domingo, 9 de febrero de 2014
SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 8
Ambos peleadores intercambian golpes duros y de repente el ring es un remolino de carne en movimiento y duros músculos. Me mantengo al tanto de Pedro por las pulseras de tinta en sus bíceps mientras lanza lo que he oído a Ruben llamar "golpes en racimos." Él anota uno en las costillas, uno en la mandíbula, y luego se lanza en un gancho de derecha, su más potente golpe.
Su oponente, como una roca, tropieza y cae.
La muchedumbre grita.
—¡RRRRRRRIPTIIIIIDE! ¡Damas y caballeros, el vencedor, una vez más! ¡Riiiiptiiiiiiide!
Estoy tan agotada. Me he convertido en gelatina, gelatina, toda suave y estúpida.
—¡RIPTIIIIDE!
Se siente como que ha pasado un montón, pero en realidad, sólo tardamos unos veinte minutos en salir del Underground e ir en limusina hasta el hotel, y mis piernas tiemblan mientras me subo del coche. Todos mis sentidos gritan porque cuide a mi hombre cuando se deja caer en el asiento frente al mío, mientras que la parte combativa de mí todavía quiere pegarle porque... ¿qué coño pasó ahí?
—Amigo, ¿qué coño estabas haciendo? —pregunta Ruben, sonando tan desconcertado como yo me siento.
—Aquí tienes, Pedro. —Diego le pasa un paquete de gel para la mandíbula—. Creo que el corte de la ceja puede necesitar un punto.
—¿Cómo te sientes, muchacho ? ¿Te hizo sentir bien recibir una paliza? —Todos demandan en el coche con completa indignación—. ¿Qué demonios fue tu estrategia?
Pedro tiene el paquete de gel, lo deja a un lado, y me mira directamente a mí, donde me siento inmóvil en el asiento frente a él.
Lleva sus pantalones grises y una cómoda sudadera con capucha roja, con la capucha echada sobre la cabeza con el fin de mantener su temperatura corporal estable. Él está tumbado, grande y tranquilo en el asiento, pero su nariz está sangrando, sus labios están sangrando, la barra por encima de la ceja está sangrando. Su cara es un desastre, me siento como si hubiera una bomba dentro de mi estómago con sólo mirarlo. Y sin embargo, me mira con ojos mieles claros, observantes.
Supongo que debo acostumbrarme al hecho de que mi novio es golpeado para ganarse la vida, pero no puedo. No puedo sentarme aquí y ver su cara, con hemorragias e inflamación, sin querer herir a quien hizo esto. Quiero golpear algo realmente mal, y estoy temblando con la necesidad de alcanzarlo y abrazarlo y atraerlo a mí mientras mentalmente cuento los minutos que se tarda en llegar al hotel.
Oigo Ruben decirme—: Toma, Paula, vamos a cambiarle para que puedas encargarte de él. —Traqueteo en mi asiento, poniéndome en el lado derecho de Pedro, y rápidamente meto la mano en mi bolso abierto, sacando el alcohol, un ungüento y tiritas.
—Voy a tratar de arreglarlo —le susurro a él, y mi voz, oh dios, suena tan íntima, incluso cuando el coche entero está mirando. Es sólo que no parece tener ningún otro sonido excepto el que salió: baja y como papel de lija de la emoción.
Se vuelve totalmente en mi dirección para que desinfecte las heridas, y su mirada... Lo puedo sentir, moviéndose, curioso, algo palpable mientras aplico el ungüento a la parte de esos labios que siempre muerdo. Mis dientes muerden instintivamente los míos mientras presiono un poco de bálsamo en los suyos. Dios, detesto cuando se lastima.
—Hazlo en la ceja también, se ve un poco profundo —instruye Diego.
—Sí, lo tengo —le respondo, todavía con esa voz que no quiero utilizar en este momento pero que parece que no puede modificar.
Estoy tratando de ser eficiente con las manos, pero se está moviendo más de lo que quiero, y el calor del cuerpo de Pedro, que está muy caliente después de la pelea, me rodea más completamente cada vez que muevo mis brazos. Su respiración rápida me baña, y necesito de todo en mí para sofocar el impulso de acercarme más y respirarle sólo para apaciguarme con el conocimiento de que todo está bien. Y por lo menos respira. Aún bombeada de adrenalina, me dirijo al corte sobre el ojo y cierro la herida con dos dedos. Dios. Casi no puedo soportar estar tan cerca de él. Un centenar de pequeñas espinas corren de mis dedos, por mis brazos, directamente a mi pequeño corazón palpitante.
Arrastrando el aliento, añado presión suave en la corte mientras inspecciono el resto de su cara... para encontrar el miel de sus ojos completamente concentrado en mí. Cosas se mueven dentro de mí.
Él está tumbado en el asiento, en dirección a mí, pero su silencio me hace hiperconsciente, porque puedo sentir toda la energía en espiral en su cuerpo como si estuviera listo para saltar. Hacia mí.
Mi corazón aumenta un poco más su velocidad, y contengo la respiración mientras me inclino más cerca y susurro en la voz más nivelada que puedo manejar—: Cierra este ojo.
Manteniendo la barra por encima de la ceja, comienzo a limpiar la sangre que gotea de su párpado. Obedeciéndome, me mira de reojo con un ojo cerrado y permanece mirándome con el otro como si hubiera algo en mi expresión que anhelara ver.
Su voz repentinamente corta través de la oscuridad. —Estoy jodido. —Es inesperado, ese susurro gutural hace espinas través de mi piel y casi me hace saltar—. Mi bíceps derecho está jodido y mi hombro también, mi oblicuo izquierdo.
—Amigo, eso es una locura. ¿Cómo se puede coger todo eso en una noche? —le pregunta Ruben con asombro.
—Paula , ya sabes qué hacer —ordena el entrenador desde delante.
Asintiendo con la cabeza rápidamente, miro a los ojos mieles de Pedro, la forma en que brillan con satisfacción masculina, y mi mandíbula se tensa cuando finalmente caigo en lo que está pasando aquí.
***
Cuando llegamos a nuestra habitación de hotel, estoy echando humo.
—Dejaste que te golpeara a propósito.
Se deja caer en el banco a los pies de la cama y me mira, lanzando una botella de Gatorade vacía a un lado.
—Estoy completamente jodido, ven a cuidarme.
—¡Estás jodido, está bien, pero no es el bíceps el que necesita un poco de cuidado amoroso tierno!
—Tienes razón, no lo es. —Sus ojos brillan en la luz de la lámpara suave mientras me mira—. ¿Vas a venir a cuidarme?
—Sólo porque me pagas. —Apartando el enojo, agarro mis aceites de masaje, especialmente mi aceite de árnica y mi aceite de mostaza para la inflamación, entonces voy y vuelvo de la ducha—. Vas a tener una ducha de agua fría.
Sus labios se curvan mientras se levanta y me agarra otra vez, y cuando se acerca, con perplejidad veo que envuelve su enorme brazo alrededor de mis hombros.
—¿Qué? ¿Necesitas ayuda para caminar? Ibas andando hace apenas unos minutos.
—Las endorfinas mataron el dolor —murmura en mi oído mientras paso el brazo alrededor de su cintura y lo llevo al baño—. Te dije que estaba jodido.
Le dejo contra la pared y abro la puerta de la ducha, y cuando compruebo que el agua está helada, me barre en sus brazos, gira el botón al medio, y nos lleva al interior, con ropa y todo.
El agua corre por encima de nosotros, y doy un grito ahogado de sorpresa y pataleo en el aire, mientras toda la ropa queda pegada a la piel.
—¿Qué estás haciendo?
Se quita los zapatos y los lanza sobre el cristal encima de la bañera, luego me pone en mis pies descalzos y baja mi falda por mis piernas. Todas esas feromonas que tiene después de luchar de repente hacen una guerra en mis sentidos, y comienzo a sentir mucho calor, lo único que me impide convertirme en cenizas es el agua golpeando en mi piel.
—¿Qué estás haciendo? —demando sin aliento.
Me saca mi top y lo tira al suelo de mármol con un sonido húmedo. Tira, y estoy tan abrumada por la ira sobre la forma en que se dejó golpear, y tan estimulada por la visión de sus músculos flexionándose mientras se desnuda, su dorada y mojada piel húmeda, quiero golpearlo y darle un beso a la vez, es exasperante. Cuando sus pantalones cortos de boxeo golpean el suelo —¡plaf!— y les manda a un lado, oh dios mío, me duelen los ojos.
Tengo que morder mi labio inferior, tratando de sofocar el instinto de arrojarme sobre él y darle todo lo que necesita. Mantiene sus ojos en los mío, da un paso atrás, sus anchos hombros protegiéndome del agua, es entonces cuando siento el lento roce de su pulgar deslizándose por mi barbilla y tirando suavemente de mi labio inferior lejos de mis dientes, oigo su voz grave mientras susurra—: Eso es mío para morder.
No respiro. Tiene este irresistible efecto en mí. Podría pelear mis reacciones hacia él, pero me gustaría perder. Mis ojos están en los suyos, y el brillo posesivo en su mirada pasa a través de mí.
Riachuelos bajan hacia su mandíbula mientras me agarra el culo y me presiona cerca, su erección mordiendo mi barriga mientras mira fijamente hacia mí con una intensidad implacable.
—Tú —dice, con voz lacónica y dominante, mientras arrastra el dedo mojado en mis labios—. Me vas a amar hasta que me muera. Voy a hacer que me ames aunque duela, y cuando duela, voy a hacerlo mejor, Paula. —Mete el pulgar en mi boca y lo froto a propósito en contra de la punta de mi lengua, la muevo en silencio pidiendo lamer. Cuando lo hago, mis pechos duelen y lo veo extraer el pulgar para pasarlo por mi labio inferior—. Vas a malditamente amarme si eso nos mata a los dos.
Mis pulmones duelen por respirar y el resto me duele por sus manos sobre mí. Y cuando llevo la mirada hacia arriba para encontrar esos ojos mieles clavados en los míos, con el rostro herido y sudoroso, toda la testosterona en él, tirando y envolviéndome, apenas puedo vivir ahora que le amo tanto. Él me hace sentir consumida, con el alma ardientemente desgarrada, necesitada, dolorida por él; es más que físico, más que emocional.
Mis sexo está tan apretado que toma todo mi esfuerzo no gemir. Mis sentidos se agudizan por su cercanía. No puedo dejar de notar cómo la gota de sangre en el labio es del color de su túnica RIPTIDE, brillante y perfectamente oxigenada. Cómo su constante y cálido aliento baña mi cara mojada. Cómo, poco a poco, sus dedos van más amplios en mi culo, y uno de sus pulgares roza la piel de mi mandíbula. Me destruye.
—Deja de hacerte daño —le digo rotundamente, tratando de escapar de sus brazos sólo para golpear el frío mármol detrás de mí.
—No me duele. —Entonces tira de mi culo y me acaricia—. Tú, llorando en mis malditos brazos. Porque malditamente te hice daño. Eso duele. Tú… sin tocarme. Sin mirarme como lo haces, con esos dulces ojitos alegres. Duele. Me duele como un hijo de puta, y ni una parte de mí duele en el exterior como duele donde tú lo haces doler.
Luchando por mantener mis emociones bajo control, dejo caer mi mirada y furiosamente parpadeo la humedad en mis ojos.
—Me duele aquí también. —Él guía la mano hacia su enorme erección—. Me duele toda la noche, viéndote lejos de mí. Esta mañana. Y en el gimnasio. —Él me aprieta más, y yo gimo suavemente y dejo caer mi frente a sus pectorales, luchando por no desmoronarme de nuevo.
Él se apiada de mí y deja ir mi mano, pero mis dedos queman a los lados, y no sé qué hacer con mis manos. Mi cabeza gira con su cercanía. Quiero llevar mis dedos por cada centímetro de sus músculos y borrar el toque de cada mano que nunca haya estado ahí. Quiero…
Ni siquiera lo sé. No puedo pensar en nada ahora, excepto el creciente y palpitante dolor dentro de mi cuerpo. Dentro de mi corazón. De mi sexo. Él agarra el jabón y empieza enjabonar mi cuerpo desnudo. Como si lo hiciera por primera vez, cuida su trabajo entre mis piernas, moviendo los dedos y llevando la espuma hasta mis pechos, sus pulgares frotando jabón sobre mis pezones.
—¿Te ha gustado la pelea? —me pregunta en su voz tranquila y profunda mientras sus poderosas manos se deslizan suavemente por la parte exterior de mis piernas, en la parte interior de mis muslos, frotando mi coño. Enjabona y masajea la carne de mis nalgas y en el medio.
El placer de su seguro y familia toque es tan completo que contengo un gemido cuando le veo lavarme.
Uno de sus ojos está un poco hinchado, y la herida sobre la ceja todavía se ve de color rojo brillante. Su labio inferior todavía tiene el corte en el centro. Está herido, pero lastimarse no es nada para él. Quería llamar mi atención y haría cualquier cosa para conseguirlo, e incluso si quiero pegarle por ser tan imprudente, el impulso de besar cada corte y herida es más fuerte que cualquier otra cosa.
Pedro ha sido abandonado toda su vida. Padres. Profesores. Amigos. Incluso yo. Nadie se ha pegado con él el tiempo suficiente para demostrarle que vale la pena. Lo que hizo, sólo para que yo lo tocara y le diera un poco de amor, me hace querer ahogarlo con mi amor hasta que nunca, nunca, tenga que pedirlo.
—Me niego —le susurro en voz ferviente—, a sentarme allí y ver que te haces daño a propósito.
—Me niego a dejar que me alejes —dice con igual fervor, llenando una gran mano enjabonada con el peso de mi pecho.
Sacudiendo la cabeza con el ceño fruncido, dejo que mis ojos se cierren cuando inclina la alcachofa de la ducha. El chorrito lava mi jabón, y cuando desliza sus manos por mi cabello para ayudar a que el jabón corra por mi cuerpo, apenas puede controlarme.
Actuando antes de perderlo, aprovecho el jabón y hago un montón de burbujas, entonces me acerco a los músculos lisos de su pecho y froto los dedos con jabón sobre su dura y suave piel. Froto su pecho con mi toque inesperado, y cuando mis ojos suben hacia él, mis rodillas casi caen. Todo mi cuerpo se aprieta mientras observo esos ojos mieles muertos de hambre, mis dedos frotando húmedamente su brazo grueso, por su pecho, a través de su eight pack. Mi voz, cargada de emoción, apenas se oye por encima del agua goteando.
—¿Es esto lo que querías? Cuando estabas ahí, imprudentemente dejándote golpear?
Con cuidado, agarra mi cara en una mano, con la voz ronca y apasionada mientras pronuncia cada palabra.
—Te quiero a ti. Quiero que me toques, que pongas tus labios sobre los míos, como antes. Quiero que me ames. Para de castigarme, Paula. Te amo.
Aprieta sus labios sobre los míos, probándome con un rápido beso áspero, dejándome con la respiración jadeante.
Su agarre se aprieta en mi cara. —¿Mi chica va a dejar que esto la rompa? ¿Lo es? Es más fuerte que eso... Sé que lo es, y la necesito para vivir. La necesito para luchar por mí y la necesito para pelear conmigo. En lo que a mí respecta, eso nunca sucedió. Sólo pasó, Paula. Y tú todavía estás pasando, ¿no es así?
Nuestras miradas se mantienen, y no sé quién está más hambriento, más necesitado o más desesperado. Su mirada se fija en mí, se ve tan muerto de hambre, y siento rabia. Mi pecho se agita, mi corazón martillea, y antes de darme cuenta, mis dedos cepillan su pelo y tiro de sus labios a los míos a la vez que golpea mi espalda contra la pared de la ducha y aplasta su boca con la mía.
Yo suspiro mientras me obliga a entreabrir mis labios, deslizando una de sus manos para agarrar la cara, me mantiene en mi lugar mientras me abre con la fuerza de su boca, haciéndome gemir, y le agarro el cuero cabelludo mientras busco con ansiedad su lengua con la mía.
Pero él me encuentra primero. No, no me encuentra. Me agarra, su lengua frotando y follando la mía. Un gruñido satisfecho baja atraviesa su pecho mientras me levanta en el aire para alinear mejor nuestras bocas. Su cercanía, el contacto de la carne, me regocija. Mis piel vibra donde nos tocamos mientras la necesidad se construye entre nosotros. Me siento con él de una manera que me hace estar segura de que nunca nada me puede echar atrás.
Me chupa ávidamente con la lengua mientras apaga la ducha y nos lleva afuera. Pone una toalla sobre mí mientras sigo aferrada a él, chupando su lengua, mordisqueando sus labios, mi sangre corriendo rápidamente a través de mí como un río mientras él nos acerca a la cama.
Me baja sobre el edredón, y cubre con la toalla mi cuerpo, frotando ligeramente sobre mi piel mientras agacha la cabeza y susurra—: Déjame ir a secarme.
Gimo en señal de protesta cuando se va.
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GRACIAS POR LEER! =)
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wow buenísimo,me encanto el capítulo!!!
ResponderEliminarQ buenooo! Quiero el q sigue! Mimiroxb
ResponderEliminarWowwwwwwwww, qué cap más intenso!!!!!!!!!!!! Me imagino lo que será el siguiente!!!
ResponderEliminarbueno hola me presento soy iara empece a leer la nove hace unos dias y me encanto hoy ya llegue hasta aca , me encanta le mando saludo a la escritora/or y espero el siguiente cap besos @iara_tefiPyP
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