viernes, 28 de febrero de 2014

SEGUNDA TEMPORADA: CAPITULO 26



Su aroma gira a mí alrededor y me desarma por completo. Quiero golpear su pecho y decirle que me deje ir, porque aún estoy un poco enojada, pero mis dedos se han conectado en la parte posterior de su fuerte cuello en mi miedo a caer, y estoy inmovilizada en su abrazo,absorbiendo la sensación de sus brazos alrededor de mí. Bueno. Alarmantemente bueno. Sus abultados bíceps prensando mis costados, con los gruesos antebrazos relucientes con una capa de sudor, como el resto de él. El resto del hermoso, exasperante y complicado él.



—Diviértete, Paula —dice Melanie con un brillo en sus ojos cuando se estira para palmear mi hombro, susurrando en mi oído—: Amiga, nunca antes en mi vida he visto ese brillo en los ojos de un hombre, va a follarte tanto.



En los vestuarios, Ruben me saluda con una sonrisa, más allá de emocionada en su rostro. —¡Hola, Paula! Desde que Pedro te tiene apretada, ¿supongo que eres Paula? —Dice mientras le entrega a Pedro un pequeño bolso de lona.



Pedro asiente y le susurra algo, entonces me lleva afuera y llama a un taxi y en vez de llevarme a casa, bruscamente le dice al conductor el nombre de un hotel a dos cuadras de distancia. Está deshidratado, y abre la cremallera de su bolso de lona, saca una bebida electrolítica y empieza a tomarla mientras usa su brazo libre para arrastrarme a su regazo.



Su agarre se estrecha alrededor de mi cintura cuando trato de moverme de mi lugar y mi corazón martillea locamente en mi pecho cuando mete el agua nuevamente dentro de su bolso. Agacha la cabeza y toma la más profunda, larga inhalación de mí que jamás haya tomado. La lujuria hace espirales atravesándome. Todavía estoy un poco enojada, pero entre mis muslos, mi clítoris pulsa hasta el punto de doler. Agarra mi rostro, lo gira, y muerde el lóbulo de mi oreja, respirando con dificultad, completamente excitado debajo de mi trasero, como si me deseara. Como si me deseara desesperadamente.



—Dios —dice con voz ronca en mi oído, sus brazos apretados a mi alrededor mientras folla con su lengua mi oreja. Un temblor de necesidad corre por mi cuerpo y me hace contener un gemido. Estoy dividida entre golpearlo y besarlo porque me está matando. Mis bragas están empapadas, mis pechos duelen, mi corazón duele, cada parte de mí duele mientras mete la lengua en mi oído, fuera del pabellón, detrás de él, con la misma desesperación que siento.

Cuando llegamos al hotel, me estoy guisando en mi propia ira y al mismo tiempo hirviendo con la lujuria por la forma en que Pedro se ha trabajado a sí mismo en una loca excitación en la parte trasera del taxi. Frotando las manos sobre mí, lamiéndome y mordisqueándome. Olfateándome como si estuviera hambriento en busca de aire.



Recoge la llave en la recepción y luego estamos montando en el ascensor, y digo: —Bájame —con una gruesa voz alienígena.



—Lo haré pronto —murmura de regreso, sus ojos llameando de calor cuando me mira.



Incluso con esos ojos mieles viéndome en el vestido menos sexy del universo, con el peor maquillaje posible, con el horrible lápiz labial rojo de prostituta, el deseo primordial en su mirada corre a través de mí como pequeños relámpagos de placer.



Me siento como un volcán a fuego lento, la sangre hirviendo en mis venas en una abrumadora mezcla de ira y excitación. Pero odio la forma en que la excitación está ganando rápidamente mientras su aroma sigue llegando a mis pulmones. Mi lengua duele en mi boca. Quiero lamer su garganta y tomar esa sexy boca con la mía y hacer que me demuestre que todavía me desea y me ama.



Mi corazón golpea ferozmente en mis costillas mientras desliza la llave en la ranura y me lleva al interior, en dirección al final del pasillo, donde el dormitorio principal usualmente está. Me baja a los pies de la cama.



—No sé si debería besarte o golpearte. —Mi voz tiembla de emoción.



Entonces me siento revitalizada y golpeo mi puño en su duro pectoral y empujo su pecho para que se vaya. Agarro su hermoso rostro y aplasto su sexy boca a la mía. Su sabor vibra a través de mí como un disparo de éxtasis hasta que airadamente me alejo de un tirón y golpeó su pecho duro como pared de nuevo.



—¡Tus canciones me hicieron llorar! ¡Extrañaba tu voz, tus manos! Soy una tonta estúpida embarazada suspirando por ti, y quieres que me quede como una buena esposita del siglo V, esperándote mientras estás ahí fuera mojando las malditas bragas de cada mujer. No voy a hacerlo. Me niego a ser esa chica, ¿me oyes?



—Sí, te escucho. —Se inclina y desliza sus dedos para acunar la parte de atrás de mi cabeza, y luego su ronca voz, engrosada de deseo baila por mi piel—. Ahora ven aquí y bésame otra vez... —Me acerca y golpeó su pecho más débilmente, gimiendo en señal de protesta.



—¿Tocaste a alguien? —Reclamo, tratando de voltear libre.



Aprieta su agarre en mi nuca y fija su hambrienta mirada en mis labios. —No.



—Entonces, ¿por qué no quieres verme? ¡No te entiendo!



Sus ojos destellan con frustración. —No tienes que entenderme, sólo ámame como el infierno. ¿Puedes hacer eso? ¿Puedes? —Su pulgar se arrastra con sensual aspereza a través de mi labio inferior—. ¿Lo harás?



No puedo responder. Mientras mira fijamente a mi boca con una mirada deliciosamente carnívora, estoy bebiéndome la sombreada mandíbula, los ojos mieles, el pelo en punta, sus altos pómulos y mandíbula cuadrada, las diagonales de sus cejas, cada centímetro de su hermoso rostro, tan dolorosamente cerca que todos los órganos dentro de mi cuerpo comienza a palpitar. Me oigo susurrar.



—¿Todavía me amas?



—Tienes que estar bromeando —dice.



Gimo cuando sus dedos acarician la parte de atrás de mi cuello, el toque revolviendo mi cerebro. Me embriaga con su cercanía, me emborracha con el olor de su sudor, su jabón, de él. Cada vez que está cerca, eleva mis sentidos, y estoy tan emocional, todas esas horas extrañándolo, todas estas extrañas hormonas, mi voz tiembla cuando hablo.



—¿Todavía me amas como antes?



—¡Estoy jodidamente loco por ti! —Exclama con incredulidad.



Cierro los ojos y gimo en voz baja, aferrándome ferozmente a las palabras.



—Te dije que te amaba con cada pétalo de cada rosa —me dice en un bajo y ronco susurro. Luego roza la yema del pulgar sobre mi boca de nuevo, más rudamente esta vez, con más necesidad, mientras su aterciopelada y fuerte voz, envía una onda de calor a través de mí.

—En el instituto uno de mis doctoras recibió una rosa. Me dijo que era de su esposo, porque la amaba y estaba lejos. ¿No es eso lo que envías cuando no estás allí para decirle a alguien que jodidamente lo amas? Paula, nunca he hecho esto antes, pero jodidamente duele verte a través de una maldita pantalla. Duele enviarte mensajes. Duele como ningún maldito golpe duele.



Extiende los dedos abiertos en mi nuca como si necesitara tocar tanto de mí como sea posible, con los ojos brillando con tal grado de ferocidad, que sólo hace a mi corazón golpear más duro.



—¿¡No oíste las canciones!? Todas eran para ti, Paula. ¿No sabías que pensaba en ti? ¿Qué te extrañaba demasiado? Si no te he mostrado que te amo, ¡entonces dime de qué jodida manera lo hago!



—¡Quería que me quisieras en la pelea! Como siempre lo haces. Siempre me has querido allí antes. ¿Por qué ya no? ¿Por qué no has venido a verme antes?



—¡Dios, te quiero allí como no quiero nada! ¿Crees que disfruto un segundo de este infierno? Si hubiera ido a verte antes de la pelea, ¿crees que tendría la voluntad de dejarte? ¿Cómo puedes pensar que esto es fácil para mí, Paula? ¿Cómo?



La vívida frustración en sus ojos me corta tan profundamente que dejo caer la cabeza, porque, no, no creo que sea fácil para él en lo absoluto.



—¿Crees que me necesitas, pequeño petardo? —La brusca pregunta recorre todo el camino a través de mí, y tengo que presionar mis muslos juntos para evitar temblar—. Nena, la manera en que me necesitas apenas puede cubrir la mitad de lo que yo te necesito—La inesperada tristeza en su voz tira mi mirada hacia él—. Mi juego es la mitad de lo que solía ser. No me puedo concentrar. No puedo dormir. No puedo meterme en el juego. Soy como un robot por ahí. Siento un agujero justo aquí, justo jodidamente aquí—Pone su puño sobre el pecho—. Estoy tratando de proteger a mi chica. Tres médicos, tres, dijeron que tenía que estar en cama durante los tres primeros meses, sin viajes. No puedo verla, no puedo hacerle el amor, estoy tratando de hacer lo correcto cuando mi estómago grita que DEBE estar CONMIGO. —Entorna los ojos, exhalando bruscamente por la nariz—. Cada segundo que tú y yo respiramos, perteneces conmigo.








—Pedro, lo siento. Esto también me está volviendo loca. —Me tapo la cara y trato de respirar a través de mi constreñida garganta, pero agarra mis muñecas y obliga mis brazos a mis lados, sujetando mi mirada con la suya, sus ojos intensamente mieles.




—Te amo tanto —Envuelve mi cara en sus dos grandes y hermosas manos callosas—. Tan jodidamente tanto, Paula, aún no sé qué hacer conmigo mismo —dice, y besa el puente de mi nariz con una ligera respiración temblorosa—. Echo de menos todo de ti, de tu forma de sonreír a la manera en que me miras, a la forma en que la cama huele cuando estás conmigo. Te amo como no amo nada en mi vida, nada. Esto me come por dentro como una enfermedad, quiero ir a buscarte y traerte conmigo.



Empiezo estremecer el final de la cama, todas mis emociones, mis hormonas en ebullición, todas mis células, todo mi ser, zumbando con sus palabras. Mi cuerpo entero vibra con amor, lujuria y la agonía física de estar negada de mi dosis de Pedro por semanas. Temblando, extiendo la mano y amorosamente trazo tres dedos por la dura línea de su mandíbula. —Esto —le digo, las palabras brotan de mis labios—, es lo que veo en mi dormitorio. Esta cara. Esta cara es todo lo que veo, todo lo que veo, Pedro.



—Maldita sea, sácate esta mierda y déjame ver a mi Paula.



Agarra mi peluca y la tira a un lado, entonces sostiene mi mirada mientras nuestras sonrisas se desvanecen. El aire entre nosotros pulsa y salta como si nuestra necesidad fuese un ser vivo, respirando esto entre nosotros.



—¿Por qué querría alguien cubrir este cabello? —En silencio, quita la red de la parte superior de mi cabeza, y el bajo sonido susurrado es todo lo que se oye en la habitación.



Lentos dedos deliciosamente expertos profundizan en mi moño y trabajan para aflojar mi cabello, y el contacto de sus dedos contra mi cuero cabelludo envía estremecimientos por mi espina dorsal.



Para cuando libera las hebras caoba para que caigan en mis hombros, mis muslos se han disuelto en un charco junto con el resto de mí. Una fina capa de sudor que cubre su gruesa garganta y sus pectorales brillan, también. Su torso es tan fuerte y tan sólido que parece tan impenetrable como un muro de acero, como si nunca nada puede hacerle daño. Su musculoso brazo se abulta mientras pasa las manos por mi pelo, y estoy tan desenmarañada como mi moño.



Cuando hablo, mi voz está tan ronca como nunca la he oído. —Se suponía que era una fan vieja.



—Mía —dice en un susurro que es mucho más profundo y más áspero que el mío.

—¿Qué?



—Mi dulce… desobediente... favorita pequeña fan.



Ser llamada suya de nuevo...

Un sonido se me escapa, y me escucha. Relámpagos de calor corren a mi sexo a medida que recorre lentamente una mano debajo de mi vestido. Claros y tiernos ojos mieles me miran mientras sus dedos rozan más arriba en el interior de mi muslo, y mi corazón galopa a toda velocidad.



Mira a mi boca, y oh Dios, estoy inundada de necesidad. Se agacha primero para probar mi boca, abriéndola, lápiz labial y todo mientras, debajo de mi vestido, su dedo se desliza sobre la tela de mis bragas. Su lengua se desliza sobre la mía, y cuando me pone de espaldas en la cama, tiemblo al abrir mi boca y gemir suavemente.



Se siente bien, bien, tan bien...



Se burla al borde de la entrepierna de mis bragas, luego las aparta a un lado y su dedo me acaricia directamente. Una tormenta de deseo hace estragos en mí cuando lo beso suavemente. Sabe como él, y también a mi Oops! lápiz labial, y estoy muriendo mientras me guía a abrirme con el dedo y luego aquí viene su lengua. Caliente y húmeda, yendo alrededor de la mía, entonces engatusándome para que lo siga y beba de su boca mientras lentamente mueve el dedo medio dentro de mí. Mi cuerpo se arquea al suyo.



Susurra en mi boca. —Si puedes venir a mi pelea, puedes venir a mis brazos.



Mi respiración sale mientras arrastra su dedo dentro de mi vagina. Siento apretarme a su alrededor, mi cuerpo codicia tener algo suyo dentro de mí. Añade su pulgar para burlar a mi clítoris, y cuando lo bordea de nuevo para mirar mi cara mientras juega con la parte más húmeda, más caliente de mi cuerpo, su boca está manchada con mi lápiz de labios, su mandíbula está apretada con el deseo, sus ojos mieles brillantes, su hermoso rostro mirando hacia mí, y Dios, te juro que se ve tan sexy como si alguna otra mujer lo hubiera besado. Estoy celosa de mí misma y de mi lápiz de labios mientras muevo mis piernas y sacudo mi cabeza.



—Pedro...



Gime y me da otro beso, esta vez más rápido y fuerte, con un pellizco de sus dientes, antes de retroceder y retirar el dedo.





Sin ninguna prisa en absoluto, tira todos y cada uno de los botones de mi vestido floreado. Cada célula de mi cuerpo está frenética mientras me siento y le ayudo a desabotonar los inferiores mientras el desabotona la parte superior.



—Rápido, oh, Dios, tócame —suspiro.



—Shh —canturrea a medida que abre el vestido por el centro, apartando la tela a un lado para poder verme en mi ropa interior de algodón blanco. Mis pezones se asoman a través de la tela del sostén y mis bragas están mojadas, y no creí que incluso fuera posible para sus ojos ponerse más oscuros o más hambrientos de lo que ya estaban.



—Dios, podría comerte.



Antes de darme cuenta, encuentra el cierre central de mi sostén con sus pulgares, y mientras lo empuja a un lado y frota los dedos alrededor de mis aureolas, mordisquea su camino a lo largo de mi boca, labio inferior, labio superior, hasta que agacha la cabeza y toma un pezón en su boca.



Oooh, escucho. Y soy yo. Haciendo todos esos ruidos. Ondulado contra él.

Frota la punta de la lengua sobre la punta de mi pezón y ondas de placer se disparan a través de mí. Desliza su mano de vuelta a mis bragas, y conduzco mis dedos a su cabello. Parece tan hambriento, y estoy muy sedienta, al instante en que su dedo medio se desliza dentro de mí, estoy tan hinchada, tan húmeda, tan desesperada, sintiendo su boca chupando mi pecho como si estuviera muerto de hambre por mí, que me empiezo a venir.



Mis dedos agarran su cabello en un puño, y hago un sonido de ooooooh al tiempo que mi cabeza cae hacia atrás mientras mis músculos comienzan a contraerse y relajarse, contraerse y relajarse, y mueve su dedo lentamente, alargando el placer para mí, y chupa mi pecho con más fuerza, desatando un torrente tras otro de placer en mí.



—Oh dios —Lloro y me alzo para aferrarme a él y girar mi cara en su cuello, donde paso mi lengua por su deliciosa, tensa piel, bebiéndolo desesperadamente—. Oh Dios, me muero porque me hagas tuya. Para sentirte. A Ti. Dentro de mí.



Me mira mientras recupero el aliento, el brillo posesivo en sus ojos excitándome. —No he terminado contigo —me dice tiernamente, haciéndome lamer su húmedo dedo—. Voy a follar tu boca con la mía, tu coño con mis dedos, con la lengua, con cualquier parte de mí que pueda. Y vas a besar mi polla como si no hubiera mañana.



—Quiero besar tu polla ahora.



—Ahora no. —Se aleja y tira de su ropa de boxeo hasta que es todo piel bronceada, músculos, tatuajes, y... mis ojos sobresalen cuando lo veo llevar su enorme y hermosa erección a la ducha y poner a funcionar la bañera. Viene a por mí, y mis ojos queman a la vista de su hermosa polla de pie, tan cerca del tatuaje de la estrella por encima de ella.



Quiero besar esa parte como quiero besar el resto de él. No. No sólo quiero besar. Quiero lamer. Chupar. Disfrutar. Y reclamarlo, mío, por siempre jamás.






Antes de que pueda agarrarlo y jugar con él como jugó conmigo, toma mi brazo, me levanta, y luego me acompaña a la enorme bañera de hidromasaje. Redonda y de color hueso, que se encuentra en el centro de la habitación y, mientras cierra las perillas, me apoyo en uno de sus brazos y sumerjo los pies en el agua, y luego espero a que me siga. Da un paso detrás de mí y nos baja en el agua caliente, encendiendo los motores del hidromasaje mientras nos acomodamos profundo.


GRACIAS POR LEER!! ♥


3 comentarios: