lunes, 24 de febrero de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 22
Me despierto y huelo algo que, por una vez, no me provoca nauseas. Es dulce y fragante y me invita a tomar una buena larga bocanada. Miro a mi alrededor y Melanie está entrando y saliendo de la habitación. Un rojo-Riptide está salpicado por todas partes. Rosas color rojo irrumpiendo dentro de mi habitación.
—Buenos días, Julieta. Tu Romeo envió estas. Todavía están descargando el resto del camión. Y voy a llamar al gimnasio que ya lo puse en mi hora de entrenamiento.
Sonrío y trato de levantarme, pero Melanie dice—: ¡Tut—tut! No estar de pie. ¿Qué necesitas?
—¡Hacer pis! Y oler estas, ¡enmudece mi maldito corazón! ¿Es eso una nota? —Abro la nota que se encuentra entre las rosas en mi mesa de noche y mis ojos se humedecen cuando veo el nombre de una canción. Melanie reúne un par de notas y las pone encima y abro una para descubrir otro nombre de una canción. No he escuchado estas canciones, pero ya estoy emocionada.
Me doy permiso, porque estoy embarazada y tan jodidamente estresada para tener un pequeño grito. Todo el mundo sabe que si te mantienes dentro, estás enfermo, y yo no quiero estar enferma. Quiero estar saludable —quiero darle a Pedro un bebé y una familia. Algo que nunca ha tenido. Así que lloro. Entonces le envío un mensaje.
Extraño tus ojos. Tus manos. Tu rostro. ¡Tus hoyuelos!
Entonces tomo una foto de mi habitación, tan llena de rosas que yo apenas puedo ver mi ventana y la envío.
Eso es lo que veo ahora desde mi cama.
Entonces beso mi teléfono.
—¡Eres una tonta! —dice Mel mientras se lleva el resto.
—¿Y qué? ¿A quién le importa? —Me vuelvo descaradamente mientras pongo mi teléfono a un lado porque sé que no lo chequeara cuando esté entrenando y probablemente entrenará más duro así que voy a frotar la progesterona en mí misma de nuevo. He leído que puedo conseguir un dolor de cabeza si me excedo, pero Melanie y yo estuvimos en algunos foros anoche leyendo que la crema detuvo a toneladas de mujeres de abortar y quiero poner mi nombre en esa lista.
Agarro algunos libros, pongo mi ordenador portátil en la cama y básicamente creo una pequeña oficina para no tener que estar de pie. Siento como que mis ovarios duelen, pero no son calambres y estoy empezando a preguntarme si esta crema está realmente funcionando.
Escucho a Mel terminar con la florista y decido saltarme la ducha, simplemente porque no quiero estar de pie todo el tiempo, así que encuentro ropa limpia y me cambio con precaución.
Se supone que Delfina me visitaría durante el día, así Melanie puede irse a trabajar, pero en lugar de Delfina apareciendo después de que Mel trae algo de fruta y queso cottage para el desayuno, escucho a Melanie llamarme desde fuera de mi habitación diciendo—: ¡Paula! ¡Tus padres están aquí!
Melanie va a dejarlos entrar, así que voy hasta el borde de la cama, muy atenta a cómo me siento. No siento ningún calambre, así que camino a la sala de estar y tomo inmediatamente un sofá, y ahí están, con los ojos abiertos y sorprendidos en mí, de pie y mirando.
—Paula.
La forma en que mi madre pronuncia mi nombre me llena de pavor.
Y al momento en que veo a mis padres junto con la forma en que dicen mi nombre, sé que ellos lo saben. Pesar se asienta sobre mí cuando absorbo sus expresiones normalmente brillantes y darme cuenta de que parecen haber envejecido una década entera. ¿Cómo puede la noticia de un hermoso bebé envejecerlos así?
—Lo habríamos esperado de Delfina, ¿pero de ti? —dice mi madre, y oh dios mío, lo saben. ¿Cómo es que lo saben?
Se sienta al otro lado de la mesa de café y mi padre cae a su lado, con los brazos cruzados, mirándome con la mirada que utiliza para intimidar a sus estudiantes de educación física.
No hablan durante unos tres minutos. Lo que se siente, dadas las circunstancias, como toda una vida, y estoy tan incómoda que ni siquiera sé como sentarme.
Amo a mis padres. No me gusta herirlos. Quería contarles la buena noticia, cara a cara, que estoy enamorada y que Pedro y yo vamos a tener un bebé. Lo último que quiero es que se sientan defraudados, que traten esto como la tragedia que parecen estar tomándola.
—Hola, mama y papa —digo primero.
Me muevo y muevo hasta que planto mi codo en el brazo del sofá y pongo mi cabeza en mi mano y hundo mis piernas debajo de mí, pero incluso cuando por fin estoy cómoda, la tensión en el aire podía ser cortada con un hacha.
—Hola, Sr. y Sra. Chaves —dice Melanie—. Voy a dejar que tengan su reunión familiar y comprobar mi trabajo. —Me mira y hace la señal de la cruz para alejar a los vampiros, entonces dice—: Estaré de vuelta a las siete. Delfina envió un mensaje de que está en camino.
Asiento y luego hay un silencio incómodo en la habitación.
—¡Paula! Ni siquiera sabemos qué decir.
Por un momento, realmente no sé qué decir tampoco, excepto—: Yo realmente quiero a este bebé.
Ambos me dan esa mirada de padres decepcionados que se ha estado dando a los hijos por siglos.
Pero no voy a dejar que me hagan avergonzarme.
Sentí vergüenza cuando me rompí mi ACL. Mi padre dijo que los velocistas no mostraban ese tipo de lágrimas, pero yo lo hice. Caí de la gracía con ellos después de eso y ahora puedo sentir que he caído aún más.
—Lo siento por no decírselos. Quería decírselos en persona pero parece que alguien ya lo hizo.
—Delfina —dice mi madre—. Y ella está preocupada por ti, los tres lo estamos. Me dijo que tenía que aprenderlo de alguien más. ¿Cómo podrías ocultarnos algo como esto? Déjame decirte que a pesar de que eres un poco más madura, siempre fuiste demasiado protegida de los chicos. Chicos… ellos sólo usan y desechan… especialmente cuando ocurre algo inconveniente. Delfina dice que este muchacho es conocido por ser un alborotador y vinculado a todo tipo de problemas.
Estoy aturdida por la forma en que Delfina les presentó a Pedro.
Si no estuviera sentada, juro que me hubiera caído a mi trasero.
Mi traicionero, estúpido trasero.
Así que parece que Delfina está en casa, actuando como la perfecta princesa, haciendo lo que está bien después de que mi novio la ayudó a salir de la peor relación en el mundo y pudiendo haber muerto por salvar su culo.
Su traición rasga a través de mí con tanta fuerza que ni siquiera puedo hablar por un momento. ¡Demonios, si alguien sabe qué clase de hombre es Pedro debe ser Delfina!
—El padre de mi bebé no es un chico. Es un hombre. —Agarro mi estómago cuando comienza a doler bajo sus miradas acusadoras—. Y nosotros, este bebé y yo, no somos inconvenientes.
Mi padre no ha dicho una palabra. Sólo se sienta allí, mirándome como si fuera un gremlin que se mojó y se volvió fea y tiene que ser contenida.
Me siento como si hubiera un continente entre nosotros. Como que estoy en el norte y ellos están decididos a que el sur es el mejor camino para mí y nunca, jamás seré feliz si voy en sentido contrario.
—Pero Paula, esto es tan imprudente y tan diferente a ti. ¡Mírate! —dice mi madre en completa agonía y desesperación.
—¿Qué? —pregunto con confusión—. ¿Qué hay de malo en mí?
Entonces me doy cuenta que probablemente luzco como la mierda. No he dormido. Estoy preocupada hasta la muerte de estar perdiendo este bebé. No quiero estar aquí. No me he duchado y mi cara está hinchada por todas las lágrimas.
—Te ves… deprimida de nuevo, Paula. Debes dejar ese equipo deportivo, ahora que ya no eres una atleta y ponerte un vestido… cepillarte el cabello…
—Por favor. Por favor no vengan aquí a hacerme daño. Estás diciendo cosas que no quieres decir porque estás confundida. Por favor sé feliz por mí. Si parezco deprimida es porque estoy peligrosamente cerca de perder el bebé y lo quiero, lo quiero tanto, no tienes ni idea.
Me miran como si lo hubiera perdido porque yo nunca, jamás me abrí de esta manera y me siento tan incomprendida y tan poco amada y tan hambrienta de ser consolada porque me duele en el interior. Mis hormonas están fuera de control y me siento enojada porque estoy aquí en vez de donde quiero estar. Estoy aquí, incomprendida y juzgada, en vez de con él, amada y aceptada.
Ni siquiera sé cómo decirles que están siendo injustos conmigo, pero estoy temblando cuando de repente me pongo de pie, a buscar su iPod y ponerlo en los altavoces que tengo en mi sala de estar. Luego simplemente doy clic en reproducir y elevo el volumen alto, dejando una canción que habla por mí. “De acuerdo contigo” de Orianthi comienza, un poco enojado y rebelde, describiendo algo del tumulto que siento, cómo me ven de una manera, como menos que perfecto, pero él me ve de otra forma, tan hermosa y fuerte.
—¿Es así como nos ocupamos, como una adolescente con música a todo volumen? —grita mi madre.
—¡Baja el volumen ahora! —grita mi padre.
Lo bajo, y por un momento sólo me centro en este iPod plata, el cual para Pedro y para mi podría ser un diario o un micrófono, o cualquier otra forma de expresar cualquier cosa.
—No lo entienden.
—¡Habla con nosotros, Paula! —dice mi madre.
Cuando me volteo, se ve tan triste como yo me siento. —Acabo de hacerlo, pero no están escuchando.
Están en silencio y arrastro el aliento, tratando de calmarme incluso con todas estas hormonas revueltas en mí. Quiero que sepan que ya no soy una niña. Que me estoy convirtiendo en una mujer, así que les digo:— Estoy embarazada de siete semanas. En este momento las pequeñas extremidades de él se están formando. Y digo “de él” porque creo que es un niño, pero no importa, porque una niña sería maravillosa. Mientras hablamos, su corazón se está fortaleciendo y está generando un centenar de nuevas neuronas por minuto. En dos semanas más, su corazón se dividirá en cuatro cámaras y todos sus órganos, nervios y músculos, serán lanzados al engranaje. Tendrá una nariz, ojos, oídos, boca, todo lo que se formó, dentro de mí. Este bebé es suyo. Suyo y mío. Y eso me hace tan, tan feliz como no tienen idea.
Mi madre luce desconsolada. —Estamos preocupados. Delfina dice que ellos usan drogas en esos lugares donde él lucha.
—Mamá, él no está en eso. Es un atleta, de corazón, cuerpo y alma. —Acercándome a ellos, acaricio su cabello con una mano y agarro la de mi padre con la otra—. Él no tiene una familia como yo y quiero que tenga la mía. Quiero que le den bienvenida a nuestra familia porque me aman y porque se los estoy pidiendo.
Mi madre se suaviza visiblemente, pero es mi padre quien habla primero. —¡Le daré la bienvenida a la familia cuando me demuestre que se merece ser el padre de mi nieto! —Se pone de pie, jadeando, y camina hacia la puerta, cerrándola detrás de él. Dejo caer mi cabeza.
—Ni siquiera debería estar levantada. Me voy a la cama, mamá —susurro.
—Paula —sus vacilantes y lentos pasos me siguen a mi dormitorio. Se detiene en la puerta y no dice nada mientras subo a la cama, solo siento su mirada de preocupación en mi espalda por un momento—. ¿No utilizaron protección, cariño? —pregunta en voz baja.
—Dios, no voy a responder eso —le digo.
Ella permanece en la puerta mientras un pesado silencio se instala entre nosotras, me hago un ovillo y miro fuera dentro de mi muro de alfiler, a la imagen que Pedro tocó. No voy a llorar. Lo juro, estoy harta de llorar y estoy tratando de no odiarlos sólo porque me siento sola, incomprendida y hormonal. Sé que me aman. Todo lo que saben es que un tipo me dejó embarazada y me dejó aquí y que este bebé va a ser un reto para mí. No saben nada, excepto que mi vida va a cambiar y tienen miedo de que no pueda manejarlo. Pueden ser tan críticos a pesar de que me aman, siento la construcción de mis paredes, negándome a compartir a Pedro con ellos. Negándome a compartir lo más precioso, valioso e imperfectamente perfecto en mi vida.
—Ve a casa, mamá —le digo y en silencio me deja mientras me quedo en la cama mirando a todas las rosas que él me envió.
Y veo esos ojos mieles…
Eres mía.
Los dos lo son.
Me duele la garganta y mis ojos le siguen.
—Paula, estoy aquí —dice Delfina desde la sala.
No le respondo. Estoy tan enojada. Parece sentir el peligro en el aire porque permanece en la puerta y no entra.
—¿Estás bien? ¿Has perdido al bebé? —pregunta. Mi rabia irrita mi interior.
—Gracias por traicionarme, Delfina —murmuro—. ¡Y gracias por mostrar tu agradecimiento total y absoluto a Pedro por lo que hizo por ti!
—¡Ellos tenían que saber que estabas embarazada, Paula! —llora.
—¡Era mi secreto para contar, no el tuyo! —estallé, sentándome en la cama de golpe—. ¿Por qué lo atacas? ¡No hizo nada excepto salvarte! ¿Qué? ¿Querías una oportunidad para quedar bien con ellos, así que me jodiste? ¿Quién te lo dijo? Sé que no fue Melanie; ella nunca me haría esto a mí.
Los ojos de Delfina también son una sombra de color ámbar, sólo una fracción más oscura que los míos, pero ahí es donde terminan todas nuestras similitudes. ¿Cómo podemos ser tan diferentes? Ella siempre fue la soñadora y yo la realista, paro aún así nunca nos habíamos sentido tan distantes como lo hacemos hoy.
—Diego me contó. —Dice.
Gimo, olvidando que tienen algo el uno por el otro.
—¡Se le escapó! ¡Asumió que sabía y me sentí avergonzada de no saberlo! No lo estarías ocultando si no pasara nada, Paula. ¡Él es Riptide! No serás desechada como yo, sino peor. Esos hombres son peligrosos, Paula. Nunca estás libre de ellos, nunca.
—¡Pedro no es como el imbécil enfermo de tu ex-novio! Estoy malditamente enamorada de él y él me ama y tendré a su bebé así ME MATE, Delfina! —Grito.
Ella parpadea y yo no puedo seguir así. Tal vez estoy resentida de que, debido a ella, casi arruiné mi vida. Por ella, y por mi queriendo “rescatarla”—Pedro resultó herido—.Lo siento, Delfina, yo sólo. . . —Me froto la cara y niego con la cabeza tristemente.
—Pensé que él estaba enamorado de mí, ya lo sabes. —Su tristeza se apodera de mí, y siento una sensación horrible retorciéndose dentro de mí—. Benny, quiero decir. Pensé que daría cualquier cosa por mí, y en el momento que fue difícil mantenerme, me arrojó lejos. —Me mira, con el rostro cansado y triste—. Él me dijo que me amaba, y luego ni siquiera me miró a los ojos para decir adiós. Si les dije algo a mamá y a papá, es porque no quiero que te suceda a ti.
—Pedro es diferente, Delfina. —Le digo en voz baja.
—Exacto. Él tiene un millar de mujeres más detrás de él, Paula. No. No un millar. Un millón más que Scorpion. ÉL es el dios del sexo del Underground. Esos chicos no tienen esposas y bebés, simplemente no lo hacen. Yo también estaba allí, ya sabes. Él simplemente no puede amarte mucho para ir a rescatarme, a mí, alguien que ni siquiera había conocido! ¿Y perder un premio que ya era prácticamente suyo, todo por ti? ¡Nadie en su sano juicio puede amar a alguien así! —Grita y sale corriendo, cerrando la puerta.
Después la puerta se estremece, y parpadeo en ella, completamente anonadada.
¿Qué. Demonios. Está mi hermana fumando ahora?
-----------------------------------------------------
GRACIAS POR LEER!! ♥
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Qué cap más fuerte x favor!!!! Decime que no la va a dejar a Pau, se que no lo va a hacer!!!
ResponderEliminarwow que intenso, pobre pau!!!
ResponderEliminarbuenísimos los capítulos,seguí subiendo!!!
Muy bueno el cap!!! Al final estar en su casa le trae mas stress!!! ya quiero leer como sigue :)
ResponderEliminar@nadiaa2012
delfina esta celosa de que pedro sea diferente que escorpion
ResponderEliminar