domingo, 2 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 3



El jet privado es el juguete más grande de Pedro.



El equipo siempre toma la primera sección de asientos en la parte delantera del avión, mientras que a Pedro y a mí nos gusta el sillón en la parte trasera que está más cerca del enorme bar de paneles de madera y la TV de pantalla plana, a pesar de que rara vez lo utilizamos.



Hay emoción en el aire mientras abordamos. La temporada esta oficialmente abierta, y después de una probada de pedro luchando anoche, el equipo está impulsado. Diego y Ruben incluso chocaron los puños con los pilotos en cuanto saltamos fuera del Escalade.



—Las cosas están mucho mejor contigo aquí—Me dice Diane mientras se instala en su asiento de peluche, mejor—que—de—primera—clase—. Me siento tan emocionada al verlos juntos otra vez.



—Tengo que decir— El entrenador Lupe informa, y honestamente, ya que el hombre ha estado gruñón casi toda la semana, es casi extraño ver esa sonrisa en su cabeza calva—. Motivas a mi chico más que nada que haya visto. No solo estoy feliz de que hayas regresado, pero secretamente ore por ello, y soy malditamente ateo.



Me rio sacudo mi cabeza mientras sigo avanzando por el pasillo, y antes de que pueda llegar al fondo, Diego parece haber subido y me llama —Paula, ¿Has visto los nuevos trajes de jefe? —pregunta.



Frunciendo el ceño, me giro para ver  Diego y a Ruben que ya está abordo también. Diego me sonríe y alisa con una mano su corbata negra mientras examino su apariencia. Y Ruben sonríe y extiende sus brazos para dejarme tener un buen vistazo. No tenía idea de que sus trajes eran nuevos.



Son básicamente, todo lo que visten. y hoy como todos los días, están listos para las pruebas de Hombres de Negro X11, o lo que sea.



Diego con su pelo rizado y ojos marrones, sería una especie de cerebrito en inteligencia. Ruben, con su pelo rubio y su pinta de surfista, sería el que accidentalmente mata a los demonios mientras abre lentamente la puerta del auto o algo así.



—¿Qué opinas? —me presiona.



Me aseguro de que tengo una expresión sorprendida en mi cara cuando respondo. —¡Ustedes lucen sexy! —Chillo cuando siento un apretón en mi trasero, y Pedro me jala de la cintura el resto del camino hacia nuestros asientos.



Me sienta y se deja caer a mi lado. —Dilo de nuevo sobre otro tipo.



—¿Por qué?



—Solo pruébame.



—Diego y Ruben se ven muuuuuuuy…



Sus manos salen volando y me hacen cosquillas debajo de las axilas —Trata de nuevo. —Me presiona.



—Oh por Dios, tus hombres de negro son tan malditamente…



Me hace cosquillas más fuerte.



—Ni siquiera me vas a dejar decir la palabra “sexy” — chillo cuando se detiene.



Sus ojos brillan, sus labios forman la sonrisa más seductora que jamás he visto, junto con su mandíbula y los hoyuelos, mis dedos están definitivamente curvados.



—¿Quieres intentarlo de nuevo, Paula Chaves? — Me reta con voz ronca.



—Sí, lo haría. Porque pienso que Diego y Ruben se ven increíblemente…



Me hace cosquillas tan duro que golpeo y pateo el aire, y luego jadeo en busca de aire y termino medio sentada medio tumbada en mi lugar, mis pechos empujándose contra sus duros pectorales con cada respiración. Nuestras sonrisas se desvanecen mientras una deliciosa conciencia sexual se establece entre nosotros mientras miramos profundamente en los ojos del otro.



De repente se extiende y usa su pulgar para meter un mechón de mi cabello detrás de mí oreja, su voz se engrosa mientras un hoyuelo desaparece antes de que el otro lo haga.



—Di eso cuando digas mi nombre— dice, y un escalofrió me recorre mientras pasa un dedo por mi mandíbula.



—¿Tu ego no es lo suficiente grande? — Susurro sin aliento mientras memorizo su cara. Penetrantes ojos mieles me miran con un poco de maldad y celos, lo suficiente para hacer que mi centro se apriete.




—Puedes decir que se redujo considerablemente cuando mi novia elogio a ese par de idiotas— El me ayuda a volver a sentarme, y mientras lo hago, se recuesta cómodamente en la forma sexy en que los chicos se sientan, con las piernas abiertas y estiradas, brazos extendidos en la parte de atrás del sillón y me mira con una media mueca.




—¿Qué se supone que debo decir? —Me burlo con una sonrisa—. ¿Qué no se les ven bien los nuevos trajes? Son como mis hermanos.



—No, son como mis hermanos.



—¿Ves? Y yo soy tuya, así que es la misma cosa —Me encojo de hombros y jalo mi falda hasta mis rodillas —. Ahora sabes cómo me siento cuando miles de mujeres te gritan. —Añado con aire de suficiencia mientras me pongo el cinturón de seguridad.



Coge mi barbilla y me vuelve para que lo mire —¿A quién le importa lo que griten cuando estoy loco por ti?



Un ruido sordo. MI corazón lo hizo —Lo mismo pasa conmigo entonces. No tienes que gruñir cuando los chicos me miran.



Sus ojos se oscurecen, y deja caer su mano a un lado y su mandíbula se vuelve firme. —Da gracias que tengo un poco de control en mí, y no los clavo en el poste más cercano. Malditamente se lo que te hacen en su cabeza.



—El hecho de que tú lo hagas, no significa que otros lo hagan.



—Por supuesto que lo hacen. Es imposible no hacerlo.



Sonrió, porque sé que él me folla toneladas de veces en su cabeza cuando no puede hacerlo físicamente. Igual que yo, por supuesto. Apuesto a que incluso las monjas que lo ven, lo hacen.



Sintiéndome traviesa, deslizo mis dedos abajo de su camiseta, sintiendo su eight—pack, saboreando la sensación de su piel bajo mis dedos. Adoro todo lo relacionado con el cuerpo humano. No solo porque soy una especialista en rehabilitación deportiva, si no por que solía ser una atleta y estoy absolutamente maravillada con lo que nuestro cuerpo puede hacer, cuanto soporta cuando pega, como patea en los mecanismos innatos para el apareamiento y la supervivencia… Pero yo puedo amar intensamente el cuerpo humano, y sin embargo, el cuerpo de Pedro es definitivamente mi iglesia. No puedo explicar con palabras lo que le hace al mío.



—Todas las chicas te desnudan mientras luchas —Digo, y mi sonrisa se desvanece cuando un poco de celos se filtra—. Me hace insegura que me recogieras de la multitud.



—Porque sabía que eras para mí. Únicamente en exclusiva, para mí.



Mi cuerpo se tensa al instante con sus palabras, tan sexy cuando las combinas con esa sonrisa de confianza. —Los soy —Acuerdo, mirando a sus ojos mieles—. Y ahora no sé qué quiero besar más, ¿A ti, o a tus hoyuelos?



Sus hoyuelos desaparecen y también el brillos en sus ojos cuando frota mi labio inferior. —A mí. Siempre a mí. Luego el resto de mí.



Mi labio inferior se siente cálido y deliciosamente masajeado por su pulgar mientras los asistentes terminan de cargar el equipaje y cierran la puerta del avión, estoy vagamente consiente de que el equipo está hablando en sus asientos, y escucho mi propio susurro —Déjame apagar mi teléfono para el despegue… pero definitivamente me debes un beso de buenos días. Aunque sea mediodía— Asiento en señal de advertencia.



Su risa es baja, y la siento por toda mi piel. —Te debo más que eso, pero empezare por los labios.



Dios, ¿Pedro? Me mata. El habla casualmente, casi aburrido diciendo “Si, voy a besarte ahora” Y mi sistema se quiebra. Mi sangre burbujea cuando pienso en ello, y rápidamente saco mi celular del bolso para apagarlo cuando veo un texto de Melanie.





MELANIE: ¡Mi mejor amiga! Han pasado siglos y realmente te extraño. ¿Cuándo vuelves a casa?



¡Mel! Me las arreglo para utilizar las dos manos para escribir el texto: ¡También te extraño! ¡Mucho, Mel! ¡Pero estoy tan feliz! ¡Tan jodidamente feliz que no es gracioso! ¡O tal vez lo es! ¿Ves? Sueno como una borracha. JaJaJa.



MELANIE: Quiero un Pedro.



MELANIE: ¡Y una Paula! ¡Buaaaa!



Paula: ¡Ahora que la temporada empezó, voy a planear un buen lugar para que vengas de visita! ¡Va por mi cuenta! ¡Delfina puede venir también!



MELANIE: Pero, ¿seguirás conservando tu lugar en Seattle?



Por un momento, fruncí el ceño por la pregunta, porque cuando tire mi vida y decidí seguir a mi Dios del sexo hasta los confines del mundo mientras el pateaba su régimen de entrenamiento y se preparaba para la temporada, la renta no cruzo por mi mente.



Le contesto el mensaje: Estoy muy comprometida con él, Mel, así que probablemente no renueve mi contrato cuando expire. Mi casa está aquí ahora. Me estoy yendo, te mandare un mensaje luego. ¡Te quiero!!





MELANIE: LO MISMO



Apago mi teléfono y lo meto en mi bolso. Y cuando levanto mi cabeza, mi sexo se aprieta cuando veo a pedro sostener su elegante iPOD plateado. Este hombre realmente sabe cómo seducirme con música. Veo a su pulgar deslizarse por la lista, y la manera sensual es que lo hace causa una oleada de humedad entre mis muslos.




Me mira con una sonrisa diabólica, entonces se acerca y pone sus audífonos por encima de mi cabeza, y estoy terriblemente emocionada cuando lo reproduce. La canción comienza, y sus penetrantes y curiosos ojos están en mí, viendo mi reacción.



Que me estoy derritiendo en mi asiento.



Y siento a mi alma estremecerse.



Porque la canción que escogió me deja completamente sin aliento.



Presiona su frente contra la mía mientras me observa escuchar, y estoy muy conmovida por esta canción, mis manos tiemblan mientras cambio sus auriculares por mis audífonos y pongo uno en mi oreja y otro en la de él, así que ambos escuchamos.



Presionamos nuestras frentes juntas otra vez, veo su expresión y el ve la mía… y ambos escuchamos esta canción increíble. No cualquier canción. Su canción.



Iris…



De los Goo Goo Dolls.



Su mirada se oscurece con las mismas emociones ardiendo dentro de mí, y entonces ahueca un lado de mi cara con su mano. Mi cuerpo se tensa a la espera mientras se acerca. Siento su aliento bañar mi rostro mientras elimina lentamente la distancia entre nuestras bocas. En el momento en que pasa sus labios por los míos, ya los había abierto y cerrado mis ojos yendo a la deriva. Los cepilla una vez, dos veces. Suavemente. Con pereza. Un sonido se me escapa, como un gemido exigiendo que me besara más fuerte, pero en lugar de escucharlo, escucho:



Cuando todo está destinado a ser roto

Solo quiero que sepas quien soy.





Dios, no puedo escuchar esta canción sin sentirme siendo consumida desde el interior. Tengo que llegar lo más cerca posible de él. Tan cerca como lo pueda conseguir. De la cabeza a los pies, lo deseo, cada parte mía desea cada parte suya. Acerco mi rostro y presiono mis labios a los suyos con entusiasmo, deslizando mis dedos en su cabello. Pedro, Oh Dios, bésame más fuerte.



Me hace esperar un poco más, su mano gira mi cabeza en otro ángulo, y luego, luego, finalmente sus labios se ciernen sobre los míos, su lengua trazando el contorno de mi boca hasta que la abro más y jadeo, electrificada, nuestras lenguas acariciándose. No escucho su gruñido, pero lo siento vibrar a través de su pecho contra mi pecho, y me estremezco mientras toco mi lengua con la suya y relajo mi boca bajo su mando. Por qué no hay nadie en quien confíe más, nadie tiro todos mis muros en el modo en que este hombre los derrumbo. Acariciando un lado de mi cuerpo, chupa mi labio inferior y siento la cálida hinchazón entre las piernas. Mi respiración entrecortada. El endurecimiento de mis pezones. La sensación de un tirón a lo largo de mi piel.



Ni si quiera sabia lo mucho que necesitaba este beso hasta ahora, cuando todo mi cuerpo vibra bajo su boca, y muevo mis labios y uso mi lengua para persuadir la suya dentro de mí.



Ni siquiera se si Diego o Ruben o alguien está mirando; Iris se está reproduciendo en nuestros oídos y nuestras bocas están mojadas y hambrientas. Mete sus dedos bajo mi blusa mientras chupa, succiona, prueba y degusta. Parece imposible, pero cada centímetro de mi cuerpo siente placer simplemente por lo que hace con su boca a la mía.



Gimo con necesidad y lo muerdo, y pierde un poco el control.



Desabrocha mi cinturón de seguridad y me inclina hasta que estoy tendida en el sofá.



La música se detiene y comienza otra canción, pero hace un ruido frustrado cuando las notas se enredan entre nosotros, toma nuestros audífonos y los arroja a un lado. Luego dirige la mirada sobre mi cuerpo. De repente, ya no estoy escuchando nada más que los latidos de mi corazón cuando baja la cabeza.



—Joder, te quiero. —dice, y luego escucho el sonido de su boca reuniéndose con la mía otra vez. Lenguas frotándose. Manos acariciando. Alientos mezclándose.



Entre mis muslos, me estoy poniendo tan hinchada me retuerzo inquieta bajo su peso y muevo mi boca rápido y más ansiosamente en la de él. Siento su eight pack debajo de su camiseta, y mis nervios se encienden cuando desliza sus largos y fuertes dedos debajo de mi blusa.


Me está matando. Quería este beso, pero ahora quiero más. Cada poro, átomo, y célula se enciende en una supernova. Nuestras bocas se mueven tan bien juntas, me siento viva, llena, amada. Amo, quiero, deseo… a él. Jodidamente mucho. No creo que alguna vez realmente sepa… lo avergonzada que me siento por irme… como me duele la forma en que se lesiono por mi… lo determinada que estoy de estar con el… cuanto realmente lo amo…



Sus pulgares encuentran mis pezones a través de mi sujetador y me siento tan sensible, el solo hecho de rozarlas envía descargas de placer hasta mis pies.



—Pedro, tenemos que parar. —Susurro, jadeando, mientras aún tengo un par de neuronas trabajando. Pero aun cuando lo digo, estoy estrujando sus músculos —como—el—infierno ni siquiera le importa si lo hacemos aquí, justo ahora.



Pero creo que él se pondría furioso si alguien aquí me escucha venirme.



Se retira un poco hacia atrás y suelta una respiración larga y sonora.



Entonces, me mira, sus ojos en llamas, y me besa de nuevo, un poco más áspero. Se queja en voz baja y se detiene, apoyando su cabeza sobre la mía, su aliento áspero en mi oído. —Ponme una canción— dice en un rudo murmullo, tirando de mi para sentarse.



Muy consiente de mi hinchada boca, agarro mi iPod y comienzo a navegar por mi lista mientras trato de ignorar el latido entre mis muslos —Primero devuélveme mi cerebro.



Se ríe y me pellizca la nariz —Ponme una de tus descaradas canciones anti-amor.



—Hay tanta, que no se por cual empezar —Empiezo a buscar cuando pone su pulgar en el mío y rápidamente, empieza a guiarme.



—Tengo una para ti. De las que te gustan.



Su voz cerca de mi oído produce agradables escalofríos a través de mi. Hace clik en PLAY en una canción descarada como las que me gustan, pero no es una canción de poder femenino en absoluto.



Es “Dark Side” de Kelly Clarkson.



Mis entrañas se derriten cuando escucho la música. Me encanta Kelly, pero oh, esta canción. Las palabras. Pedro quiere saber… ¿qué me quedare?, ¿Que voy a prometer que no huiré…?



Me mira otra vez, con esa sonrisa arrogante. Pero sus ojos no son tan arrogantes. Sus ojos están preguntando. Él quiere saber.



Y cuando toma mi mano y enreda sus dedos con los míos, en un gesto muy de novio que nunca falla en conseguirme, me dirijo a su oído sin el audífono y le digo:—Lo prometo. Lo prometo, tú tienes mi corazón, y me tienes a mí. Siempre me tendrás.



No hay canción en la tierra, y no hay ninguna lista de reproducción lo suficientemente grande, para decirle cuanto realmente lo amo. Lo amo cuando sus ojos son negros, y cuando son mieles, y aunque se— en el fondo— que él no cree que me quedare, un día, juro que un día haré que me crea. Sonreímos mientras escuchamos la canción, y cuando aprieta mi mano, aprieto la suya, diciéndome a mí misma que no importa lo que pasa, nunca, nunca dejare ir esta mano.



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GRACIAS POR LEER! 

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