Me siento como la mierda al día siguiente, pero entonces oigo a Pedro murmurar, mientras desayunamos tranquilamente.
—¿Corres conmigo hasta el gimnasio?
Asiento.
Él parece estar mirándome como si no supiese que hacer con una bomba detonada. Yo también estoy tratando de averiguar qué hacer conmigo. Nunca me he sentido tan consumida por los celos y el dolor, ira y odio hacia mí misma en toda mi vida. Estoy tan mareada que ni siquiera como, simplemente tomo un vaso de zumo de naranja, y después me pongo mis pantalones de correr y mis zapatillas de deporte, e intento no vomitar cuando me lavo los dientes.
Hoy Arizona está tan caliente como el infierno, y en el camino fuera del hotel, me pongo la gorra y estiro silenciosamente mis cuádriceps, tratando de concentrarme en la segunda cosa que más amo después de Pedro: correr. Sé que me va a hacer sentir bien, si no es bien, por lo menos mejor.
No hemos hablado de ello.
No nos hemos besado.
No nos hemos tocado.
Desde que llore como una idiota en sus brazos la noche anterior. Cuando me desperté él estaba mirando por la ventana, su perfil ilegible, y cuando se giró, como si me hubiese sentido, tuve que cerrar los ojos porque estaba asustada de que si él era amable conmigo me iba a romper otra vez.
Ahora él rebota en el sitio mientras estiro. Él está llevando su sudadera gris y pantalones de chándal, morirías por cada centímetro del boxeador corredor. Matarías. Dejarías tu vida entera en Seattle detrás por él.
—Está bien — le susurro, asintiendo.
—Empecemos. — Él golpea mi trasero suavemente y empezamos a correr, pero la noche sin dormir quiere decir que no tengo la velocidad que quiero. Pedro se ve un poco cansado, silenciosamente corriendo a mi lado, bombeando sus puños en el aire.
Sigo esperando a que mis endorfinas arranquen, pero mi cuerpo no es mi amigo hoy, y mis emociones tampoco. Quiero hundirme en un rincón tranquilo y llorar otra vez, hasta que lo expulse todo y deje de doler, hasta que deje de estar enfadada conmigo misma, o con él, por decir que si a todo, cualquier cosa, que pudiera tener en sus manos mientras que por meses se negó a poner sus manos en mí.
He dejado de correr y tengo las manos en las rodillas, respirando hondo para intentar calmarme. Pedro va más despacio y da la vuelta bombeando sus puños mientras se acerca a mí. Quiero gruñir en protesta por la idiota que me siento mientras él se ve más que decente. Se para a mi lado, y uso la gorra para ocultar mi estúpida cara.
—Si estamos corriendo al gimnasio, necesitamos llegar hoy. — él susurra con diversión, alcanzando y retirando mi gorra. Me muerdo con fuerza el labio mientras me examina, obligándome a mantenerle la mirada.
Me sonríe, sus hoyuelos aparecen mientras él está parado ahí. Un poco arrogante, muy caliente, Pedro Alfonso, el hombre de mis sueños. En esa sudadera gris. Esos ojos mieles mirándome. Él es tan aerodinámico cuando corre; incluso cansado, él desafía a la gravedad. Sus hombros, dura roca, estiran el material de su sudadera mientras golpea la acera.
Por favor que alguien me mate ahora.
—Creo que voy a ir andando — le digo, arrodillándome para añadir otro impulsivo nudo a los cordones de mis zapatillas de deporte, para así mirar mis Nikes en vez de a él—. Sigue sin mí y ya llegaré.
Nunca me he negado a correr con él. Es nuestro momento, es especial, pero me siento débil, triste y miserable.
Se pone de cuclillas para estar a mi nivel, coge mi gorra y me mira, no hay hoyuelos en su cara. —Voy a andar contigo. — me dice simplemente, poniéndome la gorra mientras se endereza.
—No tienes que hacerlo. El entrenador Lupe te está esperando.
Agarra mi barbilla y me clava al suelo con sus atormentados ojos mieles. —Voy. A andar. Contigo. Paula. Ahora dame la mano y déjame ayudarte a levantarte.
Él extiende su mano y lo veo, y lo quiero, y está ahí. Me levanto por mí misma y empiezo a caminar.
Se ríe suavemente mientras anda a mi lado. —No me puedo jodidamente creer esto. —murmura.
Mete las manos en su sudadera, oscura cabeza inclinada mientras mira hacia la acera y deambula junto a mí. Su capucha se cayó cuando él se inclinó para ofrecerme la mano, y su pelo es un lio adorable, y dios, quiero agarrarlo y besarlo y fingir que soy tan fuerte como solía ser, pero en su lugar estoy mareada y me siento tan fuerte como un pequeño palo.
—¿Cuántas había allí? ¿Lo sabes?— Me oigo preguntar.
Él hace un bajo gruñido, y se tira del pelo antes de dejar caer sus manos. —Simplemente dime lo que quieres que haga. ¿Qué quieres que diga? No has dejado de llorar, no comes, te apartas de mi toque. ¿Por qué coño dejas que importe?
—Porque tú ni siquiera te acuerdas; ni si quiera sabes lo que les hiciste, quienes son. ¡Alguna podría estar embarazada de tu jodido bebé mientras hablamos! Han podido hacerte fotos. ¡Han podido. .. aprovecharse de ti!
Se echa a reír y me mira divertido, como si pensase que nadie puede herirle, pero pueden. Jodido idiota petulante, ¡Pueden!
Incluso cuando él es el más fuerte y poderoso ser humano que haya conocido alguna vez, cuando él está negro, es imprudente y vulnerable, y puede hacerse daño a sí mismo y definitivamente puede resultar herido. El pensamiento de que alguien, especialmente algunas putas, tuvieran acceso a él cuando estaba así, me hacía sentir como si fuese a explotar. Limpio una lagrima de ira y sigo andando, después él se pega a mí y choca a propósito su mano con la mía. Frota su pulgar sobre el mío.
—Solo cógeme de la mano, pequeño petardo — pide suavemente.
Arrastrando una respiración, fuerzo a mi dedo meñique a moverse, y él engancha nuestros dedos pequeños. Siento el calor de su tacto corriendo por mi brazo, Y creo que se da cuenta de que no puedo reprimir un pequeño estremecimiento. Se burla de mí, en una voz baja que me derrite: —¿Te doy mi mano, y tú me das el meñique?
—Pedro, ¡no puedo hacer esto ahora!
Empiezo a correr, y él simplemente se une a mí en el gimnasio, desabrochándose la sudadera y poniéndose los guantes. Empieza a golpear el saco sin una mirada en mi dirección y con muy, muy fuertes golpes. Estoy en las líneas laterales, tensa por la forma en la que el aire cruje entre nosotros, como un loco circuito eléctrico a punto de arder. El entrenador lo mira, y me mira, y Ruben aparece, igualmente preocupado mientras nos observa a los dos.
Nadie le habla a él y nadie me habla a mí.
Voy al baño y empiezo a vomitar.
------------------------------------------------
GRACIAS POR LEER! =)
me encanta la nove! me parece a mi o puede que este embarazada?
ResponderEliminarPau está embarazada o es una impresión mía????
ResponderEliminarWow buenisimos los capitulos!!!
ResponderEliminarME ENCANTARON LOS CAPITULOS, OJALA QUE PAU ESTE EMBARAZADA
ResponderEliminar