté de ser ese campeón.






Estoy mirando a uno ahora. Cada día veo a uno.



Camina hacia la pared cubierta de fotografías e inspecciona una imagen mía pasando la meta, el número seis en mi pecho, y pasa el pulgar por encima de ella.



—Mírate —dice con un para nada disimulado orgullo masculino, y no me di cuenta de que me había acercado a él hasta que se vuelve y me ve.



Me alza y me lleva de nuevo a la cama, esta vez me deja en el centro, cepillando algunos rizos de cabellos que se escaparon de la parte trasera de mi cabeza.



—Mantente fuera de tus pies, por mí —me reprende.



—Lo haré. Lo olvidé. Es un hábito. —Retrocedo hasta que descanso contra el cabezal y lo empujo hacia mí—. Deberías irte o no te dejaré dejarme —susurro en su oído.



Me abraza por un momento, sus duros y sólidos brazos envueltos apretadamente alrededor de mi cintura mientras mueve la cabeza hasta mi cuello y lo besa, lame y aspira, alternando entre los tres rápidamente. Nunca me ha olfateado tanto como en las pasadas dos horas. Ahora, me huele lenta y profundamente, luego me lame incluso más lentamente, y siento sus atenciones, y por último, me besa justo en el sexo.



—Cuando me digas que estás en la cama, esto es lo que imaginaré. Y esto es lo que verás —murmura mientras alza la cabeza.



Me estoy poniendo llorosa, pero no quiero hacer esto más peor, así que asiento, pero sé que no hay manera en este mundo de que pueda perderse la triste expresión en mi rostro.



Sus ojos se aferran a los míos mientras retrocede. —Regresaré pronto —me dice, ahuecando mi mejilla en su grande y callosa mano, y odio que las lágrimas se desborden. Me sonríe, pero esa sonrisa no alcanza sus ojos—. Regresaré pronto —repite.



—Lo sé. —Limpio mi mejilla, tomo su mano y deposito un beso en su palma, luego enrosco sus dedos alrededor de ella así tanto si quiere besarme como si no, podrá hacerlo—. Estaré esperando por ti.



—Mierda, ven aquí. —Me tira bruscamente entre sus brazos, y todo el esfuerzo que he hecho para contenerme se va al infierno, y los lagrimones comienzan. Empiezo a berrear.



—Está bien —dice, moviendo sus manos por mi espalda mientras una serie de sollozos me golpean. Está bien, escucho, todo está bien, pequeño petardo, pero no me siento como si estuviera bien. ¿Cómo podría estarlo? Podría necesitarme. Yo lo necesito a él. Podría ponerse difícil, y Diego podría inyectar más mierda en su cuello. Algo podría suceder en una pelea y podrían no decirme porque no querrán estresarme y que pierda el bebé. Me siento débil e indefensa, cuando todo lo que quería en la vida era ser fuerte e independiente. Pero me enamoré profunda e irrevocablemente. Y ahora estoy siendo regida por este amor, por este hombre, que suena como un trueno cuando habla en mi oído, y huele como jabón, él y el océano, y me sostiene en los brazos más fuertes del mundo, y cuando esos brazos no estén, todo mi mundo se irá con ellos.



—Necesitas irte —digo, respirando temblorosamente mientras lo alejo. En su lugar, pone su frente y nariz contra la mía, y respiramos el aire del otro.



No necesitamos decirlo. El Te amo cruje entre nosotros y escucho las palabras como si estuviera gritándomelas.



Toma mi mano, besa mis nudillos fieramente y luego enmarca mi rostro y aleja las lágrimas con sus pulgares. —¿Estás bien, pequeño petardo?



—Lo estaré. Más que bien —prometo.

Mi teléfono vibra en el bolsillo y temblorosamente reviso el mensaje.



—Melanie está a cinco minutos de distancia. —Mi voz suena cruda. Mel sabe donde escondo mi llave de repuesto y estará aquí en cualquier minuto; y Pedro se irá.



Se irá.



Mis ojos se empañan de nuevo. —Por favor, vete antes de que llore —suplico. Lo que es ridículo, porque ya he llorado como una bebé y me siento y probablemente luzco como una mierda.



Enrosca los dedos alrededor de la parte trasera de mi cuello y cierra los ojos mientras inclina su cabeza hacia la mía.



—Piensa siempre en mí.



—Sabes que lo haré.



Sus tempestuosos ojos mieles sostienen los míos y su voz suena ronca cuando se inclina hacia atrás. —Ahora, dame un beso.



Lo hago, y gime suavemente cuando sus labios conectan con los míos. Pequeños fuegos artificiales explotan en mi interior, y siento su beso calmando mi mente, alma y corazón. Extiende una mano y acaricia la parte baja de mi espalda gentilmente mientras me besa profundamente, saboreando, memorizando; luego su boca se eleva para limpiar una lágrima en mi mejilla.



—¡¡Paula!! ¿Dónde está el caliente papá y la inminente madre?



Maldice en voz baja, y nos besamos rápidamente una vez más. Muerde y chupa mi lengua, más rudamente ahora, tirando de mi cabeza hacia atrás con su mano, su delicioso y crudo beso haciendo que mi cuerpo se sienta como si estuviera siendo succionado y mordido por un león. Mis pechos duelen. Mis pezones palpitan contra el sujetador.



Me retuerzo y junto los muslos cuando finalmente se aleja, nuestros ojos encontrándose brevemente. Enredándose. Luce ardiente y desesperadamente hambriento, como si en cualquier momento fuera a arrancar mi ropa.



—Eres todo lo que nunca pensé que quería. —Pone otro rizo detrás de mi oreja, sus ojos un poco demasiado brillantes mientras retrocede—. Y eres toda mía, recuerda eso, exquisitez. —Escucho los tacones de Mel haciendo clic afuera, y Pedro se levanta, de alguna forma luciendo más grande que nunca. Alto, rígido, con sus ojos mieles, y hermoso—. Eres completamente mía —dice—, Paula Chaves.



Un escalofrío me recorre mientras retrocede, su mirada clavándome a la cama.



Me siento jodida aquí, en mi cama, con sus ojos en mí, mientras trato de recuperar la respiración. —Estoy embarazada de tu bebé, por si aún hay dudas de a quién pertenezco —le digo.



—Ambos son míos —dice, apuntándome directamente—. Especialmente tú.



Me trago mi excitación y se gira para irse.



—¡Oye! —grito—. Tú también eres mío.



Asiente, luego lanza su iPod en mi dirección. —No me extrañes demasiado.



Lo atrapo y lo sostengo contra mi pecho. —¡No lo haré! —replico con poca seriedad, con falsa bravuconería, luego su suave voz resuena en el pasillo, y oigo a Melanie tranquilizarlo silenciosamente, entonces se escucha el doloroso sonido de mi puerta principal al cerrarse.



La calma le sigue; el tipo de calma que sólo siento cundo él no está alrededor.



Allí es cuando empujo el rostro en la almohada y cierro los ojos apretadamente.



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GRACIAS POR LEER!!! ♥♥



3 comentarios:

  1. Buenisimos los capitulos,segui subiendo.

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  2. por diossss! que capituloooo ! solo deseo q salga todo bien y pasen rápido los meses .. gracias Jesy

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