Melanie es lo mejor de Seattle, y quien piense otra cosa puede besar su trasero. Es como un arcoíris permanente en una ciudad eternamente gris. Desde sus llamativos pendientes hasta la línea de brazaletes que llegan hasta su codo tintineando, haciendo ruidos metálicos mientras entra en mi habitación en una explosión de colores, tratando de levantarme el ánimo cuando mi mundo acaba de salir por la puerta del apartamento. Me toma toda la fuerza de voluntad que poseo no ir detrás de él.
Melanie se toma un pequeño segundo para evaluar la situación antes de entrar en acción. Localizó mi lloroso cuerpo en la cama, y rápidamente retiró la almohada que tenía y la reemplazó con su gran pecho, y ahora su camiseta de diseñador está mojada por mis lágrimas mientras espera que termine.
Ha pasado al menos media hora, y aún estoy llorando. Cada par de minutos, me detengo para respirar.
Ahora, mientras estoy recuperando el aliento, me aleja para mirarme a los ojos con una pícara curva en sus labios. —No estabas mintiendo cuando dijiste que Pedro Alfonso te quería para ser la madre de sus sexys bebés, ¿no? ¡Fueron directo al grano, ¿cierto?! ¿Eh? —Me empuja un poco y mira hacia mi estómago—. Así que, ¿cuándo va a presentarse? Quiero ver un bultito en alguna parte.
—¡Lo sé! ¡Yo también! —Una sonrisa tira de mis labios mientras pienso en el bebé. Oh, bebé, las cosas que estás pidiéndonos que hagamos demuestran que te amamos—. Quiero que se note, Mel.
Sonríe ante esto, luego me examina que esos evaluadores ojos verdes. —Mmh. El resplandor del embarazo. Lo tienes a montones, incluso con esos llorosos ojos. No puedo esperar para estar embarazada; ¡creo que es tan sexy! —grita—. Lo que más hace que el estar embarazada sea sexy es el hecho de que el papá del bebé sea sexy. ¡Es sexy tener una parte de ellos en tu interior! ¿Cómo se siente? Tienes que sentirte como una mujer ahora; ¡ahora que tienes el bebé de hombre más caliente allí!
Oh, Dios, ni siquiera puedo hablar sobre Pedro con mi mejor amiga sin sentir que mis huesos se vuelven líquidos en mi interior. Incluso mi voz cambia de tono —el mismo tono que parece aparecer cuando estoy sola en la cama, con él, amándolo.
—Se siente maravilloso, Mel. Como si estuviera conmigo. Como si estuviéramos atados. Como si estuviera total y absolutamente jodida. —Gimo y me recuesto en la cama, frotando mis labios, amando el hecho de que aún pueda saborear a mi Riptide en ellos.
-Paula, déjame decirte… —Mel se recuesta sobre su espalda junto a mí y mira hacia el techo—. Cuando lo vi hace un instante, me sentí como si estuviera muriendo un poco. Es tan grande y tan caliente que mis tacones casi se derritieron e instantáneamente me sentía cuatro centímetros más pequeña.
No puedo controlar el repentino estallido de risa. Mel se saca los zapatos y rueda sobre su costado, sonriéndome con la distintiva sonrisa traviesa suya.
—Su boca estaba toda roja, como si te hubiera dado un francés de muerte. Riptide es algo neandertal, ¿no? ¡Es tan jodidamente primitivo, Dios mío! Apuesto a que han tenido sexo anal.
—¡No! ¡Es un animal, pero protector! —chillo, retorciéndome un poco ante el pensamiento.
—Sólo al estilo perrito, ¿no?
—¡Sí, pero deja de recordármelo! —grito, con fingido enojo. Luego cierro los ojos y extiendo las manos abiertas en mi estómago, sintiendo al bebé en mi interior—. Sinceramente, hay algo extremadamente sensual en estar embaraza de él —admito—. Estoy tan consciente de mi cuerpo, cómo se siente, cómo está cambiando por este pequeño bebé. Siento mis costillas y caderas ampliándose para hacerle espacio, mis pechos están cambiando, todo está cambiando… —Suspiro, luego giro la cabeza y miro a mi mejor amiga. La única que realmente me entendió hasta Pedro. A la única que realmente le gusta quién soy—. Mel, no puedo perder este bebé.
La sonrisa que había estado en su rostro se desvanece, y aprieta mi mano sobre mi aún delgado estómago. —No lo perderás. Es el bebé de Riptide.
—¡No sabíamos que había una pequeña fiesta de compasión aquí, pero estamos felices de no perdérnosla! —dice una voz masculina desde la puerta.
Sorbiendo, alzo la cabeza para ver a mi mejor amigo, Cris, en unos pantalones Dockers y una playera polo, de pie junto a Sofi, que tiene su oscuro cabello atado en un descuidado nudo que deja que hebras de cabello cuelguen por todas partes.
—¿Estás embarazada? —demanda Sofia.
—De acuerdo a los muchos análisis y al test de embarazo, sí. Pero mi cuerpo aún no lo ha comprendido, aparte de lo del vómito.
Cris se dirige a mi escritorio y gira el asiento, y Sofia salta sobre la cama con zapatos y todo, y de repente, su chaqueta de cuero es todo lo que puedo oler.
—Sofi, realmente no creo que tu vibra sea lo suficientemente infantil para Paula, así que siéntate aquí. —Melanie palmea el lado junto a ella así me tiene toda para sí misma, pero Sofia sólo se estira por encima de mí y la empuja juguetonamente.
—Cállate y déjame abrazarla.
Sofia me mira, con sus oscuros ojos y oscuro lápiz labial. La gente no sabe que los góticos son extremadamente sensibles —al menos, Sofia lo es. Te vuelves gótico por una razón. Creo que ella es naturalmente dramática y angustiosa después de que un idiota rompiera su corazón. Mel dice que es un milagro que no se convirtiera en lesbiana.
—¿Estás bien? —pregunta Sofi, y antes de que pueda asentir o hablar, me empuja contra su chaqueta de cuero, y siento a Melanie acurrucarse contra mi espalda también. Melanie nunca puede resistirse a un abrazo. Incluso dice un ‘Mmh’.
—Todo estará bien, Pau —dice Mel. Luego añade en mi oído—: Le prometí a tu hombre que te cuidaría. Me pidió que no te dejara sola, que te alimente, que te cuide. Ruben me dijo que él y Diego necesitarán un reporte diario así podrán mantener a Pedro tranquilo, ¡y también me dijo que has estado vomitando y eso hace que el padre de tu bebé quiera que jodidamente comas!
Gimo en protesta y me alejo de su abrazo. —Estoy bien. Cuando tenga hambre, comeré algo. Si mi cuerpo quiere comida, me lo dirá. Supongo que para eso está.
—No nos importa si quieres comer o no. Somos los esbirros de tu hombre con una misión, y ya te conseguimos algo, por los viejos tiempos —me informa Cris mientras se levanta de la silla y regresa con una bolsa de Jack. En ese momento, recuerdo vívidamente cómo estos tres imbéciles se burlaron de Diego y Ruben en el servicio de comida rápida,la noche en que Pedro me contrató. Y pienso en esa fatídica tarde, en cómo ya había cambiado mi vida sin que ni siquiera me diese cuenta. Todos mis sentimientos se amontan en mi pecho, y mientras Cristian fisgonea en la bolsa, una ola de náuseas me rebasa.
—¡Aleja esa cosa! —ruego mientras pellizco la nariz, lo que sólo hace que mi voz suene ridícula—. Aún no me siento bien con algunos olores. Además, necesito vegetales para este bebé. Necesito ácido fólicos y calcio, cosas que esa mierda no tiene, lo garantizo. ¿Qué clase de amigos son ustedes?
Cris se ríe triunfalmente. —Sabíamos que dirías eso, o si no, no serías tú misma, lo de Jack es para nosotros. Te trajimos algo más.
—Sale de la habitación, luego regresa y me enseña una bolsa de Whole Foods—. ¿Te gusta? ¿Quieres decirnos que somos buenos amigos ahora?
Le lanzo una almohada. —¡Dame eso! —Miro el interior de la bolsa y diviso un envoltorio de pavo, del tipo que me gusta, y de repente, las acciones de mis amigos y su apoyo me envuelven como el abrazo que me dieron, acogedor y apretado.
—Ustedes, chicos, son demasiado buenos para mí —digo, poniendo la bolsa en el buró.
Melanie tira de mi cola de caballo. —¿Notaste el hecho de que actuaste toda tierna? —Aprieta mi brazo, y cuando mi pequeño bíceps le responde, se altera—. En serio.
Suelto una risotada, luego cierro los ojos y veo esos ojos mieles, ese puntiagudo cabello. Quiero abrazarlo, pero está tan lejos. Envuelvo los brazos alrededor de su bebé en su lugar. Luego, miro hacia el teléfono. Pedro no depende de los teléfonos y el internet como otras personas. Tampoco yo, pero ahora, me aferro a mi teléfono como mi único medio de comunicación con él. Ni siquiera es del tipo que envía mensajes, pero no me importa.
Llámame esta noche si quieres.
Le toma una hora responder, pero sonrío como una idiota cuando responde:
Acabo de aterrizar. Te llamaré.
Vemos una película; luego Melanie se levanta. —¡Oye, gallina! ¿Te lo conté? El próximo chico con el que me acueste va a gozarlo. ¡Acabo de tomar clases de baile en caño! —Agarra la lámpara del suelo y procede a mostrarnos lo que aprendió, moviéndose sinuosamente con el cuerpo, una pierna cubierta con mezclilla envuelta alrededor del tallo—. Cris, ¿te unes?
—Amigo, sería como el incesto —dice Cris, desde donde está sentado a horcajadas en la silla de mi escritorio.
—¿Por qué? ¡No eres mi hermano! —protesta—. Vamos. ¿No quieres? —Balancea su trasero para que lo vea.
Cris sólo permanece allí, y dice, vacilante—: Es… chisporroteante.
—Sofi, ven aquí. muévete conmigo así Cris se nos une. Voy a enseñarte lo que aprendí. —Sofi se acerca a la dársena del iPod y pone el suyo en la base. Una canción de rock inmediatamente resuena en el interior de mi habitación.
—¡Bien, pongámosela dura a Cris! —Sacándose la chaqueta como si estuviera desnudándose para el pobre hombre, se dirige hacia Melanie. Y luego ella y Melanie comienzan a mover sus traseros juntos, y me encuentro a mí misma escuchando la canción, tratando de encontrar la letra a través de todo el ruido, preguntándome si es algo que alguna vez le haría escuchar.
Es inútil, así que agarro el iPod de Pedro y me pongo los audífonos, escuchando When You’re Gone de Avril Lavigne. Es demasiado lindo escuchar una canción que entiendes. O que te entiende. Te hace darte cuenta de que lo que sientes es humano, y normal, incluso si es un sentimiento que desearías no sentir.
Le envío un mensaje con el link de Youtube. No me responde, y asumo que está en el gimnasio, golpeando sus bolsas, irreconocible.
¿Cómo va a superar estos dos meses?
No puedo dejar de pensar en ello, incluso aunque soy la más sensible de los dos, esto va a costarle más a él que a mí.
Aún estoy preguntándome sobre ello cuando los calambres comienzan. Me muevo en la cama mientras mis amigos siguen hablando y toda mi conciencia se centra en los malditamente dolorosos calambres que me hacen pelear. Se siente como si alguien estuviera lastimando a mi bebé. Mi propio cuerpo está lastimando a mi bebé. Busco en el iPod canciones que me calmen, y la única canción que triunfa es Iris.
Pero el dolor se intensifica. Me saco silenciosamente los audífonos y me levanto lentamente. Mis amigos se callan cuando me ven caminar, encorvada, hacia el baño. Cierro la puerta y cuando reviso, me doy cuenta de que la sangre está de regreso. Y es doble de intensa.
Por un momento, sólo puedo respirar bruscamente por la nariz e inclinar la cabeza contra las baldosas, tratando de calmarme. Toco mi estómago cariñosamente y trato de hablarle a mi bebé a través de mi cabeza, diciéndole que nadie va a lastimarlo. Que es muy querido y ya muy amado.
Imagino mirar esos ojos mieles que amo mientras le digo a Pedro que perdí su bebé. Un montón de emociones se apoderan de mí de nuevo, y lágrimas que pensé se habían acabado salen a la superficie una vez más.
—Mel —grito a través de la puerta—. Mel, no sé si el bebé va a lograrlo.
Abre la puerta con una expresión desolada. —Paula, está llamando. Ha estado sonando muchas veces. ¿Contesto?
—¡No! ¡No!
—Luces mal, pero él me dijo que le dijera al momento que lo necesitaras. Paula, creo que debería hacerle saber…
—¡No! Melanie, NO. Mira, él no puede hacer nada. ¡Necesita pelear! Hay algo que necesita hacer. Nuestro bebé y yo lo respaldaremos, no le estorbaremos. ¿Me escuchaste?
—¡Entonces al menos déjame llevarte al hospital, luces como si estuvieras partiéndote por la mitad! —dice.
—¡Sí! ¡No! No debería moverme. Necesito… descansar. No voy a… perder… este bebé… —Inhalo y sacudo la cabeza; luego sorbo—. Por favor, ¿me traes el teléfono?
Me lo trae y le envío un mensaje en su lugar.
-Mis amigos aún están aquí. Tal vez deberíamos hablar mañana.
¿A la misma hora?
-Sí, o a cualquier hora.
-Bien. Buenas noches, Pedro.
-Buenas noches.
Dejo el teléfono a un lado y cierro los ojos mientras otra lágrima cae. Respiro profundamente.
—Ayúdame a sacar la crema de progesterona de mi maleta —digo, entrando en la habitación.
Mel sale del baño y comienza a aplaudir como una maestra de quinto grado que ya ha tenido suficiente. —Chicos, el tiempo de jugar se acabó, voy a hacer que Paula se acueste.
Sofia y Cristian limpian, y estoy demasiado avergonzada como para mirarlos con mi hinchado rostro, pero puedo sentir su preocupación mientras me acerco a la cama y me acuesto. Cuando se van, me unto a mí misma con la crema, esparciéndola por mi estómago y muslos. Luego Melanie sale del baño con una vieja camiseta.
—Ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos una fiesta, quiero decir, una sólo de nosotros. —Sonríe y se mete debajo de las sábanas conmigo, luego desaparece y escucho su voz cerca de mi estómago—. ¿Y tú? ¿Lo entendiste? ¡Eres un luchador! ¡El hijo de Riptide y Paula! ¡Enséñales a tu madre y padre de qué estás hecho!
Sonrío cuando sale, y cierro los ojos, esperando que nuestro pequeño bebé esté escuchando.
--------------------------------------
GRACIAS POR LEER!!
que pau no pierda al bebe!!!
ResponderEliminarbuenísimo,seguí subiendo!!!
X favor que no pierda el bebé Pau. Lindo cap!!!!
ResponderEliminarQue Pau no pierda el bebé x favor. Lindo cap Jesy.
ResponderEliminar