miércoles, 26 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 24



Cuando dormí por primera vez con Pedro, solía tenderme y acurrucarme a su lado, sin saber que estaba haciendo en su iPad. Hasta que un día eché a un lado mis ganas de dormir y decidí investigar.



—¿Qué estás haciendo? —dije entonces, enderezándome para echar un vistazo.



Deja la Apple a un lado y me arrastra hasta su regazo, luego me ajusta entre sus muslos y agarra nuevamente su iPad, susurrando en mi oído mientras me muestra la pantalla.



—Pateando el trasero del iPad.



—¿Qué es eso?



—Ajedrez.



Me recuesto contra él con sus fuertes brazos extendidos a mis costados.



—¿Estas ganando? Claro que sí —me respondo a mí misma.



Miro a la pantalla, a las piezas blancas y negras, y él explica cada pieza y como se mueven, los peones siendo los más básicos. Continuamos el juego y lo que estoy disfrutando es observar a su cerebro trabajar mientras mueve sus piezas, y escuchar su respiración en mi oído. Y como de vez en cuando, mordisquea el lóbulo de mi oído y me da un beso en él.



Me dice que escoja que pieza mover cuando es su turno, decido ir por la artillería pesada.



Ríe ligeramente. —No quieres mover a nuestra reina.



—¿Por qué no? Parece la pieza más versátil y poderosa.



Golpea la reina y la regresa a su lugar. —La reina se queda con el rey. —Besa mi sien.



—¿Por qué? —argumento.



—Para protegerlo.



—¿De qué? —Giro mi rostro y miro sus risueños ojos mieles, el deja su iPad a un lado y acuna mi rostro, sonriendo, como si yo debiera saber por qué la reina protege al rey.



Entonces me besa, y solo jugar ajedrez con él se siente como si he aprendido algo nuevo suyo. Que también amo. Justo como el resto.



Dios. Él es un tesoro viviente que respira, y está dejándome descubrirlo, y todo lo que quiero es perderme en la compleja oscuridad divina y llevarlo a la luz.



Ahora está a kilómetros y kilómetros de distancia, volando hacia Chicago, pero he descubierto que si me conecto en las noches, puedo jugar al ajedrez con él y dejarlo acabar conmigo. Y puedo escribir pequeños comentarios en la pantalla, como ¡Voy a ganarte ahora! Solo responde con un movimiento que toma uno de mis peones. Y yo hago un Oops! movimiento y sigo—: ¡Eres hombre muerto! ¡Tú rey y tu reina! ¡Pero voy a hacer a tú rey mirar mientras asesino a su mujer!



Escribe. Nadie toca a mí mujer.

Sigo. ¿Y tú?



Ahora estás entendiendo la idea.



Y río, y entonces me llama y nos olvidamos del juego, y me pierdo en su voz y en las cosas que me dice.



Para la segunda semana, he visitado a mi ginecólogo y soy capaz de escuchar el latido del bebé. Melanie graba el acontecimiento en su teléfono y me lo envía, y yo se lo envió a Pedro, y me responde con un ¿?



Marco su número y escucho su grave voz. Siempre suena un poco impaciente, como si preferiría hacer cualquiera cosa a hablar en un maldito teléfono, respondiéndome con un áspero —Sí —le digo—: Ese es el latido del bebé.



Ambos nos callamos por un momento. Entonces, dice—: Déjame colgar y así puedo escucharlo. Te llamaré en cinco.



Río y espero impacientemente…



Para la segunda semana y media, Delfina ha estado pasándose menos y menos. Está enojada de alguna manera conmigo sobre algo, o tal vez ¿Yo estoy enojada con ella? No estoy segura. Pero incluso Melanie pregunta que sucede con ella y algunas veces yo me pregunto si está gruñona a causa de Diego, porque continúa preguntándome sobre las peleas, sobre nuestros horarios y sobre el Underground.



Para este momento, he reproducido la mayoría de las canciones de Pedro. Mis favoritas son la de Nickelback Far Away y la de 3 Doors Down Here Without You—las que escucho una y otra vez en la noche.



Melanie ahora está tuteándose con el florista. Tengo flores rojas cada día. Cada día. Ella recibe una llamada de Ruben en la mañana y una en la tarde, pidiendo un reporte completo para Paula. ¿Si me gustaron las flores? ¿Si estoy bien? He estado enviando un mensaje todos los días —de acuerdo, en realidad más de uno— y Pedro siempre me responde después de entrenar.

He visto cientos de películas y hecho compras por Internet hasta que renuncio y he estado viendo a mis padres. Las cosas podrían estar tensas con ellos, pero mejoran cada vez que vienen de visita. Al menos ahora parecen aceptarlo y casi se emocionan por el bebé.



Para la tercera semana, he leído toda la biblia para embarazadas Qué Esperar Cuando Estás Esperando y he aprendido que el ardor en el estómago que estoy sintiendo es normal. ¿La depresión? ¿La ira? ¿Los cambios de humor? Normal. En los foros de internet, we90r64mama y 4uwtforever lo llaman “drama de mama-embazarada”. He reído hasta morir con sus anécdotas de sentirse posesivas con el padre de sus bebés y hacer mil y una cosas locas como revisar sus facturas, y sus tarjetas de créditos y espiar.

Realmente pienso que he estado haciéndolo bien con el drama de mama-embarazada, hasta el inicio de la cuarta semana, cuando el reposo en cama me comienza a sacar de quicio, trato de mantener mi mente ocupada, sino a mí misma, pero extraño correr, extraño el sol, extraño las peleas y lo extraño a él.



A media noche tuve insomnio —¡normal!— y le escribí un gran y detallado mensaje de texto, que había estado lloviendo en Seattle y que encontré una canción que quería poner para él. ¿Has escuchado alguna vez Between the Raindrops de Lifehouse? Oh, ¿Y has ido a correr? Extraño correr —es tan frustrante mirar todas esas cuatro paredes… Luego le digo que planeé obtener permiso de mi ginecólogo así podría ir y ver su pelea cuando venga a Seattle la próxima semana. La única respuesta que conseguí a todas mis preguntas fue lo único que escribió—: No Underground para ti todavía. Quédate en casa.








De todas las cosas que lo imaginé diciendo, nunca, jamás imaginé que Pedro diría esto. Y por consiguiente el “drama de mama-embazarada” comenzó cuando todas las palabras de mi hermana regresaron para obsesionarme, con respecto a él siendo un Dios del sexo del Underground… y repentinamente el “drama de mama-embazarada” empeoró mientras imaginaba a las zorras dándole placer mientras estaba solo, sin mí. ¿Quién está dándole todo ese sexo que ese primitivo hombre necesita? Parece que todas mis hormonas del embarazo están trabajando al máximo, no solo ayudándome a sostener a este bebé, también están esforzándose en enloquecerme en mi cabeza.




Me obligo a escribirle—: ¿Por qué? ¿Por qué no me quieres en el Underground?



No me respondió y todos mis miedos se propagaron incluso más salvajemente, mientras realmente preguntaba: ¿Por qué?

¿No quieres verme?



El respondió: Solo quédate jodidamente en casa y espera por mí.



¿Así que no estaba ansioso de verme después de todo?



¿Me quieres en casa? ¿De modo que todas tus admiradoras puedan gritarte y verte y no yo? ¡Jódete!



Añadí el emoticono rojo echando humo después, de modo que sabría que me había hecho enojar, luego arrojé el teléfono a un lado y me consumí en mi propia ira hasta que quise explotar. ¿Quedarme en casa? Casa es donde él está. Hijo de puta.

Esa mañana mis flores se duplicaron en cantidad.



Cuando Ruben habló con Melanie esta mañana, le dijo que me dijera que Pedro esperaba que me gustaran sus flores, y que quería que le enviara el enlace de la canción que le dije el día de ayer por mensaje.



Ja. Lo siento, pero no tengo ganas de enviarle una mierda.

Nuestro bebé está bien, estoy tan emocionada porque la crema parece estar funcionando. La migraña se ha detenido completamente, ¿Pero mis hormonas? Están furiosas. Yo estoy muriendo. Por verlo. Lo he defendido a él, a mí, y a nuestro bebé ante mis padres diariamente, diciéndoles que no he sido desechada o usada, que me ha traído aquí para ser apoyada y cuidada, pero escucharlo decir que no me quiere en el Underground apesta.



Todo el misterio que he estado tratando de mantener a raya está atacándome en todos los lugares ahora. Estoy enojada con él y no quiero tener razones para estar enojada con él, pero Dios, no puedo evitarlo. Estar con reposo en cama, no tienes nada que hacer menos que dejar a tu cabeza imaginar mil y una historia de lo que está sucediendo ahí afuera —en el mundo, sin ti— y ninguna de esas historias son agradables.



—Deja de enviar reportes, Melanie —digo con aire sombrío en la tarde.



—¿Por qué? Ruben pregunta y Pedro me pide que le envíe informes diarios antes de que acabe el día. Quiere saber cómo estás.



—Deja de mandarles informes detallados, punto.



Parece ser completamente incapaz de contener su risa en su voz.



—Oye, ¡tú también los quieres! Tus ojos saltan de tu cabeza cuando estoy escuchando la otra línea como si quisieras oídos supersónicos para escuchar. He escuchado que llamaste a Diego y le preguntaste como está.



Suspiro y froto mi sien. —Solo estoy preocupada por él.



He llamado a Diego para preguntarle si todo estaba bien y dijo que sí. Como un verdadero hombre, no fue muy hablador al teléfono excepto para decir que estaban ahí si necesitaba algo y que Pedro está entrenando sin parar. Pregunté si era rápido y dijo que todos estaban concentrados en mantenerlo bajo control, y para relajarme, que estaba intentando fuertemente permanecer miel.

¿Qué quería decir eso?

Diego me llamó un detonante una vez y la idea de que Pedro podría querer evitarme para permanecer miel me carcome como ácido.



Mel observa mi rostro desolado y sacude su cabeza con una sonrisa, como si no pudiera creer que haya sido reducida a esto.



—Te están saliendo arrugas mientras hablamos; deja el ceño fruncido ya —dice ligeramente mientras trae un tazón de palomitas orgánicas hechas en casa, para comerlas mientras vemos otra película—. Cariño, el Underground viene aquí en una semana —¡deberías estar rebosando de alegría!



—No podré ir. Pedro no me quiere malditamente ahí.



Tomando una respiración profunda. Trato de tranquilizarme mientras me pregunto ¿Qué es lo que Paula haría antes del embarazo?



—Porque vendrá a verte después de la pelea. Ruben me dijo que tu hombre planea dormir aquí contigo durante las tres noches que se quedaran.



Cubro mi rostro. —Eso me hace sentir incluso peor. ¿Por qué vendrá justo a tiempo para la pelea y no antes, para verme?



Melanie se encoje.



—¿Qué tal si Delfina está bien y él no me quiere más? —continuo.



Chilla con carcajadas ahora. —De acuerdo, primero que todo Delfina es una Cabeza de queso con pequeños hoyos en su cabeza, y ha estado perdida todos estos días cuando prometió que vendría a cuidarte y en su lugar está Dios sabe dónde. Está feliz en algún lugar, y tú estás en otro lugar, porque esas son definitivamente las hormonas hablando aquí.

—No puedo creer que no me quiera ahí. Creo que alguien le robó su teléfono y me escribió. Tal vez un perra estúpida.



—Paula, claramente está protegiéndote a ti y al bebé. —Melanie rueda sus ojos en mi dirección mientras busca en mi Apple TV algo que rentar.



Los monstruos en mi cabeza prevalecen sobre sus palabras. El bebé esta mejor. Si mi doctor me da la luz verde, ¿por qué no me querría el allí? ¿Ni siquiera me extraña?



—Simplemente no entiendo —me quejo, agarrando una de las misma estúpidas revistas que he leído miles de veces y la arrojo contra la pared.



Melanie deja caer el control remoto y viene para acariciar mi cabello. —Como dicen, los hombres son de marte. Y tú, querida, estás embarazada aquí. Has estado estresada por casi perder al bebé, estresada por perder a tu chico, estresada porque tu mamá y tu papá no te dan apoyo y Delfina no está siendo de ayuda en lo absoluto. Has estado atrapada conmigo, una chiflada, en las mismas cuatro paredes, por tres semanas sin ni siquiera sentir la luz del sol. Demonios, por eso es que todos los que han aparecido en Big Brother se volvieron locos, y al menos ellos tenían una piscina.



La empujo juguetonamente y río.



Pero horas después, estoy mirando la pared de la sala de estar, recreando escenarios en donde Pedro no me quiere. Pedro viendo a alguien más del modo que le gusta. Pedro dándose cuenta de que un bebé —como lo ha demostrado hasta ahora— es un poco más problemático de lo que un hombre como el querría. Me estoy torturando y mi mente ha conseguido tal impulso que no puedo ni siquiera detenerla.



—Estás distante. ¿Dónde estás? ¿Con Pedro?





—Debería estar luchando justo ahora.




Justo ahora, cientos de personas van a verlo. Cientos de mujeres están gritando su nombre, deseándolo. Justo ahora esos ojos mieles tendrán que mirar a algo o alguien más cuando escaneen la audiencia y yo no esté ahí. E incluso cuando esté aquí, en mi ciudad, no me quiere allí y yo ni siquiera sé que hacer.



—¿No lo transmiten en vivo en algún sitio del bajo mundo? Ven aquí ¡Seguro que sí! —Me lleva hasta mi habitación, abre mi laptop y comienza a buscar en Google. Mi interior salta mientras me pregunto si lo transmiten. Chilla cuando encuentra un enlace hace clic en el volumen—. Está ahí. ¡Ven aquí! Espera, no es él —¿Crees que ya le tocó?



Escaneo los comentarios. Lo mencionan, pero los comentaristas parecen estar preguntando cuando saldrá. Mi corazón se encoje por querer estar ahí y luego Mel agarra rápidamente mi mano cuando el presentador usa su voz de suspenso—: Estoy escuchando un nombre salir de la multitud. Sigue llegando. ¿Pueden escucharlo también? —Se cubre un oído y la multitud grita al unísono: —¡RIPTIDE!



Las mariposas revolotean en mi estómago cuando dice—: ¡Tienen razón! ¡Tienen RAZON! ¡Damas y caballeros¡ Ahora den la bienvenida, invicto esta temporada, con una puntuación perfecta, a ese chico malo maravilloso, el único, Pedro Alfonso, ¡¡¡Riiiiiiiiiiptide!!!



Mi estómago se agita mientras sale, y los rugidos de la multitud en el fondo a medida que la cámara se centran en el ring. Y luego se sube a al ring, ágil y aerodinámico, como él lo hace. Sale de su túnica de satén que anuncia RIPTIDE y los gritos de las mujeres casi rompen los altavoces de mi laptop. A lo lejos, veo un cartel que dice POR SIEMPRE DE RIPTIDE en el aire.

Fascinadas, Mel y yo lo vemos a hacer su turno. Está sonriendo, absorbiendo la atención. Entonces veo que se detiene donde siempre lo hace y automáticamente ve mi asiento vacío, y luego su sonrisa se tambalea. Hace una pausa por un momento, luego cruje su cuello y va devuelta hacia Ruben y se aparta de la multitud.



—Aww. Creo que él también te extraña. Él nunca va a su esquina de esa manera. —Melanie suspira— ¿Paula? ¿Paula?



Estoy llorando en una almohada.



—Paula y, ¿qué sucede?



—No lo sé.



—Paula, ¿qué ocurre? ¿Es algo malo?



Aprieto la almohada sofá apretado y luego limpie mis ojos.



—¡Ugh! Ha llovido más centímetros en mi apartamento de lo que lo ha hecho en todo Seattle —me quejo .Entonces me pongo de pie y me alejo. Voy a la cocina, tomo una servilleta, y estoy limpiando mis lágrimas cuando escucho el grito del público cuando un gran ¡golpe seco! es escuchado. Me apresuro de vuelta y echo un vistazo en la pantalla, y un hombre está desplomado en la lona, boca abajo, Pedro está parado delante de él, con los pies separados, el pecho agitado, con los brazos a su lado. Como un dios conquistador de la guerra. Al que deseo con cada molécula de mi cuerpo dolorido. Él que puede tener a cualquier mujer en el mundo y tal vez ya no me quiere más, y no puedo comprender la forma en que mi corazón se romperá si voy a vivir el resto de mi vida sin él.



—¡Riptide! ¡Señoras y señores! Su vencedor, invicto esta temporada, ¡liderando el campeonato en el primer lugar! RRRRRIP - TIIIIIDE!





Mi corazón se hincha en mi pecho, y palpita, agarro la computadora y la giro hacia mí, veo que su brazo está arriba mientras recupera el aliento. No está sonriendo esta noche. Está sombrío y jadeando, mirando a un punto en la multitud como si estuviera perdido en sus pensamientos.



—Te amo tanto… No sé lo que voy a hacer, pero voy a hacer que me ames de esta manera también —susurro, acariciando su rostro en la pantalla.



—¡Tú vas a ser papá , Pedro! —chilla Melanie—. ¡La mamá de tu bebé te ama tanto!



Pedro gira su cabeza hacia el director del ring y, con un asentimiento, el presentador llama a alguien más. Mi estómago se retuerce cuando me doy cuenta de que va a seguir peleando.



***



Melanie contesta el teléfono y me olvido de decirle que no lo haga.



—¡Ruben! Qué… oh, ella está bien. ¿En serio? Bueno no, de hecho, no está llevándolo bien tampoco. —Cierro mis ojos y miro a mi teléfono mientras comienzan a hablar sobre como de mal estamos—. Sí, sí, le dije que vendrá. ¿Justo después del pelea? Genial, estará feliz.



Cuelga. —Pedro acaba de terminar la pelea y quiera saber si estabas bien, y Ruben quería saber cómo lo estabas llevando porque Pedro no lo está haciendo muy bien. Quiere que sepas que estarán pronto en la ciudad.



La frustración de estar postrada en la cama es enorme, pero esta frustración añadida de querer verlo solo me descompone. No puedo soportar pensar que estará aquí en Seattle peleando y que no podré verlo pelear. Repentinamente agarro mi teléfono inalámbrico y comienzo a marcar.



—¿Qué estás haciendo? ¿A quién estas llamado? —me pregunta Mel.



—¿Dr. Trudy por favor? Paula Chaves —digo, luego cubro la bocina—. Melanie, no me importa si él no quiere verme. Yo quiero verlo y VOY a verlo, punto.



—¿De qué demonios estás hablando?




—Necesitas llevarme al Underground.


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UH A PAU LE PEGO FUERTE EL EMBARAZO JAJA!
IRA A DONDE ESTA PEDRO? COMO IRA? 

GRACIAS POR LEER!! ♥


3 comentarios:

  1. Wow buenisimos los capitulos,a pau le pegaron mal las hormonas jajajaja

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  2. Wowwwwwwww, qué caps + intensos. Las hormonas están al borde jaja.

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  3. Genial .. Paula endemoniada ¡¡ jajajajaj

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